Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fic Aftershocks, escrito por aria710.


Capítulo 10

Transformación

Ella solo lo miró con los labios enrojecidos y completamente abiertos. Él todavía se encontraba peligrosamente cerca. Tan cerca que prácticamente podía sentir la tensión de sus músculos. Vegeta no estaba sin aliento en lo absoluto, pero ella sí que lo estaba. No quedaba aire en sus pulmones; el Saiyajin parecía haberlo absorbido todo, y lo único que podía hacer era quedarse mirándolo fijamente mientras la boca de él se curvaba en una sonrisa característica.

La realidad de lo que había hecho finalmente la golpeó y Bulma retrocedió con horror.

-¡Qué acabas de hacer!

-¿Necesitas que te lo explique? –la sonrisa de Vegeta se intensificó.

-¡No! ¡Necesito que te alejes de mí! No te me acerques más, ¿de acuerdo?

Él gruño con fiereza.

-¿Qué dices?

-¡Malo! ¡Eso fue muy malo! Horrible en realidad. ¡Soy una completa hipócrita! –ella soltó un suspiro y buscó en sus bolsillos, sacando un paquete de cigarrillos-. No le digas a Yamcha. No puedes decirle nada.

-Mujer, ¿de qué demonios hablas? –Vegeta se cruzó de brazos, mirando confundido los cigarrillos-. ¿Y qué diablos es eso?

-¿Te importaría encenderlo, Vegeta? –ella señaló con un dedo en el borde del cigarro, y Vegeta lo prendió con una minúscula ráfaga de Ki en la punta de su dedo. Bulma suspiró con satisfacción, llevándose el objeto a la boca.

Vegeta tosió de inmediato, agarró el objeto y lo arrojó al suelo.

-¡Oye! –exclamó Bulma-. ¿Por qué hiciste eso?

-Eso es completamente repugnante. ¿Qué demonios te estás haciendo? ¿Envenenando tu cuerpo?

-¡No es vene…! Bueno, sí lo es. Pero estoy intentando dejarlo. ¡Lo juro! –ella gruñó y aplastó el cigarrillo en el suelo por si acaso-. Era solo para liberar el estrés, en serio. Eso no debió haber sucedido, Vegeta.

-Confía en mí –respondió él, en tono de burla-. No volverá a suceder.

No debería haber sentido una punzada de dolor ante sus palabras, pero inequívocamente allí estaba. Bulma resopló y se cruzó de brazos.

-¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué lo hiciste en primer lugar?

Vegeta parecía algo sorprendido ante la pregunta, pero rápidamente ocultó esa confusión con enojo. Él la agarró del brazo, ignorando la obvia descarga que se produjo ante el contacto, y la arrastró de vuelta al improvisado campamento. Nappa y Raditz yacían en el suelo, durmiendo plácidamente, y Bulma se preguntó si Vegeta todavía pensaba llevar a cabo lo que había planeado con Nappa. La respuesta se hizo presente cuando éste pateó al viejo Saiyajin en el estómago.

-Despierta.

-¿Señor? –Nappa se sentó, agarrando su vientre-. Estoy agradecido. Esa patada no fue tan fuerte como las usuales. ¿Quieres que despierte a Raditz?

-No –replicó Vegeta bruscamente-. Esto podría molestarlo si se entera. Voy a encargarte una misión muy importante y secreta. Estoy seguro que hasta un imbécil como tú sabe cómo guardar un secreto –había algo revelador en sus ojos que casi hizo a Bulma sonreír-. ¿Verdad, Nappa?

Nappa no parecía contrariado ante la petición.

-Claro, Vegeta. ¿Qué sucede? ¿Quieres que mate a la chica?

-No suenes tan feliz… -murmuró Bulma.

Vegeta levantó una ceja.

-¿Y robarme el placer de hacerlo yo mismo? No, es algo mucho más importante. Necesito que mates a los terrícolas y a Kakaroto.

Nappa sonrió de inmediato, cerrando el puño antes de hacer sonar sus nudillos.

-Excelente. Finalmente algo de acción. ¿Qué quieres que haga con el mestizo?

-¡No lastimes a Gohan! –exclamó Bulma, asegurándose de no despertar a Raditz. Decidió aceptar el plan de Vegeta, solo porque sabía que Goku vencería al final. Podría costarle trabajo, pero sabía que Goku, si la situación lo ameritaba, sería capaz de derrotar a Nappa sin problemas. Ella en realidad estaba preocupada por todos los demás. Especialmente Krillin. Él ya había sido revivido una vez por las Esferas del Dragón, y quién sabe si las esferas de Namekusei podrían revivirlo por segunda vez. "Me pregunto si será el mismo dragón. Tal vez no sea Shenlong en absoluto".

Vegeta la miró con expresión extrañada, probablemente sin entender si estaba fingiendo o no.

-Trae al mocoso aquí. Ha demostrado ser útil en el pasado. De seguro se mantendrá leal a nosotros si logras darle alguna excusa convincente sobre por qué tuviste que matar a su padre.

-¿Algo más, Vegeta? –Nappa parecía listo para salir volando por la entrada. Qué bastardo.

