Jaja, Bueno, pues se nota que me emocioné con este prompt. Me lo hizo ayer mi querida Lady Aira H H, me puse a escribir esto ayer en la noche y hoy lo teminé hace un ratito.
Cariño, se que me pediste "Ángles, Ángeles Caídos y Hombres Lobo", pero pues... no supe donde acomodar a los hombres lobo ._. Espero no te moeleste que es de Ángeles, Humanos y Demonios. Aun así espero que tú y todas tus amigas lo disfruten.
¡Y todos mis demás cariños también! :D Considerenlo mi regalo del día del Amor y la Amistad.
Divino
Categoría: HTTYD
Genero: Romance, Drama, AU.
Clasificación: K
Palabras: 2696
Paring: Hiccstrid
Viñetas
I
Hiccup intentó toser y no pudo. Había humo en sus pulmones y no lo podía sacar. Había humo en todas partes, punto. Escuchaba un pitido que no sabía de donde venía y que le impedía que los demás sonidos le llegaran con claridad. Había gritos y llanto. Sirenas y más gritos. Sin mencionar el fuego.
Parecía una escena sacada del Apocalipsis, la gente corriendo tratando de salvarse y bomberos y policías moviendo escombros y tratando de apagar las llamas. El edificio se había derrumbado casi de la nada, como si fuera acto de un ser del infierno provocado con el único propósito de causar el mal.
No sabía que tan en lo correcto estaba. La situación no pintaba favorable, su pierna izquierda estaba atrapada entre los escombros de un muro que se cayó y su gato inconsciente en sus brazos. Quería sacarlo por lo menos a él de ahí, pero incluso aunque sacara la pierna no podría caminar.
Un bombero con una niña inconsciente en brazos lo encontró y al percatarse de su situación, le aseguró que volvería en un momento con más ayuda y antes de que Hiccup pudiera entregarle a Toothless, se alejó. Estaba teniendo problemas para respirar y tal vez era la falta de oxígeno en el cerebro lo que estaba comenzando a alucinar.
De entre las llamas, una figura alta y delgada salió con un brillo desquiciado en sus ojos rojos, y a pesar de ello, ese no era el rasgo más impactante en él, eran sus cuernos. Largos y curveados como los de un toro, sobresalían por dos orificios del casco de batalla que portaba, luciendo una armadura a juego.
Hiccup estaba demasiado aturdido como para encontrar esto extraño. Estaba seguro de que estaba soñando. Desde que el suelo tembló antes de que el edificio se viniera abajo, todo le parecía una pesadilla.
— Al fin… — dijo con los ojos fijos en Hiccup en un tono demencial, y levantó ambas manos sobre su cabeza. Fue cuando notó que traía una espada, y que en pocos segundos ésta lo partiría en dos.
La hoja cayó en cámara lenta en su dirección y Hiccup la vio brillar con las flamas de la destrucción a su alrededor.
De la nada, salió otra hoja que interceptó la espada enemiga y el sonido del metal chocando le golpeó los oídos.
— Maldición, ¿es que tú no mueres? — escupió el hombre con odio en la voz y rabia en el rostro.
— Se necesita mucho más de lo que tú y tus esbirros pueden lograr para matarme. — le respondió una voz femenina, letal.
La segunda espada empujó a la primera y el hombre trastabilló hacia atrás, tanta había sido la fuerza del mandoble. Frente a él, se materializó una figura vestida en lo que probablemente había sido color blanco, antes de mancharse de humo y sangre.
Era una mujer joven y rubia. Estaba cubierta de arañazos en la piel que quedaba expuesta y probablemente tenía una herida en la cabeza, pues le manaba sangre de la sien. Usaba una armadura de oro que le dejaba al descubierto la espalda. Era necesario, desde luego, pues de los omoplatos le salían dos blanquísimas alas que irradiaban un nebuloso resplandor.
Ella empuñaba la espada con ambas manos y le dirigió al demonio – no podía ser otra cosa – una mirada azul y fría como el hielo.
— Acabemos con esto, Dagur. — sentenció el ángel, y el demonio se rió con locura.
— No podrás vencerme, Astrid. No has podido en todos estos años y justo ahora no está Uriel para salvarte.
— Que Uriel sea la última de tus preocupaciones, Dagur. Esto se acaba hoy. — dijo con aplomo, y ambos se sumieron en una encarnizada batalla.
