Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 9
Bella
Ese maldito policía me había alterado con sus putas insinuaciones. ¿Quién se creía él que era para asegurar que yo era incapaz de cuidar de mi hermana?
Leah era mi hermana. Mi hermana, mi responsabilidad. Yo era todo lo que ella tenía y por supuesto que no la iba a abandonar.
Seth me hubiera matado si hubiese permitido que la niña se criara en casas de acogida. No era como si nunca hubiésemos barajado esa posibilidad. Y ambos habíamos estado de acuerdo en que eso no era algo que fuésemos a permitir.
Desde luego que no. Y si ese policía tenía razón, y el hecho de que me fumara un porro podía ser un problema, entonces no me lo fumaría y no había nada más que discutir. Tampoco era que fuese una adicta, pero seguro que un poli era incapaz de entenderlo.
Cuando por fin me dieron el alta, Sam había venido al hospital a recogerme.
Llegar a casa fue la parte más dura.
—¿Estás bien? —preguntó Sam en un susurro cuando detuvo el coche frente a las puertas de la casa.
Me volteé a verle y no pude reprimir las lágrimas que rodaron por mi rostro sin control.
—Hey, cariño —susurró rodeándome con sus brazos y atrayéndome a su pecho —Tranquila, cielo.
—¿Qué voy a hacer, Sam? —sollocé mojando su camiseta —¿Cómo voy a vivir sin Seth? No sé hacerlo. Él ha estado toda mi vida conmigo, él me ha enseñado todo lo que sé. Ha cuidado de mí, me ha ayudado, me ha acompañado. Yo no sé hacer otra cosa que estar con Seth.
—Eres fuerte, Bella —aseguró, aunque yo no pudiera creerle —Eres fuerte, más fuerte de lo que imaginas. Saldrás adelante, cariño. Tienes que hacerlo, no hay otra opción. Si no es por ti, que sea por Leah, pero tienes que hacerlo, cariño.
—No lo entiendes. Cuando Renée y Charlie murieron, Seth y yo estábamos juntos. Ellos nunca habían sido nuestros padres, más que para darnos dinero. Pero Seth había sido mi padre desde que tengo memoria. Ahora estoy sola. Definitivamente sola, y lo que es peor es que no solo debo cuidar de mí sino también de Leah. ¿Cómo voy a cuidar de Leah? —gemí sintiéndome derrotada.
—Lo harás, Bella. Lo harás porque no tienes opción y porque eres una superviviente.
—El poli ese dijo que podrían quitarme la custodia de la niña si no dejo de tomar drogas.
—Pues entonces dejarás de hacerlo —aseguró Sam con convicción —Yo te ayudaré.
—No necesito ayuda para dejar de tomarlas —le expliqué —, pero de solo pensar que tendré que lidiar con una niña sin poder siquiera fumarme un porro, me resulta estresante.
—No perder a tu hermana es tu prioridad.
—Lo sé, Sam, lo sé, pero no sé cómo podré hacerlo.
—Lo harás, Bella, lo harás. Ahora debes ir a ver a tu hermana, ella te necesita más que a nadie.
—Lo sé. No sé cómo voy a decirle lo que sucedió.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, no hace falta —aseguré abriendo la puerta del coche para bajar —Gracias por todo, Sam. Eres un buen amigo —sonreí con una sonrisa débil y triste.
—Sabes que te quiero, Bella. Cuenta conmigo para lo que necesites.
Cuando el coche de Sam arrancó, la puerta de la casa se abrió detrás de mí.
Senna me observó con sus ojos llorosos y su rostro compungido, pero fue verla abrir los brazos hacia mí lo que me derrumbó.
Me acerqué a ella y me dejé caer entre sus brazos.
—Dios mío, Bella, cariño. ¿Cómo pudo suceder algo así?
—No puedo creerlo aún —reconocí —¿Has hablado con Leah? —inquirí temerosa.
—No. Pensé que debías ser tú quien hablara con ella.
—¿Qué voy a decirle? ¿Cómo voy a explicárselo?
