DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling. Además, las alusiones que planteo sobre el libro Un paseo para recordar pertenecen a Nicholas Sparks.
¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.
RECOMENDACIÓN MUSICAL: You [Switchfoot]
Capítulo X
La realidad vuelve a golpear
_ Casa de Playa Malfoy _
Totalmente enmudecida mantuve su mano entrelazada con la mía, mientras el notable movimiento que hacían sus ojos al ir descendiendo línea por línea en el pergamino helaba mi interior. En su frente se había situado una arruga que con el pasar de los segundos se iba intensificando, sus cejas se unían peligrosamente y como si fuera poco, sus ojos estaban abiertos de par en par por la sorpresa que, supuse sentía. Sin embargo, continuó en silencio. No dijo nada. Sus labios se habían contraído en un mueca que me hizo desviar la vista al notar su aflicción. Sentí como uno de sus dedos tembló junto a mi mano y me incitó a volver a mirarle sospechando por el movimiento de sus ojos que estaba leyendo por segunda vez la carta. Suspiré aun sumergida en un silencio que me lastimaba.
No debo llorar, debo soportar un poco más. Tengo que ser fuerte, tengo que consolarlo. Volví a respirar hondamente, y fue hasta ese momento que noté como mi esposo pestañeó tanto que el mirar el movimiento me mareo. Abrió la boca y dejó escapar un gemido, pero sus ojos seguían fijos en el pergamino. Lo estaba leyendo por tercera vez, podía adivinarlo.
— Debe haber un error... — Susurró tan bajo y de forma dificultosa que supe que aquello no iba dirigido a mi — No puede ser verdad... — Otro lamento igual de apagado soltó al viento sin quitar los ojos de los resultados.
Releyó cada párrafo otra vez ¿Cuánto más necesitaba leerlo?
Apretó mi mano. Sabía que se acercaba el momento, el momento en el que me debía tragar mis sollozos, lamentos y el dolor para consolarlo.
— Amor... — Masculló sin mirarme aun — Dime que es mentira, por favor... — Me suplicó clavando sus brillantes ojos en los míos, que luchaba por mantener libres de lagrimas — Es una broma de mal gusto, ¿Verdad? — Negué con un tranquilo movimiento de cabeza y una suave sonrisa con la que le quería trasmitir toda la comprensión posible.
En su momento, yo también había releído la carta tantas veces que olvidé el número exacto. Yo también pregunté si todo aquello era una broma. Sinceramente, aun albergaba la esperanza de que todo fuese una pesadilla, pero sentía todo tan vivo, tan real que no podía serlo.
Apretó sus dientes con tanta fuerza que temí que salieran disparados por toda la sala, su rostro se contrajo por el dolor y no pude continuar verle así sin hacer nada, solté su mano para envolverle entre mis brazos. No tardó en reacción, al contrario, hundió su cabeza en mi pecho y los sollozos comenzaron a mezclarse con el sonido de las llamas de la chimenea al segundo. Con parsimonia le acaricié los cabellos, al sentirle tiritar lo apreté más a mi cuerpo. Lloró, lloró desconsoladamente y yo le pedía a los cielos fuerza para mantenerme firme.
No podía derrumbarme aunque las lagrimas y el llanto que no dejaba salir se estaban uniendo al ardor que sentía dentro de mi pecho.
— Llora... llora todo lo que quieras — Ese era el momento para que se desahogara, para que soltara todo lo que llevaba por dentro y como si le hubiese hecho caso a mis palabras su quejido se multiplicó y mis manos luchaban por darle el confort que necesitaba.
Ciertamente, hubiese querido que su llanto cesara, me mirara a los ojos y me jurara que todo iba a estar bien, pero eso no pasó, no aun.
Permanecimos unidos por nuestros brazos varios minutos, estoy segura que habían pasado muchos, pero exactamente no sabía cuantos. Los hipidos de Draco habían disminuido su intensidad, tanto que llegué a sopesar que se había quedado dormido en mi pecho.
Posé mis dedos en su barbilla y la alcé lo suficiente como para mirarle. Estaba despierto, aunque sus ojos parecían pesarle en demasía, los mantenía casi cerrados, sus mejillas estaban sonrojadas y su rostro entero húmedo. Más sin embargo, el silencio reinó, nuevamente, en el lugar.
