Hola, como cada miércoles aquí les dejo la actualización, muchas gracias por sus comentarios, análisis y aportaciones. Sin duda se agradece el apoyo, que tengan un buen día :]
Advertencia:
Se trata de una historia de Universo Alterno.
Disclaimer: El universo Inuyasha, ni ninguno de los personajes me pertenecen.
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Capítulo 10: Año Nuevo. Parte 3
Narrado por Kagome.
Mi meta de madurar y comportarme de acuerdo a lo que marcaba la sociedad, estaba poco a poco disolviéndose y la razón seria mi poco paciencia ante el demonio de ojos dorados.
Tenía una lista interminable de deseos, esperaba que todos se cumplieran y que mejor momento para suplicar por ellos que el año nuevo. Todo había estado muy bien hasta que tuve que sentarme a un lado de Sesshomaru Taisho.
Su energía y presencia, desestabilizaba mi poca cordura y equilibrio con migo misma y los de mis actos; en pocas palabras su sola presencia provocaba que la Kagome inmadura saliera a la luz.
Estaba orgullosa de mi presentación y lógicamente la de mis hermanas, he de admitir que Kagura sí que se esmeró, pude percibir miradas de pasión por parte de Naraku y del mismo emperador. La decoración y el palacio en sí, era sumamente bellísimo y todo lo que mi madre me contaba cuando era muy pequeña; pero las palabras de Izayoi rondaban mi mente. ¿Cómo es que en un lugar tan hermoso y majestuoso, podría haber tantos peligros?
Sin duda estaba el hecho de que el emperador no se veía tan saludable y por los signos que presentaba físicamente y espiritual, no estaba equivocada, algo o alguien lo estaban matando, lenta y gradualmente estaba siendo consumido por una energía que no me era familiar.
En estos momentos daría lo que fuera por tener a Kaede conmigo, ella sin duda era una de mis mejores profesoras y aún más cuando nos hacía estudiar sobre el poder espiritual y todos aquellos rituales que podrían aumentar tu poder y de aquellos que podrían realizar lo contrario.
Sé que no era de mi incumbencia, pero sabía que el aura del emperador era pura, que aún no estaba corrompida por las cuestiones banales de cualquier individuo que tuviera un poder como él tenía. Esto me hacía pensar seriamente de nuevo en las palabras de Izayoi, sin duda quien será que se quede en el palacio, tendrá que cuidarse y mucho.
Regresando al tema de Taisho, así como tenía una lista interminable de buenos deseos para este año, también tenía una de los defectos del ambarino. Pero sin duda los que más se repetían era, egoísta, hombre sin sentimientos, orgulloso y malvado; todo aquello provocaba una gran duda ¿Realmente sería feliz quedándome a su lado?, mientras más vueltas le daba a aquella pregunta, más dudas surgían y menor posibilidades de que pasara todo lo contrario. Sin duda él no cambiaría, por nadie y mucho menos por mí, quien solo era una humana.
Debo de admitir que todo se encontraba en mi contra, excepto el amor de Izayoi, pero sin duda alguna ella no tendría mayor peso en la elección. Presiento que la que decidirá mi futuro será la emperatriz, no por nada es una Taisho. Lo único que puedo hacer es disfrutar de lo que queda de mi estancia en el oriente, practicar y mejorar mis habilidades y derrotar al fin a Sesshomaru; tenía tanta fe en mí que estaba segura que lo haría, pisaría su orgullo y él me respetaría por ello.
Dejando a un lado esos pensamientos, miro brevemente a todos los presentes, mis padres platican alegremente con el matrimonio Taisho; el consorcio imperial simplemente se deleita con la comida; Kikyo se encuentra platicando con Inuyasha, ambos intercambiando pequeñas sonrisas, lo cual me llena de dicha y felicidad. Kagura por su parte se encuentra platicando con Naraku, los cuales no se han dejado de intercambiar miradas, sin duda el magnetismo de mi hermana mayor está haciendo efectos. Luego estoy yo, Kagome, comiendo plato tas plato que me era servido, añorando una buena charla, la cual no obtendría con la persona que se encontraba a mi lado, él solo miraba a la nada de vez en cuando a sus padres y a su hermano, pero de ahí no pasaba.