-Sí –el Príncipe Saiyajin lanzó a Bulma una sonrisa sádica y luego se volvió hacia Nappa-. Parece que el amante de la mujer es uno de los terrícolas. El de la cicatriz en el rostro. Quiero que lo traigas vivo y preferiblemente consciente.

Bulma apretó la mandíbula. "¿Qué? ¿Qué quiere él con Yamcha?"

Nappa parecía preguntarse lo mismo.

-No me digas que quieres salvarlo por ella, Vegeta.

-Por supuesto que no. Quiero torturarlo hasta la muerte yo mismo.

Ella quedó congelada ante sus palabras, maldiciendo internamente por haber permitido que las cosas llegaran tan lejos como para poner a su novio en peligro. Tan solo pensar que acababa de besar al hombre que sería su asesino… Ella no dejaría que eso sucediera.

-¡Vegeta! ¡No puedes hacer eso! ¡Deja a Yamcha en paz!

Vegeta gruñó, volteando y agarrando su muñeca.

-Mujer, ni siquiera intentes darme órdenes. Cállate y arregla tu ridículo radar. Deja que la gente con cerebro tome las decisiones.

-¡No! –exclamó ella, soltándose del agarre de Vegeta-. No te dejaré…

-Basta –él de repente estaba a milímetros de ella, con su boca en su oído, susurrando suavemente-. Vas a despertar a Raditz. No lo arruines.

Bulma se congeló nuevamente. Se apartó de Vegeta, mirándolo a los ojos y asintiendo débilmente. Tuvo que recordarse que Vegeta solo estaba manipulando a Nappa; diciendo lo que él quería escuchar. Pero ella mantuvo el acto.

-Espero que te quemes en el infierno.

"Jamás lo haría. No con la inmortalidad". Bulma sacudió lejos ese pensamiento.

-Nappa, ya me escuchaste. Déjame castigar primero a la bruja matando a su amante.

El viejo Saiyajin sonrió.

-Eso es casi poético, considerando todo.

-Cállate y largo. Tengo otros asuntos que atender.

-Sí, Señor –asintió Nappa y salió.

Vegeta esperó unos treinta segundos antes de agarrar el brazo de Bulma.

-Necesitas aprender a cerrar la boca.

-A veces me olvido de que estamos del mismo lado –sus ojos azules se enfocaron en su muñeca, donde él la agarraba con rudeza-. Me pregunto por qué.

-Estás demasiado preocupada por tu precioso novio para pensar racionalmente.

-Tú estás demasiado preocupado por tu precioso deseo para pensar racionalmente.

Vegeta la soltó, pero no se apartó. Todavía se mantenía cerca a ella, mirándola con los ojos entrecerrados. Podía ver su cola apretándose defensivamente alrededor de su cintura.

-Esto es más que un deseo, mujer. Freezer morirá. La inmortalidad podrá hacer eso posible.

-Tiene que haber otra forma, Vegeta.

-Estoy de acuerdo con ella.

Vegeta se giró hacia donde venía aquella voz, y frunció el ceño al encontrarse con Raditz ya despierto.

-¿Qué cosa quieres, Raditz?

El Saiyajin se encogió de hombros y los observó a ambos por unos segundos.

-¿Interrumpo algo? –preguntó al fin.

Vegeta resopló y se alejó de la mujer.

-¿De verdad estás de acuerdo con ella? ¿Te has vuelto loco?

-No, señor. Yo solo… -Raditz suspiró, antes de ponerse de pie-. Ser inmortal probablemente signifique el fin de Freezer, pero también significa ver el fin de todo. Incluso del universo. Dentro de millones de años seguirás atrapado aquí, solo.

Bulma agarró su mano, sorprendida de que él no la apartara de inmediato.

-¡Tú no deseas eso, Vegeta! ¡Deseas la muerte de Freezer, no la muerte de todo!

El Príncipe Saiyajin resopló.

-¿Cuál es la diferencia? No es como si alguno de ustedes tenga una mejor sugerencia.

-De hecho… -dijo Raditz, rascando su cabeza. Bulma sonrió. Tal vez los dos hermanos tenían más en común de lo que creían-. Estaba pensando en la posibilidad del Super Saiyajin.

Eso sonaba un poco familiar para Bulma, y obviamente Vegeta conocía el término. Él levantó una ceja ante la sugerencia.

-Eso es solo una leyenda, algo que no ha sucedido en miles de años.

Bulma se encogió de hombros.

-Tal vez ya sea hora de que ocurra nuevamente. Vale la pena intentarlo. Me agradas, Raditz –dijo, dando una palmada al hermano de su amigo y provocando un gruñido por parte del príncipe-. ¿Y de qué trata esta leyenda del Super Saiyajin?

-Es la máxima expresión de nuestro poder. Más fuerte que el Oozaru, más fuerte que cualquier cosa en el universo. El guerrero definitivo –Vegeta se cruzó de brazos. Inclinó su cabeza hacia abajo, provocando que las sombras se prolongaran en su rostro y dándole una apariencia siniestra-. Incluso más fuerte que Freezer.

