Bueno, ya estamos en el capítulo 10, todo un éxito, y se sobreviene un giro interesante. Bueno Love, creo que aquí los dos nos conocemos, no me sorprende nada que me digas eso. Intuyo que este capítulo es lo que vienes esperando.
Bella
Estaba preocupada, sinceramente. Sabía lo que Emma y Regina planeaban, y me causa verdadero pánico pensar en cómo atacarían a las últimas personas con las que podía contar para liberarme. No quería pasarme toda mi vida siendo la criada de Regina.
La puerta se abrió de par en par, y entró una mujer vestida de rojo, que encajó su mirada directamente hacia mí. Me estremecí. Will me había hablado de Anastasia, y sin embargo, se había quedado corto. Regina daba más miedo, pero a ella ya estaba más acostumbrada.
_ Así que eres Bella._ Se plantó delante de mí. Por alguna razón, mis piernas no me respondieron. _ Sabes... había pensado acabar con Will... y la reina de corazones me convenció de lo contrario. Y ahora... Emma me ha ordenado que me vengue sobre ti.
Le habría dicho que se lo pensase mejor, que aquello la destrozaría, pero me había dicho que Emma se lo había ordenado, y si alguien sabía bien que era imposible desobedecer una orden cuando ella te lo ordenaba usando sus hechizos, esa era yo. Extendí las manos y la miré.
_ Adelante, mátame... no temo a la muerte.
_ No voy a matarte._ Se rió._ Eso sería rápido y no ganaría nada.
_ ¿Qué vas a hacer, entonces?_ Pregunté.
_ Tú te acostaste con Will... y ahora yo me acostaré contigo. No pienso quedarme sola.
Llegados a ese punto, el respeto que me tenía a mí misma había desaparecido hace mucho. Oía a Emma y Regina acostarse a todas horas, y Emma en persona me había prohibido que me diese placer a mí misma. Por eso temía su siguiente orden.
_ Quítate la ropa... despacio. Quiero disfrutarlo.
Anastasia se sentó en el sofá, y yo la seguí al salón. Lo cierto es que aquello asesinaba el poco amor propio que me quedaba, y suponía que si Emma no estuviese con Regina, lo habría hecho ella misma. Cuando me terminé de desnudar Anastasia miró a mi sexo, brillante de la humedad que tenía, y se rió con ganas.
_ ¿Estabas ansiosa por verme, acaso?_ Se burló, quitándose el vestido.
_ No... yo sólo...
_ Sé sincera._ Me dijo.
_ Emma me prohibió tocarme... estoy frustrada.
_ Tendremos que solucionar eso._ Me susurró al oído.
Aquella desconocida bajó hasta mi más profunda intimidad y metió la cabeza en ella sin el menor respeto. Empezó a lamer mi sexo y yo me estremecí. Nunca había tenido una mujer allí abajo. Mi cuerpo respondía positivamente a sus estímulos. Noté como sus manos aferraban mi culo y no pude reprimir el impulso de llevarme las manos al pecho.
Me masajeaba al mismo ritmo al que ella lamía mi sexo. Al principio fue lento, sin prisas, pero más tarde Anastasia fue acelerando la forma en la que me daba placer y no tardé en encontrarme martirizando mis pechos sin compasión y permitiendo que clavase sus uñas en mi culo. Sus labios se aferraban a los de mi entrepierna, mordían mi clítoris. En resumen, me enloquecían.
Cuando estallé en mi primer orgasmo en varias semanas, me temblaron las piernas y me caí sobre el sofá. Ana se me echó encima y me miró a los ojos, sonriendo con suficiencia. Me había rendido, ella lo sabía, y se iba a aprovechar de ello. Eso lo tenía seguro.
_ ¿Lista para otro asalto?
Emma Swan
Por fin se abrieron las puertas. Cora salió, en solitario. Yo sabía que dentro de esa casa estaba Maléfica. ¿Acaso a la dragona le daba miedo que la hiciéramos pedazos? Hacía bien en asustarse, porque no iba a durarnos un sólo asalto, menos si se encontraba sola. Yo sonreía, confiada. Mostraba mi piel dorada con orgullo, mostrándome lo más imponente posible. Quizá, y con suerte, le entrase tanto pánico que no se atreviera a atacar.
_ De modo que estáis aquí. Siento haberos hecho esperar._ Cora parecía confiada._ Empezaba a pensar que ya no vendríais .
_ ¿Vienes sola?_ Pregunté._ Juraría que estabas acompañada ahí dentro.