Esperaba que aquella velara mejorara, lo necesitaba, tener recuerdos memorables y agradables del palacio, ya que mi destino era quedarme aquí, de algo tendría que vivir. Aunque sé que de los recuerdos no se puede vivir o al menor no de una forma adecuada, pero que más daba, por ahora solo seguiría comiendo y disfrutando de la presencia de mis padres.
Fin de la narración de Kagome.
— ¿Crees que fue buena idea que ellos se sentaran juntos? —Le susurro Kikyo a Inuyasha.
El semidemonio miro por primera vez a la pareja, estaban sentados uno al lado del otro, pero ninguno de los dos se miraba ni mucho menos platicaban, no había absolutamente nada entre ellos.
—Mi hermano a escogido justamente este día para ser un tempano de hielo—Vocifero el hibrido.
—Al menos Naraku no ha demostrado interés alguno por Kagome el día de hoy—Menciono la sacerdotisa.
En comparación de la anterior pareja, Naraku y Kagura no paraban de reírse, aunque parecía que la risa de la mujer estaba tratando de llamar la atención.
—Tenemos que hacer algo Inuyasha—Inquirió Kikyo—Tienen que mirarse al menos.
—Déjame pensar en algo—Dijo el chico.
Sonomi discretamente miraba a sus tres hijas, su corazonada de madre le decía que algo había entre los seis jóvenes, la cuestión seria ¿Quién hacia pareja con quién?
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
En el lado Norte, donde se encontraba el bosque más grande y peligroso, se encontraba el clan de los lobos, quienes estaban celebrando el año nuevo, llevaban sus trajes más formales y gruesos, ya que la nieve cubría gran parte del terreno. Muchos que conformaban la manada, se encontraban bailando alrededor de grandes fogatas, las madres con sus cachorros jugaban con pequeñas pelotas y los más ancianos se encontraban bebiendo sake de lo más felices.
Cabe mencionar que ellos vivían en grandes cuevas, aun cuando el mismo emperador les había mencionado que estaría encantado con ayudarlos a construir sus casas y un palacio para que ellos pudieran habitar, pero el joven líder del clan, Koga, declino aquella propuesta. El clan de los lobos había sido el último en unirse al consejo imperial, ya que eran catalogados como demonios viles y que aún se alimentaban de seres humanos. Pero el padre de Koga, Kurama, quiso terminar con todo ello, le había costado tanto trabajo y al final lo logro pero le costó la vida.
Antes de su muerte Kurama le había indicado a su hijo, que por nada del mundo se avergonzara de ser lo que era, lobos, eso incluí la vida que llevaban y donde habitaban, por miles de años, aquellas cuevas habían sido testigos de generación tras generación, manteniéndolos a salvo y confortándolos en las diferentes estaciones. En esos momentos que el frio estaba en cúspide, las cuevas los mantenían calientes por lo que el clan estaba orgulloso de vivir como sus ancestros lo habían hecho en su época.
El joven líder se encontraba admirando a su clan, con una enorme sonrisa y con las manos en su cintura, todos platicaban, reían y se encontraban felices, sin duda eso lo llenaba de orgullo. De pronto una figura llamo su atención, la sacerdotisa de cabello rojizo se encontraba jugando con los pequeños cachorros, quienes se colgaban enérgicamente de sus ropas mientras reían divertidos, ella reía con ellos hasta notar la mirada del joven e inmediatamente se detuvo; se disculpó con los pequeños y abriéndose paso entre los presentes llego ante Koga.
—Discúlpeme si me he comportado de forma inadecuada—dijo la chica apenada.
—Hacía mucho tiempo que no escuchaba una genuina risa—Menciono Koga mirando a su manada—Desde que llegaste, no han parado, por lo que no tienes que disculparte.
—Me alegra escuchar eso, he de confesar que me gusta estar aquí.
— ¿Me acompañarías al claro, Ayame? —pregunto Koga.
—Si—acepto la chica con una sonrisa.
Caminaron por toda la multitud, uno al lado del otro, los presentes miraron la escena con pequeñas risas y miradas de complicidad, hasta que la pareja desapareció en el bosque.
—General Koga, tengo un pequeño obsequio para usted—Dijo Ayame de repente.
