-sdasdasdasdasd- DESPUÉS DE DOS MESES, AQUÍ ESTÁ! YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEY YEEEEEEEEEEEEEEEEEY YEEEEEEEEEEEEY -llora-
Es el capítulo más largo hasta ahora, y también el más extraño... y el que tiene más conversaciones, cosas raras, respuestas, más preguntas, COSAS (?)
Dios, en serio tuve un bloqueo de lo más HORRIBLE con este capítulo y espero no pase con el siguiente, neh, el que sigue puede que lo tenga en menos de un mes, neta me voy a divertir escribiéndolo. trololololol
ya pues, lean el capitulote más raro de todos.
-llora otra vez-
Disclaimer:
D: nintendo es tan malo que el día menos pensado hará remake de Majora's Mask para 3DS (?)
7 días antes del festival
Otro día más en el cañón. El escandaloso olor de la tierra mojada me despertó, la lluvia se había prolongado toda la noche. Hacía tanto que no veía una tormenta como esa. Los relámpagos, seguidos de estruendosos truenos me causaron pavor. Mi padre tampoco pudo evitar preocuparse, en especial porque una tormenta como esa podría ocasionar que el pozo se llenara. Desdicha para él, bendición para mí.
En cuanto me acomodé en mi cama para ponerme de pie noté que mi dolor de cabeza había desaparecido, bueno, gradualmente. Aún sentía una punzada leve que iba y venía, soportable. O al menos, eso esperaba que fuera.
Mi padre ya no estaba en la casa, signo de ello era que la música sonaba tan alto como podía, oh, adiós a los Gibdos puede ser desesperante a veces, pareciera el vals de los muertos. En fín, cuando me di cuenta de la ausencia de mi padre lo primero que hice fue ir hacia la puerta, claro está, para ver si se había dignado a dejarla abierta o de lo contrario, me habría dejado encerrada.
Mi Sorpresa fue ver que no la cerró con llave, al menos eso podía hacer por mí. Salí de allí sigilosamente, las nubes aún eran negras y no dejaban vislumbrar la palidez del sol de Ikana. Y no era lo más raro, sino que también había niebla, era tan ligera que apenas y se notaba, me envolvía. El clima del cañón se había tornado ya bastante extraño desde la entrada de ese vendedor a la torre. Aún no me lo explico, insisto, es como si los espíritus quisieran alertar algo… ¿Qué?; En la niebla había una lluvia tan fina como ésta, el olor a humedad aumentaba y el viento acarreaba consigo una brisa relajante como desesperante a la vez.
Le dediqué una mirada al riachuelo, la rueda iba un poco más lenta que de costumbre, noté que el nivel del agua había bajado, no pude evitar preocuparme, esa era la fuente de poder que mantenía la funesta canción de adiós a los Gibdos, nuestra protección. Subí mi mirada para encontrarme con la caverna del estanque, ni loca entraría ahí otra vez, jamás, ni aunque tuviera curiosidad por ver qué pasa con el agua del arroyo. Eso, y me parece muy raro que con la torrencial lluvia de ayer no haya aumentado ni un poco.
Caminé ligeramente cañón arriba, obviamente quería encontrarme con mi padre, qué, intuía por alguna razón estaba cerca del pozo. Pasé por las tristes y mojadas ruinas de lo que fueron casas, con un poco de miedo de que pasase algo parecido a lo que había visto días atrás haciendo el mismo trayecto. También me daba miedo que aquel hombre de ojos rojos apareciera otra vez para decir cosas sin sentido, ó que en cualquier momento me encontrara a esa mujer Garo de la cual no sé nada.
Intenté despejar mi mente y continué mi camino, debía encontrar a mi padre. Oía ruidos, murmullos de los espíritus, risas, suspiros, jadeos, pasos, como si el pueblo estuviese regresando a la vida pero, inevitablemente, no había nadie, ni siquiera una sombra se proyectaba. Traté de no mostrarme asustada, sabría que eso lo haría ir peor. Mientras más subía los sonidos se amplificaban, se volvían más cercanos. Me mantuve, respiré profundamente y aumenté la velocidad de mis pasos, algo me seguía. Casi me tocó, a no ser por que estaba frente a él.
Frente a él.