-Qué bien, entonces… ¿Qué esperas para hacerlo?

Vegeta gruñó ante su ignorancia.

-Los Saiyajin no se convierten en Super Saiyajin por arte de magia.

-Pues entonces, ¿cómo? –Bulma parpadeó ante el silencio que prosiguió a su pregunta-. Podríamos preguntarle al Dragón. Él lo sabrá. El puede darte el secreto del mito… digo, de la historia del Super Saiyajin.

No pudo adivinar si Vegeta estaba feliz con la idea. Debe haber analizado las desventajas de ser inmortal. Nunca podría ser asesinado, pero eso significaba que jamás moriría. Estaría aquí para observar el nacimiento y destrucción de mundos enteros. Permanecería vivo por siglos y siglos hasta que el universo mismo no sea más que polvo en el vacío.


El Gran Patriarca les había contado sobre las aldeas esparcidas por todo Namekusei. No quedaban muchas luego de la sequía, pero seis de ellas protegían cada una de las Esferas del Dragón.

-Nail debe estar esperándonos… No parece estar tan lejos –dijo Goku, poniéndose de pie-. Fue a recoger una esfera en una aldea cercana al hogar del Gran Patriarca. ¡Con esa ya son tres!

-Vaya –exclamó Gohan-. Esto de buscar las esferas no ha sido tan difícil.

-Juro que solía serlo –gruñó Krillin- pero bueno, es más fácil cuando sabemos en donde exactamente buscar.

-Nail quiere asegurarse de que revivamos a Piccolo –murmuró Yamcha, revolviendo la tierra con el pie y cubriendo el rastro de la fogata-. Ellos saben que él era un tipo malvado, ¿verdad? Todavía no entiendo por qué se puso de tu lado, Goku.

El Saiyajin se encogió de hombros.

-Fácil. No quería que Raditz arruinara el planeta que deseaba para sí mismo.

-Bueno… eso me tranquiliza –respondió Yamcha resoplando-. Pero supongo que en comparación es menos malvado que esos Saiyajin.

Gohan de repente se puso rojo. El niño caminó hacia Yamcha, con el cuerpo rodeado de una pequeña ráfaga de energía.

-¡No son malos, Sr. Yamcha! Sé que sigue pensando que lo son porque se robaron a esa señorita, pero no es cierto. ¡Es culpa de Freezer! Solo quieren ser libres. Esa vida es lo único que conocen. No tienen una madre que los obligue a estudiar o un padre que se preocupe por ellos. Lo único que tienen es a ese malvado alienígena que les dice qué hacer. Eso no los vuelve malos, Sr. Yamcha, y francamente, ¡no me gusta cuando habla de mis amigos de esa manera!

-¡Whoa… Whoa, Gohan! –Goku colocó una mano en el hombro de su hijo, no del todo seguro de dónde había venido ese arrebato-. Calma, campeón. Tienes que admitir que no han sido exactamente nuestros… aliados. Yamcha tiene derecho a pensar de ese modo –los ojos del Saiyajin se posaron en su amigo-. Pero debería ser más flexible. Nuestra mayor preocupación es Freezer, no los Saiyajin. Ellos no son el peor de nuestros problemas.

Las leves lecturas que pudo obtener del Ki de Vegeta fueron increíbles. El Príncipe Saiyajin era fuerte, tal vez más fuerte que él, y el hecho de que él no era más que un esclavo para ese tal Freezer resultaba inquietante. Especialmente ahora que sabían que Freezer estaba de camino hacia allí. Goku necesitaba que su equipo recupere el enfoque. Podía ver la tensión creciendo dentro de Gohan. Su hijo se encontraba dividido entre el hogar donde había crecido y sus recientes maestros.

-Miren, todos estamos estresados y obviamente tenemos diferentes opiniones sobre contra quién estamos peleando y cuál es nuestro objetivo –Goku respiró hondo-. Krillin, volveremos a la Tierra sanos y salvos. No estoy seguro si revivir a Piccolo también traerá a Kamisama de regreso, pero vale la pena el intento. Necesitamos el apoyo de Piccolo aquí. Las Esferas del Dragón serán nuestra ventaja.

-Yamcha, recuperaremos a Bulma. Está a salvo… Creo que ya ambos nos dimos cuenta de eso –Goku se rascó la cabeza con incomodidad, pero continuó-. No conozco mucho de lo que ocurrió cuando ella pidió ese deseo hace años… Eso es algo que vas a tener que preguntarle por ti mismo. Pero no puedes permitir que eso te distraiga ahora. Si queremos salir vivos de esta, te necesitamos, Yamcha. A todos ustedes.

-Y Gohan, no estamos buscando pelea con Raditz y los demás. Queremos respuestas. Queremos asegurarnos de que la Tierra estará a salvo, que Bulma estará a salvo. Si Freezer es tan malo como todos dicen, los ayudaremos.

Los ojos de Gohan se abrieron de par en par.

-¿De verdad, Papá?

