LOVERMAN, SUBYUGADO A LA PASIÓN

Esta historia ha sido escrita sin fines de lucro, sólo entretenimiento; los personajes pertenecen a la magnífica creadora de la serie Inuyasha: Rumiko Takahashi.

Hola, hola!!!!!

Bueno, ya quedó el capi 10. Quién lo creyera que ya llevo un buen de esta historia!

Espero sus reviews y en el otro prometo poner algo fabuloso de Miroku y Sango. Les mando besotes a todas. En este capi pongo algunos episodios paranormales que Lin tuvo cerca del pozo en la casa Higurashi, espero que les guste.

Muchísimas gracias a todos mis lectores y lectoras!

CAPÍTULO X

HOGUERA DE ESPERANZA

Ambas hermanas estaban sentadas en el sillón viendo una película cuando sonó el timbre. Kagome fue a atenderlo y descubrió a un joven con un arreglo de rosas color melón y un sobre mediano en él. De inmediato, Lin se levantó extrañada de que el joven preguntara por Kagome y no por ella, quien le indicó al muchacho donde poner el enorme presente mientras la aludida firmaba de recibido.

- Anda, dime quién te lo envió.- le preguntó una vez se fue el chico de la entrega.

- Es de Inuyasha. Además viene con esto.

- Veamos que dice: "Para la mujer de mi vida, la dueña de mi corazón. Inuyasha". Dios mío! Kagome, esto es muy lindo, además es tu color favorito de rosas!

- Sí, son preciosas. Mira lo que viene.- vio algo oculto entre el ramo y frunció el ceño.

- Qué es?

- Es una tarjeta de memoria.

- Quieres ver qué contiene?- le propuso con una mirada pícara y conspiradora.

- Tal vez… sí.

- Anda, vamos!

Le estiró de la mano para ir al pequeño estudio que había cerca de su cuarto. De inmediato, abrió su laptop para verificar el contenido de la memoria. Instantáneamente, salió un mensaje para Kagome, diciéndole que no habría consecuencias por lo del incidente de esa mañana en el estacionamiento. Lin la miró algo suspicaz y la aludida sólo se sonrojó y sonrió nerviosamente. Abrieron el archivo donde había algunas fotografías de ella besando a Inuyasha esa mañana.

- Oh, Dios mío.- murmuró por lo bajo.

- Kagome! Qué es eso?

- Es… lo que pasó esta mañana. Un paparazzi nos atrapó y tomó esas fotografías.- sonrió por lo que intentaba decirle Inuyasha con esto. – Inu debió alcanzarlo para quitárselas y que no se armara un escándalo en la prensa.- la emoción la invadía poco a poco.

- Vaya! Al parecer intenta por todos los medios recuperarte. Ahora entiendo por qué se alejó de mi escritorio cuando hablaba contigo. Debió poner atención cuando acordamos vernos y por eso te envió esto aquí.

- No puedo creer que lo hiciera.- dijo Kagome aún incrédula, pero feliz de lo que hizo por ella.

- Es más que evidente que le interesas. Deberías terminar con Kouga y salir con él.

- Es complicado. Aún no sé qué hacer. Tal vez no se fue a España pero…

- Pero qué? Es tu oportunidad. Además ya no va a buscarlo aquella chica rara llamada Kikyo con la que estaba. En realidad sí terminaron. A veces es algo agresivo pero sólo cuando su hermano lo molesta en ocasiones, ellos no se llevan muy bien que digamos.

Al instante en recordar a su hermano mayor, sus ojos se tiñeron de nuevo en tristeza, de lo que Kagome se dio cuenta.

- Lin, creo que deberías decirle a ese tal Sesshoumaru que tu compromiso con Kohaku está frito. Creo que al menos tiene derecho a saberlo después de todo lo que pasaron.

- Es que no puedo hacerlo! Él pensó lo peor de mí, creyó que yo había pasado la noche con Kohaku y además…- su tono de furia se apagó y se volvió más débil –yo… lo que quiero es que… se quede al lado de Kagura, ella lo necesita.

- Pero no puedes estar hablando en serio. Lin…

- No Kagome. Es tiempo que lo sepas. Me la paso enamorándome de los hombres equivocados, primero Souta y ahora…

- Qué? a qué te refieres?- atónita Kagome ante la revelación, la tomó de los hombros.

- Sí Kagome. Me enamoré de Souta justo antes de que se fuera a estudiar al extranjero y… hubo algo entre él y yo.

- Porqué nunca me lo dijiste? Lin por Dios, tú eres como mi hermana y me ocultaste algo así todo este tiempo?

- Es que él y yo, no sabíamos cómo iban a reaccionar tu madre, el abuelo y sobre todo tú.- las lágrimas se derramaron con más fuerza.

- Lin, yo lo habría entendido.

- Además pensamos que ya no tendría importancia cuando él se fue y…

- Cómo que no tendría importancia? Jamás hubiera permitido que se fuera como lo hizo!- empezaba a alterarse un poco pero Lin la sostuvo y le habló más calmadamente.

- Ése era su sueño y no quería que se viera truncado por mi culpa, además éramos demasiado jóvenes en ese entonces y tal vez en este momento me lo estuviera reprochado de alguna manera si él se hubiera quedado por mí.

- No Lin. Yo habría hablado con él y le hubiera hecho entender que…

- No Kagome. Él debía irse, así debieron ser las cosas. Además yo ya superé eso. No te negaré que me dolió que me dejara pero todo pasó. Él no dejará de ser como un hermano para mí así como tú tampoco. Entiendes? No quiero que nada cambie entre nosotras.

- Tienes razón. Pero prométeme una cosa.- le sostuvo ambas manos con las suyas.

- Dime.

- Júrame que siempre confiarás en mí pase lo que pase. No importa lo que sea. Nos contaremos todo y no dejaremos que la confianza se apague nunca.

- Sí. Te lo prometo.

