Nota de la Autora: Mis agradecimientos a todos lo que me leen :*

Para los que tenga curiosidad: USS es porque la universidad se llama "Universidad Sander Schwartz" y Sander Schwartz es el productor ejecutivo de la serie "Los Jovenes Titanes". ¡TA DA!

Bien, una vez develado el misterio las dejo leer con una recomendación musical: Stronger - Kelly Clarkson desde de los primeros ". . ."


Capitulo nueve: ¡Otra vez tú!

—¿Le provoca algo más, Señorita Sarah? —indagó la empleada domestica de manera cordial y paciente, mostrando una sonrisa agradable.

—¿Crees que sería demasiado comer otro beigel con ajonjolí? —pidió Sarah la opinión de la mujer de manera juguetona.

—Un gustito una vez al año no hace daño —respondió esta manteniendo su semblante alegre. —Entonces ¿Le traigo otro? —La incitó la empleada como si ambas fueran un par de traviesas.

—¡Sí! —exclamó Sarah rápidamente sin dar tiempo a recapacitar —Y por favor ponle mantequilla. —dijo la morena usando la expresión de una niña pequeña.

La mujer suspiró —Que bueno es cuando está en casa, cuando no hay nadie es como si se ensuciara más rápido —comentó —Ya le traigo su beigel.

La Mansión Jonson solía ser un lugar habitado por los empleados de limpieza y demás, que cuidaban y mantenían la casa, pero solitario en lo que se refería a sus dueños. Robert y Mary Jonson, los padres de Sarah, al igual que su hija viajaban con frecuencia por placer o por trabajo. El padre de Sarah, Robert, era un militar retirado que tuvo una exitosa carrera en las fuerzas armadas, llego a ser General e hizo un trabajo ejemplar. El apellido Jonson remontada generaciones de una familia adinerada y de buena posición social, así que luego que Robert se retiro del ejército uso su fortuna tanto familiar como la que reunió durante sus años de servicio para abrir una gran industria productora de armas que tuvo mucho éxito dada la buena reputación de su dueño.

La producción de armamento era un negocio complicado así que Robert y su esposa se la pasaban en viajes y reuniones laborales, además de disfrutar del retiro del Señor Jonson. Eso sumado a la ajetreada agenda de modelaje de su hija daba como resultado una casa vacía por mucho tiempo.

Sarah era hija única. Su madre paso por muchas complicaciones para tenerla así que decidió que su familia sería pequeña, por tanto, siempre toda la atención en esa casa se enfoco en Sarah, en educarla, protegerla y consentirla ¿Y quién podría estar más protegido que la hija de un militar? Esto también lo fomento el hecho de que Sarah fue una niña enfermiza que sus padres consideraban frágil como una porcelana.

A pesar de todos esos privilegios de los que gozaba Sarah no era una chica engreída, distinta a lo habitual entre las muchachas de su posición, ella era una persona amable y compasiva, llena de sofisticación, la gente que trabajaba en su casa la querían muchísimo y se tomaban muy en serio la orden de sus jefes de cuidar a Sarah, cosa que a ella siempre le incomodo.

A ella le gustaba desayunar junto a la piscina, donde podía disfrutar de la calidez de la luz solar y recorrer el jardín con la mirada, mucho mejor escenario para empezar el día que el interior frío y antiséptico de la mansión. Mientras disfrutaba de su jugo de naranja y de la sabrosa brisa que traía la mañana, la portátil que tenía sobre la mesa empezó a sonar, la abrió y se encontró con el rostro sonriente de su novio.

—Buenos días, preciosa —La saludó Victor con dulzura desde la ventana de la computadora.

—Tú siempre tan bello, buenos días —Le dijo de vuelta regalándole una gran sonrisa.

—Sabes que no se me escapa nada —Siempre Victor tan modesto —¿Cómo estas? ¿Qué tal tu mañana?

—Todo en orden, cariño —Le respondió con serenidad —Estoy desayunando…

—Aquí está su beigel, Señorita —dijo la domestica colocando la comida frente a la chica.

