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La entrada del túnel

Hermione Granger no podía creer lo que le estaba pasando: justo cuando iba por muy buen camino en la investigación, el Ministro de la Magia la había despedido. ¿Tenía alguna relación el mandamás de la magia con el caso Malfoy? Ahora que tenía libertad absoluta (el señor Wilson permitió que continuara con su investigación) para investigar, ya no tendría las presiones de la Oficina, sino que podía disponer de todo el tiempo que ella estipulase conveniente para formular alguna conclusión con peso en la investigación y formular acusaciones según fuera el caso. Sin embargo, había una cosa que no la dejaba pensar y que hacía humear su mente.

¿Cómo rayos alguien se enteró que ella y Ginny estaban en la misma habitación? No había nadie mirando… y jamás tuvieron sexo entre ellas. Su amiga le había dicho que aquel episodio había sido un mero sueño, que se había quedado dormida viendo una película y fantaseado con la pelirroja. ¿Y si no había sido un sueño? ¿Y si Ginny le hubiera mentido? No, no era posible. Su mejor amiga no le jugaría chueco de esa manera, no hubiera jugado con sus sentimientos. Se puso en el lugar de los hechos y recreó toda la habitación. Las ventanas estaban cerradas… pero las cortinas no estaban corridas. Un descuido menor pudo haber inducido a algunos mirones curiosos a ver. Pero, si Ginny estaba diciendo la verdad, sólo las hubieran observado durmiendo juntas. Y si ella estuviera mintiendo, las hubieran visto en pleno acto sexual. ¿Confiaba realmente en su amiga?

En un acto de fe, le dio crédito a Ginny. Era lógico: el Ministro la había despedido, era la única persona investigando el caso Malfoy y surgieron testigos sugiriendo que ella y su amiga habían hecho el amor. Todo esto sonaba a campaña de desprestigio pero, ¿quién estaba tan empecinado en sacarla del medio? Todo esto era muy confuso: primero, el Wizengamot había omitido los otros asesinatos para que Malfoy quedara libre, y ahora, alguien se esforzaba por meterlo tras las rejas. ¿Qué significaba todo esto? ¿Había intereses mezclados en alguna parte?

Llegó a la mansión Malfoy y vio que Draco estaba leyendo el diario, el mismo que le había mostrado el señor Wilson. Cuando sintió los pasos delicados de la castaña, bajó el periódico y la miró a la cara, como si le fuera a decir algo particularmente fuerte. Estaba en pleno proceso de cambio y, lo último que quería escuchar de Draco era una reprimenda.

—¿Cómo es posible que te acusen de algo tan pecaminoso como eso? —preguntó él, sorprendido por las cosas que afirmaba el diario—. No tuviste sexo con ella, ¿verdad?

—No —negó Hermione.

—Hermione. No me importa si te acostaste con Ginny o no. —Draco arrugó el diario y le prendió fuego con la varita—. Me enseñaste a no ser prejuicioso y no lo estoy siendo. Te quiero tal y como eres.

Ella no sabía qué decir. Que él ahora le esté dando muestras no sólo de cariño, sino también que de apoyo, eran una de las cosas que normalmente quedaban fuera del perfil de Draco Malfoy. Ahora, ya no estaba viviendo con un enemigo, sino con un amigo, en quien estaba empezando a confiar más y más. Al menos, ya sabía a quien acudir cuando la acosaran mucho. Harry era un gran amigo pero, Draco estaba más cerca y mostraba vestigios que quería intentar ser diferente, de ser una excepción a la rigurosa regla Malfoy. Tal vez motivado por la ausencia de su ente controlador, su padre, ahora podía manejar sus propias riendas, domar su propio destino.

El rubio encendió la televisión mágica y, con la varita, puso el canal de las noticias. Para irritación de los dos, de lo único que hablaban era del suspuesto romance entre Hermione y Ginny. Mostraban pruebas que se podía ver a todas luces que eran falsas, lo que reforzaba su teoría de una conspiración para meter a Draco Malfoy, un hombre inocente, tras las rejas. La mente de Hermione extrapoló todas sus teorías a la idea de una conspiración dentro del mismo Ministerio. ¿Por qué querían los altos personeros que Draco Malfoy estuviera en Azkaban? ¿Qué ganaban con eso? Era una pregunta fácil de responder: tener al Mortífago libre más peligroso de cuantos sirvieron a Voldemort constituía una victoria sin precedentes en la historia y erradicarían el último rastro de Voldemort de la faz de la tierra. La comunidad podía respirar tranquila por primera vez en siete años. Pero, ¿por qué lograr la paz a través de mentiras y no a través de la verdad? Por supuesto, aquella personas que tienen poder, no les gusta complicarse las cosas y optan por el camino fácil: mentir, ocultar, engañar… y tenían los medios para hacerlo. En cambio, si decían la verdad, la gente no los acompañarían y querrían la renuncia del Ministro y sus asesores y perderían sus puestos de poder. Era una cosa muy sencilla… y ahora tenía que individualizar a los hombres que estaban detrás de todo.

