SUEÑOS DE UNA FLOR DE CEREZO
CAPITULO 10
22-MARZO-2016
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Solo y perdido en el enorme bosque del olvido,
es la delicada flor quien te devuelve el camino.
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—Kakashi, Kakashi… —¿De quién es esa voz?
—Kakashi, Kakashi… ¡Rokudaime! —Esa voz es de…
—Rokudaime, Rokudaime… ¡Despierte! —¿Hanabi?
El ninja de cabellos grises abre los ojos intempestivamente, chorros de luz le apabullan, cubre su vista con la mano. Es de día, se encuentra en su oficina y la joven Hanabi se encuentra de pie frente a él con un montón de documentos en las manos y una mirada acusadora.
—¡Eh! ¿Qué hora es? —El Hokage toca sus cabellos en busca de su gorro, la joven coloca los documentos sobre el escritorio, se agacha y levanta el gorro del suelo colocándolo sobre la madera.
—Es hora de que vaya a casa. ¡Es increíble que se haya dormido aquí, otra vez! —La joven enfoca su atención en los documentos sobre el mueble para después comenzar a seleccionarlos y acomodarlos minuciosamente en pequeñas columnas.
—¿Y Sakura? ¿Dónde está Sakura? —La ojiperla se detiene al escuchar la voz del hombre, levanta la vista y observa al líder de su aldea visiblemente molesta.
—¡No lo puedo creer! —habla para sí misma mientras observa a su mayor con una mueca de disgusto, la joven de cabellos negros niega con la cabeza, está a punto de decir algo, pero se detiene. Cierra los ojos, da un par de exhalaciones y se gira para caminar alrededor del escritorio, seleccionando papeles a su paso y apilándolos frente al ordenador.
—Todo fue un sueño, ¿cierto? —El jönin dirige su vista a la joven quien le ignora completamente, la observa por unos segundos en su silencioso ir y venir, luego gira su rostro y observa el enorme ventanal de su oficina. La mañana aún es joven y una ligera bruma cubre gran parte de la ciudad.
Tras meditarlo unos segundos, fijando la vista en el ventanal, el hombre finalmente se pone de pie y perezosamente estira los músculos. La ojiplata le observa de reojo mientras sujeta algunos papeles entre sus manos. El peligris desabotona su capa y la arroja sobre la silla. Posteriormente lleva sus manos a su rostro despojándolo de esa molesta tela negra que siempre le acompaña.
Es raro ver el rostro del Hokage sin tan característica prenda, sin embargo, la joven asistente ha presenciado el evento en innumerables ocasiones, tantas que le imposible recordarlas todas. Aun así, el ver como su vago, e informal jefe, coloca los dedos entre la tela y tira de ella retirándola hacia abajo, en un solo movimiento, le sigue pareciendo… ¿cautivante?
—Hanabi
—¡Eh! Ejem, este... ¿si? Dígame, Rokudaime… —Con un ligero rubor, desviando la vista de su superior y dirigiéndola al mueble delante de ella, la joven Hyüga comienza a recoger documentos que previamente había acomodado sobre el escritorio.
—Iré a dar un paseo, te dejo a cargo de todo. —El peligris camina hacia la puerta, alzando la mano en señal de despedida.
—Sí, Rokudaime… —Por un momento la joven de oscuro cabello responde automáticamente, pero de pronto sus movimientos se detienen y sus ojos se abren completamente —¡Oiga! ¿Cómo que se va de paseo? ¡Hay mucho trabajo pendiente!
—¿Prefieres que me quedé? Hace un momento me decías que fuera a casa… —Rascando su cabeza, con una mirada confundida, el mayor observa a la joven esperando una respuesta—. Además, no hay mucho que hacer aquí, y lo sabes. —El viejo jönin sonríe, haciendo lujo de su acostumbrada parsimonia, recargándose en el marco de la puerta, esperando una respuesta de su ayudante.
