→ disclaimer: todo le pertenece a J. K. Rowling, yo sólo uso sus personajes sin fines de lucro.
Ω
Lily regresaba de su última clase, charlando con Marlene McKinnon. La rubia no era muy del agrado de Evans, pero ella le seguía la conversación por mera cortesía. Marlene parecía desvivirse hablando de lo guapo que era Sirius Black, a lo cual Lily rodaba los ojos disimuladamente; el sangre pura le parecía nada más que un patán.
— ¿Viste que deliciosa era la colonia que usaba Black el otro día? En la clase de pociones, pasé junto a él e inundó mi nariz. — Marlene colocó un mechón rebelde rubio detrás de su oreja, que escapaba de la elaborada trenza francesa que se hizo esa mañana. — Él es un chico muy guapo, aunque algo violento. Pero, ¿qué es de la vida sin un poco de acción?
La rubia soltó una risita, Lily se veía algo incómoda. — Sin ofender, Marlene, pero para mí Black es un idiota e inmaduro, ¡él junto a sus compinches no paran de torturar a mí mejor amigo!
— Ay, qué malos gustos Lily. — Dijo Marlene, deteniéndose para susurrar la contraseña al lienzo, quien a regañadientes abrió la entrada a la Sala Común. — Sé que es tu amigo y todo (aunque no entiendo por qué), pero es pura diversión infantil. — Se lanzó sobre un sillón especialmente esponjoso y soltó un suspiro, alzando sus brazos en un gesto elegante. — ¡Los chicos serán chicos, Lily! ¿Nunca oíste de eso?
— Sí, lo oí. — Refunfuñó Lily, sentándose con los hombros encrespados y el ceño fruncido. — Pero me parece una pobre excusa hacia la violencia, no son bebés, ellos saben el mal que están haciendo. — Pausó un momento, exhalando aire para evitar aventarle un almohadón a la cara a Marlene y arruinar su peinado. — Son una excusa de magos, atacando a alguien más débil entre varios, pura basura.
La rubia alzó su fina ceja, de un color más oscuro que casi parecía negro y destacaba del dorado de su cabello. Abrió sus brillantes labios para debatir, pero una sensual y grave voz la interrumpió.
— Oh, pelirroja. — Era Black, quien mantenía esa expresión burlona en sus ojos que tanto molestaba a Lily. — Rompes mi corazón.
— Hijo de puta... — Murmuró Lily con una voz ronca que resonó en toda la habitación. Marlene volteó a verla escandalizada. — ¿Qué haces aquí, uh? ¿Buscando víctimas?
— Oh, no, nena. — Esa sonrisa cruel se formó en la boca de Sirius, quién se maldijo por dentro. — ¿Por qué me ves así, eh? No soy alguien malo.
— Oh, no. — Dijo Lily, levantándose de donde se había sentado antes. — Eres peor.
— ¡Lily! — Marlene la fulminó con los ojos.
— Ahh. — Conturreó Sirius, sin voltearse a mirar a la rubia. — Marlene, cariño. ¿Te molestaría dejarnos solos por unos minutos? Mis amigos y yo queremos tener una pequeña charla con nuestra estimada pelirroja.
Lily comenzó a sentirse algo nerviosa. — Ya me extrañaba que tus lamebotas y Potter no estuvieran cerca, ¿qué quieren?
— ¡Lily, no seas grosera! — Marlene le corrigió, de verdad no entendía a esa chica. Miró a Sirius, y recordó lo que este le había pedido; sonrojada, recogió su bolso. — Ya los dejo solos.
La nacida de muggles la vio subir las escaleras que daban a los dormitorios de las chicas, meneando sus caderas para llamar la atención de Black, quien ni siquiera la miró.
La pelirroja lo miró desafiante, pero el sudor recorría su frente. De entre las sombras y como una película de terror, Lupin y Potter salieron a la luz de las velas.
— Lily. — Llamó el de cicatrices, con voz suave. A la chica le extrañó que Potter estuviera tan callado. — Lily, necesitamos hablar contigo... ¿Puedes acompañarnos a nuestra habitación? Es algo confidencial y no es seguro hablarlo aquí.
— ¡Ja! ¿En serio me creen tan idiota como para irme a sola a sus habitaciones? — Rió incrédula, ¿qué se creían?
— Li...
— Evans. — Cortó Potter, con la faz sombría. — Es sobre Snape.
Los ojos verdes de Lily se abrieron desmesuradamente, con miedo y preocupación. — ¿Qué... qué le hicieron?
— Nosotros nada.
— ¿Entonces?
— Lily. — Llamó Potter, mirándola con unos ojos cargados de innombrable expresión. — Lo sabemos, tu plan.
La muchacha sintió un peso en el estómago y su cara se volvió blanca. Lentamente y como si se le cayera el mundo, se sentó en el sillón carmín. Su cara deformada, en una expresión de confusión y terrible miedo, se levantó con la vista expectante, sabiendo a lo que se referían. No serviría de nada hacerse la tonta.
Pero era imposible, ¿no?
— ¿Cómo... ?
— Ven con nosotros a nuestras habitaciones, te lo diremos allí. — Lupin era el que mantenía esa voz suave y calmada, que aunque Lily no admitiera le transmitía paz y seguridad en esa tensa situación.
Ella, algo descolocada, asintió.
