Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.

Ella tomo el libro y sin entender mucho lo que pasaba lo giro para ver de qué se trataba, ¡oh dios mío! es mi diario, pensó- Albert…- fue lo único que Candy pudo decir al recibirlo, había olvidado por completo aquel libro; hacía mucho que las cosas que estaban escritas allí habían dejado de tener valor para ella, ya no era su tesoro, su tesoro ahora era alguien más.

Albert no entendió el silencio en el que ella estaba sumida y sintiendo que todo había sido un error, su mente se llenó de desolación, estaba a punto de salir de la habitación, pero fue detenido por ella con un cálido abrazo, ¿qué significaba eso? ¿Cómo podía interpretar lo que pasaba? Sin decir nada dejo que ella permaneciera así por unos instantes, adoraba tenerla cerca, después se giró para verla a la cara y ella le sonrió, cerró los ojos negando la conclusión que su reacción le daba, pero muy en su interior había una vocecita que le decía que ella solo sonreía para ocultar su nostalgia.

-Albert… ¿podrías escoltarme a mi habitación por favor?- pidió ella tomándolo del brazo, entonces él en silencio la acompaño a su dormitorio, mañana partirían y debían descansar lo más que pudieran, el día había estado lleno de emociones, por lo que era vital dormir bastante.

Muy temprano se despertó, de hecho, ni siquiera había podido concebir el sueño con todo el torbellino de cosas que tenía en la cabeza, pero ya era hora de partir, por desgracia no podría llevarla hasta el hogar de Pony así que la encaminaría hasta la estación para que regresara segura. Cuando Candy lo vio noto que había algo extraño en él, supuso que era por lo del diario, solo que no se atrevió a hacerle mención de nada, Albert por su parte pensó lo mismo, no quería incomodarla con preguntas que ella no quisiera contestar.

Al salir de la mansión Candy observo que el camino estaba lleno de florecillas silvestres y comenzó a llamarlas por su nombre conforme el coche avanzaba, era curioso que ella supiera los nombres de la mayoría de ellas y Albert halago eso tratando de disimular su desesperación.

Al cruzar el portal de las rosas Candy se acomodó de modo que podía ver a Albert de perfil perfectamente, al sentir su mirada curiosa sobre él temió ponerse lo suficientemente nervioso como para perder el control del coche y terminar estrellándose con algo, la forma en la que lo veía lo intimidaba bastante, no era su inusual mirada, sino que en ella había un brillo travieso que últimamente había notado ¿Qué especie de situación era esta? Ayer ella sonreía nostálgica, como él lo quería pensar y ahora parecía estarle coqueteando de manera sutil; quizá se estaba volviendo loco, por eso era que miraba cosas en donde no las había.

-Albert…- lo llamo Candy.

-Dime, pequeña- contesto él pensando que sería lo que le diría.

-¿Podrías cantar de nuevo para mí?- le pidió ella juntando sus manos en señal de súplica.

Así que a eso se debía su mirada curiosa, ahora entendía, lo veía así porque no se atrevía a pedírselo.

-Pero pequeña…- dijo él tratando de negarse, si antes se había sentido nervioso por su mirada, cantarle en estos momentos seguro lo pondría al rojo vivo, solo Candy lograba ponerlo en este tipo de situaciones.

-Por favor Bert… - dijo Candy esperando ver la reacción de Albert al llamarlo así- ayer fue lindo escucharte, jamás pensé que tuvieras una voz tan hermosa, canta para mi ¿quieres?

-Oh Candy, está bien- accedió sin poder negarse al ser llamado así.

-¿Cantaras lo mismo de ayer?- Pregunto sintiendo que un nudo se formaba de nuevo en su garganta.

-No pequeña- dijo volteando a verla de manera fugaz- ambas son canciones tradicionales escocesas, pero la de hoy es diferente- entonces comenzó a cantar…

*Por aquellas bonitas y por aquellas bonitas laderas

Donde el sol brilla, en el Lago Lomond.

Donde mi verdadero amor y yo pasábamos muchos días

En las preciosas, preciosas orillas o 'Loch Lomon.

Oh tú tomarás el camino alto, yo tomaré el bajo,

Y yo estaré en Escocia, antes que tú;

Pero yo y mi verdadero amor nunca nos volveremos a reunir

En las bellas, bellas orillas del Loch Lomon.

Candy escuchaba fascinada la voz de su príncipe, si ayer le resulto hermosa hoy simplemente no podía comprender como él seguía sorprendiéndola con una nueva virtud, su voz era única y con su canto el camino fue más corto de lo que hubiera querido, así que antes de que él pudiera terminar llegaron a la estación.

Candy notando el extraño comportamiento de Albert dejo que sus impulsos mandaran y lo abrazo cariñosamente.

-Candy… cuídate ¿quieres?- la nostalgia le llego de golpe, cuando ella estaba con él se sentía seguro, pero cada vez que se separaban la vulnerabilidad lo atrapaba de nuevo.

-Sí bert- contesto Candy con una enorme sonrisa.

