Disclaimer: "Xmas" es un fanfic basado en la serie Castle, Martha, Jim, Castle, Beckett, Alexis y el resto de personajes mencionados no me pertenecen, son propiedad de su creador Andrew W. Marlowe y de la cadena ABC. No intento violar las leyes del copyright ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto.

Nota de la autora: Tras el capi de Navidad de Castle me quedo un detalle rondando la cabeza, Martha vestida como en el Cascanueces haciendo que todas las navidades de su hijo fueran lo más felices posibles y al final, el tema se me escapo de las manos que es lo que me suele pasar.

Así que un repaso a las navidades de los Rodgers – Castle – Beckett a lo largo de la historia. En este caso, las primeras, únicas e irrepetibles, navidades de los Rodgers-Castle-Beckett al completo.

Como es un momento importante habrá dos versiones, la de Martha y la de Jim.

Espero que lo disfrutéis, que os guste y muchas gracias por vivir conmigo su evolución a lo largo de estos 10 capítulos que narran la friolera de 50 años.

Tipo: Para todos los públicos.

Lo comencé a escribir en diciembre 2012


Xmas X


Martha Rodgers - 24 de diciembre de 2014. Brooklyn. Nueva York.

A Martha no la gusta estar sola. Ya lo sabía, pero desde luego ese conocimiento se ha incrementando en los últimos tiempos. Reconoce que el loft es un gran premio de consolación, pero el loft es un espacio demasiado grande para que la reciba cada día vacío.

Ya lo tiene decidido, hoy se lo va a decir a Richard: se muda al apartamento que mando construir en el edificio donde está su maravillosa Academia. Siempre hay gente en la escuela. Gente joven que la hace sentir viva. No se sentirá sola.

Sabía que ese momento acabaría llegando. Esperaba que llegara. Por un lado lo deseaba. Era lo mejor para su hijo.

Es lo normal y está bien.

El loft será un regalo increíble para cuando se gradúe Alexis, o tal vez ellos decidan volver a la civilización algún día.

Cuando ella realmente lo necesitó, su hijo siempre estuvo ahí y lo agradece, y espera que él sepa, que ella siempre estuvo allí cuando realmente ella pensó que él la necesitaba. Ha sido un honor formar parte de la educación de Alexis y no dejarle solo cuando era incapaz de recordar el nombre de cada una de las mujeres con las que salía, no dejarle solo cuando el amor que sentía por Katherine le estaba descomponiendo el alma, no dejarle solo cuando no podía escribir ni medio párrafo al día… pero ahora, ahora no está solo. Y espera que nunca más lo este.

Entiende y respeta la decisión de Katherine, y entiende y respecta que Richard acabase cediendo. Agradece profundamente que la pusieran una habitación para ella en su nueva casa y que en ningún momento la invitaran a no ser parte del núcleo familiar, de hecho ambos la tuvieron en cuenta para cada detalle de la mudanza y de la nueva decoración.

Lo agradece.

Lo agradece mucho, más de lo que ellos puedan imaginar.

Evidentemente a ella la tocaba corresponder con la misma generosidad, los casados casa quieren y no iba a ser ella la tercera en discordia. Su hijo y su nuera se merecen un comienzo de verdad y con Alexis en la universidad pueden ser unos recién casados normales de los que eligen el papel pintado de las paredes y hacen el amor en cada habitación, sin pensar en que la suegra va a entrar en escena en cualquier momento.

Ya estuvo mucho tiempo en escena y una gran actriz siempre sabe cuando hacer mutis.

No la gusta la iconografía de la suegra en la época moderna.

Ella nunca ha sido una suegra convencional.

Richard y Katherine se casaron hace apenas unos meses en Central Park, en la zona de Wagner Cove cuando las hojas de los árboles empezaban a perder su verdor. Fue una ceremonia pequeña e íntima, muy hermosa, de la que los medios de comunicación se enteraron al día siguiente cuando las fotos de los curiosos empezaron a aparecer por la red.