Sí, había llegado hasta el pozo y noté que la niebla era más espesa, no lograba ver el castillo y mucho menos la torre de piedra. Pero algo que sí vi fue a una silueta blanca junto al pozo. La reconocería donde fuera, era mi padre, que tenía la mirada perdida en la oscuridad de aquel enigmático lugar. Me fui acercando lentamente, no quitaba la vista del agujero. Como si algo ó alguien le llamara. Mientras más me acercaba más me daba cuenta de que sus facciones delimitaban terror. Intuí que había oído algo tal y como yo lo hice el día anterior. Suspiré y corrí hacia él.
Jamás lo había visto así, sus pupilas dilatadas, su boca entreabierta, sus facciones petrificadas. Estaba catatónico. Lo abracé, él no devolvió mi gesto. Aún no quitaba la vista del pozo, me parecía muy extraño…Lo seguí abrazando, tratándolo de hacer entrar en razón, hasta que rompió el silencio.
»—Hay algo… allí dentro…
Lo mencionó para sí, como si yo no estuviese presente. Si yo había oído un grito ¿Por qué el no podría? Emitió un sonido y continuó.
»—Hay algo… lo oí… —su voz se quebraba, por culpa del terror—, sus lamentos… sus gritos… dijo mi nombre…
Rompió en llanto.
Tragué saliva, odiaba verlo en esa condición. Se arrodilló para abrazarme, por fin. Ambos nos fundimos, no quería dejarlo por nada del mundo, a pesar de todo es mi padre, la persona a la que más amo en este mundo. Cada vez nos apretábamos más fuerte, contenía toda esa tristeza acumulada, todos los sentimientos.
No sólo era terror, sino que también pude percibir tristeza, una tristeza tan sofocante, tan desesperante, casi suicida. No entendía el por qué. Había algo más en el pasado, en la razón por la cual mi padre está aquí…
Seguimos en aquel abrazo eterno, hasta que él habló.
»—Dijo mi nombre…
Repitió, estaba en shock, no quiero ni imaginarme el tipo de voz que se lo había dicho, probablemente era un lamento, ó quizá era gutural… cualquier cosa, si hubieran mencionado mi nombre, yo estaría exactamente igual. Bajé la mirada y también mis brazos, no podía seguir, quería correr lejos, llevarlo hasta la ciudad del reloj, dónde nada le hiciera daño.
Hablé, con las primeras palabras que me vinieron a la mente, no muy alentadoras, pero algo era algo.
»—Es un mal sueño… Esto una pesadilla, pronto despertarás…
Lloró con más fuerza, había tocado fibra sensible, muy muy hondo en su corazón. Lo cogí con ambas manos y prácticamente lo obligué a que retrocediera, que volviera a dónde debía estar, en la caja de música.
Un horrible intento, la bruma ahora era más densa, su gesto cabizbajo y de derrota junto con los murmullos del cañón me provocaban lágrimas, no de tristeza, sino de enojo, enojo por ser incapaz de hacer algo por mi padre, por las almas, por el mismo mundo. Sólo estaba ahí de interlocutora entre los muertos y el mundo real.
Seguí jalando a mi padre, quién, apenas y se movía, a duras penas logré avanzar unos cuántos metros. Se maldecía entre dientes, yo hacía lo mismo. Ganas de gritar, de romper en llanto no me faltaban. Los espíritus nos estaban ganando… Lo solté por un momento, para darme cuenta de algo que parecía estar fuera de lugar.
Una casa.
Ó al menos eso parecía, el techo de paja, los muros con símbolos rojizos extraños, la madera que sobresalía, como si fuese recién construida….e incluso había luz adentro, aunque no era normal, se veía pálida, amarilla. Me causó nauseas. Otra cosa más que pedía a gritos mi presencia, mi curiosidad. Extraño, parecía que sólo yo podía verla, mi padre ni se percató, ni porque las demás casas estaban en inevitables ruinas. Sacudí mi cabeza, más tarde tendría que ir a ese lugar.
Volví a tomar de la mano a mi padre y lo llevé hasta la casa, seguía igual, no dejaba de repetir lo de su nombre, no podía dejarlo… por dentro lloraba. Después de un gran esfuerzo por fin llegamos a la casa, me sentí mucho mejor. Abrí la puerta y ordené a mi padre que entrara, lo hizo, sin decir nada.
Se sentó en la escalera y comenzó a tararea Adiós a los Gibdos de manera espectral. Sus ojos estaban más rojos, posiblemente por el llanto. Le sugerí ir a tomar una siesta, accedió aún tarareando. Se recostó y observó el techo un buen rato, me quedé con él, que dijo algo alarmante.
»—La canción… está más lenta…
Sí, por el problema del agua y la rueda que perdía velocidad, tragué saliva, ese era un problema, mayor.