—Yo estaré contigo, Bella. Yo te ayudaré a hablar con ella, pero tienes que hacerlo ahora, Bella.
Si creía que hablar con Leah sería difícil, eso no era nada comparado con lo que fue en realidad.
No sabía cómo iba a reaccionar Leah. No sabía lo que me esperaba. Tenía que reconocer que no tenía la menor idea de cómo tratar con una niña de ocho años. Tuvo que ser Senna la que se encargara de calmar a Leah e intentar explicarle cómo cambiarían nuestras vidas sin Seth.
Pero lo más duro fue ver la madurez con la que una niña pequeña era capaz de manejar el dolor y el desconcierto que provocaba la muerte de su hermano mayor.
Nunca nos habíamos dado realmente cuenta de cuánto había entendido Leah de la muerte de nuestros padres. Cuando Charlie y Renée murieron, Seth y yo no sentimos nada más que tranquilidad al saber que ninguno de nosotros dos habíamos ido en ese coche con ellos.
En ese entonces apenas si les veíamos, y las pocas veces que lo hacíamos era para pedirles dinero o decirles que nos dejaran en paz, cuando nos cuestionaban sobre alguna fiesta o algún desconocido que se hubieran encontrado en la casa. Aunque a decir verdad, rara vez se interesaron en nosotros lo suficiente como para cuestionarnos alguna de nuestras amistades o actividades.
Pero Leah era otra historia. Ella era una niña y Charlie o Renée debieron preocuparse en algún momento por inscribirla en el colegio o acudir a alguna reunión de padres, así que no era extraño que ella les hubiera podido echar de menos. Pero entonces había llegado Seth para ocupar el lugar de padre y lo había hecho suficientemente bien como para acudir regularmente a las fiestas del colegio y preguntarle por sus tareas.
Y ahora Seth también había desaparecido, y yo era lo único que le quedaba a Leah.
¿Qué esperanzas podría tener de que su vida fuera normal si yo era su única opción? ¿Y qué esperanzas podría tener yo de que mi vida fuese normal si tenía que actuar de madre para una niña que aún no había cumplido sus nueve años?
Con ayuda de Senna y nuestro abogado Jason Jenks, se organizó el funeral de Seth. Nunca había sentido un dolor en el pecho tan grande y absoluto como el que sentí cuando el ataúd fue bajado a tierra.
Mis piernas cedieron y caí de rodillas sin poder aguantar el llanto. Junto a mí se arrodilló Leah y rodeó mi cuerpo con sus pequeños bracitos.
—No llores, Bella —intentaba consolarme pero su consuelo me hacía incluso más daño al reconocer que yo debía ser quien le consolara a ella y no lo que estaba sucediendo.
Senna se inclinó sobre la niña a la vez que Sam, mi amigo más cercano, se inclinaba sobre mí.
—Venga, Bella, levántate —me ordenó Sam a la vez que tiraba de mí —Vamos, Bella, hazlo por Leah —susurró en mi oído.
Me volteé y vi a mi pequeña hermana, llorando silenciosa a la vez que se aferraba a mí.
La abracé con toda la fuerza que pude reunir y me puse en pie llevándola conmigo.
Juntas caminamos hacia la salida del cementerio donde esperaban los coches oscuros.
Recostado junto a uno de ellos había un hombre al que no reconocí a la distancia. Al acercarnos el hombre se irguió y dio unos cortos pasos hacia nosotros.
Era el oficial de policía que me había visitado en el hospital unos días antes. Aquel que pensaba en mí como en una estúpida drogadicta incapaz de hacerse cargo de su hermana menor.
—Bella —me saludó con semblante serio —Señora Heggins —agregó dirigiéndose a Senna antes de bajar la vista hacia mi hermana y dedicarle una tierna sonrisa que transformaba completamente su adusto rostro —Tú debes ser Leah.
Leah asintió mirándole aprensiva. Casi tanto como yo misma lo estaba.
—Necesitaría hablar con usted —dijo volviéndose hacia mí.