Lin la abrazó más fuerte que nunca, recordó cuando eran niñas y se acercó a ella por primera vez desde que había llegado a casa de los Higurashi como hogar sustituto. Ella tenía miedo de ruidos extraños que provenían de donde había un pozo antiguo que databa desde hacía quinientos años o mucho tiempo atrás quizás, cuando según algunas leyendas, había temibles y fuertes monstruos y personajes de grandes poderes.

FLASHBACK

Lin tenía catorce años y llegó un momento en que estaba harta de temer a los ruidos extraños que provenían del lugar donde estaba el pozo. El abuelo decía que deshacía los huesos de los monstruos que aniquilaban en aquella lejana época. Se acercó lentamente estando descalza para no hacer ruido ni despertar a nadie, entonces vio un leve resplandor que salió de las puertas antes de abrirlas. Había encontrado unos pergaminos que servían para sellar espíritus malignos según el abuelo y los llevaba en su mano derecha cuando abrió la puerta.

Se acercó al pozo estando el recinto casi en negra penumbra, sólo la luz de la Luna daba un leve resplandor que le ayudaba a ver los escalones, la oscuridad parecía liberar los espíritus de la noche y la maldad pura que en el ambiente podía percibirse enviaba escalofríos leves en el cuerpo de la joven, pero ella no se amedrentaba tan fácilmente por esos indicios.

Cuando llegó muy cerca del pozo, emergió entonces una sombra translúcida y púrpura con dientes filosos y ojos verdes incandescentes. Gruñía ahogadamente y la chica, por un instante de déja vu, arrojó dos pergaminos hacia el espíritu, que pareció desaparecer, pero entonces, la acechó de pronto atemorizándola a tal grado, que tratando de destruir mentalmente al ente demoníaco, una ráfaga luminosa salió de su mano enviando al espíritu maligno al pozo de vuelta hasta que se desvaneció, pero una lengua de fuego rosado emergió de la negrura del pozo dirigiéndose hacia ella que ahora se desmayaba en el piso, en el letargo ligero en el que se sumergía, pudo sentir la calidez de una luz rosada que entraba poco a poco a su cuerpo y entonces, cerró los ojos.

A la mañana siguiente, despertó en su cama, lo cual la extrañó muchísimo, dado lo último que recordaba de la noche anterior, que iba caminando descalza hacia el recinto del pozo.

A partir de ese entonces, fueron varias veces al año, y con mayor frecuencia en ese mes de agosto en especial, cuando amanecía recostada en el Árbol Sagrado o en su propia cama sin saber qué había pasado la noche anterior, lo único que recordaba era caminar descalza hacia el recinto del pozo antiguo u orando al pie del Árbol Sagrado. Cuando se fue de la casa Higurashi para dejar atrás todos esos incidentes una vez que se fue Souta, aún soñaba cosas muy extrañas.

FIN DEL FLASHBACK

Después de terminar de ver la última película, Kagome entendió que debía dejarla dormir. Fue un día muy difícil para Lin y lo menos que podía hacer era dejarla tranquila.

[Se encontraba en una oscuridad inmensa, ni siquiera podía ver sus manos en la espesa penumbra. Iba caminando hacia un rumbo desconocido donde una extraña presión en sus pies que pasaba por sus piernas y de ahí, al tórax y los brazos la conducía superando su propio control y su voluntad. Aún siquiera podía pensar en tener un control por sí misma en ese recorrer. Sólo pensaba en caminar y caminar como si algo más allá de ella misma decidiera el rumbo que tomaría, sea cual fuere. Y lo curioso de todo, es que no sentía miedo a lo que encontrara una vez que esa extraña fuerza le hiciera llegar a su destino final.

A lo lejos, vio una luz blanca, parecía como si estuviera viendo el lucero de la mañana, sentía una extraña paz, ese enorme resplandor no le lastimaba los ojos como cuando miraba el Sol, era como si estuviera a punto de entrar a un lugar lleno de magia y alegría, tal vez. Y si era una ilusión y al final encontraba que eran destellos abrasadores donde el infierno se hallaba? Qué pasaría si llegaba al reino de la oscuridad? Después de todo, no le extrañaba que el camino fuera escalofriante, tanto que era incapaz de sentir miedo, sólo al pensar un poco en lo que había pasado con ella antes de estar ahí.

Entonces, regresó.

Regresó a esa penumbra, pero esta vez era una sensación de vértigo la que sentía. Era como si algo la succionara y no había escapatoria, sólo confusión y temor. Acaso era esto lo que sentían aquellos que perecían? Sería enviada al infierno finalmente?

La pasibilidad volvió a su mente, de pronto un estado de inquietud, ya que sentía sus pulmones recibiendo aire de nuevo.

El aliento de vida le había sido devuelto? Cómo?

No sabía porqué le había sucedido eso, pero es que tampoco quería averiguarlo, porque un brazo fuerte y firme la sostenía con una extraña calidez, de la forma en que sólo su familia la había sostenido alguna vez. Sintió su voluntad regresar a su mente y vio unas sombras extrañas al abrir sus bellos ojos avellana lentamente. Entre ellas, algunas ramas de árboles que ocultaban la luz del Sol con su oleaje, el lugar era el mismo bosque donde esos lobos salvajes la habían atacado, oscuro y siniestro, lo cual no influyó en la sensación de tranquilidad que percibía de seguridad. Pero algo más hubo allí. Era una cara, alguien la estaba sosteniendo y la dejó en pie. No pudo ver bien sus facciones, sólo unos resplandores dorados que percibía borrosos en un rostro de marfil y marcas oscuras en lo que parecían ser unas mejillas, no sabía por qué, pero ese rostro le parecía familiar, en su subconsciente podía recordarlo, como si fuera su ángel guardián había implorado por su presencia. Cuando intentó fijar la vista, en ese instante, ese misterioso ser se dio la media vuelta.

