Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.
Encaje Negro
Capitulo X
El equipaje de Serena estaba junto a la puerta delantera, preparado para la partida. Ella se lanzó una mirada a su reflejo en el espejo del salón e hizo una mueca. No se había dado cuenta nunca, pero su traje beige le daba un aspecto descolorido, apagado. O tal vez estaba pálida debido a la noche que había pasado en vela.
Cenicienta, la noche después del baile. Sólo que tenía la sensación de que el Príncipe Azul no iba a aparecer con ninguna zapatilla de cristal. No había vuelto a ver ni rastro de Seiya desde que la había dejado la noche anterior. Tal vez había decidido quedarse con Yaten en aquel bar, y habrían estado bebiendo los dos hasta perder el sentido mientras hablaban de la perfidia de las mujeres en general.
O tal vez había decidido no volver por la casa de la playa, para no verla más. Serena suspiró. Bueno, tenía la intención de liberado de esa penosa posibilidad en cuanto consiguiera que alguien la llevara a la estación de autobús más cercana.
Se dirigió a la única parte de la casa donde parecía haber vida aún, la cocina. Louise Kou estaba de pie ante la encimera.
Pero, al entrar ella, alzó la vista y dijo, radiante: - "Buenos días... Mina, ¿no?"
"No, soy Serena" - contesto ella, sintiéndose muy estúpida.
"Bueno, da igual. Imagino que acabaré distinguiéndolas, chicas."
"Me temo que Mina y yo no hemos sido un ayuda para eso, precisamente."
Pero Lou se limitó a sonreírle irónicamente. La madre de Seiya se había tomado muy bien la noticia del engaño. De hecho, se había mostrado vagamente regocijada por el asunto.
Tras animar a Serena a que se tomara una taza de café instantáneo, le dijo - "Tienes aspecto de haberte acicalado para misa o algo así."
"De hecho, me he acicalado... me he arreglado para marcharme."
Lou le plantó delante una taza y dijo - "Oh, no. No puedes marcharte tan pronto. Al menos, espera a que llegue Seiya."
"¿Siguen él y Yaten en el bar?"
Louise se echó a reír. - "¿En Costa Esperanza un domingo? Ni soñado. Tenemos más leyes prohibicionistas que en Ocean City. No, Seiya ha ido al pueblo, a la casa antigua."
"¿Y qué hace allí tan temprano?" - le preguntó ella.
"Había quedado con un restaurador para que lo asesorara respecto al entablado. Seiya iba a decirle al hombre que se olvidara del asunto."
"¿Que se olvidara?"
"Seiya ha dicho algo así como que Diamante Black tenía razón respecto al arreglo de la casa. Era una pérdida de tiempo..."
Serena no quería imaginar lo amargado que debía sentirse Seiya para decir una cosa así. Cualquier esperanza que hubiera podido albergar de que Seiya viera las cosas de forma diferente por la mañana se desvaneció como el humo. Serena dejó el café a un lado, sin probarlo.
Louise miró a Serena por encima de los cristales de las gafas. Tal vez aquella mujer pareciera frívola en ocasiones, pero en el fondo de sus ojos relucía o una mezcla de perspicacia y capacidad de compasión.
"No deberías preocuparte por Seiya, querida" - dijo, dándole una palmadita en el hombro a Serena" - "No sé cómo reaccionaría cuando te confesaste a él anoche, pero sospecho que con bastante dureza. Los hombres Kou son famosos porque de vez en cuando pierden por completo el sentido del humor. Pero siempre lo encuentran otra vez."
Serena sonrió forzadamente, sabiendo que Louise estaba tratando de consolarla. Pero no lo entendía. No era el sentido del humor lo que había perdido Seiya, sino la confianza. Serena se la había hecho añicos, y no creía que hubiera forma de repararla.
"No sé" - dijo Serena, sacudiendo lentamente la cabeza - "Seiya se enfadó terriblemente. Sobre todo por Yaten."
"Yaten está perfectamente."
