El sonido de una llave introduciéndose en la cerradura era lo único que se podía escuchar dentro de aquel departamento, pero ese silencio acabaría pronto. Al fin, la cerradura cedió y la puerta se abrió. Tras ella entraron Santana, Kurt y Blaine, quienes habían pasado toda la tarde disfrutando de Nueva York. Bueno, más bien Blaine la disfrutó, ya que Kurt y Santana se la pasaron peleando por todo, desde el café que uno se pidió y la otra no, hasta la chocolatina que una robó y el otro criticó.
-Al fin en casa, la próxima vez avisadme y me voy en zapatillas de andar por casa que son más cómodas que estos zapatos – dijo Santana quitándoselos y mostrándoselos a Kurt y Blaine.
- Qué quejica estás últimamente, ni que hubiéramos hecho una maratón – comentó el castaño pasando al salón tomando asiento en uno de los sofás.
Santana estaba a punto de responderle pero Blaine la detuvo, no quería más peleas, ya bastantes había soportado en toda la tarde como para soportar más. Finalmente los morenos tomaron también asiento, Blaine al lado de Kurt y Santana en el otro sofá que quedaba libre. El silencio volvió a cobrar vida en aquel departamento, pero por poco tiempo, ya que en la cabeza de Santana había una pregunta que le estaba ocupando su mente desde esa mañana.
-Y bueno… ¿hasta cuándo os vais a quedar? – preguntó mirándolos fijamente al mismo tiempo que subía las piernas y se acurrucaba en el sofá.
En ese momento ambos se miraron, no habían hablado sobre el tiempo que se iban a quedar, pero estaba claro que no mucho. Blaine se decidió a hablar.
-Pues no lo sabemos, ya sabes, Kurt está ayudando a su padre en el taller y tendremos que volver pronto – comentó el moreno mirando al castaño.
- ¿Pero no decías tú que odiabas ese trabajo? – preguntó Santana mirando a Kurt.
- Sí, y lo sigo odiando, pero es lo único que tengo y si quiero tener dinero tengo que trabajar allí – contestó el castaño resoplando.
- Y… ¿por qué no te vienes aquí? Siempre has dicho que querías vivir en Nueva York, que es la ciudad de la alta costura y es lo que más te apasiona – propuso la morena.
- ¿Y qué hago con el trabajo? Además, ¿dónde voy a vivir, en qué voy a trabajar? – preguntó el castaño un poco confuso con la idea, aunque sin descartarla aún.
- Podrías vivir aquí conmigo y buscar trabajo en alguna boutique o en los almacenes de Vogue, quizás te cojan.
- Piénsatelo Kurt, sé que quieres ayudar a tu padre, pero ese no es tu sueño – comentó Blaine apoyando la idea de Santana.
Kurt aún estaba pensativo. Quería vivir en Nueva York, pero la idea de dejar a su padre solo en Ohio con el taller y venirse a la gran ciudad y vivir con Santana, cosa que no estaba muy del todo seguro, eran los únicos contras que tenía de esa idea. Tendría que pensarlo y hablarlo con su padre, quería mantenerlo al tanto de todo. De repente el móvil de Santana, el cual había dejado en la mesa de centro, comenzó a sonar, acababa de recibir un mensaje. Ésta estiró el brazo y presionó el botón central para poder desbloquear la pantalla. Tras hacerlo, pudo saber de quién era. Santana, bajo la atenta mirada de Kurt y Blaine, leyó el mensaje.
"San, tengo algo muy importante que decirte. ¿Quedamos mañana en 'The Blue Eyes' y te cuento vale? Por cierto, se lo he dicho a los demás, pero no sé si les ha llegado el mensaje, no soy muy buena con la electrónica, no soy una electromaníaca ¿así se dice? Bueno, ya si eso se lo pregunto a Artie o a Lord Tubbington, que es muy de leer.
Espero tu respuesta. Te quiero. Britt- Britt"
Aquel mensaje la acababa de dejar K.O. ¿Qué es lo que le querría contar Brittany? ¿Sería sobre su canción o sería sobre otra cosa? La cabeza de Santana comenzaba a trabajar sobre los posibles motivos, mientras que su cara aún presentaba el asombro que se le había quedado al leerlo. Kurt y Blaine, quienes no sabían nada de lo que pasaba decidieron intervenir.
-¿Qué pasa? – preguntó Blaine
-¿Quién es? ¿Tu rubia? – preguntó Kurt más lanzado a los pocos segundos de que el moreno soltara su pregunta.
- A ver, no es mi rubia, se llama Brittany y sí, es ella – contestó dejando de mirar la pantalla de su móvil para dirigirle la mirada a ambos chicos.
- ¿Y qué quiere? – preguntó más decidido Blaine
- Dice que me tiene que decir algo muy importante, que si podemos quedar mañana en "The Blue Eyes" – contestó devolviendo la mirada al mensaje.
- ¿Las dos solas? – preguntó nuevamente Kurt arqueando una ceja.
- No, también vienen los demás, Quinn, Tina, Mike, Sam, la loca de Rachel…
- ¿Y nosotros? – dijo Kurt señalando a Blaine y a él.
