NA: Hello gente bonita. Como siempre, lamento la tardanza, pero este capítulo me estaba causando muchos problemas debido al contenido. Muchas emociones, muchos descubrimientos y resoluciones. Es toda una montaña rusa emocional, se los digo. Pero era sumamente importante porque los eventos de este capítulo alteraran el curso completo de la historia. Así que ajusten sus cinturones y disfruten del viaje.
Guest: tus deseos son órdenes, aquí tienes el nuevo capítulo ;)
caro: vaya, que bueno verte por aquí también. Me alegra que te guste la historia. Jaja, Kin-chan no es gay, pero hay veces en que uno simplemente no puede forzar lo que se siente, aunque quieras. En este capítulo lo explico un poco mejor. Espero que te guste :)
Guest: lo entiendo, yo también me enamoré una vez de mi amigo. La mayoría de lo que pasa Kotoko lo viví yo también, por lo que entiendo perfectamente la desilusión de saber que no pueda corresponderte. Por suerte una vez que dejé esos sentimientos de lado pudimos retomar nuestra amistad. Toma tiempo, y sientes sinceramente que es el fin del mundo, pero pasa. Espero que algo similar pueda ocurrirte a ti :)
jM6Yc and q9oFq: I'm guessing you're saying "very nice story". Thank you, and I hope you like the new chapter.
Siempre él
Capítulo 10
...
Besar es algo con lo que Kotoko siempre ha soñado.
No por el acto en sí. Ella es demasiado romántica y soñadora como para encontrar placer en simplemente unir sus labios con los de otra persona, sin ningún otro motivo que el porque te gusta hacerlo. No tiene nada en contra de las personas que disfrutan de tal actividad sin sentimientos de por medio. Su compañera de clases Shimura es un buen ejemplo de ello.
Pero para Kotoko, un beso va más allá de un acto, de un momento compartido entre dos personas que se sienten atraídas la una a la otra. Un beso es un símbolo de amor, de confianza. Besar a alguien debería ser hecho con una persona especial, debería ser testamento de un vínculo formado entre ambos, una forma de renovar el lazo que se tiene.
Un beso demuestra admiración, añoranza, deseo. Un beso, para Kotoko, es algo prácticamente sagrado. Las intenciones tras él son importantes, quizás tanto o más como con quien se comparte.
Es por eso que Kotoko siempre ha soñado con cómo sería su primer beso. Dado en una ocasión especial, con aquel que hace a su corazón palpitar. Dado tras un largo recorrido, en el que ambos se han demostrado justamente esta confianza y afecto, reforzado el vínculo que los une con acciones y palabras. Quizás el lugar no fuera importante, quizás no deba ser estrafalario. Pero debe ser dado cuando los dos sientan que es correcto, cuando la fuerza gravitacional los induzca a acercarse lentamente, mirarse a los ojos, sentir el aliento del otro, hasta finalmente unirse en una de las demostraciones de amor más antiguas conocidas por el hombre.
Esto no es lo que Kotoko Aihara tenía en mente cada vez que pensaba en cómo sería su primer beso.
No hay metafóricos fuegos artificiales, ni calidez explosiva ni un sentido de plenitud. No hay nada que la oriente a pensar que lo que está haciendo corresponde con todos los ideales que ha estado visualizando desde muy corta edad, con todo lo que ella piensa significa un beso. Hay, sin embargo, desesperación, dolor, incertidumbre.
Y, quiera admitirlo o no, una pizca muy grande de algo que no se atreve a nombrar.
Sus labios se mantienen estáticos por unos segundos contra los de Irie. Siente su corazón intentando salir de su pecho, golpeando fuertemente contra su caja torácica, pero contrario al pulso acelerado en sus vasos sanguíneos, su piel se encuentra fría. Su respiración es superficial, sus hombros subiendo y bajando al ritmo de su nerviosismo. ¿Por qué está haciendo esto?
Pero yo no te amo.
Cierto. Kin-chan no la ama. No lo hará nunca. Y se irá. La dejará sola.
Ni siquiera me lo pudo decir por su cuenta. Tuve que confrontarlo para que lo haga.
Pero eso no explica por qué está besando a Naoki Irie, de todas las personas.
Porque él… es el único que ha estado ahí siempre.
Naoki Irie es la única persona que no la ha abandonado. La única persona que no le ha mentido y desde el principio ha puesto en claro todo lo que siente y espera de ella. Aunque hayan sido apenas unos cuantos meses desde que se han conocido, Kotoko no puede evitar sentir que es mucho más. No lo ha admitido nunca, pero hay una sensación de nostalgia palpable en su pecho cada vez que está con él, cada vez que discuten o sencillamente se miran a los ojos. Como si lo hubieran hecho infinidad de veces antes, y ella simplemente no lo recuerda.
Por más que lo intente, no llega a su mente una sola vez en la que Naoki le haya dado la espalda, que no haya reparado en ella. Claro, están las ocasiones en las que ha pretendido ignorarla, pero estas acciones siempre han sido una respuesta legítima por ella. No porque de verdad dejara de importar, sino todo lo contrario, porque ella es tan importante para él que debe recurrir a esos actos tan sólo para volver a llamar su atención.
Y sin embargo, aquel día había sucedido lo contrario. Irie la había abandonado en favor de una de sus compañeras. El mismo día en que Kin-chan había dejado más que claro que piensa tan poco de ella que no importaba si la hería o no al ocultarle que se iría a Kioto. El día en que finalmente se había dado cuenta de que, no importa lo que haga, Kin-chan nunca la querrá de la manera que ella lo quiere.
Y es con estos pensamientos que su cuerpo recobra energías. Sus manos se dirigen a los hombros de Irie, su cuerpo acercándose más al suyo hasta que su pecho toca el de él. Lo escucha jadear un poco cuando sucede esto, pero lejos de cohibirse y darle su espacio, decide apretarse más contra él. Inclina un poco la cabeza y lo besa con la nula experiencia que posee, acariciando lentamente sus labios con los suyos.
Pero Irie no responde.
Continúa haciendo esto por unos segundos más, cerrando los ojos con más fuerza, moviendo las manos hasta su cuello, y finalmente su cabello, inclusive lamiendo tímidamente sus labios para obtener una reacción, pero más allá de sentirlo tensarse suavemente bajo sus manos no consigue nada más. Aun así, sigue besándolo, esta vez ya no tanto por necesidad como por vergüenza. No puede dejar de hacerlo porque si lo hace, si lo mira a los ojos, sabe que no podrá vivir con la humillación.
Es finalmente Irie quien la toma de los hombros y la aleja, firme, pero dulcemente. Kotoko intenta resistirse, pero no hay nada que pueda hacer contra su fuerza.
