Al siguiente día de clases, mientras hacía la guardia, Mei vio a Harumin y Yuzu en un banco en el patio.
- ¿Qué estáis haciendo vosotras dos aquí fuera?
- Mei...
- Yuzu-chi se está cortando el pelo para poder pasar página con su ant..
- ¡EY!
- ...¿Tienes que hacer esto aquí? Mientras llevéis puestos los uniformes, tened en cuenta la imagen que dais de la escuela. ¡Actuad adecuadamente! Los estudiantes no pueden comportarse como les dé la gana. - Notó que empezaba a marearse de nuevo y se fue de allí.
Fue a la sala del consejo estudiantil. Se sentó un rato intentando relajarse. Cuando Himeko llegó, cogió los papeles para la reunión y se dirigió a la puerta.
- Vamos.
Bajando las escaleras, en el descansillo, Mei cayó al suelo.
- ¡Presidenta! ¿Estás bien?
- No grites tanto. Estoy bien, solo me he tropezado.
- ¿Acaso te encuentras mal? ¿Y si faltas a la reunión?
- He dicho que estoy bien.
- No parece que estés bien. Iré a buscar a alguien. - Tocandola el hombro.
- ¡Déjalo ya! - Apartandola. - ¿Acaso puedes ocupar mi lugar allí?
- ¡Oye!¡Sea lo que sea lo que te está ocurriendo, te has pasado de la raya! ¡Momokino-san solo está preocupada por ti, Mei! - Intervino Yuzu.
- Eso es algo que sabía... -Intentó levantarse. - sin necesidad de que tú me lo dijeras... - Pero volvió a caer.
- ¡¿Mei?!
- ¡Presidenta!... ¿Qué hacemos? Iré a pedir ayuda.
- ¡Espera! - Mientras levantaba del suelo a la morena. - Ve a la reunión.
- ¿Qué estás diciendo?
- Creo que es lo que más le preocupa en este momento. Por favor, Momokino-san, hazlo por Mei.
- Muy bien. - La chica con rizos observó como la rubia cargaba a cuestas a Mei mientras recogía los papeles que había por el suelo. - ¿Podrás hacerlo sola?
- ¡Déjamelo a mí! - Mientras se la llevaba a la enfermería. Himeko se giró y fue a la reunión. - ¡Pareces delgada pero cómo pesas!
- ...
Durante un momento, la menor de las hermanas perdió la consciencia. Cuando despertó estaba tumbada en una cama con Yuzu sentada al lado mirándola atentamente.
- ¿Dónde estoy?
- En la enfermería. Creo que tienes fiebre. Deberías descansar hasta que vuelva la enfermera.
- No, ya estoy bien. No hay necesidad de preocuparse.
- ¿Que? ¡He dicho que no!¡Necesitas descansar!
- Pero hoy tengo una reunión con el consejo estudiantil y con la junta..! ¡Si no voy... no pueden empezar!
- ¡Te has desmayado precisamente por forzarte tanto! ¿No le pasó lo mismo al abuelo?
- ¡ESTOY BIEN!¡APÁRTATE! - Gritó intentando levantarse. No podía permitirse descansar. ¿Que dirían los miembros de la junta directiva? Ya tenía problemas con alguno de ellos por ser joven. Si faltaba no la respetarían.
- Me da igual, ¡No voy a dejar que te vayas! - Volviendo a tumbarla.
- ... - Al final se rindió, no tenía fuerza suficiente para luchar contra aquella entrometida.
- Oye, Mei... Cuando te llevé conmigo.. ¿También te encontrabas mal? Si es así, lo siento. Soy un fracaso como hermana. - Se sentó en la silla de al lado de la cama.
- ¿Ahora vas a hacer de hermana? - Giró hacia el lado contrario, dándole la espalda - Fui yo quien decidió ir. No tienes que disculparte.
- ¿Por qué trabajas hasta tales extremos? De hecho, ¿no es raro que una alumna trabaje?
