Hay una línea muy delgada entre el bien y el mal, una frágil telaraña que se mueve entre los vientos de la guerra, fronteras cambiantes y un caos total. Cada ser racional, aunque sea uno que rija su vida en valores pacifistas, camina por esa línea. No es extraño que las sutilezas de la guerra se apoderen de la esencia de su existencia y comiencen un lento proceso de sofocación, hasta que dichos seres rompen sus corazas de paz y empiezan a perder el control. Entonces, viene la perdición.
Capítulo 10
Cuerdas rotas
Transformación.
En los infinitos confines del universo, el concepto se expandía en incontables expresiones. Manifestaciones de rutinas, de vida, de crecimiento, de muerte; el dinámico movimiento del cosmos no permitía que nada permaneciera estático… todas las cosas estaban en constante cambio.
Y el humilde planeta Tierra no era la excepción. La transición entre noche y día, el transcurir de las estaciones, la metamorfosis de oruga a mariposa; cada mínimo cambio era un movimiento, la esencia de lo orgánico mientras era gobernada por la existencia misma.
Pero para los nuevos habitantes del planeta, el concepto tenía un significado muy distinto.
Noche eterna envolvía al planeta Cybertron, ningún amanecer ni ocaso alteraba los cielos con luces doradas, ninguna estación climática afectaba el paisaje artificial. Todo era mesurado, calculado. Estático.
Y sin embargo, también aquí el concepto de transformación encontraba expresión. A través de una guerra milenaria –la avaricia, el miedo, el odio-, se había finalmente apoderado de una raza que había logrado escapar de sus garras por demasiado tiempo. Como una tempestad, cayó sobre el mundo artificial de Cybertron con malicia desatada, despertando circuitos dormidos, cambiando todo a su paso en una incansable búsqueda de poder.
Había algunas ventajas… La transformación física se convirtió en una fuente primaria de protección; al imitar la forma de objetos inanimados, el camuflaje se convirtió en un reordenamiento de acero y circuitos, una manera conveniente de salvar la propia vida… o de emboscar enemigos.
Sin embargo, esta transformación iba más allá de lo físico. Como una epidemia silenciosa, invadía cada mecanismo, torciendo y alterando percepciones y personalidades sin discriminar. Nadie era inmune a ella, y mientras la guerra continuó depredando a la raza Cybertroniana, la transformación de sus chispas vitales pasó desapercibida, esperando pacientemente bajo la superficie el perfecto momento para surgir…
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El siseo de una puerta cerrada tras sus espaldas pocas veces fue tan bienvenido.
Optimus Prime había sido líder de los Autobots por millones de años, pero en tantos incontables ciclos solares, eran pocas las veces en las que había estado solo.
Comandar un movimiento de resistencia significaba muchos sacrificios; ceder la intimidad era uno de los más dolorosos.
El líder Autobot representaba esperanza, y la esperanza siempre tenía que estar presente, visible. Cada uno de los movimientos de Optimus Prime era observado con admiración e ilimitado respeto. La voluntad general se había rendido a él, poniendo sobre sus hombros toca carga de fe y poder, pero tener en sus manos el destino de tantos individuos siempre era una pesada carga, apenas escondida detrás de su estoica máscara facial.
Sólo fue hasta que se sintió cobijado por la más absoluta soledad en sus cuarteles personales que se dio el lujo expresar su frustración. Sus piernas se debilitaron y una de sus manos cayó pesadamente sobre la consola de su computadora. Darle una vía de escape al dolor y a la rabia por medio de la violencia nunca había sido una primera opción, pero había veces que la necesidad de romper las ataduras de su código de honor surgía como un tentador alivio.
Pero no sería esa la ocasión. Una vez más, el control y la lógica ganaron la batalla mientras Optimus Prime se dejaba caer en el asiento frente a su computadora.