»—Oh… por el momento ignóralo papá, lo que importa es que te recuperes de tu… pesadilla.
Y es que ambos estábamos viviendo una pesadilla, desde la primera vez que vi el cañón, los sueños, memorias, los fantasmas, sin olvidar que uno trató de matarme; la funesta historia detrás de el reino que alguna vez fue, los extraños cambios de humor de padre, las cuartetas, la milicia, el pozo, el castillo … La torre de piedra. Todo eso provocaba en mí un horror insano y más si lo recordaba, tal y como lo hacía en ese momento. Creía que era un sueño del que no podría despertar, en el cual vagaríamos eternamente. Llevamos menos de una semana viviendo ahí y ya no soporto.
Padre buscó ayuda de los pasamanos de la escalera y la bajó lentamente. Lo seguí, se sentó en su escritorio y comenzó a repasar sus apuntes, a trazar algo, la cara le había cambiado un poco. Lo observé por un buen rato, acarició mi cabeza y siguió sus investigaciones.
»—Voy a llegar al final de esto pronto. —susurró, desordenando sus papeles.
Los cambió de lugar infinidad de veces, mientras se musitaba quién sabe cuántas cosas. Aún estaba en Shock por culpa de lo que le había pasado en el pozo y sé que no es sólo el motivo de que le hayan gritado, hay algo más. Agh, mis ganas de preguntarle son inmensas, pero simplemente no puedo hacerlo… no me contestaría, ah, como quisiera ayudarlo, consolarlo, y prácticamente gritarle que deje el cañón.
Me alejé. Hasta llegar a la parte de arriba, había algo que descubrir, sí, juraría que aquella casa antes no estaba ahí y si lo estaba entonces eran ruinas, algo no cuadraba de nuevo. Ah, también me parecía raro que la chica Garo ya no se manifestase, y lo recalqué, algo no estaba bien.
Salí de la casa y mojé mis pies en el riachuelo, dándome cuenta de que ahora el nivel del agua era mucho más bajo que de costumbre, no estaba soñando. Me alertó por un momento, pero al final llegué a la conclusión de que era el flujo, que quizá por esa época no iba tan bien. Junto con el sonido del agua se mezclaron más, los martillazos que ya había oído antes, parecen provenir de la torre de piedra… y no puedo evitar voltear en dirección a esa boca abierta que me mira de forma burlesca, con ganas de entrar y a la vez no.
Los martillos cada vez eran más fuertes, al punto de retumbar en mis tímpanos, hasta que de un momento al otro cesaron… por un momento el cañón se quedó en silencio, tan completo que erizó mi piel… tanto que…
»—Estresante ¿No?
Esa maldita voz detrás de mi, el tono sarcástico, la chica Garo. Aleluya que de nuevo estaba ahí, me sentía un poco menos sola.
»—Tú de nuevo… —la miré por un momento, soltó una sonrisa nerviosa— … ¿Qué es ese sonido?
Le dedicó una mirada a la torre y sin bajarla me contestó.
»—Almas anónimas trabajando incansablemente dentro de la torre… al menos no has oído los gritos.
¿Gritos? Ah, ¿Por qué demonios estaba ahí? Sólo me alteraba más… pero a la vez me hacía compañía, tanta…
Me quedé callada, no había mucho que decirle, hasta que la casa llegó a mi mente.
»—Esa casa cerca del pozo…
Suspiró y volteó en dirección al pozo, no podía verse, pero la curiosidad le carcomía.
»—Creo que hablas de la casa de Meg.
Meg. Ese era el nombre que aparecía en las cuartetas de profecías, era destino que apareciese justo en esos momentos. Seguía muy curiosa, me daba la impresión de que debía conocerla, disiparía dudas.
»—Lamentablemente —continuó la enigmática mujer— en sus últimos días de vida fue cuidada por sus otras tres hermanas y un hombre al que llamamos el morador —volvió a dedicar una mirada en dirección al pozo—, se dijo que volvería cuando el mundo estuviese en problemas. Y mírala, ha vuelto con sus hermanas y ese hombre. Quién lo diría, tal vez sea cierto eso de que se van a morir los vivos.
Se van a morir los vivos…
Frase que quedó muy grabada en mi mente, ella ya no se catalogaba como una viva, al menos no como los pequeños militares del cementerio. En fin, la aparición de Meg era profética, bastante extraña. Aún tenía esa sensación de que debía conocerla.