-Por supuesto –frotó cariñosamente la cabeza de su hijo-. Ahora, vámonos de aquí y busquemos a Nail para que nos entregue… -la atención de Goku se desvió de inmediato. Algo se acercaba. Algo que definitivamente no era un Namekuseijin. Sus ojos se enfocaron en el cielo verdoso, pero no veía nada. Nada más que nubes.

Un destello de Ki pudo ser percibido de repente, y Goku se giró hacia la dirección de donde venía, seguido de Gohan, Krillin y Yamcha. Gohan se relajó un poco al reconocer la energía.

-Es Nappa. Me pregunto qué estará haciendo aquí.

-¿Nappa? ¿No es ese uno de los Saiyajin? –la expresión de Krillin se tornó seria de repente.

El calvo Saiyajin llegó disparado a través del cielo, aterrizando en el campo con un ruido sordo y una sonrisa macabra. Su bigote negro se crispó cuando se dio cuenta que todos ellos habían percibido su llegada.

-Gohan –asintió el Saiyajin hacia el niño, y luego se volteó hacia Yamcha-. Esas cicatrices en tu cara… Parecen bastante desagradables.

-Prefiero no hablar de eso. ¿Qué estás haciendo aquí? –Yamcha se relajó de inmediato, observando a los otros dejar sus posturas de pelea.

Nappa sonrió.

-Ya verás.

Con un movimiento rápido, Nappa estaba tras él, agarrando a Yamcha por el cuello y arrojándolo al suelo, a pocos metros de distancia. El ex-bandido se puso de pie inmediatamente con los ojos llenos de furia.

-¡Oye! ¿Qué rayos te sucede?

-¡Nappa! –Gohan se acercó corriendo-. ¿Por qué hiciste eso? ¿Qué está pasando?

-Creo que ya obtuvimos nuestra respuesta sobre quién es el enemigo –Yamcha limpió un pequeño rastro de sangre en su boca-. Pues bien, es mejor así. Yo me encargo de este.

Nappa resopló.

-Oh por favor, ni siquiera te molestes. No estoy aquí para luchar contra alguien tan débil como tú –el Saiyajin presionó un botón en su rastreador-. Kakaroto, obviamente eres el más fuerte contrincante. ¿Qué dices?

Goku apretó los dientes. No se suponía que las cosas terminaran así. Se suponía que debían estar ayudando a los Saiyajin, peleando contra Freezer, no contra ellos. Gohan parecía pensar lo mismo.

-¡Qué estás diciendo, Nappa! ¡El tío Raditz y Vegeta no quieren que pelees con nosotros! ¡Sólo quieren las Esferas del Dragón!

-Hmm. Esto demuestra lo poco que entiendes de tu propia raza. Fue Vegeta quien me ordenó matar a todos… bueno excepto a ti, y al débil de allí –dijo, apuntando hacia Yamcha, lo que resultaba completamente inesperado.

La cola de Gohan se envolvió en su cintura, y Goku estuvo maravillado en lo rápido que su hijo podía adoptar una correcta posición de defensa.

-¡Deja en paz a mi papá!

-¿Qué es lo quieren conmigo? –Yamcha parecía tener la misma duda-. ¿Crees que… Bulma…?

-No te está salvando por ella, si eso es lo que insinúas –Nappa hizo crujir su muñeca-. Créeme. Cuando descubras lo que Vegeta tiene planeado para ti, desearás haber muerto junto a tus amigos.

-Basta –Goku rompió su silencio y observó al otro Saiyajin. Colocó una mano frente a su hijo-. Gohan, Yamcha, salgan de aquí. No quiero que obtengan más rehenes.

Gohan sacudió su cabeza.

-No, Papá. Puedo ayudar. Yo conozco su técnica de pelea.

-Gohan, escúchame. Ve a ver a Nail. Eso es lo más importante ahora. Yo me encargo de él.

Nappa rió y se cruzó de brazos, analizando a Goku detenidamente.

-Ni siquiera pudiste lidiar con Raditz, y él es mucho más débil que yo. ¿Cómo esperas manejar a un Saiyajin de primera clase?

Él no respondió, enfocándose en el poder de pelea de Nappa. Goku no estaba muy impresionado. Claro, era más fuerte que el poder que Goku transmitía en ese instante, pero podía percibir que Nappa no tenía el mismo control en su Ki que él. Este era él con su máximo poder, y era bastante ordinario.

-Me las arreglaré. Y Krillin me ayudará.

-Err… De acuerdo, Goku –Krillin asintió, indicándoles a los otros que se marcharan-. Nosotros nos encargamos.

-Bien por mí, puedo lidiar con ambos, el calvo y tú –dijo Nappa, despegando un poco del suelo.

Krillin levantó una ceja.

-Me afeito la cabeza. Además, ¿no te has visto en el espejo? Yo no hablaría de orejas si fuera tú…

La expresión pasó desapercibida por ambos Saiyajin pero Nappa fue el primero en responder de nuevo, emitiendo un sonido gutural cuando Gohan y Yamcha volaron lejos.

-Como sea. Los buscaré luego de dejar algunos cadáveres.