Ya en el tren recordó la letra de aquella antigua canción ¿Por qué habría elegido justamente esa? Parecía que él siempre encontraba algo acorde a lo que sucedía, pero… ¿sería posible?

Mientras tanto Albert pensaba si Candy habría entendido lo que él quería decir con esa canción… solo esperaba haber malinterpretado las cosas y que en realidad ella ya fuera libre de sus recuerdos para que él pudiera entrar en su corazón, tenía tantas esperanzas de que así fuera, jamás olvidaría la dulce compañía de Candy en Lakewood.

Candy de nuevo retomo su trabajo en la clínica feliz, se sentía un poco culpable por tomarse tantos días libres, así que se puso a atender a los enfermos con mucha eficacia.

Pensaba que ya habían pasado varios días desde que visito Lakewood y vio a su querido príncipe, cuando llego al hogar de Pony ayudo a sus madres en lo que restaba por hacer para luego se dirigirse a su cuarto, por los nervios había olvidado aclararle ciertas cosas a Albert respecto a su diario y al mismo tiempo quería recordar lo sucedido, así que tomando pluma y papel comenzó a escribir, quería dejarle en claro muchas cosas a Albert, pero sobre todo, quería que viera que aquel diario ya no significaba lo mismo para ella, quizás el actuar de Albert hacía ella, lo estaba mal interpretando pero ¿y si de verdad era lo que ella pensaba? no perdía nada con arriesgarse un poco.

Querido Sr. William Albert Andley o pequeño Bert

Pequeño Bert, ¿sigues trabajando ahora?

Estoy de vuelta de la Clínica Feliz del Dr. Martin como siempre y acabo de poner a los niños a dormir.

Pequeño Bert… ¡Estoy muy feliz de que me hayas dicho ese nombre!

Tu hermana Rosemary la madre de Anthony te llamaba así, eso no lo sabía. Era solo Rosemary quien me llamaba así…

¡Pero tú me permitiste llamarte con ese nombre!

Pero quiero hablar contigo seriamente el día de hoy, Albert.

Después de varias horas en Lakewood, sentí como si algo por dentro de mi reviviera. De nuevo, tu visita repentina no es buena para mi corazón, pero acostumbrarme a ellas fortalece mi corazón. Parece ser lo mismo para la señorita Pony y la hermana María.

¡Fue un viaje encantador a Lakewood!

Lupinos o campanillas azules, rudbeckias, flores de listón, perifolio, murmuré el nombre de las flores a lo largo del camino, ¡gracias por admirarme por eso! ¡Qué dulce era el viento soplando dentro del auto a través de las amplias ventanas abiertas! Fui cautivada por una canción tradicional escocesa que cantabas mientras ibas manejando.

Cuando yo tenía 13 años de edad, iba en camino hacia el Raguins sobre este mismo camino que lleva a Lakewood, decepcionada porque no podría ser una "hija adoptiva" pero con un corazón lleno de emoción por una nueva vida.

Por todos los cielos no puedo creer, ahora estoy con el Príncipe de la Colina (¡Lo siento! No lo volveré a mencionar de nuevo).

Y, con el Tío Abuelo William (¡Esta también es la última vez!).

¡Puedes imaginar que tan profundamente conmovida estaba, pequeño Bert!

No había nadie en el Raguins. Nos estacionamos en la mansión Andrew, caminamos por los alrededores y visitamos los tres portales por turno. A pesar de que he visitado varias veces Lakewood, fue la primera vez que caminé por los alrededores contigo. Inundada por todo tipo de emociones, me quedé sin palabras. Vi que tú te sentías igual.

Stear y Anthony.

Los recuerdos de aquellos a quienes no volveremos a ver me abrumaron. Albert, debes de tener muchos recuerdos ahí en Lakewood. Tu padre, tu madre a quien solo conoces por retratos. Y recuerdos con Rosemary Brown. Fui yo quien quiso visitar el bosque. El bosque donde Anthony cayó del caballo y murió. El prado bordeado por rosas silvestres estaba lleno de jacintos en flor. La luz del atardecer cayendo sobre el prado centellaba como la línea entre la vida y la eternidad…

Fue tan hermoso que me encontré a mí misma llorando. Sí… esa cacería de zorro.

Sí tan solo no hubiera habido cacería de zorro realizada para mi presentación como hija adoptiva, Anthony no hubiera muerto tan joven.

"Por mí… Por mí Anthony se…" Comencé a llorar, entonces tú me tomaste tiernamente entre tus brazos.

"…Fui yo quien te adoptó… fui yo quien ordenó la cacería de zorros". Tu voz llena de dolor penetró en mi corazón.

Aprendí que has estado manteniendo la misma angustia en ti. Perdóname por llorar tan fuerte en tu pecho. Estropeé tu camisa tan fina. Nadie puede decir lo que nos espera a la vuelta de la esquina. No es culpa de nadie… Desde entonces, siento que recibí una nueva vida.

Albert, ¡muchas gracias!

