Capítulo 10

-Elena, ¿conseguiste la recopilación de Cortázar? – preguntó Bonnie muy nerviosa, mientras salíamos de Literatura Latinoamericana II.

En momentos como este me alegraba haber cursado la optativa Español hace tres semestres, con tal de poder leer esas otras obras apasionantes. Hasta ahora mis favoritos eran: sor Juana por su sarcasmo y astucia al escribir (sin olvidar sus apasionados poemas), Singüenza y Góngora por las vicisitudes de su personaje Alonso Ramírez y este año iniciamos el estudio de autores más contemporáneos como Borges y Cortázar, cuyos ingenios deleitaban mi mente.

Sonreí de buen humor.

-Tras mucha persuasión para que el vendedor me lo guardara, ¡lo pude comprar ayer! – dimos saltitos de la dicha.

-¡Ah! ¡Qué genial! – contestó mi amiga en perfecto español - ¿Por qué saltamos?

-No lo sé – reímos sin motivo. Pasó un brazo por mi hombro y puso carita tierna.

-Bonnie Bennet, ¿qué quieres? – inquirí arqueando una ceja, fingiendo molestia.

-Es que… ¿podrías prestármelo para sacarle copia? Por fissss- el sonido de la "s" quedó como un siseo que me hizo picar el oído. Le tapé la boca, agrandó los ojos, resaltando que pestañeaba repetidamente como aquellas películas viejas.

Me di por vencida.

-De acuerdo – me dio varios besitos en la mejilla, provocando que se me escapara una carcajada – Te lo presto, con la condición de que me lo cuides con tu vida.

Puso los brazos en jarra.

-Oye, el libro de Moby Dick te lo devolví enterito – recordó entrecerrando los ojos y agitando su cabello.

-Bueno, es verdad. Entonces serás privilegiada, querida: porque serás la primera que lo lea. Aún no salgo de los textos que mandaron – expresé con un puchero.

Adoraba mi carrera con el alma; sin embargo, era estresante que con tantos libros que mandaban en diferentes asignaturas, no pudiese admirarlos sin prisa, acumulándose los que me llamaban la atención en lo personal, ya sea de la misma temática o sobre Bestsellers.

-Eres la mejor amiga del universo – dijo haciendo una reverencia y se fue.

Puse los ojos en blanco. En ocasiones sus locuras rivalizaban con las de Caroline, pero las quería bastante.; se estaban volviendo unas hermanas para mí.

Miré el cartel de anuncios, donde destacaba un afiche señalando que pronto habría una exposición de fotografía en la escuela de Periodismo. Saqué mi agenda y bolígrafo, queriendo reorganizar mis horarios con tal de ir.

-Me satisface enormemente que ya no seas tan tímida.

Se me cayó el bolígrafo y el cuadernito.

Esa voz.

Ay, mi Dios. Ese tono varonil. Mis piernas flaquearon al recoger las cosas que ya me tendían unas manos. Sabía quien estaba junto a mí, incluso sin encararlo. Recordaba perfectamente su estilo clásico, usualmente vestido de traje, mandíbula cuadrada y penetrantes ojos oscuros.

-Elijah – susurré cuando lo miré. Aquel hombre lucía… ¿divertido? Y con ojos brillantes. Los míos se llenaron de lágrimas al reaccionar ante las memorias que su sereno porte evocaba.

Lo abracé impulsivamente. ¡Hasta seguía oliendo igual! Sus masculinos brazos me rodearon, haciéndome sentir la suave tela de su chaqueta de tres botones, que si mal no estaba, llevaría suelto el primero de los tres, como era habitual en él.

-Perdóname por ser tan tosca contigo – murmuré con vergüenza, refiriéndome a que intuía que por mi causa se fue: por tratarlo fríamente al fallecer mis papás.

Estúpida, ni que fueses tan importante – replicaba constantemente mi subconsciente, aunque no lograba evitarlo: él me hacía rememorar a los que culpé por dejarme sola con su súbita partida.

