Una vez que despedimos a Haymitch, subimos a ducharnos. Claro que lo hicimos por separado. Vale, No. Sí, nos hemos duchado juntos.
Nos recostamos y dejamos llevarnos por los sueños, por primera vez en mucho tiempo duermo continuamente, sin pausa, sin pesadillas. Cuando me levanto siento una paz antigua, una que Katniss Everdeen solo sentía en sus momentos con Gale en el bosque, o en las noches entre los brazos de su compañero de distrito Peeta. Katniss Mellark no ha sentido esta paz desde que finalizó la revolución. Es cierto que Peeta calma mis pesadillas pero no puede eliminarlas del todo. Hoy siento que si lo hace, hoy siento que él y mi hija se han unido para darle paz a mis días y mis noches.
El sol se deja asomar por la ventana y se filtra un rayo de luz entre las cortinas. La pequeña chispa se posa sobre el rostro de Peeta. Frunce el ceño lo cual me hace reír. Le hago sombra con mi mano y vuelve a relajar la expresión pero al cabo de dos minutos abre los ojos, me mira y sonríe. Posa su mano sobre mi mejilla y, como si fuera Buttercup, me pego a ella buscando calor y caricias. Cierro los ojos para apreciar mejor el suave tacto, es maravilloso. Su mano viaja por mi mejilla, sube por mi nariz, se desliza en mis parpados, continua en mi frente y vuelve a descender hasta mi carrillo izquierdo, para luego bajar a mis labios y finalmente a mi barbilla. Noto como Peeta levanta con suavidad mi barbilla y como aparece un tacto aun mas fantástico sobre mis labios. Me ha besado cientos de veces y de millones de maneras distintas, pero, este beso casto, dócil y lento es definitivamente uno de mis favoritos.
-Buenos Días- susurra sobre mis labios- No has tenido pesadillas ¿Real o no?
-Real.- Vuelvo a sentir el mismo tacto sublime sobre mi boca y me apresuro a hacer que perdure. Esa vez las lenguas entran en escena.
-¡Ay!- grita mi chico del pan de repente y me aparta para luego quitarse las sabanas de encima- ¡Buttercup eso duele!
-¿Te ha arañando?- asiente- Gato estúpido, debí matarte en cuanto podía.
-No creo que pudieras- se rió y levantó al apestoso gato, luego lo sostuvo en el aire y lo sacudió mientras vitoreaba-: ¡El es Buttercup, el inmortal!
-Veremos que tan inmortal es cuando pueda volver a cazar- reímos- A propósito ¿Qué era eso de… tiro al blanco?
-No seas impaciente, ya lo construiré.- lo beso y siento como deja caer al animal para tomar mi rostro entre sus manos. La niña me da una patadita.
-Creo que te dice buenos días- informo cuando nos separamos. Peeta se acerca a mi vientre y se pone a susurrar -con una voz mitad ridícula, mitad normal- un montón de cosas a la niña. Ella reacciona ante su vocablo como una palomita de maíz reventando.
El teléfono suena y Peeta se inclina para recogerlo pero el gato se lo aparta de un manotazo juguetón y soy yo la que termino atendiendo.
-¿Haymitch?
-¡No me confundas con ese ebrio, maldita descerebrada!
-¿Johanna?- Peeta me mira interesado.
-¿Cuándo pensabas decirme que estabas embarazada?- Gruñe- Mejor dicho ¡¿Cuándo pensabas decirme que habían llegado a segunda base?!
-¿Segunda base?- no la entendía.
-¡No me contaste que habías perdido la virginidad!
-¡Tengo veintiséis años y soy casada! ¿Qué esperabas?
-Bueno, de ti puedo esperarme cualquier cosa. ¡Tienes cinco meses! ¡Debiste contarme al primer día!
-¡Me enteré al tercer mes!
-¡Me lo hubieras dicho al tercer mes! Maldita descerebrada.
-Cierra la boca.
-Pon al padre al teléfono- Aun mascullando entre dientes, di el auricular a Peeta.
-Quiere hablar contigo- Tomó el objeto y se lo colocó en la oreja.
-Hola Johanna- Mi chico del pan apartó el teléfono de su oído, signo inequívoco de que también a él estaba gritándole.- Johanna tranq… ¡Ah! Deja ya de gritar. No. No me había dicho nada hasta el tercer mes. Ni siquiera lo sospechaba. Bien. Ahora te la paso.
Tomé el teléfono nuevamente.
-¿Qué?- refunfuñé.
-Estoy en la estación de trenes. Voy al doce. Nos vemos en un día.- colgó.
-¡¿QUÉ?! ¡JOHANNA! ¡JOHANNA!- gruñí exasperada- maldita descerebrada me colgó.
-¿Qué te ha dicho?
-Que esta de camino al 12.
-¿Es enserio?
-Si- sonó el teléfono- aguarda. tal vez aun podamos frenarla. Debe ser ella.- atendí- ¿Johanna?- El gritó alegre y ensordecedor de Effie me llegó desde el otro lado del teléfono.- Effie…
-¡Mis vencedores! ¡Mis vencedores serán padres! ¡Felicidades!- Tanto Peeta como yo dijimos gracias. Su voz se escuchaba a kilómetros-¡Katniss no puedo creerlo! Una niña, apuesto a que será preciosa. Estoy segura de que heredará lo mejor de cada uno: la dulzura de Peeta, la amabilidad de Peeta, los ojos de Peeta, el cabello de Peeta…- se dio cuenta de que yo no tenía mucho que heredarle- deja ya.. Será buena niña salga como salga. Eres guapa, Katniss. Tal vez saque tus facciones. Esperemos que no los modales y el carácter.
