Disclaimer: Que yo sepa desde la última vez que me miré al espejo ni soy Kirkman ni trabajo para la cadena AMC o la serie de The Walking Dead así que los personajes no me pertenecen. Únicamente robé a los personajes temporalmente para este... experimento.
Perdonad las posibles erratas que haya.
Esta vez no he tardado tanto en actualizar, aún no me lo creo (aunque el capítulo no es muy largo que digamos...)
Por cierto, felicidades a todas las madres :)
Capítulo X
El plato de comida permanecía intacto sobre la mesita de noche junto a la cama. Daryl no se había movido un ápice bajo las sábanas que cubrían su magullado cuerpo, ni daba muestras de querer hacerlo.
El pequeño había visto el ascenso paulatino del sol a través de la cortina corrida en la ventana de la habitación donde se encontraba.
Merle le había puesto al día de dónde se encontraban. Tras huir del único hogar que habían conocido, Merle le había metido en la camioneta y pisado el acelerador sin un rumbo en la mente. Solamente algo permanecía con claridad por encima del resto: debía encontrar ayuda para su hermano.
Tras casi una hora circulando, con Daryl entrando y saliendo de la inconsciencia, Merle había tenido que detener la camioneta (no sabía muy bien por qué, pero algo en la mirada de su hermano mientras se lo contaba, le había dado una clara idea de lo que había podido ocurrir). Y entonces apareció Samuel, con su escopeta cargada con intención de echarles de aquel camino privado que llevaba a su granja. La sangre en las manos de Merle y el cuerpo de Daryl envuelto en una manta, lograron ablandar el corazón del hombre quien se montó en la camioneta junto a ellos indicándole hacia donde debía circular para dar con su hogar.
- Si quieres ponerte bien tienes que comer…- Escuchó la suave voz de Melinda, la mujer de Samuel, al entrar en su habitación.
Daryl no apartó los ojos de la ventana, sin apenas parpadear, ignorando el consejo de ella. El niño se aferró a la almohada bajo su cabeza cuando sintió el colchón hundirse bajo el peso de Melinda al tomar asiento en él.
La mujer permaneció en silencio varios minutos, simplemente estando ahí, a su espalda donde ellas ya no estaban.
Aún no lograba comprender cómo su hermano les había explicado lo ocurrido, las heridas en su espalda donde ya no había ni rastro alguno de lo que una vez existió. No comprendía por qué no les habían echado en cuanto le habían quitado la camiseta y visto todo.
Cerró los ojos al sentir el incipiente picor que precedía a las lágrimas querer tomar sus ojos. Los Dixon no lloran. Y aunque fuera un bicho raro, seguía siendo un Dixon.
- Tu madre querría que te pusieras bien.- Daryl se quedó estático al escucharle hablar. Una quemazón amenazó con abrasar sus entrañas hasta que salió por su boca.
- Mi madre querría estar aquí conmigo.- Dijo con un veneno en su voz que jamás creyó podría salir de él, pero, ¿qué podía esperar? Por mucho que su padre lo negara, era hijo suyo, y su progenitor había sido un experto en la materia.
- Lo siento pe…
- Déjeme solo.- Daryl ladeó su rostro hasta poder ver a la mujer sentada, la consternación y preocupación visibles en su rostro.- ¡Váyase!- Le espetó intentando moverla de un empujón logrando únicamente que alguna de las heridas en su espalda se abriera de nuevo, la sangre envolviendo con su calidez su piel magullada.- ¡LÁRGUESE!
Podía escuchar la voz de su madre arrullándole, sus finos dedos moviéndose entre su pelo, acariciándolo hasta que sus párpados pesados no volvieran a abrirse. Daryl inspiró hondo, llenando sus pulmones de ese aroma tan suyo, abrazándose a la calidez de su cuerpo cercano.
- Descansa, angelito.- Susurraba la mujer contra su oído antes de besarle la frente.- Descansa y ponte bien.
Daryl estiró su brazo asiéndose a la falda de su vestido, impidiéndole alejarse.
- Por favor, mamá. No te vayas.- Le imploró con voz ahogada, pequeña, débil, asustada.- No me dejes.
- Nunca te dejaré, mi vida.- Le aseguró ella agachándose junto a su cama, apartándole el pelo de la frente.- Siempre estaré contigo.- Le prometió con esa sonrisa que no guardaba ninguna mentira en ella, con esa sinceridad que lograba calmar sus infantiles nervios.- Aunque no me veas, estaré ahí…
Daryl cerró los ojos cuando sus labios rozaron de nuevo su frente. Ante la pérdida de la calidez contra su rostro, de la brisa suave de su aliento contra sus mejillas; el niño abrió de nuevo los ojos encontrándose con la más completa y solitaria oscuridad.
Daryl ahogó un sollozo contra su almohada.
Daryl continuó con su ceño fruncido, cruzado de brazos y con los labios sellados.
- ¿Voy a tener que atarte a la cama o imitar a una maldita avioneta para que abras esa boca, o qué, enano?- Le espetó Merle con el cuenco de sopa apoyado sobre sus piernas, sentado en la orilla de su cama.
Merle soltó un resoplido exasperado apoyando su mano sobre la rodilla izquierda de Daryl, la más cercana a él.
- Lo digo en serio, Mochuelo como no…
- No me llames así.- Le cortó Daryl lanzándole una mirada airada.- No era ningún Mochuelo antes, ni lo soy ahora.
- Pues paso de llamarte ángel, enano.- Le espetó Merle con sorna, visiblemente cansado.
- Así me llamaba mamá…- Musitó el niño bajando la mirada hacia su regazo.- Si lo fuera, ella aún estaría aquí…- Murmuró sintiendo un nudo en la boca del estómago.- Si no hubieran aparecido ella aún estaría aquí…- Tartamudeó sin levantar su mirada borrosa de las sábanas.
- No fue culpa tuya, enano.- Habló su hermano en tono suave.- Si ella ya no está aquí es por culpa del cabrón de nuestro padre y…- Negó con la cabeza.- Culparte ahora no va a servir de una mierda, así que deja de lloriquear, come de una santa vez y larguémonos de aquí antes de que se cansen de tu plumoso culo y llamen a una protectora de animales para que te lleven.
Daryl tragó grueso, mordiéndose el labio inferior mientras que se secaba la comisura de los ojos con el borde de la sábana que le tapaba. Levantó su mirada enrojecida y extendió su mano hacia el cuenco de sopa que su hermano tenía para él.
Varias cucharadas después tomadas en completo silencio, Daryl escuchó a su hermano hablar en voz queda, su perfil vuelto hacia la ventana.
- Yo también la echo de menos, Mochuelo…- Daryl tragó la última cucharada.- Pero estaremos bien.- Aseguró asintiendo a su propio reflejo en la ventana.- Somos Dixon. Saldremos de esta también.
Muchas gracias por vuestros comentarios en el anterior capítulo y por no echar la toalla con el fic a pesar de cuánto tardé en actualizarlo la última vez. Sois amor, es evidente.
Cualquier cosa, ya sabéis, un review o PM y os contestaré encantada.
Nos leemos,