Chispas saltaban en el aire con el chocar del acero, y ambos se movían con tanta destreza y rapidez que Hiccup no podía seguir los movimientos. A decir verdad, estaba teniendo problemas para mantenerse despierto. Estaba débil y también perdiendo sangre, pero alcanzó a ver claramente, jamás lo olvidaría, como el ángel, Astrid, derribaba al demonio de una patada en el pecho y antes de que él tuviera tiempo de reaccionar, le encajaba la espada en el corazón, o donde se supone que debía de tenerlo. El tiempo pareció detenerse, las llamas dejaron de bailar y el calor dejó de quemarle la piel. Dagur se desintegró en polvo negro que se desvaneció en el suelo como arrastrado por la fuerza del infierno.
Astrid cayó de rodillas y se apoyó en su espada. Tomó una bocanada de aire. Se tomó medio segundo para recuperarse y luego sus ojos azules se levantaron de golpe en su dirección, pero esta vez no estaban fríos ni amenazadores. Estaban cargados de preocupación. El ángel se arrastró hasta él y le puso una mano en el cuello. Cuando le sintió el pulso, lento pero insistente, dejó escapar un suspiro tambaleante mezclado con una risa jadeante de alivio.
— Estarás bien… Estarás bien… — aseguró.
Le deslizó la mano del cuello al pecho y hubo un brillo bajo su palma. Hiccup sintió que podía volver a respirar, y el aire más puro que jamás había respirado además. Lo invadió la paz y los parpados le pesaron aun más que antes. Lo último que vio antes de dormirse, todavía con Toothless fuertemente sujeto a él, fue un rostro de belleza divina coronado por fuego que ya no hería si no que brindaba calidez, y escuchó una voz suave como el canto del ángel que era llamándolo por su nombre y asegurándole que estaría bien.
II
Hiccup abrió los ojos lentamente. Su cuerpo había despertado antes que su mente y estaba confundido. Comenzó a desperezarse y miró a su alrededor. Estaba en una cama de hospital en una habitación de paredes blancas. Había una ventana que dejaba entrar la luz del amanecer.
No tenía ni idea de porqué estaba en el hospital, pero estaba cómodo y en paz, y no quería moverse. Sin embargo, después de parpadear en un par de ocasiones, se dio cuenta de que no estaba solo. Abrió los ojos de pronto.
El ángel de su sueño estaba parada frente a él. Tenía la espalda pegada a la pared sin realmente recargarse en ella, y lo miraba con atención. Ya no usaba su armadura, pero seguía vistiendo de blanco, esta vez un blanco limpio e inmaculado, al igual que su piel, libre de heridas. Un aro de oro le rodeaba la frente y su cabello rubio le caía trenzado sobre el hombro izquierdo. Estaba cruzada de brazos y sus ojos estaban clavados en él como si no existiera nada más que mirar en el universo. Sin embargo, había algo notoriamente diferente en ella: las alas habían desaparecido.
Después de varios segundos de silencio, trató de incorporarse y ella se descruzó de brazos. Se acercó a la cama y lo siguió mirando, pero no dijo nada.
— Uh… uh… yo… eh… — trató, pero no pudo hablar. Alguien deténgalo, por favor. Sintió que se le calentaba la cara.
Entonces su rostro angelical se transformó por la sorpresa.
— ¿Puedes verme?
— Uh… — Por favor, que le regrese el habla — ¿S-sí?
Ella rodeó la cama y se acercó a él. Extendió una mano y le rozó el pómulo. El tacto le entró por la piel y le llegó al alma, lo llenó de calidez y electricidad al mismo tiempo. Ella jadeó. Pareció pensar a toda velocidad y luego repitió el contacto, esta vez más lento. Hiccup no podía hacer otra cosa más que mirarla con la boca abierta, derritiéndose por dentro. Sí, sólo mirar. No podía pensar. ¿Era realmente un ser celestial? Ella le pasó el pulgar por la mejilla varias veces con delicadeza y lo supo. Sí, sí lo era.
— ¿Me reconoces? — preguntó entonces. Hiccup asintió. Ella se sentó en la cama frente a él prestándole toda su atención.
— Te vi. Estabas en el derrumbe. Me salvaste. Dos veces.
Astrid sonrió, y había bondad y todas las cosas buenas del mundo en su sonrisa.
— Te he salvado más veces de las que podrías contar, Hiccup.
Le soltó la cara y se enderezó. Hiccup lamentó la perdida de contacto.
