En el escondite subterráneo, dentro de la habitación de juegos se encontraban los tres hermanos Kou y la pequeña Hotaru. Seiya y Yaten se disputaban una apuesta en la mesa de billar, mientras la niña de cabello negro fungía como árbitro. Taiki estaba sentado en un puff rojo cerca de la mesa leyendo un libro y nada más levantaba la mirada cuando alguno de sus hermanos elevaba la voz de la emoción.
-¡Ja! Eres mío plateadito- dijo Seiya con una sonrisa triunfal, sentado sobre la mesa y apuntando hacia la bola blanca.
-Si, claro… - dijo Yaten sarcásticamente, recargado sobre el taco esperando a que su hermano hiciera su jugada. El joven de cabello negro se concentró, movió el taco con fuerza y cuando golpeó la bola, el palo se fue hacia arriba provocando que la bola blanca se fuera hacia otro lado.
-¡¿QUÉ?!- gritó Seiya histérico por lo que había ocurrido. Yaten y Hotaru comenzaron a carcajearse por lo que ocurrió y hasta Taiki se rió ligeramente apartando la mirada de su libro y dirigiéndola a la escena. –¡¡Waaaaa!! ¡Exijo repetición!- gritó el joven llevándose las manos a la cabeza sin poder creer aún que había fallado de la forma más boba. En eso escucharon un silbido familiar, voltearon hacia la entrada y vieron a su jefe entrar calmadamente, aventando y atrapando un objeto brillante, en forma de prisma no muy grande.
-Seiya volvió a meter la pata, verdad- dijo el recién llegado con una sonrisa burlona. El joven de cabello negro le dio una mirada que lo podía atravesar pero el rubio no prestó atención.
-Vaya, alguien está muy contento- dijo Hotaru con una gran sonrisa viendo a su mejor amigo acercarse a la mesa. Haruka se paró junto a ella y colocó la piedra en el centro de la mesa.
-Me encontré una joya…- dijo en un tono triunfal. Todos sonrieron orgullosos, aunque ya estaban seguros de que tendría éxito, siempre lo lograba -…. Y este diamante- terminó la frase y todos se voltearon a ver confundidos.
-¿Qué el diamante no es una joya?- preguntó Yaten en un tono un poco sarcástico y una expresión de extrañeza. Haruka rió ligeramente y negó con la cabeza mientras tomaba nuevamente la piedra y se dirigía a un sillón que estaba cerca de la mesa. Se dejó caer sobre el confortable mueble y dio un giro completo, volviendo a quedar frente a sus amigos con una expresión un poco maliciosa.
-¿Qué saben sobre Kaioh Michiru?- preguntó el rubio aventando nuevamente el diamante y cachándolo. Sus compañeros se volvieron a ver entre ellos y se pusieron pensativos.
-¿No es la chica que atiende el teléfono de las pizzas?- preguntó Seiya intrigado. Haruka sonrió y negó con la cabeza. Los cuatro se quedaron más pensativos, el nombre les sonaba pero no recordaban por qué. De pronto los ojos de Taiki se abrieron grandes, levantó la cabeza y volteó a ver a su amigo.
-¿Kaioh?- preguntó sorprendido el muchacho –Cabello ondulado, color aqua como sirena, ojos azules, falda negra…- una sonrisa maliciosa se formó en la boca del ladrón –corbata de color… ¡es una espía!- dijo al final el muchacho de cabello castaño un tanto histérico. Los demás pusieron una expresión de sorpresa que parecía que se les saldrían los ojos de sus órbitas. Lo único que hizo Haruka fue sonreír confidentemente, se levantó del asiento y se dirigió hacia la salida.
-¿A dónde crees que vas loco?- preguntó Yaten tratando de detener al rubio para que les diera una explicación.
-A buscar una sirena- respondió el jefe agitando la mano arriba de su cabeza para despedirse –Nos vemos al rato en "La Morada"- al decir esto desapareció por la puerta.
-No te vas a ir solo- dijo Seiya corriendo tras su amigo. Los demás se voltearon a ver un poco preocupados.
En la casa junto a la playa, la luz de una habitación con vista al mar seguía prendida. La puerta se abrió y una chica de cabello aguamarina entró dirigiéndose a una cajonera junto a su cama. Abrió el primer cajón y sacó un estuche de violín. Se sentó en su cama y abrió el estuche, sacó el violín, levantó el forro y había varios papeles y fotografías ahí. Tenía en su mano una tarjeta color azul marino y la vio por unos momentos, como analizándola. Sonrió ligeramente recordando lo que le acababa de ocurrir hacía unos momentos en el museo.
-Que persona tan extraña- dijo en voz queda para ella, negó ligeramente con la cabeza y colocó la tarjeta junto a los demás papeles. Después colocó el forro en su lugar y colocó nuevamente el violín en su lugar para guardar el estuche en el cajón de donde lo había sacado.
Afuera de la casa se estacionó un Alfa Romeo Spider azul metálico. Dos figuras se encontraban dentro del mismo observando la casa.
-¿Ya me vas a decir qué rayos hacemos aquí?- preguntó Seiya un poco molesto por la extraña situación y la poca información que se le había dado en esos últimos minutos.
-Venimos por mi cita- respondió el chofer dándole una sonrisa confidente. Después apretó un botón junto al radio y este se abrió exponiendo una pantalla táctil y un pequeño teclado. En la pantalla apareció un mapa de la casa y Haruka comenzó a señalar cada una. –Veamos, dónde estarás- se preguntó a si mismo. Su compañero levantó una ceja extrañado.
-¡¡No vas a encontrar ninguna cita aquí!!!- comenzó a exaltarse el joven de cabello negro –¡¡Lo único que vas a encontrar es un balazo en tu cabezota hueca!!- dijo finalmente histérico. El rubio se colocó el dedo índice sobre los labios para señalarle al otro joven que guardara silencio. Por instinto, este se colocó las dos manos sobre la boca apenado por los gritos que había dado.
-¡Bingo!- dijo triunfal Haruka al ver en la pantalla la localización de lo que buscaba. Inmediatamente después abrió la puerta, se bajó del auto, se quitó el saco y lo aventó en el asiento trasero. Seiya al ver esto, nervioso abrió la puerta y salió detrás de él.
-¿A dónde crees que vas?- preguntó desde el carro a su amigo quien ya había comenzado a caminar hacia la casa.
-¿Tu que crees?- preguntó el rubio en un tono sarcástico y una sonrisa. Una gota gigante apareció en la frente de Seiya como señal de frustración.
