Disclaimer: Obviamente, no soy J. K. Rowling así que no gano nada de dinero escribiendo esto. Sólo la satisfacción de crear una historia en la que Hermione no está con Ron.

NUEVE

Draco se encontraba sentando frente al escritorio del Director en aquel inmenso despacho. Miró a su alrededor con impaciencia contemplando todos aquellos objetos que allí había. Estaba solo. El director, luego de descubrirlo lo mandó allí mientras él llevaba a Hermione con Snape. Estaba seguro que el profesor no lo delataría pero que, como había anunciado, tampoco intercedería por él para ayudarlo en aquella situación. Y él tampoco se defendería a sí mismo. Sabía (aunque no le gustara admitirlo) que se merecía una fuerte reprimenda y un buen castigo por lo que había hecho. Tendría que haber aceptado las palabras de Snape y no darle aquella poción… pero no lo hizo, y, para agrandar aún más su error, se aprovechaba de Hermione de aquella manera.

¡Por Merlín! ¡Había estado a punto de acostarse con ella! Eso había sido como… violarla porque sabía que Hermione estaba actuando bajo los efectos del Modelus amorte. Pero a este hecho había que sumarle que, a pesar de sentirse fatal, había disfrutado como un condenado aquellos momentos y que desde un principio la idea de contenerse había sido absurda.

Las puertas del despacho del director se abrieron dejando entrar al anciano. Sin decir nada, caminó hasta el otro lado del antiguo escritorio y ocupó la silla. Inclinó levemente la cabeza y miró por sobre sus anteojos con forma de media luna a Draco.

-Comienza a contarme lo que sucedió- le pidió con calma.

Draco lo contempló en silencio sin saber muy bien qué decir. No quería defenderse pero su orgullo, siempre latente, le impedía declarase culpable. Y tampoco podía comenzar a relatar como si fuera un cuento erótico lo que había sucedido entre ella y él. ¿A caso le pedía detalles?

-¿Cómo está Hermione?- preguntó sin contestar el pedido del director,

-La señorita Granger se encuentra en este momento en la enfermería, llorando y maldiciéndome por haberlos interrumpidos y anunciando a gritos, haciendo que casi todo el castillo se entere, lo hermoso que son sus ojos y lo… bien formado de su cuerpo, por decirlo de alguna manera.

Draco enrojeció. Definitivamente, nunca más en su vida, jugaría de ese modo con pociones que no comprendía del todo.

-El profesor Snape se está encargando de darle una poción que ayude a volverla a la normalidad. Creemos que su estado ha sido inducido por una pócima llamada Modelis amorte. ¿Sabe usted algo de eso?

Draco permaneció en silencio.

-Como, al parecer, se niega a darme una respuesta a esto debo suponer que usted es el culpable. Se le asignará un castigo, retirarán cincuenta puntos a su casa y se le anunciará a sus padres lo que ha hecho mediante una carta.

Ante esto último Draco empalideció.

-No, por favor, no se los diga- rogó- Mis padres me matarán si se enteran de que estuve con Granger.

No temía demasiado por él, sino más bien por las represarías que podían llegar a tomar ellos con Hermione.

-Le diré… lo que sucedió.

Dumbledore lo miró sin ocultar su asombro.

-¿Está dispuesto a confesar con tal de que sus padres no se enteren que usted estuvo con la señorita Granger?

-Sí- aseguró.

-Dígame, señor Malfoy… ¿Por qué estaba con la señorita Granger si supuestamente la odia?

-Eh… yo… la amo.- musitó.

-¿Disculpe?- preguntó el anciano pensando que había oído mal.

-La amo- repitió Draco un poco más alto.

Dumbledore lo miró fijamente durante unos segundos y luego lanzó una carcajada llena de alegría.

-¡La amas! ¡Amas a Hermione! ¡Después de todos los insultos! ¡La amas!- Albus no podía dejar de reír.

Draco miró a aquel viejo loco.

-¿Ya terminó de reírse?- le preguntó él ofendido porque el hombre se mostrara así de divertido.

-¡Ay, sí, terminé!- dijo mientras se secaba las lágrimas de risa que habían quedado en sus ojos- Tendrá que perdonarme es que jamás en mi vida estuve tan feliz… ¡Estás enamorado de la señorita Granger!

-Pensé que eso ya había quedado claro- respondió él serio.

-Lo sé, lo sé. Compréndeme- le pidió- jamás pensé que esto sucederías… es… como decirme que el profesor Snape se enamoró de la profesora McGonagall.