- Soy la heredera de la familia.
- ¿Como que heredera? Solo eres una estudiante de bachillerato. ¿Qué hay de tu padre? Es verdad. ¿Por qué no se lo dejas a tu padre? Él es el hijo del abuelo, no tú. No es necesario que te esfuerces tanto...
- Fu fu... - Volvió a girar para mirarla a los ojos. - También me gustaría eso. Para ser alguien que siempre habla sin pensar. Dices cosas inteligentes de vez en cuando. Así es.. todo habrá valido la pena cuando ese día llegue...
- ¡Muy bien! Primero debemos bajarte la fiebre para que mejores. - Levantándose - Iré a buscar tus cosas. Casi lo olvido. Momokino-san.
- ¿Himeko?
- Aunque deliraras por la fiebre, le dijiste cosas muy feas. - Poniéndole un dedo en la frente. - Cuando te pongas mejor, discúlpate, ¿Vale? - Se dirigió hacia la puerta. - Y cuando hagáis las paces, iremos a un parque de atracciones.
- ¿A un parque de atracciones?
- ¡No te muevas de ahí hasta que vuelva!
- ...
Y se quedó allí esperándola. Un rato después la mayor volvió con sus cosas.
- La enfermera... ¿No ha vuelto?
- No.
- ... Bueno, da igual vámonos. ¿Podrás andar?
- Claro.
- Bien, ¡Vamos a casa! - La ayudó a levantarse de la cama. - Puedes apoyarte en mi cuando lo necesites.
- ... De acuerdo.
Cuando llegaron a casa Yuzu hizo bañarse a Mei para que le bajara la fiebre y luego la mandó directa a la cama para que descansara. Esta aceptó todo sin rechistar. A la mañana siguiente, la morena fue la primera en despertar. Se puso el termómetro, ya no tenía fiebre.
- Yuzu, despierta. Mira. Ya no te puedes quejar. - Dándola el dispositivo.
- ¡Hmmm! Tienes mejor cara. Y no estás tan gruñona. Así que puedes ir a la escuela.
- ¡Vaya!¡Escúchate!
- ¡S-soy tu hermana mayor, después de todo!
De camino a la escuela, vieron a Momokino esperandolas en el lugar de siempre. La rubia dio un par de codazos a su hermana pequeña, recordándola que debía disculparse. Esta suspiró y se adelantó para pedir perdón a su amiga de la infancia. La cual la abrazó llorando. Después fueron las tres juntas a clase.
Esa tarde estaban las dos hermanas en el salón de la casa. Una ordenando papeles del consejo y otra jugando con el móvil.
- Puede que me una al consejo. Así podría ayudaros.
- Si te nos unieras, solo nos darías más trabajo. ¿Por qué no empiezas por respetar las normas?
- Yo solo quería... - Rozó con un bolígrafo en la espalda a la menor. - Soy solo una molestia ¿Eh?
- ¡!... - Soltando sin querer los papeles que tenía en la mano y mirando irritada a la mayor.
- Wohoho ¿La señorita tiene cosquillas?
- Aaaah... idiota. No estoy buscando tu atención.
- Jooo, lo siento. Pensaba que igual podrías tomarte un descanso.
- No tengo tiempo para eso. Esto es.. cosa mía, ¿Lo pillas? Tu ayuda es inútil. Juega a la hermana todo lo que quieras, pero no me molestes.
- Vale... - Sonó el timbre. - ¿Eh? ¿Se ha olvidado mamá las llaves?- La rubia salió al recibidor a abrir la puerta. - ¡Bienvenida ma... má?
La morena extrañada al oír voces, salió también.
- ¡Uurg!¡Pervertido!¡Paraaaa!¿Qué te pasa? ¡Me asfixias!
- ¿Yuzu? - y se quedó paralizada al ver a aquel hombre. - ¿Pro..fesor?
- ¿Eh?¿Profesor?
