Capítulo 10

-Kate, no puedes entrar –Castle me sujeta de los dos brazos pero yo me suelto de malas maneras e intento cruzar la puerta con el cartel de prohibido a toda persona que no sea personal de ese hospital. –Kate, por favor,… -me pide, dándome la vuelta para que lo mire.

Tienes los ojos rojos y las mejillas húmedas por culpa de las lágrimas que acaban de estamparse contra el suelo.

-Rick… -digo solo yo, hundiéndome en sus brazos. -¿Por qué tiene que pasarle esto? Todo parecía estar yendo bien y… ¿por qué? –le pregunto, apretando los puños con rabia, sintiendo mi cuerpo inundado de impotencia. Mi hija, mi niña, está debatiéndose entre la vida y la muerte a unos escasos metros y yo no puedo hacer nada. Ni siquiera estoy para agarrarle la mano, para acariciar su mejilla y cantarle al oído como a ella tanto le gusta.

-No lo sé. De verdad que no lo sé. No sé por qué el mundo es tan injusto y por qué se ensaña con una niña tan pequeña, con una niña que no le ha hecho daño a nadie. Con una personita que tiene toda su vida por delante. –Termina de decir con la voz entrecortada.

-Quiero entrar, quiero estar con ella. –Digo, soltándome de su abrazo para intentar cruzar la puerta de nuevo.

-No podemos, Kate. No podemos hacer nada. Ahí dentro solo empeoraríamos las cosas. No dejaríamos que los médicos hicieran su trabajo con total libertad.

Sé que tiene razón pero… yo solo quiero estar con ella.

XXX

Ha pasado casi una hora del accidente y aún no sabemos nada. Seguimos en frente de la puerta que nos separa de la pequeña Bella. Como médico sé que no saber nada puede ser una buena noticia, ya que si algo hubiese pasado ya lo hubiéramos sabido. Si todavía no se sabe nada es porque la niña sigue con vida, al menos. Y, eso, por supuesto, es bueno.

Kate no para de caminar de un lado para otro. De vez en cuando, se queda mirando fijamente la puerta y, por su mirada, sé que se está debatiendo en sí cruzarla o no. Y no puedo culparla. Yo mismo estoy conteniéndome para no hacerlo pero en mi estado solo entorpecería la cirugía y, eso, solo perjudicaría a mi pequeña amiga. Se vuelve hacia a mí y me mira con los ojos llenos de lágrimas. Tiro el vaso de plástico vacío en la papelera de mi derecha y me levanto de mi asiento, acercándome a ella despacio.

-Ven –digo, rodeándola con mis brazos. –Al menos, con la espera, sabemos que sigue viva.

Ella asiente en el mismo momento que noto sus lágrimas mojando la piel de mi cuello.

-¿Familiares de Bella Beckett? –pregunta una enfermera detrás de Kate.

-Yo. Yo soy su madre –se apresura a contestar Kate, separándose de mí. -¿Cómo está? ¿Está bien?

La mujer entrada en años coloca una mano encima del hombro de Beckett.

-Solo puedo decirte que sigue viva –sonríe levemente. –En unos minutos saldrá el doctor Smith y os contará todo –me mira a mí también.

La enfermera se marcha y Kate corre hacia a mí de nuevo.

-Está viva. –Dice más para ella que para mí.

XXX

-Hemos podido contener la hemorragia a tiempo. Ha sido una operación complicada pero lo hemos conseguido, lo ha conseguido. Esa niña se está agarrando a la vida con uñas y dientes. Es una pequeña pero una gran luchadora.

Sonrío, llevándome las manos a la boca. Feliz de que mi hija esté viva.

-¿Hay riesgos? –Escucho que Castle pregunta a mi lado.

El doctor parece pensárselo unos segundos pero, finalmente, contesta convencido.

-No. Eso es lo mejor de esta operación y es que Bella está estable dentro de la gravedad.

-Entonces, -sigue Richard – ¿no se teme por su vida?

-No puedo asegurar que todo vaya a salir bien pero, parece ser, que no tiene que ser así.

Rick pasa una mano por mis hombros, atrayéndome hacia él.

-¿Podemos verla? –pregunto, deseando tener una respuesta positiva por su parte.

-Deben de estar trasladándola a la UCI pero en unos minutos una enfermera vendrá para llevaros con ella. Ahora debo de irme, tengo pacientes esperándome.

Antes de que se marche lo agarro de la mano para que se pare.

-Gracias, gracias por salvarle la vida a mi hija. –Le agradezco.

-No, señorita Beckett. Aquí la que ha luchado por salvarla sin descanso ha sido su hija. –Me dedica una pequeña sonrisa antes de irse.

Me acerco a la camilla donde descansa mi hija. No sé si soy yo o ahora tienes más máquinas y cables a su alrededor. Respiro profundamente, recordando las palabras del médico. Esta vez son optimistas. Con cuidado dejo un beso en su frente y acaricio su mejilla.

