¿Por qué no voy a decirlo? -preguntó, mirándola a los ojos-. Es verdad.
Cuand volvieron del pueblo se dieron un baño. Después, Pietra se llevó a las niñas a la habitación para dormir la siesta y ellos se quedaron en la piscina.
shaoran se tumbó sobre una toalla y sakura en una hamaca, con un libro en las manos. Pero no podía concentrarse en la lectura. Había leído un párrafo tres veces cuando decidió que era mejor dejarlo.
Un pensamiento la sorprendió entonces: estaba tan preocupada por el bienestar de las niñas que se había olvidado de sí misma. Había olvidado sus deseos, sus necesidades.
Y estar con shaoran le hacía recordar todo lo que deseaba, todo lo que quería. Por primera vez en mucho tiempo volvió a sentir aquel fuego, aquel deseo que solo había sentido con él.
Pensaba que el viaje a china la dejaría agotada. Esperaba enfadarse con shaoran, pelearse con él. Pero no había esperado sentir lo que sentía. No había esperado encontrarse a gusto, contenta, segura. Quizá esa sensación no duraría, pero le calentaba el corazón por el momento.
Era maravilloso sentir eso otra vez.
-Empieza a hacer calor -dijo shaoran, levantándose.
Tenía los abdominales marcados y sakura sintió una oleada de deseo, una atracción que no era solo física sino emocional. Aunque quisiera ignorarlo, no podía. Se sentía conectada con él.
Y deseaba tocarlo. Tanto que la intensidad de sus sentimientos la asustaba.
shaoran se tiró al agua y ella lo observó nadar. Era un buen nadador y cruzaba la piscina con poderosas brazadas. Unas cuantas vueltas después, sacó medio cuerpo del agua para apoyarse en el borde.
-¿Por qué pensabas cortarte el pelo?
-Tengo que hacerlo tarde o temprano.
-¿Pero por qué delante de las niñas?
-¿Por qué no? Siempre van conmigo a la peluquería.
-Sí, pero dejártelo muy corto... Un poco drástico, ¿no?
-La quimioterapia es drástica, shaoran.
-No conozco a nadie que haya pasado por eso. shaoran dejó escapar un suspiro.
-Yo he visto demasiado, más de lo que me gustaría ver. Te puede salvar la vida, pero es muy duro. A mi madre se le caía el pelo a mechones. Un día empezó a caérsele y, al final de la semana, tuvo que afeitarse la cabeza.
-Y habías pensado que si te lo cortabas ahora no sería una impresión tan grande para las niñas, ¿no?
-Algo así. shaoran asintió.
-Estos próximos meses no van a ser fáciles para ti, ¿verdad?
-No.
-Entonces, yo diría que debemos disfrutar todo lo que podamos ahora. Así volverás a casa llevándote un buen recuerdo.
A sakura se le encogió el corazón. Quizá le quedaba poco tiempo...
-Buena idea.
-Empezaremos por cenar esta noche en Capri. Reservaré mesa en un restaurante que conozco. Pero esta noche será solo para los dos.
shaoran esperaba en el taxi mientras sakura se despedía de las niñas. Las gemelas se abrazaban a ella diciéndole cosas. La adoraban. Y sakura era una buena madre. Era firme y divertida al mismo tiempo. Sabía cómo controlar a Gia y cómo animar a Liv.
«Por favor, Dios mío, que no le pase nada», pensó entonces.
shaoran admiró su elegante porte. Llevaba un top blanco con negro y pantalones de terciopelo negro, bajos de cadera. En los pies, sandalias de tacón. Parecía una modelo.
Tenía un estilo increíble. Meiling sabía vestir, pero sakura tenía estilo propio.
Sin embargo, cuando entró en el taxi, vio que tenía los ojos húmedos.
-¿Qué ha pasado?
sakura intentó sonreír, pero no podía esconder la emoción.