El viento suave levantó el polvo del suelo, arrastrando también la hierba azul por el paisaje. Los ojos de Goku no se apartaban del otro Saiyajin, analizándolo, intentando entender por qué Vegeta lo había enviado.

-Él te ordenó que nos mataras, ¿sólo eso?

-¿Es tan difícil de entender? –respondió Nappa sonriendo.

-De hecho, creo que concuerdo con el psicópata, Goku. ¿Por qué el escepticismo? –preguntó Krillin.

"Su poder de pelea… no puede ser así". Goku estaba seguro de que Vegeta conocía el poder de pelea de su propio compañero; no había manera de que no lo supiera, teniendo el rastreador y la habilidad para sentir el Ki.

-Siente su Ki, Krillin –susurró Goku, y los ojos de su amigo se agrandaron con felicidad.

-Es… muy débil.

"Vegeta sabe sobre nuestra habilidad para controlar el Ki". Gohan había dicho que él fue quien les había enseñado la habilidad, después de todo. ¿Acaso el Príncipe Saiyajin ignoraba que Gohan había aprendido eso de su padre, que Goku también puede aumentar y disminuir su Ki a su antojo?

Nappa gruñó ruidosamente y apretó los puños.

-¡Cómo de atreves! ¡Yo te enseñaré, pequeño gusano! ¡Observa, el verdadero poder de un Saiyajin! –una luz plateada fue emitida por la mano de Nappa, arrojando un resplandor macabro por su rostro.

-¡Oye! –Goku sonrió levemente en reconocimiento-. ¿No luce eso como luz lunar?

Krillin tragó saliva y observó la cola de Nappa.

-No me digas…

-Jaja. Ya lo saben, ¿no? ¡A diferencia de ti, Kakaroto, un verdadero Saiyajin es capaz de alcanzar su forma definitiva, el poderoso Oozaru! –Nappa disparó la bola de energía en su mano.

-¿El poderoso oza… qué? –Goku se rascó la cabeza, desvaneciendo su sonrisa.

Krillin intentó razonar con él.

-Es posible que no quieras hacer eso… Gohan también tiene cola, ¿sabes?

-No hay problema. Mantendré cercano el rango de alcance. Por cierto, puedes agradecerle a tu amiga terrícola por enseñarnos este truco en primer lugar.

-¡No! ¡Espera! –Krillin entraba en pánico.

Pero la bola de energía ya estaba en el aire, situada en el cielo y cegando la atmósfera ya brillante con sus rayos plateados. Nappa rió y extendió sus brazos. Las ondas de luz lunar recorrieron todo su cuerpo y los pelos marrones de su cola se extendieron completamente. El pelaje se multiplicó y se amplió a través de su piel clara. Goku dio un paso atrás, sorprendido. Jamás había visto aquel… mono gigante en vivo, siendo él el único que se había transformado en la Tierra. Observó como los incisivos de Nappa sobresalían de su mandíbula, expandiéndose y creciendo junto a su cabeza hasta que el monstruo llegó a tener casi quince metros de altura. Sus ojos, brillantes y rojos, sobresalían ahora de una cara que era completamente como la de un simio.

-Go… Goku, tenemos que tener cuidado. Eras mucho más fuerte en esta forma… incluso de niño –murmuró Krillin, ya adoptando una posición defensiva.

"¿Qué es esto?" Goku se permitió impresionarse por unos segundos. El poder de pelea de Nappa había aumentado exponencialmente, su Ki parecía en llamas en comparación con la suave calidez de hace un instante. Retorció su espalda lentamente, sintiendo la cicatriz en su parte trasera quemar ante la falsa luna en el cielo. "¿Realmente fui así?"

El mono gigante rugió, agitando sus manos en el aire y, sorprendentemente, aún llevando su armadura Saiyajin. Uno de sus peludos puños se disparó en el aire, colisionando y demoliendo una montaña del paisaje.

Era salvaje. Un monstruo bajo el suave resplandor de la luz lunar…

"Pero, claro."

Goku se giró para encarar a Krillin. La ira inundó su rostro al darse cuenta, pero Krillin lo había dicho momentos antes. Él, Son Goku, también podía convertirse en este monstruo. Sabía, hasta cierto punto, que había alguna relación entre los espacios vacíos en su memoria, su cola y la luna. Era la razón por la que en su hogar habían implementado las tempranas horas de dormir para Gohan.

-Krillin… este es el monstruo que mató a mi abuelo –la zona en donde solía estar su cola estaba ardiendo y de repente, todo tomó sentido-. Yo fui el monstruo que mató a mi abuelo.


Se encontraba regresando de una sesión de entrenamiento, habiéndose enfrentado a esos monstruos verdosos en un cuarto pequeño y oscuro. Habían dicho que sus habilidades eran impresionantes, algo digno de contarle al Emperador Freezer… quien quiera que sea. Él no pensó mucho en eso. Incluso a la tierna edad de tres años, Vegeta sabía que había nacido para ser poderoso, que ya era muy poderoso. No había manera de que unos insectos de color verde pudieran tocarle un cabello.