Y, esa habitación. En el escritorio de esa habitación donde yo conocí tu verdadera identidad, estaba mi diario. Albert, Me lo querías regresar…

"Porque este es… tu tesoro." Tú murmuraste, manteniendo la vista hacia fuera de la ventana. En una voz muy tranquila.

Sí, ese diario está lleno de referencias hacia Terry. Yo también he estado preocupada por el diario. Ahora, tengo el diario que me regresaste a mi lado. Nunca lo abro, aunque voy a dejarlo a tu cuidado otra vez. Así como me enseñaste tu insignia de nuevo cuando una vez te lo regresé.

Qué cruel y hermoso es el paso del tiempo. No tenía ninguna idea de lo que pasaría en el mundo en los días siguientes. Pero puedo creer que todos los dulces recuerdos permanecerán en mi corazón. Y por ellos, podré ser capaz de sobrellevar cualquier dificultad.

Estoy muy agradecida con mis padres quienes me abandonaron en el Hogar de Pony. ¡Gracias a eso, te pude conocer! Soy yo quien jamás te podrá agradecer lo suficiente. Si, Albert, En esto radica mi felicidad, ahora.

Ah, no creo que pueda dormir de nuevo esta noche. Pero, espero que el pequeño Bert sueñe el más fantástico sueño.

Con amor y gratitud Candy.

Acaso estaba leyendo mal o de verdad decía eso la carta, Albert no lo podía creer, Candy ya había olvidado a Terry y con eso él tenía el camino libre para hacerla feliz… "con amor y gratitud Candy" que despedida más linda, pensó.

Se dejó caer en su enorme cama extendiendo los brazos completamente emocionado, la felicidad no podía caber en su pecho, leyó y releyó varias veces más solo para comprobar que sus ojos no lo engañaban, aspiro el delicioso aroma que desprendía el papel, era curioso como una simple carta podía cambiar por completo el rumbo de las cosas.

o-o-O-o-O-o-o

Los días en el hogar de Pony ya estaban contados, el recuerdo de Stear nuevamente se hacía presente en su memoria, faltaban un par de meses para que fuera el aniversario de Stear, era seguro que los Andrew harían un evento conmemorativo y con esto ella volvería a Florida, los cosas con Tom estaban saliendo muy bien, él era muy atento con ella y aunque por más que tratara de evitarlo Tom hacia las cosas tan bien que no podía negarse más que él le gustaba. Sabía que el que Tom llevara todos los días un galón de leche fresca para los niños era solo un pretexto para verla, sus torpes acercamientos siempre resultaban en desastre, pero era por esa razón que estaba teniendo éxito, la hacían reír y eso a ella le gustaba mucho.

Candy estaba por irse a Chicago, según dijo la tía abuela Elroy le estaba organizando su presentación y ella debía estar allí una semana antes para que todo saliera perfecto, comprendiendo la situación la hermana María y la señorita Pony se negaron amablemente a su invitación de acompañarla en su cumpleaños esta vez; sabían que el evento seria solo para personas refinadas y ellas, aunque fueran como su familia no se sentirían ni un poquito cómodas entre tanta gente estirada. Cuando Candy invito a Patty, ella acepto inmediatamente, para ella sería divertido salir de la rutina en la que se encontraba aquí, disfrutaba de los niños y de la sencillez con la que vivía sus días, pero también necesitaba distracciones que solo las fiestas podían otorgar. Ese mismo día en que Candy la invito Tom llego a cenar y sin pensarlo dos veces también lo invito a él, seguramente Candy ya se había dado cuenta de la situación porque al parecer todos querían ayudarlo, pero por extraño que pareciera no le disgustaba ni un poco. Al principio Tom se negó diciendo lo mismo que sus madres, pero Candy hábilmente lo convenció diciéndole que ella iría.

-¿Es verdad eso Patty?- dijo abriendo mucho los ojos- ¿te iras?

-He bueno, solo serán unos días ¿verdad Candy?- contesto volteando a ver a su amiga.

-Podría ser una semana o dos, recuerda que Annie también nos ha invitado a su compromiso- dijo mientras recogía los últimos platos de la mesa.

-¡Es cierto Tom!- dijo Patty tapándose la boca con las manos, había olvidado el compromiso de Annie por completo.

-No querrás faltarle a ella también en un día tan importante, ¿o sí?- dijo Candy acorralando a Tom.

-Saben que no es porque no quiera, sino que yo solo soy un simple vaquero- dijo haciéndose señales para que lo vieran.

-Esa no es excusa Tom, si quisieras podrías pedirle a Patty que te enseñe un poco de modales- dijo con una risita burlona.

Vaya, no había pensado en eso, esa excusa es mucho mejor que la del galón de leche, pensó Tom.

-Bueno no se sí ella quisiera- dijo viendo a Patty.

-Supongo que no hay problema- Patty contesto ruborizada.

-Me pregunto qué tan apuesto te veraz vistiendo de frac- dijo Candy antes de meterse a la cocina con los platos.