Ahora su visión estaba enfocada, pudo ver una larga cabellera platinada de un sujeto alto vestido con una armadura y ropas blancas, en el hombro derecho llevaba una blanca estola y una espada en su cintura masculina. Un enano y quejumbroso sapo vestido de monje le seguía, diciendo palabras a las que no ponía atención. Sólo sentía que esta vez el impulso de caminar y mover sus pies le rebasaba, pero no estaba dudosa de ir junto a ese sujeto que se había convertido en su héroe, su salvador.

Porque esta vez, su impulso estaba convergiendo con su mente y su corazón. Los que le dictaban que debía marcharse al lado de ese hermoso ser que ahora comprendía, le había devuelto a la vida.]

Lin despertó sudorosa y desconcertada por las imágenes oníricas tan extrañas que tuvo y miró el reloj de su celular, las 5 a.m. Ya no pudo dormir más, las palabras de Kagome acerca de ir a buscar a Sesshoumaru al hangar y decirle la verdad sobre Kohaku le daban un gran impulso de salir corriendo, de esta forma dejó casi totalmente de lado el sueño que tuvo, el cual, extrañamente le daba fuerzas y se sentía como si estuviera ante un nuevo renacer.

Y si regresaba ya casado con Kagura? Ese era ahora su más grande temor, después de todo ella lo arrojó a los brazos de su prometida. Tenía miedo de decirle que era libre y que él la rechazara, así su corazón se hacía pedazos. Recordó de nuevo la frase en su brazalete, quería creer encarnizadamente que él le pertenecía.

Pero él no confiaba en ella.

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Kohaku hacía sus maletas en su departamento. No sabía por qué lo hacía, pero de algo estaba seguro. Naraku Toukizu le había arrancado su vida entera, sus sueños y su empresa. Debía hacer lo necesario para no defraudar a Miroku y que ese maldito no se la arrebatara. Sin Lin a su lado no le quedaba nada. Sabía que su hermana estaría bien y el señor Asagi la cuidaría, sabía que tarde o temprano Miroku le pediría matrimonio y se casaría con ella, lamentaba no ser él quien la entregara al altar.

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Sesshoumaru se levantó demasiado temprano, estaba apenas el alba asomándose y ya estaba conduciendo a toda velocidad su Ferrari. Llegó al edificio donde Lin vivía y no encontró a nadie, después de insistir demasiado nadie le abrió.

Desconsolado por perder la última oportunidad de recuperar a la mujer que amaba, se fue. Tenía qué decirle que no se casara con ese cretino después de haber descubierto los nexos entre él y Naraku, pero no pudo decirle nada.

Ahora no había marcha atrás. Para cuando él regresara de España, ella ya sería una mujer casada y estaría más lejos de su alcance que nunca. Lo mejor era prepararse para el infierno de vida que le deparaba sin ella.

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Kagome yacía aún dormida en la habitación de huéspedes en casa de Lin, no se había percatado de que ella había salido, pues quizá no quiso despertarla y seguramente se fue a buscar a su amado a decirle la verdad.

[Caminaba por un sendero de hojas secas que el viento arrastraba tenuemente, entonces vio a lo lejos un hombre de cabellera plateada y de carácter abrasador en sus ojos. Caminaba rápidamente hacia él cuando de pronto, era arrastrada hacia una habitación cubierta por espejos y cortinas algo recogidas, delicadamente ornamentadas alrededor de un lecho con sábanas de seda púrpuras.

Para su sorpresa, estaba un hombre de ojos grises mirándola lujuriosamente, al momento que intentaba tomarla contra su voluntad, ella gritaba impotentemente e intentaba quitárselo de encima sin éxito. Abrió los ojos como platos cuando el sujeto que había visto a lo lejos en el sendero, lo arrastraba para sacarlo a golpes.

Se cubrió con una de las sábanas y lo admiró allí de pie, observándola con pasión y ternura. Era un hombre maravilloso con una túnica negra, y ahora, su héroe, que pronto se quedaba al desnudo en toda su gloria y se unía a ella en el lecho. Al instante Kagome se quitó la sábana de su cuerpo para entregarse felizmente a un abrazo posesivo y entonces, tomó su rostro marfilado con ambas manos para verlo a los ojos.

- Eres tú, Inuyasha?

- Sí, soy yo Kagome. Te amo preciosa.

El beso que le arrebató de sus labios era apabullante, de aquellos que hacían temblar las piernas. Jamás pensó en recibir un beso así, y estaba encantada de que este hombre fuera su sexy verdugo. Una vez acostado sobre ella, pronto guió su masculinidad hacia el centro de su cuerpo, separando sus piernas con su propio cuerpo y contoneando sus caderas sobre ella, la hizo estallar de emoción.

Kagome acariciaba con una mano su espalda y sus hebras plateadas con la otra, entretanto él paseaba sus labios entre sus senos jugosos y deseosos de más, pronto estuvo húmeda para recibirlo y entonces abrazó sus caderas con sus piernas y le ordenaba saciarla, a lo cual él no ponía objeción alguna, porque sus ojos reflejaban que era eso lo que más deseaba, al igual que él.]

El ruido constante de la puerta principal la despertó súbitamente. Sumamente molesta y caminando despacio para no hacer ruido que la despertara, fue a buscar a Lin a su habitación pero no estaba, las sábanas estaban desacomodadas y supuso que tal vez habría salido sin las llaves. En el trayecto, el sonido cesó y le resultó extraño, no había nadie cuando abrió la puerta. Se asomó al pasillo y tampoco había señales de haber alguien ahí, por lo que maldijo la distracción de un sueño maravilloso y se fue de nuevo a dormir.

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Lin estaba desesperada por llegar con Sesshoumaru, quería decirle todo, porque si no lo hacía se arrepentiría el resto de su vida. Su 'hermana' tenía razón, debía decirle y arriesgarse al todo por el todo.

La mañana aún estaba clareando y el Sol estaba a mitad del horizonte clamando por salir, cuando bajó instantáneamente del auto, ya tenía listo el pago para no perder más tiempo. Llegó temblando a la puerta del edificio y timbró varias veces, catorce fueron pocas, cuando en el acto salió una amable mujer que se dirigía de compras matutinas a un supermercado cercano.