Vegeta caminó casualmente a través de los pasillos de su hogar en el Planeta Vegeta, su capa rojo rozándole los tobillos, una señal de quién era él, de su herencia y de sus derechos de nacimiento. Los Saiyajin de clase baja se inclinaron ante su llegada. Él era un príncipe después de todo; era lo menos que podían hacer. Pero Vegeta jamás les prestaba atención. Estaba acostumbrado a la subordinación de los demás Saiyajin, incluso a su corta edad. Él era de la realeza, y era natural ser tratado así.

-¿Quién eres tú? –miró al Saiyajin de tercera clase con los ojos entrecerrados. Era una adición innecesaria a la guardia Saiyajin-. Eres nuevo. ¿Por qué estas en frente de la sala del trono? –tenía intención de dirigirse directamente a la sala del trono para reportarse a su padre, pero el Saiyajin de cinta roja lo había tomado desprevenido. Algo que Vegeta odiaba.

El Saiyajin de tercera clase se inclinó ante él.

-Príncipe Vegeta, mi nombre es Bardock. He sido asignado para ayudar en la protección de su padre debido a… -su rostro se contrajo en una expresión de indecisión, como si se resistiera a decirle la verdad al joven príncipe.

A Vegeta poco le importaba. Estaba hambriento y debía reportarse con su padre antes de poder obtener el permiso para comer. No estaba seguro de por qué existían estas nuevas normas, solo que habían comenzado ese día en que enviaron lejos a su hermano; no hace mucho tiempo.

-Bien, como sea. Solo déjame entrar.

La sala del trono era pequeña, sin decoraciones y con poca iluminación. Había solo una alfombra roja como la sangre que conducía hasta un mobiliario de madera negra en forma de timón, que constituía el trono del Planeta Vegeta. Las cortinas estaban sueltas, impidiendo que el suave resplandor de la atmósfera del planeta penetrara en la habitación.

Había sido así por un buen tiempo, se dio cuenta Vegeta. Su padre se sentaba allí, luciendo más pequeño, derrotado de alguna manera carente de sangre o moretones… una manera que Vegeta aún no comprendía. El trono más pequeño a su lado estaba vacío. Su madre se había ido en un viaje del que jamás regresaría.

-Padre.

-¿Vegeta? –El Rey Vegeta levantó la cabeza y poniéndose de pie mientras su hijo se acercaba-. Ven aquí hijo. Ven aquí.

-No, padre. Tengo hambre. Quiero que me den permiso para comer.

-Vegeta, por favor.

El joven príncipe frunció el ceño, pero caminó hasta su padre, listo para escuchar cualquier sermón que tuviera preparado. No era que le desagradaran las historias que su padre contaba sobre el dominio universal de los Saiyajin, pero en ese momento su estómago ardía y gruñía en agonía. Quería comer, pero aparentemente su padre tenía algo importante que decirle. Llevó a Vegeta fuera de la sala del trono hasta una gran puerta ovalada, que conducía al balcón exterior. La voz grave de su padre desvió su atención del paisaje rojizo y desolado.

-Quería que todo esto fuera tuyo.

Vegeta no notó que hablaba en tiempo pasado.

-Soy el príncipe. Lo será.

-¿Ya oíste sobre tu hermano Tarble? –El Rey Vegeta observó a su hijo pacientemente, pero él solo asintió-. Lo envié lejos. Era demasiado débil para este mundo, para este trono. Pero tú no.

-¿Y mi madre? –Vegeta observó el paisaje delante. Sus ojos oscuros examinando el panorama color sangre, las montañas, los acantilados y los valles de su hogar-. ¿Se fue con él?

El rey ignoró su pregunta.

-Déjame contarte una historia.

-Por favor, padre, estoy cansado de esas historias. Ya conozco sin ninguna duda que somos la raza guerrera más poderosa del universo.

-Esta es importante, Vegeta. Se trata de tu destino.

-¿Vegeta? –la interrogante voz de Bulma sacó al Príncipe Saiyajin de sus pensamientos. Él y Raditz estaban sentados en el suelo, cocinando la carne de algún tipo de animal mientras Bulma trabajaba sobre su pequeño aparato.

Vegeta levantó la vista de la comida a medio cocinar.

-¿Qué?

-¿Qué es lo que quieres desear?

"Mi destino". No quería escuchar lo que su padre había planeado para él. Lo había perdido todo, su hogar, su trono, su gente. Todo lo que fue prometido para él había desaparecido bajo el rojo destello del ataque de Freezer. Una parte de él deseaba haber visto la explosión. Habría hecho su pérdida mucho más real, alimentando su ira hasta algo más poderoso. ¿Sería así como ascendería? ¿A través de su ira? ¿Usando la apasionada furia de tener la sangre de Freezer en sus manos?

Sería más dulce que ser inmortal. Saber que podría perder haría su victoria mucho más dulce. Destruiría a Freezer con lo que más había temido. Él lo destruiría usando la misma razón por la que el alienígena destruyó primeramente a los Saiyajin, a su gente. Había algo en esa venganza irónica que lo hacía sentir completamente satisfecho. Trató de ocultar el anhelo en su voz, reacio a inflar el ego de la mujer mucho más.