No era la primera vez que había tenido que supervisar el retiro de los restos de soldados Autobots caídos en batalla, pero la maldita experiencia distaba mucho de convertirse en una de tantas rutinas que vivir en medio de una guerra le había forzado a adquirir. Siempre dolía, justo como la primera vez. La guerra había insensibilizado a muchos de sus guerreros, otorgándoles una máscara de dureza y frialdad que los protegía del asalto de la ética, pero nunca había funcionado con él, nunca lo haría. Su naturaleza amable y sus propias decisiones hacían imposible que subestimara la muerte incluso del más anónimo de sus soldados.
Hacía horas que había detenido su cronómetro interno. Contar el tiempo, contar cuerpos… de repente se había convertido en la misma cosa, intolerable y dolorosa.
Estaba agotado. Recargarse era una urgencia pero también un imposible. Sabía que el descanso le estaba negado en esos momentos. Las imágenes de cuerpos sin vida y miembros cercenados no desaparecerían.
Él no las dejaría desaparecer.
Optimus Prime apretó los puños con impotencia, forzando nuevamente a su rabia a retroceder. Tenía que mantener el control; tenía que hacer retroceder a la ira y dejar que la lógica prevaleciera.
Sus soldados estaban inquietos, el deseo de venganza saturando cada procesador. Él no era la excepción; antes que Comandante, era Autobot. Canalizar esa furia general hacia una lucha justa era su responsabilidad, pero las circunstancias lo obligaban a tomar desviaciones desagradables. Tenía que tomar decisiones, pero ¿qué oportunidad tenía si estaba atrapado en un juego creado por alguien más?
Mientras Nocturne permaneciera en poder de los Decepticons, no había mucho por hacer. Manos atadas, impotencia… carecer de control era intolerable.
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Megatron no se sorprendió cuando un dispositivo rojo en la consola de su computadora personal comenzó a iluminarse intermitentemente, acompañado del ya conocido zumbido que anunciaba la entrada de una comunicación externa.
La estaba esperando. No importaba cuánto los forzara, los engranes de la máquina continuaban funcionando. Pelear contra pacifistas siempre tenía sus ventajas.
Megatron aceptó la señal entrante y el diagrama del cañón resonador que Soundwave estaba construyendo desapareció de la pantalla de su computadora y fue sustituido por el rostro de Optimus Prime.
Megatron reprimió su necesidad de reír. Ya habría tiempo para eso muy pronto.
Muchos Cybetronianos utilizaban máscaras faciales. Algunos como protección durante las batallas, otros como un perfecto escondite de emociones. El líder Autobot era una curiosa mezcla de ambos, pero Megatron no necesitaba ver rasgos faciales para saber que su acérrimo enemigo estaba lidiando una férrea batalla con la ira.
-Saludos, Prime. Confío en que recibiste mi regalo. No hay necesidad de darme las gracias,- dijo Megatron con una sonrisa más que sincera.
-Recibirás mi agradecimiento personalmente, Megatron. Tienes mi palabra,- Optimus respondió duramente.
-Estoy contando con eso.
Había pocas cosas tan gratificantes para el líder Decepticon que sacudir el controlado carácter de su enemigo. La aparente estabilidad de Optimus Prime distaba de ser perfecta, Megatron siempre había estado seguro, y no habían sido pocas las veces en que había estado a punto de desatar a la bestia. Estaba seguro de que llegaría el día en que Prime caería en la más primitiva violencia y rompería todos los esterotipados clichés de la propaganda Autobot. Cuando ese día llegara la guerra comenzaría su final, la balanza inclinada irreversiblemente hacia los de insignia púrpura.
-Así que, Prime…- continuó Megatron, -No pretendo ser descortés, pero como te imaginarás estoy ocupado. ¿Qué es lo que quieres?
Los ópticos del Autobot se estrecharon ligeramente, única señal de su limitada paciencia. -Tu cinismo nunca deja de impresionarme, Megatron. Esta vez fuiste demasiado lejos.
-Nunca es demasiado lejos, mucho menos cuando hablamos de un puñado de guerreros de segunda categoría. Es precisamente por ese tipo de inútil sentimentalismo que perderás esta guerra.
