Capítulo 10
Tranquilidad en el secuestro, mientras Harley que había dormido lo que le correspondía veía a quien fuera su compañero dormir. Pensamientos, confusiones, locura se apoderaban de ella. Las palabras de Ivi resonaban en su interior, ella no era psiquiatra pero odiaba la relación que el Joker tenía con ella, y su mister J la odiaba sobremanera. Bien había aprendido a pelear muy bien, y ciertamente ella y Joker habían tenido ciertos enfrentamientos de golpes, patadas y puños en los que a pesar de no haber un ganador, siempre ella salía bien librada, o huía. Curiosamente a pesar de todo, esta vez el no la había golpeado para nada. A pesar de que en sus discusiones pudo golpearle, no lo ha hecho. ¿Qué le estaba pasando a su Mister J?
Entonces comenzó hacer algo que deseaba desde antes. Aprovechando el sueño del hombre decidió revisar sus cosas. Los mapas, sus planes, los papeles que tanto estudiaba en su escritorio, y al acercarse al escritorio trató de abrir el cajón con los documentos. El mueble hizo un sonido seco usual cuando algo tiene llave.
-¿Otra vez portándote mal querida?- señaló El Joker desde la cama
-Tenía que intentarlo- se justifica ella sin miedo
-¿Intentar qué?- se acomoda en la cama adolorido
-Saber qué es lo que planeas. Dice ella calmada. ¿Porqué me secuestraste?, ¿porqué no has intentado matarme aún?
Un silencio se sembró en la cara del Joker quien suspiro en silencio mientras la miraba y sonreía.
-¿y si no hay razón?- responde él
-Tú siempre tienes una razón
El entonces se levanta mostrando que ya estaba más fuerte, se acerca a ella y la besa de manera profunda. Le toca su espalda y baja de manera juguetona su mano hacia su cintura baja acariciándola y apretándola hacía sí. Harley solo se dejaba llevar, sin ninguna resistencia hacia él. Tras separarse ella lo mira y le manifiesta.
-No vas a decírmelo ¿verdad?
-Te prometo que te lo diré luego- comenta él de manera baja mirándola a los ojos dispuesto a besarla de nuevo.
Fue entonces que comenzó una especie de fantasía y de dulce romance. Un licuado cerebral para Harley, un olvido de lo que le enseñaron en el manicomio, un instante sagrado donde sintió que el amor la invadía.
Más tarde música comenzó a sonar. El Joker gustaba de la música vieja norteamericana, el tango, el Jazz y también el Blus, ella estaba cocinando la cena (pues luego de que el Joker se intoxicara no iba a dejar que el se acercara a la cocina), el se acerca por detrás le besa la espalda y le toca el trasero mientras ella sonreía.
-Vamos a bailar Harley
Tomó sus manos entre las suyas y después de acercarlas a su corazón la llevó hacia el centro de la habitación, puso su mano en su cintura y comenzó a bailar con ella de manera elegante, loca y delirante. Solían hacer eso mucho cuando él en sus momentos más románticos la invitaba, bailaban por horas, ellos dos solos, bajo la luz de la luna y las bombas de humo sobre los edificios abandonados esperando que nadie, ni siquiera Batman los viera en ese ritual de amor. Era su momento sacro, su instante predilecto, su ritual de apareamiento, como las aves en el aire danzan, ellos dos también lo hacían.
Con pasos lentos y movimientos exactos. Acercamientos coquetos y dulces olores, bailaron entre melodía y melodía, olvidando la cena, olvidando todo. Momentos sagrados en los que Harley sentía que él si la quería, a pesar de todo, los golpes, los insultos, las bromas, los abandonos y los corazones rotos.. y la muerte.
Bailaron y bailaron… hasta terminar en la cama, acariciándose el uno al otro al ritmo de las melodías. Ciertamente era inevitable, era un momento preciado, entre rosas, colores y locura, los pensamientos erráticos y obsesivos se hacían invisibles en esos momentos, donde ni siquiera el deseo de matar a Batman se interponía.