_ Pero esto no tiene que ver con Maléfica. ¿Verdad? Es a mí a quién queréis. Yo soy la razón por la cual estáis aquí. No ella. De modo que... Simplifiquemos.
_ Oh... ¿Quieres ser práctica?_ Me burlé.
_ Cuando tienes el corazón en su sitio, piensas mejor las cosas. En tus errores. Me he ganado que Regina quiera matarme. No es la primera vez, después de todo. Aunque al menos tú eres una asesina de la que estar más orgullosa. ._ Dijo, volviéndose hacia a Regina. _El pirata que mandaste la última vez no merecía ni mi atención. Fue bochornoso.
_ ¡Deja de fingir que eres mi madre!_ Estalló Regina.
_ ¡Pero es que soy tu madre!_ Contestó ella, elevando más el tono._ Y tú mejor que nadie deberías entender que quiera redimirme para ti.
_ No sé qué eres._ Regina estaba cada vez más tensa._ Pero no puedes ser mi madre. Mi madre no sería tan estúpida como para venir aquí sin un plan .
_ ¿Y quién te dice que no tenga uno?_ Me tensé al escuchar aquello. Regina aferraba con fuerza mi daga.
Maléfica
Robar no se me daba demasiado bien. No era para lo que me habían enseñado. En cualquier caso, colarse en el mansión de Regina no entrañó tanta dificultad como creía en un principio. Para cuando quise darme cuenta me encontraba dentro. Escuchaba voces, y no podía permitirme el lujo de que me viesen. Eso daría al traste con el plan. Aunque, por los sonidos que emitían, aquellas dos mujeres estaban demasiado ocupadas como para fijarse en mí. ¿Acaso no había un niño en la planta superior? Vaya falta de respeto.
El despacho de Regina estaba cerrado con llave pero, afortunadamente, no había conjuro de protección. Era un lugar que visitaba demasiado a diario como para sellarlo. Hice un giro con la mano y el pomo de la puerta giró. El despacho se encontraba en un silencio absoluto cuando me colé en él. Regina lo tenía todo muy ordenado a pesar de que había tenido que trasladar todo el contenido de su cripta a aquella habitación.
Mis ojos bailaron de un lado para otro, buscando algo en concreto. Tardé un buen rato en encontrarlo, oculto tras un montón de frascos de cristal para pociones. Tuve que sacarlos uno a uno para poder coger el objeto que Cora me había pedido. Debía estar pasándolo fatal en aquel momento. Observé la ventana, me guardé el objeto que me había pedido, y me colé con ella, con intención de llegar corriendo a la mansión. Volaría si era necesario.
Henry
Sentía miedo. Sabía que aquel era el día. Si Emma mataba a Cora, ya no habría marcha atrás. Era la única que parecía presentar un mínimo de resistencia contra ella y Regina. Estaba cerca de llegar a algo en el corazón de mi madre. Por más que la reina malvada hubiese salido a flote, Regina estaba ahí. La madre que me amaba, que había dado todo por hacerme feliz.
Recordé las palabras que me dijo una vez. Recordé como me miró a los ojos, con una convicción que sólo había visto en ella y me había dicho que no me considerase ordinario sólo por no poseer magia. Llené mi mochila y bajé por la ventana como acostumbraba a hacer. Esta vez no había ningún árbol mágico que tratase de retenerme.
Las calles estaban silenciosas. Los negocios, cerrados. Hacía mucho frío, de hecho, sospechaba que empezaría a nevar. Pero no podía detenerme. Cogí mi bicicleta de la entrada del garaje, y comencé a pedalear en dirección al bosque. Debían estar ya en la mansión. Sentía la necesidad de pedalear lo más rápido posible, o de lo contrario... no llegaría a tiempo.
No me equivocaba. Estaba empezando a nevar. Sentía que me temblaban las piernas, me costaba mantener la dirección de la bici. Pero no me rendía. Poco tardé en sentir como la nieve obstaculizaba la bici. La solté y empecé a correr con todas mis fuerzas.
Cora
Tenía que haber pensado mejor todo aquello, debía ser la tercera o cuarta vez que Emma me hacía volar por los aires. Caí sobre el tejado de la mansión y comencé a deslizarme por él, llevándome las tejas por el camino. Volví al suelo, con una caída bastante aparatosa. Por suerte, logré aterrizar sin romperme nada, tardaría unos valiosos minutos en repararse, y ese era tiempo que no tenía.
_ ¡Oh, vamos!_ Se quejaba Emma._ ¿No puedes morir de una vez?
_ No tenía la intención, la verdad._ Empuñé la espada una vez más y me lancé en su contra.