"Oh, no, estaba destrozado."
"Pues a mí no me ha parecido especialmente destrozado esta mañana. Aunque tal vez sea mejor que vayas a comprobarlo por ti misma."
Desconcertada, Serena hizo lo que le sugería Louise, y se dirigió a la terraza por la puerta trasera. El sonido de risas le llegó desde la piscina. Serena se asomó a la barandilla y miró hacia abajo con incredulidad. Allí estaba Yaten, tranquilamente repantingado en una reposera en la orilla con el bañador puesto.
Realmente parecía algo pálido y estaba haciendo muecas mientras se tomaba algún brebaje que Mina le estaba obligando a beber. Pero entre sorbo y sorbo, le iba contando a Mina lo ocurrido la noche anterior.
Su voz llegaba hasta Serena - "Y una vez me hube subido a la barra del bar con la go-go girl, creo que empecé a quitarme la ropa. La pelirroja de atrás se excitó tanto que casi le da un ataque al corazón."
Mina se estaba partiendo de risa. Serena apretó los labios. Era evidente que la influencia de su hermana en Yaten había sido decisiva. Imaginaba que debía alegrarse de verlos reconciliados, pero, después de lo que les habían hecho pasar a Seiya y a ella, sintió que la invadía una oleada de indignación.
Bajó con paso firme la escalera y se dirigió hacia la piscina. Mina alzó la vista y la saludó tranquilamente con un gesto de la mano. - "Serena, por fin te has levantado. Cualquiera diría que eras tú la de la resaca y no el pobrecito Yaten."
"El pobrecito Yaten tiene un aspecto estupendo, en mi opinión" - dijo Serena con mucho retintín.
"Me encuentro mucho mejor. S.T, digo, Mina es una enfermera estupenda" - trató de tomar a Mina por la cintura y ella le apartó el brazo juguetonamente.
"Más vale que te acabes el jarabe de una vez o te vas a enterar de lo que es una enfermera.."
Mientras contemplaba sus alegres juegos, Serena notaba cómo le iba subiendo la tensión sanguínea. - "Tú tío estaba muerto de preocupación ayer por la noche" - le dijo Serena.
Yaten se encogió de hombros y luego hizo una mueca, llevándose una mano a la sien. - "Pues no tenía por qué. Ya he superado la mayoría de edad."
"Pues no se te nota mucho en la conducta" - dijo dulcemente Serena.
Yaten se quedó boquiabierto. - "Tranquila, Serena" - dijo Mina - "Todo está bien ya."
"Sí" - corroboró Yaten - "Reconozco que me sentó muy mal cuando Mina me contó la verdad. Pero, al pensarlo ahora, el caso es que me hace gracia."
"Oh, sí, es realmente divertido" - dijo Serena con los dientes apretados -. "O sea que ustedes se han dado un besito y han hecho las paces."
Yaten y Mina intercambiaron una mirada algo avergonzada. - "Bueno, no exactamente" - dijo Yaten.
"¿Cómo que no exactamente?"
"Bueeeno" - dijo Mina lentamente - "Yaten y yo hemos decidido enfriar las cosas un poco. Seguir como simples amigos un tiempo."
"¿Amigos?" - repitió Serena.
"Es de lo más extraño" - Mina parecía un poco azorada - "De hecho, es lo más divertido de todo este asunto. Te vas a reír cuando te cuente esto, Serena. Yaten y yo nos hemos dado cuenta de que no estamos enamorados, después de todo."
Mina le lanzó una brillante sonrisa y se rió un poco entre dientes. Pero a Serena no le hizo ni la menor gracia. Su hermana tenía por costumbre estirar demasiado la paciencia de la gente, como si se tratara de una gigantesca goma elástica.
Y Serena sintió que algo se soltaba en su interior. - "¿No están enamorados?" - dijo en tono ahogado.