Y así siguieron por días. Encerrados en ese sitio pequeño, los dos solos como animales en celo que se acercaban y murmuraban cosas al oído. Reían, y bromeaban, utilizaban las pinturas faciales y otros juguetes de broma como parte del ritual romántico, todo ciertamente tenía que tener algo de gracia. Sus juegos nocturnos eran acompañados de otros juguetes, de fantasías, de delirios como aquella de la moto. Cuando ella veía motos Harley Davison en la calle y recordaba al Joker, no era porqué él realmente tuviera uno de esos vehículos. La moto era ella, y él la montaba dentro de sus fantasías. Vaya alegoría erótica, un sin sentido contante, una confusión delirante.
Y cada vez que ella dormía, tras los momentos más puro de encuentro corporal, el se sentaba en su escritorio, reía, escribía y se mostraba de muy buen humor. Como si las ideas le cayeran a raudales, como si todo fuera perfecto.
Y al mismo tiempo, Harley perdía un poco más de su cordura, aquella que le habían entregado nuevamente en Arkham y que ahora ella enredaba. Comenzó de nuevo hablar como una niña de papá, hacer chistes tontos, a actuar como maniaca, a lanzarse encima de él en búsqueda de atención..
Harley Quinn había regresado. Ya no le interesaba salir de ahí, solo quería complacer a su hombre.
Pero las cosas tenían que tener algún fin, y el Joker lo sabía.
Tras una noche de amor, y mientras estaban abrazados en la cama, él la miro con dulzura y la llevo hacia si con un dejo de melancolía.
-Es hora de salir de aquí
-¿cómo Puddin?
-Es hora que te vistas con tu ropa normal, vamos a ducharnos y luego nos iremos.
Ella no sabía que pensar. Pero como niña buena le hizo caso. Se bañaron juntos y mientras el agua de la ducha les limpiaba, el acerco el rostro de su amante al agua, lo alejó y él le comenzó a quitar la pintura facial con un algodón que tenía un desmaquillante especial. Harley tuvo la impresión de que mientras hacía eso, los ojos del Joker se humedecieron, y no exactamente por el baño.
La llevó hacia sí, y se alejó. Salió de la ducha primero dejándola a ella sola, y cuando ella salió del baño él estaba perfectamente vestido y peinado. Se había puesto su mejor traje y hasta había usado su mejor perfume, y en el centro del salón había una silla.
Harley se vistió con su ropa normal, dejando de ser Harley Quinn y pasando a ser Harleen Quinzel. El hombre vestido de morado, le tomó la mano de manera delicada, y invitó a sentarse en esa silla que en la mitad del cuarto solitaria estaba.
Una vez ella se hubo sentado lo miró a los ojos y le dijo con sentimiento.
-¿porqué siento que te estás despidiendo de mí?
El se acercó a ella como un torbellino y le besó los labios con raudal pasión. Mientras ella sentía que por otro lado algo la perforaba la piel. Cuando él se alejó se dio cuenta que era algo que le había inyectado.
La jeringa yacía vacía en sus manos, y ella comenzó a sentirse torpe y altamente vulnerable. La droga estaba haciendo efecto.
El con cuidado le puso un par de esposas, y una cadena entre sus piernas, que le permitieran caminar pero no correr, adicionalmente una cita especial en la boca para que no pudiera hablar.
Y fue en ese momento que ella, sentada y confundida lo miró, mientras él de manera elegante solo le dijo.
-Creo que es hora de responder tus preguntas mi cielo..
Notas de la Autora:
Interesante ¿verdad?, un capítulo muy libidinoso y especial. Pero el próximo promete ser mejor.
Gracias a Alma y Karito por sus reviews, es bueno saber que leen.
He escrito una historia de parodia humoristica, Gotham´s Villains Radio, me encantaria la leyeran. Hay un proyecto más serio que seguro les encantara, pero ese se dará cuando finalice este fic.
Abrazos a todos, y gracias por sus comentarios. Desde este capítulo, la historia se tornará cada vez más interesante. No olviden ponerme un review. Gracias.