Esta vez Emma alzó un árbol, arrancándolo del suelo de forma que su parte inferior acabase rematada en punta. Una estaca, una estaca enorme. Chica lista. A fin de cuentas, las debilidades de los vampiros no eran precisamente un secreto.
Alcé la espada, haciendo un movimiento acelerado, y el tronco se partió en pedazos, cayendo al suelo. Finalmente pude alcanzar a Emma y nuestros aceros acabaron chocando. Ella me miró, sin dejar de sonreír. Sujetaba la espada con una sola mano. La otra la llevaba a la espalda, en una burla descarada.
_ ¿Por qué te esfuerzas? Aunque lograras atravesarme el corazón con esa espada... no podrías matarme._ Me dijo, acercando las espadas para que nuestros rostros estuvieran más cerca._ Vas a fracasar... y voy a matarte.
Hice un quiebro y me aparté dando una voltereta hacia atrás. La apunté con la espada y nuestros ojos se encontraron. Los teñimos de rojo a la vez. Ella sabía que yo tramaba algo, pero era incapaz de saber el qué. En cualquier caso, yo tampoco podría leer su mente aunque quisiera.
_ Insisto... ¿Quién te ha dicho que tenga intención de matarte? Matar a la novia de Regina estaría mal... especialmente siendo la segunda vez._ Aquel comentario había sido desafortunado.
_ ¡Mátala de una vez!_ Exclamó Regina, que hasta entonces había estado bastante silenciosa.
Emma alzó la mano, y vi como una cadena de fuego me rodeaba. Di otro salto hacia atrás, y me colé en la mansión por una ventana. Emma me seguía. Antes había estado jugando conmigo, ahora en cambio iba al grano. Envolvió su arma en llamas y se lanzó hacia mí. Bloqueé y sentí una onda de choque que rompió todos los objetos de cristal de la sala.
Nos movíamos a tal velocidad que daba la sensación de que el tiempo a nuestro alrededor se detenía. Nunca había luchado a ese nivel con nadie. Y no iba a poder hacerlo tampoco esta vez. Emma finalmente consiguió lanzarme contra una pared, que me hizo salir fuera y caer. Cuando quise darme cuenta, tenía su espada en el cuello. Notaba su calor. En cuando me la clavase, ardería en apenas unos segundos.
_ ¡Detente!
La voz de Mal me devolvió a la realidad. Había llegado. Un poco antes había estado bien, pero estaba allí, y por fin iba a poder ejecutar mi plan. Un plan que ella había dicho que era estúpido, absurdo... suicida. Y sí, en su mayor parte lo era, pero en cualquier caso, sabía que era la mejor forma de solucionar lo que estaba sucediendo, a pesar del riesgo.
_ ¡Cógelo!_ Exclamó Mal, lanzándome el objeto que había robado de la casa de Regina.
El sombrero del hechicero. Emma se alteró cuando lo vio, pero dio un respingo que pude que aprovechar para separarme de ella y su espada. Me puse en pie y la apunté con el sombrero, dejando que la magia hiciera su curso. Emma se resistió. Yo no buscaba que el sombrero la devorara, porque no podría. Sin embargo, sí que ocurrió lo que yo esperaba. La oscuridad empezó a escaparse por su boca, por ojos, por sus oídos.
No fue un proceso rápido, había muchas tinieblas en su interior, que no habían dejado de crecer y fortalecerse en cuanto ella se había convertido en el ser oscuro. La oscuridad permaneció flotando a su alrededor, hasta que ella cayó al suelo, inconsciente. Emma volvía a ser la de siempre. Su cabello era rubio, su piel ya no parecía la de un cocodrilo.
Pero como ya temía, la oscuridad no se quedaría quieta. Traté de adentrarme en ella, hacerme cargo del problema yo misma. Sin embargo, la oscuridad me rechazó, me rehuyó... y buscó a alguien que parecía interesarle más. No pude evitar sentir verdadero terror cuando vi aquellas sombras rodear a Regina.
No sé si habría querido luchar. En cualquier caso, no habría tenido tiempo. Aquella marea de alquitrán negro se le echó encima como si de un animal hambriento se tratara. La oscuridad entró en sus entrañas a una velocidad pasmosa. La daga cayó delante de ella, y pude ver como su nombre se grababa, sobreescribiendo el de Emma. Cuando Regina se puso en pie, sus ojos, teñidos de rojo, miraron a los míos. Y supe que todos estábamos condenados.
The Evil Queen is dead... Long live to The Queen of Darkness!