Sus ojos se encuentran mirando el piso. No puede observarlo, no puede siquiera tolerar su presencia. Su corazón late aceleradamente y su rostro quema por la intensidad de su sonrojo. Aun así, no puede mirarlo.
―Kotoko ―la llama, sus manos todavía sujetándola. Kotoko no responde, ¿cómo podría? No correspondió el beso, y aunque su tono de voz no suene enojado, sabe que obviamente no está contento. ―Kotoko, mírame.
―Lo siento ―las palabras salen de su boca sin su permiso. Siente pequeñas lágrimas acumulándose en sus ojos. Dios, ¿qué acaba de hacer? Besó a Irie. ¡Acaba de besar a Naoki Irie! ―Lo siento, no sé qué me sucedió, yo…
―¡Kotoko! ―vuelve a llamarla, esta vez sacudiéndola. Kotoko pestañea, su boca abriéndose en sorpresa ante su brusquedad. Lo ve a los ojos y se queda de piedra. Naoki Irie, él… está sonrojado. ―Maldición ―la suelta, comprendiendo el motivo de su sorpresa, y gira el rostro, alborotando los mechones castaños con una mano. Kotoko no sale de su estupor. Quizás en ocasiones anteriores podría haberse confundido, pero esta vez no hay forma en la que pueda estar equivocada. Naoki Irie se ha sonrojado por un beso suyo.
―Irie-kun, acaso…
―¿Por qué lo hiciste? ―la interrumpe, y Kotoko continúa demasiado ensimismada en su sorpresa como para enojarse por eso. ―¿Qué ha sucedido? Para que me beses… algo importante pasó, ¿no?
Su pregunta finalmente la hace reaccionar. Esta vez, es su turno de sentir sus mejillas arder, finalmente cayendo en cuenta de lo que ha hecho. Su primer beso… y ha sido con Irie, su primer beso… y fue ella quien lo dio…
Y no ha sido con Kin-chan.
Nuevamente siente las lágrimas en sus ojos, pero esta vez, no logra controlarlas. Estas se derraman por sus mejillas, alcanzando su mentón y finalmente cayendo al suelo por su propio peso. Lleva las manos a su rostro y se encoge en sí misma, arrastrando sus rodillas hasta su pecho y llorando otra vez. Esta vez, no sabe ni porqué lo hace. Es por Kin-chan, porque no la quiere y porque se irá lejos, pero es también por Irie, porque no ha correspondido el beso y se ha ido con otra chica en una cita, pero también es por ella misma, por su estupidez, por creer en imposibles, por lanzarse de esa manera sobre un muchacho sólo para dejar de sentirse sola y patética.
De repente, siente una fuente de calor pegarse a su costado izquierdo. No tiene que levantar la mirada para saber que es Irie, quien se ha acercado hasta el punto en que sus hombros se tocan. El muchacho no dice nada, dejándola llorar a sus anchas, y ella agradece el gesto, porque lo necesita más que nunca. Tampoco la deja sola, pero nunca extiende su contacto más allá del ya establecido. De nuevo, agradece eso. Si la hubiera abrazado se acordaría de Kin-chan y su tendencia a consolarla de esa manera.
No sabe cuánto tiempo pasa. Quizás unos minutos, quizá una hora. Cuando finalmente deja de llorar y levanta la cabeza, Irie le ofrece un pañuelo de color azul claro y ella lo toma, asintiendo como simple muestra de agradecimiento. Pasan unos minutos más en los que se tranquiliza totalmente, antes de finalmente decidir abrir la boca.
―Una vez me dijiste… ―para un segundo, tragando sus inseguridades― me dijiste que Kin-chan sólo me veía como una hermana menor… ―se muerde el labio inferior, agachando la cabeza y soportando una nueva oleada de miseria recorriéndola, haciendo que sus hombros tiemblen con la fuerza que pone para no llorar otra vez. ―Tenías razón. Hoy… hoy he hablado con él. Tuvimos una gran discusión y al final de ésta me dijo que… que sólo soy como un hermana menor para él… ―a pesar de su mejor esfuerzo, lágrimas traicioneras vuelven a desbordarse por sus ojos.
Irie no dice nada, pero Kotoko lo siente pensativo. La escucha, y eso es todo lo que necesita en ese momento.
―Soy bastante tonta, ¿verdad? Digo, ¿cuántas veces me lo has dicho? No, ¿cuántas veces Kin-chan ha debido rechazarme para que finalmente pudiera comprender? Hasta Satomi y Jinko me lo advirtieron… que nada saldría de este amor no correspondido. Debí sospechar que había un motivo tras sus actitudes respecto a esto. Las amigas normalmente se apoyan la una a la otra cuando se trata del chico que les gusta, aunque parezca que no hay esperanza… y sin embargo ellas nunca lo hicieron… siempre…
Siempre hicieron todo lo que pudieron para acercarme a ti y alejarme de él. Porque sabían que Kin-chan se iría, que Kin-chan no permitiría que fuera con él a Kioto, que el amor que Kin-chan posee hacia mí es uno que no podré cambiar, por más que lo intente.
El silencio que sigue es pesado. Kotoko no sabe qué más añadir, pero tampoco tiene las fuerzas para decir algo más. Finalmente, Irie posa una mano sobre su cabeza, sorprendiéndola enormemente al sacarla de sus pensamientos y, aunque sea mínimamente, asustándola por lo repentino de la acción. Levanta la cabeza y lo observa, a pesar de que los ojos de él se encuentran trabados en el piso, evitando su mirada.
―Lamento mucho que tengas que pasar por esto ―es todo lo que dice, antes de levantarse del suelo y extenderle una mano. Kotoko observa la mano que le ofrece con el ceño fruncido, confundida. ¿Eso es todo lo que dirá? ¿No añadirá más sal a la herida pronunciando un 'te lo dije' o hará de menos lo que siente con un 'era más que obvio que esto sucedería'? Y aunque ese no fuera el caso… ¿no tiene nada más que decirle para consolarla?
Desconfía por un segundo, e Irie puede sentirlo.
―Escucha, no soy muy bueno con los sentimientos ―Kotoko resiste las ganas de bufar, pero se debe notar en su mirada, porque de repente el chico frunce el ceño y se agacha, tomándola delicadamente de uno de sus brazos y alzándola hasta que se encuentra de pie, frente a él. Kotoko se balancea un poco, descolocada por el repentino cambio de posición, pero Irie la mantiene en pie, hasta que termina de equilibrarse. Sólo allí la suelta. ―Apenas soy bueno descifrando mis propios sentimientos, mucho menos los de otras personas, pero he descubierto hace un tiempo que hay ciertas cosas que uno no puede forzar… o que el tiempo se encargará de arreglar. Es lo mismo en esta situación. Te dolerá por un tiempo, pero lo superarás, no sólo porque es lo lógico, sino también porque eres tú, y si hay alguien en este mundo que puede salir adelante a pesar de las dificultades u obstáculos, esa eres tú Kotoko. ―Da un paso atrás, y la mira con ojo crítico, pero Kotoko tan sólo siente buenas vibras viniendo de él. ―Podrás hacerlo.
