Hola!
Wow, quería poner esto en el fin de semana pero envié la pc al técnico y NO PUEDO TRABAJAR SI NO ES EN MI PC, así que no fue hasta ayer que la tuve y he estado toda la mañana editando el capítulo y mientras lo hacía... bueno, no estoy segura de que sea el mejor capítulo, no sé pero simplemente pasó que los OC's se tomaron el 80% de éste, sin embargo todo lo que está aquí es necesario para la historia, así que léanlo por favor.
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Muchos podrían pensar que la vida en la cárcel era dura, y ciertamente lo era para un novato o un ingenuo que estaba cumpliendo condenas por algo que no había cometido, pero para una rata de alcantarilla bien versada en asuntos de la calle, la vida en el Centro Correccional de Gyeongsang para varones podría incluso pasar a ser unas incómodas pero gratuitas vacaciones.
Lo primero que Namhyung Kim aprendió tan pronto como le revisaron por primera vez cada orificio que tenía en algo que se volvería rutina constante en búsqueda de armas o droga es que no podía dejar ver ninguna debilidad, si bien no estaba en el área de máxima seguridad donde estaban encerrados psicópatas, violadores, torturadores y asesinos, los tipos en el área de mínima seguridad podían volverse bastante molestos si se les permitía.
La segunda cosa a la que tuvo que acostumbrarse fue a acostarse con hombres. Él nunca había hecho algo de aquella categoría con un hombre así fuese un omega, pero allí adentro, el 50% del respeto había que ganárselo cogiendo tantos traseros como pudiese y aunque los presos omegas estaban bajo supresores omigen, un supresor más invasivo y radical que el betadín comercial, al final del día resultaban ser un orificio suave donde satisfacer necesidades básicas.
La tercera cosa, y ésta no muy diferente al mundo allí afuera, era que la cárcel se organizaba socialmente por dinámicas. Alfas, betas y omegas se aglomeraban entre ellos y, por supuesto, los alfas tenían las cosas bajo control, así que aunque Namhyung nunca fue un alfa de primera categoría, por lo menos era considerado uno y estaba en el grupo de élite de la cárcel, teniendo varios privilegios en las duchas, en la comida y en la disposición del grupo de omegas que abrían sus dulces muslos a cambio de protección.
Y fue en ese grupo de omegas, en el lugar menos propicio, en un hoyo oscuro, lleno de odio y temor que encontró algo que nunca habría pensado encontrar.
Ji-Min Yoo…
Diez años de condena por estar conectado con la desaparición de su violento amante era lo que se leía en su ficha, de los cuales apenas había cumplido dos. Ji-Min había llegado a la cárcel sintiéndose más seguro detrás de las rejas de lo que jamás se había sentido y viendo que sus pares omegas vivían siendo el retrete de todos, ya sea de presos, guardias o funcionarios, él había logrado organizarlos para vivir lo mejor que un omega podía vivir dentro de la cárcel. Era un chico inteligente que había leído casi todos los libros de la biblioteca que tenían. Era un omega hermoso con vivaces ojos aguamarina y oscuro cabello negro que extrañamente parecía tener tintes de azul cuando salían a caminar en el campo de atrás de la cárcel y los rayos de sol le besaban enteramente. Era disciplinado, solamente comiendo lo extremadamente necesario y que estiraba para meditar todos los días incluso antes de que las luces se encendieran.
Y era por todas esas cualidades que nadie podía explicar por qué se había aliado con Dawook Kang, un estafador de primera categoría, un alfa enorme que había caído naturalmente en el papel de alfa de los alfas, oscuro y esculpido con músculos por todo el cuerpo, astuto y brabucón de ojos negros y pequeños que había adquirido un extraño gusto patológico por los tatuajes.
Pero eso no era lo peor.
Dawook era un golpeador, un maltratador que se complacía en usar a Ji-Min como bolsa de boxeo y, como todo abusador, sin dejarle ni un rasguño en esa cara fina y seria del omega que estoicamente caminaba por los pasillos y realizaba sus tareas tratando de no sobresaltarse por el dolor que las contusiones le provocaban.
Y nadie podía hacer una maldita cosa.
Los omegas que tanto le debían, al principio le insistían que hiciera algo al respecto pero Ji-Min solo sonreía con sus labios rosados y les enviaba a resolver sus propios asuntos. Algunos decían que Ji-Min lo hacía por su manada de omegas, para mantener el tácito acuerdo de dar la bienvenida a los alfas o betas que visitaban sus camas furtivamente en las noches a cambio de poder decir no sin perder un ojo, ser tratados dignamente y no ser forzados a nada que no quisieran, recibir horarios para ellos solos en las duchas, analgésicos extra para el dolor que el omigen provocaba, no ser insultados ni humillados y si un omega decidía estar con un alfa, ningún otro podía tocarlo.
Pero Namhyung podía ver que era algo más…
Y lamentaba ahora notar que Ji-Min tenía algún tipo de patología por las relaciones tóxicas tal como su madre lo había tenido.
Namhyung sabía que podía ser bastante cliché proyectar rasgos de su madre en un individuo que le atraía, pero él podía reconocer perfectamente cuando una mujer, o un omega o lo que fuese no podía salir de una relación que terminaría por matarle solo porque temían estar solos o necesitaban sentir a alguien a su lado.
Ya ni siquiera era amor u obsesión. Era masoquismo.
Ese día, como pasaba comúnmente, Namhyung despertó con los exquisitos y ahogados gemidos de Ji-Min en la cama contigua a la suya ya que él era el compañero de celda de Dawook quien apretaba su cabeza contra la almohada y le ordenara que guardara silencio mientras le tomaba por detrás con todas las fuerzas de un animal.
-Mira esta pequeña perra, Kim –le dijo Dawook cuando notó que su compañero de celda estaba despierto mientras seguía hundiéndose una y otra vez dentro de Ji-Min. –Mírale gozar de una buena monta…
Namhyung quiso disfrutar de lo que El Alfa le ofrecía, permitirles verlos cogiendo así, tan tórridamente, sin embargo al recordar que si Dawook no estuviera montando a Ji-Min, estaría golpeándolo, todo deseo se congeló y solo quedó una repugnancia fétida contra El Alfa y contra sí mismo.
El antiguo Namhyung hubiese disfrutado, hubiese visto con deleite y sin empacho, pero ahora que por primera vez en su vida estaba enamorado, tenía que apretar la mandíbula, rasguñar el delgado colchón al cerrar sus puños y dominar su aroma… jamás podría ganar a Dawook en un desafío por Ji-Min.
Pero antes de hacerlo, aquellos ojos aguamarinas enrojecidos por las lágrimas pero sumidos en éxtasis le miraron, se clavaron en él con algo que no reconoció qué fue. ¿Una súplica? ¿Para dejar de mirar? ¿Para continuar haciéndolo?
Esta vez con los ojos clavados en la pared a la que su cama estaba pegada aspiró profundo y debajo del ofensivo olor del alfa excitado, allí estaba la dulzura de Ji-Min, la fragancia almizclada y embriagante de su fluido, de su sudor…
"No te excites… no lo hagas… no así…"
Un par de minutos después y mucho alboroto, todo había terminado, casi le impresionó lo sincronizadamente que acabó cuando las luces se encendieron y los guardias anunciaban que se pusieran frente a las rejas para el primer conteo del día.
