A los oídos me llego un leve sonido, el canto de los pájaros mientas dormía en mi cama cómodamente, pero más que ello, eran las voces leves, en susurros ocultándome algo, ocultándome una verdad que al parecer temían que supieran, me levante con cuidado, me puse detrás de la puerta, parecía ser una discusión de ante mano.
Guarden silencio, pueden despertarla, no deseo que se entere – replico Takeru - lo veremos más tarde – termino por decir.
Pero maestro, es el lugar donde nacimos, no podemos permitir esto, es el lugar donde nació su esposa, mi prima, si ella lo supiera, ella desearía ir a salvar a su país – la única voz femenina hablaba ante los demás preocupada.
Entiendo eso Jaky, pero ella no está bien mentalmente, si llega a ese lugar puede perder la cordura - contesto con calma Takeru.
Pero México, es nuestro país natal, no es justo que luchemos por otros países, pero no podamos defender al nuestro – su voz temblaba.
Ya dije, puede hacerle daño a su salud mental – Takeru decía mientras abría la puerta, para encontrarme con sus rodillas frente a mi rostro, levantar la mirada con cautela y temor hasta encontrar su rostro lleno de sorpresa.
¡Rosa!- mi prima se agacho ante mí.
¿Los has escuchado todo verdad? – pregunto con gran interés Takeru.
Si – conteste secamente.
Entonces está decidido – me volteo a ver - cariño – se agacho ante mí –tienes la última palabra – tomo mi rostro entre sus manos.
Tengo que ir, es mi país natal - le mire decidida.
Comprendo, pero debes cuidarte mucho - me miro enternecido.
Está bien – le mire extrañada ante todo.
Bueno, una semana más y vamos a México – prosiguió Takeru
Está bien maestro – contesto Johnny.
Una semana estábamos esperando, la herida de mi brazo derecho era grande debido al golpe dado, seguí con vida, pero al parecer había perdido el conocimiento en la batalla tras despertar en la habitación, mi prima solo tenía una pequeña lesión en su tobillo izquierdo, debido a que no éramos dioses en sí, o no lo éramos de nacimiento, por esa razón no teníamos la resistencia de Takeru, mi prima y yo salimos a pasear, debido al estrés que vivía en casa, habíamos rentado una habitación con dos cuartos, en la sala dormía mi mejor amigo Johnny, Jaky dormía en una habitación, mientras Takeru y yo dormíamos juntos en otra, claro estaba que dentro del cuarto las cosas eran diferentes, agradecía que ante ello me guardaba respeto y me daba mi espacio, él dormía en el suelo, recostado en un futon que había traído, aquello no lo sabía nadie, debido a que la puerta permanecía cerrada, el al parecer no quería que se supiera lo tan deteriorada que estaba dicha relación, que no sabía yo bien cuál era la verdad o si esto era más que una mentira.
¿Cómo va todo con el maestro? – la voz de Jaky me sacaba de mis pensamientos.
¡Ah! – me exalte al escucharle.
Supongo que nada bien - agacho la mirada.
¿Por qué la pregunta? – le mire extrañada.
Tal vez parezcan que duerman juntos, pero – el silencio se hizo presente durante un corto tiempo- bueno cuando caíste en el letargo, su sonrisa característica desapareció, esa alegría se había ido de su corazón, cuando despertaste, parecía que regresaría, pero se enteró de que no le recuerdas, no sé si lo llegaste a notar - me miro atentamente.
No comprendo- agache la mirada.
Tal vez fue un segundo golpe duro para él, después de que caíste en aquel sueño, deseaba poder abrazarte como lo hacía habitualmente, pero el que no le recordaras, su mirada al saberlo, al saber que para ti los momentos vividos no existieron, su mirada se ensombreció, estaba dispuesto a reconquistarte, pero debido a tu forma de ser, es decir, un día llegabas a salvar lo que ustedes dos tenían y otro día solo despertaste y te volviste cortante con el ¿A que estás jugando Rosa? ¿Acaso te es divertido? ¿ te es divertido regresarle una sonrisa y luego quitársela? Realmente ya no eres la chica que conocía, has cambiado mucho – su mirar era fuerte, sus puños tenían ganas de contener todo ese rencor – él lo ha dado todo por ti – me miro – y como su prima, como prima de él también, me preocupa – agacho la mirada.
Lo siento - no sabía que decir, lagrimas congeladas estaban dentro de mi corazón.
Debes pensar mejor antes de actuar, no mal pienses lo que te digo yo, ustedes tienen una eternidad completa, pero también quiero al maestro como a ti y verlos infelices a ambos no me agrada, si hubiera sido más subjetiva, tal vez no estaría dolida de aquella despedida – sus lágrimas salieron.
No recordaba nada, el silencio volvió a reinar el lugar, los copos pequeños de nieve caían en nuestra cabeza, tan frio y denso eran las emociones, el dolor podía ser latente, sin comprender la lágrimas de mi prima le abrace fuertemente, estas actitudes me confundía demasiado, si era cierto lo que decían en mis sueños, entonces ¿Por qué este comportamiento de mi prima? Las cosas parecían no encajar en nada en mi mundo, un sueño tras otro, quizás estaba soñando de nuevo, pero aquellas frías lágrimas en mi hombro se sentían tan nítidas que mi corazón flaqueo y lloro junto con ella, algo había pasado anteriormente que no recordaba, algo de lo que yo no podría ayudarle, solo me quedaba abrazarle, tal vez mis sueños no eran ciertos.