»—por cierto —siguió diciendo—, mientras merodeaba sentí una presencia, puedo jurar que es humana, pero no quise llegar más a fondo. Ten cuidado, hay alguien más viviendo en el valle.
La miré, perturbada. Con que había otro vivo, extraño que no me haya topado con él. En ese momento llegué pensar que podría ser el mercader de máscaras, pero no, yo lo vi irse, aunque, debería alegrarme de que hay otro vivo.
Rompí el silencio.
»—¿Nos vamos a morir?
La garo suspiró, entristecida.
»—No lo sé, todo apunta a que el fin está cerca, pero…
No la dejé terminar, algo se me había venido a la cabeza.
»—¿Tiene algo que ver con el silencio de ayer?
Obviamente entendería el término, si ella también fue parte eso. Retrocedió un poco y bajó su cabeza, volvió a suspirar y se acomodó la capa.
»—La estabilidad del mundo ha estado flanqueando… Y todo por culpa de la ambición de los vivos. Abrieron la puerta.
De nuevo eso, ¿A qué se referían los espíritus? El anciano me había dicho exactamente lo mismo. Necesitaba saberlo…
»—Te veré después, y ten cuidado con cualquiera que esté viviendo aquí.
Despareció.
Su aviso antes de irse, ¿Qué tenía de malo que alguien más viviera en el valle?, admito que suena sospechoso, puede ser un vago ó incluso un fugitivo. En fin.
Miré al cielo, y sin pensarlo me dirigí a paso lento hasta la casa de Meg, mientras subía era como si las sombras es escondiesen. En menos de unos minutos volvieron los martillazos, cada vez más violentos, aunque, sin gritos. Junto a eso había un curioso susurro, voces incomprensibles que parecían cantar algo. El volumen fue aumentando mientras más cerca estaba de la casa, hasta que pude comprenderlos perfectamente.
Mil y un martillos,
Mil y un noches,
Mil y un muertos,
Llevamos construyendo este santuario toda nuestra vida,
Sólo para complacer a la reina.
¡Que los gigantes salven a la reina!
Se repetía indefinidamente, las voces eran abismales, sonaban graves y tristes. Con el santuario se referían a la torre de piedra, y la reina… posiblemente alguna gobernante de Ikana que mandó construirla. Pero, ¿cómo saberlo? Las voces comenzaron a desesperarme al punto que corrí para tratar de huir de ellas, más parecían estar detrás de mi. Hasta que por fin llegué la casa…
La puerta estaba abierta, el interior era oscuro y parecía no haber nadie. Aunque, claro que lo había. Pregunté si había alguien, nadie contesto. Me aventuré a entrar, temblando. Las voces aún seguían cantando. Poco a poco se les unió otra más, la de una mujer que fue callando a las demás. Cuando las otras voces quedaron en silencio, la voz femenina cantó una última estrofa.
Mil y un noches.
Construyendo esta tumba,
La perdición de ella…
Y de nosotros.
Reinó de nuevo el silencio, a no ser por el sonido de una triste flama en el piso de la habitación. Escuché una risa provenir del techo, seguida de varias más. Miré a todas partes y seguía sin haber nadie. Hasta que tocaron mi hombro…
»—¿Qué haces aquí? —preguntó la voz, yo estaba paralizada de terror, pero me parecía conocida.
Un horrible olor a muerto inundó la casa, entonces me percaté de que era el anciano que había visto anteriormente. Me voltee y ahí estaba él, observándome como el día anterior, con esos ojos rojos implorando volver a la vida.
»—Meg… —solté.
Antes de que el pudiese decir algo más, se oyeron otras voces, las mismas que antes se habían reído
»—¿Es ella? —preguntó una.
»—Es tan pequeña… —dijo otra.
»—No, ella no pudo ser. —contestó otra.
»—Sí, Beth, creo que pienso igual que tú.
El techo se iluminó de cuatro colores: verde, anaranjado, azul y morado, predominando más el último. Danzaron por todo el cuarto y se convirtieron en humo, y de ahí a mujeres. La primera estaba vestida de Naranja, llevaba su cabello sujetado en una coleta. La segunda vestía color azul, su cabello era largo y sonreía. La tercera se destacaba por llevar color verde, ojos abiertos, y cabello también sujetado en coleta. Y la cuarta vestía morado, el vestido estaba más elaborado que el de las otras tres, llevaba un sombrero, parecido a una boina del mismo color, sujetaba una flama morada, también.
»—No puede ser ella. —dijo la de Azul, con voz infantil.
»—No subestimen la fuerza de un niño, recuerden a la milicia. —advirtió la morada, su voz era calmada.