—Muchas gracias, Lucinda —dijo Sarah alzando un poco la voz para que la empleada la oyera, porque tan rápido como apareció, desapareció. —Veo que tú estas en lo mismo.

Victor se veía cómodo degustando lo que a Sarah le parecieron huevos benedictinos.

—Estos huevos benedictinos con tocino están exquisitos —La chica había tenido razón, sabía que esa era una de las comidas preferidas de su novio. —Helga cada día los prepara mejor.

Para ese par era habitual la escena de hablar por la computadora, Victor las adoraba.

—¿Iras hoy a la universidad? —preguntó el moreno con interés.

—Obvio, Victor —respondió ella como si la pregunta fuera completamente ilógica —Debo varios exámenes y tengo que buscar a los profesores para que me digan cuando los puedo presentar, también tengo que entregar dos trabajos y además el decano me informo que hay bajas en el equipo de porristas y debo hacer audiciones, así que hoy pondré anuncios en las carteleras para que las aspirantes se vayan preparando —explicó tratando de no parecer estresada. A Sarah se le podía estar cayendo el cabello por el estrés y la gente ni se enteraba.

—Suena a un día pesado.

—A mí me suena a un día con algo que hacer aparte de ser confundida con el mobiliario de mi casa. —Le espetó Sarah pacíficamente.

—Es que eres tan linda que cualquiera querría tenerte como parte de su decoración —dijo Victor, el comentario de su novia le había hecho gracia.

Sarah se cruzo de brazos y miro a Victor con una ceja levantada y los labios ladeados.

—Estoy bromeando, bebé —aclaró el de cabeza rapada —Solo no quiero que sobrecargues de trabajo tu linda cabecita.

—Gracias por la preocupación, amor, pero mi linda cabecita se encuentra muy bien y necesito ponerla a trabajar su algún día pretendo graduarme ¿No crees?

—Eso es verdad, bueno, termino de desayunar y te paso buscando —avisó.

—Te espero —canturreo la chica a la pantalla y luego puso un beso en sus dedos índice y anular los cuales pego de la imagen virtual de Victor.

«No es nada personal huevos» escuchó Sarah como Victor le hablaba a su desayuno, rodo los ojos y cerro la conversación. Iba a terminar de comer cuando Lucinda volvió a hacer acto de presencia, esta vez llevando cartas en sus manos.

—Le llego correspondencia, Señorita —informó —He separado las que son para sus padres y… —paró un momento para partir el fajito de cartas a la mitad —Estas son para usted —indico entregándole las cartas en su mano a Sarah —Iré a dejar estas en el despacho del Señor. —volvió a girar sobre sus talones y retirarse.

Sarah revisó las cartas despreocupadamente a la vez que le daba un mordisco al beigel, varias eran de agencias de modelaje felicitándola por su actuación en Paris y haciéndole propuestas de empleo, sonreía sin ganas y pasaba de ellas, después respondería con un cordial agradecimiento y un sutil rechazo, llego a la ultima carta y esta si llamo más su atención, rompió el sobre con algo de prisa y leyó ávidamente.

Una vez que termino de leer la carta, la releyó, y finalmente deslizo su mano por su frente echando hacia atrás su cabello y con desazón dejo salir un largo suspiro.

. . .

—No… puede… ser —alargó Karen sus palabras en tanto su rostro mostraba una expresión de asombro total.

El día había comenzado de una manera increíble, soñada. Las tres amigas estaban en su apartamento preparándose para su gran debut en la Universidad Sander Schwartz luego de haber tenido una noche agotadora por el trabajo y todos los conocimientos que tuvieron que refrescar para su examen de admisión. La casa era un caos de libros, calculadoras, guías, envoltorios de dulce (¿Cómo estudiar sin algo de azúcar para calmar la ansiedad y mantener activo el cerebro?) y demás papeles. La ropa volaba del closet en cuanto tuvieron que enfrentarse al milenario desafío femenino de vestirse, era una nueva universidad así que había que dar una buena primera impresión. Mientras se maquillaban y peinaban repasaban mentalmente todo lo repasable y se hacían preguntas entre si.