- ¿Vosotros que?
- ¿No vamos? – preguntó haciéndose la víctima.
- Ya está aquí la reina dramática – comentó Santana rotando los ojos – Si quieres le mando un mensaje diciendo que también vais, ¿contento?
- Sí, ahora sí – terminó de decir.
Finalmente Santana escribió el mensaje aceptando la "cita" y comunicándole a Brittany el acompañamiento inesperado que iba a llevar al día siguiente. Poco tiempo tardó en recibir un nuevo mensaje de Brittany, diciéndole que no le importaba, que cuantos más mejor. Tras leerlo, volvió a dejar el móvil donde estaba y se quedó pensativa. Aún no sabía que era lo que le quería contar Brittany. De repente millones de recuerdos comenzaron a flotar alrededor de su mente. Había pasado por tantos cambios en tan poco tiempo que aún no había podido digerirlos del todo. Trataba de esconderlo pero aún seguía asustada, aún seguía teniendo miedo de estar enamorada de alguien que no le es correspondido, aún seguía asustada por sus propios sentimientos, aún no podía hacerse a la idea de que le gustaba una chica y mucho menos de que esa chica era su mejor amiga, pero de lo que más estaba asustada era de que tenía que vivir con ese dolor.
-¿Santana estás bien? – preguntó Blaine al ver el cambio drástico por el cual pasó su cara.
La morena tardó unos segundos en contestar, quería ordenar todos sus pensamientos para poder vomitarlos de manera ordenada.
-Creo… creo que cometí un error viniendo a Nueva York – dijo sin poder quitar la vista de sus manos.
- ¿Porque dices eso? Si siempre has querido vivir en la gran ciudad – comentó Kurt separando su espalda del sofá para poder acercarse más a la morena
- Porque en cuanto llegué aquí mi vida cambió 360 grados, todo está al revés. En Ohio la gente venía para verme cantar, aquí tengo que ir yo detrás de ellos. Allí tenía a un montón de chicos detrás de mí y no me importaba, podía liarme con unos cuantos en una noche incluso cuando estaba con David, en Ohio me tomaba a risa eso de estar enamorada. En cambio, aquí, me di cuenta de mis verdaderos sentimientos, me di cuenta de que lo que sentía por Karofsky no era nada, aunque he de reconocer que si me dolió decirle adiós, ya que llegué a quererlo de alguna manera. Ya no quiero pasarme una noche entera en diferentes bares con diferentes chicos, ¡no quiero! porque aquí me di cuenta de eso a lo que llaman amor, aquí me di cuenta que no ser correspondido es muy doloroso pero mucho más es ver como la persona a la que quieres está enamorada de otro. Aquí tuve que asumir que soy una más, que no soy nadie especial, que por mucho que el corazón grite a veces la boca tiene que callar – la voz de Santana se entrecortaba.
- Pero Santana, que te haya pasado todo eso no significa que haya sido para peor, sino a mejor, porque ahora sabes lo que quieres, sabes lo que es luchar por tus sueños, sabes lo que es estar enamorada, sabes lo que se puede sufrir por amor. Nueva York no te ha dado cosas malas, te ha enseñado de lo que se trata la vida, todo es escalar, salir adelante de los baches, ser fuerte y aprender de los errores – comentó Blaine agarrando su mano al ver como su amiga se sentía tan decaída al recordar todas esas cosas.
- Blaine tiene razón San, por lo que cuentas y por lo que sabemos, Nueva York te ha cambiado tanto a ti como a tu vida, pero para bien. Creo que hasta ahora eres un poquito más persona de lo que eras antes – terminó por decir Kurt tratando de sacarle una sonrisa y de paso chincharla.
- Yo también te quiero eh! – dijo irónica, aunque intentando ocultar aquella pequeña sonrisa que se le había producido al escuchar aquellas palabras de Kurt.
Realmente tener a sus amigos en Nueva York por unos días era lo que necesitaba Santana, ellos le sacaban risas, la escuchaban, a veces la sacaban de quicio, pero los necesitaba, siempre recurría a ellos en los buenos y en los malos momentos, ellos siempre estaban ahí igual que ella para ellos. Ese amor era recíproco, sería imposible para ella vivir sin ellos.
El día para el trío de amigos ya estaba acabando, pero para la otra parte de la ciudad aún le quedaban unas horas antes de finalizarlo…
Aquella película no era una de esas románticas que siempre lloras al final, ni tampoco una de aventuras o de acción, sino una de miedo. Quinn se había empeñado en verla, puesto que necesitaba acción, gritar, meterse con las actrices o los actores que aparecían en ella. Sí, Quinn no era una de esas chicas que se asustaba fácilmente con ese tipo de películas, sino una de las que se lo tomaba a risa. Era muy difícil asustarla. Ella no tendría miedo, pero Sam, quien estaba tumbado a su lado, sí que pegaba algún que otro rebote en los momentos de tensión. Sin duda era una pareja extraña, pero así eran ellos.