— ¿De Dagur?
Astrid frunció el ceño y él lamentó haberlo mencionado.
— De Dagur y de muchos otros. Pero esta vez casi no lo logro. Quizá por eso ahora puedes verme. Estuviste realmente cerca de morir. Lo lamento. — se disculpó bajando la mirada.
— Está bien — dijo, y se encogió de hombros — Estoy aquí, y sigue siendo gracias a ti.
Astrid le sonrió subiendo la vista nuevamente. Sus ojos parecían hechos con trozos del mismo cielo. Hiccup parpadeó. No estaba seguro si seguía soñando, pero no quería despertar. Y si era realmente un sueño, ya no tenía tanto miedo de quedar como un idiota.
— ¿Eres un ángel? — le preguntó.
— Soy tu Ángel Guardián. — informó — Mi deber es protegerte. — Eso explicaba, supuso, porque no parecía querer quitarle la vista de encima en ningún momento. Hiccup era muy propenso a los accidentes.
— ¿Dónde están tus alas? Estoy seguro de que tenías alas.
Ella se rió como un sonido de campanas y cascabeles resonando en una jaula de cristal. Después encogió los hombros y cerró los ojos. Entonces las alas que antes había visto se extendieron como la cola de un pavorreal a su espalda enmarcando su silueta en plumas resplandecientes. La luz del sol a medio asomar que entraba por la ventana le dio en la piel y en las alas, pintándole tonos dorados. Era bellísima. Se encontró mirándola de nuevo con la boca abierta.
Ella abrió los ojos y él estiró una mano para tocarle las plumas, pero se detuvo a medio camino.
— Está bien. — dijo ella a media voz — puedes tocarlas si quieres.
Hiccup le pasó los dedos por la blancura de sus alas y descubrió una nueva definición para la palabra suavidad. Se las acarició repetidas veces sin cansarse de su tacto. Primero tímidamente y luego con más seguridad.
— Antes no podía tocarte — dijo Astrid — Cuando no podías verme, mi piel atravesaba la tuya como si fuera aire.
Hiccup no supo que contestar, pero se lamentó el haberse perdido de tan placentera sensación por tanto tiempo. Con gusto volvería a casi morir si con ello le hubiera podido ahorrar el pesar que transmitió su voz al hacer la confesión. Entonces, Astrid volvió a cerrar los ojos, y Hiccup se atrevió a pensar que no era el único disfrutando del contacto. Siguió acariciando sus plumas hasta que una enfermera hizo su aparición muchos minutos después.
III
— ¿Cómo es que un ángel tan poderoso como tú me está cuidando a mí? — preguntó Hiccup un mes después de que fue dado de alta en el hospital.
Había salido a caminar para seguir con la rehabilitación de su pierna y aprovechó para pasear al gato, el cual no estaba muy contento con la correa. Después de varios minutos, Hiccup decidió que quería descansar y se sentó en una banca en el parque. Era muy temprano y el sol todavía no salía, no había ni siquiera otros corredores por ahí, así que podía hablar con ella sin parecer demente.
— Te puedo decir que tienes una importante misión que cumplir aquí en la Tierra. El Cielo te quiere vivo y el Infierno, no. Por eso estoy yo aquí. — le dijo.
— ¿Importante misión? Oh, vaya. Wow, sin presión.
Astrid se rió.
— Anda, vamos. — le dijo, y le extendió las manos para ayudarlo a levantarse — Estoy aquí para guiarte también.
Hiccup suspiró y tomó sus manos. La vio a la cara y no pudo evitar sonreír. Con ella aquí, ¿qué mal podía pasar?
IV
Besar a un ángel era como ahogarse en luz. Te llenaba cada rincón del alma y te calentaba el corazón. Te arrasaba con una pasión diferente a cualquiera conocida por el hombre y siendo tú un endeble humano, no podías hacer otra cosa más que someterte, sin respiración.
— Te amo, Hiccup. — le dijo en un murmullo, como el secreto mejor guardado del paraíso. Astrid no tenía problemas o inhibiciones al momento de expresar el amor.
— Yo también te amo, Astrid. — juró estrechándola entre sus brazos — Dios, te amo más de lo que puedo expresar, pero…
— ¿Pero? — preguntó con los ojos vulnerables, y Hiccup sintió que se le rompía el alma.
— Pero, ¿no te metería en problemas? ¿No está prohibido?