Salieron de su hogar a toda prisa para tomar el autobús sin contar con la sorpresa que las aguardaba frente al edificio. Tres quijadas cayeron al suelo cuando las chicas se encontraron con una hermosa y completamente nueva camioneta que había mandado la directiva de la universidad a recogerlas, era negra, relucientes y moderna, y el chofer iba de uniforme y lentes oscuros ¿Qué podía ser mejor que eso? (Las podrían haber ido a buscar en bicicleta y ellas hubieran estado igualmente felices de no tener que tomar el autobús).

El viaje tuvo un nivel de comodidad superior, la camioneta era igual de linda por dentro que por fuera e inclusive era más grande de lo que parecía, los asientos eran acolchados, les ofrecieron un desayuno resuelto y delicioso ¡Con mimosa para beber! Y el aire acondicionado las había hecho olvidar el sofocante calor californiano, pero lo mejor fue cuando llegaron al campus, en cuanto se abrieron los portones dorados las chicas supieron que todo el esfuerzo había valido la pena.

Bienvenidas al Complejo Universitario Sander Schwartz, Señoritas —dijo una voz desde un parlante que había en la parte de la camioneta donde las chicas se encontraban, dedujeron que debía ser el conductor el que hablaba con aquel acento elegante. —Fundada en 1984 está noble institución se ha dado a la tarea de formar futuros lideres…

No es que una reseña historia sobre la universidad no resultara interesante, pero a juicio de las tres amigas era mucho mejor lo que se veía por la ventana.

—¡Miren los jardines! —exclamó Rachel a punto de llorar de la emoción, ya se imaginaba echaba sobre aquel césped perfecto, cubierta por la sombra de los perfectos arboles, leyendo un perfecto libro.

—¡Y las canchas! ¡Hay canchas para todo! —secundó Kory en el mismo estado que su amiga pelinegra —Hay tenis, golf, futbol ¡AAAAAAHHHH… PISCINA! —Se había algo que Kory amaba con locura era una piscina.

—Imagínate el tamaño de la biblioteca y lo surtida que debe estar —soltó Rachel sonriendo como nunca en su vida.

—Tú lee todo lo que quieras, Karen y yo nos daremos un chapuzón en cuanto tengamos oportunidad ¿Verdad Karen? —solicitó apoyo la pelirroja, pero Karen no respondió —¿Karen?

Kory volteo a ver a su amiga y lo único que vio de ella fueron sus piernas, mientras sus compañeras veían absortas Karen encontró el botón que abría el quemacocos y estaba disfrutando de una vista envidiable desde el techo del vehículo.

—¡Karen, tú eres loca! ¡Bájate de ahí! —Le exigió Rachel desde el interior de la camioneta.

—Nada que ver Bruji, si tengo el mejor asiento de todos —dijo la morena con la brisa pegándole en la cara y alborotando su cabello rizado —Además, las futuras estrellas deben entrar con estilo.

Habiendo hecho aquella afirmación le extendió una mano a sus amigas para que subieran con ella, a Kory no le tuvo que preguntar dos veces, de inmediato asomo su cabeza de zanahoria y se le unió en el techo, Rachel puso los ojos en blanco y les indico que pasaba, estaba muy cómoda dentro de la camioneta.

—¿Es como te lo imaginaste? —preguntó Kory a Karen vibrante de felicidad, a lo que esta con tranquilidad respondió.

—Es aun mejor.

Los alrededores del campus eran sublimes, simplemente preciosos, todo en orden y tan limpio, era como una obra de arte a los ojos de Karen, había cientos de caminerias y lindos bancos, fuentes que resaltaban en lugares estratégicos, muchas escaleras, un gran estacionamiento lleno de carros ultimo modelo e incluso había caminos para las bicicletas y motos. Se notaba que hay el deporte era importante y las áreas recreacionales no se limitaban a un trozo de asfalto con una oxidada canasta de basquetbol.

—Si así es por fuera imagínate por dentro. —comentó Karen acercándose a Kory.