El joven, deseo que no lo llamara tan formalmente, pero hasta que no estuvieran casados, tendrían que seguir hablándose tan debidamente como fuera posible; se detuvo por unos minutos su andar y miro a la chica, la cual sacaba un pequeño paquete de su manga, sus ojos verdes lo miraron fijamente.
—Espero sea de su agrado—Menciono la chica entregándole el paquete y desviando la mirada.
Koga abrió el paquete lentamente y sostuvo en su mano el obsequio.
—Es un talismán de protección, que yo misma he diseñado y hecho para usted—Confeso la chica con sonrojo en sus mejillas.
—Gracias—Indico él mientras apretaba el obsequio.
Ayame estaba más preocupada de ocultar su sonrojo que no noto cuando Koga se aproximó a ella y costando el espacio entre los dos, la abrazo fuertemente. La chica reacciono unos minutos después, no daba crédito a lo que estaba sucediendo, la estaba abrazando y ella estaba totalmente segura que no había hecho nada consiente para que eso pasara, estaba realmente feliz, porque realmente sentía algo por el señor de los lobos y con aquel acto, confirmaba que él también sentía algo por ella.
Permanecieron unos minutos de ese modo, hasta que el joven se separó lentamente de ella y acto seguido saco su espada y ato el pequeño talismán, lo admiro unos segundos y guardo de nuevo su arma. La chica miraba cada movimiento del chico, realmente se sentía afortunada, la habían tratado tan bien todos y aún más él general, puesto que en un principio ella tenía miedo, pues estaba consciente de que el clan de los lobos era considerado como bestias, ya que comían humanos, de igual manera sus padres le informaron que era la primera vez que participaban en la ceremonia de elección de sacerdotisas. Sin duda cuando toco su turno y el general la escogió, no pudo evitar sentir miedo, pero aquel temor que tenía fue desapareciendo día con día, al darse cuenta de que no eran tan malos como mencionaban.
—De este modo, lo llevare conmigo a todos lados—Menciono Koga.
Ayame estaba tan contenta, después de todo la vida no podía haber sido tan condescendiente con ella, estaba segura de que su futuro sería muy bueno, le agradeció en silencio al año nuevo, por todo lo que había ocurriendo. La pareja estaba aproximándose uno al otro, con la clara intención de darse un beso, pero un desgarrador grito los detuvo en seco. Ambos se miraron y corrieron hacia el lugar del cual provenía el alarido.
Cuando llegaron el olor a sangre impregnaba todo el lugar, Ayame miro con horror a uno de los pequeños cachorros, yacía en la tierra con una expresión de terror y sangre en todo su pecho. Koga no tuvo tiempo para procesar lo que estaba pasando, su olfato le advirtió de que había varios demonios y que ellos habían sido los responsables de aquella matanza, podría contar fácilmente 8 cuerpos, entre ellos mujeres, hombres y niños.
—Ve a las cuevas—Le indico Koga—Protégelos y cuídate.
— ¿Tu qué harás? —Pregunto Ayame.
—Vengare a mi gente—Indico mientras desenvainaba su espada, olfateo el lugar y detecto a los demonios.
Ayame lo vio partir a toda velocidad rumbo al bosque, no podía creer lo que había ocurrido, se suponía que habría paz, que ningún demonio atacaría a otro sin razón alguna. Fue sacada de sus pensamientos por un par de lobos, los cuales levantaban los cuerpos de los fallecidos, ella tomo al pequeño niño en sus brazos y se dirigió a las cuevas, a la espera de Koga y de sus camaradas.
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La cena había terminado y ahora el emperador platicaba con el general Taisho y Hokuto mientras bebían un poco de sake; Sonomi, Izayoi y la emperatriz parecían disfrutar de una amena conversación mientras tomaban una taza de chocolate caliente y degustaban unos postres.
Naraku se encontraba platicando con Sesshomaru e Inuyasha en uno de los balcones; Kagome junto con sus hermanas probaban los postres de la gran mesa.
— ¿Alguien me acompaña al baño? —pregunto Kagome de pronto.
—Te acompaño—Menciono la emperatriz acercándose a las chicas.
Nadie pareció inmutarse, todos seguían en lo suyo. La azabache acepto la compañía y juntas se alejaron de ahí; Kikyo y Kagura se miraron un par de minutos, algo sorprendida, porque hasta hacia poco la monarca se encontraba platicando con su madre y ahora estaba acompañando a su hermana menor al baño, sin duda era un comportamiento extraño pro parte de la soberana.