-Los guerreros no son más que objetos para ti, lo sé muy bien. No importa que sean ellos los que te mantienen en ese falso trono del que te sientes tan orgulloso. Tu poder reside en el dolor y la muerte de incontables Cybertronianos.
El Decepticon plateado se burló de las palabras de su enemigo, sacudiendo su cabeza retadoramente. –Ahórrame las tonterías, Prime. Me temo que tenemos concepciones extremadamente opuestas sobre el honor.
-¿Y es precisamente honor tu especialidad, no Megatron? ¿O acaso debo tener esperanzas de que has respetado la integridad de Nocturne?
Megatron amplió su sonrisa. Finalmente Optimus Prime estaba yendo al grano, una invitación abierta para la tortura emocional.
-¿Nocturne? ¿Ese es su nombre? Es curioso… ni siquiera se me ocurrió preguntarle su denominación…
-¿Cuál es su condición?
Megatron no respondió. Sus ojos se estrecharon con perversa diversión, incrementando la creciente tensión en el líder Autobot.
-¡¿Cuál es su condición, Megatron?!- repitió Optimus Prime, dando un fuerte puñetazo en algún lado afuera de la imagen proyectada en la pantalla.
El Decepticon estaba más que satisfecho. Ver a su acérrimo enemigo externar cualquier signo de pérdida de control era siempre una dulce victoria.
-Funcional, creo… Me temo que no puedo darte información exacta al respecto.- Megatron saboreó la ironía: había dicho la verdad, y sin embargo el resultado había sido tan delicioso como una mentira bien planeada.
-Si te atreves a dañarla…
-¿Dañarla?- rió el líder Decepticon. –Dañar no sería la palabra que yo utilizaría exactamente.
Los ópticos de Optimus se estrecharon amenazadoramente. –Por tu propio bienestar, Megatron, será mejor que Nocturne esté intacta, o de lo contrario…
Megatron se carcajeó ruidosamente. -¿Me estás amenazando, Prime? Divertido, muy divertido… Seamos realistas, ¿quieres? Es una fémina. Mis soldados no han visto una desde que dejamos Cybertron. No esperarás que permanezcan insensibles a su presencia en esta base, ¿o sí? La mayoría de ellos son jóvenes, inquietos… Necesitan alguna diversión.- Megatron hizo una pausa momentánea, dejando que sus palabras hicieran todo el daño posible antes de continuar. –Personalmente, estoy pensando en desechar mis prejucios sobre su sucio origen y darle una oportunidad. No merece el honor de ser mía, pero me siento generoso. Por supuesto, estoy contando con que mis Decepticons hayan dejado lo suficiente de ella como para ser disfrutado.
Para la decepción de Megatron, Optimus Prime no continuó su arrebato de furia. Su rostro volvió a serenarse y su voz sonó fría cuando volvió a hablar.
-Voy a ignorar por ahora tus últimas palabras, Megatron. Nos conocemos demasiado bien y por eso estoy seguro de que sabrás que lo voy a decirte no es una petición… Libérala. Libérala ahora y tal vez no te devuelva una respuesta similar a tu sádico regalo.
-Estás más que invitado a intentarlo, Prime. Ven cuando estés listo para hablar con acciones y no con palabras; te estaré esperando.
-Acciones serán tomadas, no tengas ninguna duda.
-Como dije antes, estoy contando con eso,- dijo Megatron antes de cortar la comunicación.
Satisfacción infinita invadió su procesador mientras que el odiado rostro de Optimus Prime desaparecía de la pantalla. Enojar a un pacifista era una estrategia riesgosa, pero sacar al líder Autobot de los estrechos límites de su código de honor era demasiado tentador para desaprovecharse. Megatron sabía perfectamente que Optimus era sentimental y, por ende, débil. Enfurecerlo era un arma de doble filo pero a fin de cuentas sería Prime el que se debatiría entre las fauces de un engañoso conflicto moral.