-quiero que pases todo el día así, con mi jugo en tu trasero… -le murmuró Dawook obscenamente después de levantarse y Ji-Min asintió, se limpió el abdomen de sus propios fluidos y terminó de vestirse justo a tiempo para ponerse frente a las rejas en medio de Namhyung y Dawook.
El guardia que había abierto la puerta de la celda la noche anterior para que Ji-Min durmiera con Dawook antes de contarlos dijo: -¿Una buena noche, Kang?
-Ya sabe, Jefe… -respondió con malicia y cacheteándole el trasero al omega.
-Regresa a tu celda, Yoo. –ordenó el guardia no desaprovechando la oportunidad para olfatear a Ji-Min y llevárselo a la tercera celda a su derecha y por supuesto, Namhyung estaba más furioso que Dawook mientras veía cómo el guardia prácticamente devoraba a Ji-Min con la mirada y allí hubo algo otra vez.
El omega giró su cabeza y por un breve instante se miraron. Pero antes de que pudiese saber qué era, Ji-Min fue empujado hacia su celda.
Trató de no pensar mucho en ello y todos ellos comenzaron a recibir el correo mientras la mayoría hacían flexiones de pecho en sus celdas antes de ser llevados a las duchas y luego al comedor para desayunar pero los ojos de Ji-Min continuaban relampagueando en su memoria todo el tiempo.
Quizá debería ir a la sala común donde los omegas solían reunirse y pedir a Jae-Wan que le hiciera compañía, el más joven de los omegas y para algunos el más deseable aparte de Ji-Min.
Cuando la sirena sonó y todas las puertas de las celdas se abrieron, la mayoría marcharon a las duchas mientras otros iban directo al comedor. Al entrar en el baño de duchas conjuntas y un sinfín de hombres desnudos en medio de vapor, Namhyung agradeció que ahora, después del trato con los omegas, los baños estaban libres de exhibicionistas y violaciones en grupo ya que los alfas y betas utilizaban las duchas primero y los omegas después.
Al terminar, Namhyung salió con un par de betas con quienes congeniaba bastante bien y se tropezaron con la fila de los omegas, alrededor de treinta hombres de todas las estaturas y edades que esperaban pacientemente su turno mientras esperaban… el olor ácido del omigen fue lo primero que todos detectaban en un omega de cárcel, sin embargo el supresor que incluso inhibía el deseo sexual y algo de sus feromonas no podía hacer nada con el aroma de treinta omegas juntos, la mayoría en edad fértil y ahora más dispuestos a pasar un momento divertido si se les pedía amablemente.
Y allí, encabezando la fila y vigilando el reloj de pared, Ji-Min con su impasible actitud volvió a mirarle.
-Jae-Wan, nuestro turno comienza en diez minutos, dile al guardia que los saque a todos si no lo han hecho… tú, alfa, ven un momento.
Namhyung no podía creer que un omega pudiese hablarle a un alfa así y si él siguiera siendo el mismo que fue hace cuatro años, no estaba seguro si lo toleraría o no, pero en el pequeño mundo que se formaba en la cárcel, Ji-Min siendo el aliado (se rehusaba a decirle pareja ya que con el omigen de por medio un omega no puede enlazarse y tampoco creía que ese era el tipo de relación que había entre ambos) de Dawook, El Alfa, tenía todo el derecho de usarle como una alfombra si quisiera.
Hasta los guardias le respetaban, dejando que Ji-Min se moviera por donde le plazca y nadie decía nada ya que sabían que si le enojaban, Dawook estaría sobre sus gargantas en cualquier instante. Por ello al caminar por los corredores casi vacíos hacia la biblioteca, todos alzaban la vista, algunos saludaban a Ji-Min con la cabeza pero nadie les detenía.
Finalmente llegaron al destino que Namhyung se lo esperaba. Pero no se esperaba nada de lo que iba a suceder apenas se cerrara la puerta.
Ji-Min le tacleó y le dejó tendido en el suelo. -¡qué mierda te sucede! –le gritó al pensar que iba a golpearlo pero el omega solo se sacó los pantalones y se sentó a horcajadas sobre él.
-no me toques. –le instruyó Ji-Min. –o él te olerá en mí. Solo mételo.
-¿Qu-?
Ji-Min, quien ahora estimulaba su miembro con fuertes caricias para darle vida rápidamente le mandó a callar de un ¡Chhst!
-he visto cómo me miras, Namhyung… -le dijo cerca del oído. –ya me limpié de lo de temprano… solo mételo…
Namhyung, al sentir el calor de quien había deseado por tanto tiempo tan cerca, encogió los dedos de los pies dentro de sus zapatos de lona y siseó. –no… te golpeará… -suplicó el alfa y Ji-Min, quien parecía estar en trance, se quedó quieto. -Te deseo, Ji-Min… pero no quiero que te golpee… -parafraseó Namhyung mientras tocaba la delicada cara del omega y le obligaba a mirarle directamente a los ojos. –Ya encontraremos una manera, ¿Está bien?
Ji-Min, el siempre tan sereno Ji-Min comenzó a temblar, su barbilla primero, después todo lo demás y por último, dio un largo y profundo suspiro de dolor y se abrazó a él. –no entiendo qué está mal conmigo…
-no hay nada malo contigo… -consoló el alfa y se abrazó de Ji-Min también. –solo mantente a salvo, te prometo que encontraré una manera.
Ji-Min recuperándose después de unos minutos, se puso los pantalones nuevamente y salió como si no hubiese pasado nada.
El resto del día, Namhyung se lo pasó en un halo de excitación, felicidad y preocupación. No podía pensar en otra cosa que Ji-Min, lo bien que se sentía el interior de sus muslos tocando sus caderas o su pequeño cuerpo temblando contra él… por un momento pensó que había sido un tonto al dejar escapar la oportunidad de hacerlo suyo pero ¿Realmente lo hubiese sido?
El sonido de puños contra carne o patadas contra su abdomen era todo lo que necesitaba recordar para responderle… tenía que deshacerse de Dawook, sea como fuese.
Finalmente, terminados los deberes matutinos de limpieza, los guardias les devolvieron a las celdas otra vez y Namhyung recordó que era sábado, día de visitas.
Preparándose para dormir una siesta ya que él nunca había recibido ni una sola visita, se cubrió con el rasposo cobertor y cerró los ojos cuando el guardia tocó los barrotes. –tienes visita, Kim.
-¿Yo? –preguntó, incrédulo y se levantó.
-Sí, gira y saca las manos.
Namhyung frunció el ceño. -¿Es necesario? Seré bueno.
-Protocolo de seguridad, ahora hazlo.
Finalmente, el alfa cedió y sacó las manos por entre los barrotes, permitiendo que el guardia le esposara para luego abrir.
Con cada paso que daba, la curiosidad iba creciendo más y más hasta que finalmente llegaron a la sala privada de visitas que generalmente se reservaba exclusivamente para que los abogados hablen con sus clientes. ¿Qué rayos podía hacer su abogado aquí? Su sentencia estaba más que sentada.
Finalmente, el guardia que le custodiaba dio la señal para que abrieran la puerta, un horrible timbre sonó y pasaron, impactándole inmediatamente un olor familiar pero que no pudo reconocer hasta verle sentado ahí.
