Capítulo 10
El auto se movía a una velocidad moderada y el paisaje pasaba ante mi vista de manera clara, aunque sinceramente la carretera se me estaba haciendo infinita, y eso me tranquilizaba y frustraba a partes iguales.
Mis emociones descontroladas se arremolinaban en ese pequeño espacio que estaba a punto de ahogarme, algo ilógico para alguien que no tiene la necesidad de respirar, pero es que ahora me sentía ahogada entre mis nervios y el miedo. Si tenía miedo. Por fin había llegado el momento de probar mi estabilidad ante los humanos y eso provocaba un miedo que crecía en mi pecho y se expandía a cada parte de mi cuerpo, paralizándome cada extremidad.
En mi mente se creaban las imágenes más terroríficas; me veía a mí sin poder controlarme y acabar con la vida de personas inocentes, haciendo toda una masacre en la ciudad, llenando mi boca de sangre y tiñendo mis ojos de rojo, tan rojo con los tenía antes. Claro que eso nunca pasaría ya que mi familia estaría conmigo y no permitirían que esa catástrofe se llevara a cabo. Pero el miedo no se iba ante esa cuestión.
Mi mente muy aparte de crear imágenes horribles se dedicaba a repetir una y otra vez lo que pasó hace dos semanas con Edward. Me llenaba de dolor recordar el momento justo donde mi petrificado corazón pareció tener vida, mis labios hormiguearon ante la proximidad de esos labios delgados y en mi pecho nació un cálido sentimiento de felicidad. Pero todo eso se esfumó como la espuma en el mar, se acabó como la última nota que deja salir el piano y baila en el aire hasta perderse. Perdí una oportunidad que deseaba, pero no pedí, no se la pedí.
Aun podía recordar el preciso momento donde nuestros labios se rozaban, realmente sentí que ese era el orden correcto de las cosas, que cada cosa en mi mundo tomaba su lugar, que su mundo tomaba lugar a mi lado, ya no había cabida para nadie más, solo él y yo. Pero él se detuvo, sus ojos se abrieron sorprendidos ante lo que estaba a punto de hacer, y su mirada me dio a entender que Isabella Swan había hecho su aparición, adueñándose de su mente y tal vez de un corazón que yo quería tener.
Las ganas de llorar se apoderaron de mí en ese momento, las ganas de acabar con todo lo que me rodeaba y decirle lo que sentía no se hicieron esperar, quería golpearlo y gritarle que lo quería y pedirle que me quisiera también. Él me ofreció una disculpa, eso fue lo peor, eso no era lo que yo necesitaba, así que detuve lo que pudo ser el monologo más patético de la historia.
Me fui a la playa deseando con desesperación olvidar todo, pero como si el destino se empeñara a demostrarme que enamorarme de él fue un pecado mortal, a lo lejos escuché su voz diciendo que amaba a Bella y mis sentimientos provocaron que una ola chocara con las rocas produciendo un sonido ensordecedor.
Nada pude hacer para que eso no me quemara por dentro, para que eso no destruyera la débil barrera que creé alrededor de mí ante la mención de Edward y Bella en la misma frase. De nada sirvió porque aun así se derrumbó mi coraza, se quebró como si la hubiera construido de cristal. La noche llegó y Emmett tuvo que ir por mí alegando que Esme y Carlisle me esperaban, eso fue todo lo que necesitaba para levantarme, ellos dos eran los únicos a los que no quería preocupar. Eran mi familia.
Ahora de camino a la ciudad siento la mano de mi madre sosteniendo mi mano, ella sonríe dulcemente y trató de devolverle el mismo gesto.
—Estoy bien —respondí a su muda pregunta.
Ella se giró a observar a mi padre y ambos se sonrieron.
Atrás del auto venían mis hermanos, Emmett y Rose en el Jeep, Alice y Jasper en el Porsche y el ultimo en esta caravana era Edward en su Volvo.
Mi padre poco a poco fue minorando la velocidad cuando entramos a la ciudad. A mi nariz llegó el aroma de cada humano, pero no era tan penetrante ya que las ventanas estaban arriba, aun así, sentí mi garganta muy calmada, la sensación de sed no apareció y quizá se debiera a que acababa de llegar de cazar.
Traté de respirar profundamente, pero hasta ahora era fácil soportarlo, todo se decidiría en el momento que yo pusiera un pie fuera del auto. Llegamos a lo que parecía ser un centro comercial, por la ventanilla pude ver a las personas caminando de un lado para otro, algunas entrando o saliendo del gran edificio.
No sabía en qué momento me había quedado tan metida en mi pensamiento que no me di cuenta de que la puerta estaba abierta y mi padre me extendía su mano para que la tomara.
—Tranquila todo estará bien —dijo él al ver mis nervios. Suspiré y armándome de valor tomé su mano.
Nada más al salir todos los sonidos llegaron a mí, sentí la necesidad de taparme los oídos ante tanto alboroto, pero reprimí esas ganas. Era lo normal, tenía que repetirme, yo era en apariencia una humana más.