-Seguiremos tu plan.

Bulma sólo sonrió.

-Ya arreglé el radar.

-Existe una leyenda sobre una transformación mucho más poderosa que el Oozaru, algo que sólo los Saiyajin de más alta élite pueden conseguir. Es raro, pero posible, te aseguro que el Super Saiyajin despertará nuevamente.

A Vegeta no le agradaba la idea al principio. La posibilidad de que alguien más fuerte que él despertara era inquietante.

-¿Qué estás diciendo?

-Estoy diciendo, hijo mío –el Rey Vegeta levantó la mano, como si fuera a tocar el hombro del muchacho, pero rápidamente cambió de idea-, que algunos Saiyajin nacen con esta habilidad innata. No ha sucedido en miles de años, pero veo este poder en ti.

El niño no pudo evitar fruncir el ceño. Su padre nunca hablaba con tal sentimentalismo a menos que algo…

-¿Por qué asignaste un nuevo guardia?

El rey suspiró levemente y cruzó los brazos detrás de su espalda. Su mirada penetrante se enfocó en el paisaje en frente, en su reino y su gente.

-El nacimiento de tu hermano ha causado un poco de… agitación.

-¿Por qué? –Vegeta no sabía nada de su hermano, solo que había sido mandado lejos por razones que ignoraba.

-Su poder de pelea era muy bajo para un Saiyajin de élite, o para cualquier Saiyajin en general. Tenía que desaparecer.

Había algo ansioso, algo frío en la forma de hablar de su padre, pero Vegeta decidió ignorarlo, sabiendo que no debía opinar sobre los cambios de humor de su padre.

Casi se echa reír ante el nuevo pensamiento que tuvo.

-Piensan que eres débil.

-Me he puesto en contacto con alguien que puede remediar la situación. Desea usar nuestras habilidades de combate.

-No lo culpo –Vegeta se cruzó de brazos-. Aunque seguramente mi fuerza compensa la de Tarble.

-Demuéstrales entonces –su padre dejó caer su mano sobre el hombro de Vegeta, pero su agarre no era de amor o consuelo. Era duro, desesperado y feroz, un reflejo físico de lo que se percibía en sus ojos oscuros–. Conviértete en Super Saiyajin.

Ella prácticamente reía cuando volvía con la Esfera del Dragón de la primera aldea Namekuseijin, corriendo directamente hacia ellos.

-¿Ven? Les dije que sería mucho más fácil sin ustedes. Temibles Saiyajin atraen temibles batallas. Yo solo tuve que pedirles la esfera.

-Tuviste suerte –gruñó Vegeta-. Tus habilidades para mentir obviamente han prevalecido todos estos años.

-Estoy algo feliz de que no tengamos que malgastar nuestra energía matando a esta gente –dijo Raditz, encogiéndose de hombros.

Bulma golpeó al príncipe en el hombro.

-¿Puedes creerlo, Vegeta? ¡Conseguiremos algo sin matar gente! ¡Quién lo diría! A veces eres tan idiota, ¿sabes? –ella rió ante el gruñido que le lanzó y lo pinchó en el pecho con su dedo-. ¿Qué? ¿Te molesta que mi plan realmente funcione? Todo es para ti de todos modos, ¿por qué te importa?

"¿Por qué me ayuda así?"

Bulma no parecía tener problema en marchar a una aldea alienígena, solo con su bocota como arma y su dispositivo de rastreo. Ella había afirmado que las negociaciones serían más rápidas de esa manera; sabiendo, por supuesto, que con lógica era la mejor forma de convencerlo de no lastimar a los Namekuseijin, no con simpatía. Ella se puso en marcha, dejando que él y Raditz se mantuvieran alejados, disminuyendo sus Kis y permaneciendo en silencio.

-Tuve que mentir y decirles que estaba con el resto de los terrícolas y que queríamos revivir al Namekuseijin que teníamos en la Tierra. Lo cual no está muy lejos de la verdad. Goku sí sugirió hacer eso –Bulma levantó la esfera-. Son mucho más grandes que las que conozco.

La Esfera del Dragón. Él casi no lo creía. Allí estaba, sobre sus manos pequeñas y delicadas, resplandeciendo con energía mágica. Un brillante orbe anaranjado en medio de un planeta verde y azul. Tenía tres estrellas rojas en el centro, marcándola como la tercera de su tipo. La tercera de siete. Vegeta agarró la esfera lentamente y sonrió. Estaba a seis pasos más de destruir a Freezer para siempre.

-Raditz… –miró a Bulma pensativo antes de continuar-. Pon esta esfera con nuestras cápsulas de ataque, tú sabes donde.

Raditz frunció el ceño.

-¿Dónde?

-¡No te hagas el idiota! –gritó Vegeta, pero de inmediato se calmó. Estaba sorprendentemente… feliz-. Colócala en la mía. Encontrarás algo dentro.

-¡Oh! Sí, Vegeta –Raditz tomó la Esfera del Dragón y asintió-. No hay problema.