Ahora el que se sonrojo fue Tom- ¿acaso tendré que dejar mi inseparable sombrero de vaquero?- le contesto levantando un poco la voz para que Candy también escuchara.

-Bueno, si la fiesta es de etiqueta es seguro que sí- contesto Patty sonriéndole.

Ahora que Patty lo decía, no sonaba tan malo, con suerte podrían irse juntos y con un poco más de suerte, le confesaría por fin sus sentimientos. Se propuso hacer lo que fuera por ganarse su cariño así que si eso significaba meterse en un incómodo traje debía hacerlo.

Desde ese día todas las tardes habían pasado una hora practicando, Tom era un poco rudo, así que se le dificultaba no ser tan torpe a la hora de moverse más delicadamente. Lo enseño a distinguir las posiciones de los cubiertos dispuestos en la mesa, el lenguaje que estos transmitían a la hora de ingerir los alimentos, la forma en la que se tenían que decir los saludos y movimientos para hacerlos, entre muchas otras cosas más.

Tom solo pensaba que se había metido en un buen lio, todo por quedar bien con Patty, pero ya no había tiempo de echarse para atrás, era un hombre de palabra y tenía que cumplirla, no quedaba de otra.

o-o-O-o-O-o-o

Cuando finalmente llego a la mansión pensó en cómo sería su estadía viviendo en el mismo lugar que la tía Elroy, al no ir junto a Patty se sentía un poco insegura, ella no quiso dejar su trabajo en el hogar de Pony, así que al llegar sola cabía la posibilidad de que fuera más estricta de lo que recordaba, pero no importaba ya se las arreglaría para que no fuera tan incómodo, por estar más cerca de Albert podía soportarlo todo.

Al tocar, el mayordomo amablemente le abrió la puerta, luego de cerrarla le pidió que lo siguiera, debía indicarle el lugar en que la señora Elroy la esperaba, tomo el equipaje de la rubia y se adelantó para llevarla al salón de té.

La señora Elroy ya la esperaba desde primera hora del día, su sobrino le había indicado que llegaría el día de hoy, así llevaría a cabo las cosas que pensó desde antes de que ella se presentara, ya pasaban de las once de la mañana y Candice no aparecía, miro un par de veces más el gran reloj de madera de caoba que había en el salón cuando diviso a Alfred acompañado de Candice, esta joven al fin había aparecido.

-Hola, tía abuela- dijo Candy algo intimidada haciéndole una pequeña reverencia, la señora Elroy nunca le había hecho sentir del todo cómoda.

-Hola Candice- fue la breve respuesta de la anciana, tan refinada y distinguida como siempre- toma asiento- le indico, señalando la única silla que había, a lo que Candy obedeció sin chistar- Alfred lleva el equipaje de Candice a su habitación- ordeno nuevamente y el mayordomo obedeció al instante.

Como puede dar tantas ordenes en una pequeña frase, pensó Candy; permanecía muda, no porque no quisiera hablar, sino porque no sabía que conversar con ella.

-Dime Candice, ¿qué tal tu viaje a Chicago?- pregunto mientras agitaba delicadamente su abanico.

-Fue bueno tía Elroy- contesto de manera breve.

-Me alegra que allá sido así, supongo que ahora te sientes un poco cansada- dijo tratando de ser amable.

Candy la escuchaba sorprendida, ¿acaso la tía abuela estaba siendo amable con ella?- si un poco- contesto.

-Pues bien, ve a lavarte, te veo a las 12 pm en mi estudio- le ordeno.

-Claro tía- dijo mientras se levantaba de su asiento dispuesta a retirarse.

-Llega puntual Candice- agrego la anciana.

-Si- y se fue antes de que la tía Elroy le diera una orden más.

Al llegar a su habitación se sintió aliviada, en ese pequeño lugar se sentía en paz, quizá porque era lo único que de verdad sentía que era suyo, sobre todo porque Albert lo había hecho especialmente para ella.

Todo estaba tal y como lo había dejado, algunos obsequios que recibió de parte de Bert aún permanecían en el armario, casualmente todos estaban limpios y no polvosos como esperaba verlos, aunque lo que más llamo su atención fue ver un jarrón lleno de rudbeckias y lupinos, entre otras florecillas recién cortadas. Busco con ansias, pero no encontró ninguna nota, seguramente era un detalle de Albert ¿de quién más podría ser? las contemplo un poco y luego recordó que no tenía mucho tiempo para refrescarse.

Cuando Candy llego al estudio la anciana no le hablo de su fiesta, de cómo seria, tampoco le pregunto si estaba de acuerdo en lo que ella había decidido, solo le informo lo que se llevaría a cabo; no entendía porque la habían hecho venir con tanta antelación si no la iba a tomar en cuenta para nada.

-Candice falta muy poco para tu presentación y me preocupa de sobremanera tu comportamiento- dijo al fin la anciana.

-¿Qué tiene de malo mi comportamiento?- pregunto ella imaginando que le diría lo que siempre decía.