- Buenos días, señorita, se le ofrece algo?

Esperanzada de que tras la puerta apareciera su adorado jefe, seguía congelada de pie ahí, casi no pudo reaccionar a tiempo ante la pregunta de la señora.

- Ah!... buenos días, busco al señor Sesshoumaru Tashou.

- Bueno, me pareció haber escuchado uno de sus coches esta mañana temprano, creo que se marchó. Si mal no recuerdo, era el Ferrari, sí, era ése coche. Recuerdo cada sonido del motor de los autos de los inquilinos.

- En… entiendo. Muchas gracias.

- Oye, espera querida. No deseas dejarle un mensaje?

- Bueno… no, no es necesario. Gracias de todas formas.

Se fue de allí más desconsolada que nunca, aunque en un momento pensó que podía ir al hangar, pero lo pensó mejor y supo que ahí habría muchos medios y no podía estar ahí de todas formas. Aunque…

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Caminaba un hombre de gélidos ojos dorados por un parque donde comenzaban a reunirse algunos ancianos a conversar, las madres con sus hijos llevándolos a la escuela y atrajo su atención una en especial, levaba cabello castaño oscuro suelto brillando con los rayos del Sol matutino y ojos similares a su asistente. La niña que llevaba de la mano tenía cabello rubio y preciosos ojos verdes. Salían de un automóvil dirigiéndose a comprar una galleta que una anciana vendía montones de ellas en un canasto. Esa imagen deseaba que fuera Lin siendo su esposa llevando a sus hijos a la escuela junto a él, bajando del vehículo mientras ella tomaba a un niño suyo de la mano para llevarlo a la entrada de la escuela. Suspiró ante lo que no podía ser.

Siguió caminando unos pocos pasos cuando encontró un banco para sentarse y meditar un momento.

Y si desistiera de marcharse por ahora? Qué pasaría si en vez de llevarse a Kagura se llevara a Lin? Qué pasaría si dejaba a todos plantados en el hangar y emprendía una búsqueda de la chica para raptarla y llevarla a una isla del Pacífico, donde nadie pudiera impedirles ser felices? Se enojaría? Lo abofetearía y lo dejaría? O lo abrazaría diciéndole que lo amaba más que a nada? Cuánto podría durar algo así?

Tarde o temprano tendrían qué regresar a la realidad y entonces podría ver a Kagura fácilmente destruida por su adicción al alcohol y los tranquilizantes, siendo dominada por su padre y siendo la mujer más infeliz del mundo. La prensa los atacaría a él y a Lin una y otra vez por más intentos que hiciera de reivindicar su imagen y la de ella. Eso era lo que más temía, que Lin resultara lastimada por que otros se lo impidieran con sus absurdos comentarios de sociedad hipócrita. No podría golpear a todos aquellos que se atrevieran a insultarla a sus espaldas por más que lo intentara. Ella pertenecía a otro, esa fue su decisión.

Suspirando con la impotencia y el desaliento atacándolo, regresó a su departamento. Se duchó y vistió, tomó sus maletas y se fue en el Ferrari al hangar, el destino último de la desesperanza para comenzar en el infierno.

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TRES MESES DESPUÉS

Ambas mujeres tomaron el vuelo a Marsella para arreglar unos asuntos allá, Izayoi no quería ir sola y Lin necesitaba distraerse con algo. Al periódico llegaron hace dos semanas unas revistas que señalaban a Sesshoumaru Tashou y a su prometida participando en obras de caridad. Para ser sincera, al sostener el ejemplar estaba asombrada de que Kagura se viera tan bien, estaba feliz y él igual de serio que siempre ante los medios. De pronto sintió muchas cosas: celos porque ella lo tenía a su lado, satisfacción de que él estuviera a su lado en todo momento y feliz de que la recuperación de su prometida marchara tan bien, pues para ser sinceros se veía espectacular, como una bella y elegante modelo, pero también sintió tristeza, pues no podía hacer nada ante la situación.

FLASHBACK

Se fue al hangar donde se suponía que abordaría el avión su jefe. se arregló lo más casual y sexy posible, era su última oportunidad para verlo y, aunque fuera de lejos lo vería por última vez antes de que fuera totalmente libre, pues en varios periódicos se difundió la noticia de su partida como pólvora y se especulaba sobre su posible matrimonio allá ya que se iban él y su prometida juntos.

Llevando una blusa de botones algo entallada color durazno, sandalias blancas, una falda blanca justo arriba de la rodilla en conjunto con un saco casual y su cabello suelto, tal como a él le gustaba, se dirigió de nuevo en taxi después de regresar a su apartamento para ir a despedirlo, después de todo, era su asistente le gustara o no.

Entretanto, mientras Kagura iba al tocador, oculto Sesshoumaru tras unas gafas oscuras contestaba algunas breves preguntas cuando vio la llegada de Lin al lugar amplio, sus manos comenzaron a sudar y su corazón palpitaba con más fuerza. Le parecía tan atractiva y dulce con ese atuendo. Su mirada regresaba a sus interlocutores sin dejar de percatarse de su presencia y luego dejarlos cordialmente y fingir acercarse a ella con total indiferencia, pero con la sangre corriendo por sus venas más veloz que nunca. A lo lejos, los reporteros quedaron rezagados con éxito gracias a los corpulentos guardias de seguridad del hangar. La chica vibraba por dentro de emoción sin demostrarlo al verlo tan arrebatador y sexy con lentes oscuros.

- Lin, buenos días.- le dijo al tiempo que se quitaba las gafas oscuras y le extendía su mano, llevaba un traje negro impecable de alta costura al igual que la camisa verde olivo y la corbata negra de seda, más que apuesto, estaba devorable. A lo lejos, no parecía otra cosa que una plática entre jefe y asistente.

- Buenos días señor Tashou.

- Te quedarás en Tokio?

