Disclaimer: Los personajes de la saga Twilight no me pertenecen.

.


oOo

Boston, 20 años en el pasado.

Bella

Fijé la mirada en una de las esquinas de la pizarra y la dejé allí, divagando durante las dos horas que duró la clase, solo moviéndome cuando el profesor anunció que ya podíamos irnos.

Me levanté lentamente y con la misma lentitud junté mis cosas. Varias personas, más apuradas que yo, me chocaron para poder salir antes, pero no les presté atención; me colgué la vieja mochila de Charlie al hombro y fui hacia el escritorio del profesor por mi ensayo.

—Buen trabajo, Isabella— me sonrió el señor Morris al entregarme mi nota, y aunque había obtenido una respetable B+ la verdad no pude compartir su entusiasmo. Era como si no pudiera volver a sentir ningún tipo de alegría desde que Edward se había ido, casi dos años atrás.

Muchos creerán que superar una ruptura es relativamente fácil, que el tiempo todo lo cura y que no merece tanta tristeza, y a veces es cierto, ¿pero cómo reaccionas cuando el que creías que era tu destino cambia tan abruptamente? Desde que Edward se fue yo apenas era poco más que una autómata. Me movía, asistía a la universidad, al trabajo y comía casi por inercia. Ya nada me emocionaba, ya nada parecía tener sentido. Y la terapia había ayudado en algo, pero esa sensación de vacío, de sentir que me habían arrebatado mi verdadera felicidad me seguía como un pesado yugo a todas partes.

No solo era que Edward me hubiera dejado, sino que sentía que mi razón entera de vivir se había ido con él. Y esa sensación aún no mejoraba. Quizá nunca lo haría.

《¿Has intentado salir con otras personas?》

De repente, aquella pregunta de mi terapeuta volvió a mi mente justo cuando estaba saliendo al campus, y sin pensarlo mi mirada se posó sobre varios compañeros que corrían bajo el agua nieve, después sobre otros chicos de la universidad, todos tan normales como yo, haciendo cosas normales como yo, y por un momento me sentí decepcionada de mi propia vida, pensando que sería igual hasta mi muerte. Y entonces me di cuenta de que salir con otra persona supondría aceptar que así sería para siempre; pero descubrí que no era eso lo que realmente me preocupaba, sino aceptar que Edward ya no volvería.

Aún lo amaba, y como una tonta todavía lo esperaba. No importaba el tiempo, ni la distancia. Él era mi mundo, la única persona con la que me sentía completa, y ya no estaba; me había abandonado para que envejeciera mientras él seguiría siendo inmortal por toda la eternidad. Edward había tomado la decisión por mí, y ahora ya no me quedaba nada más que intentar seguir sin él. Y lo intentaba, pero era muy difícil.

¿Cómo podría vivir en un mundo al que no entendía y que no me entendía a mí?

— ¿Bella?

Parpadeé sobresaltada, limpiando una lágrima que inconscientemente había soltado, y levanté la vista, frunciendo el ceño con sorpresa.

— ¿Mike?— respondí, poniéndome la capucha de mi chaqueta para bajar los escalones que me separaban de mi antiguo compañero de instituto. Y Mike Newton me sonrió de inmediato, quitándose unas gotas de agua nieve del cabello rubio con una mano, con las mejillas sonrosadas debido al frío, y sosteniendo unos libros con su mano libre— ¿Qué haces aquí?

— ¡Estudio aquí!— amplió su sonrisa; parecía feliz de verme, y eso me hizo sentir incómoda, porque era la misma cara que siempre ponía cuando nos veíamos en Forks— Gané una beca, ¿lo olvidaste?— no respondí, porque realmente no lo recordaba, pero eso no pareció importarle— Eh... Por cierto, estoy en el edificio de Administración, ¿y tú?

—Literatura— respondí, algo apenada al recordar que durante nuestro último año de escuela había perdido todo contacto con él y el resto de nuestros compañeros, y eso me hizo pensar en algo— ¿Y qué tal Jessica? ¿Y los demás?

—Jessica está en Nueva York. Quería ser actriz o algo así, ¿no lo recuerdas? Se pasó todo el último año diciendo que...— Mike calló de repente, y en su mirada pude ver que estaba pensando en lo mismo que yo instantes atrás. Y me sentí aún más incómoda.

Era extraño estar frente a él después de todo lo que había pasado luego de nuestra primer cita fallida, y de haberlo ignorado por un año entero, pasando de toda la humanidad como si viviera en un mundo diferente. Solo entonces me di cuenta de que había sido muy estúpido de mi parte, y eso hizo que sintiera mucha más vergüenza.

—Bueno, yo...— balbuceé, esbozando una sonrisa incómoda— Fue bueno volver a verte... Adiós— dije, prácticamente huyendo de él con la cabeza gacha y las mejillas rojas de pena.

— ¡Eh, Bella!— me detuve, aliviada de que alguien al fin me llamara Bella y no Isabella. Me di la vuelta y Mike me sonrió otra vez, de nuevo pasándose una mano por el cabello— ¿Tal vez podría invitarte a tomar un café un día de estos?— preguntó, tomándome completamente por sorpresa, algo que sin duda no pude ocultar, porque él de inmediato cambió su sonrisa por un gesto incómodo— Descuida— se apresuró a decir, empezando a retroceder de espaldas, volviendo a sonreír con incomodidad— Solo era... Mejor olvídalo. Te veré por ahí— dijo, despidiéndose con una mano antes de darse la vuelta para irse. Y yo hice lo mismo, pero ni siquiera había dado un paso cuando, sin pensarlo, voltee otra vez.

—Me gustaría un chocolate caliente ahora— dije, o mejor dicho casi grité, sorprendiéndome de mis propias palabras, pero no tanto como Mike, que volteó el rostro tan rápidamente que por poco resbaló, haciéndome sonreír, lo que fue muy extraño.

Nadie me había hecho sonreír desde hacía mucho tiempo, y no esperaba que fuera justamente Mike Newton quien lo lograra.

— ¿De verdad? ¡Estupendo!— sonrió, acercándose una vez más, con más confianza, empezando a caminar a mi lado. Y al estar cerca de él me sentí más normal de lo que me había sentido en mucho tiempo, pero, por alguna razón, esa idea, en ese instante, ya no me pareció tan horrible.

oOo


.

Capítulo 9

Fuerte

.


oOO

Salí poco a poco de la confusa bruma que nublaba mis sueños, tratando de recordar las imágenes borrosas de árboles volando por los aires, gente con piel como mármol viviente y ojos rojos y letales mirándome. Y por un segundo todas esas imágenes de mi cabeza se vieron como una mala película sin sentido, como esas que Ben siempre miraba los sábados por la noche en vez de invitar a alguna chica a salir, así que me deshice de esos pensamientos e intenté darme la vuelta para levantarme, pero por reflejo tuve que sostenerme de lo primero que encontré a mano, abriendo los ojos de golpe al darme cuenta de que estaba sosteniéndome de algo peludo y húmedo que me hacía cosquillas en el rostro; entonces un molesto olor a perro mojado inundó mi nariz. Fue entonces cuando, tras soltar un grito de sorpresa, me di cuenta de que estaba sosteniéndome del húmedo pelaje de un enorme animal que en ése instante detuvo su marcha, helándome la sangre.

Mi mente volvió a ser un caos en ése instante, pero aun así logré tener la coherencia suficiente para pensar que estaba echado sobre un caballo, pero su enorme y extraña cabeza (de la que me estaba sosteniendo) más bien parecía la de un perro. Y entonces al fin recordé, una vez más y como si hubiera estado en una película, todo lo sucedido esa tarde. Las palabras del doctor Cullen, Luke, el ataque... Todo volvió a mi mente con perfecta y aterradora claridad. Y eso, por un momento, me llenó de temor, sobre todo cuando el animal se sacudió. Yo me sostuve con más fuerza de aquel pelaje oscuro por reflejo, y un par de gotas heladas me cayeron en la cara. Cerré los ojos un momento, y al volver a abrirlos me di cuenta de que estábamos en medio de un claro, dónde la lluvia caía sin clemencia sobre nosotros y la luna lo iluminaba todo con una claridad casi irreal a pesar de que todavía estaba oscuro; quizá sería cerca de la medianoche, por lo que deduje que no había pasado tanto tiempo desde que caí inconsciente, ya que a lo lejos un fuerte ruido parecido a un trueno sobresaltó, pero yo supe de inmediato que se trataba de eso.

Y de repente el animal se movió otra vez, inclinándose hacia adelante, señal que interpreté como una orden para que me bajara de su lomo, y así lo hice, quizá porque seguía demasiado asustado, y me paralicé por completo cuando estuve frente a frente a la enorme y majestuosa criatura que me había llevado todo éste tiempo. Era una especie de perro gigante, de ojos y pelaje oscuro. Nunca había visto animal más grande y maravilloso que fuera a la vez tan feroz e intimidante, tal vez por eso mi corazón se detuvo cuando sus voraces ojos negros me miraron, sin saber si me atacaría con esos enormes colmillos o no. No obstante, el perro en ningún momento intentó lastimarme; sólo me miró, casi pegando su nariz a mi rostro, y olfateando tan fuerte que sentí el cálido aire de su hocico moviendo mi cabello mientras me golpeaba en el rostro.

