Holiiis :D
Como lo prometido es deuda... aquí estoy! He intentado actualizar lo más rápido posible, y por suerte he conseguido cumplir mi meta (ha ayudado que tuviera el capítulo medio empezado desde hacía unos días, la verdad x'3) y con el capítulo más largo hasta la fecha!
Soy muy consciente que con la resolución que presento puede que algunos me odiéis pero os pido, por favor, que tengáis paciencia. Todo tiene un motivo y una razón de ser en la historia que comprenderéis más adelante, así que espero que enterréis el hacha de guerra y sigáis conmigo T^T pls
Dicho esto, paso como siempre a agradecer a todos aquellos que comentáis y me dejáis leer vuestra opinión y compartís vuestras sugerencias. Las leo todas y tengo en cuenta para más adelante, intentaré incluirlas en la medida que me sea posible! Así pues, un abrazo a: Guest, franchiulla, QueenLanaP, FPhoenix, my dark queen, Marymontoya17, anaxis, Melissa Swan, Carolina Rivergron, ABlaker, MClementineD, Parriccion, dianaquintanilla, followyourheart21, paola-enigma, venus1485, marisagarmzn, Nadia, erpmeis, evilthoughts, MissRegal93, regalLover16 (muy fan que hayas leído y comentado todos los capítulos de golpe jaja), LastTargaryen, IsabellaMartins y Alex1619.
También gracias a los favs/follows y a todos los lectores que me vais siguiendo, espero no decepcionaros!
Capítulo 10. Lana del Rey regala antidepresivos
La tenue luz de la lámpara de su habitación era la única que iluminaba el lugar. Emma intentaba reconfortarse en la comodidad de su cama, hundida en el colchón y agarrando con firmeza unas sábanas algo mal colocadas. Tenía la vista fijada en el techo, por mirar algo sin llegar a ver nada. El día había pasado en un suspiro, a pesar de las muchas cosas que le habían ocurrido. Parecía que nada hubiera cambiado, ella volvía a trabajar para la Bewitched Models Agency y, por ende, estaba a las órdenes de Regina. Su vida estaba recobrando el cauce natural, o al menos eso intentaba creer. Sin embargo, no había nada más lejos de la realidad. Volvió a su apartamento a las tantas de la noche, ganándose la reprimenda de Mary Margaret que, cabía decir, estaba del todo justificada. Su pobre compañera de piso se había pasado el día preocupada por su bienestar y ella había estado... "he estado..." suspiró. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho o cuál era el objetivo de todo aquello, tan solo era algo que había pasado y que ahora no sabía cómo solucionar.
-Emma Swan... ¿Quieres salir conmigo? –la pregunta la cogió completamente desprevenida e hizo que su mente se detuviera por unos instantes. Debía actuar rápido pero... ¿cómo?
-Es algo repentino... –balbuceó, agachando la mirada– como decía, a penas nos conocemos y...
-Ya habrá tiempo para conocernos –la interrumpió– Emma, me encantas y no mentiría respecto a mis sentimientos –la morena la sujetó de las manos y le acarició los nudillos con la yema de los dedos– además... –separó su mano derecha y la agarró por la barbilla con ella, alzándola hasta encontrarse de frente con sus ojos– no soportaría la idea de que fueras de otra persona... –aquella frase hizo que algo en el corazón de la rubia diera un vuelco. Empezaba a creer que los sentimientos de Kayla eran de verdad, posiblemente sí la quería o le gustaba. Además era una persona que siempre estaba pendiente de ella, cuidándola y se lo había demostrado muchas veces. Quizás ya era momento de olvidarse de Regina e intentar reducir su relación a algo puramente laboral. Quizás era el momento de intentar enamorarse de otra persona y... ¿Quién mejor que Kayla Jones para intentarlo? Tragó saliva, incapaz de creer lo que estaba a punto de decir.
-Yo... –musitó en un hilo de voz y con una sonrisa algo tímida– yo también quiero salir contigo.
Cogió el cojín más cercano y se lo llevó a la cara, apretándolo contra sí y ahogando un grito de desesperación "¿Quién demonios te manda meterte en estos líos, Emma Swan?" pataleó durante unos segundos en la cama hasta que finalmente cayó rendida. Oficialmente estaba saliendo con la estrella de Exclusive y sabía que eso no iba a ser plato de buen gusto para nadie en su agencia. Suspiró. Aún no se lo había comentado a Neal y mucho menos a Mary Margaret, aunque tenía claro que ellos iban a ser los primeros en conocer la noticia. ¿Cómo se lo tomarían? Se mordió el labio y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en la almohada. Cerró los ojos e intentó conciliar el sueño, por la mañana le esperaba otro día cuidando de la convaleciente Regina. Lo mejor iba a ser dejar a un lado su reciente relación y centrarse en el cuidado hacia la morena. Ya habría tiempo para discutir sobre el tema en adelante.
[...]
Luces. Todo estaba lleno de luz. Intentó mover el brazo para taparse de aquella cegadora luminosidad pero no pudo, le pesaba demasiado. Sentía cómo se estaba moviendo. No, más bien la estaban transportando. Movió como pudo la cabeza a un lado, observando cómo un hombre vestido completamente con una bata verde la miraba con aire preocupado. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí?