- Sí, seré la asistente de la señora Izayoi durante su ausencia.

- Bien. Sólo espero que para cuando regrese aún permanezcas en tu puesto, alguien como tú es irremplazable.- algo le pasaba a este hombre, lucía sumamente calmado como para hablar de su ahora irrealizable boda con Kohaku. Era como si un dejo de tristeza y calma lo invadiera (N/A: más calma de la que puede tener? Eso sería posible? Jejeje). Cuando terminó la frase, un escalofrío la recorrió por la espalda.

- No dejaría que mi matrimonio interfiriera en mi trabajo, aunque eso sería…

- Te deseo buena suerte en tu próxima boda.- la sinceridad y la derrota honorable atacaban su tono de voz.

- Se lo agradezco, pero no creo que eso vaya a ocurrir pronto.- decidida por completo, le confesaría todo.

- Qué quieres decir con eso?- su pulso se aceleró de nuevo al siquiera pensar en lo imposible.

- Anteayer rompí mi compromiso. Además, llegué a la conclusión de que lo mejor es que siga trabajando en 'Furusato' con la señora Izayoi.- le dijo con la mayor tranquilidad, como si le hablara del clima.

- Entiendo…- la alegría se percibía en esa simple palabra. Quería saltar de emoción, besarla y abrazarla, pero había demasiada prensa enfrente como para hacer un espectáculo.

En ese instante llegó Kagura.

- Listo, Sessh? – de pronto se percató que la que estaba con él era su asistente -Oh, buenos días, ejem… tu nombre es Lin, cierto? Qué haces aquí?

Sesshoumaru temblaba internamente ante la interrupción de Kagura.

- Buenos días, señorita Toukizu. Vine a que el señor Tashou me diera últimas disposiciones.- se dirigió a él -El señor Salvateri lo esperará en el hangar en Madrid al igual que han recibido instrucciones sobre la junta programada mañana a las cuatro y treinta con los principales colaboradores y editores.

- Muy bien, gracias por la información. Me mantendré en contacto para ver si no hay necesidad de cambiar la hora de la reunión y se lo notifiques antes de que llegue. – Entonces se dirigió a Kagura también – entretanto quiero encargarme de los preparativos para lo de la clínica de rehabilitación.

- Muy bien, Sessh. Por cierto, quiero agradecerle a Lin lo que hizo por mí el otro día.- se dirigió a ella -No recuerdo muy bien lo que pasó, pero ahora que escucho tu voz quedo convencida que fuiste tú. Afortunadamente no pasó a mayores mi malestar gracias a ti.

Sonriéndole, abrazó a una anonadada Lin mientras un sorprendido Sesshoumaru las miraba sin expresión alguna.

- No… no tiene nada qué agradecer.- le correspondió momentáneamente el abrazo.

- Oh, claro que sí. No seas modesta.- se separó de ella -Sessh, te parece que le traiga un regalo de agradecimiento de España cuando regresemos?

Sí, nuestro compromiso roto. Desechó ese pensamiento al instante. – Sí, creo que sería bueno de tu parte.- volteó a ver a Lin con más anhelo que nunca.- yo también te agradezco que la hayas ayudado, más de lo que crees.

Le extendió la mano y se acercó a darle un beso sutil en la mejilla.

- Señor Tashou, ya es hora.

A lo lejos, interrumpió uno de los ingenieros de vuelo que supervisarían entraran al jet y mantendrían comunicación con los pilotos. Indicando la notificación con voz fuerte, ya que estaba algo apartado y se oía mucho ruido, lo despertó de su ensoñación momentánea.

- Suerte en su viaje, señor.

La pareja se dirigió al jet y el semblante de Sesshoumaru pareció haber cambiado desde que habló con los reporteros y se despedía de algunos miembros presentes del periódico discretamente, quienes se pusieron junto a Lin a hacer lo mismo con algo de júbilo. Ella por su parte, no sabía qué esperar al decirle, no podía dejarlo todo por ella en ese momento. Imaginó que corría hacia ella para abrazarla y llevarla al jet entre sus brazos sin importar lo demás, imaginó que le hacía el amor ahí mismo así como cada vez que viajaban juntos a varias ciudades durante el trayecto del vuelo, pues ambos no podían resistirlo.

Se sentía triste y defraudada, quería que él luchara por ella como decía que la amaba, pero no sabía en ese momento qué hacer o qué esperar. Abatida, se dio la vuelta, pero cuando él estuvo a punto de abordar, ella sintió algo en la nuca que la hizo voltear, era su penetrante mirada sobre ella, viéndola como si estuviera desnuda entre la multitud y él viendo a su presa como un tigre depredador.

Se fue al periódico, pero no podía evitar sentirse triste por que él no había ido tras ella. No luchó por ella.

FIN DEL FLASHBACK

Desde la última vez que vio a Sesshoumaru, creía que quizá se resistiría a casarse con su prometida, con la última mirada que le dedicó le decía todo. Estaba con la duda hasta que Izayoi se le acercó después de que se marchó en el jet, diciéndole que todo estaría bien. Le dio la impresión en aquella ocasión de que ella sabía algo.

Saliendo del hotel, ambas se dirigían de compras cuando Izayoi la guió hasta un café en la ciudad bastante ameno, donde los asistentes famosos podían disfrutar de charlas sin intervención de paparazzi alguno. Cuando tomaron una mesa, de pronto la madre de Inuyasha vio a una mujer conocida ahí y se fue a conversar con ella en las mesas de adentro. Quedándose en una mesa afuera en uno de los amplios balcones, cerca había sólo dos parejas y una tranquilidad en el aire fresco que percibía en sus mejillas y la relajaba casi por completo. Bebía Lin despreocupadamente su café hojeando una revista de ocio cuando unos largos y elegantes dedos masculinos la rozaron en el hombro con deseo sutil.

- Sí di…- volteó y se quedó pasmada. El hombre de sus sueños estaba ahí, mirándola.

- Lin.