Y yo, incapaz de hacer nada más, seguí paralizado a pesar de que quería correr, porque las piernas no me respondían, y cada vez se me hacía más dificultoso respirar debido a la tensión. Entonces el animal gruñó con sus terribles y enormes dientes y se alejó un paso, como si tomara impulso. Y cuando pensé que iba a morderme, cuando vi la que sería mi posible muerte otra vez frente a mis ojos, el perro empezó a sacudirse de forma violenta pero como si estuviera disfrutándolo, lanzando el agua de su pelaje hacia todas partes, incluida mi cara.

—¡Ya, basta! —me quejé, tratando de protegerme los ojos con las manos mientras él se detenía, soltando un sonido similar a un jadeo. Después volví a mirarlo, molesto, escurriéndome el resto del agua y pelos de la cara con una mano. Fue algo asqueroso, pero a la vez hizo que me diera cuenta de que esa cosa, fuera lo que fuera, no iba a hacerme daño. Eso ayudó a que me calmara y me entretuviera un momento al tratar de sacar el agua de mi ropa. Mientras tanto vi como el perro daba un par de vueltas en su lugar y se sentaba sobre sus patas traseras, mirándome igual que Sebastian, el perro de casa, aunque, si me ponía a analizarlo, se parecía más bien a un enorme lobo, con la mandíbula cuadrada y las orejas en punta. Era muy extraño, así que, ahora con más confianza, volví a mirarlo fijamente, y de pronto sus enormes ojos negros me transmitieron una extraña sensación de familiaridad y seguridad. Obviamente no era una criatura normal, pero, lejos de causarme repulsión como los Cullen y sus amigos, su presencia, al instante, me produjo una extraña curiosidad. Y, sin pensar muy bien en lo que hacía, pero con algo de inseguridad, estiré mi mano hacia él, y la criatura se sobresaltó, retrocediendo un poco y sobresaltándome a mí también, pero no me moví. Entonces el lobo me olfateó nuevamente, y esperando unos segundos se acercó él mismo, posando su cabeza bajo mi palma y moviéndose para iniciar el contacto, permitiéndome tocar su nariz y entrar en confianza, logrando que me relajara brevemente. Fue algo curioso, como si ya nos conociéramos de antes y supiera que podía confiar en esa cosa, fuera lo que fuera. Como una conexión inmediata, casi como si estuviera en familia.

—¿Qué eres? —murmuré, tan maravillado como confundido por aquella sensación. El lobo entonces volvió a mirarme, y después, de la nada, se quitó mi mano de encima y usó su hocico para hacerme dar la vuelta y empezar a empujarme hacia el otro lado del bosque, sorprendiéndome —¿Qué...? —intenté resistirme, pero estaba claramente en desventaja, así que no pude hacer mucho —¡Está bien! ¡Ya entendí! —exclamé, dándome la vuelta completamente y caminando un par de metros entre los árboles, escuchándolo moverse entre los árboles a mis espaldas. Entonces hubo un gruñido extraño, escuché como si algo se rasgara violentamente y después de unos cuantos minutos oí los pasos de alguien moviéndose sobre la hierba mojada. Me di vuelta casi al instante, sin ver nada al principio por más de que forzaba mi vista. Pero después de unos minutos al fin vi una sombra acercándose. Era una figura alta y fornida, y al principio me asusté, e intenté escapar de nuevo, sin embargo, cuando la luz de luna alcanzó su rostro moreno y me dejó ver la sonrisa de su rostro, me quedé ahí, mirándolo con pasmo.

—Que bueno que traje ropa hasta aquí —dijo, con una voz potente y profunda que me resultó extremadamente conocida.

Su piel era morena, y él era extremadamente alto y fuerte, incluso más que yo. Y aunque había algo violento en su apariencia musculosa y grande, otra vez sentí esa calma de saber que estaba a salvo, y esa familiaridad que me había llevado a sentirlo. Yo conocía a ése joven, lo sabía, pero al mismo tiempo sabía que era imposible que fueran la misma persona. Aun así, sin poder contenerme, pues nada más podía sorprenderme ése día, di un paso hacia él y lo enfrenté.

—¿Tío Jake? — exclamé, angustiado, confundido, feliz. Mi mente era un cúmulo de sensaciones confusas y contradictorias. No sabía qué era exactamente lo que sentía; sólo sabía que conocía a ése hombre, y que era Jake, una de las pocas personas que de verdad me agradaban de Forks. Tenía que ser él; era completamente idéntico a mi tío Jake.

—Has crecido, Charlie —me dijo, sonriendo mientras terminaba de acercarse. Entonces pude ver sus facciones con más claridad, pero al hacerlo me sacudí violentamente, dando un tembloroso paso hacia atrás.

—Tú no eres mi tío —dije, desconfiado. Y era cierto. Viendo su rostro de cerca me di cuenta de lo joven que era, tal vez de mi edad o apenas unos años más, pero ciertamente no era tan viejo como debía ser mi tío Jake.

El desconocido frunció el ceño ante mi reacción y me miró.

—Escucha, sé que todo esto es muy confuso para ti ahora, pero déjame...

—¡Aléjate de mí! —exclamé cuando intentó acercarse un poco más, y entonces él se detuvo, poniendo las manos delante de su cuerpo en son de paz.

—Charlie, soy yo —me dijo, manteniendo la calma, a diferencia de mí —. Soy tu tío Jacob... Jacob Black, de Forks...

—No... No puedes... ¡No te me acerques! —advertí, levantando los puños para defenderme, pero el extraño seguía mostrándose calmado.

—Recuerda cuando fuiste a la Reserva a visitarme con tus padres; tenías siete años. —comenzó a decir, manteniendo la distancia, dándome mi espacio —Te perdiste en el camino lindero al río y todos te buscamos hasta que yo te encontré casi en la noche, escondido en una cueva —relató, sorprendiéndome con esa información, tanto que había empezado a bajar los puños —Estabas llorando porque habías roto la brújula de plata de tu abuelo Charlie, y no querías regresar a casa porque tenías miedo de que él se enfadara y no te llevara a pescar al día siguiente. Entonces te dije...

"No está rota, sólo que no sabes como usarla" —dijimos al mismo tiempo. Jacob sonrió. Y entonces recordé el momento; el pánico porque estaba seguro de que mi abuelo Charlie no me perdonaría. Pero, sobre todo, recordé los cálidos ojos y la tranquilizadora sonrisa de mi tío. Y estaba mirando a esos mismos ojos y a esa misma sonrisa en ése momento.

—Esa noche acampamos en el jardín de mi casa, y te enseñé cómo usar una brújula para que pudieras impresionar a tu abuelo. Y mientras pescabas tu pie se enredó en el sedal, y se te cayó un diente; y me lo obsequiaste, porque dijiste que el hada de los dientes era pura mierda fantaseosa.

—Eres el tío Jake —murmuré ya sin dudas, mirándolo con sorpresa —¡¿Pero qué demonios pasó contigo?! —alcé la voz, sin poder evitar fruncir el ceño— Eres tan...joven.

El tío Jake ladeó el rostro con algo de incomodidad y soltó una risita nerviosa.

—Bueno...Normalmente te daría una explicación larga y certera acerca de mi historia y cómo te involucra, pero asumo que como ya sabes parte de la verdad no será necesario, y no tenemos tiempo así que...—Jake tomó aire y suspiró, relajando sus enormes y anchos hombros.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste? —insistí, y mi tío bufó.

—Es una historia muy larga, Charlie, y muy loca. Créeme... Bella me hizo jurarle hasta el cansancio que ni tú ni tus hermanos sabrían nunca sobre mi condición, pero esto que pasó lo cambió todo. Te diré todo lo que quieras, responderé a todas tus preguntas en su momento, pero ahora tenemos que irnos. Tus padres y tus hermanos...

Reaccioné con brusquedad al recordar a mi familia, parándome muy derecho debido al pánico.

—¿Ellos están...? —balbuceé, temeroso —¡Oh, Dios! ¡Mis hermanos!

—Están bien —dijo Jacob de inmediato, intentando calmarme con un gesto —Victoria no fue por ellos, y no tienen idea. No te preocupes. No necesitarán saberlo si haces todo lo que te diga —anunció, y yo asentí, relajándome al saber que al menos Ben y Bree estarían bien, a salvo y lejos de toda esa locura —Bien, sé que los Cullen ya te pusieron al tanto de, bueno, 'casi' todo éste asunto los vampiros y Victoria, ¿verdad?

—Victoria —repetí con temor —Ella es...Es un... Y los Cullen; ellos...—fruncí el ceño, reparando en un detalle que ahora me parecía importante —Victoria atacó a los Cullen. ¿Por qué lo hizo si son...la misma cosa?

—Porque Edward y su familia te estaban protegiendo— me dijo Jacob, sorprendiéndome —Digamos que esos vampiros que los atacaron no son muy amigos suyos —informó —Y además son mucho más peligrosos que ellos.

—¿Por qué?

—¿Por qué qué?