-¡Y que no te atrape tu insolente hermano! –Vegeta tuvo que alzar la voz mientras Raditz ya salía disparado. Volvió su atención hacia Bulma. Tenía una sonrisa petulante en su rostro. Su confianza era un poco abrumadora, increíblemente fuera de lugar para una mujer con su poder de pelea. Vegeta se mordió el labio, sabiendo que lamentaría incitarla, pero al mismo tiempo, no podía evitar hacerlo-. ¿Por qué llevas esa ridícula expresión?

-Por nada –respondió, encogiéndose de hombros mientras sus cabellos azules volaban con el viento. Sus ojos recorrieron su figura, analizándola detenidamente por primera vez en doce años. Tenía más curvas que antes, pero en los lugares correctos. Su piel aún lucía suave; y lo era. Lo había comprobado él mismo hace poco. Vegeta reprimió el deseo de repetir aquella ofensa, pero esa sonrisa en su rostro era difícil de ignorar. Ella era una mujer que no retrocedía, que peleaba sus batallas, sin importar lo insignificante que fuera para él, con un fuego inalterable. Y por ello, sabía que esta conversación apenas comenzaba.

-Es sólo que probablemente ahora te des cuenta que no soy una humana estúpida e inútil después de todo –continuó ella.

Vegeta imitó su expresión.

-Hmm, yo no llegaría tan lejos –se cruzó de brazos y amplió su postura, preparándose para el conflicto verbal.

-¡Ugh! ¡Eres un idiota, Vegeta! ¿Lo sabías? Después de todo lo que he hecho por ti, ¿de verdad te vas a comportar así? Solo admítelo. Me necesitas –dijo ella, sus ojos brillando con curiosa valentía-. Me quieres aquí.

-Saca esa idea de tu mente –él se acercó a ella, dejando que su ira lo controle. Se acercó a su oponente con los brazos relajados y postura abierta a cualquier ataque. Vegeta estaba cansado de que intenten adivinar sus sentimientos. Esta mujer no sabía nada sobre sus deseos ni sus necesidades-. ¿Por qué no mejor admites que tú eres la que quiere estar aquí? –la señaló con un dedo en su pecho, como ella había hecho con él muchas veces antes.

Pero fue un error.

La proximidad volvió al aire caluroso, electricidad pura y fuego envolviendo el anteriormente fresco ambiente. Podía sentir el sonrojo en sus mejillas, las diminutas gotas de sudor goteando por su nuca. "¿Qué demonios me sucede?".

Ella lo ponía nervioso. Era insoportablemente difícil de admitir, pero la mujer de la Tierra lo hacía sentir ansioso. Bulma enviaba adrenalina latente en su corazón. Era una endorfina, una descarga. La cual lo impulsó aún más a hacer la pregunta.

-¿Por qué me estás ayudando?

Bulma bajó la cabeza, sus ojos azules mirando en donde su dedo aún estaba plantado sobre ella. Apartó la mano de él con suavidad, envolviéndola con las suyas.

-¿No es obvio? Te lo he dicho antes –respondió. Él no esperaba que se acercara más, pero lo hizo, ambos atraídos como un imán-. Nunca quise dejarte.

-Pero lo hiciste –su voz era demasiado grave, demasiado distraído cuando la mejilla de ella presionó contra su hombro-. Las Esferas del Dragón te enviaron de vuelta. Kakaroto y el débil de las cicatrices las reunieron.

Ella asintió, frotando su nariz contra el cuello de él. Vegeta sintió todo su cuerpo tensándose.

-Mmh –el sonido reverberó contra su piel-. Ellos no sabían de ti.

-Pero tú sí –replicó él, sabiendo que debería sentirse enojado, pero en cambio sentía solo confusión. Dejó que su mano aguantada recorriera sus cabellos azules, los delicados mechones chocando contra su suave caricia-. ¿Qué demonios me hiciste?

Ella se sobresaltó ante aquella maldición. Bulma levantó la cabeza, implorándole que continuara.

-¿A qué te refieres?

-Mentí por ti. Hubiera matado por ti. Arriesgué mi vida en un intento desesperado por salvarte –Vegeta apartó la mano del cabello de la mujer y apretó su puño-. Y ahora… pensaba que lo único que quería de ti, era matarte.

Todavía lo miraba con esos exasperantes ojos azules.

-¿Pero?

-¡Pero no puedo! ¿Qué fue lo que me hiciste? –Vegeta podía sentir que su pecho se volvía más pesado con cada inhalación, y se congeló cuando la mujer volvió a colocar su cabeza sobre su hombro, riendo suavemente. "¿Riendo?". ¡Después de que él dijo que quería matarla! "Está absolutamente loca".

La risa de Bulma se detuvo de repente y ella agarró su mano. El brillo en sus ojos había desaparecido y era obvio con qué había sido reemplazado: vacilación. Ella estaba indecisa y eso hizo que el estómago de Vegeta se retorciera. Bulma levantó la cabeza y frotó un dedo en el pómulo de él, antes de retroceder unos cuantos pasos de distancia.

-Creo que sabes por qué.

Vegeta frunció el ceño.

No tenía una puta idea.