— ¿Ahora sí comprendes los motivos que me llevaron a hacer lo que hice? — Sonreí con tristeza. No pude evitarlo.
— No me abandones, por favor... — Su suplicante y triste voz me congeló el corazón.
— Si estuviese en mis manos esa decisión, sabes muy bien que nunca lo haría — Respondí con demasiada sinceridad, sintiendo, lamentablemente, un intenso escozor en los ojos. No debía flaquear.
Unió sus labios con fuerza para no sollozar. Al notar aquello, comencé a acariciarle una mejilla, me lastimaba verle así, tan frágil.
Sin decir nada se acercó a mis labios peligrosamente y los rozó con los suyos solo un instante, para luego besarles con ferocidad, dolor y necesidad. No me gustó, pero le correspondí con amor y delicadeza, aunque me obligó silenciosamente a seguir con su ritmo energético. No estaba siendo un beso tierno, mucho menos bonito, lleno de apoyo, al contrario, me trasmitió toda su tristeza sin quererlo. Me estremecí al sopesar que podría ser el ultimo.
Draco finalizó el beso de la misma manera que lo comenzó, con un roce, pero seguía sintiéndolo amargamente doloroso.
— ¿No has pensado que todo esto puede ser fruto de una nefasta equivocación de tu Doctor? — Encontré en su voz un ápice de irritación. Seguía sin aceptar mi decisión.
— No lo creo. Él es más que mi Doctor, es amigo de mis padres. Además, menciona que revisó los análisis varias veces — Respondí con cierto enfado.
Al ver sus ojos lamenté no la contestación dada, sino el tono de voz usado. Le había arrebatado un idea esperanzadora que comenzaba a invadirlo sin siquiera permitirle que la desarrollara bien. Suspiré con pesar al ver sus ojos brillar, otra vez.
Fascinada, observé como una gran sonrisa se formó en sus labios de forma inesperada.
— No parece cosa tuya, Granger. ¿Cómo pudiste suponer que te odiaría con aquella carta? Que poco me conoces — Espetó haciendo rememorar al antiguo Draco Malfoy. No pude evitar reír, agradeciéndole el hecho de haber cambiando de tema de aquella manera tan impecable.
Tan solo asentí, incapaz de pronunciar aquella afirmación en voz alta. Sentí un calor en mis mejillas y supuse que ya estaban pintadas de un rosa vergonzoso. ¿Cómo pude siquiera pensar que me odiaría? Suspiré sintiéndome más estúpida que nunca.
— Pues Granger, no sé si lo notaste, pero te equivocaste al mejor estilo Lombotton — Sonrió y le fulminé con la mirada no muy segura si por la comparación o el insulto a nuestro amigo en común — Intercambiemos lo papeles, ponte en mi posición, ¿Qué hubieses hecho al leer una carta similar con mi letra, cuando horas antes te había mencionado los motivos por los cuales te amaba? — En esta oportunidad, la seriedad había inyectado su rostro y su voz.
— Tienes toda la razón, más bien te incité a que me buscaras ¿No? — Suspiré derrotada.
— Exacto.
— Ya que tocamos este punto, supongo que estás aquí porque Narcissa te lo dijo.
Draco se alejó de mi para enderezarse en el mueble, pasó una mano por mis hombros mientras con la otra acarició mi rostro.
— No, no fue capaz de romper la promesa que te hizo por más que se lo pedí. Te quiere tanto que comenzaré a sentir celos — Sonrió con afecto y yo le imité — Escuché cuando se lo contaba a Dumbledore.
— Sí, tenía mi consentimiento para hacerlo — Estiré una mano hasta su mejilla para acariciarle también. La sonrisa en sus labios seguía allí, pero aquel gesto no se reflejaba en sus ojos, al contrarío, los vi tan tristes como al principio — Perdóname... — Le pedí de forma inconsciente al saberme la causante de su dolor.
— No tengo nada que perdonarte, menos ahora que sé la verdad.
— Draco, necesito que me prometas algo, por favor.
— Lo que sea, menos que no me enamore de ti, porque de una vez te digo que esa promesa está rota sin siquiera hacerla — Nuevamente, volvió a hacerme sonreír al usar fragmentos del libro que hacía más o menos una hora leía.