-Tiene varias rozaduras por todo el cuerpo y un par de huesos rotos, pero por suerte hemos conseguido detener la hemorragia a tiempo –voces se sucedían a ambos lados de donde se encontraba– ha sido una suerte que se salvara...
-¿Qué hay de los padres? –una nueva voz emergió de su izquierda.
-Sus padres...
Despertó, incorporándose de golpe y llevándose la mano a la frente. Estaba sudando. Había vuelto a tener una de esas odiosas pesadillas. Intentó respirar con normalidad pero aún tenía le ritmo cardíaco acelerado. Movió a tientas la mano, rebuscando en su mesita de noche un pequeño pote de pastillas y se llevó un paracetamol a la boca. Al menos así conseguiría aliviar el dolor de cabeza que la estaba atormentando. Colocó de nuevo el pote en su lugar y le dio un mero vistazo al reloj "las 6:23" suspiró. Iba siendo hora de que se levantara y fuera a casa de Regina. Apretó el interruptor de la luz y en cuanto esta hizo su aparición tuvo que parpadear un par de veces, acomodando sus ojos. Enfundó los pies en sus zapatillas y se encaminó a la ducha, acompañada de una toalla.
-Buenos días, Emms –la voz de Neal sonó a sus espaldas y la rubia se volteó para saludarle.
-Buenos días –respondió, con la voz aún algo ronca.
-¿Dónde vas tan pronto? –a juzgar por la vestimenta del moreno, este acababa de llegar.
-A la ducha, y después a casa de Regina...
-¿De Regina? ¿No habías dejado el trabajo? –colgó su chaqueta en el perchero sin dejar de mirarla.
-Lo había dejado, pero he vuelto... sí, lo sé, suena extraño –advirtió a decir ante la mueca de incomprensión que se había formado en el rostro de Neal.
-Tú estás muy colada por esa mujer –Emma le lanzó una mirada glacial– no es necesario que me mires así, sabes que estoy en lo cierto.
-Puede –se limitó a afirmar, resignada– en cualquier caso, ahora estoy saliendo con alguien así que es algo que debo quitarme de la cabeza.
-¿¡Qué!? –el grito del moreno fue detenido al segundo por las manos de la rubia, quien intentaba taparle, con poco acierto, la boca. En cuanto este pareció más calmado, le soltó– ¿Qué es eso de que estás saliendo con alguien?
-Lo que oyes –musitó en un susurro– te agradecería que no formaras un escándalo por ello.
-¿Cómo no quieres que lo monte? Emma Swan saliendo con alguien... –se llevó las manos a la cabeza con fingida sorpresa– esto no ocurría desde que ibas a secundaria... Pensaba que habías renunciado por completo a este tipo de relaciones.
-No soy de piedra –frunció el ceño. Que su amigo tuviera ese concepto de ella la enervaba.
-¿Y quién es? –Neal dibujó una sonrisa pícara en sus labios y se cruzó de brazos, expectante.
-Kayla... –habló en un tono tan bajo que era casi inaudible.
-¿Quién? –como era de esperar, su amigo no había oído nada.
-Kayla Jones –repitió, esta vez en un nivel de volumen aceptable.
-No –el muchacho parpadeó, incrédulo– ¿Vas en serio?
-Sí, ayer me lo pidió y tonta de mí acepté –suspiró.
-Lo dices como si fuera un martirio, pero Kayla Jones está en el top 10 de las mujeres más deseadas de América –Emma arqueó una ceja al oír aquello. Al parecer su amigo se había informado bien.
-Si que has estado indagando sobre ella, ¿eh? –se acercó, intimidante.
-Un poco –el joven rió– pero no te preocupes, es toda tuya –le guiñó el ojo y la rubia sonrió.
-Lo sé, y no puedo evitar sentir como que no estoy lo suficientemente contenta por ello...
-Bueno, creo que tienes sentimientos algo divididos, quizás una pequeña parte de ti es a la que le gusta Kayla, pero al resto le tira más Regina y no le hace ninguna gracia el rollo en el que te has metido.
-Será eso –Emma rió y acarició la cabeza de su amigo– tú deberías ir a dormir que a saber con cuántas has estado esta noche.
-Te sorprenderías –dijo el joven, pavoneándose– pero sí, tienes razón –bostezó– cuando vuelvas tenemos que hablar de esto, quiero detalles.
-Cómo no –ambos se sonrieron y Neal empezó a andar hacia el comedor, pero antes de perderse por completo se giró y la miró de nuevo.
-Por cierto –apuntó a decir– ve con cuidado, Emms. Normalmente no me opondría a una relación así, pero estás jugando con fuego así que vigila.
-Gracias por el consejo –el joven levantó brevemente la mano y cerró la puerta del salón, dejando sola a Emma.
[...]