Mientras, la joven heredera del clan Hyüga agacha la mirada y cierra la mano con fuerza, su rostro se ve ligeramente colorado mientras un aura oscura parece emanar de su cuerpo. Al viejo jönin siempre le ha parecido divertido molestar a sus discípulos y camaradas, no con bromas absurdas sino gracias a su eterna paciencia. Naruto en particular es especialmente vulnerable a sus tácticas, pero esta escena en especial le recuerda a su querida alumna: "Sakura", no solo es divertido ver enfurecer a su pelirosada alumna, sino que, de alguna forma, resulta una imagen adorable. De nuevo la imagen de su ojijade alumna se dibuja en su mente, con su enorme sonrisa y encantadora personalidad.
—¡Hey! ¡Le estoy hablando! —El jönin parpadea al escuchar una fuerte voz, los recuerdos desaparecen de su cabeza volviendo a la realidad, al enfocar la vista se da cuenta que la ojiperla se encuentra frente de él, con una mirada reprochante, ¿en qué momento se acercó tanto?
—Di-disculpa, ¿decías algo? —El jönin rasca su cabeza nuevamente, sonriendo y entrecerrando los ojos, mostrando un rostro sinceramente confundido en esta ocasión.
Para la Hyüga es fácil leer a través de las múltiples máscaras de su jefe, y si hay algo que odia más que el ver a su líder fingir demencia, eso es el desconcierto genuino.
—De nuevo esta divagando, ¿cierto?
—Yo no lo diría de esa forma.
—Da igual, no sirve de nada que permanezca aquí mientras su mente viaja a otro sitio, ¡hump! —La joven da media vuelta y se dirige al escritorio.
—¿Entonces puedo irme?
—Claro, usted es el Rokudaime y no puedo detenerlo.
—Bien, entonces yo…
—Pero antes de que se vaya recuerde que debe firmar esto. —La Hyüga regresa con el peligris y le entrega un sobre color azul en la mano, el mismo que le entrego el día anterior—. Recuerde que debe leerlo y firmarlo antes de la próxima semana. No podemos retrasar esto más tiempo.
—Lo sé… —El jönin toma el sobre entre sus manos y lo observa detenidamente, luego alza la vista hacia la joven quien al sentir la mirada sobre ella se sonroja ligeramente y da media vuelta, dirigiéndose al escritorio de nuevo—. Gracias por todo, no sé qué haría sin ti.
—¡Hump! Lo mismo que ha hecho siempre, vagabundear por la ciudad espiando a los demás.
—¡Oye!
—Solo menciono lo obvio.
—… —Por un momento Kakashi observa a su joven subordinada, quien, sin dirigirle mirada alguna, recoge la capa y sombrero de su jefe para colgarlos en el perchero y luego sentarse en el sofá de Hokage sin pedir permiso o pronunciar disculpa de ningún tipo.
Tras unos minutos de observarla trabajar, leyendo documentos y sellándolos como si del mismo Hokage se tratase, el jönin sonríe y posteriormente se dirige a uno de los armarios de la habitación, del cual saca un chaleco gris oscuro y un sombrero de tela del mismo color
La ojiperla le observa levantando la vista ligeramente, ha presenciado esa escena en innumerables ocasiones y sigue sin comprenderla del todo. A veces siente remordimiento sabiéndose culpable de la actitud de su líder, pero tampoco es que le sea desagrade del todo. En realidad, el que solo ellos dos conozcan ese curioso hábito del Hokage, le da cierta alegría a la joven. Una indescriptible alegría que le permite soportar innumerables particularidades de su excéntrico líder… en especial una pelirosada fijación.
—También lleve esto con usted —La voz de la chica hace que el peligris de un ligero salto. Justo hace unos segundos la creyó ver tras el escritorio, pero ahora estaba de pie junto a él extendiéndole otro sobre, esta vez uno color verde pasto, el cual conocía perfectamente.