— No es eso.
— Pídeme lo que quieras entonces.
— Prométeme que juntos olvidaremos este asunto de los anal...
— Es imposible, a menos que uses conmigo un Obliviate.
Él tenía razón.
— Está bien, entonces promete que disfrutaremos de sea cual sea el tiempo que me queda con normalidad — Su mano tembló en mi mejilla y mi voz se quebró antes de terminar la oración — Por favor...
— Te lo prometo, de igual forma sospecho que será lo mejor para los dos.
— Para los cuatro — Le corregí con una sonrisa.
Parpadeó un par de veces, como si hubiese despertado de un sueño. ¿Acaso había olvidado a nuestro hijos? Algo en su mirada había cambiado. Dejó caer la mano que mantenía en mi mejilla hasta mi vientre e hizo suaves círculos sobre la camiseta.
— Será lo mejor para los cuatro, tienes razón — Habló con aire soñador — Ya te prometí que haré todo lo que está en mis manos para disfrutar juntos de los días que vienen. Ahora, necesito que tu me prometas algo — Sus ojos me miraron con mucha intensidad, asentí sin dudar — Prométeme que te cuidarás como lo ibas haciendo, es decir, nada de esfuerzos, tomar las pastillas indicadas por el Doctor a la hora correcta... Prométeme ahora tu que te cuidaras para que los cuides a ellos al mismo tiempo.
— Claro amor, mi intensión siempre fue esa.
— Gracias — Expresó más aliviado y le regalé una sonrisa cargada de afecto.
Le quería tanto. Hemos estado conviviendo juntos varios años y aun así no puedo vitar sorprenderme y maravillarme al descubrir al hombre frente a mi con cada gesto y palabra proferida. ¿Quién iba a pensar que Draco Malfoy podía ser tan considerado y atento? ¿Será que a alguien se le pasó por la cabeza que todo su compartimiento en los primeros años de Hogwarts se debía por la falta de cariño poco profesada por su padre? Sé que no puedo sustituirle, no soy ingenua, pero siempre trato de demostrarle lo mucho que lo quiero para al menos así, digo yo, apaciguar la falta de afecto de su progenitor.
No quería perderle, aunque suene egoísta lo quiero a mi lado hasta que sienta el ultimo bombeo de mi corazón. Él forma parte de mi.
Como si hubiese sido atraída por un imán acorté la distancia que nos separaba aun teniendo el amargo sabor del beso anterior impregnado en mis labios. Posé una mano en su mejilla y plasmé mi frente sobre la suya dejando que nuestras narices se acariciaran, sintiendo nuestro respirar. Abrí lo ojos para mirarle y sentí una dulce sensación al mirarle con sus parpados unido y una sutil sonrisa pintada en su rostro.
Decidí unir mis labios a los suyos con una delicadeza infinita, haciéndole saber que ahora él era el que debía seguir mi ritmo. Mi lento, intenso y suave ritmo. Succioné su labio inferior con los míos y al escuchar un casi inaudible gemido salir de su boca comencé a sentir un cosquilleo en mi vientre.
Aun tocando su mejilla con mi mano, dejé que mi insistente lengua saboreara ella misma el dulzón almíbar presente en sus labios.
Este era el tipo de beso que me gusta, ese lleno de amor, ternura y apoyo. Uno que nos gritaba a ambos que no sería el ultimo, que habrían más. Sentí el cosquilleo recorrer buena parte de mi vientre al sentir como su lengua se unía al majestuoso gesto. Suave, muy suave. Entre sus labios sonreí, sabía que mi esposo estaba controlándose lo humanamente posible para seguir mi pausado ritmo.
Dí por finalizado aquello con un rocé en sus labios, pero él no muy conforme siguió dejando cortos besos en mis labios. Volvía a sonreír.
— El té se va a enfriar — Susurró cerca de mis labios.
No quería té, lo quería a él. A él que me trasmitía una calidez que ninguna sustancia podía lograr en mi. No muy contenta, tuvimos que separarnos. Me acercó mi taza, la tomé y él hizo lo mismo con la suya. Entrelazó nuestras manos libres y me acurruqué a su lado, dejando caer mi cabeza en su hombro.
No fue tan malo después de todo contarle la verdad. Me sentía menos pesada y reconfortada al tenerlo tan cerca.