-Quinn, ¿por qué has dicho de poner esta película si no pasas miedo? ¿Te gusta reírte me di porque a mi si me da algo de cague? – preguntó Sam intentando no mirar la pantalla, ya que en ese momento la niña protagonista de la película estaba a punto de entrar en la habitación donde estaba el asesino.
- ¿Solo algo? Mira, si hasta te tiemblan las pestañas – dijo ella acercando su dedo a uno de sus ojos.
- No te metas conmigo y dime el por qué – insistió al mismo tiempo que disimulaba que se estiraba para coger un cojín y poder taparse la cara.
Quinn resopló, odiaba tener que contarle este tipo de cosas, ya que al final siempre acababa más cabreada del todo. Pero decidió hacer una excepción, de alguna manera necesitaba liberarse. Antes de comenzar a contarle todo a Sam pausó la película, no quería perderse el final mientras hablaba. El rubio de alguna manera agradeció a su novia que la hubiera parado, ya no sabía dónde meterse o qué hacer para no mirar la pantalla.
-El único porqué es el de siempre. Porque odio como ella ha logrado pasar del tema sin arrepentirse ni un solo instante, como me ha restregado por la cara que ella logró robarme a Finn, como a pesar de todo aún piensa que puedo ser su amiga. Es que la odio con todas mis fuerzas – soltó Quinn mirando a la nada a la vez que agarraba el cojín que acababa de coger Sam para estrangularlo, simulando que ese era el cuello de Rachel.
- Cariño, ¿aún sigues con eso? – preguntó intentando quitarle el cojín para evitar que lo rompiera de la fuerza que estaba ejerciendo contra él.
- ¿Como que aún sigo con eso? Para mi va a ser imposible olvidarme de ello, ¿no te das cuenta de que por culpa de Rachel Finn me dejó, tuve que dar en adopción a mi hija y encima tuve que aguantar como Rachel remoloneaba su enamoramiento con él por todo NYADA? Pero eso no fue lo que más me dolió, sino que yo le conté mi secreto, lo de que esperaba un bebé, y ella fue corriendo a contárselo a Finn. Pero encima no tuvo ni el valor suficiente de decírselo a la cara, no, le envió una carta contándole con pelos y señales todo lo que yo le conté ¿me puedes decir cómo olvidar ese "eso" que tú dices cuando encima la tengo que ver todos los días con su sonrisita en la cara? ¿Cómo? Yo le di todo, fui su mejor amiga durante mucho tiempo, la defendí cuando los demás se metían con ella, compramos este piso a medias para no alejarnos la una de la otra ¿y todo para qué? Para que luego me metiera la puñalada por la espalda, para tirar por la borda tantos años de amistad por un chico. No, no pienso perdonarla – terminó de decir.
Sam la escuchó palabra por palabra y algo le removió por dentro, de alguna manera se sentía culpable de cómo estaba su novia, de esa manera tan fuerte de odiar a Rachel. Sí, sin duda lo que hizo le estaba causando esa sensación. Pero no podía decir nada, sino todo acabaría en su contra.
-¿Nunca la perdonarás? Tu misma has dicho que fue tu amiga durante mucho tiempo, algo de esa Quinn comprensiva debe de echarla de menos ¿no? – preguntó el rubio intentando comprobar si tenía alguna posibilidad si finalmente soltaba su secreto.
-No, nunca, aunque pasen los años y ella se esté muriendo, ni si quiera en ese momento. Lo que hizo no tiene perdón – su cara lo mostraba todo, sentía tanta rabia… - Una pregunta ¿por qué tanto interés en que yo la perdone si tú eras la primera persona que la odiabas? – aquel interés que presentaba su novio en perdonar a Rachel no era normal.
- No sé, suponía que la deberías de echar de menos – intentaba alejar aquellos pensamientos de Quinn, sabía que su novia cuando se ponía podría descubrir una mentira bien escondida – simplemente eso.
- No te creo nada, pero bueno. No quiero seguir hablando de este tema, bastante quemada me ha tenido esta mañana como para quemarme más.
Sam resopló, se había librado de un cuestionario intensivo hasta que ella descubriera la verdad. Quinn estaba a punto de darle al play para continuar con la película, pero de repente su móvil, el cual estaba en la mesa, comenzó a vibrar, acababa de recibir un mensaje. Desbloqueó la pantalla y descubrió de quien se trataba. Su cara cambió por completo, no quería ni tan siquiera leerlo. Volvió a bloquear el móvil y lo dejó de nuevo en la mesa.
-¿De quién es para que no lo leas? – preguntó Sam interesado.
- Sabes perfectamente de quien es, y no lo pienso leer – no quería leer aquel mensaje de Rachel que había recibido, no quería saber nada de ella.
- Bueno, tampoco tienes que leerlo sino quieres – intentó ser comprensivo aunque sentía una gran curiosidad por saber qué es lo que decía aquel mensaje.
Quinn se quedó callada durante unos segundos. Su cabeza estaba llena de recuerdos y de sentimientos que no la dejaban en paz, necesitaba pararlo todo, no podía más. Aquel mensaje le acababa de poner peor, le había quitado hasta las ganas de seguir viendo la película. Necesitaba paz y la única forma de conseguirla era yéndose a la cama, al menos allí no pensaría tanto.