Desde luego ella no hubiera escogido una boda tan sencilla, ni tan barata, pudiendo elegir, claro esta, pero pensándolo bien, después de las dos grandes bodas anteriores que acabaron en fracaso y de las dos suyas propias que duraron poco y acabaron mal, la ceremonia elegida por Katherine fue perfecta y completamente llena de amor. Que después de todo es lo que no tiene que faltar en una boda.

Katherine iba guapísima y su hijo estaba estupendo, aunque lo que más lucia en toda la ceremonia fue el brillo intenso en la mirada de los dos.

A la tercera va la vencida y así tenía que ser.

No hay otra opción posible.

Ella fue la primera dama de honor y lloró cuando Katherine se lo pidió, no lo esperaba, para nada, a Lanie no le hizo mucha gracia pero lo llevo con elegancia. El trabajo que hicieron para la despedida de soltera fue inigualable y un trabajo de equipo, Alexis no quiso meterse entre las dos así que se dejo llevar y se centro en los arreglos florales de la ceremonia. Fue increíble verse llenar el lago de nenúfares blancos.

Sabe que suena a cliché, pero no la importa. No ha perdido un hijo, ha ganado una hija. ¡Por fin! Ha ganado una familia con un miembro más.

Eso sí. Se han comprando una casa en Brooklyn.

¡En Brooklyn!

Dicen que en una zona buena de Brooklyn. Cuando ella vivía allí solo había zonas menos malas.

¡Como cambian las cosas!

Katherine se negó a mudarse al loft definitivamente, una vez que decidieron casarse, o a vivir por encima de sus posibilidades con un sueldo de policía. Quería equidad en su matrimonio desde el principio. Martha no cree que la casa que se han comprado se la hubieran podido permitir si ambos tuvieran sueldo de policía, y menos con todos los juguetitos que acompañan a su hijo haya donde vaya, pero entiende el punto, y aunque no comparte esa cabezonería de Katherine respecto a ese tema, lo respeta y lo valora.

La casa es preciosa y tiene un jardín impresionante, Richard está empeñado en colocar unos columpios, lo que no tiene sentido porque esta situada muy cerca del parque. Es una casa grande, con dos plantas, una gran cocina, un comedor inmenso para las fiestas que tanto ama dar su hijo y con cinco habitaciones amplias en la parte de arriba, una para ellos, otra para Alexis, otra para ella y otras dos "para lo que pueda pasar", bien sabe ella lo que ambos quieren que pase.

No sabe si su hijo es consciente de lo que significa ser padre a los 50, pero evidentemente si te casas con alguien que está a semanas de cumplir los 40 y que quiere tener hijos lo haces consciente de que es más que posible que el llanto desconsolado a media noche vuelva a formar parte de tu vida más antes que después.

Le encantaría ser abuela de nuevo, le haría sentir joven, sobre todo porque es consiente de que tiene más puntos para ser bisabuela y eso, la verdad, no la haría la menor gracia. Gracias a Dios Alexis parece muy centrada en sus estudios y en sus prácticas y en sus cosas.

Según se acerca a la casa de su hijo va observando el barrio, la verdad es que es muy bonito, no sabe cuando Brooklyn cambio tanto, seguramente en ese periodo de tiempo en que ella lo evitaba. La vienen buenos y viejos recuerdos de cuando era joven y tenía toda la vida por delante y un pequeño niño al que hacer sobrevivir en un mundo difícil. El resultado la hace tan feliz que no puede por menos que sonreír inconscientemente cuando llama a la puerta de aquella casa unifamiliar y con jardín en pleno Brooklyn. Oye a Katherine y a Richard hablar al otro lado de la puerta, sobre lo que parece el tema estrella de la temporada "Por qué Alexis aún no ha llegado a casa un día festivo". Desde el punto de vista de su padre trabaja demasiado teniendo en cuenta que no la pagan. Lo ironía sobra…

Cuando la puerta se abre ve a su hijo ataviado con un delantal azul en el que se lee claramente en letras amarillas, escritor. Kate está en un segundo plano con el teléfono en la mano y un delantal idéntico en el que pone, policía.
Son el uno para el otro.

Martha nunca dudo de eso.