Bebimos en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos, pero mirando hacia el mismo lugar, las llamas de la chimenea. Cuando no hubo más líquido en nuestras tazas, decidimos subir a la habitación, ya era hora de dormir aunque no quería hacer eso precisamente. Quería conversar con él toda la noche, besarnos de vez en cuando o simplemente de forma consiente sentirle cerca de mi. Pero sabía muy bien que debíamos descansar, el día no había sido fácil para ninguno de los dos.
Entré al baño para lavar mi cara y cepillar mis dientes, él me siguió, me besó en el hombro y continuó su andar hasta la ducha. Se desvistió sin importarle que estaba tras él y mis mejillas se sonrojaron cuando descubrió que no dejaba de mirarle. Sonrió quitándose la prenda más intima y finalmente, pude respirar con normalidad cuando entró en la ducha, cerrando la puerta corrediza de cristal que solo me permitía mirar formas oscuras.
Una vez lista me acosté en la cama dispuesta a esperarle. Sonreí con aplomo al recordar su actitud en el baño, siempre incitándome para tomar juntos la ducha, pero esa vez no lo había conseguido. Aunque, luché en silencio con mis impulsos al mirar su descubierta piel y su sonrisa de triunfo al deleitarse con sus efectos sobre mi.
Mi amado rubio, no quiero separarme de ti, nunca.
Suspiré con melancolía y una rebelde y molesta lagrima se había escapado de uno de mis ojos. Rápidamente la borré con mis dedos, no quería que Draco la mirara. No quería morir.
De pronto comenzó a sonar el teléfono, ubicado en la planta baja, sobre la chimenea.
Hice ademanes para salir de la cama e ir lo más rápido posible a la sala para así contestar, pero Draco evitó cada uno de mis movimientos al salir envuelto del baño en una toalla blanca que lo cubría desde la cadera hasta más arriba de sus rodillas. Casi nada.
— ¡Ya va! No te muevas. Deja que vaya yo.
Reí al verle atravesar la puerta del cuarto con velocidad, ya que tras de él dejaba un camino de agua justo en el lugar que sus pies descalzos pisaban. Recostando mi cabeza en la almohada, escuché cuando el teléfono dejó de sonar y eso podía significar dos cosas: Había llegado a tiempo o no. Así de simple. Esperé paciente por su regreso...
_ Sala de estar de la Casa de Playa Malfoy _
Draco casi resbala cuando bajaba las escaleras, masculló entre dientes al caer en cuenta del resbaladizo líquido que estaba dejaba a su paso. Tendría que secar todo ese chiquero, pero antes, se preocupó por tomar el teléfono y ponerlo en su oreja. Respiró tratando de calmar el ritmo de su corazón por el esfuerzo hecho. No dijo nada, al contrario, esperó paciente a que la otra persona en el teléfono hablara...
— Hermione, hija estoy muy preocupada. No sé dónde está Draco — La voz de su madre sonó angustiada — No está en su...
— Soy yo mamá.
Un penoso silencio se extendió entre ambos. Narcissa al otro lado de la linea sintió como sus ojos se llenaban de lagrimas, se reprochó por eso mentalmente. No era el momento de llorar, no ahora. Tragó el gemido que quería salir de su boca.
— ¿Hijo, Cómo estás? — Preguntó en un hilo de voz.
— ¿Cómo quieres que esté?
— Lo siento tanto mi amor, de verdad, no puedes siquiera sospechar cuanto lamento esta situación.
— Yo lo siento más... — Con la mano que no sostenía el teléfono secó una lagrima que recorría con velocidad su mejilla.
— No pierdas las esperanzas, cariño. Dios es grande y cada cosa que hace es por alguna razón, él sabe...
— Yo sé que él sabe lo que hace. ¡ME ESTÁ CASTIGANDO! — Se arrepintió por haber alzado tanto la voz, miró hacía la cima de las escaleras rogando porque Hermione no lo haya escuchado.
— No, Draco.
— Me está castigando por todo lo que le hice a Hermione antes de enamorarme de ella. Por mi actitud al frente de sus amigos, de todos — Susurró.