-Gracias, caballeros… permítannos hablar a solas. –comandó el viejo alfa.
Namhyung sintió que el oxígeno se acababa dentro de la habitación con una sola mesa con espacio para cuatro personas, una máquina de café y una ventana pequeña y enrejada por la que pasaban tímidos rayos de sol a un lugar tan frío y lúgubre. Después de la impresión de encontrarse al Presidente Lee allí, la ira comenzó a bullirle en las entrañas y pasó directamente hasta sus puños.
Si no hubiese estado esposado, Namhyung estaba seguro que no habría podido contenerse.
-¿Qué hace usted aquí? –preguntó con veneno.
El viejo presidente solo sonrió, sus ojos grises brillaron con satisfacción y se acomodó los puños de su fina camisa con mancuernillas de oro y brillantes. –vine a sacarte de aquí, naturalmente.
Naturalmente.
No pudo evitar gruñir por eso. –creo que se ha retrasado un poco… cuatro años, para ser precisos. ¿O su Rólex se descompuso?
Gunwoong volvió a reír como si fuesen amigos que se hubiesen encontrado casualmente en un bar. –es un Louis Moinet, de hecho, y no, no se descompuso, solo vengo en el momento oportuno.
-puede irse al infierno, maldito viejo. –gruñó el alfa otra vez. -¡Guardia!
Nadie entró y Gunwoong volvió a reír. –mira, Namhyung Kim, nadie vendrá hasta que yo lo ordene y ahora todo depende de ti. Te ofrezco salir de este hoyo inmundo-
-¡En el que usted y su jodido puto me metieron! –explotó Namhyung y tan pronto como sus palabras salieron, él supo que no debía haberlas dicho, esa aura de pura maldad despiadada hizo que quisiera meter la cabeza dentro de la tierra como un avestruz.
-No vuelvas a hablar así de mi hijo, ¿Entiendes, rata asquerosa? –susurró el presidente y Namhyung, como una serpiente encantada, solo asintió. –bien, como te iba diciendo, te sacaré de aquí y trabajarás directamente bajo mis órdenes para una tarea especial por la que te pagaré seiscientos millones de won… además veremos qué hacer para borrar tu historial. ¿Suena bien?
No, no sonaba para nada bien, nada de lo que saliera de esa boca ponzoñosa sería bueno.
Estaba a punto de enviarle al demonio otra vez pero reconsideró… apenas llevaba la quinta parte de su condena y seiscientos millones de wons era bastante dinero. Eso le hizo preguntarse ¿Qué quería el Viejo de él? ¿Qué era lo que tenía entre manos que se había dado la molestia de venir hasta aquí y hacerle semejante propuesta?
-oh… casi lo olvido, lo que necesito que hagas no le gustará a mi hijo, de ninguna manera… pero el muchacho necesita una lección y quiero que me ayudes a dársela… vamos, Namhyung Kim, puedo ver en tus ojos que deseas decir que sí.
No pudo mantener el contacto visual con su antiguo jefe así que miró el suelo… la posibilidad de ver a aquella sabandija remilgada sufrir era el mejor incentivo que pudo haber oído, pero todavía no sabía si podría hacerlo… no después de lo que había sucedido en la mañana con Ji-Min. ¿Cómo podía abandonarle cuando estaba tan cerca de tenerlo?
Y entonces se le ocurrió una idea. –muy bien, presidente Lee… pero quiero todo eso para mí y para otra persona, Ji-Min Yoo, también está en mínima seguridad.
-Veré qué puedo hacer. –respondió el viejo alfa astuta y convenientemente.
-no, nada de eso. –dijo Namhyung chasqueando la lengua. –o él sale conmigo, o ninguno de los dos sale, así de fácil.
Namhyung podía sentirse sudar, la camiseta se le pegaba en la espalda, su respiración era irregular y veía cómo todo comenzaba a girar hasta que paró cuando el presidente cruzó sus dedos sobre la mesa, entrecerró sus ojos y le leyó como un libro abierto.
Ahí estaba, ese demonio lo sabía. Sabía que estaba enamorado…
Finalmente, sonriendo, contestó. –Hecho.
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Efectivamente, tres días después los guardias a las dos de la mañana les buscaron en sus celdas y les pusieron en la calle donde un Volvo verde conducido por una chica alfa les esperaba.
-Esto huele mal, muy, muy mal. –comentó Ji-Min susurrando. –huele peor que mal, esto huele a mafia, ¿en qué nos metiste, Namhyung?
El alfa solo se encogió de hombros. –yo trabajé para Saehan, antes era una mafia prestamista tanto de dinero como de nombres, ahora parece que están trabajando para dejar de serlo y convertirse en una agencia de préstamos normal. El presidente me necesita y aproveché para incluirte en el trato. –Ji-Min seguía obviamente molesto a pesar de que su cara no mostraba expresión alguna. –mira, Ji-Min, no creíste que ibas a tener tu libertad y esa cantidad de dinero a cambio de nada ¿verdad? Por lo menos, no tendremos que matar a nadie.
-¿Y cómo estás tan seguro de eso? –espetó el omega.
No estaba 100% seguro, pero sabía que el Presidente no trabajaba así. –Porque yo… ese fue el primer trabajo que hice, y el Viejo jamás le pondría tanto dinero a una cabeza… debe ser algo más complicado.
Ji-Min le miró de reojo y suspiró, aún enfadado. -¿A dónde nos estás llevando, niña? –le preguntó el omega a la conductora.
-A la estación de trenes, señor. Iremos a Seúl y después les dejaré en el departamento en Yangcheon que el presidente ha preparado para ustedes.
El omega abrió los ojos de par en par, pero rápidamente los cerró. Mas tarde, en el viaje en tren, Namhyung le preguntaría la razón de su reacción y Ji-Min le contaría que toda su vida había vivido en Mapo cerca del distrito de mercados que suplían a los restaurantes de la parte sur de Seúl y ahora, tener la oportunidad de vivir en Yangcheon le parecía un lujo.
Si tan solo se enterara que su objetivo vivía en el mismísimo Gangnam…
-¿Cuándo comenzaste? –preguntó el omega después.
Namhyung le miró y no pudo evitar acariciar su rostro. -¿el qué?
-a sentir algo… por mí… ¿Cuándo? –insistió Ji-Min con su cara inexpresiva.
Namhyung se sonrojó al recordar. –te bañabas un día y vi… vi…
-… ¿Las cortadas?
El alfa asintió. –sí, y me pregunté quién le haría eso a una piel tan hermosa… después un beta te agarró el trasero, le diste un codazo y cuando estaba en el suelo, le pisaste la garganta.
-Hmmm, recuerdo ese día… sucedió dos semanas después de que entré y estaba bastante inestable por el omigen, ¿en serio te he gustado por tanto tiempo? –Namhyung asintió, avergonzado. -¿Y por qué no hiciste nada?
-Estaba demasiado ocupado odiando a alguien en ese momento… y hablando de omigen, tenemos que llegar a una farmacia tan pronto como podamos.
Ji-Min frunció el ceño. -¿quieres que siga tomando supresores?
Namhyung le miró, sorprendido. –Creí que tú desearías tomarlos.