El camino hacia el baño era silencioso e incómodo, al menos para Kagome; La esbelta y poderosa figura iba delante de ella con paso firme y calmado, la chica supuso que no tenía prisa, por lo que se aventuró a romper aquel silencio.
—Le agradezco su hospitalidad—comento la azabache.
—Para mí es un placer, después de todo una de ustedes tres vivirá en el palacio muy pronto—Menciono la monarca sin mirarla y siguiendo su andar.
—Mis hermanas me informaron sobre ese tema.
—Te informaron que la que sea seleccionada para el palacio fungirá como sacerdotisa del consejo y aun mejor, será la consorte de mi hijo.
—Eso no lo sabía—Menciono la chica con sorpresa.
—Si yo te preguntara en este momento tu elección ¿Con quién te quedarías?
Kagome detuvo su andar, la emperatriz al darse cuenta del acto de la chica se detuvo de igual manera y miro a la chica; por unos momentos solo se miraron pero al ver que la joven sacerdotisa no tenía intenciones de responder, la soberana tomo el mentón de la chica, obligándola a que sus ojos azules miraran fijamente los suyo.
—Aun eres muy débil pequeña—Confeso la monarca sosteniendo el rostro de la chica.
— ¿Cómo puede saber eso?—Exigió saber la pelinegra.
—Creo haber sido muy clara en aquella ocasión—Menciono—Este mundo plagado de guerras, venganza y rencor no es para las personas débiles—finalizo.
El recuerdo de aquel encuentro, golpeo con gran estruendo la mente y pensamientos de la pelinegra, recordando que eran las misma palabras que le había expresado en aquella ocasión y por alguna extraña razón el miedo comenzaba a envolverla.
—Veo que aun crees en los cuentos infantiles que tu madre te contaba—menciono la mujer acariciando la mejilla de la chica con una de sus garras.
Kagome no podía hablar, aquel temor que tenia de no ser aceptada, de no pertenecer a ningún lugar y de no ser considerada una buena sacerdotisa; invadían su cuerpo poco a poco, sintiendo la fría y desgarradora soledad.
—Solo bromeo pequeña, no tienes por qué mirarme así — expreso la mujer con sorpresa y apartándose de la chica.
A Kagome, no le pareció un juego y mucho menos un chiste, ella se estaba burlando descaradamente. Maldijo aquellos momentos en que le había mencionado a sus hermanas que le parecía una mujer agradable y afable, cuando no era más que una arpía consumida por el poder.
—Creo que me pase un poco—Índico la peliplata llevando una mano hacia el hombro de la chica.
—No me vuelva a tocar—Advirtió Kagome.
—Solo era una broma, pequeña—Menciono ignorando la advertencia de la chica.
Cuando estaba por tocarla, un fuego rosado cubrió su mano, inmediatamente se apartó de ella y trato de apagar el fuego, para cuando logro contenerlo, la chica había desaparecido.
—Me lo merecía—Dijo la monarca mirando como poco a poco su mano era sanada por su poder demoniaco.
Supuso que se había asustado y acto seguido huyo, por su aroma estaba segura que no se dirigía de nuevo hacia el lugar de la fiesta. Al recordar que no conocía el palacio, una sonrisa se formó en su rostro.
—Bien, te daré unos minutos más y luego jugaremos a encontrarte pequeña—susurro mientras caminaba tranquilamente rumbo a los baños.
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Uno de los guardias del palacio se encontraba corriendo a toda velocidad, en su mano traía un pergamino que recién le habían entregado. Cuando llego hacia donde se encontraba el emperador, este se alarmo un poco al verlo, puesto que había informado a los sirvientes y soldado que no lo molestaran, únicamente si era urgente.
— ¿Qué ocurre? —Pregunto el emperador alarmado.
—Nos ha llegado esto—Dijo mostrando el pergamino y acto seguido se lo entrego a su monarca—Es del general Koga.
Todos los presentes en la sala pusieron total atención a lo que ocurría, especialmente Sesshomaru quien hasta ahora había notado que la menor de las hermanas no se encontraba en la sala y mucho menos la Emperatriz.
