Disclaimer: Todos los personajes son propiedad de Hidekaz Himaruya. Yo sólo los uso para esta historia.

Cursivas: Para frases en los idiomas nativos de los personajes y algunas referencias culturales.

*Kunstlerlebe waltz op. 316 de Johann Strauss II.


Al entrar a la cocina pudo observar como la húngara abría la cacerola y buscaba alguna cuchara para probar el guiso. Roderich se acercó por detrás de ella y le alcanzó un cucharón de madera.

─ Al menos deberías dejarme que ponga la mesa antes de que empieces a comer.─ Le dijo, cuando ella ya estaba a punto de meter el cucharón dentro del guiso.

─ Oh, lo siento. Pero es que esto huele increíble…─ Inhaló nuevamente el aroma delicioso de la ternera antes de volver a poner la tapa en su lugar.─ Hace mucho que no como Tafelspitz, tienes que darme la receta para mi mamá.

─ No es algo que sirvan mucho en el menú de la cafetería, aunque deberían hacerlo.─ Comentó él, sacando unos platos; en tanto, Elizabeta se acercó para ayudarle a poner los cubiertos.

─ Yo lo pondré como sugerencia para el menú, aunque dudo que pueda ser tan bueno como el que preparan en tu casa. No hay Tafelspitz que supere el de tu madre.

Roderich sonrió de lado y puso un plato rebosante de comida y vapores frente al asiento que ella había tomado a la mesa, él se sentó en el lugar de en frente para continuar conversando.

─ Bueno, yo no tengo la misma sazón que mi madre, pero espero que te guste la comida. Mahlzeit!

Aquella frase podría haberse escuchado modesta en cualquier otra persona que no fuera él, pues cuando Roderich daba un comentario así de algo que él mismo había hecho, más bien se refería a algo del estilo: "intenten no impresionarse demasiado, bitte". Y con esta idea muy clara en la mente, Elizabeta se animó a tomar el primer bocado que su estómago ya apremiaba con obtener. En cuanto lo hizo, sus papilas gustativas se llenaron del olor a lluvia, a brisa de los Alpes y a manzanas cortadas del árbol. El guiso estaba muy bueno y sabía a recuerdos.

─ No te queda la falsa molestia, Roddy, porque ¡Esto es simplemente delicioso!─ Aseguró, poniendo una cara de satisfacción tan plena que a Roderich le hubiera gustado capturar para la posteridad… Bajó la mirada al plato y se introdujo en la boca un trozo grande de carne mientras intentaba no mirar demasiado a su comensal porque, sinceramente, esas ganas de tomarle fotos con su móvil le darían mal rollo a cualquiera.

La cocina se llenó de un silencio sólo interrumpido por el sonido de los cubiertos chocando con el plato y ocasionalmente por el sonido amortiguado de los vasos de agua depositados sobre el mantel. Elizabeta estaba muy ocupada al parecer disfrutando de la comida en tanto Roderich se daba un sermón mental a sí mismo sobre mantener la compostura y de no ser tan impulsivo.

Nocturno se introdujo a sí mismo en la escena acompañado de un gracioso tintineo proveniente de un pompón de estambre con el que le pareció pertinente jugar a los pies de la mesa. La chica le lanzó una mirada enternecedora mientras el gato seguía con su numerito para conseguir comida.

─ Me encanta ver que puedas tener a Nocturno viviendo contigo. En los dormitorios siempre tenemos que ayudar a los prefectos a hacer una ronda de vigilancia después de las vacaciones porque muchos intentan traer a sus mascotas desde su casa.

─ La realidad es que no podía dejarlo solo en casa. No es más que un traidor caprichoso al que tengo que mantener vigilado.─ El gato se relamió los bigotes con aparente cinismo ante el comentario desdeñoso de su amo.

─ Yo le encuentro un increíble parecido a su dueño…─ Comentó Elizabeta con una risilla.

─ Tal vez es por eso que no lo aguanto.

─ Al contrario, yo creo que por eso lo adoras.

Roderich se encogió de hombros y con gesto cansino se levantó para darle de comer al gato; quien al ver su tazón de alimento, maulló inconforme porque no le sirvió algo directamente de su plato. ─ Discúlpame por no consentirte como tu encantadora Lily.─ le dijo su amo, mientras se enjuagaba las manos para regresar a la mesa.