Ω
Estaba tensa como un cable, rodeada de la gente que desprecia y que sobre todo, saben de sus más oscuros secretos. Sólo rezaba para que no lo usaran en su contra ni en la de Severus. Pero tenía una duda, ¿cómo mierda se enteraron? Ella no se lo había dicho a nadie, y más dudaba que Severus les hubiese contado.
Se abrazó a sí misma a medida que subía las escaleras, clavando sus uñas en su carne a través de la túnica. Sintió una de sus medias bajarse por su muslo, hasta amontonarse debajo de su rodilla; Potter lo notó, lo vio recorrer el movimiento de la prenda con extrema lentitud. No permitió demostrar cuanto esto la asustó, así que mordió su lengua y siguió caminando.
La corbata dorada y roja parecía querer ahorcarla, dificultando su respiración; pero no la aflojó. Se limitó a seguir los pasos de Lupin, quien abrió la puerta a su habitación y, "caballerosamente", la dejó pasar primero.
Rápidamente notó la ausencia de uno. — ¿Y Pettigrew?
La hostilidad utilizada no perturbó a ninguno, más que a Potter. — Salió con su novia.
— ¿Jessica Madden?
— No intentes cambiar la conversación, tesoro. — Lily maldijo a Black en su mente, cómo le gustaría sacar su varita y clavársela en el ojo.
Lupin le invitó a tomar asiento junto a él, en una de las cuatro camas. Ella se sentó con cuidado, asegurándose que su falda gris cubriera lo máximo posible sus muslos.
— Lily, cálmate. — El castaño de cicatrices miró mal a Black, quien suspiró y guardó sus manos dentro de su pantalones. — No te haremos daño y, aunque no lo creas, tampoco te manipularemos con lo que sabemos.
Lily levantó la cabeza bruscamente, sorprendiendo a Lupin. — ¡¿Cómo es que ustedes lo saben, exactamente?!
Potter se dio media vuelta, y rebuscó entre sus cosas. Lily se alteraba más en cada segundo.
El chico se detuvo de repente, enderezandose con lentitud. Giró sobre sus talones, y lo que tenía entres sus manos era...
Una maldita capa de invisibilidad.
Era obvio, una maldita capa de invisibilidad, ¿había algo que estos desgraciados no tuvieran?
— La usamos para entrar en las habitaciones de Snape... iba a ser nada más una broma... pero entonces él te agarró de la mano y yo creí... creí q-que... — Potter estrujó la capa entre sus dedos, parecía tan confundido que a Lily casi le daba lástima.
Casi.
— ¿Por tus putos celos nos seguiste y te metiste en su habitación? ¿En serio? — Lily ya no quería gritar, ya no. Se limitó a usar su voz más venenosa y cruel para dañar a esos bastardos.
Como Potter se veía devastado, Black intervino con una voz cansada. — Como sea, entramos y... lo vimos.
Lily tocó su vientre, comenzando a sentirse mareada. No, no eso. Ellos no debían saber lo que pasaba Severus, ellos no debían de haberlo visto allí, desnudo y herido. Ellos no debían de haberlo visto en sus peores momentos, no ellos.
Se paró de repente, sosteniéndose de los doseles. Black no dejó de hablar. — Escuchamos su conversación, lo que planean hacerle al padre de Snape...
Eso es todo, Lily no aguantó más. Corrió al otro lado de la habitación y vomitó dentro de una papelera. Toda su cena a la basura, no tuvo que preocuparse por manchar su cabello, Lupin se arrodilló a su lado y lo sostuvo por ella.
Cuando terminó, sintiendo haber perdido sus intestinos, levantó la cabeza y se limpió la boca. Miró a Black y a Potter, que parecía verde. — ¿Qué... qué es lo que quieren? — Susurró sin voz. — ¿Detenernos?
— No. — Dijo Black, dando un paso al frente. — Unirnos.
— ¿... Qué? ¡No! ¡Este no es asunto suyo!
Lupin intentó ayudarla a levantarse, pero Lily forcejeó para que no la tocara.
— No es como si tuvieras opción, sabes.
Black, que parecía cansado pero aún algo burlón, la miró y Lily retrocedió. El ambiente se puso hostil.
— Sirius. — Reprendió Lupin, dándole una mirada de advertencia. — Lily, veelo como una forma de redimirnos, queremos ayudar. Snape no tiene porqué enterarse, sabemos que él no estaría jamás de acuerdo.
— ¿Quieren redimirse... matando a su padre? — Lily sentía su cabeza oprimirse y doler.
— Ayudando, nada más.
— No. — Se negó la pelirroja, de nuevo.
— No quería llegar a esto. — Dijo Black, moviendo su cabello para quitarlo de su cara. — Déjanos, o le diremos al Director de tu plan.
Lily abrió su boca tanto que parecía una "o", impactada y con la furia creciendo. — ¿Me amenazas?
— No, te estoy avisando. — Los ojos grises del chico parecían querer fundir a la muchacha. — Como dije, no tenemos porqué llegar a las hostilidades, James quería pedírtelo como un favor, pero en vista de que no funcionó tendremos que probar mi idea.
Sus ojos verdes se fijaron en Potter, quien se veía triste y no la miraba. Black dio otro paso al frente, alzando su mano para que ella la agarrara. — ¿Y, qué dices? Nosotros no diremos nada a cambio de nos dejes ayudarles. ¿Tenemos un trato?
Pasaron unos segundos, que para los Merodeadores fueron horas. Lily, viéndose acorralada, estrechó la mano del sangre pura.
— Hecho.
Ω