El reloj daba las ocho en punto de ese y la rubia ya se encontraba frente la puerta del piso de Regina. Había llegado puntual, cosa fuera de lo común en ella, y estaba muy orgullosa por ello. Llamó a la puerta un par de veces pero no hubo respuesta "qué raro" enarcó una ceja "¿Aún estará dormida?" se agachó en busca de la llave de repuesto y se dispuso a abrir el apartamento. En cuanto entró, unos acordes algo tristes fueron lo primero que le dio la bienvenida. Conocía bien la canción en cuestión.
-Kiss me hard before you go, summertime sadness –la voz de Regina cantaba a coro, y a pleno pulmón, junto a Lana del Rey– I just wanted you to know, that baby you're the best... –Emma siguió el sonido hasta el comedor del apartamento de la modelo y se apoyó en el marco de la puerta, contemplándola. La morena estaba en su atuendo favorito, cubierta tan solo por unas culotte de encaje negras, estirada en el sofá. Ojalá el resto de la estancia hubiera estado al nivel de aquella diosa griega, pero no. Todo lo que había limpiado Emma el día anterior ahora volvía a estar por el medio, papeles tirados, ropa tirada, cojines desperdigados, las cortinas mal puestas... Suspiró la contemplar la escena– ¡I've got that summertime, summertime sadness! –Rina sacó lo que parecía ser una botella de vodka y le dio un largo trago– ¡Got that summertime, summertime sadness! –de nuevo otro lingotazo.
-Bravo –Emma decidió hacer notar su presencia y se puso a aplaudir, llamando la atención de Regina, quien sonrió plenamente al verla– ¿Se puede saber qué haces?
-Cantar –respondió, como si fuera la mayor obviedad del mundo y dejó la botella en el único espacio libre que quedaba sobre la mesa, cogiendo un cigarrillo en su lugar– creo que es bastante evidente, señorita Swan –encendió el cigarro en un santiamén y le dio una firme calada– ¿Y tú?
-Creo que el vodka y el tabaco no son un buen suplemento a las pastillas que te estás tomando –se cruzó de brazos y la miró, interrogante.
-Quién sabe –dejó salir una gran columna de humo y se cruzó de piernas– pero es lo que necesito ahora mismo.
-¿Qué ha pasado? ¿Algún seguidor de twittter te ha unfolloweado? –bromeó, acercándose a ella y sentándose en la otra punta del sofá.
-Muy graciosa, Emma –si las miradas matasen, la rubia ya estaría a cinco metros bajo tierra.
-Ya sabes que era broma –rió y Regina dio una nueva calada a su cigarrillo– Ahora en serio... sea lo que sea lo que te haya pasado, no deberías fumar y beber. Al menos aún no –la morena la miró, contrariada y tras echar el humo y volver a inhalarlo, apagó el cigarro.
-Si tú lo dices –apoyó la espalda por completo en el sofá y volvió a agarrar la botella de licor, afianzándose un largo trago.
-Regina… –se acercó unos centímetros más y estiró el brazo, quitándole el Absolut.
-¡Eh! –protestó la morena en un puchero algo infantil.
-Nada de alcohol, y menos sin que me cuentes qué narices te ha pasado para que estés en modo depresivo –guardó la botella a sus espaldas y se cruzó de brazos, mirando a la modelo con la ceja algo altiva.
-Eres terrible –Regina dejó escapar un profundo y largo suspiro y arrastró la mano, pesadamente, por su cara– he vuelto a llamar a Danielle –lo último lo pronunció en un susurro, se notaba que estaba avergonzada por ello.
-¿Otra vez? –la rubia pudo sentir cómo los músculos se le tensaban. ¿Por qué la ponía tan incómoda hablar de esos temas? Debería empezar a aceptarlo sin más.
-Sí –rebuscó en la mesa hasta dar con el paquete de tabaco y volvió a apoderarse de un cigarrillo– pero no me lo ha cogido –rió, irónica, mientras se llevaba el cigarro a la boca e intentaba encenderlo– era de esperar –finalmente prendió y le dio un par de caladas rápidas para terminar de encenderlo.
-¿Por qué? –le dolía ver a Rina en aquel estado. Su amor por Danielle era prácticamente obsesivo.
-No lo sé –se encogió de hombros y echó una espesa bocanada de humo– simplemente necesitaba oír su voz –rió de nuevo. Esta vez su risa, algo quebrada, escondía los verdaderos sentimientos de Rina, sus ganas de echarse a llorar ahí mismo. Emma apretó el puño con impotencia.
-Voy a buscarte algo de ropa –se levantó, ignorando el último comentario que había hecho la modelo. Lo mejor en aquellos casos era intentar sacarle los pensamientos negativos de la cabeza y regodearse en su sufrimiento no iba a serle de ayuda a ninguna. Dejó el pequeño bolso que llevaba encima de la estantería y la miró, Regina había aprovechado su ausencia y estaba bebiendo.
La rubia se encaminó a la habitación de la modelo y rebuscó entre su ropa hasta dar con un atuendo que la sorprendió. En su mano tenía una camiseta de tirantes, a juzgar por el tacto de algodón, y unos pantaloncitos cortos elásticos. Parecía el clásico conjunto para salir a hacer running "y yo que pensaba que todo en el armario de esta mujer eran prendas de alta costura". Al llegar al comedor, Rina ya iba por el tercer cigarrillo, tercero desde que ella había llegado claro está.