─ ¿Hablas de Lily Zwigli? ¿La hermana de Vash?

─ Esa misma. Seriamente, creo que el gato la quiere más a ella que a mí aun después de todos estos años. Bueno, quizá no lo culpo. Deberías verlo como se deja poner listones y se recuesta a su lado mientras ella hace su tarea.─ Añadió con falso recelo.

Elizabeta no había tomado en cuenta hasta ese momento quiénes eran sus compañeros de vivienda, siendo que la casa parecía costosa como para que la rentaran unos estudiantes. Usualmente rentar un departamento sería lo más accesible pero no había necesidad de hacerlo ya que para eso estaban los dormitorios del colegio.

─ ¿Vive alguien más aquí aparte de ustedes tres? La casa parece grande.─ Preguntó.

─ Es por la fachada. Aquí sólo estamos Lily, Vash y yo. Y la casa tiene cuatro dormitorios, lo cual está muy bien considerando que no pagamos renta porque la casa es de los padres de Vash.

Para ese punto ya habían terminado de comer así que a Roderich le pareció buen momento para sacar el postre.

─ Seguro tienes más preguntas que hacer pero sí me esperas un momento en la sala, y aun tienes apetito, podemos continuar charlando mientras tomamos el postre.

─ ¡¿También hiciste un postre?! ¡¿Qué es?!─ Ella no lo percibió, pero sus ojos le brillaron con auténtica emoción. Roderich sintió que aquella expresión en el rostro de la chica era lo único que había estado esperando desde que comenzó a preparar la tarta.

─ Es una sorpresa, ─ Se limitó a decir. ─Anda, ve al salón.

La chica le hizo caso y cuando ella salió, él se apresuró a encender la cafetera y a sacar la tarta con sumo cuidado del refrigerador.

Elizabeta se sentó con calma en el mismo sofá anaranjado de antes, a pesar de que quería dar saltos en su lugar y recorrer toda la casa en un minuto. Sin duda estaba teniendo un excelente día.

Roderich salió de la cocina con una bandeja para llevar los dos platos y tazas, depositó la bandeja en la mesita de la lámpara detrás del sofá y tomó el plato de ella. Asegurándose de acercarse desde un ángulo en el que ella no pudiera ver lo que llevaba en el plato. ─ Tendrás que cerrar bien los ojos, a ver si logras adivinar qué es.─ Dijo.

─ ¡Vaya! Cuánto misticismo, Roderich. Espero que no estés tratando de envenenarme para deshacerte de mí…─ Se burló un poco Elizabeta a su vez, pero de igual forma cerró los ojos e hizo un esfuerzo por no reírse. Casi podía verlo entornar los ojos con desaprobación. A lo que él respondió.

─ No sé qué hacer con tu increíble capacidad para descubrir mis planes malévolos y caer a propósito en mi trampa.

─ ¡Auch, espero que al menos el postre sea más dulce que tu ironía!

Roderich soltó una carcajada sonora y profunda, casi villanesca; y que a Elizabeta le gustaba mucho escuchar porque era una risa completamente natural, aunque un poco inquietante quizás. Tal vez por ese motivo él no se reía a carcajadas con mucha frecuencia.

─ En verdad no tienes ni idea… Hier kommt der kleine Zug! ─ "¡Ahí viene el trenecito!". Avisó él, como si estuviera alimentando a un niño.

Elizabeta cerró los ojos con más fuerza porque ya le estaban dando ganas de parpadear. Se acercó hacia donde creía que estaba la cuchara y, en cuanto el sabor del cremoso chocolate se mezcló dentro de su boca, así como la textura esponjosa del pan aunado a la clásica y ligera esencia del albaricoque, ella no pudo hacer más que dedicarle una mirada de sorpresa al reconocer de inmediato el sabor del postre misterioso.

Por la expresión que hizo, Roderich supo que había hecho bien su trabajo de modo que se dispuso a tomar su plato y probar la tarta que hizo para ella.

─ ¿Y bien? ¿Valió la pena perderme en el mercado esta mañana mientras buscaba los ingredientes?─ preguntó, mientras su amiga iba a por la segunda cucharada de tarta. La húngara se detuvo a degustar con calma para paladear todos los sabores antes de darle una respuesta.