"No. Menos mal que nos hemos dado cuenta, ¿verdad?" - Mina sonrió; pero su sonrisa se hizo menos firme cuando Serena se acercó amenazadoramente a ella - "¿Serena? ¿Estás bien? Tienes una mirada extraña. ¡Serena!" - la voz de Mina se convirtió en un chillido cuando Serena saltó hacia ella.
Agarró a Mina del brazo. Retorciéndoselo en la espalda, la empujó hacia el borde de la piscina. Su hermana estaba demasiado anonadada como para ofrecer mucha resistencia. - "¿Qué demonios estás..." - la frase de Mina acabó en otro chillido y en un aparatoso chapuzón cuando Serena la empujó al agua.
Serena no sintió ningún remordimiento por la violencia de sus acciones. De hecho, no recordaba nada que le hubiera procurado una satisfacción así en mucho tiempo. Se dio la vuelta rápidamente y vio a Yaten que se esforzaba por incorporarse precipitadamente. - "¡Mina!" - se lanzó hacia adelante, dispuesto al rescate.
Pero Serena le bloqueó el paso. - "No te preocupes por ella. Es una auténtica campeona de natación. Siempre sale a flote."
Yaten retrocedió sin dejar de mirar a Serena, como si dudara de su cordura. Serena avanzó hacia él. - "Ahora, tú vas a entrar en la casa y te vas a vestir."
"Ss-sí, señora."
En cualquier otra circunstancia, la retirada vergonzosa de Yaten habría resultado cómica. Pero Serena estaba hecha una furia. - "Y luego me vas a llevar a la estación de autobuses."
"Sí, señora."
Detrás de ella, Serena oyó a Mina tosiendo y boqueando mientras pugnaba por aferrarse a la escalerilla de la piscina. - "¡Serena! ¡Estás portándote como una lunática! ¿Adónde vas?"
Serena no había estado segura antes. Pero de pronto lo supo. Tal vez fuera la adrenalina que seguía bombeando por sus venas. Tal vez no hubiera forma de resarcir a Seiya por el engaño al que lo había sometido, pero quizás hubiera una cosa que sí podía hacer por él.
"Voy a Atlantic City" - anunció Serena, apretando la mandíbula en un gesto de fiera determinación - "A hablar con un hombre sobre ciertas escrituras de una casa."
El coraje de Serena no flaqueó hasta que se encontró realmente delante de las imponentes puertas dobles que daban paso al ático de superlujo de Diamante Black. Había tenido demasiado tiempo para pensar durante el trayecto en autobús hasta Atlantic City y durante los largos minutos que le había costado atravesar los diversos controles de seguridad de la fortaleza de Black.
Aquel hombre vivía en lo alto de su más lujoso casino y hotel de lujo. Tenía una horda de vigilantes a su servicio, pero al mencionar su nombre, Serena se encontró con que todas las puertas se le iban abriendo como milagrosamente.
Lo cual era extraño, porque ella no creía que Diamante siquiera conociese la existencia de Serena Tsukino, a menos que Mina le hubiera hablado alguna vez de su hermana. Tan sólo la subida en el ascensor habría bastado para poner nervioso a cualquiera, pues toda la experiencia de progresiva penetración en el bastión de poder y lujo de aquel hombre estaba calculada para impresionar al visitante.
Debía haber perdido la cabeza para ir allí, iba pensando Serena. No tenía prueba ninguna de que Diamante hubiera estado detrás del allanamiento, sino sólo su instinto y el de Seiya. ¿Cómo diablos iba a convencer a un hombre tan sofisticado y despiadado como Diamante de que confesara?
Pero había llegado demasiado lejos para echarse atrás ahora. Tras apretar el timbre, Serena aferró el bolso y esperó. Unos momentos más tarde, las puertas dobles se abrieron silenciosamente.
Serena había esperado que la recibiera algún estirado mayordomo o ayuda de cámara, como en las películas antiguas. El aliento se le quedó en la garganta al ver delante al mismísimo Diamante, apoyado en el quicio de la puerta.
Era la última hora de la tarde, pero iba ataviado aún con un batín de satén negro y Serena lanzó una nerviosa mirada hacia su pecho y sus piernas desnudas, ella temía que no llevara nada más debajo.