-Toma –le lanzó la ropa y se cruzó de brazos– póntelo y quita esa cara de una vez.
-Tienes muy poco tacto, Swan –le espetó, cogiendo las prendas a desgana– y muy mal gusto, por lo que veo… –arqueó una ceja al darse cuenta de cuál era el conjunto escogido.
-Estaba en tu armario –se encogió de hombros.
-A saber desde cuándo está ahí… –suspiró pero terminó accediendo a vestirse bajo la fustigadora mirada de la rubia. Primero la camiseta y después los pantalones, levantando un poco la pelvis en un movimiento que a Emma le pareció de lo más sensual– ¿Contenta? –sonrió lo más falsamente que pudo.
-No del todo –la rubia se acercó a ella y le quitó el paquete de Marlboros y la botella de vodka en un abrir y cerrar de ojos.
-¡Emma! –gritó, intentando volver a recuperar sus pertinencias. Por suerte para la rubia, el alcohol ya había hecho algunos estragos en la modelo y le resultaba difícil coordinar los movimientos de su cuerpo.
-Estás enferma, Regina –le espetó, en tono severo– no importa que Danielle, Scarlett Johanson o Pepito Grillo no te cojan el teléfono. Eso no es excusa para abandonarse de este modo. Es tu salud la que está en juego, así que déjate de gilipolleces –lo último que quería era tener que sermonearla, pero a veces la morena se comportaba de un modo en que pedía a gritos un par de palabras mayores.
-Eres peor que Ruby –se dejó caer en el sofá, apoyando la cabeza en el reposabrazos.
-Y seré tu peor pesadilla si no cambias ya de actitud –Guardó la botella y el paquete de tabaco dentro de un cajón y se dirigió hacia ella– voy a por las pastillas que te recetó el médico, quédate ahí quieta –le echó una de sus miradas fulminantes y tras cerciorarse que Rina asentía, con no demasiado convencimiento, se marchó al baño en busca del botiquín.
Le dio un pequeño toque al interruptor y la luz acudió a su encuentro, iluminando el lavabo. Para su desgracia este estaba tan sucio como el resto del apartamento. Respiró hondo, completamente resignada "tendré que limpiarlo también". Intentando no mirar la ropa interior de Regina que había por el suelo, abrió el armario donde guardaba la modelo los medicamentos y rebuscó en su interior hasta dar con las cajitas correspondientes. Las abrió con delicadeza y cogió su contenido, apartando la dosis que le había indicado el médico y tomándola con la mano. Ya solo le faltaba ir a la cocina a por un vaso de agua cuando un estruendo llamó su atención. La música había vuelto a sonar, esta vez a todo volumen.
-I've seen the world, done it all, had my cake now –no podía ser, otra vez no… puso los ojos en blanco y se encaminó a la cocina, dejando las pastillas sobre la mesa– diamonds, briliant and Bel Air now, hot summer nights, mid July when you and I were forever wild –caminó por el pasillo, escuchando cómo una ebria Regina se las daba de cantante profesional– the crazy days, city lights, the way you'd play with me like a child –llegó a la puerta del salón y ahí se la encontró a ella, bailando de lado a lado como si la música la hubiera poseído, botella de vodka en mano. Al menos lo que quedaba de ella, ya que el contenido ahora era inexistente. Suspiró, no le pagaban lo suficiente por aquello– Will you still love me when I'm no longer Young and beautiful? –al llegar al estribillo, los contoneos de la morena se volvieron más sensuales y en uno de sus giros se percató de su presencia. Emma frunció el ceño y al verla la modelo no pudo evitar sonreír pícaramente– Will you still love me when I got nothing but my aching soul? –se dirigía a ella y Emma lo sabía, jamás pensó que su representada borracha pudiera ser un peligro tan evidente. Intentó echarse para atrás pero la pared bloqueó su tentativa. En su lugar, la modelo ya la había acorralado y tenía los brazos rodeando su cuello. Estaba tan cerca que olía a alcohol– I know you will, I know you will, I know that you will… –la voz de Rina fue cayendo, borrando su felina sonrisa y sus ojos brillaban, algo húmedos– will you still love me when I'm no longer beautiful? –después de pronunciar la última frase del estribillo, la modelo hundió la cabeza en su hombro y se echó a llorar, aferrándose con las manos a las mangas de su camiseta.
-¿Regina…? –musitó. No entendía qué demonios estaba pasando, lo único que podía sentir era cómo las lágrimas de la modelo empezaban a calar en su ropa, humedeciéndola. Cogió aire, intentando ser la fuerte en aquel momento y abrazó a la morena por la cintura. La atrajo contra sí todo lo que pudo, escuchando con impotencia los muchos sollozos que dejaba escapar. No entendía cómo una mujer, aparentemente tan fuerte, como ella podía desestabilizarse tanto por una persona. Subió la mano hasta dejarla reposar en la nuca de la modelo y apoyó la mejilla en su cabeza. Notó cómo esta temblaba, presa del llanto e intentó acariciarla para reconfortarla– sé que la música de Lana del Rey es algo depresiva, pero no creo que sea para tanto… –bromeó, y supo por la pequeña risa entrecortada de Regina que había hecho bien en hacerlo.