-Nada. Es que no puedo dejar de darle vueltas. Las niñas estaban diciéndole adiós desde la puerta y sakura sacó la mano por la ventanilla.
-Me gustaría estar con ellas para siempre. Me gustaría estar bien...
shaoran le pasó un brazo por los hombros.
-Te pondrás bien, ya lo verás.
-¿Y si la quimioterapia no funciona? ¿Y si no estoy cuando se hagan mayores? No puedo soportarlo, shaoran. No puedo.
-Cariño...
-Lo siento -suspiró sakura, volviendo la cara-. No quiero que me vean llorar. Él estaba callado, muy serio.
-No sé por qué me he puesto así precisamente ahora. Todo va bien. La verdad es que me sentía muy feliz.
-Vas a ganar la partida, sakura -dijo shaoran entonces-. Eres fuerte. Mucho más fuerte de lo que crees.
-Pero si no es así, sé que las niñas estarán bien contigo.
Él apretó su mano.
-Te necesitan a ti. Siempre te necesitarán a ti. Así que tienes que luchar, cariño. Tienes que ganar.
-Pienso intentarlo.
El restaurante estaba en medio del pueblo, al lado de la Piazzetta. El maitre los sentó en un precioso patio con columnas que estaba muy animado.
La carta era un sueño para alguien a quien le gustara la pasta: Ravioli all'Annibale, rellenos de queso y servidos con mantequilla, Penne alia Cantinela, pasta con berenjenas, tomate y mozzarella...
-Esta noche tengo mucha hambre -sonrió sakura cerrando la carta-. Quiero probarlo todo.
-Adelante -sonrió shaoran.
-Vas a tener que sacarme de aquí rodando.
-¿Y qué? Al menos lo habrás pasado bien.
El brillo de sus ojos la dejó sin aliento. Si hubiera sido así cuando estaban casados... Si hubieran podido ser amigos antes de ser amantes...
-Gracias, shaoran.
-¿Por qué? ¿Qué he hecho?
-Por esto -contestó sakura señalando alrededor. La noche, las luces, la atmósfera festiva-. Esto es maravilloso. Es muy especial. Estar aquí contigo, con las niñas, me ayuda mucho más de lo que crees.
-Yo creo que eres maravillosa...
-No.
-Lo eres. Tienes una actitud asombrosa, sakura. Y un corazón muy grande. Y, además, consigues tener un aspecto radiante.
A sakura se le hizo un nudo en la garganta. Cuando la miraba de esa forma se ponía nerviosa, se derretía por dentro. Se sentía ridiculamente feliz, casi como la noche de Trussardi, cuando le pidió bailar.
La noche de Trussardi había sido igual de mágica. Después de bailar salieron al jardín para tomar una copa y estuvieron charlando durante una hora.
Cuando shaoran se ofreció para llevarla a casa, lo aceptó sin vacilar. Nunca se le había ocurrido que podría seducirlo. Ni siquiera que fueran a besarse.
Pero él la besó en la puerta del hostal en el que se hospedaba. Había polillas revoloteando alrededor de la lámpara del vestíbulo y shaoran inclinó la cabeza para buscar sus labios. Nunca olvidaría ese momento.
No había sido solo un beso, sino «el Beso». El beso de toda una vida.
Incluso entonces recordaba lo natural que había sido todo. No hubo dudas, ni preguntas. Solo quería estar con él.
Aquella noche, en sus brazos, experimentó algo nuevo, algo tan profundó que, desde entonces, no hubo ninguna duda: nunca habría otro hombre para ella.
-sakura.
-¿Perdona?
-Te he preguntado si querías más vino.
-Ah, no, gracias.
Si hubieran podido arreglar sus diferencias, si hubieran conseguido que aquel matrimonio funcionase...
-Yo diría que la cena ha sido un éxito -sonrió shaoran, mientras pagaba la cuenta.
-No nos ha ido mal sin nuestras dos pequeñas carabinas.