-Creo que me voy a la cama, todo esto me ha quitado las ganas de seguir viendo la película – dijo soltando el mando en la mesa a la vez que se colocaba las zapatillas de andar por casa – si quieres termínala tú, a lo mejor te gusta el final.
- No creo que me guste – dijo negando con la cabeza, lo último que querría era seguir viendo la película – descansa y no pienses tanto en lo que pasó – terminó de decir acariciándole el brazo.
Quinn antes de marcharse le dio un beso a Sam, cogió una de las mantas que había en el respaldar del sofá y finalmente se fue a la cama. Había sido una noche muy movidita para ella, lo único que quería era finalizarla de una vez por todas. Mientras, en el salón, Sam se quedó mirando el teléfono de Quinn. Su curiosidad lo estaba matando, necesitaba saber qué era lo que ponía en aquel mensaje. Miró a su alrededor para comprobar que la rubia no lo pillara y finalmente lo cogió. Lo desbloqueó y leyó el mensaje.
"Quinn, no sé porque de repente hoy has vuelto a recordar todo lo que pasó, pero simplemente quiero decirte que lo siento. Sé que estas palabras no te sirven de nada, pero te voy a demostrar que no te he dado por perdida. Nuestra amistad para mí aún sigue viva y no quiero perderte del todo. Sé que no quieres saber nada de mí, pero quiero que sepas que no me voy a rendir, que voy a seguir aquí pese a tu negación y a tu rechazo. Siento si este mensaje puede molestarte, pero es lo que siento y es lo que pienso hacer.
RACHEL"
Tras leerlo volvió a bloquear el móvil y lo dejó en su sitio. Pensó un rato en aquellas palabras que había escritas en el mensaje. Necesitaba hablar con Rachel, saber por su boca que no diría nada, que su secreto seguiría oculto. Sacó su móvil del bolsillo del pantalón, lo desbloqueó y comenzó a escribir.
"Rachel, necesito hablar contigo. Es sobre Quinn, tú ya sabes a lo que me refiero.
Sam"
Envió el mensaje y a los pocos minutos recibió otro de Rachel.
"Tranquilo, no le diré nada, tu secreto está a salvo. Pero si quieres estar más seguro hablaremos mañana o en uno de estos días.
Rachel"
Aquel último mensaje de alguna manera lo tranquilizó, pero aún no estaba seguro del todo. Sabía que Rachel era de fiar, le había guardado ese secreto desde hacía ya dos años, pero no confiaba del todo en ella, ya que ella lo podía usar en su contra. Estaba claro que necesitaba hablar con ella urgentemente.
Aquella noche tocó su fin y un nuevo día se dibujaba en la ciudad de Nueva York. Las horas pasaron, la mañana se convirtió en tarde y la tarde en noche. La hora ansiada acababa de llegar, Santana estaba a punto de conocer aquello que le quería contar Brittany. Allí, parada en frente de ese letrero que tantos recuerdos le ha dado, el llamado "The blue eyes", junto a Kurt y Blaine, esperaban a que los demás llegasen. Sí, Santana para este tipo de cosas era muy puntual y más si se trataba de Brittany. El frío que hacía esa noche empezaba a hacer mella en el cuerpo de Santana, lo único que deseaba en ese momento era que llegasen los demás para pasar dentro y entrar en calor.
-¿Van a tardar mucho? – preguntó Kurt a la vez que metía sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo.
- No lo sé, pero espero que lleguen ya – respondió la morena frotándose los brazos para entrar en calor.
- Mira, se me van a congelar hasta las cejas – dijo señalándoselas con su dedo índice.
- Qué dices si tú no tienes cejas – comentó Santana para chincharlo.
- Ah! Es verdad, es que mis cejas en comparación con tu bigote son pequeñas – comentó Kurt siguiéndole el juego.
- No me tientes que entonces te diré yo lo que tienes pequeño – añadió la morena.
-Ya los dos. Parecéis dos niños chicos y yo vuestra madre – terminó de decir Blaine para poner fin a aquella disputa.
Tras unos minutos discutiendo, al fin vieron unas siluetas a lo lejos que les eran familiares. Se podía ver a Quinn agarrada del brazo de Sam, a Tina y a Mike agarrados de la mano y a Brittany, la cual iba más atrasada hablando por teléfono.
-¿Que frío hace no? – comentó Sam junto a Quinn nada más llegar donde estaba el trío.
- Sí, sí que lo hace y con lo lentos que sois este frío se nos ha hecho eterno – dijo Santana.
- Exagerada – comentó Quinn para chincharla.
- Ya ya, exagerada, pasa tú este frío aquí afuera y luego llámame exagerada si te atreves – comentó la morena.
- ¡Hola! – dijeron a la vez Tina y Mike nada más llegar.
- Hola – devolvieron el saludo Blaine y Kurt, ya que Santana estaba ocupada debatiendo con Quinn si hacía o no frío.