- Sesshoumaru.- murmuró casi sin aliento, con un destello de frialdad.

- Hola.- le brindó una sonrisa casi imperceptible. Ella sabía que ese gesto demostraba demasiada alegría en alguien como él, pero intentaba ocultarla a otros.

- Qué haces aquí?

- Puedo sentarme un momento?

- Ah… sí, como gustes. -Lin le contestó a eso de forma indiferente, pero cuando se sentó frente a ella, no pudo evitar el palpitar apresurado de su corazón.

Ante ese frío tono, el hombre de cabellos platinados respondió con un intento de amabilidad- Te ves preciosa.

- Gracias.- aún no podía mirarlo a los ojos después de cómo la trató aquella ocasión antes de irse a Madrid. Esos recuerdos aún la herían.

- Cómo han marchado las cosas en Tokio?

- Bien, supongo que tendrás una idea por lo que la señora Izayoi te cuente.

- Quería escucharlo de mi asistente.

- Te recuerdo que yo ya no…- le levantó la mirada casi con un dejo de furia para encararle su afirmación.

- Lo sé, entenderé si cuando regrese desees marcharte.- su tono de voz permaneció pausado todo el tiempo.

- Aún no he decidido nada.

- Lin, yo…

- No entiendo qué haces aquí pero… en fin. Cómo está tu prometida?

- Muy bien. La prensa cree que está yendo como voluntaria a la clínica de rehabilitación, está reaccionando muy bien como para que no se haya requerido internarla.- Ante el cambio que ella intentó darle, Sesshoumaru enderezó el rumbo de su conversación para efectuar su cometido: disculparse, algo que no había hecho con alguien en toda su vida. Esta vez lo hacía, por ella.- Y supongo que… tus planes de boda están rotos definitivamente.

- Sí.

Durante un largo silencio, Lin miraba una obra de arte publicada en la revista abstraída del mundo, como si quisiera escapar de él incluso. Nervioso por pretender ignorarlo, fue directo al punto crucial de su visita.

- Lamento mucho haberme comportado así aquel día. Cuando te vi con él yo…

- Me viste con Kohaku?- levantó la mirada intrigada.

- Aquella mañana en una cafetería. Pensé lo peor y… nunca dejaba que mis emociones me manejaran, hasta ese momento desgraciadamente. Es que, tratándose de ti…- la miró a los ojos abrasadoramente, ella no podía evitar sentirse extraña ante el deseo, el nerviosismo y la culpabilidad debatiéndose en esas doradas orbes contemplándola.

- Ni siquiera me dejaste explicarte. Lo mejor es que sigas con tus planes de matrimonio con ella, es lo mejor para todos.- el dolor de ella le laceraba el corazón como en estos meses de soledad infinita. Había aprendido que Kagura era una hermana para él, pero que jamás podía verla como mujer.

- No, Lin. No es lo mejor para nadie. Te amo más que a nada.

- Y es ese amor precisamente el que no debe existir. Ella te necesita ahora más que nunca, lo mejor es que te olvides de mí porque…

- Sé que me amas. No puedo vivir sin ti, por favor no me pidas que me olvide de ti porque no puedo, jamás podré.

- De qué me sirve saber que me amas si no confiaste en mí?

Ese golpe fue demasiado doloroso para su propio orgullo, el que estaba haciendo pedazos para intentar recuperar su felicidad.

- Entre Kagura y yo ya no hay nada. La última vez que estuve con ella fue solo una ocasión después de regresar de Viena tú y yo. En ese momento ambos nos dimos cuenta sin hablarlo de que lo nuestro ya no tenía razón de ser.

- Cómo puedo creerte? Después de todo están por casarse, no puedes romper ahora menos que nunca tu compromiso. Lo lamento Sesshoumaru, pero será mejor que intentes olvidarme, yo ya lo hice.

Al terminar la frase, se levantó con la revista en la mano para marcharse, pero él la detuvo.

- Entonces dime, con qué propósito fuiste al hangar a decirme que no te casarías?

- No tiene caso discutir eso.- volteó su mirada hacia él.- Lo que quiero es que me dejes en paz, por favor déjame sola.

- Qué pronto olvidas tus promesas. Aquí estoy, diciéndote cuánto te amo y que intentemos resistir esta situación un poco más, mientras que tú me evades. Ambos prometimos luchar por esto, recuerdas? Te he amado como jamás creí sentir algo así por nadie más.

- Cómo te atreves a decirme eso? Intentaste hacer de lado a tu prometida cuando más te necesitaba y además me impediste explicarte las cosas. Acaso hacerte esa promesa incluía dejar que me humillaras dudando de mí como lo hiciste? Después tú fuiste quien evadió la situación largándote de Tokio. Yo sí luché, intenté…- las palabras se agolparon en su garganta. Iba a decirle que ella aún después de lo que le hizo quería luchar y decirle la verdad, aunque no mereciera saberla. Retrocedió unos pasos pero él se levantó para detenerla en un dulce abrazo y apoyar su rostro frente a frente.

- Lo sé. Sé que no lo merecía pero estoy seguro que intentaste cambiar las cosas cuando me dijiste la verdad en el hangar antes de abordar el jet.

- No te des tanta importancia, petulante idiota.- le dijo forcejeando, pero en voz baja para no armar un escándalo.

- Había estado esperando en ese momento lo imposible y tú lo lograste. – le sujetó el rostro de muñeca con ambas manos, siendo firme y tierno a la vez al sostenerla sonriente.

- Sessh, basta, por favor… déjame…- sus ojos avellana ya estaban inundados de lágrimas.

- Creí que habías elegido quedarte con Kohaku y que me iba a condenar a perderte pero, entonces llegaste tú con ese atuendo tan sexy y con una expresión de esperanza que fue lo que me mantuvo vivo todo este tiempo. Lin, preciosa, no soy nada sin ti, créeme.

- Sesshoumaru…

- Te amo, tanto o más como cuando te conocí.