Observaron en silencio como el monarca desenrolló con desesperación el pergamino y con la mirada recorrió el contenido.
— ¿Qué ocurre Onigumo? —Pregunto Toga al identificar alarma en el semblante del recién nombrado.
—Han atacado al clan de los lobos, hasta el momento hay 12 muertos, entre ellos niños y mujeres—Informo.
Inuyasha apretó los puños, si bien casi todo el tiempo en que conocía a koga, habían formado un vínculo, ambos se fastidiaban y hasta cierto punto se hartaban, pero estaba más que claro que se consideraban amigos; No podía evitar llenarse de un sentimiento de ira e impotencia por lo que le había ocurrido a la familia del lobo rabioso, como lo llamaba a menudo.
—Está solicitando apoyo—Inquirió el monarca—Ha cazado a la mayoría de los atacantes, por lo que pide nuestra presencia para identificar los cuerpos.
—De acuerdo, acudiremos a su llamado—indico Toga.
Mientras los hombres se organizaban, la emperatriz llego algo agitada y lo que más le llamo la atención a todos es que estaba sola.
— ¡Madre! ¿Qué ha ocurrido? —Pregunto Naraku alarmado por el estado de su madre.
— ¿Dónde está Kagome? —Cuestiono Sonomi.
—Ella ha desaparecido—Dijo algo alterada.
Todos se miraron, Sonomi no pudo evitar desesperarse a lo que Izayoi se acercó a ella para consolarla.
—Toga—Llamo el emperador—Mis fuerzas no me permiten viajar hasta las tierras nortes, por lo que sugiero que vallas con mi hijo y unos guardias.
—De acuerdo—Respondió el general mirando a Naraku.
— ¡Yo también voy padre! —Dijo Inuyasha.
No había tiempo que perder, por lo que el general tuvo que aceptar, así que los tres hombres, seguidos del guardia imperial, salieron con prisa de la sala.
—Bien, mi querida Sonomi te pido que te calmes, debe seguir aun en el palacio—Indico el emperador.
—Por su bien eso espero querido—Menciono la emperatriz.
— ¡Guardias! —Grito el emperador.
Acto seguido, más de 15 hombres entraron con gran premura a la sala, colocándose de rodillas a la espera de una orden.
—Bien, necesito que cada quien valla con un guardia y revise cada ala del palacio, ella debe estar en alguna parte.
Todos se separaron al instante y se acercaron a uno de los guardias, con excepción de Sesshomaru quien se transformó en una esfera de luz y desapareció del lugar. De un momento a otro comenzaron a marcharse del lugar hasta que el emperador junto con su esposa quedaron completamente solos y con unos cuantos guardias.
—No pudo irse como si nada, ¿Qué ocurrió Fumiko? —Exigió saber el monarca.
—Te juro que no pasó nada, estábamos caminando hacia el baño, cuando ella de repente desapareció.
—Confió en que me dices la verdad, primero hay que encontrarla ya luego nos contara que paso.
—Así es querido—Dijo con una sonrisa.
La pareja imperial se dirigió a la parte oeste del palacio, siendo seguidos por un grupo de guardias.
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La nieve había dejado de caer y el lugar donde se había detenido estaba en total calma, mil cuestiones pasaron por la mente de la joven sacerdotisa, como el hecho de que no había ni una sola alma en aquel bello palacio, de igual manera muchas de las áreas o al menos en la que se encontraba no había luz alguna, salvo el resplandor de la luna. Después de deambular sin dirección alguna, se detuvo y admiro el lugar.
—Es realmente bello—Susurro admirando la arboleda congelada.
Dejo a un lado su admiración y se concentró en buscar un lugar agradable, no tenía intención alguno en regresar, ni mucho menos ver a la emperatriz, aun podía sentir como una energía negativa surgía de aquella mujer.
No era conveniente que fuera descubierta, tenía que pensar un poco las cosas y entonces decidir qué hacer, sin duda sus padres y sus hermanas estarían preocupadas por su paradero, pero estaba más preocupada por el hecho de saber cuál habría sido la versión de la monarca ante los demás.