—¿Por qué los Cullen me protegieron?

—Por tu madre —me dijo, encogiéndose de hombros —Pero todo se salió de control. Eran demasiados neófitos...

—¿Neófitos?

—Son vampiros recién transformados; impulsivos, sedientos y más fuertes que los vampiros ordinarios; al menos por un tiempo. Y están siendo controlados por una loca que hará cualquier cosa por dañar a tu madre —gruñó, y entonces me di cuenta de que todo lo que Rosalie había dicho era cierto. Todo encajaba, por muy loco que todavía sonara, con lo que los Cullen me habían dicho.

Nos quedamos callados por varios minutos en los que podía seguir escuchando aquel sonido de truenos.

Me di cuenta de que el tío Jake evitaba mirarme a la cara, así que de inmediato supe que me ocultaba algo, pero estaba demasiado agotado física y mentalmente como para indagar en ese asunto. Y suspiré, dejándome caer sobre el suelo mojado.

—¿Estás bien? —preguntó, y yo bufé.

—Hoy quisieron matarme más veces de las que puedo recordar. Mi auto debe estar destruido al fondo de un barranco, acabo de enterarme de que los vampiros existen y que mi madre fue amante de uno de ellos, mi mejor amigo me mintió y ahora estoy en medio de un tenebroso bosque, ¡claro que no estoy bien! ¡¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?! —exclamé, sujetándome la cabeza con las manos.

Jake me dio espacio por unos minutos, lo que de verdad me ayudó a calmarme un poco, aunque no literalmente, porque mi mente seguía siendo un hervidero de pensamientos perturbadores y recuerdos de todo por lo que acababa de pasar. Y entonces me abrecé a mis rodillas, y por primera vez en mucho tiempo sentí verdaderas ganas de llorar como cuando era pequeño y tenía pesadillas sobre monstruos de ojos rojos que me perseguían por el bosque. Era tan aterradoramente parecido a lo que acababa de pasarme que solo hacía que me sintiera más confundido.

—Charlie...— sentí la cálida mano de Jake en mi hombro, y reaccioné apartándome de su tacto como si me quemara —Si quieres, podemos regresar a tu casa ahora y...

—Sólo quiero que todo vuelva a ser como antes— musité entre dientes, cruzando los tobillos —No quiero saber nada de todo esto.

—Pero lo sabes. Ya eres parte de esto.

—Nunca pedí ser parte de nada.

—Pero lo eres, Charlie. —refutó Jake —Incluso antes de saberlo. Y sé lo difícil que es que tu vida cambie así sin más de la noche a la mañana, pero está hecho, y no hay nada que puedas hacer para volver el tiempo atrás —dijo, hablándome de una forma extraña, con la voz algo estremecida, así que me permití, por un segundo, relajarme y tratar de ser amable con él. Pero en ese momento recordé otro detalle, y volví a mirar a Jacob con suspicacia.

—Tú —musité de repente, sintiendo que todo encajaba en mi mente ahora, el porqué Jake parecía tan tranquilo, porqué sabía el secreto de los Cullen, y sobre todo porqué, a pesar de los años, seguía viéndose tan joven como un adolescente. Y todo me llevó a solo una respuesta posible—...eres uno de ellos— afirmé, moviéndome con desconfianza.

Jake, por su parte, sonrió de lado con nostalgia.

—No. No soy un vampiro. Soy un hombre lobo. Me sale pelo por todo el cuerpo, me convierto en lobo y todo eso. Es una habilidad que tiene la gente desciende de los espíritus ancestrales —se encogió de hombros, y por más que lo que me decía era ridículo no dudé ni por un momento de que era la verdad; y entonces me di cuenta de otra cosa.

—Eras tú —discurrí, frunciendo el ceño con seguridad —Tú eres el lobo que me trajo hasta aquí. Por eso estás aquí, por eso me hiciste darme la vuelta. Pero eras un perro, y de repente volviste a ser humano, pero entonces...—empecé a balbucear cosas que ni yo mismo entendía, tal vez porque a esas alturas ya estaba de verdad histérico; pero Jacob no perdió la calma en ningún momento.

—No lo pienses demasiado —aconsejó después de unos minutos, interrumpiendo mi perorata sin sentido —Los monstruos existen, pero los habemos buenos.

Fruncí el ceño al escuchar la misma palabra en la que estaba pensando: monstruos. Sin embargo, aunque él fuera un hombre lobo o el hijo de Drácula, tuve la impresión de que nunca podría pensar en el tío Jake como un monstruo.

—Por eso no envejeciste —pensé en voz alta. Ahora muchas cosas tenían sentido, dentro de lo extraño que eran, claro —¿Y Bella...?

—Ella lo sabe desde hace mucho tiempo —me dijo Jake, dejándose caer a mi lado con un suspiro —Y siempre guardó mi secreto, igual que el de los Cullen.

Yo asentí a toda esa catarata de nueva información sin escuchar realmente. Y de nuevo guardé silencio por varios minutos, y otra vez el tío Jake me dio espacio. Era un sujeto agradable, y pronto descubrí que nada de lo que pudiera decirme acerca de él podría hacerme cambiar de opinión.

De repente una brisa helada congeló mi rostro, y un par de gotas me cayeron en la nariz, haciéndome temblar de frío y reaccionar al mismo tiempo.

—Entonces...—miré hacia la densidad del oscuro bosque y entorné la mirada. Otro trueno se escuchó, aunque claro, de nuevo no podía saber si realmente se trataba del clima o de la lucha de esos monstruos, neófitos o lo que fueran —No es un sueño. Esto realmente pasó —murmuré, abstraído. Una parte de mí todavía se resistía a aceptarlo, pero la otra ya no podía negarlo —Lo que los Cullen dijeron...—dije con cautela. De inmediato sentí la mirada curiosa de Jacob sobre mí —Es cierto, ¿verdad? Tú lo sabes. Lo de mi madre y...

Jacob me miró de reojo.

—¿Y el chupasangre? — yo asentí, y él suspiró —No sé qué te dijeron, pero sí es cierto que ellos tuvieron algo cuando tu madre era una adolescente. Nada muy especial, pero...

—¿Ella lo dejó?

—Más bien fue al revés. Él la dejó. Quería que ella tuviera una vida normal o algo así —bufé ante lo ridículo que me sonó eso, y Jacob rió —¡Hey! Pero no le fue tan mal. Contra todo pronóstico, Bella se casó con tu padre y los dos formaron una hermosa familia, y te tuvo a ti y a tus hermanos.

—¿Por qué yo? —pregunté, regresando al tema de Victoria —Si ella odia a Edward Cullen y a Isabella, ¿por qué no los asesina a ellos y asunto resuelto?

—Victoria no quiere matarlos; sólo quiere herirlos donde más les duele; en el caso de tu mamá, en su familia, y en el caso de Cullen en tu madre.

No pude contener una risita irónica mientras la lluvia empezaba a caer más lentamente, transformándose en una simple llovizna, mientras las palabras de Rosalie volvían a mi mente; según ella, Isabella se había casado con mi padre para confundir a esa mujer, como dijo la hermana de Edward, con su "olor". Esa mujer no quería a mi padre, o al menos, según Rosalie, esa no había sido la razón por la que se había casado con él. ¿A qué costo había construido esa vida "normal" de la que el tío Jake hablaba? Pasando incluso por sobre los sentimientos de mi padre; mi pobre e inocente padre, que la amaba más que a nadie. ¿Cuántas vidas había arruinado mi madre?

Suspiré, sintiendo una ira asesina invadirme, pero de repente un fuerte estruendo que hizo temblar la tierra me asustó, alertando también a Jacob.

—Descuida —dijo al ver mi turbación, intentando calmarme —. Estamos a salvo aquí. Ninguno de esos fenómenos se atreverá a buscarte en éste bosque.

Asentí con desgano y mantuve mis rodillas dobladas, pensando en todo y en nada. Ya no quería recordar, quería olvidar todo lo que había visto y oído en esas últimas horas, pero mi mente se negaba a hacerlo. Y el frío no ayudaba. No me sentía particularmente afectado, pero mis músculos empezaban a entumecerse, aunque eso no hizo que me moviera, porque seguía pensando, dándome cuenta de que algo importante se me había pasado.

—¿Y qué pasará con mi familia? ¿Con mi padre y mis hermanos? —pregunté, alarmado por la idea de que Victoria fuera por ellos; sin embargo, Jacob parecía muy tranquilo al respecto.

—Tu familia y tú están a salvo... Hay más como yo cuidando tu casa para que nadie se acerque, y cazadores ayudándolos. Todos estarán bien.

—¿Cazadores? —repetí, recordando otro punto importante de mi conversación con Luke y los Cullen. En ese momento Jacob se levantó para estirarse y me miró de reojo, prestándome atención —Escuché decir... Luke, mi amigo, dijo que yo era un cazador... Un neonato... ¿Qué quiere decir eso? —pregunté, de verdad curioso. No obstante, el tío Jake frunció el ceño como si no entendiera, y apretó los labios con sorpresa.

—Bueno, un cazador neonato es... más o menos lo mismo que un neófito, supongo —se encogió de hombros —En realidad no estoy muy seguro, porque nunca había conocido a uno personalmente. No suele haber muchos de ellos en la costa oeste.