Tenía el pelo plateado, revuelto y no se había afeitado. Ofrecía la imagen típica del playboy rico, del perverso seductor. Se la quedó mirando un momento a través de aquellos inquietantes ojos medio entornados y luego la invitó a pasar, arrastrando las palabras - "Bueno, entre."
«Le dijo la araña a la mosca».
Serena respiró hondo y cruzó el umbral. - "Usted no me conoce, señor Black" - comenzó recatadamente.
"Sí, sí que la conozco. Es Serena, ¿no? La hermana de Mina" - una débil sonrisa burlona curvó sus labios.
"Sí" - Serena boqueó y estuvo a punto de perder el equilibrio al caer del escalón que llevaba al enorme salón rehundido.
Era un lugar inhóspito, sin personalidad, a pesar del lujo que emanaban el mobiliario y la decoración, todo blanco, negro y plateado. Las cortinas estaban descorridas, revelando un ventanal desde el que se divisaba una vista imponente de la franja de hoteles y casinos de Atlantic City.
Por encima de la mesilla de café y del sofá estaban esparcidas desordenadamente las diversas secciones del periódico de la mañana. Una taza de café vacía y una caja de donas a la mitad completaban la imagen. Aquello le produjo una extraña impresión, recordándole domingos del pasado junto a la familia. Pero Diamante estaba completamente solo.
Tras cerrar la puerta, él se acercó a Serena con paso lento. - "Siéntese. ¿Le apetece algo? ¿Café? ¿Una dona?"
"No, gracias."
Diamante no era el tipo de hombre del cual ninguna mujer decente se atreviera a aceptar un dulce. Y además, Serena tenía el estómago hecho un nudo.
Diamante apartó la sección de comics y se hundió en el sofá blanco, recostándose en los cojines. - "¿Ha traído las fotos?"
"¿Qué fotos?" - inquirió Serena, y el recuerdo acudió inmediatamente.
Las fotos para la revista Ella, a eso se refería Diamante. Así que lo que había sospechado ella el día anterior era cierto. Diamante había estado riéndose a su costa. Serena se sonrojó vivamente.
"Lo sabía usted en todo momento, ¿no?" - dijo, indignada - "Cuando estuvo ayer en Costa Esperanza, se dio cuenta de que yo no era Mina."
"No hacía falta mucha perspicacia. Sabía que Mina tenía una hermana gemela."
"Pero... pero ¿cómo pudo darse cuenta tan rápidamente?"
Black se encogió de hombros. - "Nunca he visto sonrojarse a su hermana. Y nadie me ha llamado nunca «Diamante» ni «cariño». Fue una experiencia singular."
"Pero Seiya no se dio cuenta en ningún momento" - murmuró Serena con tristeza.
"Ah, es que yo no la miraba de la misma forma que su visionario constructor de barcos."
"Arquitecto" - le corrigió Serena.
"Lo que sea" - Diamante se estremeció - "Sólo puedo darle gracias al cielo por no haberme quedado colado por ninguna mujer."
¿Seiya colado por ella? Diamante no era tan perspicaz como se jactaba de serlo. Pero Serena dejó pasar el comentario.
"Bueno, me muero de ganas de ver esas fotos. ¿Las ha traído? "- inquirió él.
"No, he venido por un asunto completamente diferente" - haciendo acopio de coraje, dijo - "Tengo razones para creer que ha entrado usted en posesión de algo que pertenece a Seiya Kou.
"¿Ah, sí? Entonces no creo que sea culpa mía. Yo no he sido quien la ha invitado a venir."
"No me refiero a mí" - dijo ella con voz ahogada -, "sino a ciertos documentos."
"¿Documentos?" - Diamante enarcó una delgada ceja negra.
"Respecto a la vieja mansión que posee usted en Costa Esperanza" - Serena habló con la mayor firmeza que pudo, teniendo en cuenta el terreno poco firme en el que se estaba moviendo.