-No. –le dijo. –vamos, Namhyung… ¿qué crees que estoy haciendo aquí? Yo también… sentí algo por ti… cuando Dawook me golpeó y tú conseguiste analgésicos y vendas para mí pero me sentía estúpido porque pensaba que para ti solo era un cachorro apaleado… -se quedó en silencio un momento, después se enderezó y reunió todo el valor que podía para decir algo como lo que deseaba decir: -siempre he hecho las peores decisiones con respecto a una pareja, no sé el motivo… esta vez siento que no me equivoco contigo y quiero… quiero enlazarme antes de cometer alguna otra estupidez.
Namhyung le miró larga y concienzudamente, bebió de la magnificencia de Ji-Min bañado por los primeros rayos de sol del día, sintió su corazón estrujarse. ¿qué otra respuesta había para algo como eso más que un "sí"? –sí… sí, por supuesto que sí.
Ese podía ser el momento más feliz para Ji-Min, disfrutar de ser un hombre libre, sea cuales fueren las condiciones, y saber que no volvería a ser golpeado o violado otra vez.
Efectivamente, al llegar al departamento en Yangcheon, Ji-Min parecía un niño en una juguetería, pero cuando notó que el baño tenía una tina, inmediatamente se desvistió y ni siquiera esperó a que estuviese llena para meterse e invitar al alfa, a su futuro alfa a compartir.
Namhyung sabía que eso no era ni una pequeña parte de lo que alguna vez había tenido y era aún más minúsculo comparado con lo que Mookyul tenía. Fue entonces que, apretujado en la tina pero infinitamente feliz por tener a Ji-Min en sus brazos, juró que no escatimaría en esfuerzo para darle al omega todo lo que deseara.
Estaba tan feliz con solo sentirle piel contra piel que no notó precisamente lo que pasaba pero cuando Ji-Min giró para verle directamente a los ojos y sentado en su regazo, con su pequeño miembro despierto y temblando, el alfa se permitió adorar el cuerpo del omega lentamente, por fin disfrutando no solo del hombre que había deseado por tanto tiempo sino experimentando un sentimiento que nunca había sentido hasta hundirse en Ji-Min.
Sin embargo, los siguientes días se vieron atormentados por la abstinencia de omigen, los dolores y las náuseas que provocaron en Ji-Min le rompían el corazón al alfa, los sudores nocturnos y los delirios mientras su cuerpo volvía a su estado natural le atacaron durante semanas.
-¿qué puedo hacer? –le preguntó Namhyung, desesperado.
-Solo abrázame… ya pasará…
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El bzzz bzzz bzzz de su celular debajo de la almohada le despertó como todos 11 de cada mes a las 5 am. Ewon abrió los ojos para descubrir que aún estaba un poco oscuro y que Mookyul tenía un brazo enredado alrededor de su cintura. Tentativamente, el rubio se movió y, como una boa, solo consiguió que Mookyul se pegara más a él, incluso poniéndole una de sus largas piernas alrededor de su cintura.
-Oh, Jefe, por amor de Dios, suéltame. –exigió el beta.
-No quiero. –gruñó el alfa medio dormido.
"Jodido alfa consentido" pensó el beta y giró estando dentro del agarre de Mookyul todavía y pudo distinguir su apuesta cara entre las sombras. ¿Cómo es que aún así, con el cabello hecho un lío y con la boca abierta y babeando, Mookyul seguía quitándole el aliento?
No lo sabía pero ahora realmente necesitaba salir "a correr". –quiero hacer pipí, Mookyul… déjame. –le respondió con tono infantil y notó que Mookyul sonreía.
-¿El bebé Jung olvidó su pañal anoche? –contestó, aún con los ojos cerrados.
-¡Mookyul, no seas asqueroso! –le reprendió el beta.
Tendría que hacerlo, no sería la primera vez.
Ewon se retorció hacia abajo y sintió cómo su alfa se tensó, sacó su miembro dormido del pijama de franela y se lo metió en la boca.
-… hmm… buenos días, amigo… -le dijo Ewon pícaramente al miembro de Mookyul que no necesitaba ser convencido durante mucho tiempo para empalarse.
-¿Por qué no me despiertas así… ahh… todos los días, Zorrito? –jadeó el alfa pero Ewon siguió con lo suyo, poniendo todo su esfuerzo para que Mookyul termine rápido y él pudiese ir al muelle.
Pero él también comenzó a disfrutar de tener a Mookyul llenándole la boca, empujando contra su garganta, haciéndole atragantarse y masajear la punta de su pene involuntariamente. Parecería una tortura tener un amante con un miembro tan grande y que disfrutara del sexo oral infinitamente, sin embargo, para Ewon, llorar por el esfuerzo de mantenerlo allí, cuidar de que sus dientes no rasparan la sensible piel y forzarse a llegar hasta la base… habían pocas cosas mejores que eso.
Finalmente, cinco minutos después, Mookyul haló de sus cabellos en la nuca, señal de que iba a terminar.
-Ghaah... –fue el extraño sonido que salió de Ewon cuando lo soltó e inmediatamente, ríos de su espesa semilla le cayeron en la cara.
Tan solo ahí Mookyul abrió los ojos y encontrarse con la erótica imagen de la dulce cara de su Zorrito bañada en semen y lágrimas le hizo desear eyacular otra vez. –lo siento. –se disculpó, aunque realmente no lo sentía y Ewon, a juzgar por el dramático movimiento de sus ojos, lo sabía.
Ewon salió de la cama después de eso, maldiciendo su suerte mientras se limpiaba la cara con la camisa del pijama antes de que el olor de Mookyul penetrara más en su piel ya que cualquier fluido que saliera del cuerpo de un alfa, ya sea sudor, saliva o semen servía para dejar una marca de olor que todos podrían percibir.
Al salir de la ducha, sin embargo, cualquier enojo que pudo haber sentido se terminó al mirarle dormir otra vez y sintió ese amor que burbujeaba perennemente por Mookyul, sin embargo, esos días eran cuando más culpable se sentía.
"Dos meses más… dos meses y todo terminará"
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El cielo, ahora de un gris que paulatinamente se convertía en una mezcla de soñador celeste y ardiente dorado solar, veía a Gangnam suplirse para las actividades del día, los camiones distribuidores entraban y salían de las tiendas mientras los patissieres de la más alta categoría terminaban de hornear pan, una actividad humilde pero necesaria hasta en el más refinado distrito de Seúl. Por ello, el aire tenía un extraño olor de smog y pan caliente.
Un par de personas también salían a correr antes de que diesen las 8 y el bullicio comenzara nuevamente, sin embargo, mientras todos se dirigían al Gangnam Park, él tomaba una ruta que nadie seguía debido su poco glamour.
Pero, nuevamente, Ewon no estaba buscando lucir sus "habilidades" de entrenamiento ni la última moda para corredores ricachones que solo buscaban, una vez más, ostentar su estatus social, así que con sus tennis de toda la vida y calentador negro, él se dirigió al norte, hacia el Río Han.
No le tomó mucho llegar al muelle que había visitado desde los 18 y encontrar el Kia azul estacionado y escondido entre los camiones que esperaban ser llenados por la carga, un hombre delgado y pequeño fumaba apoyado en el capó mientras veía cómo los pobres se ganaban la vida, acarreando paquete tras paquete con solo un momento para limpiarse el sudor de la cara.