- Hola madre – dice su hijo con voz cantarina - ¿Quién se podría imaginar, en algún momento, que tú ibas a ser la primera en llegar a una fiesta? Pierdes facultades.

Martha echa de menos esos ataques cariñosos por parte de su hijo, pero está desentrenada y no sabe que contestar. Se acerca a su hijo y le da dos besos y un fuerte abrazo.

- Feliz Navidad, Richard.


Jim Beckett - 24 de diciembre de 2014. Brooklyn. Nueva York.

Jim ha vivido durante los últimos 10 años; sobrio y sin Navidad.

Y está bien con eso.

No necesita Navidad, no la echa de menos y prefiere convertirse en un huraño durante estas fechas, para intentar no sentir ese fuerte dolor en el pecho que siente sólo con escuchar un villancico y por el que cree que va a morir. No va a las fiestas de empresa, ni a las que celebra su hermana, ni siquiera llama a su hija para ver que tal esta durante esos días y desde luego no pasa por Times Square, ni el Rockefeller Center. Se encierra a trabajar entre papeles y no lo deja hasta pasado año nuevo, alrededor del día 10 de enero.

Si pudiera se iría de la ciudad, a una donde no hubiera Navidad.

Esa es su tradición.

La tradición que ha compartido con Kate, pero por separado, durante muchos años hasta hace relativamente poco. Una tradición que no es que le hiciera feliz, pero por lo menos le permitía sobrevivir.

Sin embargo su hija se ha enamorado, bueno su hija llevaba mucho tiempo enamorada, digamos que acepto que puede y quiere compartir la vida y la Navidad con otra persona para siempre jamás, como decía cuando era pequeña. Permitirse bajar la guardia y ceder parte de su felicidad a otra persona.

Sabe que fue algo muy duro para ella. Que su muro, como el suyo propio, se alzó tan alto que no eran capaces de llegar a tocar el borde con sus manos.

Le alegra tanto que alguien consiguiera tirarlo, que se esforzara tanto por hacerlo.

Sabe que para él ya es tarde, pero su hija se merece vivirlo, ser feliz, realmente feliz, como él lo fue una vez. Richard Castle es un buen hombre, le cae bien, sobre todo porque siente que ama tanto a su hija como él, como en su día él amo a Johanna. Es un hombre con un corazón grande y fuerte y eso debiera ser suficiente. Parece un poco calavera y sabe que el camino no ha sido fácil, pero el resultado es perfecto.

Se casaron hace unos meses. Convencidos y sumamente enamorados.

Fue una preciosa boda, una ceremonia sencilla y hermosa. Se sintió un hombre pletórico al acompañar a su hija al altar, si es que aquello se pudiera llamar altar. Kate estaba preciosa y sobre todo estaba exultante de felicidad. Sus ojos la delataban con un brillo que nunca antes había visto en su mirada.

Le gustaría ser un hombre más religioso, para poder creer que Johanna lo vio todo desde el cielo. La hubiera encantado. Ella siempre quiso casarse en Central Park, pero ni su madre, ni su suegra estuvieron muy de acuerdo y ambos decidieron que era una batalla perdida por la cual no merecía la pena luchar… Desgraciadamente no es un hombre muy religioso. Y sabe que Johanna sólo pudo soñar con ver ese momento.

Desgraciadamente ese día pasó, y pasaron los siguientes, y de nuevo llego la Navidad, como cada año que él negaba esa cruda y verídica realidad.

Creía que todo sería más sencillo, en serio. Mucho más sencillo. Cuando hace una semana le llamo Kate para invitarle, sin ningún compromiso, a la cena de Nochebuena que emocionaba tanto a su marido. Él declino su amable invitación, excusándose en que para él seguía sin existir la Navidad y que no sería un invitado muy divertido. Vamos, que no quería ir. Kate pareció entenderlo sin problemas a la primera y no replicó, ni insistió, ni nada por el estilo, sólo le dijo que estaba bien, pero que si cambiaba de opinión, siempre habría un plato preparado para él en su mesa en Nochebuena.