Megatron regresó su atención al diagrama del cañón resonador de Soundwave. Se preguntó si su silencioso Oficial de Comunicaciones habría ya maximizado el potencial de su nueva esclava. Sonrió con malicia.
Nocturne… demasiado hermosa para ser una Autobot. A diferencia de otras féminas de la facción enemiga, ésta no era una guerrera. Su pánico y falta de resistencia habían revelado a la científica, a la pacifista que de alguna manera había conseguido darle la espalda a la guerra… hasta ahora.
Megatron subió casualmente las piernas sobre la consola de su computadora y colocó las manos atrás de su cabeza. Su sonrisa expresaba más que simple maldad. Sí… la Autobot era demasiado hermosa… tal vez lo suficiente como para desechar viejos prejuicios.
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Optimus Prime no reprimió un segundo puñetazo a la consola de su computadora cuando la imagen de Megatron desapareció de la pantalla.
Siempre era así. Las pocas veces que ambos líderes establecían una comunicación por medio del espacio virtual, solía ser Megatron quien la finalizaba, dictando tácitas condiciones que se habían convertido en costumbre. Optimus Prime lo odiaba.
Pero en ese momento lo que menos le importaba al líder Autobot eran los pequeños clichés de un conflicto que había costado ya demasiadas vidas. Cada chispa, cada existencia, cada mente perdida era irrecuperable, una tragedia eclipsada porque nunca venía sola.
En una de las unidades de almacenamiento de El Arca yacían los restos de catorce guerreros Autobots esperando ser enviados a Cybertron para su descanso final, soldados que habían peleado a su lado y quienes lo habían obedecido siempre con lealtad y esperanza. Era imposible minimizar esas pérdidas, dejarlas convertir en meras estadísticas de un cruel episodio de guerra más.
Más que a la guerra misma, Optimus Prime odiaba sus incalculables y sádicas excentricidades. Millones de años de lucha no habían sido capaces de hacerle entender la existencia de conciencias tiránicas y crueles que destruían vidas en su búsqueda del poder ilimitado.
Megatron era una falla de la libertad individual, al igual que el resto de los Decepticons que seguían ciegamente una causa parcial y esclavizante.
Pero hacía mucho que había dejado de cuestionarse la existencia de tales fallas; detenerlas y borrarlas del Universo era su deber, pero era tan difícil… Muchas veces el honor se quedaba corto y la gravedad de las circunstancias forzaba a contemplar alternativas mucho menos honorables pero tal vez más efectivas. Caminar en la delgada línea entre la civilidad y la bestialidad era cada vez más inseguro. A veces Optimus se preguntaba si no caería él también en las tiránicas garras de la demencia.
Un ruido interrumpió su meditación.
Había alguien en su puerta, esperando, mientras él se debatía en eternos conflictos morales que distaban mucho de traerle tranquilidad.
Optimus Prime activó la cámara de vigilancia que estaba afuera de sus cuarteles y una imagen fue visible en el monitor de su computadora.
Blaster.
No era común que el líder Autobot fuera visitado en la privacía de sus cuarteles personales. Cualquier asunto, por urgente que fuera, solía ser tratado en el Centro de Mando, pero dadas las circunstancias la presencia del Oficial de Comunicaciones Autobot no era sorpresiva.
Optimus oprimió un botón y la puerta se abrió, dejando pasar a un irreconocible Blaster. La misma estructura, los mismos rasgos faciales… pero aún así el mecanoide que se acercaba a él era un desconocido. No había ni rastro de la usual energía y divertimiento en su expresión. Una vez más, nada que el líder Autobot no esperara.
-Blaster… por favor toma asiento,- dijo calmadamente Optimus, señalando una silla enfrente de él.
Blaster ignoró la invitación, como si nunca hubiera sido formulada. Sus avanzados audios estaban cerrados en ese momento a cualquier otra cosa que no fuera el motivo de su presencia ahí. Se detuvo a pocos mecanometros del líder Autobot, cada uno de sus movimientos marcado por la angustia.
