"Los dragones no existen, me lo dijo papá." La risa alegre de John, despertó por fin a Dean. Le dolía tanto la cabeza que prefirió quedarse totalmente quieto y con los ojos cerrados, pues sabía que la luz sólo iba a molestarle todavía más.
"¿Cómo que los dragones no existen? ¡Claro que hay dragones! Lo que pasa es que no se dejan ver fácilmente." Ahora escuchaba la voz de Nadia, dulce como no la había oído nunca y sonrío, pues su mente, su subconsciente, le acababa de jugar una muy mal pasado.
Nadia se volvió hacia él, le encantaba poder conocer todos sus pensamientos y que el cazador no pudiera ocultarle nada. "¿con que podría ser una gran madre para John?" Pero si había algo que realmente le encantaba, era poder hacerle rabiar. Él no se había portado bien con ella, al menos no como ella esperaba, por lo que, ahora que volvían a estar juntos otra vez, podía hacerle pagar, a su manera, por como le había tratado un par de días antes. "Ya sabía yo que no me odiabas tanto como pretendes aparentar."
Dean volvió a sonreír de nuevo, abriendo los ojos lentamente. "No te odio, pero preferiría que no te metieras en mis pensamientos de esa forma. Además, no me gusta que me oculten información, como eso de que estamos conectados o la cuestión de mis superpoderes." Tratar de levantarse, no fue fácil para Dean, pero no se dio cuenta de su error hasta que ya fue demasiado tarde. "Por cierto, ¿Dónde está Sam?"
"Ha ido a la biblioteca a buscar información sobre los trasgos, aunque yo diría que se ha ido para dejarnos un rato libre y que podamos hablar tranquilamente."
"¿Ahora también resulta que puedes leer sus pensamientos?" La mirada que Nadie le lanzó al cazador en ese momento, podría haberle fulminado si ella contara con los poderes de él.
"No me hace falta leer su mente, él es mucho más abierto que tu, me dijo que teníamos que arreglar las cosas ahora que volvíamos a estar juntos." Mientras hablaban, John los miraba atentamente, aunque no conseguía entender la mitad de las cosas que decían, le gustaba escuchar hablar a los mayores.
"¿Juntos, desde cuando estamos juntos?" Nadia suspiró con fuerza, no se podía creer que un alguien que era tan buen cazador, pudiera ser tan tozudo. Sin embargo, no dijo nada, aunque no se lo dijera, sabía que Dean todavía estaba agotado, había gastado demasiada energía para alejar al trasgo de su hijo, como para continuar con esa conversación tan absurda.
Aprovechando el momento de silencio, Dean se dejó caer de nuevo y durante un breve instante, logró controlar las ganas de vomitar y el intenso mareo. "Deberías relajarte, llevas demasiadas horas inconsciente y te tienes que recuperar." Dean fijó la mirada en el techo, intentando recordar como había terminado allí, pero sólo le venía a la mente, el momento el que el trasgo había aparecido.
"Dime que ese maldito bicho está muerto." Entonces miró a Nadia. Hasta ese momento, no se había dado cuenta del horrible aspecto de la chica. "¿Se puede saber que te ha pasado a ti?"
Nadia se volvió hacia John, que escuchaba su conversación atentamente. Después de lo que habían estado a punto de hacerle aquellos hombres el día anterior, no quería que el niño escuchara su relato, todavía tenía derecho a ser un niño inocente durante unos años más, aunque la vida en la familia Winchester, no iba a permitírselo por mucho tiempo.
"John, cariño, ¿Por qué no pones un rato la tele? Seguro que están echando esa serie que te gusta tanto." El niño asintió, se levantó de la cama de su tío y se acomodó en un sillón que había frente a la televisión, perdiendo todo interés en la conversación de los dos adultos.
Nadia respiró profundamente otra vez. "Dean, siento decirte que el trasto no está muerto, por eso tu hermano está buscando información para deshacerse de él, no es tan sencillo matar a esas criaturas. Pero no se fue muy contento después de lo que le hiciste, eso te lo puedo asegurar."
Con mucho esfuerzo, Dean consiguió quedarse sentado en la cama y entonces si que se fijó completamente en el estado de Nadia, en los dos hematomas de su cara, en como se resentía, seguramente en las costillas, por algún mal golpe recibido y en su mirada triste que no se apartaba de los ojos de él.
"Todavía no me has dicho lo que te pasado a ti." Nadia había esperado que él no preguntara, que decirle que el trasgo no estaba muerto le concentrara sólo en eso y olvidara volver a preguntarle por ella, pero se había equivocado, después de todo, tal vez no lo conocía tan bien como ella creía. "No intentes hacerte la fuerte conmigo, por si te has olvidado ya, comparto todos tus pensamientos."