─ Decir que me encanta es poco, ¡hasta siento que es mi cumpleaños! Y la verdad no tengo idea de cómo es que te pierdes en el mercado pero ya sé que eres un desastre con tu nula orientación.

Danke. De manera que… ¿Soy tan talentoso que necesitas recordarme mi mala orientación para que no me idealices demasiado, Liz?─ El austriaco sonrió de manera ponzoñosa antes de tomar otro bocado de tarta.

Ella entrecerró sus ojos verdes, odiándolo un poco porque sí era verdad que últimamente la traía algo encandilada con tantos detalles y su ridícula forma de hacer que todo pareciera tan fácil. Casi se le olvidaba que debía tener cuidado con sus halagos porque al chico se le subían los humos muy fácilmente.

─ No puedes hablar de esa manera tan pragmática cuando hiciste la Tarta Sacher sólo para consentirme a pesar de que no gané la apuesta de la semana pasada.─ Lo acusó, señalándole con su cuchara. El castaño levantó su taza de café con expresión inmutable.

─ Podría haber tenido ganas de comer tarta sencillamente.

─ ¡Qué gran mentira!─ Elizabeta se sentó más cerca de él y dejó caer su cabeza en el hombro austriaco.─ ¡Me sigues queriendo demasiado, eso debe ser!

La chica seguía entretenida con su tarta así que no presenció la manera en que Roderich casi se atraganta con el café ante esa declaración tan segura, ─ y cierta─ de su parte. Hizo su lucha por mantener la calma.

─ Qué puedo decir. Me intriga la forma en que te hacen feliz los detalles sencillos.─ Confesó. Esa mermelada de albaricoque les estaba haciendo efecto al parecer.

─ ¿Y sólo eso?

Elizabeta hizo su pregunta en un tono insospechadamente coqueto, levantando sus ojos verdes y mordiendo ligeramente su labio inferior. Hasta ese momento Roderich no había tenido oportunidad de apreciar sus pestañas rizadas y sus labios rojizos con tanto detalle.

─ No. No sólo eso.

Roderich le acarició el pelo con suavidad, de manera un tanto distraída. Intercambiaron una mirada larga. Ambos sosteniendo el corazón en un puño y sin saber exactamente cómo romper la tensión. Finalmente, Elizabeta se estiró para tomar su taza de la mesa de centro.

─ Así que, no terminaste de contarme la historia de cómo llegaste a vivir aquí…─ Improvisó.

─Eso es sencillo de resumir. No había manera de que pudiera compartir habitación con mi compañero de cuarto.

─ ¿A quién te asignaron como compañero?

Él hizo la expresión de quien se acuerda un chiste muy bueno y está a punto de contarlo aunque a la otra persona no le guste.

─ A Gilbert Beilschmidt.

─ Gilbert…─ La húngara frunció el entrecejo como si la invadiera una jaqueca de manera repentina.─ No te culpo que no quisieras compartir el cuarto con él.

─Humm, eso suena un poco cruel viniendo de alguien que fue su novia.─ Dijo Roderich, oculto detrás de su taza.

─ No era necesaria esa aclaración, gracias.─ Lo fulminó, bastante seria.─ Pero ya es otra historia. Dime, ¿te hizo pasar muchos problemas?

─ Algo sí… ciertamente no le tengo ningún tipo de rencor en particular, ya es casi mi hermanastro después de todo. Pero no es el tipo de persona con la que puedo convivir por mucho tiempo.

"Verás, en el primer año de instituto, yo hice mi solicitud a la dirección para que de ser posible me asignaran un cuarto sin compañeros. Lo cual suena increíblemente pretencioso y antipático de mi parte pero es que, hasta la fecha, tengo unos pésimos hábitos de sueño. Soy un artista así que estoy consciente de que mis procesos creativos le pueden resultar molestos a cualquiera. Incluso teniendo mi propia habitación aquí, Vash suele padecer la mayoría de éstos."

Ach so! Así que, tan mal compañero eres. Me es difícil imaginar cómo se lleva la convivencia en esta casa; ─ Elizabeta le lanzó una ojeada a la sala, ─ sobre todo teniendo en cuenta el estilo de vida perfectamente programado que parece llevar Vash.