Los estudiantes que veían pasar la camioneta contemplaban extrañados a las dos chicas sobre ella y se preguntaban por su identidad mientras las dos amigas se divertían saludando como su fueran de la realiza y burlándose de las poses habituales de los burgueses.

—¡Dejen de hacer el tonto y vengan acá! —Las reprendió Rachel jalándolas tan fuerte de las piernas que las devolvió al interior del auto, sus amigas se llevaron un buen golpe y ella cerro la ventana del quemacocos.

. . .

—Bien, hemos llegado —anunció Victor una vez que logro aparcar impecablemente —¿Sarah?

—¿Ah? —pronunció la eludida de forma taciturna, retirando la vista de la ventana por la que estuvo mirando durante todo el camino —¿Me decías algo, Victor?

—Te decía que ya llegamos —repitió —¿Sucede algo? Te noto un poco distraída —inquirió el moreno entretanto tomaba su bolso negro de la universidad del asiento trasero del auto.

—Discúlpame, es que ya me está pegando el cambio de horario —explicó, un pequeño bostezo hizo acto de presencia a lo que la chica respondió tapándose la boca educadamente. —No es nada de que preocuparse.

—Entonces vamos —indicó Victor terminando la conversación.

Bajo del auto cargando la mochila en su hombro derecho, dio la vuelta para abrirle la puerta a Sarah y ayudarla a bajar, activo la alarma y emprendió el camino al interior del campus con su novia enganchada a su brazo izquierdo.

. . .

—Yo sabía que era la C ¡pero no! Tuve que borrar y marcar la A —monologaba histérica, Kory —¿Por qué borre? ¿Por qué lo hice? Soy tan estúpida.

La pelirroja se golpeaba en la cabeza, sin el ahínco suficiente como para hacerse daño, cerrando los ojos con fuerza.

—Debería patearme —opinó —¿Sera que puedo patearme a mi misma? —expuso intentando verse el trasero por encima de su hombro como un perro cuando intenta atrapar su cola.

Kory pensaba que estaba sola en aquel pasillo que poseía un abrillantado piso de mármol, pero lo cierto era que hacia unos minutos contaba con un par de compañías que acababan de salir de una puerta cercana, dichas personas la observaban como si ella fuera una lunática. Luego del intento fallido de ver su trasero Kory reparo en las señoras y sus rostros perturbados, por su vestimenta adivinaba debían ser de la administración de la universidad.

—Holis —Fue lo único que se le ocurrió decirles ante la extraña situación —Yo… no suelo hablar sola —aclaró mostrando una gran y nerviosa sonrisa.

Las mujeres huyeron despavoridas abrazando con fuerza las carpetas que llevaban en sus manos. Kory abandono la sonrisa y volvió a cocorronearse la cabeza.

—"Hola soy Kory y hace un mes que no tomo calmantes ni acoso niños" ¡Solo eso me falto! gran día para parecer una pelirroja desquiciada, Kory —Se reprochó.

La prueba de admisión más que difícil había estado larga y Kory fue la primera en terminarla, esperando a sus amigas fuera del salón empezó a recordar las preguntas del examen y a sobre analizar sus respuestas, se dio cuenta que falló en algunas por culpa de la torpe inseguridad causada por los nervios, y se maldecía por haber borrado respuestas correctas para marcar incorrectas.

—La próxima le quito el borrado al lápiz o mejor presento con bolígrafo —decía chocando la frente débilmente contra la pared.

Había dos cosas que Rachel siempre decía: "Cuando no sepas una respuesta seguramente es C" y "Jamás borres la primera opción que marcas si no estas completamente segura que la respuestas es otra, siempre pasa que lo primero que marcaste es lo correcto", Kory sentía que había escogido el peor día para olvidarse de Rachel y sus peroratas.

Karen y Rachel salieron al mismo tiempo del examen y se encontraron con su amiga maltratando la pared en el pasillo.

—Me da miedo preguntar —manifestó Rachel con seriedad.

—¿Qué haces, Kory? —indagó Karen.

—Considero los beneficios de una lucrativa carrera como martillo —respondió ella simplemente.