- Vosotros dos erais Kurt y Blaine ¿no? Los… amigos de Santana – preguntó Tina señalando con el dedo índice a la morena.
- Sí, lo somos – respondió Blaine agarrando el brazo de Kurt mientras le regalaba una enorme sonrisa a la asiática.
- Hola – saludó Santana tras acabar su discusión con Quinn - ¿Y Brittany? ¿No venía detrás vuestra? – preguntó a la vez que miraba detrás de Tina y Mike.
- Sí, lo más seguro que estará aún hablando con Artie – comentó Tina, provocando que la cara de Santana cambiara por completo.
-¿Con Artie? – preguntó la morena aún con la cara desencajada tras haber escuchado aquel nombre.
- Sí, él la llamó minutos antes de llegar aquí, supongo que será algo importante, no se – agregó Tina.
En ese momento Santana tenía la necesidad de saber qué era lo que estaban hablando, que era lo que pasaba por la mente de Brittany, pero sobre todo lo que más necesidad tenía por saber era aquello que tenía que contarles. Veía eterno ese momento. Al fin, tras unos minutos más de espera, llegó Brittany. Apenas se saludaron, ya que más de una no traía abrigo debido a las prisas y el frío les estaba congelando. Finalmente entraron dentro. Esa noche "The blue eyes" estaba bastante lleno, ya que ese día era un día festivo en toda la ciudad. Apenas había mesas libres donde sentarse, pero por suerte encontraron una muy cerca del pequeño escenario, a unos metros de la barra.
-Bueno, ¿nos vas a decir ya lo que nos tenías que contar? – preguntó Quinn muy interesada, haciendo la pregunta que Santana trataba de no pronunciar para no aparentar muy intrigada.
- Yo así sin beber primero no, que estoy muy nerviosa y no sé cómo decirlo. Además, tenemos que esperar a Rachel, que me ha mandado un mensaje diciendo que estaba de camino – comentó Brittany.
Aquel nombre produjo en Quinn casi sarpullidos, lo que menos quería era encontrarse con ella. Es más, aún ni si quiera había leído el mensaje que recibió la noche anterior. No tenía ganas de verla y mucho menos soportarla. Sam, el cual se había percatado de la reacción de su novia al escuchar el nombre de Rachel, fue junto con Mike uno de los cuales se ofrecieron a traer las bebidas. Santana, sin embargo, se había dedicado a observar a Brittany. No sabía el porqué, pero aquella noche la encontraba más contenta, como si hubiera recibido o vallase a dar una buena noticia, al menos para ella. Sus ojos brillaban más que nunca y estaba muy nerviosa, era como ver a otra Brittany. Al fin, tras pasar un par de minutos más, llegó Rachel. Le faltaba el aire, había venido corriendo, ya que se quedó dormida y cuando se despertó ya se había pasado la hora en la que habían quedado. Tomó asiento junto a Tina y el asiento vacío de Mike, cerca de Brittany y Santana, y en frente de Quinn. Sí, la rubia no se tomó del todo bien eso de que la castaña se sentara justo en frente de ella.
-¿Como que has llegado tan tarde? - preguntó Tina.
- Me quedé dormida y cuando me quise dar cuenta ya se había pasado la hora, por lo que me vestí lo más rápido que pude y vine para acá – contestó Rachel a la vez que miraba de reojo a Quinn, sabía que la rubia no estaba del todo contenta con su presencia.
- Eh mirad, ahí vienen los chicos con las bebidas – comentó Brittany señalándolos.
- A ver, ¿quién pidió un mojito? – preguntó Mike en cuanto llegó a la mesa.
- Fui yo – contestó Quinn, no estaba acostumbrada a beber, pero esa noche le apeteció probarlo.
Una a una las bebidas fueron repartidas, pero solo una persona se quedó sin bebida, Rachel.
-Rachel, lo siento, no te hemos traído nada porque no sabíamos que ibas a querer beber – comentó Mike.
- Tranquilo, ahora voy yo a la barra y me pido algo – respondió ella, viendo como los demás ya estaban pegándole algún que otro trago a su bebida.
- Va, te esperamos y brindamos todos – dijo Brittany muy animada.
En cuanto Rachel se fue, Brittany aprovechó el momento para decirle algo a Quinn, ya que su cara lo expresaba todo. Se notaba que estaba muy incómoda.
-Quinn, que odies a Rachel no significa que tengas que tener esa cara. Asusta – comentó a la vez que movía a pajita de su baso.
- Es verdad Quinn, cambia esa cara. Hemos venido a divertirnos y no a amargarnos – la apoyó Tina.
- Qué queréis, no la puedo soportar. Y si no os gusta mi cara no la miréis – dijo Quinn mirando hacia otro lado. Lo único que deseaba era largarse de ese lugar cuanto antes.
Finalmente, cuando Rachel obtuvo su bebida, volvió a la mesa. Allí, ya todos reunidos con bebida en mano brindaron por todos y por ese secreto de Brittany que les tenía en vilo. Tras un par de copas más, al fin Brittany se veía preparada para soltar su secreto, aunque más bien se le podría llamar bomba.