Kotoko pestañea, algo perdida tras aquellas palabras. No puede evitarlo, hay una cierta calidez en su pecho al escucharlo hablar sobre ella de esa manera, con total confianza, como si fuera alguien digno de admirar. Por un segundo, puede ver el tipo de chica que Irie ve cada vez que sus ojos se posan en ella, y la revelación casi logra abrumarla por la intensidad que supone todo esto. ¿Es ella realmente así? ¿Sin importar las probabilidades, es ella alguien capaz de salir adelante y demostrar a los demás la clase de fortaleza que Irie parece creer que posee?
De repente la calidez no se encuentra sólo en su pecho, sino que se extiende por todo su cuerpo, tomando especial predilección por sus mejillas y orejas. Sus ojos se abren inmensamente y voltea, cubriendo su rostro con las manos. No, no y no. No puede ser. ¿Qué le está sucediendo?
―No digas esas cosas…―pide en un susurro, su cuerpo temblando ligeramente. Porque no es justo, que venga de esa manera y la ataque con tales palabras, suficientes para causar que su corazón tambalee ligeramente en su dirección. ¿Lo estará haciendo a propósito?
―Sólo digo lo que pienso―se justifica Naoki, suspirando y pasando nuevamente una mano por sus cabellos, de nuevo avergonzado ante la reacción de la chica. Kotoko sacude la cabeza, antes de darse fuerzas y volver a darle la cara. Siente sus mejillas todavía calientes pero se anima para no huir, como haría en otras ocasiones. En lugar de eso, le da su mejor sonrisa, mientras inclina un poco la cabeza hacia un costado y dice con su más sincera voz.
―Gracias, Irie-kun.
El ambiente tras estas palabras es suave, lo más que han tenido ambos en meses, quizás inclusive desde que se conocieron. Kotoko se pregunta qué sucederá a partir de ahora. ¿Qué debería hacer? Todavía no está del todo resuelta a dejar ir a su amor de años, a pesar de las evidencias. Es difícil mandar sobre el corazón, y de nuevo cae en el mismo dilema de siempre: ser consciente de la imposibilidad de ser correspondida contra el deseo innato de seguir luchando por aquel que ama.
Pero debe hacerlo, y para conseguirlo, necesita hacer unas cuantas cosas antes.
―Veo que has ganado una nueva determinación― comenta Irie, sacándola de sus pensamientos. Kotoko pestañea, observándolo confusa. ―Me refiero al brillo en tus ojos― aclara ―sea lo que sea que hagas, no olvides dar todo de ti. No serías tú si no lo haces de esa manera, ¿no crees?
Kotoko se toma un momento para analizar sus palabras, antes de que un nuevo calorcito se instale en su pecho. Lo ignora, sonriéndole a Irie y asintiendo enérgicamente.
―¡Lo haré!― declara, dándole una última reverencia en gratitud a Irie, para después dar media vuelta e irse.
No es hasta que está llegando a su salón de clases que se da cuenta ha olvidado preguntarle a Irie sobre su cita con aquella chica.
Satomi y Jinko la acorralan apenas pone un pie dentro del salón. Sin decir ni una sola palabra la arrastran fuera hasta atraparla en uno de los pasillos menos transitados de la institución, en el camino que lleva a la azotea.
Kotoko traga ligeramente, asustada ante las expresiones de enojo de sus amigas.
―Eh, chicas, ¿qué suced-?
―¡Cómo te atreves a huir de esa manera!― la primera en gritar es Jinko, obviamente. Kotoko se encoge en sí misma, pero cuando mira en dirección a Satomi buscando ayuda, comprende que está completamente sola al verla de acuerdo con la de cabello más oscuro, asintiendo con el mismo brillo de enojo en la mirada.
―Kin-chan nos contó lo que sucedió. Cielos Kotoko, ¿por qué debes preocuparnos de esta manera?
―Hey…― se queja ella, pues no le gusta que la estén reprochando como a una niña ―tampoco es para tanto. Tan sólo estaba en el instituto, no es como si algo malo podría haberme pasado…
―¡¿No es para tanto?!― Jinko vuelve a gritar. Levanta un dedo acusador hacia Kotoko y la señala con él, consiguiendo que la chica de un pequeño gritito de sorpresa. ―Escúchame aquí jovencita. ¿Qué querías que pensáramos cuando Kin-chan nos llamó, explicándonos lo sucedido? ¿Cómo crees que nos pondríamos cuando nos dijo el modo en el que estabas tras escuchar las noticias? Y por sobre todo; ¡que habías desaparecido sin decir absolutamente nada! ¡Kotoko! ¡Creímos que terminarías haciendo alguna locura!
―Espera un momento… ¿locura? ¿Yo?― Kotoko pregunta, frunciendo el ceño. Satomi y Jinko asienten vehementemente. ―Chicas, creo que están exagerando…
―¡Exagerando mi trase-!
―Jinko, ya basta― Satomi calla a la chica cubriendo su boca con una mano. Jinko la mira mal e intenta pelear por unos segundos, pero una sola mirada de la chica más alta la calma, haciendo que se cruce de brazos y voltee los ojos en dirección al suelo. Satomi suspira, mirando de nuevo a Kotoko. ―No es que creyéramos qué harías algo estúpido, al menos no intencionadamente…
―Satomi…―Kotoko se queja. Es cruelmente ignorada.
―Es lo contrario. Por lo que nos ha dicho Kin-chan, estabas en un estado emocional muy delicado. Las personas no suelen pensar coherentemente cuando se encuentran de esa manera, y muchas veces ni siquiera son conscientes de las cosas que hacen. Podría ser que… pues, tras enterarte de eso, terminaras yéndote del instituto para pensar, intentar subir a la azotea sin permiso, llorar delante del alumnado completo…
―Tropezar con gente peligrosa y conseguir que te apaleen o secuestren― Jinko añade. Satomi asiente mientras Kotoko lucha por no rodar los ojos.
―Sin contar que de seguro estabas muy triste… Kotoko, de tan sólo pensar que fuiste a un rincón a llorar sola, nosotras…― Satomi la mira con semblante decaído, y en esta ocasión Kotoko siente un pequeño pinchazo en su pecho. Eso es exactamente lo que ha hecho. Y por la forma en la que sus ojos se desvían al piso, evitando la mirada de sus dos mejores amigas, Satomi y Jinko se dan cuenta que han dado en el clavo.