-Optimus…
-Siéntate, mi amigo. Has estado sujeto a una tensión mayor que los demás y no ignoro la razón. Sabía que vendrías tarde o temprano.
Una vez más, Blaster ignoró el gesto.
-Optimus, por favor… Nocturne…
Comprendiendo el inestable estado mental de su Oficial de Comunicaciones, Optimus Prime se levantó de su asiento y se acercó a su amigo, colocando su mano amablemente sobre el tembloroso hombro.
-No la abandonaremos, Blaster. Tienes mi palabra.
-¿P-pero cuándo…? Han pasado dos ciclos solares ya… Ella podría estar… ella…
Optimus afianzó su agarre sobre el hombro de Blaster. –Ella está funcional.
Blaster miró firmemente a Optimus por primera vez durante toda la conversación. Su inicial titubeo fue sustituido por una creciente ola de emociones exaltadas. -¡Pero está en poder de los Decepticons! ¡Primus sabrá lo que le están haciendo en estos momentos!
Sus piernas cedieron y Optimus tuvo que sujetarlo para evitar que cayera al suelo. –Sé fuerte, Blaster. No obtendrás nada si pierdes la serenidad.
Blaster se apartó enérgicamente del agarre de Optimus Prime, recuperando súbitamente su fuerza. -¿Qué tiene que ver la serenidad en todo esto? ¡Cada astro segundo que pasa Nocturne está siendo sometida a las perversiones de esos monstruos! ¡Tenemos que liberarla ahora!
El comportamiento de Blaster era irracional, no sólo para su personalidad sino para la manera siempre respetuosa y amigable como los Autobots solían dirigirse a su Comandante Supremo. Sin embargo, Optimus distaba de ser un líder tiránico y no le dio importancia al arranque de su subordinado. Era lógico, después de todo.
-No es tan simple, Blaster. Si actuamos sin precaución nuestro único resultado será el fracaso.
Blaster miró a Optimus desesperado, como si ambos estuvieran hablando en idiomas diferentes.
-¿P-pero qué…? ¿Estás diciendo que no vamos a hacer nada?
-Estoy diciendo que actuaremos con lógica y organización. De otra manera sólo empeoraremos la situación.
-¡Pero, Optimus, esto es una emergencia! ¡Tenemos que actuar AHORA!
La preocupada pero serena expresión del líder Autobot no cambió; era el perfecto contraste con la exasperación de su subordinado.
-Dime, Blaster, ¿qué esperas que haga? ¿Cómo propones que ataquemos a un enemigo fortificado en el fondo del océano? En su base, los Decepticons tienen una ventaja definitiva y lo sabes. No estoy dispuesto a permitir la pérdida de más vidas Autobots este día. Tenemos que ser racionales, por el bien de todos nosotros.
-¿Por el bien de todos…? Pero Optimus… ¿qué hay del bien de Nocturne? ¿Puedes imaginarte los horrores a los que debe estar siendo sometida ahora mismo, mientras hablamos? Ella no puede esperar, Optimus, esto está pasándole ahora, y no estoy dispuesto a dejarla sufrir más tiempo!- exclamó Blaster, dándole la espalda a su líder e incapaz de enfrentar las duras realidades de la fría fachada de su Comandante.
Optimus estaba consciente de que los miedos de su amigo eran realidades crueles; podía sentir cómo irradiaba furia. Los comentarios obscenos de Megatron hicieron eco en su mente mientras se dirigía a Blaster de nuevo.
-Si estás pidiendo mi autorización para irte, Blaster, y tomar este asunto en tus propias manos, entonces lamento informarte que tu petición es denegada. Necesito que seas paciente, racional…
-Pero… pero no podemos esperar, Optimus… Yo… yo no puedo… Nocturne… ella me necesita, ella necesita que yo…- las palabras de Blaster murieron, incapaces de expresar el torrente de miedo y rabia que saturaban su chispa vital.