Ewon caminó el tramo que faltaba para llegar y su estómago se retorció, una mezcla de nervios por lo que tendría que decirle a aquel hombre y náuseas por el fuerte olor de combustible de barco sumado al cigarrillo que Gi fumaba.
-sorprendente, ¿Eh? –le dijo el proveedor que le había dado betadox desde que comenzó conseguirlo por sí solo, su nombre coreano era solo un alias ya que tenía un fuerte acento al hablar y su piel era más amarilla… era chino, había pensado Ewon alguna vez y bordeaba los cuarenta, seguramente un omega pero que, debido a su propia mercancía, pasaba por beta al igual que él. –estamos solo a unos metros de todas aquellas celebridades, banqueros y mafiosos que duermen en sus sábanas de hilos contados, mientras que aquí… pero solo míralos, llevan así desde las 3 am y les pagan 7 wons por carga… ¡qué irónico!
Ewon ya estaba acostumbrado a comentarios como esos y solo dio una breve cabezada mientras se sentaba en el capó también. –¿Recibiste el pago? –preguntó directamente ya que un día antes, Ewon tenía que ir a la estación del subterráneo Gangbook y dejar cuatro millones de won en el casillero 4513. Gi era un tipo honrado y nunca había tenido retraso con la entrega del betadox, ni una sola vez.
-sabes que sí, no estaría aquí si no lo hubiese hecho… aquí –le dio la caja de té, llena de pastillas –treinta esta vez. –Ewon solo se guardó la caja en el bolsillo y asintió. –ya no las cuentas, ¿Eh?
Ewon se rió, recordando las primeras veces que compraba betadox solo y sufría de ataques paranoicos constantemente. –Confío en ti.
Gi lanzó la colilla al agua y giró para subirse en su Kia azul e irse, pero Ewon le detuvo del brazo. El pequeño hombre entre sorprendido y divertido le preguntó:-¿qué sucede contigo esta mañana?
-tengo algo que decirte. –susurró Ewon a punto de temblar involuntariamente. –seré breve.
El beta chino frunció el ceño y entrecerró sus pequeños ojos oscuros. -¿Tiene algo que ver con el alfa que se huele en toda tu cara? Sé de él desde que comenzó a cortejarte, no es mi asunto, Ewon.
El rubio se encogió de la vergüenza, pero un instante después prosiguió. –sí, tiene que ver con él pero… solo lo necesito este mes y el siguiente, quiero enlazarme y casarme con él y… tener… hijos…
Gi no dijo nada por un momento. -¿Supongo que él no sabe de esto? –Ewon respondió que no con la cabeza. –¿Y supongo que nuestros amigos de Control de Sustancias te darán unas cuantas visitas? –Ewon asintió esta vez. –muy bien… ahhh primero no dejes de tomarlos inmediatamente o el celo vendrá y no será bueno. Dime qué tienes en mente. ¿Cómo se lo dirás?
Esa pregunta se había hecho a sí mismo miles de veces y aún no lo sabía, se encogió de hombros, evidenciando su incertidumbre y respondió dubitativamente: -No lo sé, pero tengo un amigo omega que está embarazado y acordamos que le ayudaría hasta el parto. Me imaginaba que se lo diría unos días después.
Gi asintió, comprendiendo perfectamente que Ewon planeaba dar a su vida un giro de 180 grados y no quería que su amigo embarazado sufra las consecuencias. El chico era inteligente. -¿Y cuándo da a luz ese amigo tuyo?
-Su semana 25 es esta. -le dijo mientras señalaba la primera semana de noviembre en el calendario de su celular.
Gi hizo cálculos en su cabeza rápidamente. -te acabo de dar el tratamiento para todo septiembre ahora, te daré otro mes de tratamiento para octubre y para noviembre te prepararé una mezcla con betadín para ayudarte en la transición, cuando lo estés tomando sentirás la piel sensible y tus hormonas estarán por todo el lugar. Prepárate porque tendrás cambios de humor muy drásticos. Cuando se acabe el último tratamiento puedes continuar con betadín, no tendrás celo pero tu olor volverá y si dejas los supresores, calculo que Santa te traerá tu celo para navidad.
Ewon se sintió caer otra vez, una sensación con la que estaba llegando a familiarizarse pero seguía tomándole por sorpresa ese sentimiento de estar a la deriva. Era lo que quería, se recordó, dejar que Mookyul marcara su cuello e hincharse con un bebé en su vientre, el alfa se lo merecía, ellos se lo merecían.
-no te preocupes, solo sigue las instrucciones que te doy. Haremos esto: dejaré ambos tratamientos en el casillero en quince días a partir de ahora y espero tu pago un día antes más una bonificación que dejaré a tu criterio ya que tendré que desaparecer unos meses.
-Entendido, Gi... gracias, no sabes cuánto te agradezco...
-Oh, muchacho, créeme, lo entiendo. -el traficante se metió las manos en los bolsillos, inesperadamente incómodo -supongo que… esta es la última vez que nos vemos.
-lo entiendo… -dijo Ewon, más acongojado por no ver a Gi nunca más de lo que había esperado. –y lo lamento.
-cuando comiencen las investigaciones, coopera, Ewon, grábate la placa de mi auto, lo del casillero, lo de los encuentros, pero cuando te pregunten cómo comenzaste a consumir, di que un conserje del orfanato te llevaba los supresores a cambio de favores sexuales, no metas a la doctora Hoo en esto. Di el nombre de Seun-Gi Ryu y descríbelo como un hombre de 50 años en ese entonces y que él fue quien te ha vendido los supresores todo este tiempo, le falta el dedo meñique en la mano izquierda… es él. –le mostró una foto en el móvil y Ewon trató de grabarse su rostro.
-¿Quién es él?
-Todo lo que te he dicho es verdad, fue conserje en tu orfanato y pedía favores sexuales a los niños que no querían ser omegas, pero eso fue tiempo antes de ti y luego desapareció, creemos que alguien mató al desgraciado en venganza… en fin, los distribuidores de Seúl utilizamos nombres de tipos como ellos, incluso el auto y el lugar donde vivo está registrado a nombre de Seun-Gi Ryu. Así, cuando Control de Sustancias investiga, se topan con un camino sin salida, saben que las identidades son falsas pero no tienen nada para seguir investigando.
Ewon trató de respirar normalmente pero no podía… era mucho, sabía que iba a ser complicado pero ahora sentía todo el peso del mundo sobre él.
Gi le miró y sonrió. –No te preocupes, los casos de betadox son rápidamente olvidados porque solo se investigan por motivos burocráticos, más ahora que todos esperamos que las cosas cambien cuando Saenuri vuelva al poder.
Ni Ewon ni Mookyul se habían inscrito para votar, por lo que no lo hicieron, pero parecía que el país iba a pasar por un cambio radical cuando se anunció que una mujer beta del partido conservador iba a posesionarse como presidenta comenzando el próximo año y una de las propuestas que permitieron que Saenuri se instale en el poder ejecutivo otra vez fue la abolición de la Reforma Proteccionista de Omegas de los años 90. Eso quería decir que nadie les diría qué hacer, cuándo ni cuántos hijos tener ni les prohibiría el uso de fero-supresores como era el betadox.