―Necesitaba estar sola por un momento… yo…― Kotoko explica, escuchando finalmente un suspiro de parte de las dos. Un segundo después, siente a cada una posicionándose a sus costados y dándole un abrazo que ella corresponde inmediatamente, nuevas lágrimas formándose en sus ojos que intenta evitar que caigan con cada pedazo de su voluntad.
―Lo sentimos tanto Kotoko…
―Sí, queríamos decírtelo antes, pero Kin-chan nos pidió que guardáramos el secreto y…― Jinko suspira. Kotoko niega con la cabeza, sorbiendo un poco por la nariz. Hasta ahora ha sido exitosa en su objetivo de no volver a llorar.
―Está bien. Sí se los pidió, entonces no tenían por qué decírmelo. Kin-chan también es su amigo. Admito que me hubiera gustado tener aunque sea una pista, y no enterarme tan abruptamente, pero no hay nada que podamos hacer… no es su culpa chicas― les dice para tranquilizarlas. A pesar de eso, puede sentir que todavía se sienten culpables, así que con un suspiro da un paso hacia atrás, soltándose de su abrazo y dejándolas confundidas. ―Lo digo en serio. Es más, debería agradecerles… todo este tiempo me han estado advirtiendo, y sin embargo yo…
―Alto allí― la detiene Jinko, con las manos en las caderas. ―No te atrevas a culparte de nada aquí. No puedes decir que deberías habernos escuchado cuando ni siquiera te dimos una razón válida para nuestras opiniones. Cierto, te dijimos que sería mejor si te rindieras con Kin-chan, pero nunca te dimos más motivo que han pasado casi tres años y no ha habido ningún avance, que, por cierto, es una excusa bastante insípida. Con razón nunca nos escuchabas. Prometimos a Kin-chan que no diríamos nada, pero debimos darte algo, un motivo de mayor peso, o en el peor de los casos convencer a ese cabeza de chorlito que hablara de una buena vez.
―Es cierto― Satomi concuerda de inmediato. ―Todo este tiempo no sólo estuvimos intentando que te rindieras con Kin-chan, sino también hacer que te dijera de una buena vez sus planes para el futuro, pero nunca nos escuchó. Sinceramente, ¿de qué tenía miedo? ¿De lastimarte? Pues de todos modos lo hizo y de una manera mucho peor. Si tan sólo nosotras…
―Basta― Kotoko no lo soporta más y las interrumpe. No grita, pero su voz es lo suficientemente fuerte como para callarlas y hacer que la miren con los ojos abiertos. Kotoko respira profundamente, cerrando los párpados por un segundo, soportando nuevas lágrimas queriendo abrirse paso, antes de volver a abrirlos una vez que está segura no escaparán. Las mira seriamente, capturando toda su atención. ―No es necesario que digan más. Comprendo lo que quieren decir y de verdad aprecio sus palabras y buenas intenciones, pero no es necesario que continúen. Yo… yo no las culpo por habérmelo ocultado. Sé porqué lo hicieron. Y en cuánto a Kin-chan... aunque puedo imaginarme el motivo, de verdad me gustaría darle la oportunidad de explicarse él mismo. Creo que... todos tenemos un poco de culpa aquí, así que no vale la pena seguir culpándonos porque en ese caso nunca terminaríamos...― ríe suavemente, aunque se nota lo forzado de ésta. ―No... no quiero escucharlas disculpándose, porque eso sólo me hace sentir peor... y también me gustaría que... después de que hable con Kin-chan, podamos dejar esto atrás.
Sus palabras dejan atónitas a sus amigas, que tan sólo pueden observarla con las bocas abiertas. Después de un rato, asienten, y Kotoko suspira con alivio.
―Kotoko…
―Ahora, antes de ir a buscar a Kin-chan, necesito saber… ¿desde hace cuánto tiempo saben que él estudiará en Kioto?
La pregunta obviamente las pone incomodas, mirándose la una a la otra sin querer hablar. Kotoko las observa, no moviendo sus ojos de sus figuras hasta que finalmente Jinko cede.
―Unos días antes de que Irie-kun se te confesara.
La respuesta es tan sorpresiva que saca un jadeo de Kotoko. No es tanto tiempo como esperaba, pero supone que tiene sentido. Después de todo, fue después de que Irie-kun le pidiera salir que Satomi y Jinko empezaron a empeñarse porque lo viera como un interés amoroso, al mismo tiempo tratando de alejarla de Kin-chan. Deja caer sus ojos al piso, sopesando la nueva información por unos segundos ante las miradas ansiosas de sus amigas, antes de asentir a sí misma y dar media vuelta.
―Gracias chicas. Nos veremos para el baile de esta noche.
Y dicho esto, se va, sin dejar que Satomi o Jinko añadan ni una palabra más.
Encontrar a Kin-chan había sido más difícil de lo que esperaba. Kotoko se pregunta, mientras lo ve sentado en las gradas del gimnasio, si acaso la estaba evitando. Ya no usa sus vendas, en lugar de eso vistiendo su uniforme usual, sus brazos sobre sus rodillas y su mirada en algún lugar lejano.
La ve apenas entra al gimnasio, Kotoko lo sabe, pero no hace ningún movimiento por acercarse. En lugar de eso, es ella quien debe caminar hacia él. Por un momento Kotoko piensa que casi parece ser él el lastimado, con esa actitud.
Al llegar a su lado no dice nada, tan sólo se sienta a su lado, y observa el mismo punto lejano que él, esperando a que hable. O ella se anime a hacerlo.
Finalmente es ella quien lo hace.
―Te amo.
Kin-chan hace una pequeña mueca, pero más allá de eso no se mueve. Kotoko suspira.
―¿No creerías que mis sentimientos cambiarían tan rápido tan sólo horas después de rechazarme, cierto?― pregunta, intentado utilizar un tono divertido para aliviar la tensión. Lo mira por un largo rato, esperando otro gesto, una palabra. Algo.
Es unos minutos después que ésta llega, en la forma de un suspiro.
―Kotoko, yo… yo realmente lo siento.
―¿Cuándo planeabas decírmelo? Que estudiarías en Kioto, digo.
―Pronto… tan sólo… estaba esperando el momento correcto.
―Ah, ¿y cuándo crees que habría sido ese momento?
―¡No lo sé!― eleva la voz, pero se maldice apenas las palabras salen de su boca. Kotoko se muerde el labio. No llorará, se promete. Definitivamente no lo hará.
―¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Tanto miedo te daba lastimarme?― pregunta, sin evitar sonar irónica. Porque si no quería lastimarla, había hecho un trabajo muy pobre. El resultado final era aún peor, enterándose de esa forma y mucho más descubriendo que era la última en su grupo de amigos en saberlo.
