¡¡Hola!! Última viñeta que subo hasta el día 5. Toca la frase del 21/7. R&R se agradecen mucho, sobre todo las reviews. Cada vez que pincháis al GO! mejoro como escritora, así que hacedlo de vez en cuando. ¡Espero que os guste! Besos.

Nota: os recomiendo escuchar Oops! I did it again! de Britney Spears con la viñeta, no pega mucho pero el Oops de Edward me recordó a la canción. Poned la dirección normal de YouTube y esto: /watch?vunBACOHFXes


Edward llevaba raro toda la mañana. Estaba intrigada, ¿tendría una sorpresa?

-Ey, Bella, vamos a dar un paseo.- me propuso.

Le seguí, interesada, jugando nerviosamente con mi anillo de casada. Caminamos por el bosque varias horas, hablando de trivialidades. Cada vez estaba más impaciente y extrañada. Debía ser una sorpresa, si no ¿qué le ocurría? Volvimos a la casa a las dos de la tarde para comer. Me dirigí a nuestra habitación.

-¿Qué haces?- me sorprendió Edward, poniendo su mano sobre mi hombro.

-Voy a por mi móvil, necesito dejar un mensaje a Angela.- contesté, sorprendida.

-Ya se lo mandarás luego. Recuerdo que comentó con Alice que se iba a pasar el día con Ben.- dijo, sonriéndome.

Así que la sorpresa estaba en la habitación. Comí en silencio, masticando con lentitud la ensalada de pollo que me había hecho. Edward, que normalmente estaba en todo, esta vez ni se había dado cuenta de que no me había echado ni aceitunas ni jamón york, cosa que normalmente habría percibido y me habría preguntando algo como...

-¿No tienes hambre?

Sí, exactamente eso. Lo había preguntado, pero muy tarde. Habitualmente lo habría preguntado en cuanto me había sentado en la mesa. Estaba intrigada, ¿qué le ocurría? O tal vez...

-Te veo algo paranoica, miras mucho de un lado a otro.- bromeó.

¿Desde cuando leía mis pensamientos? Un segundo antes de que pensara 'O tal vez me estoy volviendo paranoica', lo había comentado en voz alta.

-No, no... solo estoy pensando en mi ejemplar de Cumbres Borrascosas, creo que luego subiré a por él.- comenté, tratando de apartar sus pensamientos de mi posible paranoia crónica.

Pero sucedió algo que me sorprendió mucho, su rostro se volvió una décima de segundo en una máscara de horror, para luego recuperar el aspecto tranquilo e indiferente normal... normal cuando trataba de ocultar algo.

-¿Qué ocurre, Edward?- me extrañé.

-Nada... ¿no estás cansada de leer ese libro? ¡Lo debes haber releido más de un millón de veces!- dijo, haciéndose el indiferente.

-A diferencia de otros, yo no tengo memoria fotográfica. Además, yo no tengo un grave problema con los clásicos.- clavé mi mirada burlona en sus ojos, pero el color topacio no compartía la risa conmigo.

Eso me sorprendió. Siempre que comentaba cosas como aquellas solía reírse, o al menos esbozar una sonrisa torcida.

-En serio, ¿qué ocurre?- repetí, repentinamente preocupada.

-Nada, Bella... realmente estás paranoica.- bromeó.

Su tono de voz resultaba vacío, la broma no dio un suave eco a su voz como normalmente hacía. Solo había dos razones por las que podía ocurrir aquello. La primera, que ya había ocurrido alguna vez, era que me estuviera mintiendo. La segunda, que solo había ocurrido una vez pero era desoladora y dolorosa, era que se dispusiera a decirme las palabras más dolorosas que había oído en mi vida.

"-Bella, nos vamos. ... No te convengo, Bella. ... Mi mundo no es para ti. ... Bella, no quiero que me acompañes.

-¿Tú... no... me quieres?

-No. ... Me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano. ... No me convienes, Bella. ... No te preocupes. Eres humana y tu memoria es un auténtico colador. A vosotros, el tiempo os cura todas las heridas. ... No te molestaremos más."

Un escalofrío me atravesó y me encogí. Edward me observó, asustado.

-¿Estás bien?- se acercó a mí rápidamente y me abrazó.

-Vas a volver a dejarme.- tartamudeé, tratando de contener los sollozos.

-¿Qué? No, ¡claro que no, Bella! ¿Qué te hace pensar eso?- se asustó, sus ojos se llenaron de dolor por mi desconfianza.

-Tu actitud.- le espeté.

Corrí, sin que pudiera detenerme, hacia nuestra habitación. Pero antes de dar un paso dentro me quedé helada. Un montón de hojas arrancadas estaban amontonadas unas sobre otras. Me acerqué. Pude ver las cubiertas casi irreconocibles de mi ejemplar de Cumbres Borrascosas y... lo que quedaba de él. Edward se puso a mi lado.

-Ooops.- musitó, poniendo cara de bueno.

Y entonces me di cuenta. No me iba a dejar. No se iba a ir. Solo había roto mi libro favorito y se sentía culpable. Y estaba adorable con aquella cara de 'Oops! I did it again!'.

-Yo... puedo explicarlo. Estaba peleando en broma con Emmett y me arreó con un libro del curso pasado del instituto, aquel de historia tan grueso. Y fue lo primero que encontré. Juro que no me di cuenta.- explicó rápidamente.- Lo siento, lo siento.- se disculpó.

E hice... lo que menos esperábamos tanto él como yo de mí. Me reí.

-No me vas a dejar.- me di cuenta, encantada.

-Claro que no.- prometió.- Nunca.