─ Lily y Vash se ajustan a su propio horario, yo siempre ando en lo mío así que realmente sólo me reúno con ellos para la cena. Ocasionalmente almorzamos en la escuela o tomamos la merienda en éste salón después de las lecciones de violín de Lily.

─ ¿Y en el desayuno?

─ Tendría que pasar un evento extraordinario para que yo me levante a esa hora criminal en la que ellos desayunan. Vash ni siquiera se molesta en avisarme del desayuno, mucho menos los domingos. Pero a Lily le pesa en la consciencia pensar que, todavía de que me levanto tarde, tenga que tomarme el tiempo de preparar algo.

─ No te harías el desayuno, a lo mucho te prepararías una taza de café y saldrías a la escuela.─ Aseguró Elizabeta. Él asintió con una expresión culpable.

─ Exactamente. Así que ella siempre deja algo de café hecho y alguna porción de lo que se hayan preparado para desayunar.

La húngara sonrió porque le parecía un detalle muy atento de parte de Lily. El tipo de cosas que ella difícilmente haría.

─ Lily Zwigli. Ella parece siempre tan linda, ¡y es tan amable!─ Meditó la chica, un poco para sí misma. Roderich asintió medianamente.─ Tú no te mereces sus atenciones, definitivamente.─ decidió.

Él arqueó la ceja.

─ No creas que no me hacen sentir como una escoria irresponsable.─ Resopló.

─ Ya nos estamos saliendo de tema. Me contabas la "asombrosa" historia de cómo te mudaste.

─ Tienes razón.─ El austriaco dejó su taza vacía en la mesa.─ Después de que hice mi solicitud antes del inicio de las clases, los directivos me dijeron que harían lo posible dependiendo del número de estudiantes que entraran en esa generación.

"Estaba bastante confiado de que podían hacer caso de mi petición porque después de todo; el actual novio de mi madre, Herr Beilschimidt, es uno de los directivos más cercanos al director. Pero da la casualidad que el buen Germán ya estaba vislumbrando un futuro con la familia Edelstein emparentada a la suya, y como Gilbert también iba a ingresar el mismo año; le pareció atractiva la idea de que ambos fuéramos compañeros de cuarto. Quizá esperaba que eso nos hiciera llevarnos mejor o que fuéramos más "cercanos" de alguna forma.

Así que, hace dos años, llegué con mis maletas a la habitación que se suponía sería toda para mí. Y la encontré ocupada por mi inevitable compañero; quien ya desempacaba sus cosas mientras conversaba en voz muy alta con Antonio, el cual estaba tendido sobre mi cama con su guitarra encima."

─ ¡Oh! No habrás tenido el corazón para echar a Toni de tu cuarto, ¿verdad?

─ No, Liz. Durmió en mi cama todo el primer semestre.─ Dijo Roderich, poniendo cara de circunstancias. Elizabeta se rió en voz baja y cubriéndose un poco el rostro con la mano. Teniendo en mente una imagen bastante atractiva con ese comentario.

A Elizabeta toda esa historia le hacía mucha gracia porque conocía a ambos chicos, Gilbert y Roderich, desde que eran niños y estaba bastante segura de que sus personalidades eran tan contrastantes que sólo podían llevarse de una manera que terminaba siendo incómoda en algún punto. Por lo que, imaginarlos compartiendo vivienda durante tres años definitivamente sólo podía terminar en la crisis nerviosa de alguno de los dos.

─ ¿Y entonces?

─ Entonces, yo creo que ya va siendo hora de que empecemos con tu lección.

El músico se levantó y la chica tuvo que tenderse un poco sobre su lugar para detenerlo por una esquina del suéter.

─ Nooo, espera.─ Protestó ella.─ Aun quiero saber qué pasó con Gilbert para que te mudaras.

Él detuvo su paso pero no se giró a mirarla. En cambio, le habló en un tono más bien frío.

─ ¿Te hace gracia?

─ No, no es eso.─ Repuso, repentinamente cohibida.─ Es solo que me gustaría tener un buen pretexto para golpearlo la próxima vez que lo vea.