―Yo…― suspira nuevamente. Deja de apoyar los brazos sobre sus piernas y se endereza, dándole la cara a Kotoko y observándola con la mayor seriedad que la chica le ha visto en años. No puede evitar el empuje de su cuerpo por querer irse, huir antes de escuchar lo que sea que tenga que decirle. Pero no puede hacerlo. Deben hablar, y obtener finalmente el cierre que necesita su corazón. ―Para entender por qué decidí no decirte nada, es necesario que me escuches atentamente. La historia es un poco larga, y quizás no me justifique del todo, pero aun así, necesito decírtelo. ¿Me escucharías, Kotoko?
Kotoko se toma un tiempo en responder, tanto por la actitud seria de Kin-chan como por sus propios miedos. Conscientemente sabe que debe hacerlo, escuchar lo que tenga que decirle y después dejarlo ir, pero su corazón se niega fervientemente. Es como si se negara a oír razones, como si quisiera mantenerse testarudo y sufriente, esperando por él. Soñando con él.
Es hora de que, por una vez, apague su corazón y mire de frente a la realidad. Hora de que la lógica y la razón tomen el control. Aunque sea una sola vez en su vida.
Asiente. ―Lo haré Kin-chan. Por favor, cuéntamelo todo.
Ve sus ojos abriéndose con sorpresa, antes de cerrarlos e inspirar profundamente. Asiente a su vez, volviéndolos a abrir y fijando su mirada en ella. Todo esto le dice que la situación es tan difícil para él como lo es para ella. Eso tan sólo le trae un pequeño confort.
―La primera vez que te vi fue antes de la ceremonia de entrada, en primer año― empieza. Kotoko se arma de coraje para no interrumpirlo, prestando sus oídos y su mente a cada una de sus palabras. ―Recuerdo que tenías el cabello más corto, apenas llegándote a los hombros.
Kotoko recuerda aquello. En realidad, nunca había sido su intención tenerlo tan corto. Cuando era todavía una estudiante de secundaria, había visto un hermoso peinado en una revista del que se había enamorado instantáneamente. Lamentablemente, cuando fue al salón de belleza a obtenerlo, el estilista se había confundido con el corte de otra clienta.
Y así había terminado con el cabello tan corto como el de un hombre.
Era su culpa, la verdad, pues apenas empezando se había quedado profundamente dormida, evitando así que el estilista pudiera preguntarle cómo le quedaba el corte hasta el final de éste. No había mucho que pudiera hacer al respecto una vez que todo estaba hecho, así que con el corazón en un puño, había vuelto a su casa y prometido no volver a cortarse el cabello hasta que éste le llegara a los muslos. El peinado del que hablaba Kin-chan era simplemente el resultado de no pisar una peluquería por años.
Hasta ahora no había vuelto a poner pie en un salón de belleza, a decir verdad.
―En ese primer momento en que te vi― Kin-chan continúa, volviendo a llamar la atención de Kotoko ―bañada por la suave luz de la mañana y rodeada de las flores de sakura… admito que por ese momento, no pude evitar pensar que eras la chica más linda que había visto en mi vida.
Las palabras de Kin-chan detienen cualquier proceso mental que pudiera estar en desarrollo en el cerebro de Kotoko. Sus labios se abren, sus ojos casi saliéndose de sus órbitas. Acaso… acaso estaba intentando decir que…
―Kin-chan, tú…
―Espera― y antes de que pueda siquiera pronunciar palabra, las fuertes manos de Kin-chan cubren su boca, evitando que lo interrumpa. ―Prometiste escucharme, ¿no es así Kotoko?― le pregunta seriamente. Kotoko frunce el ceño, mirándolo con incredulidad. De verdad no puede esperar que se quede callada cuando ha soltado semejante bomba, ¿cierto? ―Estoy hablando en serio Kotoko, déjame terminar, después podrás decir lo que quieras, ¿sí?
Ceñuda, y bastante reacia, Kotoko termina por asentir en acuerdo cuando la mirada suplicante de Kin-chan continúa en ella. Una vez que lo hace, Kin-chan suspira de alivio y la suelta.
―Cómo iba diciendo, en ese momento no pude evitar pensar que eras de verdad muy bonita. Eh… lo sigues siendo por supuesto, pero en ese momento digamos que… bueno, no es por hacerte de menos ahora, es sólo que por honor a la historia…
―Kin-chan― Kotoko advierte, achicando los ojos. El chico para de balbucear de inmediato y se recompone, volviendo a su historia lo más solemnemente que puede.
―No diré que fue amor a primera vista, porque no lo fue, pero… como decirlo… me gustaste, desde el primer momento en que te vi me gustaste mucho. Cuando terminamos en la misma clase estaba muy contento. No sé si recuerdas que fui yo quien se acercó a ti para entablar conversación. Quería realmente tener algún tipo de relacionamiento contigo. Sin embargo, nunca he tenido suerte con las chicas, por lo que desde un principio me resigné a que probablemente nunca pasaría de ser sólo un amigo para ti.
Hay un pequeño silencio en el que Kin-chan ordena sus pensamientos, buscando como seguir, y Kotoko absorbe sus palabras, tratando de comprender como todo terminó así. Después de un rato, Kin-chan habla otra vez.
―Me gustabas Kotoko, pero no es como si me hubiera enamorado. Creía, a medida que pasaba tiempo contigo, que ese sentimiento terminaría por convertirse en algo más profundo si lo dejaba, y sinceramente no quería ilusionarme en vano sólo para caer de vuelta a la realidad de que nadie podría realmente enamorarse de mí. He tenido… malas experiencias con eso en el pasado― deja salir una risa amarga, y aunque Kotoko desea preguntar, sabe mejor. No es el momento. ―Me forcé a mí mismo a verte sólo como una amiga, y por un largo tiempo temí que eso no funcionara.
De nuevo se quedan en silencio, pero esta vez Kotoko frunce el ceño. Mientras ella iba cayendo poco a poco por él, Kin-chan hacía lo contrario. Con todas sus fuerzas evitaba enamorarse, por miedo a revivir una mala experiencia del pasado. Por miedo a no ser correspondido y sufrir lo mismo que ella ha sufrido por años.
La ironía es tanta que casi se hecha a reír por la frustración.
―Entonces… porque te forzaste a no enamorarte, ¿después no pudiste hacerlo más cuando me confesé?― pregunta Kotoko, queriendo atar cabos sueltos. Kin-chan niega lentamente, volviendo a sorprenderla.