—Respira —escuché decir a mi madre ya que ella notÓ que no tenía intenciones de hacerlo.
Respiré lentamente, los aromas que desprendía cada persona en el lugar provocaron un ardor en lo profundo de mi garganta, pero definitivamente era soportable, no tenía sed de ninguno de esos humanos.
—Lo ves, no es tan difícil —sonreí ante las palabras de Rose que sin darme cuenta había llegado a mi lado junto con todos los chicos.
Volví a respirar, pero esta vez llego un aroma en verdad desagradable.
—¿Qué es ese olor? —pregunte tapándome la nariz.
—Comida humana —Jasper contestó con una sonrisa ladeada.
—Es asqueroso —escuché decir a Emmett.
—Bueno, nosotros ya deberíamos estar acostumbrados —todos giramos a ver a Alice que sonreía divertida— En la escuela tenemos que fingir que comemos.
—¿Tienen que fingir? —ellos asintieron y no pude evitar una risa.
—Tú también tendrás que fingir —esta vez el que habló fue Edward y lo hacía con una sonrisa divertida. Y a mí se me acabó la diversión.
—¿Por qué? —pregunté sin entender.
—También iras a la escuela —contestó mi padre sonriendo.
No es que no quisiera ir a la escuela, porque la verdad es que me emocionaba la idea de estudiar algo, pero me perturbaba la idea de que estando en la escuela sentada en un aula con quince o veinte humanos a mi alrededor y yo perdiera el control. Sentí a Jasper enviándome oleadas de tranquilidad y le sonreí agradecida, me gustaba la sensación de su don, aunque a la mayoría le parecía frustrante de que los tuviera que controlar.
—De acuerdo —fue todo lo que dije ante las últimas palabras.
—Pero ¿Qué esperamos? Es el momento de las compras.
Alice jalándonos de las manos a Rose y a mí, inició el recorrido por todo el centro.
Alice me hizo entrar a cada tienda que se le ponía en el camino, aunque yo trataba de seguirla también procuraba no alejarme del resto de la familia. Por suerte ningún aroma a sangre era lo suficientemente atrayente para hacerme perder el control, es más, esta salida lo encontraba hasta relajante después de haber pasado meses encerrada en un bosque como una ermitaña. Fueron siete largos meses.
Alice y Rose me daban hablaban sobre que ropa comprar, pero siempre negaba ante sus opiniones.
—¿Acaso no te gusta? —preguntó Alice entre triste y molesta, una combinación realmente rara en su pequeño rostro, mientras sostenía un par de blusas.
—No. Me encanta… pero es que…
Me sentía avergonzada de decirlo, estos últimos meses yo tenía ropa que Rose, Esme o Alice me regalaban o yo sacaba del armario del ático donde se guardaba la ropa más bonita que las chicas ya no querían. Pero ahora estar en un centro comercial y ellas insistiendo para que escogiera algo me puse a pensar que no tengo dinero para comprarla.
—¿Qué sucede? —preguntó Emmett abrazando a Rose.
—Allison no quiere comprar —dijo Alice con un puchero y abrazando a Jasper.
—Yo… —suspiré resignada— No tengo dinero para comprarla —les dije, pero para ellos quizás fue un chiste porque empezaron a reír con fuerza. Me crucé de brazos molesta— ¿Me pueden decir cuál es el chiste? —ellos dejaron de reír, pero las sonrisas no desaparecieron de sus rostros.
—No te preocupes, yo pago —habló Edward llegando a mi lado.
—Claro que no —dije sin voltear a verlo y cruzándome de brazos.
Después de lo que pasó aquella tarde en el bosque, intentamos por todas las formas que nuestra relación no se perjudicara, pero era muy obvio la tensión que se sentía cuando estábamos los dos, tensión que por todos los medios tratábamos de disimular ante la familia, excluyendo a Jasper, a él no se le podía ocultar ninguna emoción.
—No seas terca… —suspiró él sacando una tarjeta de su cartera.
—No habrá necesidad de eso —dijo Esme posando una mano sobre la de Edward.
—Aquí tienes —dijo mi padre extendiendo una tarjeta negra delante de mis ojos— Esta es tu tarjeta —un chiflido de Emmett no se hizo esperar.
-—¡Oh, no! —me alejé de esa tarjeta como si estuviera en llamas— Ya no puedo, no debo aceptarlo.
Es que acaso no se daban cuenta de que esto me incomodaba. Desde que desperté aquel día ellos me ofrecieron una vida, unos padres, hermanos y un lugar al que puedo llamar hogar. Y ahora aparece mi padre con una tarjeta en la mano diciendo que era mía, era más de lo que estaría dispuesta a recibir, era demasiado lo ofrecían.
—Claro que puedes —alegó y se acercó a mí. Pasó un brazo por mis hombros y me atrajo ligeramente hacia él— Cada uno de tus hermanos cuenta con su propia tarjeta, sería algo ilógico que tu no tuvieras la tuya.