-Gracias por no abandonarme. –Le agradezco. Me seco con la manga del traje que me han hecho poner para entrar en la sala, las lágrimas que han brotado de mis ojos. –Te quiero, mi niña.

XXX

Sé el esfuerzo que ha tenido que suponer para Kate salir de la habitación para que entre yo. Donde está ahora Bella no puede tener más de un acompañante por lo que ha tenido que salir ella para que yo pueda verla. No quiero retrasarme más de unos minutos para que ella pueda volver a entrar.

Tengo que armarme de valor para acercarme. Se ve tan indefensa en esa camilla con tantas vías puestas en sus pequeños bracitos y su cabecita completamente vendada. Cierro los ojos y respiro. Se va a recuperar, me repito unas cuantas veces para sí para contener el llanto que amenaza con aparecer.

-Hey mi princesita. –Le habla como si pidiese escucharme, aunque no está comprobado si puede hacerlo, pero tampoco hay un estudio que diga lo contrario. -¿Sabes? Me he asustado mucho. Pensé que no volvería a verte pero gracias a que eres una pequeña guerrera no ha sido así y espero que sigas luchando hasta el final. Tienes que recuperarte y salir del hospital. El deseo que le pediste a la varita mágica se va a cumplir, ya verás. Pero, tú tienes que seguir poniendo de tu parte, tienes que seguir haciéndolo así de bien.

Miro con detenimiento su carita, fijándome por primera vez el gran parecido que tiene con su madre.

-¿Sabes otra cosa? Yo sabía que te quería mucho, mucho pero me he dado cuenta de que te quiero más de lo que pensaba. Y, eso, es bueno, muy bueno. Pero eso también quiere decir que no me puedes dejar solo ahora, ¿eh? Tienes que recuperarte y darme muchos besos y abrazos, como yo voy a hacer conmigo pero, sobre todo, tienes que regalarme muchas sonrisas, peque. –Beso su mejilla varias veces y la acaricio después. –Voy a irme ya pero solo para dejar entrar a tu mami que está deseando volver a tu lado. Estaré viniendo a verte, princesita.

XXX

-¿Quieres que me acueste contigo? –le pregunto, quitándome la chaqueta y dejándola encima del posa brazos del sofá. -¿Sí? –Asiente. –Pues venga. –Me acerco a ella y la ayudo a dejarme un espacio en la camilla, con cuidado de que no haga movimientos bruscos, sobre todo, algún movimiento de cabeza.

Me recuesto y Bella en seguida apoya su carita en mi hombro, rodeo su pequeña cintura con uno de mis brazos y beso su frente. Me es imposible explicar con palabras lo feliz que estoy en este momento, lo feliz que soy desde hace una semana. Ese día que volvió a cambiar mi vida, el día que mi hija despertó y Smith me dijo que estaba fuera de peligro, que se recuperaría.

Tendré que pasar dos semanas más como mínimo en el hospital pero me da igual, como si tengo que vivir aquí el resto de mi vida. Lo único que me importa es que sería con mi hija, con mi hija sana y salva.

-¿Tienes sueño? –le pregunto al verla cerrar los ojos.

-Un poquito. –Me dice bostezando.

-Entonces, duerme, cariño.

-Sí, mami –me dice, acurrucándose más a mi cuerpo.

XXX

Sonrío al ver madre e hija dormidas y abrazadas la una y la otra. Busco mi móvil en uno de los bolsillos de mi bata para sacarles una foto.

Desde hace una semana, la felicidad volvió a mi vida. Y a la de Kate. Por fin, he podido verla sonreír de verdad, reír de felicidad. No preocuparse por otra cosa que no sea ser feliz.

Con cuidado de no despertarlas, camino hacia ellas y dejo un beso en sus frentes. Subo la sábana blanca, tapándolas bien.

Kate se remueve cuando mi mano roza la de ella al no darme cuenta.

-Hey –me saluda, llevándose las manos a los ojos. –No te oí entrar.

-Estabas dormida –le digo, alzando una ceja.

-Solo tenía los ojos cerrados. –Se queja.

-¿Sí? Pues que sepas que se te escuchaba roncar desde el pasillo. –le digo en un tono burlón.

Ella se pone derecha con cuidado de no despertar a su hija.

-Yo no ronco. –Yo río, ganándome un golpe en el brazo.

-Soy yo el que duerme contigo y el que te escucha roncar, así que… sabré yo si lo haces o no. –Ella me mira seria y niega con la cabeza mientras se le escapa una sonrisa. -¿Cómo está? He tenido una mañana ajetreada.

-Bien, con ganas de salir de aquí. –Acaricia su mejilla. –Ha preguntado por ti.

Me inclino y beso su mejilla.

-Ahora está dormidita. –chasqueo la lengua. Yo también la he echado de menos estas horas.

-No debe tardar mucho en despertar. –Yo asiento.

-Y tú, ¿cómo has estado esta mañana? ¿También me has extrañado? –Alzo una ceja, esperando una respuesta.