-Esa mujer acabará conmigo –habló pausadamente, aún le costaba dejar de llorar y seguía con la cara pegada a su hombro. A pesar de que Rina estuviera siguiendo su broma de Lana, Emma sabía que no hablaba precisamente de la cantante.
-No dejes que lo haga –bajó las manos hasta las mejillas de Regina y la separó de su pecho, mirándola fijamente. La morena tenía los ojos enrojecidos y bajó la mirada, avergonzada. Emma secó sus lágrimas con el pulgar y le sonrió lo más afablemente que pudo– deja de escuchar a Lana del Rey, hay muchos otros cantantes que merecen la pena que les des una oportunidad –seguía con el símil de la música, si Rina prefería abordar el tema de aquel modo ella no era quién para cuestionárselo– por ejemplo… –rebuscó en el bolsillo de sus jeans y sacó el teléfono móvil bajo la curiosa mirada de la modelo. Abrió el reproductor de música y tras buscar un poco le dio al play– you told me there's no need to talk it out 'cause it's too late –cantar no era su fuerte, debía reconocerlo, pero quería hacer lo que fuera para animar a la modelo. Sonrió de lado al ver como esta también lo hacía– to proceed and slowly I took your words and walked away –la sujetó de las manos y le dio una vuelta, fingiendo ser bailarina profesional y ganándose un par de tímidas risas de la modelo– No looking back, I won't regret, no… I will find my way –empezó a fingir que tenía un micrófono en la mano y puso muecas como si cantara dejándose la piel en ello– I'm broken but still I have to say… –miró a Regina, cómplice. Estaba segura que conocía la canción, era algo vieja y había sonado bastante en la radio cuando era una adolescente. La modelo le devolvió la mirada con una sonrisa que la dejó helada. Sonreía de corazón, con aquellos perfectos y blancos dientes tan solo superados por el tono rojizo natural de sus labios– It's alright, it's ok, I'm so much better without you! –con un gesto invitó a Regina a unirse.
-I won't be sorry, It's alright, it's ok, so don't you bother what I do! –ambas se encontraban bailando como dos colegialas en medio del salón de la morena. Pero aquella situación estaba bien, no dejaban de reír, de sonreírse, de hacer muecas graciosas…
-No matter what you say! –Emma enfatizó la frase negando con la cabeza al ritmo de la música y Regina soltó una carcajada.
-I won't return, our bridge has burned down, I'm stronger now –la modelo puso ambos brazos en alto y los apretó, intentando emular la pose de un campeón de halterofilia y la rubia tuvo que contenerse para no estallar en una carcajada ahí en medio. Lo cierto es que aquella Rina algo infantil era adorable.
-It's alright, it's ok, I'm so much better without you –Emma sujetó a Rina con fuerza y se tiró al sofá con ella, quedándose una al lado de la otra pero manteniendo la sujeción.
-I won't be sorry… –terminó de cantar la modelo, mirándola a los ojos con aquella sonrisa tan peculiar que era la primera vez que veía. Ambas notaron cómo sus respiraciones estaban agitadas debido a todo el teatro realizado y al quedarse en silencio para recobrar el aliento no pudieron evitar volver a reír. Sin duda, cantar para que Regina hiciera brotar esa sonrisa había merecido la pena.
[…]
Salir de casa de la modelo la había dejado con una sensación algo agridulce. Por un lado quería pasar más tiempo con ella, ya que no terminaba de creerse del todo lo que le había prometido…
-Que sí, Emma –dijo, rodando los ojos– no volveré a beber ni a fumar hasta que no termine la medicación, de verdad.
-¿Seguro? –insistió.
-Claro, siempre y cuando mañana me cantes una balada romántica así bien pegadita –la abrazó por detrás y le dio un casto beso en la mejilla, riendo.
-Whitney Houston te voy a cantar –espetó lo más irónicamente posible, ganándose otra carcajada de la modelo.
Al menos se iba sabiendo que había hecho todo lo posible para que el estado de ánimo de Rina mejorara. Su relación se incrementaba con los días, quizás era debido al estado febril de la morena o quizás al hecho que habían pasado un tiempo separadas… lo único que tenía claro era que empezaban a parecerse a dos amigas y eso, por un lado, la reconfortaba. Tener a la modelo cerca era algo que la animaba. Por el otro lado, era un peso más contra la idea de poder estar alguna vez juntas. Y a eso debía sumársele el hecho que aún no le había comentado nada de su relación con Kayla y no sabía cuándo ni cómo hacerlo. Respiró hondo y abrió el teléfono móvil. Tenía decenas de notificaciones.
Kayla Jones
¿Sigue en pie lo de esta noche? –se llevó la mano a la frente. Había olvidado por completo que tenía que ir a cenar al apartamento de su "novia". Aún le costaba pensar en ella como tal.
