Su plan era entrar, dejar el ramo enorme de flores variadas y llenas de perfume en la tienda de tatuajes y huir. Porque le daba vergüenza ser tan cursi.
Pero la suerte jamás estaba de su lado.
Iwaizumi estaba dibujando en la caja cuando entró. Cruzaron miradas a la distancia y Oikawa fue el primero en apartarla.
―¿Y eso? ―inquirió Iwaizumi sin saludar, siempre tosco para ese tipo de cosas.
―Para que huela bien, no tanto a alcohol y tinta ―declaró depositando el ramo sobre el mostrador.
―¿Para que huela a ti? ―preguntó con cierto cinismo.
Iwaizumi le rodeó la cintura y le besó la mejilla. A Oikawa se le escapó una sonrisa torpe.
―Pensé que te gustaba como olía ―se quejó mientras recibía besos en el cuello.
Oyó los pasos de Matsukawa bajando la escalera y un ruido de total desaprobación.
―Oikawa, por más que te adore, voy a prohibir tu entrada aquí si sigues distrayendo a mi empleado.
Oikawa se rió y se deshizo de su novio de mala gana, susurrándole que se verían para el almuerzo. Aunque probablemente regresaría más tarde. Dentro de un rato. Ni bien Matsukawa regresara arriba.
Y aunque tuvieran todo el tiempo del mundo para estar juntos, parecía no bastar. Y era un sentimiento suave cómo un pétalo y permanente como un tatuaje. Y le fascinaba. Iwaizumi Hajime le fascinaba.
Al fin me saqué esto de encima. Gracias por los comentarios, los aprecio mucho. Lo próximo que voy a estar publicando será un klance mucho más bonito que esta cosa :)
