ADVERTENCIAS:
Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos.
Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.
Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera.
¡GRACIAS A TODOS POR LEER Y COMENTAR, ES MUY GRATIFICANTE!
Capítulo 10
Pasó casi una semana desde que me instalé en la nueva casa, y apenas había estado sola. Sólo un par de noches y alguna que otra mañana, pero siempre intentaba alguno estar conmigo, o que yo estuviera en su casa.
Casi había olvidado el motivo por el que me encontraba allí tan rebosante de felicidad por estar por fin con gente que me quería y protegía. Ya no me sentía sola ni por un instante, pero como en toda historia, siempre tenía que haber contratiempos, y no tardaron en llegar sin ni siquiera percatarnos.
Era una noche de jueves, me encontraba tirada en el sofá leyendo, puesto que hacía rato que había terminado de recoger el tinglado de la cena y no tenía nada mejor que hacer, pero un repentino ruido proveniente de la cocina me sacó de mi mundo de fantasía literaria.
Dejé el libro encima del sofá con un gesto cansado y me dirigí tranquilamente a la cocina, sin preocuparme de lo que pudiera haber ocurrido. La ventana estaba abierta de par en par. Fruncí el ceño al preguntarme cómo pudo haber ocurrido sin intermediario de por medio, pero pensé, mi novio es un vampiro ¿Por qué voy a extrañarme por esto?, entonces deshice mi mueca de extrañeza y cerré la ventana sin darle importancia.
Me dirigí de nuevo al salón, pero al cruzar el umbral de la puerta un brazo me agarró por detrás tapando mi boca, impidiendo que gritase, mientras una voz muy familiar empezó a hablar casi en un susurro.
-Volvemos a vernos. Ya sabes que siempre cumplo con mi palabra. Bonita casa, pero no tanto como la nuestra, ¿no crees? -Habló Ray, manteniéndome agarrada mientras me guiaba hasta el salón.
Forcejeé hasta que me soltó bruscamente. Yo aproveché y corrí desesperadamente hacia el teléfono, cosa que no me sirvió de nada ya que se encargó de corta la línea, así que pasé al plan B. Pronto se deshizo mientras empezó a embriagarme un gran miedo.
-¿Buscas esto? -Dijo el hombre mostrándome sonriente mi móvil, a la vez que trataba de no perder los nervios. No me dio tiempo a reaccionar cuando, tras su instante de gloria, tiró el teléfono fuertemente contra el suelo haciendo que este volara en mil pedazos. -Me he enterado de que tienes un nuevo amigo por el que me has dejado tirado como a un simple perro ¿Cómo era...? ¡Ah, sí! el doctor Carlisle Cullen. ¿Cómo ha pasado esto, Nadine?
-Simplemente él es un hombre de verdad, Ray. No como tú. -Contesté de forma inconsciente, pero sin arrepentirme de haberlo hecho. No pude reaccionar cuando una bofetada golpeó de lleno mi cara, haciendo que el labio comenzara a sangrarme.
-¡Repite eso si te atreves, puta!
Ignoré el comentario corriendo hacia la puerta de salida, pero él fue más rápido y bloqueó el paso empujándome violentamente, haciendo que fuera de bruces contra el suelo. Antes de poder moverme comenzó a patearme. Intenté proteger mi cabeza como pude, pero al ser más fuerte que yo no conseguí bloquear mucho los golpes, que cada vez me afectaban más.
Tras unos minutos de violencia física y verbal, Ray paró. Me incorporé de forma torpe sintiendo un gran dolor en mi abdomen, y notando como las lágrimas rodaban por mi cara sin contemplación, a la vez que rogaba porque me me dejara en paz.
-¡Haberlo pensado mejor antes! -Gritó mientras otro nuevo golpe paraba en mi cara. Vi de forma borrosa como se agachaba para sacar algo de dentro de su bota. Un enorme cuchillo que hizo que mi respiración empezara a acelerarse de forma incontrolada. Ray sonriendo de forma maligna empezó a acercarse lentamente.
-Mira el lado positivo, Nadine; Ahora tu familia no tendrá nada que temer, estarán en paz. Te lo prometo, y ya sabes que soy un hombre de palabra.
Después de unos minutos se acercó velozmente, y con cara de sumo placer y satisfacción, hundió el puñal en mi estómago.
Tras unos segundos lo sacó y salió corriendo de la casa como si no hubiera pasado nada, dejándome tirada en mitad del salón.
Empecé a sentir como la sangre brotaba de manera vertiginosa de mi vientre, y en mi mente sólo una imagen, un nombre, una persona ocupaba el espacio. Carlisle. Las lágrimas se derramaban más deprisa cada vez que pensaba en mi familia, en Jessica, y sobre todo en por qué esta bonita historia, como las que siempre imaginé, fuera a terminar tan pronto y de este modo, justo en el momento menos indicado.
Pasaron minutos desde que Ray se fue, pero para mí, el tiempo se estaba convirtiendo en una infernal eternidad llena de sufrimiento inacabable.
Moriría sola, lenta y dolorosamente. ¿De verdad este era el final? No pude continuar con mis pésimos pensamientos, cuando fueron interrumpidos por un estruendo que derribó la puerta y dejó paso a una pequeña mujer. Sentí un gran alivio al ver como Alice se acercaba veloz y ágilmente hacia mí.