»—¡Patrañas! Ningún militar se aventuraría a ese lugar. —corrigió la naranja, disgustada.
La chica de verde y la de azul se limitaron a asentir. La morada suspiró de frustración.
»—¿Entonces…? —preguntó, aún calmada.
El anciano hizo una reverencia y se acercó a la mujer de morado.
»—Hermosa perenne, ella no es.
»—Vale, vale, te creeré.
Su semblante calmado me desesperaba, no parecía emitir ningún sentimiento.
Esa mujer caminó hacia mi, mirándome a los ojos. Verdaderamente los de ella eran hermosos, de un color amarillo que en mi vida había visto. Cuando llegó conmigo me tomó entre sus brazos y me alzó cuidadosamente.
»—Hacía mucho que no veía un aura como la tuya, me recuerda a la del rey.
Su rostro seguía impávido.
»—Sin embargo, también es muy parecida a la de una dulce chica que conocí hace tiempo. Ah, ya ni para que marearte con historias antiquísimas.
»—Mi profeta perenne, ¿Qué ve en ella? —preguntó el anciano.
»—Veo tantas cosas… últimamente ha estado sufriendo, pero, eso ya no es de mi incumbencia.
»—¿Sufriendo? ¿Qué tipo de sufrimiento? —increpó la de azul, viéndola bien, era la más pequeña de las cuatro.
La mujer de púrpura me bajó, e instantáneamente las otras tres me rodearon. Eran muy extrañas.
»—Basta Beth, esas cosas no se preguntan. —dijo la de naranja, dándole unos golpecitos en la espalda.
»—¡Son unas groseras! —gritó la verde, acto seguido se dirigió a mi—, ¿Cómo te llamas?
Ya era hora de que me dejaran hablar…
»—Pamela…
»—¡Lindo nombre! —elogió Beth.
»—No es muy común. Bien, mi nombre es Amy —señaló a la de azul— ella es Beth —miró en dirección a la de naranja—, ella es Joelle y la de morado es la Perenne Meg.
»—No me gusta que me llamen perenne, yo también morí. —protestó la profeta.
»—Pero tu esencia sigue viva. —comentó Beth, elevando sus manos al cielo.
»—No me importa eso…
Un silencio reinó la sala, las mujeres intercambiaban miradas y se sentaron en el frío suelo. La mujer de naranja me observó detenidamente y habló:
»—¿Qué haces en el valle?
Su tono de voz era fuerte, determinado y sonaba disgustado. No me quedaba más que decir la verdad, al fin y al cabo eran fantasmas…
»—Mi papá investiga la historia de este lugar.
»—Pues que raro, nadie había venido a eso. —comentó Beth.
»—¡Te equivocas! —corrigió Joelle, con un puño en el aire—, ¿Olvidas a la niña que vivió aquí hace años? No dejaba descansar a los muertos. Y sus preguntas me enfermaban.
Meg se levantó y caminó en dirección a su hermana, con su semblante pacífico.
»—Joelle, tú nunca hablaste con ella.
»—¡Pero tu sí! Y jamás la hiciste entrar en razón.
»—¡Era la última del linaje! No podía hacer nada…
Por primera vez cambió su rostro a uno más desesperado, aunque no le duró nada, fue cuestión de segundos para que volviera a su semblante original.
»—Nos estamos desviando. —musitó Amy, sus otras hermanas y el anciano le dirigieron una mirada de gratitud, había acabado con una discusión.
»—Pamela, tienes que decirle a tu padre que aquí corren peligro.
Joelle tenía razón, pero no comprendería que mi padre jamás abandonaría el trabajo que lleva aquí. Jamás.
»—No, Joelle, espera. Está bien que estén aquí.
El tono de voz de Meg cambió a uno más misterioso, oscuro. Así como su semblante, más sombrío.
»—Oh, por fin la profeta se digna a aparecer. —susurró Joelle, sarcástica.
»—Ella está destinada a ser algo clave para evitar el final, su padre también.
La miré extrañada ¿A qué se refería con eso? Tragué saliva, quizá estaba encontrando respuestas.
»—¿Quieres decir que ella salvará a Termina de la hecatombe? —preguntó Amy, curiosa.
»—No, sólo ayudará aunque… más bien será ayudada… Pamela, se acercan días difíciles, pero saldrás adelante porque…
Calló de golpe, como dándose cuenta de algo. Todos le dirigimos una mirada, exigiéndole que continuara.