-Sí, gracias Effie.
-Tengo que colgarte. El tren está llegando al andén. ¡Nos vemos mañana!
-¡¿MAÑANA?!- Cortó- ¡Effie!- miré a Peeta con desesperación.
-Adivino: Effie también viene al 12.- se pasó una mano por el cabello- tendremos v isitas…- sonó el teléfono. Atendí con cuidado.
-¿Hola?
-Katniss. Soy yo.
-Mamá… supongo que has recibido la imagen.
-Sí. Me ha sorprendido tanto como el tiempo que has tardado en contármelo. Cinco meses, Katniss Everdeen.
-Mellark- corregí- y me enteré al tercer mes. Luego me tuvo sin cuidado quien lo sabía y quién no. Además no me apetecía decírselo a alguien que se marchó y me dejó sola- Peeta clavó sus ojos sorprendidos en mi. Tenía que decírselo. No importa el dolor que sintiese. Ella tenía dos hijas y juntas habría sido más fácil lo de Prim.
-Katniss… lo siento.
-No digas que lo sientes.
-Tú hermana…
-¡Yo también amaba a Prim mamá! Seguro que más que tú. Pero no tenías porque dejarme así. Tenía diecisiete años. Estaba sola, sin más compañía que Sae la grasienta hasta que llegó Peeta. Eres mi madre. ¿Cómo fuiste capaz de dejarme?
-¿Por qué nunca me dijiste esto antes?
-¡Porque no era madre! Mejor dicho, no estaba a punto de serlo. No sabía lo que era amar a un hijo y creí que el amor de padres no era suficiente como para tener que soportar estar en el 12.
-Katniss… dame el teléfono- Peeta me lo arrebató de las manos- Señora Everdeen, soy Peeta. Bien. Todo marcha sobre ruedas. Descuide, se le pasará. Está dolida, solo deben sentarse y hablar.- no lo haría nunca- Claro, me gustaría mucho. Necesitamos alguien con experiencia- no estaría hablando de que venga ¿Verdad?- La estaremos esperando. Hasta mañana entonces- cortó.
-¡Estas de broma, Peeta!
-Es tu madre. Arregla las cosas- suspiró, me miró a los ojos y luego habló otra vez- si la mía estuviese viva intentaría mejorar nuestra relación. – Pienso en la bruja que Peeta tenía por madre. La mía no es tan terrible ni de lejos. Tal vez tenga razón, tal vez.
Vuelve a sonar el teléfono y mi chico del pan se apresura a atender, pero yo le quito el auricular de las manos.
-Hola- atiendo y una voz dulce, entrecortada y nerviosa me llega desde el otro lado.
-Hola- me saluda el tímido vocablo de Annie-Seguramente sabes por qué llamo.
-Sí, creo que sí.
-Felicidades…-suspira- Me alegro mucho por ambos y les deseo lo mejor. Estoy segura de que Finnick les desearía lo mismo.
-Gracias, Annie.
-Alguien quiere hablar contigo- sé de sobra quien es ese alguien. El pequeño hijo de Annie y Finnick nació cuando yo ya tenía dieciocho años. Debe de poseer por lo menos siete u ocho años. La suave voz me llegó como una nota musical de Rue. De pronto recordé a Finnick con sus bromas, sus seducciones, su sensibilidad y sus secretos. El suave saludo del niño, un simple hola, me llegó directo al corazón.
-Hola- respondí con voz temblorosa- ¿Cómo estás?
-Bien- parecía ser tímido- ¿Tu tendrás un bebé?
-Una niña.
-Vale- podía imaginármelo, con los ojos, la piel y la sensibilidad de Finnick y el cabello, la ternura y el despiste de Annie- Buena suerte.
-Gracias.
-¿Katniss?
-¿sí?
-¿Podría jugar con ella?
-Desde luego, aunque serás más grande cuando ella tenga edad para jugar- sería un adolescente.
-No importa- aseguró- Quiero cuidarla.
-¿Por qué?- me atrevía preguntar. La verdad es que me había sorprendido.
-Porque mi padre cuidaba de ti. Eso me ha dicho mamá ¿Es cierto?- me tomé un momento para responderle. Un momento en el que pensé en Finnick.
-Tu padre cuidaba de todos. Cuidarme era su trabajo.
-Solo en el vasallaje. Después continuó protegiéndote.
-Es cierto. Vale, puedes defender a mi hija si quieres.- el niño parecía extremadamente inteligente y maduro para su edad.
-Gracias. Adiós.
-Adiós…- supuse que me pasaría con Annie nuevamente pero colgó. Tal vez su madre estuviese teniendo una crisis justo en ese momento. Miré a Peeta y hablé-: Eran Annie y su hijo. Nos desean buena suerte. Tranquilo, no vendrán mañana- mi chico del pan dejó escapar una sonrisa de alivio y desilusión. Annie era una de las únicas personas a las que recibiríamos con los brazos abiertos.
En lo que transcurrió el día, llamaron todas las personas que recibieron cartas. Flavius alabó a nuestro bebé como si ya hubiese nacido, Venia nos felicitó por lo menos cien veces y Octavia no cesaba de llorar. Todas menos Annie llegarían mañana a nuestra casa.
Buttercup se refregó en mi pierna y o levanté del suelo.
-Prepárate, Gato- le dije- Mañana será un día agitado- bajó las orejas en actitud defensiva y lo odie. Estaba segura de que él haría lo que yo no podía: huir al bosque.