Emma Swan
Acabo de salir de casa de Regina. ¿A qué hora quedamos? –enviado.
Kayla Jones
Lo sé, he venido a buscarte. Quería darte una sorpresa –Emma miró a ambos lados instintivamente– ¿Buscas a Wally? ;)
Emma Swan
Te busco a ti, idiooota –sonrió bobamente mirando la pantalla de su Smartphone hasta que notó unas delicadas manos posarse sobre sus ojos y dio un pequeño brinco, sobresaltada.
-¿Quién soy? –la voz de Kayla sonó a sus espaldas y Emma rió.
-¿La mujer que casi me mata del susto? –la rubia posó las manos sobre las de la morena y las bajó, recobrando la vista.
-No –respondió, alargando la vocal– soy la mujer con la novia más guapa del mundo –la besó en la mejilla. Curiosamente en la misma mejilla que había besado Regina hacía escasas horas. No pudo evitar sentirse algo culpable por ello.
-Lo dudo –acertó a decir, algo sumida en sus pensamientos.
-Es cierto –al girarse se dio de frente con la estupenda sonrisa de la morena. Kayla estaba especialmente guapa aquella noche; había ondulado un poco su melena oscura y llevaba un maquillaje poco cargado, a penas una pizca de rimmel y pintalabios. Todo ello hacía que sus ojos azules destacaran aún más y combinaran a la perfección con los colores del resto de prendas que había escogido para su outfit. Un jersey salmón, un poco más ancho de lo normal, unos jeans pitillo oscuros y unos asombrosos zapatos de tacón marrones, a juego con un bolso cruzado de la misma tonalidad. Verla a ella tan arreglada hacía que se sintiera desnuda– al menos yo lo pienso así.
-Porque tienes muy mal gusto –rió, ganándose que Kayla pusiera los ojos en blanco con indignación.
-Dejando conversaciones absurdas a un lado –la cogió de la mano, apretándosela con ternura– tengo el coche aquí mismo –alzó el brazo y le besó los nudillos, haciendo que un escalofrío recorriera el cuerpo de la rubia.
Ambas continuaron caminando por la calle, cogidas de la mano. Emma no podía evitar sentirse en alerta, quizás algún papparazzi las estaba siguiendo y fotografías suyas volverían a llenar la portada de alguna revistucha. Realmente aquello era lo último que quería, Regina no debía enterarse de su relación de aquel modo o por el contrario volvería a tener una discusión con ella. Sabía que, a pesar de haber acordado respeto a su privacidad, la noticia iba a hacer que enfureciera. ¿El motivo? Aún no lo sabía, pero quizás le enfurecía porque sus sentimientos por Danielle no eran correspondidos y Kayla trabajaba para la misma agencia. Quién iba a saberlo…
Llegaron al Aston Martin en un abrir y cerrar de ojos y Kayla abrió la puerta del asiento del copiloto, permitiéndole la entrada a la rubia. Un gesto algo anticuado, pero igualmente gentil. Emma se sonrojó levemente al sentarse y aguardó a que su acompañante hiciera lo propio. Al introducir la llave y tomar contacto, el motor rugió con fuerza y las luces delanteras iluminaron el asfalto. Sin duda, la manera de conducir de la modelo de Exclusive era muy distinta a la de Regina. Quizás más temeraria, más agresiva… daba la sensación que lo tenía todo controlado.
Durante el camino entablaron largas charlas de lo más banales, todo superficial. Le dio la impresión que quizás ella no era la única que estaba nerviosa con todo el asunto de estar las dos solas en el apartamento. ¿En serio iba a ser una cena formal y ya está? Lo dudaba con creces y más habiendo experimentado de antemano la subida lívido de Kayla. Aquella noche estaba segura que iba a suceder algo pero la pregunta era otra… ¿Estaba ella preparada para hacerlo? Tragó saliva. Ya era tarde para arrepentimientos, la morena estaba aparcando en el parking privado de su edificio "maldita sea, Emma Swan, intenta pensar en otra cosa y relájate" intentó destensar los músculos en vano y por poco se empotra contra el techo del coche cuando la modelo puso la mano en su pierna izquierda.
-¿Estás bien? –preguntó esta, sorprendida.
-Sí –sonrió lo más ampliamente que pudo y agarró la manilla de la puerta, abriéndola y escapando, literalmente, del automóvil. Lo último que necesitaba era sentirse atrapada entre las cuatro paredes de una caja de latón. Podía ser todo lo caro que fuera, claro, pero seguía siendo claustrofóbico.
-La salida está por allí –Emma estaba tan centrada en sus pensamientos que no se había percatado que la morena ya había salido del Aston Martin y se encaminaba hacia el ascensor, casualmente al lado opuesto del que había huido ella.
Tomaron el camino hacia el ascensor. La rubia recordaba bien todo aquello, ya había estado allí. No en las mejores condiciones, claro está. Haber pasado una noche completamente ebria en casa de la que ahora era su novia la avergonzaba con creces. Aunque precisamente había sido el comportamiento tan dulce y comprensivo que tuvo con ella en ese momento lo que hizo que algo en su corazón se activase. No podía decir que la quisiera, pero Kayla Jones le gustaba y mucho.