Me atrajo más, rodeando mi cintura, y guardando con destreza mis pertenencias en el bolso. Levantó mi cara para darme un beso en la frente.

Era cálido. Me sentía realmente a salvo.

-No importa lo que haya pasado – secó mis lágrimas con sus pulgares, observándome con infinita ternura.

Nos quedamos un rato en silencio, sólo contemplándonos: él clamaba por decir algo con miles de expresiones en su rostro. Al final dijo:

-¿Te parece si vamos a un lugar más privado?

Me sobresalté al recordar que nos hallábamos en medio de un pasillo de la facultad, con varios curiosos. Asentí con la cabeza rápidamente, provocando su risa.

Ofreció su brazo para que entrelazara mis manos, entretanto descendíamos a la planta baja.

-Te extrañé, Elena – exclamó cuando pasábamos por las puertas de acceso. El labio me tembló, mas intenté sonreír.

-Y yo a ti – contesté.

Tras eso fuimos a La Vita, una pizzería cercana, que frecuentaba de niña. Afortunadamente ha estado a mi alcance tanto en la época de mis padres como en la universitaria, pero tenía tiempo que no iba para allá.

El camino fue bastante animado, nuestros pies anduvieron solos, conociendo el trayecto de memoria. Me contó acerca de las canciones que compuso cuando la Filarmónica le daba un respiro, además de cuánto apreció su estadía con ellos: los consideraba su "otra" familia.

-La primera es la de sangre, junto a la de los Gilbert – me guiñó un ojo – Para mí, ustedes forman un todo.

En eso entramos al acogedor restaurant, haciendo tintinear la campanilla. Me fijé en que todavía estaban los característicos manteles de cuadros blancos y rojos por doquier; al fondo divisé a Ignazzio, cuyo semblante relució al vernos.

-¡Elena! ¡Elijah! Qué piacere tenerlos por questo lugar. – sí, sus palabras solían mezclarse con el italiano. Sonreí muy feliz: estas eran mis raíces, mi gente.

Me sentía en casa. A ambos nos dio sendos besos en las mejillas.

Quizás hoy era el día de darme besos. Me preguntaba si Damon accedería a hacerlo también.

Negué con la cabeza, alejando esas absurdas ideas.

-Ignazzio, ¿cómo estás? – pregunté dándole un fuerte abrazo. Él me despeinó y palmeó la espalda de mi acompañante, casi sacándole el aire.

-Oh, piccola. Estoy contento. ¡Molto! ¡Aquí en La Vita, seguimos teniendo los mejores clientes de tutto il mondo! – exclamó extasiado. Nos llevó a una mesa alejada del barullo por las parejas, amigos que se reunían tras mucho tiempo, hablando de trivialidades y padres con sus hijos.

Mamá, papá. Los echo tanto de menos – pensé al mirarlos.

Elijah tomó mi mano, adivinando mi pesar. El chef y dueño presionó mis cachetes, poniéndome su sombrero, intentando animarme. Levanté el dedo pulgar, aprobatoriamente, relajándolos.

Nuestro amigo trajo la especialidad de la casa: pizza de mozzarella y pepperoni, junto a refresco de cola. La boca se me hizo agua por su aspecto y olor apetecibles.

-Si no empiezas, me lo comeré completo – bromeó Elijah.

-Jo, como si pudieras ganarle a esta campeona, ¿o ya olvidaste que cuando mamá preparaba estofado, yo me zampaba tres platos?

Hizo una mueca.

-Damita del orgullo, eso fue hace años. Puede que mi estómago se volviera resistente por las grasas que tuve que consumir en Inglaterra para no morir del frío – respondió antes de comer dos rebanadas de una sola vez.

Lo contemplé con asombro, riendo luego hasta que me quedé sin aire. ¡Se ahogaba por fanfarrón! Tuvo que tomar la mitad de su vaso extra grande de bebida, tratando de pasar la pimienta.