Y no iba a ser fácil.

Hermione y Draco se aburrieron de las noticias parciales que veían por la televisión y la apagaron. No querían tener nada que ver con las noticias triviales y carentes de coherencia que desfilaban por la pantalla. Fue en ese momento en que la puerta sonó. Draco, desconcertado, fue a abrir la puerta y vio a una mujer famosa por "pinchar reputaciones demasiado infladas".

—No la queremos en nuestra casa —dijo Draco con voz seca. No logró intimidar a la mujer.

—Ah, no se preocupe, señor Malfoy —dijo la mujer—. Tal vez tenga interés en ver esto.

La mujer mostró un documento oficial del Ministerio en el que se autorizaba una entrevista con Hermione Granger, firmado por la Oficina de Libre Prensa del Ministerio.

—Ahora, ¿qué me dice?

—No me importa. —Draco iba a cerrar la puerta cuando ella puso un pie para evitar dejarla en la calle. Su rostro estaba lleno de presunción y era muy molesto verla colocar esa cara, como si todos los demás fueran hormigas.

—Vaya, señor Malfoy. Esos modales no se los enseñó mi querido amigo Lucius. Este documento expresa claramente que si no me conceden la entrevista, la señorita Granger y usted, señor Malfoy, serán arrestados por no cumplir con la ley de prensa mágica.

Hermione, quien había permanecido sentada en la sala de estar, acudió a la puerta y desenfundó su varita, intuyendo quien estaba molestando a Draco.

—Sabía que eras tú —dijo Hermione, blandiendo la varita en contra de la reportera—. Debiste haberte quedado en tu madriguera, haciendo trabajos deprimentes, después que te obligué a mostrarle al mundo que Harry no estaba loco.

—Si no me concedes esta entrevista, volverás a Azkaban, donde tu viejo amigo Lucius —dijo Rita Skeeter con voz melosa. Hermione tembló al escuchar ese nombre. Era como si ella hubiera abierto una herida cerrada hace tiempo—. Será mejor que me deje entrar.

—¿Para que usted tergiverse las cosas que yo diga y las ponga en mi contra? Usted es famosa en eso.

—Nada de cositas raras aquí. Considérelo mi venganza por lo que me hizo hacer en Hogwarts.

A pesar que estaba totalmente en contra de la entrevista, no le quedaba otra alternativa que acceder. Si no lo hacía, hasta en Azkaban hablarían de la "ramera". Si creían que estaba tan desesperada como para acostarse con una mujer, los demás internos pensarían que se revolcaría con cualquiera. Era peor que todos hablaran de ella como una lesbiana sin remedio, así que optó por el menor de los males.

Hermione hizo un ademán para que Rita pasara.

—No —le dijo Draco, mirando con tristeza a Hermione.

—Déjala. Puede ser una imbécil pero, es lo mejor. —Ella se sentó en una de las butacas y Rita acercó una frente a ella para estar más cómoda en la entrevista.

—Así que… —comenzó Rita Skeeter, mojando la pluma a vuelapluma que había arruinado tantas vidas como el mismo Voldemort y tendiendo un pergamino sobre sus piernas—, usted estuvo en Azkaban y fue violada por Lucius Malfoy, ¿verdad?

—Es un secreto a voces. ¿Para qué querría saberlo? —gruñó Hermione.

—Pero fue este joven quien pagó su fianza, ¿no es cierto?

—Así es.

—¿Por qué?

Hermione sintió que ese era un punto álgido.

—Porque yo le ayudé a liberarlo.

—¿Y cuales fueron los motivos que la indujeron a defender a un peligroso Mortífago?

—Es mi trabajo. O mejor dicho, era. Defender a los enjuiciados. Soy abogada —dijo Hermione sarcásticamente. Rita no hizo ningún comentario.

—¿Y vive bajo la tutela de este Mortífago?

—Es cierto.

—¿Y no ha pasado nada entre los dos?

Hermione temió que le preguntaran acerca de un posible romance con Draco Malfoy. Aquello sería una bomba en la prensa rosa… y también en la política.

—Nuestra relación es meramente de convivencia asistida.

—¿Convivencia asistida?

—Significa que estoy de allegada en una casa determinada por la oficina en la que yo trabajaba.

—¿No estará tratando de ocultar un romance con él?

—No, sólo somos amigos —dijo Hermione, murmurando para sí que era una pérdida de tiempo decir que eran amigos cuando la pluma que usaba Rita iba a escribir que llevaban como dos meses de noviazgo.

—¿Y de su noche de pasión con la señorita Weasley?