―Unos días antes del festival cultural, estaba con unos muchachos de la clase preparando las cosas para el café. Entre conversaciones y risas, de repente salió a colación el tema de las chicas del instituto. No participé realmente en esa conversación, pero recuerdo que estaban hablando sobre quien era la más linda o elegible como novia y… pues, terminaron mencionándote.
―¿Eh?― Kotoko pestañea, curiosa. ¿Hablaron de ella? ¿Qué dijeron? ¿Y por qué de pronto Kin-chan aprieta la mandíbula como si estuviera enojado?
―No diré nada de las cosas que dijeron. Somos chicos adolescentes, así que hasta cierto punto puedo comprender el que hablaran de esa forma… pero cuando comenzaron a hablar de ti yo… no pude evitarlo. Casi golpeo a esos imbéciles. ¿Cómo podían siquiera hablar de esa manera sobre ti? No te conocían. Me irritó tanto, y terminé gritándoles que se callaran antes de salir furioso de la clase. Si no lo hacía, hubiera…― sacude la cabeza, quizás para dispersar malos pensamientos, mientras Kotoko siente sus mejillas arder.
¿Qué habrán dicho para que Kin-chan se ponga de esa manera? La única vez que lo recuerda tan enojado fue cuando aquellos hombres quisieron manosearla en el tren. Casi quiere preguntar, pero teme que no sea muy buena idea, sin contar que se estarían desviando del tema principal.
―Al día siguiente, los chicos fueron a disculparse conmigo, como si hubieran hablado mal de mí― rueda los ojos, pero hace su mejor esfuerzo por recomponerse. ―Me preguntaron por qué estaba tan enojado, y de alguna forma terminaron sacando la conclusión de que había algo entre nosotros. Lo negué, porque esa era la verdad, pero no me creyeron, y terminé preguntándome si de verdad estaba haciendo tan buen trabajo como pensaba que hacía en no enamorarme. No fue hasta que estuve a solas con Kenji, que le comenté lo que me preocupaba, y él me dio la idea de que quizás no fuera porque estaba enamorado que había reaccionado así.
Kenji… aquel es el nombre de uno de los mejores amigos de Kin-chan. ¿Había sido él quien le había dicho que no era amor lo que sentía por ella? ¿Quién le había dado la posibilidad de huir de lo que podría estarse desarrollando entre ellos? Eso… eso la hace enojar. Sí de verdad se había metido y hecho que Kin-chan negara sus sentimientos por ella hasta el punto de olvidarlos por completo, ella… ella…
―Kenji me dijo…― la voz de Kin-chan vuelve a sonar, y Kotoko hace todo lo que puede para escucharlo en lugar de planear formas de asesinar a Kenji. Es difícil, pero lo consigue. ―Que me imaginara besándote. Si me gustaba la idea, eso quería decir que lo que estaba sintiendo por ti era de verdad amor, pero si no…
―Pero si no…― y así de rápido Kotoko vuelve a sentir una sacudida. Lo comprende. Lo comprende perfectamente. Todos los pensamientos asesinos que tenía hacia Kenji desaparecen de inmediato, siendo nuevamente reemplazados por aquel frío vacío en el pecho. Kin-chan asiente, desentendido ante los estragos que está causando de nuevo en el corazón de Kotoko.
―Pero si no… entonces lo que sentía por ti si era amor… pero uno más parecido al familiar.
―Y cuando te lo imaginaste…― no hace falta que elabore más. Los dos saben perfectamente cuál fue el resultado.
―Unos días después, durante la danza después del festival, me dijiste que me querías. No sabes las ganas que tenía de golpear algo. Justo unos días antes había averiguado por fin qué sentía exactamente hacia ti, y de repente sucedía esto. Me sentí tan mal rechazándote, e inclusive me planteé por un tiempo el intentar corresponderte, pero cada vez que lo intentaba, volvía a imaginarme a los dos y…
―¿De verdad era tan imposible?― Kotoko dice, interrumpiéndolo por primera vez después de un largo rato. Kin-chan la mira con el ceño fruncido, sin comprender, y Kotoko tan sólo sacude la cabeza, una risa amarga saliendo de sus labios. ―Pregunto si de verdad era tan imposible enamorarse de mí. Tú mismo lo dijiste. Te gustaba. La posibilidad estaba allí. Si habías cerrado tu corazón por miedo a no ser correspondido, una vez que te dije lo que sentía deberías haberte abierto a ello. Si de verdad te gustaba, entonces…― hipa, dándose cuenta por primera vez de las lágrimas que surcan por sus mejillas.
Tanto por no querer llorar otra vez.
Kin-chan no se mueve, sabiendo que si la conforta tan sólo hará las cosas peor. En lugar de eso la observa, su rostro compungido e impotente. Suspira. ―No es que fuera imposible, y tampoco es que lograra convencerme que de verdad no sentía lo mismo que tú. Sí me gustaste, pero supongo que el camino natural que tomó ese sentimiento fue terminar queriéndote de esta manera. No de la otra. Para cuando me di cuenta ya pensaba de ti sólo como una amiga. Si fuera como dices, y tan sólo hubiera estado ocultando lo que sentía por miedo, entonces…
Entonces al confesarse Kin-chan hubiera terminado aceptándola, tarde o temprano. Los sentimientos no son algo que se puedan ocultar, o negar. Puede uno intentarlo, pero tarde o temprano terminan saliendo a la luz, destruyendo todas tus barreras y burlándose de ti por la ingenuidad de creer que podías huir de ellos. Tal y como ella, que por tanto tiempo quiso dejar de quererlo tan sólo para que aquellos sentimientos persistieran, sin ella poder hacer nada al respecto.
Y esa realidad es tan dolorosa que Kotoko no puede soportarlo más. Vuelve a llorar, sus sollozos fuertes y angustiados. Llora, porque no le queda de otra. Porque por fin ha comprendido exactamente que no tiene, y no tendrá, jamás oportunidad con él. Con Kin-chan.
De repente, siente un par de brazos rodeándola, y por un segundo su cuerpo se congela, no pudiendo creer que Kin-chan de verdad haga aquello. Sin embargo, logra entenderlo un momento después, al sentir la fuerza de su abrazo. A él también le duele. No puede dejarla así. Y aunque no quiera admitirlo y la destroce por dentro, ella también necesita esta clase de consuelo. De él, que le ha roto el corazón. Porque nadie más puede o debería reconfortarla en ese momento. Ni siquiera Irie-kun. Es el deber de Kin-chan por dejarla de esa manera. Lo saben los dos.
No dicen más por unos cuantos minutos, en los que Kotoko se permite liberar todas sus penas. Después de un largo tiempo, siente que puede volver a respirar, y aunque todavía hay pequeños temblores recorriendo su cuerpo, se fuerza a separarse de Kin-chan, para secar sus ojos y retomar un poco de su compostura. Sin embargo, no hay forma de negar la hinchazón de sus párpados o la amargura escondida tras ellos. Kin-chan no hace más que mirarla, triste, y Kotoko debe voltear el rostro porque no puede soportar el que la observe con pena.