"No pasó nada Dean, de verdad." Dean no dijo nada, tan sólo le miró a los ojos, ella no pudo resistirse. "Vale, tal vez lo pasé mal, pero tu hermano llegó a tiempo y me salvó ¿contento?" Dean no dudaba eso, Sam la había salvado, pero de que, era lo que Dean no sabía todavía, desconocía lo que tanto le había aterrado y que la chica no había podido olvidar todavía. Si ya conocía lo suficiente a Nadia, sabía que al final no le iba a contar nada.
"Tu tampoco estuviste nada mal con el trasgo." Dean había estado en lo cierto, ella intentaba cambiar de conversación. Ella le sonrió, pero Dean no le prestó atención, pues hasta ese momento no había vuelto a pensar en su enfrentamiento con la criatura. Mientras lo miraba, Nadia se percató del cambió de expresión en su rostro.
"No se te ocurra volver a hacerlo." La voz tensa y enojada de Dean, erizó el vello de Nadia. Dean se incorporó rápidamente, sin importarle ya el fuerte dolor de cabeza o que la habitación girara demasiado deprisa para su gusto. "No te voy a permitir que vuelvas a usar a mi hijo como lo hiciste ayer."
"Pero no reaccionabas, sólo lo hice para ayudarte." Por mucho que Nadia intentaba arreglar las cosas, no conseguía que Dean cambiara su semblante. Hasta ese momento, nunca lo había visto así y mucho menos había sentido tanto odio viniendo de él. "¿Hubieras preferido que el trasgo matara a tu hijo?"
Un instante después de decir aquello, hasta ella se dio cuenta que se había pasado, que no debía de haber dicho aquello, pero ya era demasiado tarde para evitarlo. Nadia tocó delicadamente el rostro de Dean, intentando suavizar la situación, pero este agarró la mano de la chica con fuerza.
"Me da igual ser tu protector o como quieras llamarlo, puedo hacer lo que me digas, pero John no entra en el pacto. No te confundas." Para cuando Dean quiso darse cuenta, vio la expresión de dolor en el rostro de ella y como si la mano le abrasara, soltó la de la chica. "Lo siento no pretendía hacerte daño."
Nunca le había pasado, nunca había atacado a nadie que no fuera una criatura sobrenatural sin motivo, pero no había podido evitarlo, la rabia había salido tan disparada de su interior, que no había podido hacer nada para controlarse.
"Espero que no sea otra de las consecuencias de ser el protector de Nadia, que eso no me vuelva una persona agresiva." Durante un breve momento miró a John, que disfrutaba viendo la televisión. Sólo pensar en la posibilidad de volverse más agresivo hacerle daño a su propio hijo…
"No por favor, no puede estar pasando, otra vez, Dean es distinto." Ambos escucharon en pensamiento del otro, pero ninguno dijo nada, ya era bastante duro para los dos saberlo, como para decir nada.
"No te preocupes, lo entiendo, se trata de tu hijo, él y sAm son todo lo que tienes y no quieres que les pase nada malo." Nadia se levantó, se sentía incómoda con los contradictorios sentimientos de Dean y los suyos propios, pero Dean volvió a sostener su mano, con ternura esta, ahora no quería hacerle ningún daño.
Ella se dio la vuelta, mirándolo a los ojos, que ya no mostraban ningún tipo de enojo. "Dean, no podemos, esto no está bien y lo sabes, porque sientes lo mismo que yo." Pero él no le soltó, tan sólo se quedó mirándola y sonrió, tirando de su mano muy lentamente, pues el miedo a romperla o a que ella decidiera echar a correr por miedo era demasiado grande para él. "Dean…"
"Shhh…" Nadia se sentó en la cama junto a Dean, él le acarició la mejilla lentamente, observando como ella cerraba los ojos muy despacio y suspiraba por lo bajo.
Era tan extraño para los disponer de los sentimientos y pensamientos del otro, saber lo que el otro quería, lo que anhelaba y lo que temía perder si seguían adelante con aquello.
Sin embargo, Nadia dejó de pensar, sus pensamientos dejaron de bombardear la mente de Dean, todos sus prejuicios, incluso los que trataba de ocultar con mayor intensidad a Dean, habían desaparecido, al menos momentáneamente, aunque las consecuencias de sus actos fuera a ser mucho peores al final.