¿Y si estaba equivocada? ¿Y si Diamante Black no tenía nada que ver con el robo? Pero un regocijo secreto parecía mover los labios de aquel hombre, y su mirada chispeaba demasiado para ser la de una persona inocente.
Lo haría confesar como fuese, aunque no sabía muy bien cómo. Pero había visto los suficientes capítulos de Perry Mason, en los que el corpulento abogado conseguía que los culpables acabaran confesando bajo la presión de la evidencia.
"Señor Black" - dijo ella -. "La casa de la playa de Seiya fue allanada ayer noche. Desaparecieron documentos que podrían haberlo ayudado en los tribunales en contra de usted. Documentos que sólo usted..."
"¿Esas ridículas escrituras amarillentas? Están ahí" - "Black señaló una mesa de cristal con un gesto desganado."
Serena parpadeó.La descarada confesión de Black la tomó desprevenida y aquello casi la desinfló. Había estado preparándose para una dura pelea. No podía ser tan fácil.
Se acercó lentamente a la mesa de cristal y tomó el grueso sobre que estaba encima. Un rápido examen reveló el contenido de los papeles perdidos de Seiya. Un suspiro de alivio escapó de sus labios. Así que Black no los había destruido aún, como había temido Seiya que hiciera.
Pero su alivio tuvo una vida corta. Serena se sobresaltó cuando la mano de Black apareció de pronto y le arrebató los papeles. Aquel hombre se movía con la sutileza de una pantera al acecho. Serena se dio la vuelta y se encontró con que lo tenía excesivamente cerca, tan cerca que podía oler el caro aroma almizclado de su colonia.
"Señor Black, no sé cómo han llegado a su posesión estos papeles, pero..."
"Un joven bastante desagradable llamado Aino me los trajo esta mañana, exigiéndome una suma exorbitante."
Sammy Aino. Naturalmente, pensó Serena con un gruñido. ¿Por qué no había pensado antes en él? Trabajando en casa de los Kou, habría tenido infinidad de ocasiones para sorprender cualquier conversación sobre los documentos, e imaginarse el valor que podían tener para un hombre como Black.
"Me da igual lo que pagara por ellos" - gritó Serena -. "Estos documentos no le pertenecen."-Alargó un brazo hacia ellos, pero Black los mantuvo fácilmente fuera de su alcance.
- "Me pregunto qué interés tiene usted en todo esto" - dijo él suavemente -. "¿Está pensando en crear un hogar con el señor Kou? Estoy seguro de que su constructor de barcos podría ofrecerle algo mejor que ese caserón destartalado, ¿no cree?"
"Ya le he dicho que no es constructor de barcos, sino arquitecto. Y muy bueno, además, aparte de estar lleno de sueños e ideales que una persona como usted no podría ni llegar a entender nunca."
"Probablemente no" - convino el otro afablemente - "y si no me da esos papeles, llamaré a la policía."
"¿Quiere decir que no ha alertado a la policía antes de venir? ¿Se ha presentado aquí completamente sola?" - la sonrisa de Black le produjo un súbito escalofrío a Serena -. "Pero qué estupidez por su parte" - ronroneó.
A Serena le dio un vuelco el corazón. - "No... no le tengo miedo."
"¿No?" - inquirió él suavemente, acercándose más -. "Pues debería. Casi todo el mundo me lo tiene."
"¡Ni un paso más! Se lo advierto, Black. Ten...tengo una rodilla y sé cómo usarla."
La amenaza sonó tan ridícula que Serena hizo una mueca nada más emitirla. Pero, para su asombro, Black se detuvo en seco. Se echó a reír, no con su habitual tono burlón, sino genuinamente regocijado.
Luego le tomó la mano a Serena. Antes de que ella pudiera siquiera boquear, le plantó los documentos en la palma abierta. Serena se los quedó mirando, sin entender.
"No pensará que tengo el menor interés en esos ridículos papeles, ¿verdad?" - inquirió él.