—¿Entonces soy un fenómeno también? —solté con rabia y confusión, pero Jacob no me hizo caso.

—No eres un fenómeno, Charlie. El mundo es simplemente más grande de lo que creías. Ya habrá tiempo para explicaciones, pero es hora de volver —anunció, extendiéndome una mano.

— ¿Adónde?

—A tu casa, ¿dónde más? —dijo, y entonces me levanté de un salto, alejándome un paso.

—No voy a regresar ahí —no podía creer que esas palabras salieran de mis labios, pero de pronto verdaderamente no me sentí capaz de regresar a casa y fingir que nada había pasado.

Jacob me miró, abriendo los ojos para parpadear varias veces, sorprendido.

—Debemos regresar a tu casa. Bella está...

—¡Al diablo con ella! ¡No voy a volver! —exclamé, y en arranque sin sentido de furia corrí hacia el bosque, y entonces, de la nada, un enorme lobo negro se me atravesó, enseñando sus grandes y temibles dientes. Yo me detuve, cayendo al suelo mojado por las prisas, sin poder moverme ni un ápice.

—¡Wow! —Jacob se interpuso entre los dos con las manos en alto —El chico no va a escapar, vuelvan a sus lugares —pidió, en tono simpático. El lobo le enseñó los dientes una vez y después, igual que un perro amaestrado, pareció calmarse. Después me dirigió otra rápida mirada, y tras eso volvió a meterse entre los árboles, perdiéndose en la espesura del bosque.

Yo suspiré entonces, y Jacob rió, nervioso.

—Ignora eso —me dijo, extendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.

Ya ni siquiera me molesté en hacer más preguntas. Deshaciéndome de la mano que Jake puso sobre mi hombro, caminamos en silencio un par de metros, hasta que empezamos a ver las luces de la urbanización como a una milla de distancia. Mi casa era la del final de la calle principal; me sorprendió notar que todas las luces estaban prendidas a esas horas, pero más ver que había una patrulla con las luces encendidas en la acera. Deduje que mis padres o Ben habían reportado mi desaparición a la policía, y aunque las luces rojas y azules de la patrulla me instaban a darme prisa, me detuve una vez más y me senté sobre la hierba mojada, produciendo un acuoso sonido de chapoteo. Jacob me miró y otra vez se dejó caer a mi lado, soltando un largo suspiro. Su cuerpo era tan grande y pesado que hizo volar varias gotas que me salpicaron el rostro y se metieron en mis ojos, haciéndome fruncir el ceño.

Nos quedamos en silencio por un par de minutos, mientras la lluvia seguía cayendo sobre nuestras cabezas.

A lo lejos se oyó un estruendoso trueno, y casi pude sentir como el suelo tembló de nuevo por unos instantes.

—No puedes huir para siempre —dijo él con simpleza.

—Lo sé —respondí con enfado, aunque sabía que era cierto.

—Todos deben estar muy preocupados por ti. En especial tus padres. Estaban realmente alterados cuando los dejé.

No respondí nada. En realidad no tenía ganas de hacerlo.

—Vamos. No dejemos que la policía se involucre en esto —Jake se paró nuevamente, y cuando yo iba a imitarlo me detuvo —Por cierto, será mejor que inventes una buena historia.

—¿Historia?

—Tu coche estaba destrozado en un barranco; de seguro ya lo vieron, y les parecerá muy extraño que estés prácticamente sin ningún rasguño... Lo que me recuerda —Jacob quitó las vendas de mi cabeza de un tirón, casi haciéndome daño —Diles que te asaltaron, te golpearon y te dejaron abandonado en el bosque o algo así. No he tenido tiempo de planear nada mejor —se encogió de hombros —Y recuerda: nadie más debe saber de mí o los Cullen, Charlie. Ninguno de tus hermanos, mucho menos tu padre. Debes prometerlo.

—¿Y piensas que alguien me creería? —le solté, irónico, y seguí caminando, pero el tío Jake no me siguió —Está bien. Lo prometo —acepté al fin, y avancé un poco más hasta que al fin salimos de la espesura del bosque, y de repente ya estábamos en la entrada de mi casa, y mis pies dejaron de responderme. Me quedé allí durante unos segundos, observando la madera roja como un tonto hasta que Jacob me sujetó por el cuello, abrió la puerta y me empujó dentro. Yo lo miré con odio, pero ese sentimiento desapareció apenas vi a mi familia reunida, todos a salvo, esperándome. Entonces la angustia volvió a consumirme, pero aun así las mentiras brotaron solas de mi boca, con tanta facilidad que me hizo sentir más parecido que nunca a Isabella.

oOo

Apenas las preguntas se terminaron subí lo más rápido que pude a mi habitación; prendí el estéreo y me dediqué a contemplar todo lo que me rodeaba.

De repente estaba allí, en medio de la que había sido mi lugar toda mi vida, el mismo que yo había decorado a mi gusto, con mis pósters, todos mis trofeos y medallas, mis libros, los viejos vinilos y CD's que solía coleccionar con el abuelo Charlie... Era toda una vida expresada en cosas materiales, cosas que había conseguido con orgullo, que me había ganado y que eran parte de mí... Sin embargo, ahora todo a mi alrededor parecía estar hablando de otra persona. Era como si de la noche a la mañana hubiera dejado de ser ese Charlie cuya esencia estaba impregnada en cada rincón de esa habitación y me hubiera convertido en alguien completamente diferente; en un desconocido.

En menos de 24 horas mi mundo había cambiado por completo; yo había cambiado por completo.

—Charlie...

Me sobresalté cuando noté que ya no estaba tan solo como había creído. En algún momento de mi introspección Isabella había entrado a mi habitación, y se había quedado junto a la puerta, observándome en silencio hasta que creyó oportuno hablar. Y su voz fue como un catalizador para todo ese enojo violento que parecía que hacía décadas estaba acumulando; aun así traté de ser tan pasivo como me fuera posible.

—Por favor, vete —no era una petición, tampoco una orden, sino una advertencia. No obstante, Isabella no se movió de su lugar.

—Hijo, escucha...

—¡Lárgate! —esa vez sí fue una orden, pero ella siguió sin amedrentarse —No quiero hablar contigo, ¿no entiendes? ¡Vete! ¡Sal de aquí!

—Charlie, por favor, déjame...

—¿Dejarte qué? ¿Explicarme? ¿Para qué? ¡¿Para que me digas más mentiras?! —la increpé con brusquedad. Bella se hizo chiquita ante mi violenta cercanía, pero aun así no retrocedió.

—Alice me dijo que lo que los Cullen te dijeron, hijo, pero ahora quiero que escuches mi versión de la historia. Charlie, por favor...

—¡Charlie, Charlie, Charlie! ¡Estoy harto de escucharte! ¡¿Qué demonios quieres decirme?! ¡¿Que nunca amaste a mi padre?! ¡¿Que lo usaste para escapar de esa otra desquiciada?! ¡¿O acaso vas a contarme con lujo de detalle cómo te convertiste en la zorra de Edward Cu-?! —la última palabra no pude completarla porque la mano de Isabella chocando contra mi mejilla me dejó sin palabras.

Ella, rápidamente dándose cuenta de lo que había hecho, se llevó ambas manos a la boca, abriéndola con horror.

Nunca, ni aún cuando le faltaba el respeto de la peor forma, mi madre me había abofeteado.

—¡Charlie, lo siento tanto! —exclamó de inmediato, tratando de correr hacia mí, pero la detuve sin siquiera permitirle acercarse.

—No me toques —le dije, sujetando sus muñecas para impedir que lo hiciera. Ella entonces retrocedió, abrazándose a sí misma con una fragilidad que no la había visto demostrar antes. Casi no parecía mi madre.

—Yo sólo quería protegerte —dijo, con la voz quebrada, soltando un par de lágrimas silenciosas que hicieron que algo se retorciera dentro de mí. Jamás la había visto tan triste y expuesta, tan rota, y me sentí culpable, y odié sentir eso, y la odié mucho más a ella por provocarlo.

—Pues no te funcionó muy bien —espeté, irónico pero aun así tratando de apaciguar el sonido de mi voz. Todavía no olvidaba que papá y Ben también estaban en la casa.

—Charlie, por favor...—insistió mi madre, pero no la dejé terminar:

—Solo te diré que si algo le pasa a mi familia por tu culpa...—no terminé mi amenaza, no pude, porque a pesar de todo, del odio y la rabia, esa mujer seguía siendo mi madre, la persona que me había dado la vida y me había cuidado por dieciocho años; y a pesar de todo, a pesar de mi furia, a pesar de que ella y yo nunca nos habíamos entendido realmente y de que no la entendía entonces, yo la amaba, porque era mi madre, y nunca hubiera podido hacerle daño —Ya vete, Isabella —susurré. En esos momentos no la quería acerca, y aunque al fin había conseguido una razón para odiarla descubrí que no podía hacerlo. Pero tampoco podía fingir que nada había pasado —Déjame solo. Sólo...vete —pedí, dándole la espalda para recostarme en mi cama y fingir que dormía para ya no tener que escucharla. Y de reojo vi como mi madre bajó la cabeza y tan silenciosa como había llegado se fue. Entonces solté un suspiro y me permití cerrar los ojos, rindiéndome al agotamiento mental que me asolaba; y ni siquiera habían pasado cinco minutos cuando volví a sentir la presencia de alguien dentro de mi habitación.