—Pero esto… —Tan pronto como el jönin sujeto el sobre con su mano, la chica dio media vuelta y caminó de regreso al escritorio, sentándose nuevamente en el lugar del líder de la aldea.
—Será mejor que se lo lleve de una vez, no queremos que cierta persona lo encuentre de nuevo, ¿o sí?
—… —Confuso, el jönin observa a la chica de ojos aperlados. La joven suspira al sentirse observada, pero sin dirigir la mirada a su superior continúa hablando.
—Debe ir retirando sus pertenencias, la próxima semana no habrá mucho tiempo para ello. Podría esperar a que decida hacerlo usted mismo, pero conociéndolo dejará todo para el final y seguro que olvidará algo. Mejor comience llevándose "eso", a fin que va camino a su casa, puede aprovechar el viaje.
Sin decir más, la chica levanta la vista, observa a su líder y sonríe fugazmente, para luego enfocarse de nuevo en su trabajo. Sellando cartas y tachando otras con tal velocidad que el solo verla agota a cualquiera.
Finalmente, Kakashi sonríe, guarda ambos sobres entre sus ropas, cierra el armario y tras levantar la mano en señal de despedida, desaparece en una nube de humo.
—Hump, idiota…
La joven también sonríe mientras sus palabras desaparecen en el silencio de la habitación.
—***—
Las mañanas en Konoha son bastante activas, con cientos de ciudadanos desplazándose de un lugar a otro para dar inicio a sus actividades. En especial en las zonas cercanas al viejo edificio administrativo puede verse mucha actividad ninja. Por ello, Kakashi prefiere rondar por los barrios habitacionales, particularmente la zona norte de la ciudad, donde se ubican algunos parques, escuelas y donde habitan sus exalumnos.
Es curioso, porque hace algunos años, antes de asumir el cargo de sexto Hokage, precisamente la zona habitacional era su lugar menos frecuentado. Es ahí donde se encontraba la casa de sus padres y la de muchos de sus antiguos camaradas. Pero, eterno amante de la soledad, cuando sus amigos y familiares aún vivían, evitaba esa zona para no tener que toparse con ellos. Posteriormente, cuando ya no había nadie de quien esconderse, el visitar aquel lugar perdió todo sentido.
Desde entonces dedicó su vida por completo a su profesión, viajando y durmiendo en campamentos o en edificios de las fuerzas ANBU. Incluso en su tiempo libre nunca acostumbró pasar demasiadas horas continuas en su departamento. Siempre prefirió la lectura al aire libre, preferentemente en soledad, o al menos alejado de miradas inquisitivas.
Pero su tiempo libre se esfumó en cuanto asumió el cargo de sexto Hokage. Él siempre intuyó que no era un trabajo apropiado para él, sin embargo, una vida llena de éxitos y logros a veces trae consigo recompensas indeseadas. Durante años luchó para alejarse de tal nombramiento, pero finalmente decidió darse por vencido y aceptar su destino. En especial cuando ella… cuando sus discípulos comenzaron a vivir sus propias vidas, si, fue entonces cuando supo que él también tenía que avanzar.
Al asumir el cargo de Hokage, la zona habitacional fue una de sus prioridades inmediatas. Muchas antiguas viviendas fueron reparadas o reconstruidas por completo, y se edificaron muchas más para las nuevas familias de la comunidad. Su exalumno, el famoso héroe de Konoha, fue uno de los primeros en beneficiarse de sus actos, mas no el único. Muchos más siguieron el mismo camino del joven de cabellos anaranjados y su hermosa novia. Pronto todos aquellos pequeños que conoció con camisetas sucias y zapatos enlodados, ahora se encontraban forjando su propio camino.
Ver como el paso del tiempo transformó tanto y tan profundamente a esos jóvenes lo sorprende y anima a seguir adelante. Quizá es por ello que disfruta tanto verlos, saber que están bien y que seguirán de esa forma, creciendo y avanzando en sus vidas.