-A ver, chicos, os he reunido aquí para contaros una cosa que me pasó ayer por la noche, minutos antes de que os enviara el mensaje – dijo dándole un último sorbo a su bebida.
-¡Ai, que nos va a decir el secreto! – comentó Kurt muy animado.
- No sé cómo decíroslo, estoy tan nerviosa…
Brittany no lo sabía, pero Santana seguramente estaba mucho más nerviosa que ella, es más, la noche anterior apenas pudo dormir de las ganas que tenía de saber ese secreto. Por eso esa noche tuvo que abusar del antiojeras. Brittany resopló un par de veces, hasta que al fin serenó sus nervios y soltó la bomba.
-¡Me voy a casar! – gritó a la vez que mostraba su mano donde portaba el anillo de compromiso.
Todos saltaron de alegría, menos Santana. Su corazón se acababa de partir en mil pedazos, la mínima posibilidad que tenía de que algún día Brittany fuera suya se disipó en cuanto esta pronunció aquellas palabras. Sus ojos se estaban ahogando en lágrimas, pero no podía dejarlas caer. No podía porque corría un gran peligro de que alguien la viera y le preguntara el motivo de dichas lágrimas. Lo único que tenía ganas era de huir de ese lugar, irse lejos, gritar y llorar. Llorar hasta que sus ojos se secaran y su dolor se disipara. No, aquello no podía ser verdad, aquello debería de ser un error, seguramente habría escuchado mal. ¿Brittany casarse? No, imposible. Es muy joven para casarse, no podía casarse aún y menos con él, con Artie. La cabeza de Santana en ese momento era un huracán de pensamientos, igual que su corazón, el cual estaba aguantando ese dolor. No sabía qué hacer, donde huir, no sabía si felicitarla o simplemente romper a llorar. Nadie se percató de lo que le estaba pasando a Santana, excepto Kurt y Blaine. Ellos en cuanto oyeron aquellas palabras lo primero que se les vino a la cabeza fue lo que podría estar sintiendo la morena. Sabían que eso era muy doloroso y justamente en su cara se podía ver esa expresión de dolor, aunque ella tratara de esconderlo.
-Tenemos que hacer algo – dijo Kurt acercándose al oído de Blaine.
- ¿Y qué hacemos? – preguntó mientras no le quitaba el ojo de encima a la morena.
- Sube al escenario y canta una canción, al menos los distraerá y no la mirarán a ella – propuso Kurt.
- ¿Qué canto? – preguntó, no sabía que canción escoger para ese momento.
- No sé, pero canta ya o se darán cuenta de que algo le pasa – dijo Kurt a la vez que lo empujaba para que se levantara.
- Eh.. bueno, Britt, para.. darte.. la enhorabuena, te voy a cantar una canción – comentó Blaine sin saber muy bien que decir.
- Anda Rachel, ve con él y así nos dejas un rato tranquilos – propuso Quinn intentando no mirarla.
- Si quieres puedes cantar conmigo – comentó Blaine.
- Está bien – aceptó Rachel. Dejó su abrigo en su silla y subió al escenario junto a Blaine – ¿Que tienes pensado cantar?
- No sé, estoy en blanco – comentó el moreno.
- ¿Te sabes la canción "Need you now" de Lady Antebellum? – propuso la castaña.
- Si, pero esa es… - dijo Blaine, ya que aquella canción era de dolor.
-Sí, lo sé.
- Está bien, cantemos esa.
Mientras Rachel y Blaine se preparaban para cantar la canción escogida, Kurt se acercó a Santana para comprobar como estaba.
-¿Estas bien? – le preguntó a la vez que le acariciaba el brazo.
- Si – dijo apenas sin voz.
- No me mientas que sé perfectamente cómo te sientes.
- No puedo más, necesito salir de aquí – comentó a la vez que intentaba que ni una lágrima saliera de sus ojos.
- Vamos a quedarnos un rato más y luego nos vamos ¿va? – propuso Kurt.
- Vale – aceptó Santana – oye ¿Por qué le has dicho a Blaine que saliera al escenario a cantar? – preguntó mientras miraba como el moreno junto a la castaña se sentaban en unas banquetas.
- Porque así se fijarían en él, bueno en ellos – dijo señalándolos – y no en ti.
- Gracias – terminó de decir dándole un abrazo.
- Para eso estamos – le regaló una sonrisa.