―¿Y después?― logra hallar su voz unos minutos más tarde. Suena débil y rasposa por tanto llorar. Kotoko se aclara la garganta rápidamente.
―¿Después?― Kin-chan pregunta, confundido. Kotoko suspira.
―Todavía no me has dicho por qué decidiste ocultar lo de Kioto― le recuerda amablemente.
―Oh… ¡Oh! Cierto…― cierra los ojos, inhalando profundamente para darse ánimos ―yo… siempre supe que terminaría así. Verte todos estos años amándome… y sabiendo lo que sé sobre mis propios sentimientos… supe en cuanto apliqué para aquella academia que no te lo tomarías bien. Podrías decir que fue mi propia cobardía la que me impidió decírtelo, porque tenía miedo de que finalmente terminaras odiándome. Yo… no tengo la culpa de no poder sentir lo mismo por ti… y sin embargo continuabas esforzándote, día tras día. Te he rechazado tantas veces, no quería que esto fuera la gota que derramara el vaso para que finalmente te cansaras de mí y me odiaras. Necesitaba contarte todo lo que siento y sentí desde el principio para que pudieras comprender lo importante que eres para mí, y lo mucho que me odio por lastimarte de esta manera…
―Pero eso no responde a mí pregunta― lo interrumpe, sintiendo que sólo le está dando excusas. Kin-chan chasquea la lengua, rascándose la nuca en un gesto nervioso.
―Diablos, Kotoko, no sé qué más quieres que te diga. Fui un cobarde, ¿está bien? Sabía que te lastimaría si no decía nada, pero guardaba la esperanza de que, después de que el genio se te confesara y fueras a vivir con él, quizás…
―…Quizás me enamoraría de él y me olvidaría de ti… ¿es eso?― sus ojos se abren con sorpresa. ¿De verdad es por eso? ¿Por una razón tan… desagradable? Kin-chan de inmediato niega con la cabeza, pero unos segundos después, suspira, esta vez asintiendo tímidamente. ―Cielos, si de verdad fuera tan fácil― dice ella con sorna. Kin-chan vuelve a suspirar.
―Diciéndolo de esa manera suena realmente malo. No esperaba que te enamoraras de él, pero guardaba la esperanza de que al menos, fueras olvidándote de mí poco a poco…
―Pues perfecto. Obviamente tu plan no ha funcionado. Porque mis sentimientos no son algo de lo que te puedas deshacer tan fácilmente, no importa cuánto te asqueen― dice, elevando la voz y levantándose, dispuesta a irse con paso fuerte y todo el enojo que tal ofensa merece. Kin-chan la toma de la muñeca, deteniéndola, y Kotoko lo mira con ojos afilados, furiosa. ―Suéltame― ordena. Kin-chan niega.
―No es cómo crees, tus sentimientos no me asquean, al contrario, yo…
―No necesito escuchar más, por favor, suéltame ahora mismo. Ya comprendo cómo te sientes y por tanto…
―¡Yo no puedo competir contra alguien como él!― grita de pronto, dejándola sorprendida por enésima vez en el día. Deja de forcejear, y su cuerpo se voltea ligeramente hacia él, sus ojos abiertos de par en par. Kin-chan está sonrojado, apretando la mandíbula tan fuerte que Kotoko casi y hasta puede escuchar el chirrido de sus dientes. Se nota que le cuesta admitir lo que está diciendo. ―Digo, mírame, ¿qué posibilidad tengo yo de competir contra alguien como él? Tanto en apariencia física como en inteligencia, soy apenas un grano de arena ante la inmensidad del océano. Y no te atrevas a mentirme Kotoko, te he visto, ¡sé que Irie también te gusta aunque no quieras admitirlo! Así que ni siquiera pienses en reclamarme en este aspecto, ¿de acuerdo?
Kotoko boquea, incapaz de comprender cómo las mesas han sido volteadas tan rápidamente. Cuando logra entender lo que ha sucedido, su boca cae, y su corazón empieza a latir a toda velocidad.
―Y-Yo… a-a-a mí… ¡no me gusta Irie-kun!― grita, completamente sonrojada. Casi no lo puede creer cuando Kin-chan rueda los ojos. ―¡Es verdad! Y no digas cosas como que no puedes competir con él, como si fuera que con eso él debería gustarme más que tú. Tú eres…
―Ni siquiera se te ocurra decirlo― le advierte, callándola con la mirada. ―No discutiré ese último punto ni ahora ni nunca. Y sí te gusta el genio. Todo este tiempo te he observado Kotoko. No pondría mis esperanzas en ti enamorándote de él sin tener ninguna clase de fundamento. Quieras admitirlo o no, has cambiado, y es ese cambio en el que confiaba. Sí, estuvo mal no decírtelo, mucho menos esperando algo como eso, no me justificaré más, pero no quería, y lo vuelvo a repetir, no quería lastimarte, nunca quise. Yo…― su voz va perdiendo volumen. Aquello que empezó tan determinado de pronto se vuelve inseguro, y mientras sus ojos caen al piso Kotoko siente como suelta su mano, dejándola estática ante todo lo ocurrido.
―Kin-chan…
―Yo… merezco que me odies. Y a pesar de eso no quiero― ríe amargamente, cubriendo su rostro con las manos. ―Lo siento tanto Kotoko. De verdad. Lo siento.
Guardan silencio por unos minutos más. Kotoko no sabe qué decir, y Kin-chan no abandona el refugio que ha creado con sus manos. Finalmente, ella suspira, sin saber muy bien qué hacer. Está molesta, ¿lo está? Sí, o quizás no. Es difícil determinarlo. Lo único que sabe, es que necesita tiempo para pensar. Y Kin-chan también.
Vino esperando obtener respuestas, y consiguió mucho más de lo que esperaba. Quizás más de lo que realmente deseaba.
―No te odio Kin-chan― habla, y puede ver cómo el chico se tensa ante sus palabras, pero no la mira, todavía avergonzado por todo el intercambio anterior. ―Creo… que estoy muy enojada contigo, pero no te odio. Tan sólo necesito un tiempo para pensar… sobre todo esto.
―Entiendo…― su voz suena baja. Deja caer sus manos a los costados y suspira. Sus ojos no tienen su típico brillo alegre cuando la miran, algo que hace que se le estruje el corazón de dolor. ―Cuando puedas… y si lo deseas, puedes decirme lo que sientes… una vez que lo hayas pensado. Yo… estaré esperando.