Se detuvo ante topar con unas escaleras, las cuales estaban adornadas por grandes árboles cubiertos por nieve, supuso que al final se encontraría un templo; una brisa fría la golpeo, haciendo que instantáneamente subiera las escaleras con suma rapidez, ya que de ese modo su cuerpo se calentaría de nuevo. Estaba a punto de llegar cuando una energía muy familiar provoco que se detuviera en seco, pensó unos minutos en que era lo que le diría o al menos en cómo se comportaría; miro hacia atrás, había recorrido bastante en tan poco tiempo, no había vuelta atrás, así que siguió subiendo, pero esta vez más tranquila y relajada.
Una grupo de nubes cubrió brevemente el resplandor de la luna, provocando que solo pudiera ver una silueta a lo lejos, se preguntaba si le había costado trabajo encontrarla o si al menos eso era una opción. Las escaleras ya se habían terminado, por lo que no tuvo más remedio que seguir avanzando ante la silueta.
En ese momento, la luna se liberó de sus captores y brillo; Ahora podría apreciarlo mejor, él se encontraba de pie a unos centímetros de ella, su semblante era sereno y sus ojos dorados la miraban fijamente.
— ¿Me esperabas? —Cuestiono la chica, emocionada por la respuesta.
Pero la respuesta no llego, su semblante no cambio y mucho menos alejo su mirada de ella.
—Si has venido a regañarme, suficiente tendré con mis padres y mis hermanas—Dijo la chica desviando su mirada—Así que ahórrate tus sermones conmigo.
— ¿Qué paso?
Kagome se sorprendió ante la cuestión del demonio, eso significaba una cosa, la emperatriz ya había dicho su versión. Analizo unos momentos cuál sería su respuesta, pero cada una de ellas le parecía obsoletas y aún más ante el ambarino.
—No me creerás—Dijo al final Kagome.
—Eso yo lo decidiré después, ahora habla—Ordeno.
—Bien, me sentí amenazada por ella—Confeso la chica—Su energía se volvió negativa.
— ¿Se volvió?
—La noche de la ceremonia de elección, mientras ustedes celebraban, yo me perdí—Menciono la chica captando la atención del demonio—al querer volver me encontré con ella, en ese momento no tenía las habilidades que he desarrollado ahora, por lo que en ese tiempo considere que su energía era positiva, lo que me sorprendió ya que es un demonio al fin de cuentas.
— ¿Qué ocurrió entonces?
—Ella me tomo del rostro y mi cuerpo no reacciono de la mejor manera, le queme la mano con mi energía.
De repente, el semblante de Sesshomaru cambio a lo que la chica supuso que era por su recién confesión, se maldijo por haber revelado aquello.
—Lo siento, sé que no debí…
Pero no pudo terminar, ya que ante ellos se encontraban un grupo de soldados, los cuales tenían trajes completamente negros y unas mascaras con rostros de demonios.
— ¿Qué clase de soldados son? —Pregunto la chica colocándose a un costado del demonio.
—No son soldados—Respondió Sesshomaru en posición de ataque.
Kagome noto la acción del demonio y lo imito, el grupo de encapuchados permaneció ante ellos, hasta que uno, al parecer el líder hablo.
— ¿Interrumpimos? —Dijo una voz masculina y profunda.
— ¿Qué quiere? —Pregunto Kagome.
—Han interferido con nuestra misión, así que los eliminaremos—Menciono ordenando a su sequito que atacaran.
La chica al ver esto, inmediatamente sujeto a Sesshomaru y extendió su mano derecha y realizo un campo de energía, repeliendo el ataque al instante. El demonio se sorprendió ante las habilidades de la sacerdotisa, pero estaba seguro de que aquello no los detendría.
—Puedo hacer esto solo—Menciono Sesshomaru soltándose de la chica—Mejor cuídate tú.
—Se cuidarme Sesshomaru, perdón por querer protegerte—Comento ella apartándose del demonio molesta.
El grupo se concentró de nuevo y al darse cuenta de que la pareja se había separado, se lanzaron de nuevo al ataque. Sesshomaru con su látigo repelió el ataque del grupo, mientras Kagome no tenía intención alguna de lastimarlos, por lo que únicamente evitaba los ataques.
La lucha continuo unos minutos más, hasta que el cielo se llenó de luces, la chica se distrajo y uno de los atacantes estaba por atravesarla con su espada, el demonio al ver su intención lanza su látigo de veneno hacia el agresor, el cual salió disparado hacia uno de los árboles.