—Te dije que te fueras, ¿que no entien...? —gruñí, pero al no obtener respuesta abrí los ojos y me incorporé, sorprendido y alerta —¿Qué haces aquí? —pregunté cuando Rosalie Cullen cerró la ventana y se dio vuelta hacia mí, sacudiéndose el rubio y largo cabello con suma elegancia.

Ella se paró muy erguida y echó un rápido vistazo a su alrededor, levantando las cejas, como si estuviera reconociendo el lugar. Después soltó un suspiro y se acercó, sin dejar de mirar a sus lados.

—Me enviaron a cuidar que no digas nada estúpido —bufó —El perro dijo que dijiste que te habían robado.

—¿Perro?

—Jacob. Asumo que ya sabes de su...condición.

"Condición", pensé, riéndome sin ganas, pero ella me ignoró, caminando directamente hacia el estante donde solía poner mis trofeos y recuerdos.

Rosalie se dio la vuelta, haciendo resonar sus tacones mientras pasaba sus dedos muertos sobre mis trofeos más recientes, y luego se dedicó a revisar mis libros, ignorándome.

— ¡Jorge el curioso! ¡No puedo creer que todavía lo tengas!— exclamó, sacando el viejo y gastado libro que papá me leí todas las noches cuando tenía seis años.

— ¡Deja de revisar mis cosas!— ordené, obviando el hecho de que Rosalie parecía tener información demasiado exacta sobre mí. Sin embargo, todavía sin hacerme caso ella siguió 'investigando', dedicándose a ver las fotografías que colgaban a un lado de los estantes, sin sacar las manos de los bolsillos de su chaqueta de punto.

—Tantos recuerdos...— suspiró.

—¿De qué? —fruncí el ceño con intriga, y Rosalie volvió a voltear, pero cuando creí que al fin respondería me arrojó algo a la cara— ¡Demonios! ¡¿Qué te pasa?!

—Eso es tuyo— dijo, para después seguir mirando mi habitación. Yo abrí los ojos y me agaché para recuperar la cadena donde colgaba esa garra que Luke me había obsequiado. Me sorprendió descubrir que ella la tenía, así que por instinto me llevé una mano al cuello, dándome cuenta por primera vez de que me faltaba. Entonces recordé que me la había quitado para defenderme de los Cullen, pero no recordaba qué había sucedido con ella después de todo lo que había pasado, aunque en ése momento tampoco me importó mucho.

—Oh. Gracias— dije, calmándome un poco. No que quisiera ser amable con Rosalie, pero me sentía de verdad agradecido. Y ella me miró fijamente, haciéndome sentir incómodo hasta que me di cuenta de que no era a mí a quien observaba, sino a algo detrás mío.

— ¿Ése es el señor Igby?— la escuché decir, y pasando por mi lado sacó un viejo y gastado oso de felpa que estaba escondido tras mi trofeo de football de secundaria, sujetándolo con sus pulgares.

—¡Dame eso! — me apresuré a quitárselo, completamente abochornado, pero Rosalie se abrazó a él con fuerza, negándose a dármelo.

—Es lindo— dijo, dándose la vuelta con el oso todavía entre las manos mientras tomaba una fotografía de un estante; era de cuando era niño y jugaba béisbol. Contempló mi imagen y, a pesar de que estaba de espaldas a mí, creí ver que pasaba una mano sobre ella, aunque no le di importancia. Segundo después volvió a dejar el portaretratos en la repisa se fue directamente a sentarse sobre mi cama para mirarme, con las piernas cruzadas, apestándola toda con su olor a azufre—, pero ¿por qué conservas un juguete para niños?

Solté un bufido y me quité la camiseta. No era la primera vez que me desnudaba frente a una mujer, así que la presencia de Rosalie no me importó, como a ella no pareció importarle que me desvistiera ahí mismo.

—Es especial para mí— contesté, dándole la espalda para quitarme los pantalones; aun así podía sentir su mirada fija en mí, como si esperara que dijera más.

—¿Por qué? ¿Quién te lo dio?

La miré de reojo, tirando mis prendas mojadas al cesto de ropa sucia.

Sin duda no me gustaba tener a Rosalie allí, dentro de mi casa, tan cerca mío, pero estaba siendo tan malditamente amable que aunque siguiera sin agradarme se sentía inapropiado seguir siendo grosero con ella.

—No sé de dónde vino— admití, porque era cierto— Supongo que mi padre o mi abuela Karen me lo dieron, pero ha estado conmigo desde que recuerdo. ¿Podrías...?— hice un gesto con la mano y Rosalie me devolvió el oso, el cual dejé sobre mi escritorio.

— ¿Sabes? Creo que la persona que te lo dio lo hizo porque te amaba —dijo de pronto, desconcertándome.

—Solo es un tonto juguete. ¿Por qué te interesa tanto?

Rosalie parpadeó, y después desvió la mirada. Se levantó y dio otros tres pasos por la habitación, dirigiéndose hacia la ventana, la cual abrió.

—Tu madre te ama, Charlie— me soltó de repente, mientras se acomodaba para salir— Es solo que ser padre a veces no es sencillo. No deberías ser tan duro con ella.

—¿Y a ti qué te importa? —le espeté, volviendo a ser grosero— Y de cualquier forma, en tu casa parecías odiarla, ¿por qué te entrometes?

—No la odio. Sólo... Es complicado —Rosalie suspiró, o al menos se vio como si lo hubiera hecho, y después empezó a salir por la ventana, deteniéndose un momento una vez más—. Quizá, algún día, entenderás que los lazos de amor son más fuertes que cualquier cosa— dijo, dejando mi habitación, y cuando se fue me sentí extraño. Triste, vacío. Solo.

Moví la cabeza para deshacerme de esos pensamientos, y con muchas cosas todavía en la mente me tiré en la cama.

Ése pútrido olor a azufre, una noche más, seguía tan cerca...

oOo

A la mañana siguiente la lluvia no había cesado, así como el temor que me embargaba.

Me pasé todo el día solo en mi habitación; no bajé ni siquiera para comer, aunque de hacerlo no hubiera podido probar un bocado. Todavía tenía un nudo en la garganta que apenas dejaba que ingiriera un poco de agua para no morir deshidratado. Solo hacia la tarde Ben pasó a ver cómo estaba, y me llevó un vinilo de Aerosmith que él y su amigo habían comprado en una tienda de antigüedades del pueblo para hacerme un presente, pero tuve que mentirle diciendo que estaba demasiado cansado para hablar para que se fuera. Lo último que quería era meter a mis hermanos en toda aquella locura, por eso cuando Bree llegó de casa de su amiga ni siquiera le abrí la puerta.

El tío Jake había salido, Luke no respondía a mis llamadas, los Cullen ya no habían aparecido, y no tenía idea de si la tal Victoria me seguía buscando. Y con cada minuto que pasaba, mi paranoia aumentaba, a tal punto de que empecé a caminar de un lado a otro, como un león enjaulado, mirando por la ventana mientras sostenía mi viejo bate de béisbol firmado por Derek Jeter con ambas manos. No obstante, cuando el atardecer empezaba a asomarse era tal el agotamiento mental que me agobiaba que empecé a quedarme dormido; y estaba a punto de ceder al cansancio, pero, apenas escuché mi ventana deslizándose tomé mi bate y me levanté de un salto.

— ¡Wow! ¡Soy yo!— exclamó Luke, alzando las manos para impedir que lo golpeara. Entonces bajé mi bate y suspiré, dejándome caer sobre la cama, relajándome por un segundo antes de recordar que Luke era otro de los que por años me había mentido.

—¿Qué haces aquí? —pregunté con brusquedad.

—Tenemos una charla pendiente, ¿recuerdas?— Luke se encogió de hombros, como un niño.

— ¿Por qué demonios no atendiste mis llamadas, imbécil?

—Estaba algo ocupado, ¿sabes?— respondió mi amigo, frunciendo el ceño— Oh, y mi celular debe estar hecho pedazos en algún lugar del bosque, ¡perdóname la vida!

—Eres un idiota— gruñí. Seguía molesto, pero lo cierto es que me aliviaba ver que mi amigo estaba vivo.

—Aunque sí pasé anoche— siguió Luke, ignorando mi introspección— Pero estabas dormido, así que me fui. Oh, y vi a Edward Cullen.

— ¿Y?

—Estaba en la habitación de Ben— añadió mi amigo. Yo lo miré con mala cara, aunque más que molesto estaba confundido.

— ¿Qué podría querer ése idiota con alguien como Ben?

Luke se encogió de hombros mientras cerraba la ventana con mucho cuidado de no hacer ruido, secándose unas gotas de agua del cabello, pues otra vez estaba lloviendo.

—No sé. Pero tú y yo sabemos que Ben no es exactamente como nosotros. Quizá él y Cullen son... amigos.