—Sólo dormimos juntas, no hicimos nada raro.

—Pero hubo testigos —arguyó Rita.

—Posiblemente chantajeados por el Ministerio.

—Esa es una grave acusación, señorita Granger —le advirtió Rita con aquel molesto rostro de superioridad.

—Sé cuando una acusación es grave, gracias. Además, es sólo una posibilidad.

—¿Tiene pruebas fehacientes?

—Más que eso.

—Me gustaría verlas.

—Eso sería una violación a la Ley de Investigación Mágica —dijo Hermione, con voz triunfal—. Y esa ley prioriza la privacidad de los documentos legales concernientes a los expedientes de personas enjuiciadas.

—Ah, ya veo. —Rita no pensaba echarse a morir por algo tan nimio—. Pero eso no quita que esté tratando de poner en libertad a un Mortífago peligroso.

—Insisto, no es peligroso. Si fuera así, entonces no estaría dando esta entrevista no yo estaría viva en este momento.

Rita no supo qué decir. La castaña la había dejado en mala posición. Sabía que ella tenía razón y no podía rebatirle de ningún modo. Recurrió a todo su arsenal de desprestigio.

—¿Y dice usted que nunca tuvo sexo con Ginevra Weasley?

—Así es. Nunca lo tuve.

—Bien. Es todo lo que necesito saber. Ahora, si me disculpa, tengo que marcharme. Esto le interesará a todas las prensas. Nos vemos, si es que no la mandan a Azkaban de nuevo. —Y Rita cerró la puerta tras ella. Hermione no podía disimular su alegría de haber puesto una vez más en su lugar a Rita Skeeter. Podía ser una pinchadora de reputaciones pero, tenía el cerebro del tamaño de una cucaracha. No vio que debajo del sillón donde estaba sentada ella, había una grabadora que registró toda la conversación. Así, podía comparar las declaraciones que anotó la traviesa pluma de Rita y las declaraciones verídicas que ella había escuchado.

Hermione sacó la grabadora de debajo del sillón y escuchó toda la conversación. Después rió para sí.

—Bueno, creo que Rita va a meter la pata muy hondo en la barro —dijo Hermione, caminando hacia la escalera y subiendo por ellas y yendo a su habitación. Abrió un espacio hueco dentro del cajón y metió la grabadora dentro de ella y le aplicó encantamientos de alarma de proximidad para que nadie pudiera tener acceso a ella sin que ella lo supiera. Por supuesto eran encantamientos de corte muy avanzado, que muy pocos magos comunes sabían hacer, por lo que respiró tranquila. Bajó otra vez y se halló la sorpresa que Rita había vuelto y la esperaba, con una sonrisa macabra en sus ojos.

—¿Sabía que las conversaciones grabadas eran inadmisibles en las cortes? Supongo que una abogada como usted lo sabría.

Hermione pensó que se trataba de una broma.

—Claro que lo son. Cuando las grabaciones han sido alteradas, recién ahí son inadmisibles. Tienen que pasar una serie de pruebas para determinar que no haya cosas raras en la grabación. Mala suerte otra vez.

Y le cerró la puerta en la cara.

De todas maneras, no tenía nada más que hacer en la casa.

—Vaya. Eres brillante, Hermione —dijo Draco.

—No me digas que no lo sabías. —Hermione sacó un poco de monedas de oro y se puso su abrigo—. ¿Quieres almorzar en el centro?

—Bueno… está bien —accedió Draco, contento.

El rubio también se puso su abrigo y los dos salieron, caminando por la calle, sin mirar a aquellos que los observaban, incrédulos. Sólo no había que darles ningún motivo para que pensaran que eran novios. Doblaron una esquina y pudieron ver a un ejército de fotógrafos que los esperaban.

—No les hagas caso, Draco —le susurró Hermione, sin acercarse a su oído. El rubio asintió y ambos reanudaron la caminata, ignorando los flashes y las preguntas de los reporteros. Una sesión de entrevista con Rita Skeeter ya era suficiente como para no ser entrevistada por un mes. Cuando vieron que los fotógrafos y demás se iban resignados, Hermione sonrió.

—La indiferencia es la mejor herramienta contra la prensa.

—¿Y no van a pensar que nosotros estamos saliendo juntos?

—Ah, por favor —dijo Hermione—. Mientras no nos besemos ni nos demos muestras de cariño mutuo, estaremos bien. Ah, allí hay un buen restaurante.

Ambos entraron y escogieron una mesa cerca de la ventana, para mostrarles a la prensa que no tenían nada que ocultar. Ordenaron aperitivos, platos fuertes, acompañamientos y postres. Todo un almuerzo. Hermione pagó por adelantado más una propina generosa. Esperaron un momento mientras llegaba la comida.