-Espero que no hayan sido discursos solamente, Gi. –dijo el beta mientras jugaba nerviosamente con la caja de té dentro del bolsillo de su chaqueta y miró al beta a su lado. No era particularmente apuesto pero no era desagradable tampoco. Solo parecía muy triste. -¿Puedo darte un abrazo? –preguntó tímidamente y Gi, sorprendido, asintió.
Rodeó al beta más pequeño que él durante unos momentos. –gracias. –repitió mientras recordaba toda su vida y sabiendo que nada hubiese ocurrido sin la ayuda de Gi.
Gi le palmeó un hombro y vio una sincera gratitud en los azules ojos de uno de sus compradores más antiguos y se alegró por el muchacho. –Podrás hacerlo, Ewon. –le animó.
¿Esquivar la investigación de Control de Sustancias? ¿Decirle a su casi pareja lo que realmente era? ¿Ser padre gestante? Ewon fue dejado con todas esas preguntas y cuando quiso vocalizarlas, el Kia azul de Gi desaparecía en una curva.
oOo
-¿Por qué llamas a una hora tan infame? –preguntó Gunwoong limpiándose el sueño de un ojo y deseando estrellar el móvil desechable que había comprado exclusivamente para comunicarse con Namhyung.
-Es importante, Presidente. –respondió el alfa sin mucha emoción después de haber estado toda la noche despierto y sabiendo que había dejado a Ji-Min atravesando la abstinencia de omigen solo. –salió muy temprano, parecía que iba a correr pero está hablando con alguien en el muelle ocho del Río Han.
Eso espabiló al alfa medio dormido y abrió ampliamente los ojos. –Descríbelo.
-Pequeño, delgado, cabello negro, tez bronceada y está fumando… espere, le está dando algo. Parece una caja de metal, es pequeña.
Supresores. Pensó Gunwoong inmediatamente. –perfecto. Cuando terminen, sigue a nuestro nuevo amigo. Cuida que no te vea y obtén su dirección… le llevaremos un regalo en unos días.
-Entendido. –respondió Namhyung antes de que la línea quede muerta y continuar viéndoles hablar mientras estaba metido en su auto tomando un café y apuntando los movimientos de Ewon que habían sido bastante monótonos, solo trabajo, cuidar a su muy embarazado amigo y salir con su alfa a cenar o quedarse en casa. Las cosas comenzaron a ponerse interesantes cuando el día anterior, el beta había dejado una bolsa en un casillero de alquiler en la estación del metro de Gangbook y ahora se entrevistaba con un hombre que no parecía ser un amante ni un amigo, tan solo un tipo común y corriente con ropas comunes y corrientes en un auto común y corriente.
Eventualmente, Ewon pareció extremadamente abatido, y luego abrazó al otro hombre, no con una actitud romántica, más bien bastante triste… como si estuviesen despidiéndose.
Finalmente, el pequeño hombre que podía jurar que era un omega se metió en su auto y se fue, dejando a Ewon y él también puso su auto en marcha inmediatamente, siguiendo las órdenes de Gunwoong.
Pronto se encontró en Gwanak, cerca de la Universidad Nacional de Seúl donde el Kia azul paró y el omega bajó a tomar un café en un restaurante para estudiantes. Notó que saludaba a todos, lo que le decía que el omega iba frecuentemente a ese lugar. Media hora después en la que esperó a que su objetivo terminara de desayunar, él subió a pie por una calle empinada, se paró frente a una casa pequeña, tomó el correo y abrió la puerta azul con unas llaves.
Le tomó unas fotografías y anotó la dirección.
Bingo.
oOo
"Zheng Junjie, algún día vas a arrepentirte de esto"
Su madre omega siempre había tenido razón en todo y él debió haberlo sabido. "Esa mujer te llevará a la ruina" decía mientras rellenaba bolas de masa hervidas. Ahora recordaba las palabras de su difunta madre con tristeza y resignación. ¿Cómo fue capaz de abandonar a su madre, dejarla sola en Taipei, por ir tras una alfa? Habían sido los dos y nadie más desde que su madre alfa murió en un accidente de trabajo. Todo estaba yendo bien, su madre trabajaba doble turno en un restaurante y él limpiaba oficinas de noche, pagaban la renta y las facturas de su colegiatura en farmacología, vivían contando cada pequeño centavo pero eran felices…
¿Entonces por qué? ¿Por qué tan pronto como la conoció, no dudó en seguirla?
Maldecía esa tarde de verano en la que había conocido a una mujer alfa tan preciosa y fuerte que le había quitado el aliento pero tímido como era, no se atrevió a nada más que sonrojarse y volver a su libro.
Había sentido los ojos de ella sobre él todo el momento, sentada en la mesa del frente mientras comía con un grupo de betas y hablaba en coreano. Luego se acercó y hablando chino con apenas un poco de acento, pidió su nombre y su número respetuosamente. Se lo dio y allí todo comenzó.
Sung Hisoo, seulesa, doctora, veintinueve y endemoniadamente buena en la cama. Eso descubrió en la primera cita. Estaba haciendo un doctorado en su universidad que duraría dos años, dos años en los que Junjie perdió totalmente la cordura por ella.
Era divertida y sarcástica, le gustaba la música clásica, venía de una familia con mucho dinero y poder… y extrañamente, se llevaba su celular cuando iba a bañarse… tonto era, allí habían estado todas las señales pero él, enamorado y ciego, no había visto lo que era obvio.
Siempre recordaría ese año, 365 días en los que él tontamente se creía el omega más afortunado del planeta. Hisoo le cuidaba como un objeto preciado, le concedía cada pequeño capricho, le adoraba en la cama como si él fuese un dios. Todo eso le había nublado el juicio y ni siquiera notó que extrañamente durante ese año, la alfa había regresado a Seúl dos veces, quedándose solo una semana y regresando exhausta y más delgada, también desprovista de apetito sexual.
¿Quién notaba esos detalles cuando el amor le tiene a la cordura de rehén?
El final de ese año de ensueño se marcó por la graduación de Junjie, ese día su madre había conocido a Hisoo y la odió desde el principio, tanta fue su desconfianza y tristeza que la señora Zheng había desaparecido antes de que la ceremonia terminara.
Hisoo parecía avergonzada por alguna razón que no entendía e incluso regañó a Junjie cuando comenzó a despotricar en contra de su madre "Los padres son padres hagan lo que hagan y es nuestro deber honrarlos y respetarlos."
Como el tonto enamorado que había sido, Junjie se dejó llevar al departamento de Hisoo donde olvidó poco a poco el desaire de su mamá con cada beso que la alfa dejaba sobre su piel y se decía a sí mismo que quería tener aquello durante toda su vida.
Ese día, él pronunció la palabra "matrimonio" por primera vez y Hisoo solo le miró, le tomó la mano y dijo, vagamente. "ya veremos"
El siguiente año, un turbulento y difícil año para él donde había luchado para conseguir trabajo, Hisoo comenzó a distanciarse de él, sentía segundo a segundo cómo la alfa iba perdiendo interés en él y Junjie aterrado por perderla, dejó de tomar su medicina para manejar el celo. Le invitó a propósito esa noche, estando él húmedo y desesperado.
Hisoo no pudo resistir. Ningún alfa se hubiese resistido.
Él le aseguró que había tomado un anticonceptivo y ella le creyó. Una vil mentira que le explotó en la cara más tarde.