Astrid parpadeó una, dos veces. Luego se rió. Un año después de que la viera por primera vez, Hiccup aún seguía siendo capaz de hacerla reír con su inocencia.
— ¿Prohibido por quién? — preguntó divertida — ¿Por Dios? — se rió otro poco — No, Hiccup. Dios es amor y sería bastante contradictorio que nos prohibiera amar. En cualquiera de sus formas.
El alivio lo invadió y la culpa que sentía se esfumó sin dejar rastro.
— ¿Me amarías incluso si fuera un demonio, entonces?
Ella le retiró el cabello de la frente con cariño y sonrió con esa sonrisa que reflejaba la bondad en su forma física.
— Desde luego que sí. — respondió con seguridad — ¿De qué otra manera iba a salvarte si no?
Cuando lo besó de nuevo, Hiccup estaba seguro de que tenía razón. Por un solo beso suyo, la seguiría a donde sea, fuera él quien fuera.
V
Astrid le acarició el cabello distraídamente con la espalda apoyada en el tronco de un árbol que nunca había conocido el otoño, su sombra apacible y su follaje meciéndose al son de una brisa arrulladora.
— Podría acostumbrarme a esto. — murmuró Hiccup con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en su regazo. Ella se rió.
— Eso espero. Estaremos aquí toda la eternidad. — respondió ella con sencillez, aspirando la tranquilidad en el ambiente.
— La eternidad contigo dura un segundo. No es suficiente.
Ella volvió a reírse y se inclinó para besarle la frente.
— En el Cielo no existen las mentiras, sólo por eso te creeré.
— Es verdad — dijo Hiccup, y se incorporó para sentarse con ella, también se sonreía con diversión en los ojos.
— Puede llegar a ser aburrido algunas veces — dijo Astrid con ligereza — Por eso pedí un protegido, para empezar.
— Creí que había sido para poder poner esa espada en uso. — bromeó.
— Hiccup. — lo reprendió ella gentilmente.
— Ya sé, ya sé. La violencia nunca es la respuesta y menos para fines egoístas. — respondió alzando las manos en un gesto de paz. —Pero me alegra que lo hayas hecho. — respondió recargándose en el árbol también y rodeándole los hombros con un brazo. Ella recargó la cabeza en su hombro y ambos miraron una cría le león que jugaba con unos querubines a algunos cuantos metros de distancia en el Jardín del Edén. — Espero que tu guiado aún no haya terminado, a pesar de que ya morí y todo. — dijo Hiccup. — Aún necesito que alguien me ayude a controlar esto de las alas retractiles.
Astrid levantó la mirada y le sonrió.
— Tenemos todo el tiempo del mundo. Lo dominarás antes de que te des cuenta.
Estiró una mano para acariciarle la mejilla y él se inclinó ante su contacto.
— Desearía que hubieras podido vivir más tiempo. — susurró ella.
— Veinticinco años son suficientes. — respondió encogiéndose de hombros. — Y si estoy contigo no me molesta donde estemos. — aseguró.
Miró su rostro redondeado y el brillo de sus ojos y lo liso de su piel. Astrid también había vivido poco en la Tierra.
— Tú también eres muy joven. — remarcó suavemente — ¿A qué edad moriste?
— Veintiuno. — confesó — Hace mucho tiempo. — contó ladeando la cabeza y soltando su rostro. — Defendía a mi familia de enemigos en mi tribu. Siempre pensé que me iría al infierno, después de matar a muchas personas en esa batalla. — dijo con pesar, y esta vez fue él quien le tomó el rostro y le besó los labios con delicadeza.
— Jamás podría verte como otra cosa que como un ángel. — le aseguró — Naciste para proteger y lo sigues haciendo. Y gracias a ti pude cumplir con mi tan afamada misión.
Astrid le puso una mano encima de la suya que le sostenía le rostro y sonrió con calidez.
— Te quitas mucho crédito. — susurró. — Pero volvería a pasar por todo con tal de conocerte.
— No eres la única — respondió antes de besarla de nuevo.
Listo. Este es el FIN.
Fueron viñetas y aunque fue muy divertido escribirlas no tengo una hostoria en sí para ellas, así que no habrá continuación.
Ha decir verdad, es algo que adapté de una historia original que escribí (y jamás acabé) hace mucho tiempo. Fue divertido reciclar la idea y usar a los personajes de HTTYD en una situación similar.
De verdad espero que les haya gustado y nos seguimos leyendo :D