—Cierra la boca— lo interrumpí, molesto— ¿Qué quieres? Creí que te había dicho que me dejes solo.

—Sí, me lo dijiste— respondió, perezoso, mientras se sentaba en mi escritorio, girando la silla un par de veces, igual que siempre— Pero después de todo lo que ha pasado necesitamos hablar.

— ¿De qué?

—Ah, no sé. Tal vez de vampiros que quieren asesinarte. O tal vez del clima. Tú eliges— me dijo, cerrando los ojos como si descansara.

—¡Oye, levántate!

— ¡¿Qué?! Estoy muy cansado— susurró, sentándose sobre mis mantas mientras se pasaba una mano por el cuello— Ya. Se supone que no tenías que saber nada de esto hasta dentro de algunos meses más, pero Victoria aceleró las cosas, así que...— suspiró— Por cierto, ya los eliminamos a casi todos, y los lobos están cazando a Victoria. Tu familia estará a salvo.

Asentí, sosteniéndome la cabeza con ambas manos, para después pasarlas por mi cara y deshacerme de cualquier rastro de sueño, tomando asiento frente a mi amigo.

―¿Eres uno de ellos? —fue lo primero que se ocurrió preguntar— ¿Eres un― hice una pausa; aún sonaba ridículo decir aquello en voz alta―...vampiro? ¡Dios Bendito! ¡Sigue sonando tan estúpido!

― ¿Qué? ¡Claro que no!― exclamó Luke, como si lo hubiera ofendido.

― ¡No mientas, imbécil! ¡Tus ojos son iguales a los de ése estúpido...!― lo miré fijamente, y la luz de la lámpara que alumbraba su rostro me permitió, por un instante, volver a ver sus ojos con claridad. Eran verdes, el mismo verde de siempre― ¿Qué hiciste?

—¿Con qué?

—Con tus ojos. Ayer eran como los de ellos— señalé, y él frunció el ceño un momento, riendo después.

—Ah, eso. Eso pasa cuando estamos cerca de un vampiro. Es bastante normal.

—Pero en la escuela nunca...

—Lentillas— respondió, encogiéndose de hombros— Son molestas, pero evitan preguntas.

—¿A quién?

—A nosotros, los cazadores— contestó con naturalidad, y yo parpadeé al oír esa palabra nuevamente.

—¿Cazadores?

—Bueno. Es...algo largo de explicar, sobre todo porque no aún no estás listo y los demás no pudieron venir. Pero empecemos por el principio...— suspiró, recargando los codos sobre sus rodillas, como si estuviera eligiendo las palabras que usaría a continuación cuidadosamente.

— ¿Y cuál es el principio?— pregunté, atento a lo que tuviera que decirme. Y Luke me miró de reojo, suspirando profundamente.

—Bueno, nadie lo sabe exactamente, pero se dice que los primeros cazadores aparecieron junto al primer clan rumano de vampiros.

—¿Te refieres a Drácula?

—Sé que te estás burlando, pero por increíble que suene hay algo de verdad tras esa historia— informó, parándose de un salto— Verás, la leyenda dice que Dios creo al vampiro para castigar al conde Vlad Tepesh, condenándolo a alimentarse de la sangre de otros seres vivos por toda la eternidad, blablablá. Y cuando se dio cuenta de su error, entonces nació el primer cazador, que en la cultura popular es conocido como Abraham Van Helsing.

—¿Es en serio?— solté con ironía, pero Luke levantó un dedo para silenciarme.

—Que no te sorprenda. Las leyendas usualmente se basan en hechos reales, adornados para entretener. Con los vampiros, los hombres lobo y los cazadores pasa algo parecido. En la literatura, la televisión, internet. Las fuentes son ilimitadas, pero muy pocos conocen la verdad realmente, y muy pocos creen que existe gente como los Cullen, tú y yo.

—Yo no soy ningún fenómeno— me apresuré a decir, ganándome una mirada molesta de parte de Luke.

—No somos fenómenos. Al menos la mayoría— dijo, riendo de su propio chiste— Los cazadores somos humanos extraordinarios, con las mismas habilidades que los vampiros, pero sin sus debilidades. Por ejemplo, no necesitamos beber sangre y podemos estar bajo el sol sin que nuestra piel brille como una bola de discoteca.

—Los vampiros no hacen eso.

—Ah, ya lo verás. Es extraño. Pero en fin, deja de interrumpirme. ¿En qué estaba...? Ah, sí. En realidad, aún hoy nadie puede establecer de dónde venimos, o hace cuánto tiempo existimos. Lo único que sabemos es que un cazador puede venir de cualquier raza, etnia, religión, sexo o lugar del mundo, en cualquier época. También nos llaman Dhampiros, ya que antiguamente alguien creó el rumor de que éramos híbridos, hijos de vampiros y humanas, y que debíamos consumir sangre humana para vivir igual que ellos, pero no es así. Somos humanos con habilidades especiales; nuestra fuerza y velocidad iguala a la de un vampiro, y no envejecemos como el resto, sino que nuestra vida debe prolongarse lo más posible para que no se pierda el equilibrio. ¿Qué edad crees que tengo?

—Pues tienes la misma edad que yo, ¿no?

Luke soltó una discreta carcajada.

—Charlie, he tenido dieciocho años mucho más tiempo del que puedo recordar. Incluso no estoy seguro de cuál es mi verdadera edad. Tuve una niñez un poco...complicada. Pero a lo que íbamos; nuestro reloj biológico se detiene exactamente a la séptima luna nueva de nuestro décimo octavo cumpleaños, y es cuando nos hacemos fuertes y empieza nuestra preparación... Tú ya vas por la cuarta luna, es por eso que te has sentido más fuerte en estos días, y por eso has empezado a desconfiar de los Cullen. Los cazadores tenemos la inefable habilidad de oler o presentir a un vampiro a kilómetros de distancia, por eso los Cullen no te agradaban, aunque no sabías porqué. Dime, ¿acaso no sentías un ligero olor a azufre, hierro o podredumbre cada vez que estaban cerca?

—Es cierto— razoné; Luke asintió— ¿Por qué me huelen así?

—Por la ponzoña que corre por sus venas. Los humanos con sangre cálida huelen dulce, por eso son tan atractivos para ellos; los vampiros no tienen sangre, por eso podemos oler su verdadera naturaleza, pero ellos no nos huelen ni nos sienten a nosotros. Es la principal ventaja que tenemos sobre ellos, además de otras que te explicaré luego.

Asentí, sin saber muy bien cómo reaccionar.

—Eso quiere decir que... ¿Eres inmortal?

—No exactamente— Luke echó un vistazo por la ventana y después se giró de nuevo hacia mí, cruzando los brazos—. No envejecemos, nuestra piel es impenetrable como la de un vampiro, y sanamos con rapidez extrema, pero podemos morir a manos de uno de ellos, como ellos pueden hacerlo en las nuestras. Es por eso que es tan importante para ti que aprendas a defenderte, porque si hay algo a lo que los vampiros odian más que a un hombre lobo es a un cazador, y si uno tienen la oportunidad acabará contigo y con todos los cazadores que pueda. Ya sabes, menos de nosotros significa más libertad para ellos. Somos los únicos que se enfrentan a ellos. Además de los hombres lobo, pero ellos defienden solo su territorio y a su gente. No se meten con el vampiro a menos que éste se meta primero con ellos. Nosotros matamos a todos los bastardos que podemos encontrar, lo que nos convierte en un peligro.

—¿Y los Cullen? ¿Por qué no los mataste a ellos?

Luke suspiró.

—Los Cullen son un caso aparte. Los cazadores matamos vampiros porque ellos matan personas, pero hay algunos, como los Cullen, que optan por una dieta...vegetariana. Es decir, se alimentan de sangre animal en vez de humana. No hacen daño, por eso, hace casi un siglo, se creó el pacto que dicta que no nos meteremos con ellos, siempre y cuando no se alimenten de humanos vivos; los dejamos vivir entre nosotros bajo una estricta vigilancia y a cambio ellos nos ocultan y advierten de los clanes que ponen precio a nuestras cabezas. Pero no nos fiamos de ellos, y estamos listos para hacerlos desaparecer en cuanto den un paso en falso.

—Edward me sacó de mi coche cuando caí al río— recordé, sin poder evitarlo—; no tenía que hacerlo, pero me salvó la vida

—Lo sé. Y esa es la razón por la que su familia chupasangre sigue respirando. En sentido figurado, porque están muertos— Luke volvió a reír solo, levantando una mano para que le diera cinco, pero ni siquiera fingí que le seguía el juego, así que volvió a guardarla— Emm... Como te decía, los cazadores no abundamos, así que nos protegemos entre nosotros con este tipo de alianzas. Existen vampiros con un poco de decencia, como los Cullen, pero también hay otros clanes que ponen precio a nuestras cabezas, como los Volturi.

—¿Molturi? ¿Qué demonios es eso?

—Te explico luego. ¿Tienes algo para beber? Me muero de sed.

—No. Continúa.

Luke frunció el ceño, pero acabó por encogerse de hombros.