-No soy yo quien necesita carabina -dijo él entonces.
-¿Crees que yo sí?
-Sí -contestó shaoran, mirando sus labios. sakura sintió mariposas en el estómago.
-¿Por qué dices eso?
Su ex marido la miró durante largo rato antes de contestar:
-¿Crees que soy inmune a tus encantos? ¿Crees que ya no te encuentro atractiva?
-No lo sé...
-Para tu información, esa misteriosa atracción que sentí por ti desde el primer día no ha disminuido. Nunca.
Solo eran palabras, se dijo sakura. Sin embargo, no sabía si era el vino o la cálida noche, pero le gustaba oírlo. Le gustaba que la mirase así, que la pusiera nerviosa.
-No creo que sea muy sensato...
-¿Cuándo hemos sido sensatos tú y yo?
-Por eso debemos tener cuidado. ¿No crees?
-Quizá sí, quizá no. Depende de cómo se mire. Efectivamente. Debía mantener la perspectiva, se dijo sakura No quería sufrir más.
Tenía que pensar en las niñas. Y en Meiling. Tenía que actuar con responsabilidad.
-Se está haciendo tarde. Quizá deberíamos volver antes de que Pietra se asuste.
-No se asustará. Además, preferirá que estemos fuera toda la noche. Le hace falta el dinero.
-Pero deberíamos decirle que todo está bien. Voy a llamarla...
-Toma, usa mi teléfono.
shaoran sabía que no tenía que llamar. Sabía que solo intentaba alejarse para mantener las distancias.
-Quizá más tarde.
-Cuando tú quieras.
sakura vio deseo en sus ojos. No se molestaba en disimularlo. Quería llevarla a casa, desnudarla, hacerle todo lo que no le había hecho en dos años.
-No te pongas nerviosa.
-¿Quién está nerviosa?
-Te conozco, cielo. Nos conocemos suficientemente bien como para soltarnos un poco el pelo. ¿Ya se te ha olvidado cómo pasarlo bien?
-Claro que no.
-Entonces vamos a disfrutar. La noche es joven, tú estás guapísima y yo creo que deberíamos ir a bailar.
Cruzaron la plaza y tomaron una calle donde había mucha gente joven. Enseguida encontraron la discoteca, pero había demasiada gente esperando para entrar.
-Vaya, parece que no vamos a poder bailar -dijo sakura, aliviada.
-Eso es lo que tú te crees -replicó shaoran, tomando su mano.
Tenía razón. No tuvieron que esperar. El encargado lo reconoció enseguida y los dejó pasar sin cobrarles la entrada. Lo de llamarse shaoran li era una ventaja, desde luego.
Encontraron una mesa en una esquina, pero la música estaba tan alta que resultaba difícil conversar. El camarero apareció entonces con dos copas de cóctel. El contenido era de color azul mar, como las paredes de la discoteca.
-Cortesía de la señorita que esta ahí sentada -dijo el hombre. Una joven de pelo rubio levantó su copa para saludarlos.
sakura se quedó helada. La «señorita» era una famosa estrella de cine.
-¿Conoces a Lyssa Harper? -preguntó, gritando para hacerse oír. Intentaba no mirar a Lyssa, pero la actriz le estaba tirando besos a shaoran. O había bebido mucho o estaba loca por él.
Shaoran se encogió de hombros.
-La vestí en los Oscar de este año. ¿Quieres tomar esto o te apetece algo menos fuerte?
-¿Por qué iba a querer algo menos fuerte?
-No sé si estás preparada para un Lengua en la cueva.
-¿Cómo?
-Lengua en la cueva -repitió él-. Es el cóctel de la casa. Se llama así por la famosa cueva Azzurra. La cueva azul atrae a miles de turistas cada año.
Lengua en la cueva. Menudo nombre.
-No hemos estado allí, ¿no?
-No, pero es un sitio al que me gustaría ir contigo.
Y por su travieso guiño, tenía muy malas intenciones.