Con lo poco que conoce a Rick, no duda que eso de colocar un plato para él, no sea simplemente metafórico… pero bueno, todo parecía estar bien y estar en orden.

Kate estaba bien, él estaba bien, los días iban a pasar tranquilos…

Cuando Kate le llamó ayer mismo para suplicarle que por favor fuera a la cena de Nochebuena todo se volvió confuso.

¿Por qué?

¿Qué es lo que había cambiado?

¿Cómo negarse, cuando le insinuó con voz anhelante que si no iba, se iba a arrepentir?

Lo peor es que no era una amenaza. Era un deseo. Era un deseo por él. Para él.

No pudo decir nada.

Su hija cambió de táctica y con la voz zalamera que tanto ensayó en su infancia le propuso que ni siquiera tenía que quedarse a la cena, que con el ponche sin alcohol del principio valía. Que no era por celebrar la Navidad, que era por estar en familia.

¿Qué le quedaba? ¿Qué le quedaba si no decir sí?

Jim se dio cuenta de que otra vez todo había cambiado, que dolería, y que las viejas costumbres ya no valían. Ahora su hija se merecía más.

Se merecía de nuevo una familia.

Y él no se la podía negar.

Camina sin ganas por la calle, arrastra los pies como un adolescente atontado, ve a Martha Rodgers aparecer unos metros por delante de él, tras salir de una calle perpendicular, firme, confiada, feliz. Encantada de haberse conocido, como siempre. Anda rápido y con paso firme, seguramente tiene prisa por llegar a casa de su hijo. Se la ve ilusionada. Por lo poco que sabe, es otra amante de la Navidad, de todas las fiestas en general.

Aminora más el paso y la observa con detenimiento y por un momento siente envidia de su vitalidad. Es casi 10 años mayor que él y sabe que su vida tampoco ha sido fácil. Que la vida de nadie es fácil realmente. Sin embargo siempre que aparece da la sensación de que va o viene de bailar.

Piensa que Johanna era igual, o sería igual si hubiera llegado a esa edad. Ella hubiera llevado toda esa situación mejor. No hubiera necesitado que Kate la salvara. Ella siempre fue la salvadora.

Se alegra de que Kate tenga una influencia femenina en su vida, aunque sea actriz y el béisbol le parezca aburrido.

Una sonrisa se pinta en su cara recordando el día en que la conoció y todos los posteriores en los que sus caminos se cruzaron, también recuerda cuando le presentaron oficialmente a Alexis, recuerda con que cariño ambas mujeres trataban a su hija. Como representan un cuadro perfecto. Recuerda la boda y haberse sentido fuera de lugar cuando su hija estaba con su nueva familia, con sus amigos.

La verdad le golpea y se para de golpe.

Su hija ya tiene una familia y como no ande listo se va a quedar fuera.

¿Eso es lo que quiere?

Ve como Rick abre la puerta a su madre y se dan un fuerte abrazo cariñoso. La puerta se va a cerrar y repentinamente no quiere quedarse fuera. Acelera el paso y grita para llamar su atención, Rick y Martha se dan la vuelta para esperarle con una sonrisa amistosa.

Segundos después su hija sale sonriente por la puerta quitándose un delantal para recibirle.

Y entonces le sale por la boca sin pensar.

- Feliz Navidad Katy.

La primera del resto de su vida.

FIN


Y así es como termina el fic y como comienza de nuevo la Navidad para Jim y para la nueva familia Caskett. Martha mega feliz :-p Espero que os haya gustado y hayáis disfrutado leyéndolo por lo menos tanto como yo escribiéndolo. Y si tenéis un ratillo poner en google "Wagner Cove, Central Park" y así veréis en que sitio tan bonito se casaron estos dos, que aquí no puedo poner las fotos.

Aunque el fic como tal ya se ha acabado, tema padres y demás, queda un apéndice o anexo que intentaré acabar lo antes posible, en el que daré la visión de todo esto de la mano de los grandes secundarios de este fic, grandes protagonistas de la serie, Castle y Beckett. Por que son sus primeras Navidades como matrimonio y estrenando casa y se lo merecen, a parte de que tienen un regalito para todos.

Besos.