―Sí, pues… de acuerdo.
El silencio que sigue es incómodo. Se miran a los ojos por unos segundos más, hasta que Kotoko siente que no puede aguantar más de aquella tensión, y se da media vuelta, saliendo del gimnasio.
Diciéndole adiós, esta vez definitivamente, al que fue el más grande amor que ha tenido en su vida hasta el momento.
La fogata danza al compás de una suave melodía. Algunas parejas bailan, celebrando el final del festival con sonrisas, cubiertas por el parpadeo del fuego y sin muchas preocupaciones más que las tareas que han dejado para el lunes.
Kotoko los envidia. Vestida nuevamente con su uniforme, observa el baile con ojos apagados, preguntándose si está de algún modo maldita. O quizás sea aquel festival cultural. Dos veces ya han pasado sucesos que terminan por romperla durante ellos, pero mientras la primera vez el dolor era tolerable, gracias al pequeño pedacito de esperanza que guardaba para un futuro mejor, esta vez aquella no existe. El futuro se ve gris y oscuro. Se siente sola, rota, y por sobre todo, cansada.
Cansada de tanto llorar, de esperar siempre lo mejor.
Tan sólo quiere ir a casa y descansar, no volver a salir de su habitación hasta que el dolor y la desesperanza hayan pasado.
Pero no puede volver mientras no encuentre a Irie-kun. Después de todo, no quiere que se meta en problemas con su madre por no acompañarla a casa como lo había ordenado. Aun con toda la tristeza que alberga su cuerpo, recuerda su amabilidad más temprano en el día, y desea devolverla, sin importar que tan pequeña sea la acción.
Agradece al cielo no encontrarse con Satomi o Jinko, no se cree capaz de aguantar mucho más si las ve y le preguntan qué tal ha ido la conversación con Kinnosuke. Se oculta entre las sombras mientras sus ojos siguen buscando a la figura alta y esbelta del genio con el que vive, sin éxito.
―¿Dónde estás Irie-kun? Ya quiero volver a casa…― suspira, cabizbaja.
―Sí de verdad deseas saberlo, podrías simplemente llamarme― una voz dice a sus espaldas. Kotoko salta, lanzando un pequeño chillido. Voltea rápidamente y lo mira con expresión de espanto, una mano sobre su corazón, intentando calmar los latidos acelerados de éste.
―¡Irie-kun! ¡No me asustes así!
―¿Algo anda mal con tu teléfono? He estado intentando llamarte desde hace media hora por lo menos― el chico continúa hablando, sin prestar atención a la mirada acusadora que le lanza la chica. Bajo el resplandor de la fogata sus facciones lucen más filosas, masculinas. Kotoko se muerde el labio inferior, mirando el suelo con vergüenza.
―Se me acabó la batería…
―Ya veo.
No dicen nada más. Naoki empieza a caminar a la salida, Kotoko siguiéndole de cerca, un poco atrás, sin querer caminar a su lado del todo. Ignoran a los demás estudiantes que los ven pasar con curiosidad, y en poco tiempo están fuera del instituto, en camino a la estación de trenes.
Al abordar el tren, este se encuentra casi vacío por la hora. Kotoko se sienta, y no dice ni una palabra cuando Naoki toma el lugar a su lado.
El viaje en tren es igual de silencioso.
Es sólo cuando están por llegar a la residencia Irie que el chico se detiene abruptamente, haciendo que Kotoko choque contra su espalda por andar cabizbaja.
―¡Auch! ¿Qué sucede?― pregunta, sobándose la nariz. Irie no voltea a verla, por lo que Kotoko levanta las cejas, confundida. ―¿Irie-kun…?
―Estaba pagando un favor― comenta, con un tono tan casual como si estuviera hablando del clima. Kotoko frunce el ceño.
―¿Perdón?
―Hoy, cuando fui con esa chica a comer crepes, no fue una cita, tan sólo estaba pagando un favor― explica, por fin dándose media vuelta y mirándola a los ojos. Kotoko pestañea, inclinando la cabeza a un costado.
―De acuerdo… ehm, ¿por qué un favor? Quiero decir, ¿qué clase de favor?― pregunta sólo para hacer conversación. La verdad es que con todo lo que ha pasado en el día, ya se había olvidado por completo de la cita con aquella chica que en su momento le había molestado tanto. Pero le causa curiosidad el por qué Irie traería a colación ese tema de vuelta, cuando antes había dejado en claro que no le diría nada.
Irie suspira. ―Presté unos cuántos libros de ella. Cuando se los devolví, me pidió que durante el festival fuera a comer crepes con ella como pago. Nada más.
―Ah…
Irie suspira, quizás esperando alguna otra reacción, pero antes de que Kotoko pueda fingir estar más interesada para darle el gusto, siente el dedo pulgar del chico bajo uno de sus ojos, acariciando suavemente y dejándola sorprendida.
Irie acaricia un poco más, mirando el punto dónde sus dedos tocan en lugar de a sus ojos. ―Has estado llorando― dice. Kotoko se queda callada. Irie baja su mano y por fin conecta su mirada con la de ella. ―No tienes por qué decirme nada, pero quiero que sepas que estoy aquí, incluso si no soy quien esperabas.
Y sin decir nada más, da media vuelta y vuelve a caminar. Kotoko tarda un poco más en seguirle, quedándose en su lugar por unos segundos, mirándolo pensativa y algo sorprendida. Finalmente, y cuando ya se está alejando demasiado, emprende nuevamente camino, siguiéndolo a una distancia prudente, sus ojos repasando el perfil de su espalda.
Naoki Irie le gusta. No lo suficiente, pero le gusta.
Kotoko decide en ese mismo momento no forzar las cosas entre ellos ni con sus sentimientos, y sólo dejar que todo siga su ritmo. No cometerá el mismo error que con Kin-chan. Si pasa, pasará, y si no, entonces no estaba destinado a ser.
Es así de simple.
NA: Bueno, pesado, ¿no? Ahora comprenden porqué me tardé tanto, espero. La conversación con Kin-chan en especial fue muy difícil, pero creo que conseguí un resultado medianamente aceptable.
¿Qué les pareció el capítulo? No hubo mucha interacción entre Kotoko y Naoki, pero como dije, este capítulo es importante para el curso que tomará la historia de ahora en adelante. La escena final quizás les pareció un poco carente en comparación al resto del capítulo, pero lo hice a propósito para demostrar el estado emocional en que fue dejada Kotoko después de la conversación con Kin-chan. Vacía. Triste. Igual, ahora tiene una nueva resolución, y el modo en el que se acercará a Irie será distinta a como ha sido durante toda la historia. Ya verán de lo que hablo en el siguiente capítulo.
Ahora sí, ¡hasta la próxima!
