¡Hola, hola! ¡Alabadas sean las vacaciones! ¿Ne? Porque así puedo traerles el siguiente chap de esta historia! ;D Además que el espíritu navideño que flota en el aire es inspirador ;D ¡Disfruten el chap, onegai!

Capítulo 10:

Los días habían transcurrido velozmente, ya que ningún accidente importante había cortado su flujo. Las únicas diferencias que Shippo notaba eran que ahora Goryu no lo barría como solía hacerlo, después del incidente del castillo; que Sou Ten, en cierta manera para compensar su comportamiento, aniquilaba cuanto monstruo se les parara enfrente con ganas de echar bronca, sin darle tiempo ni al kitsune ni al Chibi-dragón para reaccionar; y que él mismo, Shippo, notaba como la curiosidad crecía en sus adentros. Después de ese acercamiento que habían tenido con la cuestión en la aldea humana, el kitsune había pensado que sacarle lo de sus montañas sería una cosa sencilla (después de todo, se decía con orgullo, ella confía en mí), pero Sou Ten se mostraba totalmente hermética al respecto. Ni las suaves indirectas ni los relatos de su estancia en la aldea de la anciana Kaede parecían funcionar. Su compañera de viaje reía con sus historias, pero jamás les hacía eco con las suyas; e ignoraba las indirectas de una manera monumental. Odiaba admitirlo, pero Shippo estaba comenzando a tomarlo como una misión imposible. Hubiera preferido resignarse… pero no, la punzada curiosa seguía ahí, insistiendo. Lo mismo que él.

-Y entonces- comentó Shippo elevando un poco la voz, pues él y la youkai del Trueno se separaron brevemente por un tronco de árbol demasiado grueso. Goryu bufaba en el equipaje de Sou Ten, pues corrían a toda velocidad por el bosque- la anciana Kaede bautizó a Kotori, "Pajarito", porque casi mata a Miroku de un infarto al saltar así de su cuna…- Sou Ten se rió. No era fácil imaginarse al monje al borde del colapso y a su hija de pequeña riéndose de él, pero ciertamente resultaba divertido.

-De seguro a Sango-sama no le hizo tanta gracia

-Y que lo digas- rió Shippo- pero al final terminó por reírse también.

Habían estado toda la mañana conversando, y Shippo le había contado todo acerca de la progenie de sus amigos. Pero seguía sin obtener nada, ni un solo comentario sobre su hogar. Ya estaba suspirando, resignado, cuando Sou Ten le preguntó, aún sonriente, pero con un dejo de sequedad en la voz:

-Y dime, Shippo, ¿a qué se debe tanta… nostalgia por tu casa?

-¿Eh?- el kitsune quedó tan desconcertado que no se fijó en una gruesa rama de pino que venía a darle la bienvenida. El seco "¡Ufgh!" y la caída de sentón arruinaron todo el estilo que podía haberle quedado. De seguro era el karma de Miroku que se vengaba de él.

-¡¡¡Shippo!!! ¡¿Estás bien?!

-Sí… fu… sí…- confirmó el kitsune, escupiendo unas cuantas agujas perfumadas de pino que por poco se traga- guácala… ugh… Bueno, señorita, ¿se puede saber de qué te ríes?

-De nada- contestó la youkai ahogando lo mejor que pudo (que no fue mucho) las carcajadas. El apuesto kitsune la miraba resentido- Lo… lo siento mucho, Shippo, es que… es que fue tan…- no pudo más y comenzó a reírse. Y es que al ver a Shippo para disculparse con él, había notado los manchones de tierra que tenía por toda la cara y toda la hojarasca que se le había enredado en su largo cabello, dándole un aspecto de ave del paraíso recién levantada. Shippo la miró furibundo mientras ella se reía.

-Ay… ay… jajaja… lo siento… ah…- dijo entre risitas Sou Ten, ayudando al enojado kitsune a levantarse- no me acuerdo desde hace cuanto no me reía así- comentó, sujetándose el estómago- ay…. Me duele… jajaja

-Bueno, por lo menos uno de los dos está feliz- respondió Shippo con frialdad, resentido, más que con Sou Ten, con la pérdida del estilo.