Los números se fueron sucediendo hasta llegar a la planta 25 y ambas bajaron, contemplando cómo las luces se activaban automáticamente. Aquel bloque estaba lleno de lujos. Kayla se detuvo frente a la puerta e introdujo la llave para finalmente empujarla y abrir. Para asombro de la rubia, las luces del piso de la morena también eran automáticas y en cuanto pusieron un pie en él se encendieron. Ahora podía fijarse bien en todo lo que había a su alrededor. Una enorme tele de plasma, el sofá de cuero blanco, la mesa de centro y la de comedor que daba a una cocina abierta, creando un espacio multifuncional. Todo ello denotaba un gran gusto por el diseño y el minimalismo, desde el suelo de madera de nogal oscura hasta las paredes en un blanco manchado.
-Antes de ir a buscarte llamé para pedir la cena –Kayla dejó el bolso encima de la mesa de salón y empezó a desabrocharse los zapatos de tacón– no creo que tarde en llegar, habría cocinado yo pero soy un completo desastre entre fogones… –rió.
-No te preocupes, seguro que yo soy peor –sonrió con timidez, la situación empezaba a ponerla de lo más nerviosa.
-Emma –la modelo la miró, completamente seria.
-¿Qué? –contestó esta, parpadeando.
-Tienes algo aquí –se señaló el hombro y la rubia intentó mirarse con poco acierto, sin llegar a ver nada empezó a intentar sacudir lo que fuera que tuviera con la mano– no, no… es más abajo…
-¿Dónde? ¿Aquí? –acató la sugerencia de la morena e intentó sacudirse de nuevo.
-No, a ver… deja que te ayude –Kayla se acercó a ella y en cuanto la tuvo a escasos centímetros, esta empezó a hacerle cosquillas por el torso– creo que ya lo he encontrado –rió con picardía.
-¡Kayla! –Emma intentaba zafarse de ella y evitar reír al mismo tiempo, sin llegar a conseguir ninguno de sus propósitos– para, por favor.
-¿Qué? No te oigo, creo que tu preciosa risa no me deja escuchar nada… –la modelo intensificó las cosquillas. La rubia no pudo evitarlo y cayó de rodillas al suelo, arqueando el cuerpo al notar cómo Kayla la seguía y sus manos también.
-No puedo más –hablaba entre risas– ya basta –se precipitó de espaldas y la modelo no tardó en aprovecharlo para ponerse encima y continuar con aquel divertido martirio– Kayla, de verdad… –hizo acopio de todas sus fuerzas y sujetó las muñecas de la morena– ya vale –tenía la respiración agitada y la morena también, podía sentirla ya que tenía su cuerpo muy pegado. Ambas estaban tumbadas en el suelo y Emma podía sentir el peso de Kayla caer sobre sí, pero no le importaba. Al contrario, era excitante notar cómo se movía lentamente encima suyo y cómo sus labios estaban a rozar de los de ella.
El silencio se apoderó del ambiente, tan solo roto por alguna que otra respiración exhausta. Ninguna quería decir nada que rompiera aquel momento, pero tampoco dejar que sucediera sin más. La rubia podía sentir el mentolado aliento de Kayla mezclándose con el suyo e incluso juraría que podía notar el sabor de sus labios, pero no le era suficiente. Entornó los párpados al sentir cómo la mano derecha de la modelo se libraba de su agarre y subía hasta su mejilla, acariciándola. Aquello era una tortura, no se podía tener a una mujer tan sexy encima y no desear hacer cualquier cosa con ella. Se incorporó un poco, reduciendo con cautela la simbólica distancia que las separaba y depositó un tímido beso en aquellos carnosos y suaves labios. A penas los rozó, tan solo fue una fricción de unos pocos segundos pero ya ansiaba más y Kayla parecía haberle leído el pensamiento. La modelo volvió a acortar su separación, esta vez atrapándole los labios en un apasionado beso, saboreando su comisura inferior y después la superior. Emma no tardó en corresponderle mientras sus manos bajaban por la sedosa espalda de la modelo, aferrándose a ella. La respiración de Kayla empezó a verse afectada por las caricias de la rubia y se tornó en más pesada y jadeante, necesitada de un mayor contacto así que no tardó en pasear la lengua por el interior de la boca de Emma, buscando la suya y haciendo que ambas se mezclaran y degustasen.
Aquella situación estaba encendiéndola mucho más que cualquier otro de sus encontronazos y no hizo más que aumentar su temperatura cuando la modelo deslizó las manos por debajo de su camiseta y empezó a acariciarle los pechos. Primero fue por encima del sujetador, apretando en los momentos justos para que una corriente eléctrica recorriera todo el cuerpo de la rubia, sin dejar de besarla. Después Emma se deshizo del jersey de la modelo, lanzándolo de cualquier modo y empezó a besar su cuello. Kayla echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido que hizo que la piel de la rubia se erizara. ¿Cómo alguien podía tener una voz tan endiabladamente sexy en aquellos momentos? Mordió con sutileza la clavícula de la morena y esta volvió a gemir. Agradeció que tuviera la piel tan sensible, pero para cuando quiso darse cuenta, la modelo ya sujetaba los bordes de su camiseta y la pasaba por su cabeza, despojándola de ella.