El beso que le robó fue abrasador. Literalmente, la dejó sin aliento e intentaba en contra de su propia voluntad separarse, pero no podía. Cada vez que intentaba separarse y respirar, él la atraía a sí diciéndole cuánto la amaba. Finalmente, su resistencia llegó al mínimo hasta desaparecer envuelta en los brazos masculinos.

- Lo nuestro ya no puede ser.

- No, me niego a creerlo. Si no hubiera esperanza para nosotros no sería capaz de ver que lo que más quieres es tomarme sólo para ti. Y eso es precisamente lo que quiero que dure para siempre.

La verdad era que estaba fascinada con esa arrogancia que lo hacía tan sensual e irresistible y su voz ronca y erótica. Lin no pudo evitar incrementar más su sonrojo cuando escuchaba los murmullos en francés de las parejas, sobre conseguir una habitación de hotel, divertirse uno sobre otro, y demás frases indecorosas. Cuando la vio, Sesshoumaru sonrió sabiendo que tenía razón.

- Yo también te amo. Más de lo que crees.- Lin sujetó su marfilada cara con ambas manos, aunque heladas, él se sentía en una hoguera de esperanza.

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Kouga salía de su oficina cuando una bella mujer pequeña y de cabello rubio cobrizo lo interceptaba.

- Kouga, hola.

- Ayame, ya te he dicho que no vengas a mi oficina, te dije que yo te llamaría!

- Lo sé, pero esta vez no pude. Eitaro está muy mal, por favor.- la angustia de su voz no logró doblegar al tipo frío y cruel ante ella.

- Toma- le extendió una tarjeta de crédito- paga lo que necesites y espera mi llamada.

- Gracias, eres maravilloso.

La mujer pequeña lo miraba con esperanza desde sus preciosos ojos de jade y le dio un beso en la mejilla, pero él sólo la evitó y salió de allí lo más rápido que pudo. Ella le dijo que lo esperaba en el hospital pero él sólo la ignoró. No quería saber nada más de ese bastardo que ella había concebido contra sus deseos de que abortara.

La joven siempre había creído que quizá su hijo sí le importaba, pues cualquier otro la hubiera abandonado a su suerte y por lo menos él mostraba su apoyo. Siempre había tenido la esperanza de recuperar su amor, al principio le reprochaba que se hubiera embarazado para retenerlo. Aunque no fue así, creyó que tal vez se quedaría con ella, después de todo aún iba a visitarla de vez en cuando para estar con ella y no le exigía nada a cambio, pensaba no necesitar hacerlo para no presionarlo, de lo contrario lo perdería para siempre.

El tipo de ojos grises condujo lo más rápido que pudo hacia el edificio donde Kagome vivía, llevaba un ramo de rosas rojas, lo que según su creencia siempre hacía a una mujer suspirar, pero ella las aceptó sin decir nada.

Kagome salió con un vestido de coctel color verde, pero él le insistió en que cambiara el atuendo.

- Porqué quieres que me cambie el vestido?

- El verde no me agrada, ya te lo había dicho.- era porque ese color le recordaba la molestia que tenía qué soportar cada vez que recordaba a la amante que siempre le había ocultado a todos.

- Y yo ya te había dicho que no me gustaban las rosas rojas y aún así me las sigues trayendo.

- Por favor, preciosa, no discutamos por eso, te prometo que ya no te traeré más. De hecho, podemos tirar éstas si quieres, o se las regalamos a alguna dulce anciana en la calle.- le puso su mano en la barbilla para obligarla a mirarlo y cayera de nuevo en su pose de novio galante y complaciente.- qué dices?

- De acuerdo, iré a cambiarme.- aceptó a regañadientes. Salir con él se había convertido en un hábito de inercia a pesar de los intentos de Inuyasha por reconquistarla. Siempre mantenía sus obsequios ocultos de Kouga.

- Ésa es mi chica. Te puedo acompañar si quieres.

- Sí, te prepararé un café.

- Yo me refería a que quizá podíamos albergar la posibilidad de quedarnos aquí y…

- Kouga, ya habíamos hablado de eso! Si insistes será mejor que…

- No. No, espera por favor, tienes razón. Si quieres en lo que tú te cambias yo me lo preparo en la cocina.

- Tú, en una cocina? Sería algo increíble.

Se sintió aliviado que se riera un poco, eso significaba que aún tenía esperanza de obtener lo que siempre quiso de ella, hacerla suya. Y ese placer sería aún más disfrutable sabiendo que se la había arrebatado al infeliz de Tashou (N/A: mugre Kouga! Pensando cosas malas de Inu, ya habrá tiempo de destriparlo en este fic, ñaca ñaca). No podía esperar a ver su cara cuando se pudiera hacer público su compromiso una vez que ella lo aceptara.

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A cierta distancia, Izayoi se acercó a ellos hablándoles como si no se hubiera dado cuenta de nada, en realidad había hecho eso como la Celestina para reunirlos.

- Oh, muchachos.- fingió sorprenderse un poco de verlos tan cerca uno del otro, luego se dirigió a Lin- Saludé a Sesshoumaru en la entrada y supuse que estaría aquí contigo. Querida te encuentras bien?

- Sí Izayoi, ella está bien. No es así, Lin?- dijo lo más serio y ecuánime que pudo, permaneciendo con un brazo sobre los hombros de su asistente.

- Sí…sí…estoy bien.

- Me alegro. Quería decirte que mi amiga Jania Delacroix me invitó a una exposición en el hotel donde se hospeda, me preguntaba si tal vez quisieran venir con nosotras.

- Bueno, no sé…

- O podría pedirte que pasaras la tarde conmigo.- agregó Sesshoumaru en un intento por 'raptarla' sólo para él, antes de que aceptara la propuesta de Izayoi y salir huyendo de él.

- Oh vaya! Qué decides Lin?- ante la pregunta, miró a Sesshoumaru a los ojos y vio sinceridad y deseo.

- Estaré bien, mi jefe y yo tenemos asuntos qué conversar.