Sakura intentó tomar el cóctel, pero cada vez que se llevaba el líquido azul a los labios imaginaba actividades eróticas que no tenían nada que ver con la exploración de una cueva.
-No te gusta -dijo Marco.
-La verdad es que no me apetece beber nada más.
-¿Quieres que bailemos?
Habían pasado años desde la última vez que bailaron y era algo que a los dos les encantaba hacer. Además, bailar tenía que ser más seguro que tomar potentes cócteles.
-Por favor.
Cuando llegaron a la pista la gente se apartó. Lo conocían. Todo el mundo en Italia conocía a shaoran li. Y más en Capri, donde su familia tenía una casa. Sus antepasados tuvieron algo que ver con la historia de la isla, además.
En ese momento pusieron una canción lenta y shaoran la tomó por la cintura. Le gustaba verlo bailar... y le gustaba estar entre sus brazos. Tenía gracia, fuerza y la elegancia de un atleta.
Mientras bailaban, shaoran se llevó su mano a los labios. Después, besó la muñeca suavemente.
-Creo que esto es exactamente lo que necesitas. Y yo también -dijo en voz baja-. Quiero hacerte una promesa, sakura. En lo que sea a lo que tengas que enfrentarte... no estarás sola.
-No tienes por qué...
-Lo sé, pero quiero hacerlo. Estaré contigo. Estaremos juntos. Pase lo que pase, estaré a tu lado.
Le quemaban los ojos, pero sakura no pensaba ponerse a llorar.
-Meiling es muy generosa, pero no creo que le haga ninguna gracia esa promesa.
-No es decisión de Meiling, es mía. Ven, vamos a la calle. Creo que necesitas un poco de aire.
Fuera se estaba considerablemente más fresco y sakura respiró la brisa del mar.
-Tenemos que hablar de Meiling. Tenemos que hablar de muchas cosas.
-Quizá porque nunca hemos hablado de verdad. Aquella noche en Trussardi creo que nos saltamos muchos escalones -murmuró ella-. Por ejemplo, una conversación.
-Una conversación no parecía tan interesante como otras actividades.
-Sí, y mira los problemas que han creado esas actividades -bromeó sakura.
No sabía si reír o llorar. Su relación había sido un desastre de principio a fin.
Una camarera salió para preguntarles si querían algo y shaoran pidió dos botellas de agua mineral.
-Supongo que no querrás otro cóctel.
-Especialmente si su nombre tiene unas connotaciones tan sugerentes.
-¿Connotaciones sugerentes? Pensé que era un homenaje a los tesoros naturales de Capri -sonrió shaoran.
-Sí, claro.
Él rio suavemente.
-Lo he pasado bien esta noche.
Había luna llena y el cielo estaba cubierto de estrellas. Era una noche preciosa. Y shaoran había sido buena compañía.
-Yo también.
Se quedaron un momento en silencio, escuchando la música que llegaba de la discoteca y el ruido de las olas rompiendo en la playa.
-Si hubiéramos hablado más, ¿tú crees que podríamos haber solucionado lo nuestro?
HELLOOOOOOOO MY DARLING
estoy de regreso bueno despues de un largo largo y corta ausencia estoy de regreso se que no meresco q me sigan leyendo D: pero esta historia las atrae muchoooooooo *risa malefica* bueno chicas porque soy buena subire tres capitulos solo cambiare algo y verificare que todo valla muy bien si es posible en la semana que viene termino la historia mi trabajo termino asi que buscare otro y la u sigue igual de horrible mas con examenes es un poco mas lugubre hahahaahhh
que les parecio el capitulo espero les gustes... mi historia mia de mi propia mente esta en progreso y me gusta el ritmo que lleva aunque aveces las musas inspiradoras no esten de mi lado solo me falta un buen titulo y un capitulo para terminar el capitulo 5 XD
ya las aburrí bueno las dejo y espero que disfruten los capitulos