—Pero…
Vi a mis hermanos y todos tenían cara de que esa era la más pura verdad.
—Tómala- dijo mi padre. Lo observé y él tenía una sonrisa brillante, y así como decían que yo podía convencerlo de casi todo, él podía hacer exactamente lo mismo conmigo.
—De acuerdo —tomé la tarjeta de manera resignada.
—Ahora cómprate lo que quieras —iba a negar con la cabeza hasta que Alice gritó.
—¡De eso me encargo yo!
Y jalándome nuevamente de la mano, me llevó a que me probara todo tipo de ropa.
…
El cielo dejaba ver unas cuantas estrellas que podía apreciar perfectamente por la ventanilla del auto. Después de cinco horas de tienda en tienda probando todo lo que Alice sugería y lo que yo decidía comprar pudimos, regresar a casa. En el Jeep de Emmett se encontraban todas las bolsas de las compras, que no eran pocas a mi consternación.
Llegamos a la casa, los chicos me ayudaron a llevar las bolsas a mi habitación y Alice se pusó a supervisar donde iría cada cosa y sacaba las prendas que según ella ya no me servirían. La dejé hacer sin protestar y de vez en cuando rescataba una que otra blusa que realmente me gustaba y habían sido de ellas. Después de que todo estuviera en su lugar, con una Alice muy satisfecha, bajé a la sala donde vi a Emmett sentado delante del televisor jugando un videojuego.
Me senté a su lado y me uní en una partida.
—Nunca creí que un vampiro pudiera cansarse —murmuré y lo escuché reír.
—Alice siempre lo consigue cuando vamos de compras —me reí por su comentario.
Emmett se cansó de jugar y se fue con Rose a su cabaña, Alice y Jasper hicieron los mismo. Eso era realmente incomodo, pero comprensible, me gustaba que cada vez que volvían parecían destilar más amor del con que se fueron. Me quedé sola en casa con mis padres y Edward. Quería darle su espacio a Esme y Carlisle, así que decidí pasear un rato por el bosque. Pero con lo que no contaba era que Edward me siguiera.
—No sé porque te escondes —dije sin voltear.
—Yo no me escondo —escuché su aterciopelada voz y me giré para verlo.
—No caminas a mi lado y llevas siguiéndome desde que salí de la casa —dije con una sonrisa.
Si él no podía amarme me conformaría con que siguiéramos siendo amigos, que nuestra relación fuera como antes. Era mejor eso a nada.
—Disculpa, pero creí que no deseabas mi compañía —alegó y bajó el rostro. Puedo ver que esto era tan mortificante para él como lo era para mí.
—No hay nada que disculpar, y tu compañía siempre me ha agradado.
Me senté entre las raíces de un árbol y le pedí que hiciera lo mismo.
—Lo hiciste muy bien esta tarde —murmuró.
A causa de la luz de la luna pude ver la sonrisa que me dedicaba.
—Gracias, la verdad no es tan difícil, aunque no te lo niego, sentí un pequeño ardor en la garganta.
—Pero no te descontrolaste, me sorprendes —contestó.
Le sonreí y seguí viendo las estrellas, en verdad trataba de que esto no se volviera incomodo, pero la incomodidad nos invadió como el manto oscuro de la noche.
—Allison —su murmullo cargado de seriedad provocó que me pusiera tensa.
—¿Qué pasa? —una pregunta realmente estúpida porque ya sabía de qué quería hablar.
—En verdad lamento lo que pasó la otra tarde.
Me dolieron sus palabras y quería mandarlo al demonio por eso, él lamentaba lo que estuvo a punto de pasar, ¿tan malo sería besarme? Quería preguntar. Para mí fue casi un sueño cumplido.
—En verdad, Edward, no quiero escucharte.
Llámenme cobarde, pero yo sabía que sus palabras me iban a herir y por eso no quería escucharlas.
—Sé que cometí un error, pero no quiero perderte.
Su voz fue suave llena de sinceridad y angustia ante mi reacción de rechazo hacia él. Como podía pensar que yo lo alejaría de mí cuando él era lo más importante del universo.
—No me alejare.
"Y no me perderás porque yo te pertenezco" quería agregar, pero como hacerlo si el amor del vampiro que esta acostado a mi lado, aquel chico que sonríe ante mis palabras de no alejarme, ha elegido a la humana, humana a la que sin conocerla le tengo envidia porque ella tiene en sus manos el corazón del chico que amaba.
Gracias por los comentarios del capítulo anterior.
Luz de Luna: Sí, apenas se estaban poniendo románticos pero ya sabes, a veces los chicos son un tantito ciegos y no se dan cuenta de lo que tienen en sus narices.
Paz: ya sé, pobrecita Allison, pero esta chica es fuerte y no se dejara vencer.
Lyz: gracias por tu comentario, espero saber de ti en los próximos capítulos.