-Quiero estar segura de que sabrás comportante con los invitados, pero sobre todo que honraras al apellido Andrew como es debido- dijo la anciana en tono solemne.

Ahora sí que Candy no entendía nada, entonces pregunto- ¿ah sí?

-Todos los días después del desayuno te veré aquí puntual- le dijo la tía Elroy desde detrás del escritorio- te indicare la forma correcta en la que debes caminar, hablar e incluso respirar- dijo la anciana mirándola directamente a los ojos.

Hay Albert en que lio me has metido, pensó Candy sabiendo el calvario que le esperaba, se quedó callada, seguramente la tía seguiría hablando.

-Por ahora analizare en lo que más fallas, levántate vamos al salón- ordeno nuevamente y Candy la siguió.

Ya en el salón la hizo caminar repetidas veces observando sí lo hacía de la manera correcta, le intercambio los zapatos, la hizo descender de la escalera una y otra vez. Solo pudo descansar en la hora de la comida, pero luego de eso continuaron con las actividades, al final el día fue tan cansado como lo era en la clínica.

Esperaba ver en la cena a Albert pero la tía previendo que seguramente querrían reunirse la hizo cenar antes de la hora en la que su sobrino acostumbraba llegar y la mando a dormir. Candy no podía hacer otra cosa que seguir las órdenes de la tía, aunque le molestara un poco que le ordenara una y otra vez, sabía que el evento en el que estaría sería de gran importancia, recordó la sensación que sintió casi un año atrás al ver lo bien que Annie manejaba la situación y lo delicada que era en todos sus movimientos. Estaba por quedarse dormida cuando unos golpecitos sutiles llamaron su atención, provenían de la puerta y con un poco de pesadez camino hacia ella para ver quién era. El cansancio que sentía inmediatamente se esfumo de su cuerpo y apareció una gran sonrisa en su rostro al ver la persona que la llamaba.

-Hola pequeña- dijo Albert de entre la oscuridad del pasillo, solo iluminado por la tenue luz que provenía de la lámpara de noche.

-Hola Albert- dijo contestando su saludo.

-Esperaba verte en la cena, pero no estabas- dijo Albert justificando su inesperada visita- así que vine a comprobar que ya te encontrabas aquí.

-Hace varias horas que subí, la tía Elroy me dejo agotada con tantas actividades que me encargo, debiste advertirme de lo que me esperaba- le reprendió.

-Pequeña, yo no lo sabía- se defendió sosteniendo delicadamente su rostro, verla así, con el cabello revuelto y con esta poca iluminación, le hacían sentir que tenía frente a sus ojos a un hada del bosque.

Candy estaba muy sonrojada, por suerte la oscuridad la cubría- eso pensé Albert, ahora debes irte, la tía abuela podría descubrirte- estaba consciente de que seguro ambos serian reprendidos.

-Si pequeña, descansa- le dijo mientras besaba el dorso de su mano con ternura y se retiraba de su habitación.

Cerro la puerta tras de sí y en cuanto se acostó acerco su mano al rostro, pues aun sentía el cálido beso de Albert palpitar en su diminuta mano. En situaciones como esta confirmaba una y otra vez que se había enamorado de su adorable tutor e incluso a veces sentía como si Albert correspondiera a eso, pero ya que soñar no costaba nada seguro eran ideas suyas, Albert siempre había sido amable y tierno con ella, no tenía necesidad de hacerse falsas ilusiones, ella no estaba a la altura de un hombre como él.

Los días pasaron y todos fueron tan agotadores como el primero, un día se encargaban de perfeccionar la seguridad de sus pasos y otros de refinar según decía la tía abuela sus bruscos movimientos, de igual forma ambos rubios contaban con que se verían en el desayuno y aunque este transcurría la mayor parte del tiempo en silencio adoraban la mutua compañía, por las noches era extraño encontrarse en la cena, sobre todo porque aunque ambos hubieran querido, la visita nocturna no se había repetido pues no era para nada correcta.

Fue así como llego el gran día, la tía Elroy estuvo casi satisfecha con lo que logro con Candice, pues podía decirse que era aceptable a sus exigentes ojos lo que ahora veían.

El ruido del alboroto que tenían los sirvientes en la mansión fue lo que la hizo despertar, esta vez no hubo canción de feliz cumpleaños al abrir los ojos, pero al llegar al comedor se encontró con la mayoría de sus seres queridos reunidos.

Patty ya se encontraba allí y aunque busco a Tom entre los presentes no lo vio, al parecer por cuestiones de trabajo el vaquero no pudo viajar con Patty como hubiera querido, según llegaría por la tarde, justo a tiempo para su fiesta, así que no había que preocuparse mucho por él.

Archie se encontraba allí junto con Annie, ellos estarían presentes pese a cualquier circunstancia, ahora que estaban a días de anunciar su compromiso el amor que se profesaban era casi palpable; Candy estaba feliz porque su amiga y Archie unieran sus vidas, aunque era curioso ver a Annie ser perseguida por su dama de compañía, seguro eso era muy incómodo.