-¡Tranquila, Nadine, te voy a llevar al hospital! -Dijo la castaña mientras arrancaba un trozo de tela de su bonita chaqueta beige y presionaba con él mi herida, para después, atarlo fuertemente con su cinturón a modo de torniquete. Después de un segundo, me cogió en brazos sin el menor esfuerzo, y sin darme cuenta ya me encontraba en su despampanante deportivo rojo.
-Creí que mi sangre te tentaba. -Dije entre algún que otro gemido de dolor.
-Lo hace, y estoy luchando contra la tentación porque sólo yo puedo salvarte ahora. No puedo permitir que te ocurra nada, sería horrible.
Quise seguir hablando, pero mi voz era muy débil y se quebraba por momentos. El aire en mis pulmones era escaso y preferí luchar por sobrevivir antes que ahogarme inútilmente.
En menos de media hora llegamos al hospital después de aquella frenética contrarreloj. Si hubiera sido consciente de aquella velocidad, hubiera sufrido uno de los peores momentos de mi vida.
De repente me sobresalté a notar como el coche se detuvo de forma brusca, y Alice me volvía a cargar en brazos para dirigirse al interior del hospital corriendo, esta vez, de forma humana, pero para mi parecer demasiado ágil aún así.
-¡Necesito un médico! ¿¡Carlisle! ¡¿Carlisle? -Gritó la pequeña mujer adentrándose en los pasillos del edificio sin hacer caso alguno a las recepcionistas, quienes gritaban que no podía hacer eso. Pude distinguir como un hombre con bata blanca corría hacia nosotras, pero sólo cuando llegó a nuestro encuentro reconocí al susodicho.
-¿¡Alice, qué ha pasado?! -Preguntó alertado Carlisle mientras dirigía a la chica hacia una habitación vacía. Una vez allí me depositó cuidadosa, pero rápidamente sobre una camilla.
-Tuve una visión. Un hombre entraba en casa de Nadine y la apuñalaba. Pero la tuve demasiado tarde, lo siento mucho.
-¿Carlisle...? -Pregunté concentrando todas mis fuerzas para nombrarlo, aunque apenas quedó en un susurro.
-Estoy aquí, tranquila. Saldrás de esta, ya lo verás.
-Tengo alergia a los anestes... -No pude terminar la frase debido a que me ahogaba.
-Alice, sal fuera; Di que he mandado preparar el quirófano 2. Necesitamos operarla urgentemente.
La chica no tardó ni medio segundo en salir disparada de la sala mientras el rubio deshizo el improvisado torniquete y cortaba mi camiseta, volviendo a hablar dirigiéndose a mí.
-¿Tienes alergia a los anestésicos? -Preguntó recapitulando mi frase, sin detenerse en su rauda tarea.
-Sí, menos a los naturales.
-Tranquila. Menos mal que has podido decírmelo. -Contestó sonriendo dulcemente. Yo le devolví la sonrisa con los ojos vidriosos entre un terrible dolor.
Sin perder un minuto más empujó la camilla dirigiéndola rápidamente hacia el quirófano. Cuando entramos pude ver varias enfermeras ya listas para comenzar. El rubio me tumbó en la mesa de operaciones y sentí que ya me estaban inyectando la morfina cuando, al cabo de un instante dejé de ver y oír.
Abrí los ojos lentamente sintiendo como la luz me dañaba ferozmente, intenté moverme pero me dolía todo el cuerpo, no podía realizar movimiento alguno sin sentir que de un momento a otro todo mi ser se desharía.
De repente vi como una sombra que no conseguía descifrar se acercaba a mí llamándome.
-¿Nadine, me oyes? ¿Cómo estás?
-Carlisle... ¿Qué ha pasado? -Pregunté recobrando mis sentidos a un nivel mínimo.
-Acabas de despertar de la anestesia; Recordarás dentro un rato, tranquila. Ahora estás en la unidad de cuidados intensivos.
-¿Qué es lo que me ha hecho? Me siento como si me hubiera pasado por encima un camión.
-Tienes 2 costillas del lado derecho rotas, hematomas por varias partes del cuerpo, y la puñalada te alcanzó el hígado.
-¿Y por qué estoy amarillenta?
-Por la ictericia ¿Quieres qué te explique sobre ello?
-No, no quiero quedarme inconsciente. Soy bastante aprensiva.
-Tranquila, se te pasará. -Dijo riendo mientras se acercaba cuidadosamente para acariciarme la cara. Su rostro deshizo despacio la sonrisa dejando paso a una mueca seria con un toque de tristeza en sus brillante ojos dorados. -Siento no haber evitado esto.
-Sabíamos que vendría y algo tendría que pasar. Además, estoy viva gracias a ti. Deberías de estar satisfecho. -Respondí con una leve sonrisa observando su angelical rostro.
-Si no llega a ser por Alice, poco podría haber hecho yo. Ahora nadie me salvará de ir de compras.
-¡Ay! no me hagas reír, que me duele. –Rogué tras recordar lo que me había contado sobre su familia, y el miedo a sus comprar compulsivas.
-Lo siento. -Se disculpó sonriendo de nuevo mientras se aproximó a la cama y depositaba un dulce beso en mis labios.
Al separarse unos centímetros para poder ver mis ojos, me dijo casi en un susurro tan sincero y cargado de amor que me quería, que no pude evitar que se inundaran mis pupilas. Le respondí que yo sentía lo mismo, y ahora estaba más segura que nunca de que había encontrado a un hombre de verdad. No me importaba ni que él ni su familia fueran vampiros; Estaba incondicional, irrevocable y totalmente enamorada de él.