"Pero... pero el juicio con Seiya. Quiere usted ganar, ¿no?"
"Bah, ganaré. Siempre gano. Pero en mis propios términos. Si hubiera querido idear un allanamiento, no habría contratado a un golfo con problemas de acné."
"Pero le ha pagado a Sammy Aino..."
"No, sólo he dicho que me ha pedido dinero. De hecho, le he liberado del peso de los documentos y le hecho acompañar... err... gentilmente... fuera de aquí."
"¿O sea que pensaba devolverle los papeles a Seiya desde el principio? - inquirió Serena incrédulamente."
Los labios de Black se curvaron en una medio sonrisa.- "Yo no llegaría tan lejos afirmando eso. Habría dependido por completo de mi estado de ánimo. Pero, dado que ha venido usted a pedírmelo de esta forma tan encantadora, ¿cómo iba a resistirme?"
Serena sintió que le ardían las mejillas. - "Siento haber sido tan grosera, acusándolo de algo que no ha hecho."
"Estoy acostumbrado" - dijo él escuetamente -. "¿Acaso no sabe que soy responsable de todo lo que ocurre, desde la recesión económica hasta el agujero en la capa de ozono?"
Serena no pudo saber, por su tono, si se estaba haciendo burla a sí mismo o a ella. - "Es usted un... un hombre muy extraño, señor Black" - murmuró.
"Y usted es una mujer fascinante, señorita Tsukino. Más aún que su hermana. Algún día me encantaría saber qué pretendía haciéndose pasar por Mina. Si alguna vez se cansa de su visionario arquitecto, ¿por qué no me llama?" - extrajo una tarjeta, que le tendió a Serena.
Pero ella retrocedió recelosamente, sacudiendo la cabeza. - "No... no creo, señor Black. Ya me he alejado bastante de mis paraderos habituales este fin de semana."
Black volvió a meter la tarjeta en su estuche de oro, sin parecer ofendido por el rechazo, ni tampoco particularmente interesado. - "Será mejor que me vaya" - dijo Serena, retirándose hacia la puerta -. "Ya le he robado bastante de su valioso tiempo."
"Oh, sí, mi valioso tiempo. Siempre hay alguna empresa que absorber, alguna hipoteca que cerrar. ¿Sabrá salir usted sola?"
Serena asintió. De hecho, estaba pensando en salir pies en polvorosa antes de que él cambiara de opinión respecto a dejarle las escrituras. Pero Black ya se había alejado, como un emperador que da por finalizada su audiencia.
Mientras hacía girar el pestillo, lo último que vio Serena fue a Black de pie junto al ventanal, una figura erguida y solitaria contemplando su distante imperio.
Una vez al otro lado de la puerta, Serena se dirigió apresuradamente hacia el ascensor. Apretó el botón y se apoyó en la pared, sintiéndose casi desfallecer de puro alivio, y experimentando también una extraña euforia.
Se había enfrentado a Black, había recuperado los papeles de Seiya y ni siquiera estaba jadeando. Ya no sentía la necesidad de hurgar en su bolso en busca del inhalador. Aquel terror de infancia parecía definitivamente atrás. De hecho... Serena abrió el bolso, rebuscó en el interior y, unos momentos después, arrojaba el pequeño cilindro de metal a la papelera del ascensor.
Y ahora, a devolverle las escrituras a Seiya. Quizás cuando viera lo que había hecho, él...
¿Él qué? ¿Se arrojaría a sus pies en un gesto de infinita gratitud? ¿Decidiría perdonarla? No, los hombros se le hundieron bajo el peso de la cruda realidad. ¿Qué más daba lo que él hiciera? Ella ya no necesitaba el inhalador, ni siquiera como talismán.
Aquello no cambiaba el hecho de que seguía siendo la tranquila y sensata Serena, y no la mujer seductora e impulsiva que había estado fingiendo ser todo el fin de semana y por la que Seiya se había sentido tan atraído.