La música comenzó a sonar, aquella canción estaba a punto de tocar más de un corazón (os recomiendo que lo leáis con la canción de fondo). Rachel comenzó a cantar, sin duda no había elegido esta canción por casualidad. Esta canción le recordaba a Quinn, a lo mucho que la echaba de menos como amiga, como echaba de menos todos esos buenos momentos que vivieron juntas, aquella promesa que se hicieron de no separarse nunca. Pero no solo esos pensamientos cobraban vida en la mente de Rachel, sino también en la de Quinn. Sí, pese a estar enfadada con ella, pese a no querer perdonarla, los recuerdos también la envolvían, aquellos momentos que vivieron juntas se hacían eco en su mente. No eran las únicas que esta canción las hacía pensar, a Santana también. Pensar que ya nunca será nada de Brittany, el perderla para siempre era lo que más daño le provocaba. Porque vivir enamorada sin que ella lo supiera podría soportarlo, pero no tener ni tan siquiera una mínima oportunidad era lo que más dolor le provocaba. El tenerla cerca y no poder sentirla, esas ganas enormes de gritarle lo que sentía, esas ganas de aferrarla en sus brazos y no soltarla nunca. Todos estos sentimientos se mezclaban con sus recuerdos, todos esos que había acumulado desde que llegó a Nueva York, todos esos recuerdos que son solo de ellas, todas esas palabras no dichas, todos esos sentimientos callados. Todo comenzaba a hacer mella en Santana. No pudo más y una lágrima logró saltar todas esas barreras que le había puesto a sus ojos, una lágrima logró derramarse. El dolor era más fuerte que sus propias fuerzas. Rápidamente luchó por intentar que ninguna otra saliera, pero no pudo, sus lágrimas eran más fuertes. En uno de sus movimientos por intentar limpiarse los ojos, Brittany se dio cuenta de lo que le pasaba a su amiga.
-¡Ei! ¿Qué te pasa? – preguntó Brittany, al ver como la cara de la morena se llenaba de lágrimas.
- Nada, la canción, me hace recordar – mintió intentando disimular su dolor.
- ¿Segura? – insistió frenando con su dedo índice alguna que otra lágrima que derramaban los ojos de Santana.
- Sí – volvió a mentir – tranquila, ya se me pasa – añadió regalándole una sonrisa amarga.
- Está bien – dijo dándole un abrazo. Le dolía verla llorar. Santana podría aparentar ser muy fuerte, pero en realidad era muy sensible – Te quiero – dijo mientras le daba aún ese abrazo
- Y yo – contestó intentando que no cayeran ni una lágrima más.
La canción finalizó, Rachel y Blaine bajaron del escenario, llevándose una fuerte ovación. La noche aún no había acabado. Decidieron traer unas cuantas rondas de chupitos, para celebrar la pedida de mano de Brittany. Santana no estaba muy a la labor de beber, por lo que se dedicó a observar detenidamente a todos, especialmente a Brittany. Simplemente no podía dejar de mirarla. Esas rondas de chupitos se alargaron en otras dos más y esas en otras dos. Al final de la noche la mayoría estaban borrachos. Quinn tenía ya el puntito, hasta tal punto que ya comenzaba a reírse a carcajadas sin saber el porqué; Rachel apenas se mantenía en pie, y eso que solo se bebió un par de chupitos, pero ella no estaba acostumbrada a beber; Tina y Brittany también estaban borrachas, ambas se pasaron la noche brindando por la pedida de mano de la rubia. Los únicos que se mantuvieron sobrios fueron Sam, el cual tenía que conducir el coche; Mike, quien prefirió no beber, ya que no se fiaba de su novia borracha; y Kurt y Blaine, ya que preferían cubrir la guardia por si a Santana le daba por hablar o hacer cualquier locura. Al haber aquella situación, decidieron poner fin a aquella noche. Mike se llevó en su coche a Tina y a Rachel, ya que sabía que Sam o Quinn se opondrían a llevarla; Sam metió a Quinn en el coche con mucho cuidado y pusieron rumbo a casa. Los únicos que quedaban eran Kurt, Blaine, Brittany y Santana.
-¿Qué hacemos con ella? – preguntó Blaine mirando a Brittany, la cual estaba apoyada en Santana.
-No sé – respondió la morena.
- Es tu mejor amiga, ¿sabrás donde vive al menos no? – preguntó Kurt
- SÍ, soy su mejor amiga, pero nunca he estado en su casa, por lo que no sé dónde vive – comentó ésta colocando mejor a Brittany.
- ¿Y por qué no llamas a su novio? – propuso Blaine.
-Porque ya es muy tarde y dudo que el venga a por ella sabiendo que él está en sillas de ruedas, no creo que pueda con ella – dijo Santana.
-Pues ya está, nos la llevamos a casa y ya mañana que vuelva a casa – propuso Kurt.
Brittany estaba consciente, aunque las cosas que decía apenas tenían sentido. Sin embargo, Santana no estaba del todo segura de llevarla a casa, ya que no sabía cómo actuar. Finalmente, tras pensar varias veces en lo que hacer con ella, al final se la llevaron a casa. Al llegar, Kurt comenzó a abrir paso, quitando las cosas que había por medio, para evitar que Blaine y Santana tropezaran con ellas llevando a Brittany a cuestas.
-¿Donde la colocamos? – preguntó Blaine un poco dolorido, ya que se estaba hincando uno de los huesos de Brittany.
- Está casi dormida, vamos a dejarla en mi cama – propuso Santana.
- ¿Segura? – preguntó Kurt ayudando a su novio.
- Sí – dijo esta, aunque no lo estaba del todo.
Kurt abrió la puerta del cuarto de Santana, quitó del suelo algunos zapatos que había dejado rociados Santana y destapó la cama. Blaine y Santana trataron de dejarla encima de la manera más delicada posible, ya que no querían hacerle daño. Finalmente Kurt la tapó.