"Eres un tonto, Junjie… ¿Cómo vas a responsabilizarte de un bebé?" le había dicho su madre tan pronto olió su aroma de omega fecundado pero él en ese momento no veía la magnitud de su error ni tampoco cuando, tres semanas después de no haber tenido noticia de Hisoo, pidió información a la universidad. La secretaria le miró, le sonrió tristemente y le informó que la alfa había regresado a Corea.
"Debió haber tenido una emergencia" la justificaba en su mente. "todo cambiará cuando sepa que estoy embarazado de ella… tranquilo, bebé, mamá y papá estarán juntos."
Enloquecido, enfebrecido y atormentado por la náusea crónica matutina y un cuadro de desnutrición, sumado a la pobreza ya que había sido despedido tan pronto como su condición fue evidente para su jefe y todos los empleadores se negaban a aceptar a un omega no enlazado y embarazado, había tomado todos los ahorros suyos y de su madre y volado para Seúl en búsqueda de Hisoo.
No fue muy difícil encontrarla.
Sung Hisoo, cirujana general titular del Hospital Cheil. Eso era todo lo que había sabido de ella en esos dos años que valía la pena como información y fue directamente hacia allá.
Se escabulló pensando que sería la mejor forma de encontrarla ya que tenía la corazonada de que iba a hacerse negar, buscó en el directorio del edificio el número de su consultorio y subió escondiéndose detrás de un armario de comida.
Nunca olvidaría ese día, uno de los días más tristes de su vida.
Llegó al consultorio y entró aprovechando que nadie estaba en la recepción ni en el lugar de la secretaria. Se había sentado, esperando pacientemente por ella pero un rayo de sol que entraba por la ventana rebotaba en uno de los portarretratos de la mesa y lo giró para que ya no le diera el reflejo en los ojos.
No quería husmear, no quería, pero tampoco podía hacerse ciego.
Hisoo sonreía en la foto, radiante y con un sobrio vestido beige, alta y con su rizado y rubio cabello en un formal peinado y a su lado…
A su lado un hombre de rasgos finos y delicados, blanco como la nieve con el cabello caoba hecho para atrás. Su traje, a juego con el beige de Hisoo le enmarcaba perfectamente.
Ambos felices con flautas de champán en la mano…
Su primer impulso fue huir y lo hubiera hecho pero la puerta se abrió. Hisoo entraba con su caminar elegante y, a pesar de aún tener el gorro de cirugía en la cabeza, él la vió tan bonita como la primera vez en aquel café. Junjie se inclinó inconscientemente hacia ella para olerla otra vez, aún teniendo la evidencia de la crueldad de esa mujer en las manos.
-¿Qué haces aquí? –le había preguntado, quitándole el elegante portarretrato de las manos.
-Nada… fue algo estúpido, fue un impulso… -tartamudeó mientras tomaba la maleta despertando del embrujo de la alfa y recordando lo que había visto hace menos de un minuto.
Tenía que huir pero ¿a dónde iría? ¿cómo regresaría a Taiwán?
Y ella le detuvo del brazo. Le olfateó y, anonadada dijo: -Estás… estás embarazado…
Junjie se había encogido sintiéndose miserable y estúpido. –todo esto es… una estupidez, olvídalo, Hisoo, abortaré y-
Y no pudo seguir, una fuerte cachetada le había cerrado la boca. -¡Es mí hijo del que hablas! ¡Cómo puedes decidir algo así sin consultarlo conmigo!
-¡Cómo pudiste haber escondido todo este tiempo que estás casada!
Eso fue lo último que recordó de ese día. Se había desmayado, le dijo Hisoo y su colega obstetra al día siguiente cuando se encontró en una cama de hospital con una intravenosa clavada y Hisoo a su lado.
-No estoy enlazada con él. Casada, sí, pero no enlazada, no le amo. –le dijo en algún momento. –Mi matrimonio con Dongwoo fue arreglado, él es un omega hijo de una amiga de mi padre alfa, no podía negarme… hemos tratado de tener hijos durante mucho tiempo pero él no puede embarazarse y tú… tú lo lograste, Junjie, con solo un celo...
La alfa le tomó la mano y siguió: -no puedo divorciarme de Dongwoo... no puedo… pero cuidaré del bebé.
-¡No quiero darte mi hijo! –le respondió llorando desesperadamente.
-Claro que puedes… y lo harás. –le dijo la alfa firmemente. -Y si no lo haces voluntariamente, un juez lo decidirá.
Estaba dispuesto a seguir ese curso de acción y tan pronto como salió del hospital, había consultado a un abogado pro bono que se rió en su cara y le informó que en Corea para un omega extranjero, sin trabajo, no enlazado y embarazado sería imposible ganar una custodia.
Los alfas eran vistos como los padres más aptos ante la ley coreana, y mucho más si se enfrentaban a un omega insignificante como él.
Entonces, al ver que no podía sustentarse por sí mismo en un país extranjero y temiendo por la salud de su bebé, Junjie claudicó. Firmó su renuncia a la potestad del bebé.
Y al terminar el embarazo, en una noche con una inesperada lluvia de otoño, empujó a un rozagante niño de su seno y, aún ensangrentado y llorando por su gestante, Hisoo y Dongwoo se lo llevaron.
El esposo omega de Hisoo, después de eso, hizo todo lo posible para no permitir que la alfa volviera a verle. Ella, con un patético sentimiento de culpa, cubría secretamente los gastos del departamento donde se había instalado, enviaba a un mensajero del hospital con dinero para comida y otras facturas y Junjie encontró trabajo en una fábrica de ropa. No había podido encontrar nada más decente que eso.
El sueldo era una miseria y era el dinero que Hisoo le enviaba lo que realmente había podido mantenerle. Ahorraba lo poco que podía también, ansiando regresar a Taiwán pero un macabro giro del destino le atrapó en Corea nuevamente.
Hisoo y Dongwoo se mudaron a Finlandia cuando Gun-ho, el bebé, había cumplido un año. Ahora ya no recibía ningún dinero extra y desesperado, encontró un trabajo nocturno como ayudante de cocina en un restaurante.
Y una desafortunada noche, su cuerpo le jugó una mala pasada.
Otro celo le acosó en medio de la calle a las tres de la mañana cuando salía del restaurante. Un par de alfas malhechores le encontraron y…
Prefería no pensar en lo que había sucedido en esa semana.
Dos semanas después Junjie se encontraba en una clínica clandestina con los pies en abrazaderas y acostado, un doctor beta que más tenía la apariencia de un corredor de apuestas le tocaba más de lo médicamente apropiado y le pedía respirar profundamente antes de proceder.
Lloraría por siempre la muerte de su otro bebé.
Esa fue la noche en la que una enfermera beta entró a su habitación, le consoló como una amiga y le dijo que ella tenía una solución mientras le ponía una capsula blanca y verde en la mano.
-Son supresores, inhiben los efectos de los omeroides y los reemplazan por betaína, desaparece tu ciclo, tu celo, las feromonas… todo lo que te hace ser un omega. Lo utilizan los que entran a carreras militares. Puedo darte un frasco a cambio de algo de dinero cada mes, no lo notarán.
Junjie entrecerró los ojos. -¿Por qué haces esto?
-Tú solo acéptalos.