—Oye Draco —comenzó Hermione, poniendo las manos sobre la mesa. El rubio pensó que tenía manos hermosas y estuvo tentado por momentos en tomarlas y besarlas, diciendo que era un gesto de cortesía, pero Hermione dijo nada de gestos de cariño—. Me gustaría saber si te ha gustado a alguien en tu vida.

—Alguna vez me gustó Pansy Parkinson pero, resultó que ella era muy dejada a llevar. Sólo quería estar conmigo para lucirse. En esos momentos, el que quería lucirse era yo. Por eso es que buscaba a las chicas más lindas del colegio que fuera aproximadamente de mi edad. Desafortunadamente, ninguna chica de Slytherin era hermosa. Tuve que buscar en otro lado.

—Sí. Ahora me acuerdo —dio Hermione—. Apenas pude creer que te hayas atrevido a salir con Cho Chang después que terminó con Harry. No me extraña, pues ella era una de las chicas más lindas del colegio. Lástima que haya muerto.

—Nadie sabe qué fue lo que la mató —añadió Draco, inquieto.

—Tal vez se revolcaba con muchas mujeres. Cuando vio que los hombres le aburrían, probó con las mujeres y se involucró con mujeres extrañas. Después de eso, su saludo empeoró. Tal vez fue aquel síndrome del que todos los muggles hablan.

—¿Qué síndrome? ¿Qué es un síndrome?

La comida había llegado y ambos tomaron los cubiertos para comer. Era evidente que iban a pasar mucho tiempo en el restaurante.

—Un síndrome es un conjunto de síntomas relacionados entre sí —respondió Hermione en el característico tono de entendida—. Y creo que lo que le dio a Cho, fue una enfermedad terrible, que no tiene ninguna cura en ninguno de los dos mundos. Por suerte para nosotros, tenemos mucha magia en nuestro cuerpo para que el virus pueda desarrollarse y sólo cuando estamos muy deprimidos ese bicho nos afecta de manera considerable… y cuando aquella depresión se prolonga por mucho tiempo, ya es demasiado tarde.

—Es horrible —dijo Draco, de pronto asustado, lo cual gatilló la acción refleja de tomar las manos de Hermione. Cuando vio lo que hizo, las quitó rápidamente.

—Lo siento —se excusó.

Hermione no dijo nada. Luego, extendió sus manos y tomó las de él.

—No importa. De hecho, ya no me importa lo que me digan los medios de nosotros. —Hermione miraba a Draco a los ojos, aquellos ojos que hace un mes eran tan fríos e intimidatorios y que ahora mostraban una cálida llama—. Si el amor se trata de tomar riesgos y creer en algo que aparentemente es imposible, entonces yo te amo verdadera, loca y profundamente (Aquí creo conveniente escuchar la canción Truly, Madly, Deeply, de Savage Garden. ¿Quién no la conoce?) Quero creer que te has transformado en alguien que no me esperaba encontrar. No me importan los prejuicios ni los comentarios fuertes. Mi amor por ti es incondicional.

Draco no podía tragar la comida. Aquella declaración no se la esperaba ni en sus mejores sueños. Si antes estaba con una mujer hermosa para lucirse, ahora quería estar con una mujer hermosa para ser feliz, sin importar lo que pasara.

—¿No crees que estamos apurando las cosas? —preguntó Draco, poniendo toda la cautela posible.

—Draco, ya somos adultos. No podemos ocultar lo que sentimos. Y cuando ya no lo podemos ocultar, significa que es tiempo del amor, de querernos y de aceptarnos como somos.

—Tienes razón.

Apenas terminaron con sus comidas, Hermione dejó otra propina generosa y ambos salieron del restaurante y pasearon por las calles céntricas de Londres, hallando una plaza enorme, con árboles y flores hermosas. Buscaron un banquillo y en uno cerca de la pileta central, donde los esperaban una avalancha de fotógrafos. Ambos no querían ocultar nada por eso, ignoraron a la prensa y se miraron fijamente.

—¿Es tiempo? —preguntó Draco, arrastrando las palabras pero seductoramente esta vez, sin un gramo de sarcasmo o animosidad en sus palabras.

—Creo que sí.

Y ambos se besaron.

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Cuando llegaron a la mansión, Draco vio que tenía un correo de parte de Rita Skeeter. Lo abrió y vio una cinta de video que decía "Vas a perder, Granger". Curioso, Draco puso la cinta en la videocasetera y Hermione pudo ver que se trataba de lo que había pasado recién en la plaza. Después de unos momentos, la imagen cambió por una vista desde un departamento cercano cómo ella estaba de espaldas en una cama, con la cabeza colgando de ella y más a la izquierda, estaba Ginny, estimulando sus partes íntimas.

Hermione sintió que el mundo le caía encima cuando vio el video.

Eso significaba una sola cosa…

Ginny le había mentido.

Después, cayó de rodillas y se puso a llorar.