Dean también dejó de pensar, ya había tenido bastante durante los últimos días, todos lo habían pasado demasiado mal y el cazador ya no podía aguatarlo más, tenía que terminar con aquello, de una forma o de otra. Entonces se dio cuenta que había otra cosa que provenía de la mente de Nadia, la voz interna de ella, había cambiado, la misma que un momento antes le rogaba que no lo hiciera, que le soltara, que no la mirara de ese modo al que no se sentía capaz de resistirse, que no tocara su mano de aquella forma tan tierna y seductora al mismo tiempo y que la dejara salir corriendo antes de cometer un terrible error; ahora se había cayado y en su lugar, tan sólo había una dulce vocecita, que coqueteando con los pensamientos de él, le decía un simple, "Nos vamos a arrepentir de esto ¿lo sabes verdad?"
Aunque un total silencio reinaba en la habitación, a excepción del continuó sonido de la televisión, Dean asintió, como si estuviera respondiendo a una pregunta que Nadia realmente hubiera pronunciado. Ella le sonrió otra vez, mientras cerraba por fin su mano, sobre la de Dean.
Aunque no se había dado cuenta y sin saber si se trataba de estar liberando toda la tensión acumulada entre Nadia y él desde que se habían conocido, Dean se incorporó, sin sentir ningún tipo de malestar. Nadia no se inmutó, no podía hacerlo y ni siquiera lo intentó, no quería romper la magia del momento, como si de un cuento de hadas, como en el que ella había nacido se tratara.
Por fin, Dean se acercó más a ella y sus labios encontraron los de Nadia. Hasta ese momento nunca se habían besado y por primera vez, los dos compartieron el mismo sentimiento, que los dos sentían dentro, no sabían si era amor o sólo complicidad pero en ese momento, mientras podían sentir la respiración sobre su rostro, mientras sabían que estaban haciendo algo que no les podía llevar a nada bueno, nada de todo aquello tenía sentido ya para ellos, lo único que realmente importaba, eran los dulces labios que aprisionaban los suyos y las manos que tocaban el otro cuerpo con dulzura, mezclada pasión. Si eso tenía que terminar mal, dejarían que el tiempo lo dijera.
- o -
Desde que había salido de la biblioteca, Sam estaba completamente seguro que alguien le estaba siguiendo, pero por más que había buscado a su acosador, este no había aparecido por ningún.
Por fin volvió al coche y abrió la puerta para subirse, pero la voz que lo llamó desde atrás, le hizo detenerse en seco. "Tu hermano está en peligro y veo que todavía no te has dado cuenta." Aquella voz era sumamente desagradable y Sam no necesitó mucho tiempo para averiguar de quien se trataba.
Allí estaba el trasgo, de brazos cruzados, no parecía estar alerta, como si supiera que Sam no le iba a atacar. "Estaba convencido de que tardarías más en aparecer, que mi hermano te había hecho más daño."
La criatura sonrió. "Si, la verdad es que Dean se está haciendo muy poderoso, aunque todavía le faltan cosas por aprender. Aunque creo que las descubrirá demasiado tarde." El trasgo se dio cuenta que ya tenía toda la atención de Sam justo donde quería. "Pero yo puedo ayudarle."
"Y ahora me dirás que quieres a John a cambio de tu ayuda."
El trasgo negó con la cabeza. "No necesariamente, tu sobrino es fuerte, no lo voy a negar, pero la chica lo es más todavía y si consiguiera ponerle las manos encima…" La voz era tan desagradable que Sam se empezó a preguntar, porque le estaba escuchando siquiera.
"Aléjate de nosotros o te mataremos." Sam comprobó que tenía su arma a mano, posiblemente eso no lo mataría, pero al menos le haría daño.
"No lo niego, pero tu hermano está cambiando, los poderes sólo son el principio y vuestra nueva amiguita lo sabe muy bien, sino pregúntaselo a ella. Si quieres puedo irme, ya encontraré otra criatura mágica de la que alimentarle, pero te puedo asegurar que Dean no saldrá de esta con vida, mientras Nadia esté con vosotros."
Sam no ya no estaba seguro de nada, creer a la criatura que había intentado matar a su hermano y su sobrino, seguramente era muy arriesgado, pero si no lo hacía y al final era verdad que Nadia les ocultaba algo. No sabía que hacer.
"Tómate tu tiempo si quieres, yo estaré esperando, no tengo prisa. Pero si no me equivoco a tu hermano no le queda demasiado tiempo para que cambiar del todo y entonces ya no habrá marcha atrás. Además si no me equivoco tu hermana y Nadia ya estarán juntos, ese siempre ha sido el juego de esa traidora para conseguir a sus víctimas, así que ten cuidado porque una vez que haya terminado con tu hermano como hizo con su anterior protector, el siguiente serás tu."
El trasgo desapareció antes de que Sam pudiera decir algo, desde luego lo tenía todo bien planeado. El chico se quedó allí, era todo tan confuso, pero lo primero sería hablar con su hermano y con Nadia, si la criatura tenía algo de razón y podía ayudarle de alguna forma, primero necesitaba estar seguro.