Rachel rodo los ojos —Vamos, tenemos que ir a la oficina del decano —informó y agarró a Kory de un brazo mientras que Karen la tomaba del otro.

Caminaron hasta la oficina del decano escuchando a Kory balbucear algo sobre que sería más probable poner un clavo en la pared con su frente que pasar el examen. Una vez en el despacho la secretaria les indico que se sentaran en un sofá de cuero vinotinto que estaba pegado a la pared a esperar los resultados del examen. Pasados no menos de treinta minutos la secretaria regreso con ellas, pero esta vez llevaba una bandeja y un hombre panzón vestido de traje, bajito y con mostacho canoso la acompañaba.

—¿Gustan té, damitas? —ofreció él hablando con tono bonachón.

La mujer colocó la bandeja con el té preparado en la mesita de centro que estaba frente a las chicas, ellas aceptaron la bebida con un asentimiento, aunque a Karen realmente no le gusta mucho el té.

—Mi nombre es Eliot Prufrock y soy el Decano, Señoritas —Se puso sus gafas y leyó de un papel en sus manos —Anders, Roth y Beecher ¿correcto?

Las tres volvieron a sentir.

—Debo felicitarlas por su admisión en esta universidad y por los sobresalientes que obtuvieron en sus exámenes —empezó a hablar muy contento.

—Entonces ¿aprobé? —interrumpió Kory eufórica.

—Es lo que dije —corroboró el señor.

—¡Sí, pase! —exclamó la pelirroja y en eso casi deja caer su taza al suelo, lo bueno es que pudo recuperarla antes de que ocurriera una tragedia —Lo siento, es la emoción —Se excuso sonriente.

Karen y Rachel se cubrieron la cara mientras pedían que se las tragara la tierra.

—Ten cuidado, linda, es una vajilla antigua —sugirió El Decano temiendo por la seguridad de las tazas —Bueno, como les iba diciendo, el siguiente lunes pondrán integrarse a sus clases regulares, el semestre ya arranco, pero como ustedes son un caso especial ya los profesores sabrán como manejaran lo de las evaluaciones, no es preciso que les recuerde que si desean mantener sus becas no deben bajar estos bellos promedios por los que fueron aceptadas.

—No desaprovecharemos esta oportunidad, Señor Prufrock —dijo Karen hablando también en nombre de sus amigas.

—Veo que ya se conocen ¿Son familiares acaso?

—No, solo somos compañeras de habitación —vislumbró Rachel.

—Oh, que bueno, me hacen recordar mis días universitarios —comentó el hombre de manera risueña —Bien, creo que ya está todo dicho, Abigail ahora les entregará sus horarios de clase, el reglamento de la USS más folletos informativos con mapas de nuestras instalaciones y listados de nuestras actividades extra cátedras, les recomiendo que tomen alguna siempre ayudan a subir los promedios, somos famosos por varias de ellas —explicó el Sr. Prufrock amablemente.

Ellas tomaron las carpetas que les tendía la delgada secretaria y luego de unas despedidas educadas abandonaron el despacho.

—Oh, que amable Señor —comentó Kory mientras caminaban.

—Si hubieras roto la taza de seguro hubiera dejado de ser amable —apuntó Rachel.

—Fue un accidente, además no paso nada —Se defendió Kory.

—Solo digo que tienes que tener más cuidado —manifestó la pelinegra.

—No creo que nos fueran a quitar la beca por romper una taza.

—¿Qué sabes tú, Kory? La gente rica es extraña —agregó Karen viendo los folletos que les habían dado —¿Ya vieron? Aquí tienen equipo de voleibol, yo siempre quise aprender a jugar voleibol.

—¡Oh, miren chicas! Hay un modelo de naciones unidas, yo quiero aprender idiomas y costumbres de otros países —dijo la ojos verdes dando brinquitos. La familia materna de Kory era mexicana, y ella amaba todo lo referente a saber datos curiosos sobre otros países al poseer dos nacionalidades.

—También tienen un equipo de ajedrez profesional —resaltó Rachel mirando también sus folletos. —Yo soy buena jugando ajedrez, si no me choca con ninguna clase tal vez me inscriba. —comentó.