–Acciones serán tomadas, Blaster, eso te lo puedo asegurar. No puedo ordenarte que te calmes pero te pido que mantengas el control. Perderlo ahora no ayudará en nada a Nocturne.
La mención del nombre tuvo un extraño efecto en Blaster. Su rostro desfigurado por la angustia se ensombreció de repente, al tiempo que empezaba a retroceder lentamente.
-No puedo creer cómo puedes hablar con tanta frialdad de la vida de una compañera Autobot… Si ella estuviera en esa unidad de almacenamiento con los otros, si hubiera sido asesinada tan vilmente… sólo sería un número más para ti, ¿no es así? Una estadística más… justo como los otros.
-Blaster…
El Oficial de Comunicaciones no escuchaba. Sus palabras continuaron escuchándose, crueles, saliendo de una parte de su chispa que encontraba una vía de escape por primera vez en su vida.
-Esta inactividad… esta espera…- continuó Blaster con latente furia. -¿Estás tan ciego que no te das cuenta de lo que pasa, Optimus? ¿Qué va a suceder si sólo te sientas y no haces nada? Yo… yo no puedo entenderte… ¿Qué sucedió con nuestro ilustre líder? ¿Nuestro líder que con tanta justicia enarbolaba la bandera de la libertad…?
La metálica voz de Blaster esta alcanzando un nivel febril; cada una de sus palabras parecía un insulto y estaba saturada por la indignación.
Optimus Prime sintió cada una de esas palabras herirlo dolorosamente. Sin embargo, permaneció calmado; su rostro estaba neutral y su cuerpo tan rígido y controlado como siempre.
-Blaster, por favor…- dijo mientras trataba de colocar su mano sobre el hombro de su subordinado, gesto que fue rechazado.
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo y dejar que los malditos Decepticons hagan lo que quieran con ella? ¿Dónde está su libertad, Optimus? Dime: ¿dónde está esa libertad que defiendes tan fervientemente?
Blaster se irguió todo lo que pudo y encaró a su Comandante.
-Esto es tu culpa, Optimus. Tú eres quien la ha condenado a los horrores de las perversiones de esos monstruos… Tú has firmado su condena de muerte… ¿Cómo… cómo… puedes simplemente estar aquí… así…
Blaster se detuvo, incapaz de encontrar las palabras que buscaba. Pero pronto llegaron a su vocalizador.
-Esto… esto es cobardía, Optimus… traición.
Un pesado silencio flotó entre los dos Autobots. Heridas ardientes se habían abierto y de repente el lado más incómodo de la guerra se quitaba el velo con impúdica crueldad.
-Entiendo que estés molesto,- habló finalmente Optimus, -por lo que voy a ignorar tus últimas palabras. Te aseguro que Nocturne no será olvidada y que tomaremos las acciones necesarias para liberarla, pero no puedo exponer las vidas de muchos para salvar una. En ese momento la lógica y la estrategia deben prevalecer. Retírate ahora, Blaster, y reflexiona. La individualidad puede ser un peligro si se convierte en egoísmo.
Blaster apretó los puños, la impotencia librando una férrea batalla con su rabia. No tenía caso, y lo sabía. La decisión de Optimus era definitiva y el líder Autobot nunca cambiaba de opinión.
Órdenes… no era su amigo el que estaba enfrente de él; era su líder y sus órdenes tenían que ser cumplidas.
Blaster asintió lentamente, siguiendo la costumbre de millones de años de obedecer fielmente una jerarquía, pero sus verdaderos sentimientos estaban muy distantes del respeto.
En ese momento Blaster supo que algo se había roto entre Optimus Prime y él, algo que seguramente nunca recuperarían.
Continuará.
Disculpen la demora en la actualización de esta historia. Prometo no colgarme tanto en la próxima, y también en actualizar pronto mis otros fics pendientes.
Gracias a Tavata y Shadir por sus comentarios, un gusto como siempre chicas ;o)