—Por esta vez, se han salvado pero la próxima no seremos tan blandos—Menciono el líder huyendo al igual que sus secuaces.
Así como llegaron, desaparecieron del lugar con excepción de uno que yacía debajo de unos de los árboles.
—Nunca mencionaron nada de fuegos artificiales—Menciono Kagome admirando las luces en el cielo.
—No que sabias protegerte—Indico Sesshomaru acomodándose su kimono.
—Sí, solamente era que me debías una—Dijo ella refiriéndose al campo de energía.
—No siempre estaré a tu lado para protegerte.
Kagome ignoro el comentario de Sesshomaru y se dirigió hacia el cuerpo sin vida. El demonio la siguió de cerca, observando cómo le quitaba la máscara, revelando para la sorpresa de los dos a un simple humano.
— ¡Es humano! —Menciono Kagome con sorpresa.
—En un principio mencionaron que habíamos interrumpido sus planes.
— ¿Crees que quería atacar a la familia imperial?
—O simplemente buscaban algo.
Kagome no comprendía nada de lo que decía el ambarino, pero sin duda estaba agradecido con él por salvarla, si él no hubiera estado ahí, no podría ni siquiera imaginarse lo que había pasado. Sesshomaru noto como la chica apretaba sus puños y estaba casi seguro que se encontraba pensando en él que hubiera pasado.
— ¿Crees que esto tenga que ver con los sucesos que han pasado últimamente? —Cuestiono Kagome.
— ¿A qué te refieres?
—No soy ingenua, sabes, se sobre los ataques que han hecho grupos de demonios hacia los clanes.
— ¿Sabes por qué?
—Me atrevo a decir, porque se encuentran descontentos por el acuerdo de humanos y demonios.
—Estas en lo correcto.
— ¿Tu participarías? —Se atrevió a preguntar la chica.
—Claro, considero aberrante que los demonios se mezclen con los humanos—Respondió el demonio.
La chica no se sorprendió en lo más mínimo por la respuesta, es algo que él diría sin duda, pero no tenía ni idea de que otros demonios estuvieran tan en descontento, hasta el punto de mandar humanos para hacer el trabajo sucio.
—Dime algo Sesshomaru, ¿Cómo es que me encontraste?
—No fue difícil predecirte, además tú aroma…
— ¿Mi aroma?
—No te explicare nada, así que vamos, tus padres están preocupados.
— ¿Qué haremos con el cuerpo?
—Alguien vendrá por él, además no lo identifico de ningún lado.
—Bien, pero me llevare su máscara.
Kagome se guardó la máscara en su kimono, estaba segura que más adelante podría ser de suma ayuda aquel objeto. Sin duda aún quedaba la duda de como la había encontrado y del por qué aquellos hombre los habían atacado, así como sus planes frustrados. La chica tenia demasiadas dudas, pero sin duda averiguaría a como dé lugar. Los pensamientos de la sacerdotisa fueron interrumpidos por el acercamiento de Sesshomaru, el cual colocaba una de sus manos en la cintura de la chica, estaba por protestar pero él hablo primero.
—Sujétate fuerte—Ordeno el demonio.
— ¿A dónde vamos?
—A la tierra del Norte.
Ella sabía lo que estaba por suceder, lo había visto un par de veces, como se envolvía en una estela de luz y desaparecía, Inuyasha le había mencionado, que las estolas que poseían su hermano y su padre, eran las que le permitían viajar a gran velocidad. Los nervios que sintió al tener el cuerpo de Sesshomaru tan cerca del suyo, se fueron de apoco, ya que las dudas que tenía ocupaban su mente, sin duda estaba segura de que se aproximaba un gran guerra y ella estaba ansiosa por participar.
Los fuegos artificiales habían estado hermosos, pero era una lástima el hecho de no verlos con su familia, pensó la chica mientras sentía como su cuerpo se relajaba y flotaba en el aire; sin duda el año nuevo empezaba con grandes acontecimientos y estaba segura de que vendrían aún más.
Continuara…
Bien hasta aquí el capítulo de hoy, bien, ya estamos muy cerca de la elección final y sin duda aun me encuentro entre la espada y la pared en cuanto a la decisión, espero no me odien. Sin más que decir, me despido y espero con ansias sus comentarios.
Ina-chan :]