—Es verdad, hay que revisar el horario antes de decidir cualquier cosaaaaaa…

¡Crash! En un abrir y cerrar de ojos había papeles volando por toda la estancia y dos chicas tiradas en el suelo.

—Karen en el piso ¿Por qué será que no me sorprende? —decía Rachel viendo como Kory ayudaba a la morena a levantarse.

—¡Auch! No pierdes oportunidad de burlarte ¿Verdad, Bruji? —dijo la de ojos verde olivo sobándose la cabeza luego de que Kory la levantara.

—No —confirmó Rachel con una sonrisilla irónica.

—¡Oh, Por Dios! Lo siento tanto, déjame ayudarte —Se apresuró a decir Karen en tanto tomaba a la otra chica de las manos y la levantaba.

—Discúlpame tú a mí venía con muchos papeles y no te vi —dijo la chica agachándose a recoger dichos papeles.

—¡Te ayudo! —exclamó Karen y también se agachó a recoger papeles.

—Discúlpala, ella tiene la mala costumbre de caminar y prestarle atención a todo, menos al camino —agregó Rachel.

—No aclares que oscurece, Rachel —Le indicó Karen fingiendo cortesía. —La verdad sí venía distraída —confesó a la chica.

—Ya te dije que no hay cuidado —Una vez de pie la chica le paso a Karen el folleto que se había salido de su carpeta —¿Son nuevas por aquí? —preguntó de manera amistosa identificando los papeles de la beca.

—Pues sí —respondió Karen devolviendo el panfleto a su lugar —Mi nombre es Karen y ellas son mis amigas Rachel y Kory.

—¿Qué tal? —saludó Kory.

Rachel se limito a hacer un débil saludo con la mano.

—Salimos seleccionadas para la beca.

—Me pude dar cuenta, que gran logro, las felicito —halagó la chica mostrando una sonrisa sincera —Sarah Jonson, un placer conocerte —Se presentó y le extendió una mano a Karen para que se la estrechara mientras que con la otra sostenía la resma de papeles.

—Igualmente —dijo la morena estrechando su mano, le era inusual que se le presentaran de aquella manera, aunque esa fuera la forma correcta de hacerlo.

Sarah le dio un sutil apretón y Karen recordó que una vez su madre le dijo que cuando las personas estrechaban la mano con firmeza significaba que eran confiables.

—Cielo, me tengo que ir a clase ¿Dónde es que quieres que ponga estas cajas? —venía diciendo Victor que salió por la misma puerta que Sarah, cargando dos cajas medianas.

—Más adelante las dejamos —contestó la morena —El es mi novio —dijo a las chicas —Amor, acércate, te quiero presentar.

—Claro linda, mucho gusto, Victor Stone —dijo con voz agradable bajando las cajas para poder ver a quien le hablaba.

—¡TÚ! —exclamó Karen sin podérselo creer.

—¡OTRA VEZ TÚ! ¿QUÉ RAYOS HACES AQUÍ?

Por la desagradable sorpresa a Victor se la cayeron las cajas, las cuales hicieron un sonido seco al caer al suelo ¿Qué hacia esa mujer ahí? ¿Cómo mierda…? Pero sus pensamientos se detuvieron al volver a la realidad de que Sarah estaba junto a él y frente a él estaba… «Mierda, mierda, mierda» fueron las palabras que se instalaron en su cabeza mientras el rostro se le ponía lívido.

—¿Esto es tu novio? —preguntó Karen volteando a ver a Sarah y señalando rencorosamente a Victor.

—Em… Sí —respondió Sarah inocentemente, sin entender que era lo que pasaba —Ustedes… ¿Ya se conocían? —Se arriesgó a preguntar aunque algo le decía que la contestación no sería buena.

El rostro de Victor era todo un poema, si el chico no hubiera tenido la cabeza rapada seguramente se le habría caído hasta el ultimo cabello.

—Nunca hay una cámara cuando una la necesita —argumentó Rachel, riéndose de la ironía de la vida.