Le ofrecí mi refresco también. Él hizo un gesto con la cabeza, disculpándose.

Ladeé la cabeza, examinándolo: indudablemente se veía más maduro y decidido. Sus cortas pestañas oscuras, de las que me reía antes cuando jugaba a ponerle delineador, estaban quemadas en las puntas por el sol, pero continuaba siendo el hombre interesante que conocía.

-No has tocado tu comida. Se enfriará – apuntó, cortándome un generoso trozo.

-Gracias.

-De nada – contestó automáticamente. Siempre educado.

Volví a suspirar.

-Me refiero además al hecho de que estés aquí, conmigo – confesé sonrojándome.

Quedó sin habla durante unos minutos. Fingió quitarse un hilo invisible de su camisa, notando que aún llevaba su chaqueta, por lo que la colgó en el respaldar de la silla. Finalmente me observó, y muy intensamente. Reconocí esa mirada: era la misma que me dedicó tras recibir mi diploma de secundaria.

Sentí un agradable escalofrío.

-Mi placer, Elena – contestó – No sabes cuánto añoré a mi patria, su gente, pero más que nada a ti. Tan dulce y fascinante.

Se me hizo un nudo en la garganta.

Un globo pasó volando, rozando mi cabeza, interrumpiéndonos.

Un pequeño niño corrió para atraparlo antes de que tocara la pizza, justo cuando nosotros reaccionábamos para hacer lo mismo.

-Disculpe, señorita – musitó un adorable niñito de piel tostada, con rizos brillantes.

-Tranquilo, no importa. Más bien el globo espantó a una fastidiosa mosca – dije para que se calmara.

Se sonrojó.

-¿En serio? ¿Flaubert le ayudó? – preguntó, tomando asiento en torno a la misma mesa.

-¿Flaubert? – exclamó Elijah con gentileza.

-Sí, señor. Es mi mejor amigo – señaló al globo rojo que ahora que me fijaba mejor, tenía dibujada una graciosa carita, mostrando un sonrisa con un único diente; me enterneció.

-Oh, vaya que fue oportuno. Ya veía a un coro de moscas persiguiéndome, como la ocasión en que los anti padrinos se escaparon del mundo mágico – respondí.

Se le salió una exclamación, saltando de contento.

-¡Abuela, la Srta. conoce Los Padrinos Mágicos! – gritó hacia atrás, llamando a una pareja de ancianos.

Mi amigo nos miró y percibiendo que los señores se apresuraban apenados, los invitó a comer con nosotros.

-Pero joven, eso sería… No, no. No pretendíamos importunarlos. ¡Venga acá, Gabriel! ¿Qué le he dicho? – regañó su abuelo.

El pequeñín agachó la cabeza.

-Por favor, acompáñennos. Después de todo, esta mesa es demasiado grande para dos – dije poniendo mi mejor cara de cachorrito, como Bonnie.

Y así fue como comimos con unos completos extraños, quienes rápidamente se volvieron entrañables por su forma de ser. El niño, llamado Gabriel, poseía una imaginación despierta, exigiendo mis opiniones sobre casi la totalidad de los episodios de la serie animada, preguntándome incluso sobre cómo nació el hijo de Cosmo y Wanda.

Elijah por su parte no me quitó la vista de encima la mayor parte de la noche, y también parecía cómodo con los invitados.

Los ancianos, Emily y Sebastián, contaron sus incidentes en Francia y hablaron sin parar sobre el extraordinario parecido de mi amigo con el rostro, antaño juvenil, de su esposo.

Para mi regocijo, la Sra. Emily y yo acordamos que le leería a Gabriel varias historias en ciertas tardes que tuviese libres, pues ella ya no veía muy bien.

-¡Ya sé! ¡Le leeré Las Aventuras de Huckleberry Finn! – exclamé inspirada, mientras salíamos del restaurant que ya cerraba y Elijah me ponía su chaqueta sobre los hombros.