-OH, no te enfades así- dijo la youkai, sonriente- Goryu- se dirigió a su bolsa, que colgaba a su costado derecho. El dragoncito se asomó como pudo- ¿me podrías pasar un pañuelo, por favor?

-Si, señorita Sou…- al mirar alrededor para ver para qué lo necesitaba, se fijó en el kitsune. Como estaba algo mareado por el trayecto, no veía demasiado claro- ¿¿¿¿¡¡¡Pero qué demon…???!!!- el dragoncito peló los ojos con espanto. Luego enfocó bien- ¡Ah, es el kitsune! ¡Fuf! ¡Qué susto me has metido!- Goryu se sumergió en la bolsa y extrajo un pañuelo de seda blanca. Se tardó el tiempo suficiente como para evitar la mirada completamente asesina que Shippo le dirigió. Sou Ten se cubría la boca con la manga del kimono, riéndose quedamente- Aquí tiene, señorita Sou Ten.

-Ajem, gracias, Goryu- el dragoncito se quedó con medio cuerpo asomado de la bolsa, aprovechando el alto para tomar un respiro- A ver, Shippo… acércate un poco…- el kitsune no le contestó, pero le hizo un mohín y se dio la vuelta, indignado- anda, no te pongas de morros… no seas payaso… ¡Shippo!- cada que ella trataba de acercarse para limpiarle la cara, Shippo se volteaba para darle la espalda. Él se limitó a mirarla de reojo, a cruzar los brazos y a soltar un irritado "¡jumn!". Sou Ten frunció el entrecejo y dio un par de pasos atrás.

-Como quieras…- el kitsune jamás hubiera esperado lo que pasó a continuación: la youkai se le lanzó a la espalda para someterlo.

-¡!!!! ¡¡¡Sou ten!!! ¡¿Qué haces?!- le dijo, tratando de mantener el equilibrio ante la embestida y forcejeando para quitarse a la chica de la dinastía del Trueno de encima, que ya le tallaba la cara con el pañuelo, aunque Shippo la movía para impedirlo.

-¡Te estoy limpiando, Cascarrabias!- le dijo, sosteniéndose s sus hombros con una mano y limpiando con la otra- ¡Estate quieto! Lo quisiste por las malas, ¿verdad? ¡Aguántese ahora!

-¡No…!

El forcejeo continuó por al menos cinco minutos, entre bufidos, perdidas de equilibrio y algunas maldiciones de parte de Goryu, que había sido sorprendido por el repentino salto de su ama y no se esperaba aquellas sacudidas. Al fin, cuando Sou Ten estuvo conforme con el resultado, saltó a tierra. El kitsune se sacudió (muchas vértebras le tronaron por estar encorvadas tanto rato) y miró incrédulo a su compañera de viaje. Ésta parecía complacida.

-Mira, niña…

La réplica del kitsune fue interrumpida por un sonido algo lejano, pero perfectamente audible para los finos oídos youkai. Era un grito humano.

-Debe haber alguna aldea cerca- dijo Sou Ten, poniéndose seria de repente

-Sí… y este olor… huele a…- Shippo husmeó el aire con detenimiento, hasta que lo reconoció, sobresaltado- ¡huele a ogro!

Era una criatura enorme, de color rojo sangre, con un solo ojo verde veneno en el centro de la achatada cabeza. Había algo más en ese ogro que era imponente: los colmillos largos y amarillentos que asomaban de su boca (también enorme), parecidos a los de un elefante. Ya se había zampado tres caballos y un gallinero completo, pero pronto empezaría con los humanos, especialmente por aquellos gritos que ya inundaban toda la aldea. El ogro comenzó a moverse, provocando pánico general y carreras desbocadas hacia el otro extremo de la pequeña villa. El grueso de la multitud pronto estuvo lejos, pero el monstruo dio un salto que le adelantó varios metros en su carrera y destrozó tres casas. El súbito temblor hizo caer a un pequeño niño, que soltó la mano de su madre y se quedó atrás, tirado en el suelo, frente al monstruo, que ya había clavado en él su único ojo. El niño comenzó a temblar, sin poder levantarse ni correr. No quedaba nadie cerca que pudiera ayudarle sin correr el riesgo de ser devorado también. El ogro estiró su manaza, riendo con una voz profunda y horrible. Los demás aldeanos miraban desde lejos, aterrorizados, previendo el destino del pequeño. En eso, algo sucedió. Fue tan rápido que la mayoría de ellos no sabía que había pasado. Una ráfaga negro con rojo había llevado al niño fuera del alcance del ogro, mientras que otro veloz destello turquesa le atacaba. Se escuchó un gruñido horrendo y prolongado del monstruo, que hacía temblar la tierra pataleando de dolor. Cuando se retiró ambas gigantescas manos de la cara, los espectadores pudieron ver que su ojo había pasado de verde a un rojo sanguinolento parecido al de su piel. Estaba ciego.