»—¿Qué? —dijeron las tres hermanas al unísono, se vio algo cómico. Meg no les prestó atención, seguía viéndome.
»—¿Qué pasa, mi perenne? —preguntó el anciano, haciéndola entrar en razón, él sabía perfectamente como hacerlo.
»—Porque es… como ella. ¡No! ¡Más bien es la esencia de ella! —pareció alegrarse, me alzó de nuevo y continuó—, Por eso su aura es parecida a la del rey. Pamela, eres muy importante.
»—No entiendo —le dije.
»—No es mi deber explicártelo, todo llega a su tiempo. Sobrevivirás.
Esa última palabra me resonó en la cabeza violentamente, un escalofrío recorrió mi cuerpo, no sabía qué demonios quería decirme con eso, pero sonaba tan extraño y alentador a la vez.
»—Basta Meg. —suplicó Amy.
»—Eres parte del cañón, de la historia escrita con sangre, Pamela, tienes un deber tan grande.
»—¡Basta!
Las pupilas de la profeta se dilataron, comenzó a hablar rápido, se elevaba y un aura comenzó a rodearla, la luz era cada vez más fuerte y extraña.
»—Los muertos te visitarán, caerás en desesperación, pero tienes que ser fuerte, no los dejes entrar. Habrá silencios y oscuri…
»—¡He dicho que basta!
La profeta cayó de rodillas, se llevó una mano a la cabeza y cerró sus ojos. No entendía qué estaba pasando, pero era tan raro…
»—Pequeña, creo que debes irte. —me dijo el anciano, empujándome hacia la puerta.
»—Ya has oído demasiado. —Joelle me llevó hasta la puerta, sin dejar de mirar a su hermana de rodillas, preocupada.
»—¿Qué pasa aquí? —le pregunté.
»—Una lucha interna…
Sin decir nada salí de ahí, invadida por una sensación misteriosa, la mujer que antes era serena se había convertido en algo extraño, una lucha interna, lo llamó Joelle. La profeta dijo cosas que me estremecieron, como si me estuviese esperando un futuro tan gris…
Me alejé de la misteriosa casa, decidí volver a la caja de música, faltaba poco para que el sol se comenzase a ocultar, aunque, quería volver con esas mujeres y el anciano, aún tenía mucho que hablar con ellas. Lo intentaré mañana, si es que me armo de valor.
Al llegar a mi hogar me di cuenta de algo curioso, del otro lado del río había un hombre sentado, observando la torre de piedra. Parecía estar maravillado con la edificación. Sin pensarlo me le acerqué, él me dedicó una mirada sonriente que me recordó a la del vendedor de máscaras.
Curioso, era calvo, de ojos semi cerrados y sus ropas eran las de un hombre normal. Sí, ese era el hombre del que me había hablado la Garo, el otro humano. Me acerqué más a el, crucé el pequeño puente para evitar mojarme, él no hizo nada, sólo me veía con el mismo gesto de extrañeza.
»—Así hay gente viviendo en esa casa extraña, que curioso. —dijo, su voz sonaba burlesca y en cierto modo cínica.
»—¿Quién eres? —pregunté, dejando de caminar.
»—¿Acaso importa mi nombre?
»— Entonces… ¿Qué haces aquí?
»—¿Yo? Ah, decidí vivir aquí porque todos dicen que este valle está encantado y nadie viene. Mejor, me gusta la soledad. Quería experimentar esa… sensación.
»—¿No te dan miedo los fantasmas?
»—¿Fantasmas? ¡No! Yo no he visto ninguno y no creo verlos.
Se puso de pie, siguió mirándome y caminó cañón abajo, lo seguí, me llamaba la atención ver a otro vivo en ese lugar.
»—No me sigas —advirtió. —ya se está poniendo el sol, vuelve a tu casa. Yo debo ir a ver si pillo algo esta noche.
»—¿Qué?
»—Lo que oíste, me largo a la ciudad el reloj a trabajar… Que te quede claro que no es nada sospechoso.
Actuaba tan raro. No me quedó más que asentir y ver como se iba en dirección al pueblo. Iba allí pero vivía en el cañón, faltaba una pieza en el rompecabezas. Sí, era sospechoso pero no me pareció tan exagerado a como me había dicho la mujer encapuchada.
Se fue corriendo, al paso de unos minutos lo perdí de vista.
Entré a la casa, como siempre, padre estaba leyendo y anotando cosas. Al verme entrar se dirigió a mi y dijo:
—Hija, mañana es el día…
Acababa de tener uno de los días mas extraños de mi vida…