-¿Es del niño tremendo que tiene varias películas? – inquirió el infante colgado del brazo de su abuelo.

-Sí y no. Puede ser él, pero creo que estás pensando más en Daniel el travieso – respondí.

Enrojeció.

-Bueno… también lo pensé. Pero digo… esa película que hace Frodo – continuó.

Quedamos extrañados, excepto Elijah que se retorció de la risa.

-"Frodo" sale en la película Oliver Twist. Su personaje es amigo del chico sobre el que te leerá Elena – el niño le chocó los cinco, feliz de que lo apoyaran. - ¿No se acuerdan? Elijah Wood actuó en dicho film en 1997 y también hizo de Frodo en El Señor de los Anillos años después – explicó ante nuestros rostros desencajados.

Chasqué los dedos, recobrando el recuerdo.

-Ay, verdad- exclamé.

Me divertí un montón. Realmente necesitaba esto: sentir el amor rodeando a cada uno, palpable en el ambiente, tendiendo a mi lado a aquel que me inspiraba seguridad y un profundo cariño. Fue una de las mejores veladas de mi vida.

Bueno, esto empezó como una ofrenda a aquellos autores (de nuestros países, puesto que la mayoría somos latinoamericanas) y me pareció pertinente que Elena los conociera, porque nuestros gustos son similares, jeje... y también se cuela un poco + de lo que veo en la uni :) Como muchas ya han notado, Elijah se volverá una competencia bastante fuerte para el profesor (el prox será Damon POV, que bullirá de molestia al escuchar ciertos comentarios de una morena y otra rubia) Gracias a girldelena, TVDLovers, stefaniaarevalo y Acharya - chan por colocar la historia como favorito! Respuestas a reviews:

YAZMIN V: Apenas pueda la leeré. Tu táctica en serio es una de las más eficaces para aprender inglés, al igual que las canciones. Sí, tenías absoluta razón con el tema de la edad: tiene 38 :)

Raquel (Guest): Epale! Gracias Raquel! Jeje, este... el pobrecito debe salir "x el bien mayor" Y tal como dices será fundamental para que Damon se aclare. Cierto, esa edad que puse fue un asco, jaja ;)

anael (Guest): Es muy tierno. Sabes? También pienso lo mismo. Al principio sólo creía que su participación era para que el Delena se diera, pero su personaje está tomando tanta fuerza que a Elena realmente le resultará dicícil elegir en su momento. Gracias x entender! Jaja, lo intentaré ;)

UshieVictoria: Eli? Ay, eso me dio bastante risa! Creí que te referías a Elizabeth de Rosas y Oscuros. Jaja, es que no estoy habituada a ese apodo, sorry. Muy buena puntualización, Victoria. Gracias a ti y a las demás chicas me di cuenta de mi error garrafal (DISCULPEN) Suerte linda!

Beauty´s souls: Ay, tranqui, más bien te agradezco en el alma que t sigas pasando x aquí, y me dejes comentarios tan bonitos, ade+ de colocar el fic como favorito! Esa idea de la literatura me vino también porque me gusta, pero se está intensificando x mi carrera (mi mamá ya se está volviendo loca con tantos libros q compro, y dice: uff, todavía te faltan 9 semestres +! Seguirás adquiriendo x montón! jeje) y la manera de incluirlo se me ocurrió por un fic (bueno su traducción), que se llama La Universidad de Edward Masen. ES ABSOLUTAMENTE GENIAL! Y tengo entendido que en ella se basa El Infierno de Gabriel. La fantasía profe - alumna creo que nadie nos la quitará ;)

Un beso enorme desde Venezuela a todos?/ todas las que leen este fic! Nos vemos!

P.S: No sean tímidos, se valen opiniones sobre los libros que creen que han leído Elena y Damon. A ver cuánto creen conocer a estos personajes como profesor y estudiante :)