Por eso, cada tercer día, a veces cada día, se quita la máscara y camina en la misma dirección, por las mismas calles que sus jóvenes compañeros recorren cada mañana. Ocasionalmente sonriéndoles y saludándolos sin que ellos sospechen que aquel hombre, de ropas oscuras y sombrero, es en realidad el jönin junto con el que alguna vez combatieron por la existencia de su pueblo.
Si, durante años se aferró al usó de esa máscara como una forma de libertad, ocultando sus expresiones al mundo. Creando una imagen aceptable de sí mismo, para sí mismo. Fue así como su rostro fue olvidado por todos aquellos que le conocieron alguna vez. Ni siquiera sus amigos más cercanos sabrían identificar su verdadero rostro hoy en día.
—¡Hump! —Riendo para sí mismo, pero manteniendo su serenidad. El viejo jönin camina hacia el parque, se dirige a su acostumbrada banca y se sienta cerrando los ojos, disfrutando la suave brisa matutina.
Hace ya algunos años que comenzó con su inusitada rutina. Al principio solo intentaba pasar desapercibido y esconderse de su obstinada asistente. Aunque siempre fue obvio que poco podía hacer el copy-ninja para ocultarse del omnipresente Byakugan, aun así, un poco de aire libre nunca le sentaba mal.
Uno de tantos días llegó a ese mismo parque, se sentó en la misma banca y cerró los ojos justo como ahora. Escuchando el ir y venir de personas que le ignoraban por completo. Riendo para sus adentros, divertido al poder convivir con los aldeanos sin sentirse agobiado por las muestras de respeto que estos acostumbraban darle desde que se volvió Hokage.
Ese día, una tarde como cualquier otra, escucho varias voces a su alrededor, pero una en particular llamo su atención. Lentamente abrió los ojos, dirigió su vista al pequeño prado frente a él, y la vio. Con una blusa roja, unos pantalones ajustados y un pequeño bebe entre los brazos. Una imagen por completo inesperada, pero a la vez, perfectamente prevista.
Para entonces todo Konoha sabía que, la médico ninja predilecta de la aldea, había contraído nupcias con el joven prodigio de su generación, el afamado Sasuke Uchiha. Tampoco era un secreto el nacimiento de su hija, la única heredera del clan Uchiha y de su preciado legado, el Sharingan.
Sin embargo, a pesar de la fama y de lo imponente de su apellido. La esposa y la heredera de tan reconocido personaje, deambulaban solas por las calles de la aldea. Él había escuchado los rumores, pero se negaba a creerlos, en su mente siempre quiso imaginar a su joven discípula viviendo feliz en su hogar, junto a su esposo e hija… pero, esa escena le hacía dudar.
En innumerables ocasiones planeó ir a visitarla directamente, platicar con ella y cerciorarse de su bienestar. Pero en cada ocasión su trayecto fue interceptado por algún aldeano en desgracia. ¿Cuántas veces utilizó esa excusa para escabullirse de sus obligaciones? Ahora, cada que ponía un pie fuera de su oficina, siempre había alguien necesitado de la ayuda del Hokage.
Así fue como terminó desprendiéndose de su máscara cada vez con mayor frecuencia, dirigiéndose al mismo lugar una y otra vez, solo a esperar, a poder verla una vez más, a cerciorarse que su larga y rosada cabellera siguiera meciéndose con el viento, y que sus ojos color esmeralda siguieran brillando ante la sonrisa de su pequeña. Sin hablarle o saludarla, solo observándola a la distancia.
—¿Por qué hago esto? —Sus palabras se mezclan con sus recuerdos—. ¿Por qué sigo esperando? —Se ha hecho la misma pregunta en innumerables ocasiones.
El hombre abre los ojos, se acomoda en su asiento y mete la mano bajo su chaleco. De entre los bolsillos saca ambos sobres, por un momento los observa. Toma el de color amarillo y extrae de su interior una carta, cuidadosamente doblada y con una caligrafía perfecta. El jönin sonríe al reconocer la letra de su joven asistente.