- Te dije que dejaras de llamarme así, Mei. Ya no soy profesor. Llámame papá.
- ¿Eh? ¡Eso te convierte en mi padre! ¡Mei!
- ¿?
- He traído algunos souvenirs.
- Si me disculpáis. - Alejándose hacia la habitación.
- ¡Quieta ahí! - Cogiendola del brazo y girando hacia el padre. - Padre de Mei. ¡Mei es increíble, ya lo sabes! Ella trabaja muy duro en el consejo estudiantil, es la presidenta aun siendo de primero. Además es inteligente y popular.
- Déjalo... - Notando lástima en los ojos de su padre.
- Y mientras el abuelo está fuera se hace cargo de la escuela. Así que podrás tomar tú el relev...
-¡PARA! - Gritó.
- ...¿Mei?
- No voy a volver a la escuela, ya lo sabes, te lo dije. - Sí, ya se lo había dicho antes y aún así esas palabras le sentaron como puñaladas.
- ¿EHHH?
- ...GH. - Entró en la habitación dando un portazo. Se apoyó en la puerta para que no pudieran abrir.
- ¡Mei! - Intentando abrir. - ¿Mei?
Al poco tiempo escuchó la puerta principal y supuso que se habían marchado. Fue al escritorio, cogió a Anthoniko y se sentó en el lado de la cama que daba al balcón. Se sintió tan abatida como aquel dia hace unos meses atrás. Todo este tiempo se había estado engañando así misma una y otra vez. Ya no podía hacer nada. ¿Cuál sería el sentido de su vida ahora? Para ella su vida era proteger la academia de su familia, pero si su padre no iba a volver... ¿Quién la necesitaría? No supo cuánto tiempo estuvo así, mirando aquel muñeco pensando en todo lo que había cambiado, cuando Yuzu volvió.
- Mei, voy a entrar. - Escondió el llavero. - Lo siento, soy una bocazas. No imaginé que te molestaría así. Solo quería que tu padre supiera más de ti...
- Se acabó.
- ¿Eh?
- El padre al que admiraba era alguien estricto y con talento. Ponía la academia por encima de su propia felicidad. Y también era estricto conmigo, su propia hija. Creí que convertirme en alguien como él era el camino que debía seguir. Así fue como pude aceptar el divorcio de mis padres. Quería que ese padre regresara a la academia. Por eso, hace cinco años, el preservar la escuela se convirtió en mi meta. Por ello habría hecho cualquier cosa. - Rechinó los dientes recordando al abuelo y su prometido.
- ¡Mei...! ¡No tienes que sufrir de esta manera!
- Entonces... - Agarró las mantas - ¿Qué es lo que tengo que hacer? Siempre he vivido por la causa de mi padre... ¿A quién más debería acudir? - Y finalmente se echó a llorar. Notó como la rubia se subió encima de la cama y se acercaba a ella, entonces se giró.
- Mei... - Se abalanzó sobre ella besándola y empujándola para tumbarla. Empezó a desabrocharle la camisa. - ¿Qu... Mei...?
- Yuzu... Quiero que me necesites. ¿Podrías hacer eso? Hay... algunas cosas que quieres hacer conmigo, ¿no es cierto? - La mayor la miraba sorprendida. - Vamos respóndeme. Tú me aceptarás, ¿verdad?
- Mei... - La abrazó.
- Esto es todo lo que necesitas para volverte obediente. Es muy sencillo. - Lamiendola el cuello. - ¿Te gustarían también este tipo de cosas? Podría ir incluso más allá porque ya no importa nada... - Deslizando la mano bajo los pantalones de la otra chica. - Seré cuidadosa. Es tu primera vez, ¿Verdad? - Vió como la expresión de Yuzu cambiaba de repente y la daba una torta. Las dos se incorporaron, Mei llevándose una mano donde había sido golpeada.
- ¡No te burles de mí! ¡Ten en cuenta los sentimientos de los demás!