Más tarde sabría que el motivo por el cual Ji-Hye Yang le brindó su ayuda fue por su origen chino. Ella era omega, realmente, y robaba betadox de la clínica clandestina para sí misma pero cuando los demócratas ganaron ella había predicho que el betadox se haría ilegal y vio en Junjie una oportunidad para conseguir el supresor en su país de origen.
El omega atravesó por un período difícil mientras su cuerpo se acomodaba a no tener unas hormonas y tener otras desconocidas, enflaqueció abruptamente y no tenía energía para nada, pero continuó luchando, ahorrando, trabajando… sobreviviendo.
Pero un nuevo golpe le tenía preparado la vida. Un telegrama llegó.
Su madre había fallecido de un infarto.
Su vida perdió sentido por mucho tiempo, incluso cuando parecía que todo iba acomodándose otra vez. Encontró trabajo en una farmacia y aprendió algo de manejo de negocios en un centro de capacitación nocturno. Finalmente lo que la enfermera Yang había predicho se hacía realidad y la producción y comercialización de betadox se penalizó en toda Corea del Sur pero efectivamente ambos podían conseguir el supresor con sus contactos en Taiwán.
Luego el proveedor de Taiwán fue quien les dio la idea de meter más supresores a Seúl y venderlos y así fue como el negocio comenzó. Intentaban cobrar lo menos posible sin perjudicarse y sin enojar a las mafias de sustancias que trataban al betadox como una droga ilegal más. La vida se había vuelto importante… pero Junjie siempre sintió la culpabilidad rasgándole el corazón.
Ahora tenía dinero, podía darse el lujo de contratar una investigadora privada, una omega que le debía un favor.
-Busca a mi hijo… por favor. –pidió.
Sung Gun-ho de catorce años fue lo primero que vio en la fotografía que le entregaba. Un joven alfa que era el orgullo de su madre alfa. Habían regresado a Seúl hace dos años, tan solo los dos ya que el omega se había quedado en Finlandia con un beta que era su amante.
"¿Por qué? ¿Por qué me lo quitaste si no ibas a ser un padre para él?" pensaba Junjie y no esperó ni siquiera una hora más para ir a la exuberante y ostentosa casa en Songpa y exigirle a Hisoo que le deje ser el padre que su hijo necesitaba.
Pide, y se os concederá, decían los cristianos… y era verdad.
Hisoo seguramente no había visto al tembloroso y débil omega que había sido cuando se conocieron hace dieciséis años, al omega (¿o al beta?) que abría la puerta esa tarde era un hombre que tuvo que forjar con sangre y sufrimiento lo que ahora tenía y, con respeto y remordimiento, le dejó entrar.
Acordaron no decirle nada a Gun-ho ya que estaba en una etapa difícil con la pubertad bullendo por cada poro de él, estando constantemente sensible a frenesíes o furores o ambos y lo último que el adolescente necesitaba era ser informado que su padre omega no era el descorazonado pelirrojo que había preferido quedarse en Europa, sino el humilde y pequeño hombre que ahora frecuentaba la casa como un "viejo amigo" de su mamá.
Ahora tenía una vida simple.
Se despertaba temprano en la mañana, si no era día de entrega, iba a correr durante una hora y al regresar, tomaba un nutritivo desayuno. Si era fin de semana, llevaría a Gun-ho a comer y luego al cine o a un partido de básquetbol. Se quedaría a dormir y a disfrutar de Hisoo carnalmente, rendirse ante la alfa como un omega y abrirse para ella, algo que no se había permitido nunca después de haber sido violado y descubría que la alfa seguía teniendo una debilidad por él.
Si no era fin de semana o alguno de esos días donde era un común y corriente gerente de una farmacia, entonces iría en metro hacia… aquel lugar. Recogería la mercancía para los clientes que la habían solicitado para el siguiente mes e iría a una bodega en un recóndito lugar del norte de Seúl para dejarla en una caja fuerte. Después de comer un almuerzo vegetariano regresaría a casa y se dedicaría a balancear sus cuentas y dejar todo en orden para el contador al que tenía que reportar las ganancias. Se iría a dormir temprano si no fuese un jueves por la noche, cuando acostumbraba ir a un club de ajedrez cercano y jugar una partida o dos.
Su trabajo era sencillo y relativamente fácil. Su vida, y nunca soñó decirlo, era también sencilla y relativamente fácil. Ya no sabía lo que era contar cada centavo, o temer que le robaran en el metro, o ser violado en un callejón. Ni lo que era el hambre o el frío, o no saber si tendría un techo sobre su cabeza la siguiente semana. El negocio del betadox iba muy bien.
Betadox se comercializaba al altísimo precio de ciento treinta mil won por cápsula aproximadamente, es decir, el doble de lo que valía una pastilla de éxtasis y claro, no se expendía por cápsula sino por frasco de 30 que él siempre vendía a cuatro millones de won, sea cual sea la fluctuación del mercado. Los clientes frecuentes gastaban algo menos de cincuenta millones de wons al año por el lujo de ser un beta.
Aquel negocio era mejor que las drogas y por mucho. Los clientes que tenían no compraban su producto por diversión sino por necesidad. A diferencia de los psicotrópicos, era esencial para ser socialmente libre.
Él más que nadie lo sabía, habiendo sido su propio cliente fiel más antiguo.
Pero, nuevamente, cuando al fin sentía que todo volvía a la normalidad, Ewon, un muchacho que tenía algo que le recordaba a sí mismo había llegado en un día de entrega con la cara oliendo obscenamente a semen de alfa y anunciando que quería dejar el betadox. Se alegraba por el muchacho, sí… pero todo se complicaría un tiempo.
No era nada que no había manejado antes, después de todo.
O al menos no lo creyó así hasta que, una mañana de viernes como cualquier otra cuando regresaba de hacer una entrega, su hogar hedía a dos alfas.
Quiso alcanzar el arma que tenía en la mesilla de la recepción, pero no fue lo suficientemente rápido. Uno de ellos le aplicó una llave y, con la facilidad de la práctica, le amordazó. ¡NO! Quería gritar, no quería que dos alfas abusaran de él nuevamente.
-deja de forcejear y escúchame. –susurró el mayor de ellos, un tipo en un traje negro que parecía ser más costoso que un Ferrari con el cabello canoso pulcramente hecho para atrás y los ojos grises más fríos y despiadados que había visto en su vida. –solo venimos para proponerte un negocio, Zheng Junjie.
Si antes estaba espantado, ahora estaba aterrorizado. ¿Quiénes eran estos tipos que sabían su verdadero nombre y le hablaban en chino? –buen chico, así nadie sufre, ¿eh? Ni tú, ni Sung Hisoo, ni tu lindo hijo –continuó el alfa, como si estuviese alagando a un perro. –disfrutarás de nuestra hospitalidad durante un par de meses, ¿Está bien? Mientras tanto, quiero que hagas un supresor muy, muy especial para un amigo en común. Jung Ewon… ¿Podrías hacerlo?
Sus ojos comenzaron a lagrimear del terror y no pudo hacer otra cosa más que asentir.
oOo
Lo sé, fue un poco aburrido pero repito, es necesario que sepan lo que sucedió.
En fin, los siguientes capítulos (ya he escrito otro más) se dará el primer clímax de la historia así que espérenlo por favor!
Nos leemos!