¿Qué era lo que había dicho Seiya? Este es el problema con las aventuras. Que llegan siempre a su fin, y Serena temía que tenía razón. Lo mejor que podía hacer era enviarle aquellas escrituras a Seiya con un mensajero exprés.
Y luego... luego, pensó con un suspiro de cansancio, ya sería hora de que Serena Tsukino, la escritora de cuentos infantiles, se marchara a casa.
¡Hola!
Se que soy lo peor de lo peor... pero mejor tarde que nunca ¿no? XD
¡Ya casi termina!
Cuando termine con esta voy a seguir con otra adaptacion, aunque voy a seguir con "Desde que te vi" y esta ultima es 100% mia!
Les tengo varias opciones y como tengo muchas en mente se las voy a dar a eleccion.
Al principio tenia una preparada, es mas ya tengo el primer capitulo listo. Pero hay un pequeño problema, la novela es una saga y ademas de la historia entre los dos protagonistas tiene otra historia y el final da lugar a la historia siguiente, es mas, en esta historia aparecen los personajes de libros anteriores. Pero todo se entiende igualmente. Se llama "el escoces domado" de Kinley MacGregor, no se dejen guiar por el titulo porque tiene poco que ver. Aunque no lo crean casi no hay que adaptar mucho, no se por que pero casi todas las historias que vengo leyendo el personaje masculino tiene ojos azules y pelo largo y negro, lo mismo me pasa con el personaje femenino. La historia es muy divertida, tiene mucho mas humor que tragedia y sobre todo tiene romance.
subiria la historia completa, tengo todos los libros de Kinley MacGregor, pero no serian todas S&S y para ser sincera, me aburriria haciendo mas de un capitulo sobre otra pareja. Pero si me lo piden lo hare.
Ah, antes que me olvide! Todas las historias que tengo para ofrecerles van a tener mucho, mucho lemmon, no son eroticas pero tienen escenas un poco subidas de tono. Yo se que la mayoria de las que me leen (por no decir todas) tienen una mente bastante amplia, pero lo aclaro para que no hayan "planteor eticos" mas adelante. Igualmente ya todas tienen la edad suficiente para saber de donde nacen los bebes ¿no?
Tambien tengo para ofrecerles "Jaque al corazon" de Johanna Lindsey. Se trata de una dama de nobleza que posee un belleza increible. Lo que tiene de hermosa lo tiene de soberbia y por eso no le cae nada bien al heredero de un duque que, mas adelante, hace una apuesta con su amigo para demostrar que con paciencia, puede dejar de ser esa arpia venenosa, como el suele decirle. Asi que se compromente en convertirla en una verdadera dama con el objetivo de que siente cabeza y encontrara al hombre adecuado. Lo que el no sabe es que detras de toda esa fachada de mujer fria hay una dulce e inteligente muchacha que cazara al cazador. Es muy linda esta historia.
Como otra opcion les ofrezco "El dueño del deseo" de Kinley MacGregor. El es un conde que se ve obligado por el rey a convivir con una de las hijas de un caballero para hacer un pacto de tregua. El conde tiene un pasado oscuro lleno de sufrimiento y misterio por lo que el es una persona fria que se niega rotundamente a casarse y enamorarse. Una de las condicones del rey es que el conde no puede tocar a la muchacha, si lo hace perderia la vida. Es muuuy comica y tiene mucho romance.
En fin, les dejo la siguiente historia en sus manos, ustedes deciden. La novela mas votada sera la siguiente historia que voy a subir. En el proximo capitulo anuncio cual fue la mas votada.
Les mando un BzO a todas y gracias por todo el apoyo!
Gracias a:
M00n-StAr18
veronick
Hotaru Kou
sol .kaory
serenalucy
patty ramirez de chiba
Indo K.
KuMiKo Kou
PRISGPE
MISS-ODANGO
chikita22bkou
malkav
Kinsei. x
LOYDA ASTRID
Katabrecteri
Gracias por los comentarios y las palabras de aliento, en serio.
Nos vemos en el siguiente capitulo!
Lucyana Li Kou!