Draco hizo una mueca de asco. ¿Cómo era posible que lo suyo pudiera ser comparado con aquella ridícula situación?

-Ahora que hemos aclarado ese punto- siguió diciendo el anciano- ¿Diste a beber esa poción a la señorita Granger?

-No- admitió- Coloqué un poco en un perfume que ella usó.

-Ah… ahora comprendo porqué la poción tomó esos caminos tan drásticos- dijo más para sí que para Draco- No sé si sabrá, señor Malfoy, que el Modelis amorte aumenta sus efectos si es absorbido por la piel de la persona. En cambio, si es ingerido, las derivaciones del mismo tardan más en presentarse.

-No lo sabía- musitó con los ojos sobre el escritorio.

-Bueno, ahora ya lo sabe. Pero no se preocupe, el profesor Snape ayudará a que la señorita Granger recupere su… cordura… Lamentablemente, usted tendrá que vérselas con ella cuando se de cuenta de la realidad… Salvo que… ¿Usted le confesó lo que siente?

-No.

-Ah… Entonces, tendrá que hacerlo al explicar porqué le dio usted aquella pócima.

Draco asintió aunque en realidad no pensaba hacer tal cosa. Como ella no sabía que él era quien le había enviado aquella botella de perfume no sería difícil desligarse de cualquier problema salvo si ella conocía la poción y se daba cuenta que el que obsequiaba la poción tenía que decir su nombre momentos antes de que ella la tocara. ¿Cómo le explicaría ese hecho? No tenía idea, pero no era lo único. ¿Qué pasaría si ella le preguntaba por qué no la había apartado cuando comenzó a besarlo?

-Entonces- dijo Dumbledore interrumpiendo sus pensamientos- Se le quitarán puntos a su casa, se le dará un castigo y se les anunciará a sus padres por carta…

-¡¿Qué?- gritó Draco preguntó levantándose del asiento- Pensé que no se lo iba a decir.

-No, señor Malfoy. Yo jamás dije que no se lo comunicaríamos. Además, véalo de esta forma- le dijo- si le dice ahora, no será una sorpresa demasiado grande cuando tenga que comunicarle que está comprometido con la señorita Granger.

Draco salió del despacho del director furioso, maldiciendo la loca idea de razonar que tenía aquel hombre.

Hermione no quería levantarse de la cama esa mañana ni el resto de su vida. Quería quedarse allí, oculta detrás de esas cortinas para que nadie la viese. Mucho menos aquel maldito hurón que se había aprovechado de ella… ¿Por qué no la detuvo? ¿Acaso pensó que ella en verdad podría haber actuando de aquella manera porque quería, yendo a buscarlo, intentando seducirlo para acostarse con él? ¡Y el muy mal nacido no había dudado en aprovechar aquella oportunidad!

Gimió en voz baja. ¿A quién pretendía engañar? Salvo que sus recuerdos hayan sido modificados recordaba casi perfectamente la voz de Draco diciéndole que lo detuviera porque, al parecer, él no podía hacerlo por voluntad propia. ¿Qué quería decir aquello? ¿Cabía la posibilidad de que él también hubiera deseado aquellos besos? Era una locura pero tenía la leve sospecha de que en realidad había sido así. ¿La deseaba? ¿Ella lo deseaba a él? Podía mentirse diciendo que aquel momento había sido sólo producto del efecto de la poción pero no lo haría. Lo había deseado y, aunque no le gustara admitirlo, todavía lo deseaba.

Porque cada vez que sus ojos se cerraban los recuerdos invadían su mente y le hacían rememorar cada beso y cada caricia prodigada como si estuviera volviendo a suceder logrando que un escalofrío de placer recorriera su cuerpo haciéndola temblar levemente.

¡Por Merlín! Aquello era la misma locura. ¡Y todo era culpa del maldito que le dio aquel frasco de perfume que, a pesar de saber cual era su verdadero contenido, no había podido desechar. ¡Ahora sabía que aquello era todo una maldita broma! Alguien había estado jugando con ella, con sus sentimientos e ilusiones; y, lo pero de todo era que una parte de ella, la más idiotamente crédula, había creído en que verdaderamente alguien la amaba.

Se aferró a su almohada y contuvo las ganas de gritar.

¿Quién había sido tan cruel como para hacer algo así?

Y de repente, un nombre le vino a la mente: Draco Malfoy.