— Hijo, no te lastimes a ti mismo de esa manera. ¿No crees que es suficiente con lo que estás viviendo ya? — La mujer pasó una de sus manos por sus mejillas, intentando borrar la humedad en ellas — No pierdas las esperanzas, no lo hagas tu. Sé que Hermione está destrozada y no solo eso, derrotada, pero tu eres el único que puede ayudarla. ¡Yo lo sé!
— Mamá... — Musitó con tristeza — Realmente no sé qué es lo que más me duele: si saber que todo esto es un castigo de Dios o en sí, saber que ella a perdido toda la ilusión de vivir. De verdad, no sé que es lo más me lastima.
— Vamos, mi amor. Tienes que llenarte de fuerzas para que le trasmitas optimismo. ¡Tienes que hacer que sus ganas de vivir regresen! Hazle reconocer, nuevamente, que los bebés sienten lo que ella siente. Dile que tiene que vivir por ellos, por ti, por usted...
— Lo sé, madre. Gracias, necesitaba escuchar tus palabras, tus consejos. No sé cómo, pero te prometo que haré que se repita esos exámenes. Ella no puede estar enferma, yo la siento igual que siempre, sana... solo que está cegada por el dolor.
— Pienso igual que tu, pero tranquilo, mañana llegará tu ayuda. Dumbledore irá a verles, así que entre los dos podrán hacerla entrar en razón.
— Me parece bien. Madre discúlpame, debo dejarte, no quiero seguir haciéndola esperar.
— No te preocupes. Le das un beso de mi parte, por favor. Cuídate y cuídala a ella también. Los quiero.
Con aquello le daban fin a la conversación.
Draco colocó el auricular en su lugar mientras un suspiró se escapaba de sus labios. Se liberó de la toalla que lo envolvía para secar su rostro con rapidez, volvió a cubrirse y se dispuso a subir las escaleras hasta la habitación teniendo cuidado de no pisar la humedad en el piso. Tenía que hacer algo con esa agua, pero no traía la varita consigo. Con un movimiento de hombros decidió ocuparse de ello después.
_ Habitación principal de la Casa de Playa Malfoy _
— Mi madre te manda saludos — Me informó Draco apenas entró en el cuarto — Dijo, también, que te cuidaras mucho.
— Espero que le hayas dicho que lo haré — Le sonreí palmando el lugar libre a mi lado, incitándole así para que ocupara ese lugar.
Como respuesta dejó caer su toalla de forma elocuente y no pude evitar que mis mejillas se sonrojaran mientras le fulminaba con la mirada sin poder dejar de sonreír. Él por su parte se acercó a la cama sujetando la ropa que se había quitado, buscó su varita en el bolsillo del pantalón negro y profirió un hechizo para transformarlo en un bóxer holgado de algodón color gris, su camisa de botones blanca a los segundos pasó a ser una camiseta color verde Slytherin.
Lo vi colocarse cada una de las prendas transformadas con velocidad. Una vez listo, caminó hasta el interruptor para pagar la luz de la habitación al mejor estilo muggle, finalmente se introdujo bajo las sabana, me atrojo hacía él y aproveché para recostar mi cabeza en su pecho.
Estábamos juntos, ninguna de las dos cartas había logrado separarnos, más bien consiguieron todo lo contrario.
Distraído comenzó a jugar con mis rizos, mientras yo preferí buscar su mano libre para entrelazarla con mía y llevarla a mi pecho. Se siente muy bien tenerle tan cerca.
— Por cierto, casi se me olvidaba... Dumbledore vendrá mañana — Comentó como si nada.
Asentí en silencio sin saber si lo más correcto era sentir alivio o al contrario, nerviosismo. Sinceramente, sentía un poco de ambas. Estaba segura que como siempre, las palabras del viejo hombre marcarían importancia en mi vida, en el transcurso de nuestras vidas.
— Te amo — Susurró de pronto depositando un beso en mi enmarañado cabello.
— Y yo a ti.
Dejé de pensar en lo que vendría, tan solo me permití envolverme por la calidez de sus brazos, los latidos de su corazón y la parsimonia de su respiración. Cuanta paz me transmitía. Bostecé cansadamente y hasta ese momento fue que noté el sueño que tenía.
— Buenas noches... — Murmuré uniendo mis parpados, dispuesta a descansar toda la noche a su lado...
CONTINUARÁ...