-Bueno, yo me voy a poner el pijama, el sueño ya me puede – comentó Blaine dándole dos besos a Santana y uno a Kurt – que descanséis.
-Buenas noches – respondieron a la vez el castaño y la morena.
-San… ven aquí – dijo Brittany pegando un manotazo en la cama – no me pueddo dorrrmir.
-¿Que vas a hacer? – preguntó Kurt al ver el estado de Brittany y sabiendo cómo estaba en ese momento el corazón de Santana.
-Me quedaré un rato hasta que se duerma y luego me iré al sofá a dormir – respondió sin poder quitarle los ojos de encima a Brittany, tenía la necesidad de protegerla.
- Si necesitas ayuda llámanos ¿vale? – dijo éste acariciando el brazo de Santana y haciendo que esta al fin lo mirase.
- Sí, tranquilo – contestó regalándole una sonrisa y devolviendo la mirada a Brittany.
-Que descanses – terminó de decir Kurt dándole un beso en la cabeza a Santana y comenzando a caminar en dirección a la puerta
- Que descanses – dijo esta cuando el castaño ya estaba a punto de salir.
Santana se recostó al lado de Brittany, no podía dejar de mirarla, pero cuanto más lo hacía más le dolía. (Recomiendo que leáis esto con la canción "give me love" de Ed Sheeran de fondo)
-Brittany ¿estás dormida ya? – preguntó esta ya que la rubia no habría los ojos.
-…. – no obtuvo respuesta. Brittany llevaba dormida un buen rato.
-No sé si decirte esto, pero prefiero hacerlo ahora, en tu estado, porque sé que no recordarás nada y yo necesito soltarlo, no aguanto más.
Santana tomó aire, las lágrimas estaban a punto de volver a recorrer sus mejillas, pero esta vez no tenía las fuerzas suficientes como para pararlas. Se decidió a hablar.
-Cuando – la voz se le entrecortaba - cuando te dije te quiero, no lo dije en ese sentido, es que de verdad te quiero y es duro quererte de esta manera porque duele, duele demasiado. Duele verte y no poder apenas tocarte, duele tenerte cerca y no poder ni tan siquiera besarte, duele sentir lo que siento y no poder decírtelo, duele querer abrazarte todo el tiempo y no poder hacerlo, duele verte en otros brazos, duele ver como tus labios besan otros labios. Pero duele sobre todo el saber que ya nunca tendré una mínima posibilidad de tenerte. Duele guardar lo que siento, duele callar a este corazón – tomó aire y resopló. Le era tan duro decir esas palabras, pero el saber que ella nunca se enteraría le servía de alivio, ya que nunca se atrevería a decírselo de otra manera, porque sabía que la podría perder como amiga. Se secó alguna que otra lágrima que se escapaba y continuó hablando – desde el primer día que te vi supe que no ibas a ser alguien más, tu misma lo sentiste, algo nos unía. Sí, puede sonar como una locura que nos hayamos inventado, pero es lo que sentí. Sentí una gran conexión hacia ti. Te fui conociendo y cada día te ganabas un hueco más para ti en mi corazón, hasta que al final lo completaste del todo. Ahora cada vez que te veo me tiembla todo, no puedo parar ese temblor. No sé si te has dado cuenta de él, pero me es imposible pararlo porque tú eres la que lo provoca. Dime, ¿Cómo hago para olvidarte si no te quiero olvidar? ¿Cómo me alejo de ti si no lo quiero hacer? ¿Cómo me desenamoro si aún quiero seguir enamorada de ti? ¿Cómo hago para cesar este dolor si es el dolor más bonito que he sentido nunca? ¿Cómo hago para no quererte si eres todo lo que quiero? ¿Cómo lo hago? No he querido decirte esto cuando estabas consciente porque las palabras no me salen cuando me miras y tengo miedo de decírtelo porque sé puedo correr el riesgo de perderte para siempre y no te quiero perder. Aunque cueste guardarme esto no te lo pienso repetir. Perdóname por no decírtelo a la cara – le dio un último beso en la frente, se aseguró de que estaba bien abrigada y se dirigió a la puerta – descansa mi amor – terminó de decir abriendo la puerta y cerrándola tras de sí.
Las lágrimas se habían hecho dueñas de sus ojos, no había nada que podía pararlas. Mientras intentaba frenarlas con sus dedos comenzó a caminar por el pasillo, rumbo al sofá. No podía ni tan siquiera dormir con ella, ya que el dolor le sería mucho más fuerte el verla tan cerca y no poder tocarla. En cuanto llegó se sentó en el sofá, pensativa, ¿lograría dormir esa noche o pasaría otra noche más sin dormir? Sin embargo, en la pared de enfrente, en aquel cuarto, la persona que le importaba, la que la tenía así no se había enterado de nada. El sueño la sedujo mucho antes de escuchar cualquier palabra procedente de la boca de Santana, cosa que deseó esta. Brittany nunca se enteraría de lo que sentía Santana.