—Bueno. No hay mucho más. Cuando supimos de ti vinimos hasta Ipswich para protegerte hasta tu ascensión, pero no nos esperábamos toparnos con los Cullen ni con una guerra de vampiros. ¡Sí que estás lleno de sorpresas, Newton!

—¿Y por qué yo? —disparé, haciendo la misma pregunta que desde horas antes no había dejado de rondar mi mente.

—¿Por qué tú qué?

— ¿Por qué me eligieron a mí? Soy una persona normal. No tengo nada que ver con...pues con ustedes. Deberían haberme preguntado antes si yo quería formar parte de esto.

—¿Qué no oyes? Nosotros no te elegimos, Charlie —anunció mi amigo, más serio de lo que lo había visto nunca—. Está en tu sangre. Es parte de ti.

—¿Cómo que parte de mí? Mi familia siempre fue normal... Bueno, quitando a Isabella. Aunque, ahora que lo pienso, sí tiene sentido que ella...

—El gen de los cazadores pasa de padre a hijo de generación en generación. Y en tu caso lo heredaste de los Newton, no de tu madre —me interrumpió, y yo parpadeé, confuso.

—¿De mi padre? ¡Pero él es la persona más normal del mundo!

—Eso no tiene nada que ver. ¿Acaso no recuerdas las clases de Biología del señor McLaren?

—¿Qué?

Luke rodó los ojos.

—Genes recesivos, ¿eso no te dice nada? —parpadeé de nuevo, sin captar lo que Luke quería decirme, así que él soltó un pesado bufido —Existe determinada información genética en tu código de ADN; genes que algunas veces se activan, a veces no, por eso son recesivos. Están en ti, pero no siempre se exteriorizan. El gen de los cazadores ha estado en los Newton desde siempre, pero sólo se ha activado en ti, no en tu padre. Es decir, él también lo tiene, y sin embargo es un humano ordinario, y probablemente su padre lo fue también, y el padre de su padre... El gen ha estado en tu familia, dormido por generaciones, hasta que naciste tú, el día y a la misma hora que un nuevo vampiro fue creado. Esos genes dormidos despertaron en ti, no importa que tu padre, su padre o el padre de su padre no haya sido un cazador.

—Espera —levanté una mano como si pidiera la palabra— ¿Dices que nací al mismo tiempo que un vampiro? ¿Cómo puede eso ser posible? —pregunté, de verdad curioso. Luke entonces suspiró y se recargó sobre sus codos.

—Es una creencia popular. Se dice que un cazador nace por cada vampiro que es creado, o sea, cuando un humano es mordido; se supone que es una forma de intentar mantener el equilibrio. Y hay un asunto muy importante respecto a eso... ¿Recuerdas que te dije que nuestro reloj biológico se detiene y por eso podemos tener dieciocho por siempre? Bueno, se supone que si un cazador encuentra al vampiro que propició su nacimiento y lo asesina, entonces su reloj volverá a correr, y aunque seguirá siendo un cazador envejecerá como un humano ordinario, y eventualmente morirá como uno— dijo, y después soltó un suspiro que me pareció demasiado sentimental, casi incómodo, así que me reí.

—¿Y quién sería tan estúpido como para querer perder su inmortalidad? Digo, si todo lo que dices es cierto, ¿tienes idea de cuánta gente querría ser joven y fuerte por siempre, vivir por toda la eternidad?

—La eternidad es demasiado tiempo, Charlie— me soltó Luke de repente, mirándome fijamente—. Tú vives por siempre, pero muchos seres amados quedan en el camino. ¿Tienes una idea de lo que es ver morir a todos a quienes quisiste mientras tú te quedas ahí, estático en el tiempo? No es agradable. Créeme— volvió a suspirar, levantándose de mi silla y perdiendo la vista por la ventana otra vez, dejándome sin palabras, pues desde que lo conocía nunca lo había visto hablar tan seriamente sobre algo; el Luke que yo conocía era despistado, torpe y divertido, nunca estaba triste, nunca se ponía serio, nunca parecía extrañar nada, y todo eso era justamente lo que demostraba en ese momento. Entonces lo entendí, lo solitario que debería sentirse, viviendo por tanto tiempo, siempre joven mientras las personas a su alrededor crecían, envejecían y morían sin que él pudiera evitarlo, pues ése era el ciclo de la vida. Pensé también en mí mismo, en que yo un día sería como Luke, viendo a mis padres morir, incluso a mis hermanos; si un día me casaba también mi esposa envejecería y moriría, como los hijos que tuviéramos, mientras yo sería siempre igual, inmune al tiempo, viéndolos partir sin poder hacer nada para evitarlo. Quizá era ese dolor lo que Edward quería evitarle a mi madre, el de ver a su familia y amigos morir. Comprendí entonces el lado triste de la vida eterna, aún antes de experimentarla el tormento que podría significar con los años, pero no dejé que eso me abatiera. No por el momento, al menos, pues nunca había sido mi fuerte pensar en el futuro.

—Entonces...— volví a hablar, consiguiendo distraer a Luke de su introspección— ¿Por cuánto tiempo has tenido esta edad?— pregunté; mi amigo levantó la mirada y frunció las cejas, algo confuso.

—No sé. Siglos. Uno pierde la cuenta.

—¿Estuviste en Egipto? ¿Conociste a Cleopatra?

Él rió.

—No soy tan viejo.

— ¿Estuviste en la Declaración de la Independencia?

—Qué curioso que lo preguntes, porque, de hecho, peleé en el bando británico, y se supone que morí en batalla— volvió a sonreír ante mi cara de sorpresa—. Tuve que enlistarme en el ejército. Un aquelarre de vampiros había huido de Europa y se escondía aquí, en Norteamérica. De hecho, fueron ellos quienes iniciaron la revuelta, impidiendo que los británicos pisaran éstas tierras para escapar de nosotros, así que necesitaba una excusa para poder embarcarme hacia aquí y poder matarlos.

—Pero ganamos la guerra.

— ¿Y por qué crees que lo hicieron?— rió— Un grupo de campesinos armados, enfrentándose a toda la furia del Imperio Británico; obviamente necesitaron ayuda.

— ¿Estás diciendo que los vampiros ganaron la guerra de independencia?

—En parte. Aunque sus motivos eran menos nobles que los que lees en los libros de historia.

—No puede ser cierto. La historia no...

—La historia es escrita por los hombres, Newt. Y muchas veces la relatamos a nuestro modo, por eso no creas en todo lo que lees— dijo como si me hubiera leído el pensamiento, y entonces me di cuenta de que tenía muchas otras preguntas para hacer, pero decidí que no era el momento. En lugar de eso recordé otra cosa, y creí que quizás Luke podría darme alguna explicación.

—Por cierto... Ayer durante la pelea, cuando toqué a Edward...— rememoré, frunciendo el ceño, tratando de recordar— Fue extraño. Como si hubiera podido meterme en su mente. En sus recuerdos. Como si me hubiera dicho todo lo que quería saber; mejor dicho, como si me lo hubiera mostrado en contra de su voluntad— admití, y Luke se giró tan bruscamente hacia mí que por un momento creí que podría haberse roto el cuello. Sin embargo, en vez de adolorido parecía más bien sorprendido.

— ¡Asombroso! ¡Eres un interrogador!— exclamó, llevándose las manos a la cabeza, riendo— ¡Vaya! No hemos tenido uno desde hace más de cien años. ¡Realmente estás lleno de sorpredas, Newton! Espera que se lo diga a los demás...

— ¿Un qué?

—Interrogador— contestó, extasiado—. Verás, algunos de nosotros, como los vampiros, venimos al mundo con habilidades especiales y específicas, que ningún otro ser humano o criatura posee. Por ejemplo, entre los cazadores están los Rastreadores, capaces de oler a un vampiro incluso a millas de distancia. Son como sabuesos humanos; pueden reconocer a un chupasangre en particular entre miles, por eso de encargan de rastrearlos, de ahí su nombre— explicó—. Además de ellos están los Videntes, con la habilidad de ver y predecir el futuro, pero es una habilidad caprichosa, porque los vampiros han aprendido a usar a sus propios videntes para contrarrestar a los nuestros. A ver qué más... Ah, sí. Los Mentalistas. Capaces de leer mentes, y de bloquear a quienes quieren leer las nuestras. También son muy importantes, porque pueden enlazar los pensamientos de todos los cazadores durante una batalla, y así garantizar una comunicación entre todos los miembros del equipo. Yo soy uno de esos— dijo con orgullo —¿En qué estaba? Ah, sí. Están los Saqueadores. Si ellos tocan a un vampiro le arrebatan sus dones, por así decirlo; nadie sabe por cuánto tiempo, pero sí lo justo para asesinar al vampiro en cuestión. Esos son los más difíciles de encontrar, y los primeros a quienes ellos buscan asesinar. La mayoría muere cuando son niños, porque no los dejan ni siquiera crecer. Los Volturi han encontrado la forma de identificarlos, pero todavía no sabemos cómo... Para cuidarnos las espaldas están los Escoltas, que son los más fuertes entre nosotros, también los que más abundan, según ellos porque son invencibles, según el resto porque no son tan importantes. Más músculo que cerebro, pero nunca se los digas. Y por último, pero no menos importantes, están los Interrogadores. O sea tú; con la habilidad de meterse en la mente de cualquier criatura a la que toquen y sacar toda información que necesiten o crean relevante. Por ejemplo, supon que capturamos a un vampiro de un aquelarre al que buscamos. Obviamente no querrá darnos la información, pero el interrogador, con sólo tocarlo, podrá sacar todo lo que quiera saber de la mente de ése vampiro. Así desbaratamos muchos clanes durante el siglo XVII. Después los vampiros empezaron a ponerlos primeros en sus listas negras, y bueno, el resto lo puedes adivinar. Por eso eres tan importante para nosotros.