George también se encontraba presente y aunque de manera muy discreta, sonreía. Pero al fondo de aquellas personas estaba la razón de muchas de sus decisiones, sonriéndole de forma encantadora, aunque analizándolo mejor, antes de llegar junto a esa multitud pudo ver que en su rostro había un poco de tristeza o algo que no entendía, ya de cerca su sonrisa incluso parecía un poco fingida, ¿Qué era lo que le pasaba? No lo sabía, pero opto por pensar que era debido a la carga de trabajo que seguro tenia.

Todos hubieran querido correr a abrazar a Candy pero la presencia de la tía Elroy se los impedía, a lo mejor si lo hacían cancelaba la gran fiesta, por lo que decidieron comportarse más tranquilamente, seguro Candy entendería la incómoda situación en la que todos estaban.

La felicitaron y antes de disponerse a desayunar le entregaron sus obsequios, algunos eran más pequeños mientras otros eran exageradamente grandes, entonces luego de recibirlos pasaron a la mesa a desayunar, todos estaban muy animados por la fiesta y comenzaron a hacerle preguntas al respecto, ella contestaba igual de animada que el resto pero ponía especial atención en Albert, la actitud que tenía últimamente era muy extraña, sabía que él se alegraba por ella de manera genuina, solo que había algo que lo tenía sumamente apesadumbrado.

Annie entonces viendo que Candy estaba un poco distraída le pregunto- y dinos Candy ¿Cómo es tu vestido?

-¡Es verdad Candy! Aun no nos dices que vestido usaras esta noche- agrego Patty muy emocionada por la pregunta.

-Hem... la tía Elroy me ayudo a buscar uno…- contesto un poco incomoda, de hecho no le había preguntado si le gustaba solo se lo mostro y mando hacerle algunos ajustes para que le quedara bien.

-¿Y cómo es?- pregunto Annie temiendo lo peor, por su edad seguramente la tía Elroy tenía un gusto algo anticuado.

-Pues…- dijo haciendo una pausa y confirmando que la tía no estuviera cerca- es algo exagerado a mi gusto, color rosa con destellos dorados.

-Oh Candy- dijeron tanto Annie como Patty comprendiendo a la chica.

Cuando la señora Elroy apareció, la mesa quedo sumida en un completo silencio, al terminar de comer, Candy pidió a Angie le ayudara con sus regalos, estaba por irse cuando Albert la alcanzo escondiendo detrás de él una caja, era obvio que sería un regalo pero ella lo dejo hablar.

-Candy, espera- dijo Albert tomándola del brazo.

-Dime Albert - contesto ella observando la caja que ocultaba.

-Supuse que esto pasaría con la tía abuela…- se disculpó mirándola algo serio.

-Sí, no quería decírtelo pero no me tomo en cuenta para nada, pareciera que la fiesta es suya y no mía- dijo Candy sacando un poco de lo que en verdad sentía.

-Lo hace por tu bien, créeme- ni el mismo se creía eso, todos sabían que lo hacía sobre todo por el que dirán.

-Eso quiero pensar…- dijo agachando el rostro, a veces se sentía como una muñeca.

-Vamos pequeña, no te pongas así ¿quieres?- la vio con la misma tristeza que ella sentía- por eso te he traído esto, si te gusta puedes usarlo esta noche- dijo entregándole la caja que hasta hace unos instantes ocultaba detrás de su espalda.

Ella lo tomo y miro el hermoso envoltorio de papel por unos instantes- gracias Albert, seguro es precioso- le sonrió de nuevo, haciendo notable su emoción.

-Por nada, ahora me voy, arreglare unas cosas... te veré luego- dijo a modo de despedida.

Ella solo asintió y continúo subiendo las escaleras.

Cuando llego a su habitación cerro con llave y abrió la caja que le entrego Albert, quedo deslumbrada por lo bello que era su vestido, en comparación con el que le había escogido la tía Elroy el vestido era más sencillo pero solo en comparación con los adornos que tenía el otro, en este caso el vestido era de un color marfil impecable, los pliegues y dobleces que presentaba eran color ámbar, no era ampón como el otro sino holgado, mucho más ligero y juvenil. Albert, sin duda serías un excelente asesor de moda, pensó Candy entre risitas. Luego pensando también en que si no se ponía el otro vestido seguramente la tía Elroy se enfurecería lo escondió en su armario, no quería que nada le pasara.

La mansión comenzaba a verse aún más imponente de lo que solía ser, el salón estaba casi adornado por completo, desde el día de ayer el piso fue meticulosamente limpiado y hoy solo faltaba encerarlo, no solo había Dulces Candy en los adornos florales o centros de mesa, sino que también había tulipanes amarillos y ojaranzos rosas, los manteles de las mesas eran de un color rosa pálido y todo como ella predijo, se veía ostentoso.

Toda la mañana se la paso repasando la lista de los invitados, no conocía a la gran mayoría, ni mucho menos le apetecía tratarlos pero eran necesarios; la hora de la comida llego rápidamente y eso solo significaba una cosa, todo un ritual para lucir perfecta para la presentación, aunque esta sería hasta en la noche, la ti Elroy le tomaba ventaja a todo, así que quería que estuviera lista por lo menos media hora antes.