Al despedirse de ambos fuera del Café, se fue y la mujer dejó las bolsas de las compras con la chica, su hijastro le aseguró que él las llevaría en su coche hasta el hotel al dejar a Lin. Cuando Izayoi iba saliendo junto a su amiga, quien los había visto a distancia, le comentó que ese joven se veía muy bien al lado de aquella mujer tan hermosa, a lo que ella respondió con una sonrisa. Había hecho lo correcto al intentar reunirlos, sólo esperaba que el primogénito de su difunto esposo no lo arruinara de nuevo. Por algo había hecho bien en no decirle que Lin había roto su compromiso.

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Sesshoumaru iba conduciendo un Ferrari idéntico al suyo, pero éste era negro, ya que era préstamo de un filántropo amigo suyo que vivía en Aix-en-Provence. Había recibido una llamada de Izayoi diciéndole que estarían en Marsella, había sido bastante sugestiva en cuanto a que fuera. Sabía que Kagura estaría bien, la había visto muy feliz al lado de un antiguo amigo suyo que había conocido en Hong Kong pero que vivía en Sapporo. La prensa española ya tenía rumores del rompimiento entre ambos, pero acordaron hacerlo oficial en cuanto regresaran a Japón.

FLASHBACK

Kagura esperaba a Sesshoumaru de pie mirando la fuente de Cibeles, cuando se acercó a ella un hombre joven, de cabello oscuro y ojos profundos. Era Yukio Azuma, un antiguo pretendiente que en cuanto supo que ella se había marchado de Japón, se fue a buscarla con el pretexto que le dio a su padre de ir a negociar una cuenta con socios españoles de su compañía.

- Kagura? Eres tú?

- Oh, Yukio! Cómo estás?

Sesshoumaru los vio de lejos, se fundieron en un efusivo abrazo, la mirada que él le dedicaba a su prometida decía que él sentía algo por ella.

- No tan bien como tú, estás bellísima.

- Exageras demasiado.

- No cuando se trata de ti.

- Qué haces aquí en Madrid?

- Vine a cerrar un negocio con unos socios españoles, te vi aquí y pensé que podría venir a saludarte.

- Eres muy amable.- recordaba muy bien que su padre no había visto con buenos ojos a aquel joven, pues pensaba que eran empresarios tan pequeños que ni siquiera valía la pena asociarse con ellos y adueñarse de esa compañía.

- Dime, cómo has estado? Creí que no te gustaba España.

- En realidad me está gustando más de lo que creí, vine junto a mi prometido, Sesshoumaru Tashou.

- Ah, sí. Lo recuerdo. Y dónde está? No creo que sea bueno dejar a una bella mujer aquí tan sola.

- Jajajaja, cómo crees! Fue a una tienda a traerme algo de beber, creo que últimamente se encarga de consentirme demasiado.

- Ya lo creo, tú lo vales.

La miró significativamente, por un instante ella le sostuvo la mirada abstraída en las emociones de reflejaban sus ojos oscuros y brillantes como el ónix.

- Ejem, quizá no tarde mucho.

- Sí, entiendo.

A la espalda del hombre, Sesshoumaru hizo su aparición.

- Azuma Yukio? De AzumaTech, Inc.?

- Sesshoumaru Tashou, hola.

- Es bueno ver a un compatriota en este lugar, ya conocías a mí prometida al parecer.- el tono en que le hablaba después de extenderle la mano amistosamente, le hablaba como si fuesen los mejores amigos. Después de todo, Kagura merecía ser feliz con alguien que la amara y este sujeto parecía sacarlo del aprieto que era su compromiso.

- Sí, nos conocimos hace algunos años en Hong Kong. Es un honor conocer al hombre más afortunado del mundo.

- Tú crees?- alzó una ceja intrigado.

- Sí, debe ser maravilloso tener de prometida a alguien como Kagura.

- Sí, lo es.- si este hombre supiera.

- En fin, tengo qué dejarlos, tengo una reunión en una hora y no quisiera retrasarme más.

- Cuánto tiempo te quedarás en la cuidad? Quizá podríamos reunirnos e incluso hacerte una entrevista para el periódico sobre tu negociación, no crees?

- No lo sé, suena bien pero…- respondió dudoso.

- Oh vamos! Acepta, será una excelente promoción para ambas partes. La publicidad en el mejor de los casos siempre es necesaria, y qué mejor que esta oportunidad.

- De acuerdo.- le sonrió a Kagura como si aceptara el negocio de su vida.

FIN DEL FLASHBACK

Desde entonces, se habían estado viendo algunas veces, parecía que ella había encontrado por fin al hombre de su vida y un día, hablaron mutuamente, demostrándose que el cariño de hermanos era lo único que los unía y que no era adecuado casarse. Discutieron largo y tendido sobre ello y cómo él había decidido comprometerse, le había dicho que era una mujer maravillosa y que era su mejor opción para formar una familia, ante ella sólo tenía un secreto, o al menos eso creía cuando le dijo que se había enamorado de Lin.

En los meses siguientes se siguieron viendo en Munich y en Atenas también, como siempre la Celestina lo planeaba todo, a la vez que Sesshoumaru visitaba la mansión de sus padres en cada ciudad para averiguar más cosas sobre Naraku Toukizu, e incluso haría lo posible porque Kagura estuviera a salvo de su padre, un sujeto mezquino que la despreciaba, e incluso la odiaba por no cumplir con su voluntad.

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CONTINUARÁ…

Weno, ya se zafó de Kagura y el compromiso, lo que falta es hacerlo público.

Ahhh quién se resiste a un cuerazo como éste diciéndote 'te amo' por cinco veces, una y otra y otra vez.

Ya saben. Espero sus reviews.

Hasta la próxima!!!!!

P.D.

Sí, ya sé que no he actualizado 'El destino de mi alma es amarte' pero le he estado haciendo más modificaciones de las que pensaba para respetar la clasificación que le puse y así se la quiero dejar.

Besosssssss