Poco a poco su sonrisa desaparece mientras lee cada línea. —Supongo que es tiempo de formalizarlo—. El peligris suspira cancinamente y revisa sus bolsillos nuevamente, pero al no encontrar lo que deseaba, en su boca se dibuja una ligera mueca de decepción. —Tendré que firmarlo al volver.
Si decir más, el ninja vuelve a colocar el papel dentro de su sobre y este de nuevo entre sus ropas. Ahora, entre sus dedos queda un sobre color verde, el cual observa con detenimiento. Sabe que es innecesario abrirlo puesto que conoce su contenido desde hace ya mucho tiempo. Contenido que lo ha mantenido despierto en más en una ocasión, atormentándolo con su pasado y con un futuro imposible de realizar.
El jönin coloca sus manos en el borde del sobre, una junto a la otra, sus muñecas giran en direcciones contrarias, tal parece que en esta ocasión está dispuesto a destruir tan misterioso documento, sin embargo, como en tantas otras ocasiones, sus manos se detienen y evitan que tal suceso ocurra.
—Te he dicho que este no es el lugar adecuado para lo que piensas hacer, Hatake. —Su propia voz retumba en su mente, como si de una orden se tratase, mientras su vista se fija en el verdoso sobre, recorriendo cada diminuta arruga y mancha del papel entre sus manos.
Hace tanto tiempo que lo lleva consigo, y tantas veces que ha intentado destruirlo, que su existencia le recuerda a la suya propia. Con incontables heridas, pero aún de pie, deseando cumplir con su destino, aun cuando desconoce cuál es exactamente ese destino que tanto ansía. ¿Será un destino de felicidad? ¿O acaso uno de muerte y soledad?
Al principio creyó que su vida pertenecía al ANBU, luego entendió que sus alumnos le necesitaban aún más, y como Hokage pensó que protegiendo su aldea podría darse por realizado. Sin embargo, con el pasar del tiempo se ha dado cuenta que, sin importar lo que haga, sigue existiendo ese vació que lo obligó a aferrarse a tantos sueños distintos en el pasado.
Con el pasar del tiempo ese vacío no desaparece e incluso se vuelve más fuerte, obligándolo a aferrarse al pasado y a construirse un futuro inexistente dentro de su mente. Si tan solo las cosas hubieran sido distintas, si tan solo hubiera tenido el coraje de sus discípulos, si tan solo hubiera aprovechado ese momento… Mas el pasado no puede cambiarse, y aun si fuera posible hacerlo, no hay certeza alguna de que el resultado sería el esperado.
Apretando el papel entre sus dedos, inclinando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos. Los sueños en su mente le secuestran de la realidad una vez más y le devuelven a aquel tiempo en que su futuro parecía más promisorio. Donde los recuerdos eran realidades, y el presente solo una improbable ilusión.
—¿Ka-Kakashi?
Así, mientras el jönin duerme y la mañana se desvanece, una esbelta figura se acerca lentamente, observando detenidamente al extraño hombre. Analizando sus ropas y sombrero, observando su apacible rostro y dudando de sus propios instintos y habilidades. Temerosa, pero curiosa cual felino, la inesperada figura se coloca frente al singular hombre. Observándolo inquieta, de arriba abajo, pero prestando especial interés al sobre entre sus manos.
—¿Kakashi? ¿Eres tú?
Continuará…
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—***—
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¡Hola!
De nuevo, heme aquí, con un capítulo más, jeje. Sé que ha pasado tiempo y que el capítulo es bastante más corto que el anterior, sin embargo, creo que ha quedado bien.
Espero actualizar pronto y que la historia tome un poco de velocidad. Los siguientes eventos son algo complicados, así que intentare explicarlos para no confundir a nadie. Si algo no queda claro por favor avísenme e intentare corregirlo, ok.
Sin más me despido.
¡Saludos!