Después de un tiempo, el sueño regreso, con ello el chico de los ojos dorados, cabello blanco, el lugar parecía detenerse, no se sentía ni frio ni calor, sus manos eran la única calidez en aquel lugar, las flores de sakura se mecían con el viento que no lograba sentirse, solo hacia volar los pétalos y mi cabello junto con el suyo, su mano me atrajo hacia él, me dio un cálido abrazo.
No vayas - fueron las palabras de aquel joven.
¿Pero Shougo es mi país natal? – reclame en su oído.
No vayas, debes dejar que las cosas fluyan, si ese lugar es destruido es por el propio deseo de los ciudadanos - me tomo fuertemente de la cintura.
Lo siento - me aleje de el - no creo que los nativos de ese lugar quieran ver muertes por culpa de esas sustancias, por luchas innecesarias, debemos acabar con ello - dije decidida.
Tu misma lo has dicho cariño, luchas innecesarias, no hay necesidad de que vayas – sonaba severa su voz.
No, no puedo ceder a tus deseos, no puedo dejarlo, además todo esto es raro, nadie me ha mencionado sobre ti, mi prima le tiene afecto – fui interrumpida.
¿A Takeru? - se cruzó de brazos- ¿has escuchado sobre el síndrome de Estocolmo? - me miro detenidamente- puede que eso suceda con tus amistades, tanto tiempo conviviendo con él, se han encariñado, pero ante ello desde un principio los tenía amenazados, de esa amenaza se han tenido un cariño enfermo por él, esos sentimientos no son reales – me miro con tal enojo en sus ojos.
Lo siento, esta vez no puedo ceder ante ti, es mi país natal, es mi mundo en su totalidad, debo defenderlo como tal, si tengo el poder, lo haré – me aleje de él, la imagen era borrosa, mis ojos se abrieron.
Es momento de arreglar las cosas, mañana salimos de viaje – dijo Johnny.
Tal vez todos teníamos una historia, pero la mía había sido borrada de mi mente, por más que me lo contaran, tal vez todo sería manipulado, no podía saber en quien creer, solo me basaba en los hechos vivientes, en lo que estaba pasando, de esa manera podía seguir adelante.
Abordamos el avión , adiós aquella ciudad, llena de ilusiones infundadas, de una pureza engañosa entre sus calles, aquel frió gélido de las personas al preocuparse por sí mismas, el lugar lleno de blanca nieve, siendo de un frio hostil, sin importar lo que pasara, un país que dejaría a sus aliados para limpiarse las manos, un país que deseaba dominar el mundo entero, largas horas pasaron para pisar aquel suelo, donde había nacido, donde podría ver a mis padres, pero antes de ello, debía vencer las nuevas amenazas, de esa manera podría verlos con una sonrisa, a pesar de la carga que conllevaba el haber tomado vidas.
Aquellas organizaciones eran poco factibles, fue fácil recopilar información a tan larga distancia, el mismo gobierno estaba unido con ello, y tras la investigación nos dimos cuenta que las drogas se iban directo a Alemania, que no era una droga cualquiera, sino, era un infusión de tantas drogas, sin saber para que le utilizarían, la pelea que se daba en México más que nada era para saber quién llevaría el mercado, de esa manera alejarían a la competencia, debido a las peleas, donde nosotros 4 acabamos con todos ellos, la información fue dada y dicha organización que pedía los narcóticos se llamaba D.A.S.T.
Ante la batalla, las heridas eran inevitable, Takeru se quería ir en cuanto antes del país, pero ante mi insistencias, nos quedamos hasta curarme, había algo que todos me ocultaban con desdén, mi prima, mi mejor amigo, sobre todo Takeru, no me permitían acercarme a mi ciudad, pero ante un pequeño escape, salí de nuestro escondite, entre los escombros del ayer, recordando donde vivían mis padres, vi construido un gran edificio de departamentos, "¿Quizás se cambiaron de casa?" pensé, fui a preguntar a la persona encargada, pero nadie sabía nada de mi familia, era como si no existiera aquellos nombres, recordaba cosas tristes tras el pasar de la ciudad, como la perdida de mis mascotas, la perdida de algunos familiares, sin saber a dónde ir, fui al panteón, debido que deseaba dejarles algunas flores a mis abuelos, fui a comprar tantas rosas blancas como pude, fui al panteón, a cada tumba dejaba un pequeño ramo, hasta detenerme en un lugar extraño, estaba lleno de pequeñas tumbas, con los nombres que yo misma había dado a mis mascotas, me era extraño, no creía que niños debido a lo pequeño de las tumbas se llamaran así, pero al pasar y dejarles una rosa blanca debido al afecto que tenía a esos nombres extraños que al parecer no era la única que los conocía, que existían personas llamadas así, me llamaron la atención dos tumbas grandes, donde mis lágrimas cayeron sin más remedio, estaba llorando, el dolor inundo mi corazón y con ello el alma se iba lejos, sentía pesadez, deseaba gritar, deseaba morir, renegaba de mi inmortalidad, aquellas tumbas habían sido de hace 20 años atrás, aunque las pequeñas eran de mucho más tiempo atrás, eso implicaba que ese lugar era para todo lo que conocía, aquellas pequeñas tumbas eran de mis mascotas y las tumbas grandes eran de mis padres, grite de dolor sin poder aguantar más, las lágrimas salían desconsoladamente, unos brazos llegaron por detrás de mí, intentando amortiguar en dolor, el dolor de saber que en este mundo ya no existía a los que yo quería, mis mascotas que eran como mis hijos y sobre todo el dolor de saber que mis anhelos de ver a mis padres eran nulos, ya que yo era inmortal y ellos simplemente ya descansaban en esas frías tumbas, era momento de decirle adiós a todo lo que yo había querido en ese momento, mientras el dolor me desgarraba por dentro.