Cuando llego a su habitación Angie ya la esperaba, ella era otra de las mucamas de la casa, estaba allí para ayudarla en lo que necesitara, la tía abuela ya le había dado instrucciones de cómo debían hacer las cosas, pero teniéndola de su parte le pidió que preparara el vestido que escondía en su armario, ella inmediatamente acepto, mientras Candy se disponía acercar todo lo que fuera necesario para su arreglo.

Annie al igual que ella estaba encerrada en su habitación preparándose para tan magnífica ocasión, por costumbre de su madre adoptiva solía poner mucho empeño en su forma de vestir y actuar. Patty aun esperaba a que Tom apareciera, de cierta forma se sentía obligada a esperarlo pues su traje lo había seleccionado ella ya que en este caso era su asesora y maestra, por eso era que debía apoyarlo, seguro el chico se sentiría intimidado ante tanta solemnidad, cuando finalmente apareció le entrego su frac indicándole la hora a la que debía estar listo, quedando de verse la abuela Martha y ellos en el recibidor. Desde que Tom llego sintió la presión en el aire haciéndolo sentirse incomodo, pero debía cumplir con su palabra tratando de mostrarse lo más normal posible, por sugerencias de Patty había recortado su cabello e incluso sin proponérselo mucho sus movimientos ya no era tan toscos como antes.

Candy mientras tanto se encontraba dándose un delicioso baño, cuando termino de ducharse, Angie le ayudo a secarse el cabello, aunque a Candy no le gustaba que hicieran cosas por ella no se negó, él tiempo estaba encima, así que se apresuraron para que ella estuviera lista a la hora indicada, sin duda el vestido que le había obsequiado Albert era hermoso, sus colores claros iban muy bien con ella, se parecía tanto al rubio de sus cabellos que había un exquisita armonía entre su vestimenta y ella misma, se preocupó un poco cuando descubrió que entre las joyas que tenía no había ninguna que hiciera juego, no es que a ella le gustara ir cubierta de alhajas y piedras preciosas sino que debía complementar todo y estar a la altura del evento.

Todo parecía ser un desastre hasta que aprecio Albert nuevamente, como le prometió horas atrás paso a verla antes de su presentación, quedo impactada por lo bien que se veía él, su cabello recortado y esos rebeldes risos siempre eran tan perfectos en él, su voz y sobre todo su mirada lo eran, curiosamente él entro con una sonrisa diferente a la que le vio por la mañana, ella siguió sentada frente al gran espejo y lo vio acercarse para ponerse justo detrás de ella, luego de un pequeño estuche saco un hermoso collar de ámbar, bellamente tallado a mano que casualmente hacia juego con su vestido, se lo puso tiernamente y luego le dio los pendientes junto con un brazalete.

Seguramente todos quedarían deslumbrados ante sus encantos, como él lo estaba en estos momentos, esa era la razón de su tristeza, no podía evitar pensar que con esto ponía en juego su propia felicidad, al aceptar que ella siguiera portando el apellido Andrew la lanzaba a los cuervos de su familia, haciéndola presa fácil para cualquier decisión que los ancianos tomaran por ella como alguna vez tomaron por él. Contaba con poco tiempo para descubrir si ella estaba enamorada de él o no, aunque esto fuera un completo disparate debía hacerlo antes de que le impusieran a alguien volviéndola infeliz, una vez juro que ella se casaría con quien ella decidiera, pero ahora estaba atado de manos y pies, no podía hacer otra cosa más que luchar por el amor que le tenía con las armas que contaba.

La hora había llegado, la tía Elroy ya la esperaba para corroborar que estuviera lista, hasta ahora todo estaba bien, los invitados ya habían llegado y estaba ocupando sus asientos, la música sonaba melodiosamente en el ambiente, ahora solo faltaba Candice, su rostro triunfal cambio completamente cuando la vio vestida con algo que ella no aprobó, sobre todo por usar una joyería tan barata y sin valor como él ámbar; Candy se dio cuenta al instante de su molestia por la forma en que la anciana la veía, con paso seguro se acercó a la anciana y esta no tuvo otra cosa que hacer más que aguantar su molestia, quedaba poco tiempo, mandarla a cambiarse de ropa retrasaría todo lo que ya había sido planeado, esa chiquilla atolondrada de nuevo había hecho de las suyas.

Cuando Patty vio a Tom quedo sorprendida, incluso la abuela Martha lo estaba, si tan solo fuera unos años más joven seguro habría caído bajos los encantos de aquel joven tan apuesto, incluso se atrevía a decir nadie se daría cuenta que era un vaquero haciendo perfectamente el papel de un caballero; Tom viendo que su decisión fue la correcta opto por seguir con las indicaciones que Patty le había hecho demostrándole que fue el mejor alumno de todos, ella estaba encantada, sin duda, era seguro que pronto le pediría formalmente ser su novia, quizás ella no se resistía y lo aceptaba.