Aterrizando frente al monstruo con pose gallarda, el kitsune sonrió ante su efectivo ataque. Sacudió su cabellera con garbo (bien estilo Príncipe Encantador), que provocó que toda la hojarasca enredada en él se desprendiera.

-No se angustien- dijo hablando por sobre su hombro- vinimos a ayudarlos- y sonrió. Uno de los afilados colmillos brilló por un instante. Sou Ten, de pie sobre un tejado con el pequeño entre sus brazos, suspiró con una gotita en la cabeza. Ni como curarle a Shippo aquel complejo de Súperhombre, o más bien Súperyoukai. Sin embargo, eso no parecía molestarles a las chicas de la aldea, sino al contrario.

-¿Ya viste?

-¡Qué guapo es!

-¡Y es un héroe!

-Quizá sea un youkai él también, pero ¡nos ha salvado!

-¡Kyaaaa, yo quiero uno así!

Todas tenían corazoncitos en los ojos y miraban a su salvador destilando también corazoncitos, con la mirada incrédula de los varones sobre ellas.

Shippo volvió a prestar atención cuando el monstruo comenzó a patear y a dar manotazos por todos lados, tratando de agarrar a su agresor.

-Goryu, cuida al niño- indicó Sou Ten, sacando al Chibi-dragón de su bolsa

-¡Sí, señorita!

La youkai puso al chico sobre el techo y dio unos cuantos saltos para unirse con Shippo en la batalla. El pequeño agitó su manita brevemente para Sou Ten y luego volteó a ver al dragoncito que flotaba junto a él.

-Qué cosa tan curiosa- dijo, tomando a Goryu entre sus manos y picándole la pancita- nunca había visto nada así

-¡Suéltame, mocoso! ¿¡Cómo esperas que te cuide si…?! Jojojo, ¡no! ¡Me haces cosquillas…!

El ogro, enloquecido por el dolor, podía causar muchos más destrozos si no lo paraban pronto. Sou Ten llegó al lado del kitsune.

-¿Listo, Shippo?

-Sí… ve por la derecha y yo por la izquierda.

-¡De acuerdo!

Cuando ambos youkais estuvieron a la altura suficiente a los flancos del monstruo, atacaron. Sou Ten le mandó una descarga eléctrica impresionante, mientras Shippo empleaba su kitsunebi. El ogro rugió, tratando en vano de protegerse. Al fin cayó al suelo, totalmente quemado e irreconocible. El olor acre de la carne quemada se alzó hasta que el viento mismo la alejó de allí. A un par de metros de distancia por el cuerpo del monstruo, los youkais se sonrieron. El silencio pasmado que los rodeaba paso rápidamente a vítores. Sou Ten saltó rápidamente al techo para recoger al pequeño (que seguía cargando a Goryu) y volvió al lado del kitsune, mientras la multitud se acercaba.

-¡Bravo!

-¡Kyaaaa!

-¡Lo ha hecho muy bien, kitsune-sama!

-¡De verdad que sí!

-Y que chica tan guapa le acompaña

-Ella también nos ha salvado

-¡Viva!

Ambos youkai sonreían complacidos hasta que una mujer salió de entre la multitud.

-¡Sohaku! ¡OH, Sohaku!

-¡Mami!- exclamó el pequeño sonriente.

Para desconcierto de mucha gente, empezando por Shippo y Sou Ten, la madre de Sohaku le arrancó al niño de los brazos con brusquedad a esta última, mirándola con amenaza, y dándole a su hijo un leve manazo para que soltara a Goryu, que voló sobresaltado hacia su ama.

-Youkai-nee-san me salvó, mami, ¿lo viste?