Sus ojos violetas se giraron hacia ella, con una expresión más relajada y con un movimiento de la cabeza le señaló el tocadiscos al lado de la ventana. Aún le parecía que le hacía falta música desde hace un rato. Ella captó la idea; lo liberó de su agarre y el castaño se dirigió a buscar algo de su colección de vinilos mientras seguía hablando.

─ Básicamente, para no hacer la historia muy larga, la raíz de nuestro problema de convivencia era que, sí yo tengo unos pésimos horarios para hacer todo, los de él son aún peores. Hasta la fecha no puedo explicarme cómo es que una persona puede pasarse todo el fin de semana de fiesta o dormir menos de tres horas por jugar en línea toda la noche y levantarse sin falta a las cinco de la mañana para ir al gimnasio ¡Es una locura! Y a mi parecer es un sin sentido toda la energía que sigue teniendo a lo largo del día. Ahí me di cuenta de que Gilbert Beilschmidt es una criatura imposible que desafía toda norma del buen estilo de vida.

Además estaba el hecho de que todos los días, después de clases y hasta bien entrada la noche; mi dormitorio estaba infestado de al menos cuatro personas que no hacían otra cosa más que ocupar espacio en aquella habitación que de por sí no era muy grande. El día que me di cuenta de que la cosa que más añoraba de Viena era la soledad y paz de mi cuarto, decidí que tenía que buscarme otro sitio para vivir o terminaría odiando la vida escolar."

Mientras Roderich terminaba de contar su anécdota, en el tocadiscos había comenzado a sonar el Vals vida de artista o Kunstlerlebe op. 316 de Strauss II. El cual dotó de cierto dramatismo al relato.

─Por fortuna estaba alguien que era el doble de huraño que yo y que probablemente tampoco aguantaba la vida de la residencia escolar. Mi idea era hacer que Vash y yo intercambiáramos compañeros, con suerte le había tocado alguien más irritante que yo. Así que cuando me dijo que, en efecto, él vivía sólo en esta casa al menos hasta que Lily ingresara al colegio para el siguiente año; no hizo falta más que una semana de insistencia por mi parte y un fin de semana en el que me entreviste con su encantadora madre para que me dejaran vivir aquí. Siguiendo ciertas normas que acordamos el día antes de mi mudanza.

─ ¡Vaya! De manera que, ese fue el nacimiento de la taberna de la desesperación para el consejo escolar y centro de reunión de la peor escoria de la escuela.─ Suspiró Elizabeta, porque desde entonces era aquel dormitorio donde se reunían Antonio, Francis, Gilbert y otros anexados a causar problemas. Irónicamente eran grandes amigos de la presidenta aunque siempre fueran principales sospechosos del más mínimo desastre.

─ Puedo notar que te han causado algunos dolores de cabeza más que a mí.─ Comentó Roderich con aparente desinterés aunque con su siguiente pregunta muy bien calculada.─ Sería impertinente de mi parte preguntar, ¿qué pasó entre tú y Gilbert que me da la sensación no quedó en muy buenos términos?

Ella bajó la vista a su regazo y se acomodó el pelo detrás de la oreja.

─ Pues estás en todo tu derecho de preguntar, después de todo es lo único que he estado haciendo yo desde que llegué.─ Esbozó una débil sonrisa, un tanto amarga para ella.─ Pero es una historia algo larga y de la que no suelo hablar demasiado.


Nota de autora: ¡Hola otra vez! Bueno, bueno, primero que nada quisiera lamentar mi ausencia algo larga pero es que tuve que atender algunos asuntos importantes, además de dar todo mi tiempo para salvar el semestre y esas cosas. Ya que, como he dicho antes, soy un desastre para organizarme.

Sin embargo espero que este pequeño hiatus no los haya hecho perder el interés por esta historia, personalmente este capítulo y el que sigue son de los que más me ha gustado escribir. Ya tenía ganas de enfocarme un poco más en la perspectiva Roderich y creo que aquí se logra apreciar más cómo es su vida en la academia.

Espero que les haya gustado el capítulo, de ser así por favor déjenme un comentario, estaría encantada de leerlos. Sobre todo tengo planeado no pasar por otra ausencia así de larga para los siguientes capítulos ya que los tengo más o menos estructurados y se acercan las vacaciones... (¡yeei!)

Les mandó un gran saludo y un fuerte abrazo si es que estuvieron esperando la actualización. ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!