—Por eso vi esas cosas cuando toqué a Edward— reflexioné, pensativo —¿Y eso funciona con todo el mundo? ¿También con personas?

—Supongo... No he conocido a nadie que lo intentara, pero no creo que aún puedas controlar tu habilidad. Ni siquiera has ascendido, así que puede que no vuelva a funcionar, no te preocupes por eso, y más importante, no se lo digas a nadie.

—¿Y a quién se lo diría? —respondí, irónico. Él sonrió.

—Bueno, sé que debes estar cansado, así que mejor me voy. Todavía tengo algunas cosas que hacer y...

—¿Y qué hay de ti?— lo interrumpí, porque de verdad quería saber —¿Quién eres? ¿De dónde vienes, Luke Collins? O mejor dicho, Ivan.

Luke bajó la mirada, esbozando una sonrisa nostálgica ahora.

—Bueno, ya sabes que ese es mi verdadero nombre— se encogió de hombros, suspirando.

Entonces no entendía todavía lo doloroso que era para él recordar el pasado, y lo triste que podría ser vivir eternamente solo. Nunca había sido del tipo compasivo; mi vida había sido siempre tan perfecta que no sabía ni siquiera cómo se sentía perder a un ser querido. Nunca sufrí maltratos de ningún tipo, pues siempre fui mayormente mimado por mi familia y mis compañeros de escuela. En mis dieciocho años nunca había sufrido realmente.

Luke se pasó el resto del día contándome la historia de su vida, más de 400 años de historia en una sola tarde. Y era extraño, pero más que nunca lo sentí mi amigo, porque ya no había secretos entre nosotros.

Y finalmente, tras contarme la historia más fantástica que había oído jamás, mi amigo se fue cuando él sol descendió por el horizonte, y en ese momento Ben me llamó para la cena, pero de nuevo me negué, así que mi hermano me preparó un sándwich de atún y lo subió a mi habitación.

Ben siempre había sido un hermano muy dedicado, lo que hacía que a veces me sientiera mal por molestarlo. Él podía asumir rápidamente el papel que Isabella dejaba vacante con sus ataques de mutismo. Ben era siempre comprensivo, amable y afectuoso, y aunque no lo demostrara demasiado yo lo quería; hubiera dado mi vida por cualquiera de mis hermanos, pero Ben era especial, tal vez porque siempre supe que era diferente a todos los demás chicos, pero desde que nació he tenido la necesidad de cuidarlo e impedir que nadie le hiciera daño. Quizá era mi instinto, no lo sé, pero él, a su extraña manera, siempre estuvo conmigo cuando necesitaba a un hermano, así que era mi deber hacer lo mismo.

Esa noche, después de la charla con Luke, me sentí de mejor ánimo y bajé a la sala a ver el football con papá y charlar un poco con el tío Jake (que con mi familia se hacía pasar por su propio hijo inexistente) Ben y Bree, aunque no pude hacerle ninguna pregunta a mi tío, pero me conformé con pasar tiempo con ellos. Isabella también estaba ahí, pero aunque me sonrió al verme no volvió a intentar acercarse a mí, cosa que agradecí. En ese momento tenía todavía demasiadas cosas nuevas que asimilar como para preocuparme por ella.

Después del partido Jacob, mis hermanos y Bella se fueron a dormir, y yo me quedé con papá, hablando de la escuela y la universidad. Yo intenté mostrarme entusiasmado con la idea de convertirme en un universitario al año siguiente, pero lo cierto es que después de todo lo que había pasado ni siquiera sabía si podría ir a la universidad. Sin embargo solo sonreí, porque mi padre no podía saber nada, y de pronto me pregunté si a mi madre le costaba tanto fingir con él cuando le ocultaba cosas como el secreto del tío Jake y los Cullen. Papá era un alma demasiado inocente, o al menos eso creía por ese entonces.

Cerca de medianoche, tras prometer que estaba listo para ir a la estación de policía a terminar el papeleo del robo de mi auto, al fin subí de nuevo a mi habitación; tomé una ducha, respondí un par de mensajes de amigos de la escuela que estaban preocupados por mí y me tiré en la cama.

Mentiras, mentiras, mentiras, pensé con la vista clavada al techo. Nunca había sido el más honesto de los cristianos, pero empezaba a sentir el peso de todas la mentiras que ahora rodeaban mi vida. Supuse que era algo con lo que debería aprender a vivir desde entonces. Y en ese momento suspiré, tratando de desconectarme de todo y de todos. Me levanté para ir al baño, lavé mis dientes y regresé a mi habitación, preparando mi cama cuando nuevamente me sentí observado. Sin embargo, esa vez no sentí sorpresa, sino un palpable desagrado cuando al voltear me encontré con Edward Cullen dentro de mi habitación

Los dos nos quedamos callados, solo mirándonos en silencio.

—¿Qué demonios quieres aquí? —finalmente yo hablé primero, y Edward desvió la vista un momento hacia el piso, pensativo.

—Yo... Tal vez sea algo tonto y sin sentido, pero... Quería disculparme contigo, Charlie— admitió, sorprendiéndome en verdad esa vez—. Sé que no me conoces, pero te garantizo que nunca... Nunca quise que nada les pasara a ti o a tu familia... Lo siento.

—¿Quieres mi perdón?— le espeté con el ceño fruncido— ¿Y por qué? ¿Por hacer que una desquiciada quisiera asesinarme? ¿O por lo que tú e Isabella le hicieron a mi padre? Creo que deberías ser más específico.

Edward bajó la vista una vez más, mortificado y yo no entendía porqué. Hasta donde sabía por las películas y demás los vampiros no debían tener sentimientos como ese; pero él no parecía ser como el Drácula de Van Helsing o de todas esas versiones cinematográficas. Se veía solo como otro chico, mortalmente pálido y apuesto, pero frágil como cualquier humano.

—Charlie, por favor... Dime lo que quieres que haga y lo haré —respondió él.

Edward parecía de verdad afligido con toda la situación, pero en mi estado todavía no podía permitirme tener compasión por él.

—Aléjate de mi familia —le exigí —, de mi hermana, de mis padres, pero principalmente aléjate de Ben. No sé cuáles sean tus pervertidas intenciones, pero más te vale alejarte de él.

—No tengo intenciones con Ben —anunció, frunciendo el ceño —T con tu madre, lo que pasó fue hace mucho tiempo ya, y nosotros...

—¿Todavía la amas? —aún hoy no sé porqué le pregunté aquello, y por la mirada de Edward supe que estaba tan sorprendido como yo. Sin embargo, aunque vaciló un momento, se veía muy seguro cuando respondió.

—Amo su recuerdo —admitió, mirándome fijamente a los ojos —. Pero tu madre ya no es la Bella que yo conocí. Ahora es la esposa de Michael, y lo ama a él. No tienes porqué dudar eso —sentenció, y yo fruncí el ceño, tratando de odiarlo mucho más, pero lo cierto es que supe que no tenía ningún motivo ya. En realidad nunca los tuve; él había salvado mi vida, por las razones que fueran, Edward y toda su familia se habían arriesgado por mí sin siquiera conocerme. Eso era más importante que cualquier cosa, pero no estaba listo para aceptarlo.

—Solo aléjate de nosotros, Edward— pedí, suspirando mientras me daba la vuelta para seguir desarmando mi cama— Aléjate de mí, de mi familia. Solo...vete. No quiero tenerte en mi casa.

—Entiendo— musitó, y lo escuché abrir la ventana; no obstante, antes de irse, dijo algo que me dejó helado—Te pareces a Bella— me congelé con mi almohada en la mano, tan descolocado con esa afirmación que volteé de nuevo hacia Edward sin darme cuenta—; sé que no lo parece, pero eres más parecido a ella de lo que piensas. Los dos son muy fuertes— anunció, desapareciendo en un parpadeo, sin darme la opción de replicar.

Bufé y entonces me acosté, volviendo a intentar dejar mi mente en blanco, pues todo era aún demasiado para mí. Mi vida, mi mundo entero había cambiado en solo un día, y ahora nada sería igual.

Y por primera vez tuve miedo. No por mí, sino por cómo todo esto afectaría a mi padre y mis hermanos, pero entonces las palabras de Edward volvieron a mi mente, y me convencí a mí mismo de que podía ser cierto.

Que yo podía ser tan fuerte como él creía que era Isabella.

oOo


.

Continuará...

.


oOo

N del A:

Hola!

Espero que no les hayan salido raíces esperando, y que les haya gustado el capítulo xD

Gracias por leer!

H.S.