Sus manos se habían deslizado por el contorno de su cintura y empezaba a acariciarle el vientre, resiguiendo el contorno de sus tejanos y sonriendo con malicia. Se agachó y repitió el camino, esta vez con la punta de la lengua, para después subir dando pequeños besos hasta llegar a su escote. Allí se entretuvo unos segundos, propiciándole pequeños mordiscos en los pechos, mientras desabrochaba sus pantalones. Tras conseguir quitarse de en medio aquel botón, empezó a quitarle los zapatos y después le siguieron sus pantalones. Emma se había quedado en un conjunto de lencería color turquesa, pero Kayla aún tenía los pantalones puestos y eso era algo que enervaba a la rubia. Así pues, se incorporó, quedándose de rodillas y empezó a besarla con desesperado deseo mientras desabrochaba sus jeans. Al notar cómo el botón salía, la morena se separó sonriendo con picardía y se recostó en el suelo, deslizando las manos hasta el borde de sus pantalones y levantando la pelvis para poder quitárselos. Estaba claro que aquello lo hacía para provocarla aún más, o de lo contrario no se los habría quitado tan sensualmente. Una vez que consiguió su propósito, la rubia pudo admirar el cuerpo de Kayla. Esta llevaba un conjunto fucsia con encajes y algún lacito en el medio. Las braguitas eran semitransparentes y dejaban poco a la imaginación. Tragó saliva.
A penas tuvo tiempo de reponerse que la mano de la modelo tiró de ella, obligándola a caer encima suyo. Al estar en esa posición aprovechó para quitarle el sujetador y atacó su cuello, mordisqueándolo impaciente. Emma se mordió el labio, reprimiendo las ganas de gemir y sintiendo cómo su ropa interior empezaba a humedecerse. Kayla arqueó la espalda y también se deshizo de su sujetador, tirándolo hacia el sofá. Ahora podía notar perfectamente la temperatura elevada del cuerpo de la morena contra la suya, la humedad del mismo debido al sudor y la peculiar suavidad que tenía. La morena bajó las manos por su espalda y las detuvo en su trasero, sujetándolo con fuerza y empujándolo contra sí, provocando que ambos sexos friccionasen levemente y que el gemido que Emma antes había conseguido guardar ahora escapara. Todo fue en alza cuando las caderas de la modelo empezaron a moverse lentamente, provocando que una ola de sensaciones recorriera su cuerpo. Enredó los dedos en el cabello de Kayla y empezó a moverse al mismo ritmo que ella, rozando con mayor frecuencia su entrepierna y notando la humedad de la misma. Sentir la excitación de la modelo hacía que su temperatura subiera. Kayla decidió apretar con mayor fuerza y pegarla aun más a sus caderas, incrementando el ritmo de las mismas y dejando escapar algún que otro gemido que Emma compartió. ¿Aquello era estar con una mujer? Nunca antes había compartido un encuentro sexual con una y ahora lo estaba teniendo. Sin embargo, no podía evitar pensar en cómo se sentiría si quien estuviera debajo fuera Regina, si los pechos que notara y que rozasen los suyos fueran aquellos que tantas veces había visto, si la humedad que sintiera fuera la suya… Cerró los ojos y se dejó llevar en su mente, incluso no notó que la modelo empezaba a introducir la mano bajo su ropa interior hasta que sintió cómo unos dedos masajeaban su clítoris. Gimió ante el placentero contacto y Kayla acudió a su encuentro, besándola. Aunque era tarde, Emma no pensaba que aquel beso se lo había dado la modelo de Exclusive, en su mente era una persona completamente distinta. La morena aumento la presión de sus dedos y también la velocidad en que los movía y a la rubia se le nubló el juicio. Tanto que en un momento álgido estuvo a punto de pronunciar el nombre de Regina. Parpadeó al captar la importancia que tenía aquello. Allí estaba, teniendo sexo y fantaseando con su representada… ¿Podía considerarse que estaba engañando a Kayla? Su mente empezó a sumirse en pensamientos de lo más contradictorios y supo que, pese al tacto de la morena, no iba a llegar al orgasmo teniendo todo aquello encima.
No quedaba otra opción. Dejó escapar su mejor abanico de gemidos e hizo una de las mejores actuaciones de su vida. Era la primera vez que fingía un orgasmo y no podía evitar sentirse terriblemente mal por ello.
Después de este final que sé que no va a ser plato de buen gusto para todos (para mi tampoco y eso que soy la escritora) he pensado que, dado que nos encontramos en la mitad aproximadamente de la historia, podría hacer un capítulo especial centrado en otro personaje que no fuera Emma.
¿Qué personaje? Eso lo dejo a vuestra elección! Dejad review con vuestra opinión y el personaje que queréis que protagonice el capítulo especial y el más votado tendrá el capítulo 11 para él/ella solito/a :3