-Si, si lo vi… solo me pregunto qué querrán a cambio- los youkais la vieron incrédulos. ¿Qué le ocurría a aquella mujer? Sólo entonces notaron que un grupo se mantenía lejos de los que les aclamaban hacía un momento, y todos les miraban recelosos. La mujer se unió con ellos, cargando al pequeño Sohaku, que aún no entendía por qué su madre no le agradecía a sus salvadores.

El líder de la aldea se adelantó rápidamente y les dio las gracias. Se veía que era un hombre de campo, de voz gruesa y aspecto rudo. Luego se acercó y les dijo, con aire confidencial:

-Disculpen a Sachiko. Ha visto muchos ataques de monstruos y no les tiene mucha confianza a los youkais. Se los agradecemos de verdad… les prepararemos unas provisiones para mostrarles nuestro aprecio y después les pido que se vayan, por favor.

Ni Shippo ni Sou Ten supieron qué contestar. Pronto algunos aldeanos (entre los que se encontraban las admiradoras del kitsune) les llevaron varias bolsas con fruta y conservas. Éstos sonreían, pero la tensión en el ambiente era palpable. En cuanto terminaron de acomodar el equipaje, los youkais dieron un salto largo para alejarse de aquella aldea. Solo se escucharon algunos tímidos "Gracias", dichos en voz baja. Lo último que vio Sou Ten fue a Sohaku haciéndole una seña de despedida. Pobre pequeño. Aún no entendía por qué el mundo de los adultos estaba construido sobre prejuicios.

Pronto estuvieron en el bosque de nuevo. Avanzaron un par de kilómetros sin hablar, consternados como estaban. Al fin, Sou Ten se detuvo, sentándose sobre una piedra, con expresión afligida. Shippo se unió a ella, algo desconcertado.

-¿Qué pasa?- preguntó él.

-Es una estupidez, Shippo, lo sé- le contestó Sou Ten sonriendo levemente- pero me enferma que los humanos sean tan racistas… ¿por qué generalizan? Porque un youkai o dos les hayan atacado, creen que ya todos somos unos salvajes sedientos de sangre…

-Es verdad…- respondió Shippo. No se le ocurría nada más que decir. Era cierto, ¿no? Escuchó a su compañera suspirar brevemente. Entonces se animó. Tomó la mano de Sou Ten que descansaba sobre la piedra al lado de él y la estrechó con brevedad. Ella lo miró, algo sorprendida.

-Hace un rato me preguntaste por qué tanta nostalgia por mi casa. Te lo diré. Es que…- era difícil ponerlo en palabras sin que sonara desmesuradamente metiche- tienes razón. He estado pensando mucho en mi casa porque extraño a mi familia. Pero, ¿sabes? Me reconforta saber que están allí, esperándome. Tener un hogar era algo que yo había casi olvidado cuando me encontré con Kagome e Inu Yasha…- Sou Ten bajó la vista. Después de todo, habían sido sus parientes los que habían privado al kitsune de su padre- pero… tener un lugar al que regresar es una motivación y yo… yo quería saber… que pasó en tus montañas- la youkai volteó a verle con ojos como platos. Shippo apretó su mano con más fuerza, en caso de que ella quisiera levantarse y dar la conversación por concluida- porque no me has hablado del tema y eso quiere decir que algo pasa en tu hogar… y no quiero que pases por lo que yo pasé hace unos cuantos años, porque yo… porque… me preocupo por ti.

Sou Ten le miró por largo rato, procesando sus palabras. Luego, con gesto lento, retiró su mano de las del kitsune. Shippo pensó que se había enfadado, pero no. Lo que pasaba es que quería abrazar sus rodillas con sus brazos. Ese gesto la hacía parecer más pequeña de lo que era; como una niña necesitada de protección. Goryu salió de la bolsa y se acurrucó junto a ella. Ambos se veían tristes. El kitsune, como por instinto, la rodeó con un brazo. Ella no lo rechazó, sino más bien se acurrucó en su hombro.

-Te agradezco… que te preocupes por mi…- Shippo le abrazó más fuerte- Muy… muy bien… voy a contarte el motivo que nos obligó a salir… de las Montañas del Trueno…

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¡Mil gracias a Akane-chan, Rakna-chan y a Zg13 por leerme! El chap estuvo algo largo, ojalá les haya gustado ¡Matta ne!