—Leah, cariño, ve con Senna —ordené antes de dirigirme a la niñera —Esperadme en el coche —le pedí a la mujer, que asintió antes de guiar a mi hermana hasta el coche que esperaba por nosotros.
El hombre dirigió una mirada a Sam que enlazaba su brazo sobre mis hombros.
—Sam, éste es el inspector ¿Cullen? —inquirí dudosa a lo que el hombre asintió —Éste es mi amigo, Sam Ulley.
—Encantado —estrecharon sus manos con formalidad.
—Usted dirá, inspector. ¿Qué es lo que necesita hablar conmigo?
—Bien, Bella. Tal como te comentara hace unos días, es importante que realices la tramitación de la custodia legal de tu hermana. Cuanto más tardes en solicitar la guarda, más probable es que el estado presente un recurso y se hagan con su custodia.
—¿Por qué el estado haría eso? —inquirió Sam extrañado.
—La niña estaba al cuidado de Seth Swan, con su muerte ésta debería pasar a su familiar más cercano, en este caso tú —explicó dirigiéndose a mí una vez más —Pero debido a tu estado y el resultado de tus analíticas en el momento de la muerte de tu hermano, el estado podría revocarte la custodia.
—Claro —dije con una sonrisa cargada de desdén —Estaba drogada —agregué mirándolo con todo el desprecio que ese hombre hacía aflorar en mí.
—Exactamente —confirmó dedicándome en su mirada todo el odio que no podía ocultar sentir hacia mi persona.
—¿Y cómo se supone que "el estado" —pregunté con énfasis —está tan enterado de si soy una drogadicta o no? ¿Es que el hecho de que mis analíticas de esa noche insinuaran que había consumido drogas...?
—¿Insinuaran? —me interrumpió molesto —¿Tú me tomas el pelo? —gruñó mostrándose furibundo.
—Disculpe, inspector —le cortó Sam —Creo que éste no es el momento ni el lugar para tratar este tema...
El oficial cerró los ojos y apretó el puente de su nariz con dos dedos intentando calmarse.
—Lo siento, es verdad, este no es el momento. —se disculpó mirándome nuevamente más tranquilo —Discúlpame. En realidad si quería hablar contigo era para explicarte un poco los pasos que deberías seguir ahora.
—¿Y ese asesoramiento gratuito es para que me den la custodia o para que me la denieguen? —inquirí con sarcasmo.
Sam, cuyo brazo rodeaba mis hombros, me apretó el hombro con sus dedos pidiéndome calma en silencio.
—Lo creas o no, Bella, no busco que pierdas la tenencia de tu hermana. Lo creas o no, me preocupa la niña, y estoy convencido de que para esa niña, lo mejor sería poder vivir con la única familia que le queda, o sea tú. Siempre y cuando tú puedas ocuparte de ella.
—Lo siento —fue mi turno de disculparme —¿Qué es lo que debo hacer?
—Deberías hablar con un abogado ¿Tienes un abogado? El estado puede brindarte uno de oficio si no lo tienes.
—Tengo un abogado.
—Perfecto. Si lo prefieres yo puedo comunicarme con él. Seguramente sabrá qué es lo que tiene que hacer.
—¿Qué es lo que tendré que hacer? —indagué sintiéndome repentinamente exhausta y apoyando todo mi cuerpo en el cuerpo de Sam.
—Deberás presentar tu solicitud al juez que se encargue de la tenencia de la niña. Será el juez quien valore cuál es la mejor opción para ella.
—No puedo entender cómo la mejor opción puede ser irse a vivir con alguien que no sea yo —gruñí indignada.
—Solo tendrás que demostrar que tú eres la mejor opción —me respondió el oficial con cierta displicencia que me enfureció.
—Lo demostraré —le gruñí mirándole con los ojos entrecerrados y todo el desprecio que fui capaz de reunir en mis palabras —Lo demostraré y tendrás que tragarte tus palabras junto con tu estúpida arrogancia presuntuosa —le solté indignada antes de girarme y caminar altanera hacia el coche que me esperaba.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Nos vemos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y gracias por leerme.
Gracias a Sofía Moreno por las geniales portadas que me regaló.