Llamando la atención de los presentes chocando una cuchara con su copa, la señora Elroy dijo- Señoras y señores, demás personas tan distinguidas que nos acompañan, es para mí un honor presentar ante ustedes a la señorita Candice White Andrew, como una joven que ha alcanzado su mayoría de edad y que con ello abre nuevas puertas para su vida.

Cuando finalizó su discurso, Candy sabía que era hora de hacerse presente y mostrarse ante la multitud expectante, era seguro que por lo menos unos se hubieran cruzado con ella por las calles, pero para la mayoría ella era una especie de desconocida. Tomando el valor necesario, recordando sobre todo las duras clases de la tía Elroy apareció en lo alto dispuesta a bajar las escaleras, todo el público se quedó callado, la música incluso paro, los jóvenes solteros observaban atentos como aquella angelical figura descendía lentamente hasta donde ellos estaban y Albert pudo sentir una punzada de celos al comprobar que su pequeña captaba la atención de otros caballeros, era seguro que más de uno quedaría prendido de su belleza, no podía hacer nada más que tratar de apoderarse de aquel precioso tesoro, como tutor de la joven tenía el derecho de esperarla al final de la escalera y ser él quien la escoltara para presentarla uno a uno con los invitados.

Todos absolutamente todos coincidieron en que esa jovencita era sumamente bella, en especial uno que observaba embelesado a aquella chica rubia, verla vestida de esa forma contrastaba mucho con su traje de enfermera pero aun así lucia hermosa, sabía que desde días atrás, con la mutua compañía en la clínica y el trato diario comenzaba a sentir algo por ella; que suerte que su familia había sido invitada, de no ser así se hubiera perdido de algo tan maravilloso como esto.

Cuando descendió el último escalón Albert la recibió con una sonrisa forzada, sentía un mar de emociones dentro de sí, ella lucia realmente bella, pero se sentía muy mal al no decirle la verdadera razón de todo esto, la amaba y por ello le molestaba que otros ojos aparte de los suyos la contemplaran. Ella ajena a lo que Albert sentía se relajó con solo verlo, su presencia siempre la reconfortaba y en estos momentos era lo mejor que pudo haber hecho, ya había memorizado los nombres de la mayoría de los que allí estaban, pero aun así ellos no la conocían, así que tomada del brazo de Albert camino a donde se encontraba cada familia y saludo muy educadamente.

La mesa principal se encontraba al fondo del salón y se encamino a tomar su lugar muy tranquilamente, todas las personas seguían a Candy con la mirada, las mujeres de su edad incluso de atrevían a criticarla muy discretamente, mientras que los jefes de familia veían la oportunidad perfecta para formar una alianza con el imperio Andrew, si el mismísimo patriarca se negaba a los encantos de sus hijas, sus hijos igual podían hacer un intento con la chica.

La cena fue servida en todas las mesas, haciendo que los presentes no solo se deleitaran con la aparición de Candy sino también con la exquisita comida, todo transcurrió de acuerdo a lo planeado, la tía abuela se sentía orgullosa de lo que hasta ahora había logrado. Cuando los invitados terminaron su cena Albert vio la ocasión perfecta para el brindis, fue entonces cuando tomó la palabra.

-Propongo un brindis por Candy, porque este día sea recordado por ella con mucho cariño y emoción- alzo su copa y todos imitaron su movimiento diciendo salud al unísono.

Luego de esto exhorto a los presentes a bailar, invitando cortésmente a su querida Candy, que inmediatamente acepto, quien podía negarse ante esa mirada; lo siguió al interior de la pista y comenzaron a bailar las notas del **Waltz No. 2, Albert la veía a los ojos, mientras Candy se sentía intimidada ante esa mirada, ¿qué era lo que él tenía? No duraron mucho tiempo bailando, pues fueron interrumpidos por un joven rubio. Albert inmediatamente reconoció el rostro del hombre que ahora pedía bailar con Candy, dadas las circunstancias no podía negarse, se vería como una falta de respeto a los invitados, así que aguantando sus celos soltó a Candy de su agarre y asintiendo solo con la cabeza se alejó del centro de la pista; Candy no entendió su comportamiento, estaba siendo todo un misterio estos días, pero fue divertido ver que Michael pudo asistir a su fiesta, siguiendo las notas de la música, Candy paso el resto de la noche bailando con diferentes caballeros, justo como la tía abuela lo planeo, su sobrino por el contrario se enfrasco en aburridas platicas de negocios y una que otra vez paso a bailar con la hija de algún socio sin poder evitar lo que por dentro lo consumía.

Annie y Archie bailaron sin descanso toda la noche, su compromiso aun no era oficial, pero parecía ser que la piedra que adornaba su pequeño dedo espantaba a los demás caballeros que se acercaban a solicitarle una pieza de baile a la chica, estos se retiraban discretamente mucho antes de decir alguna palabra; sin duda alguna disfrutaron la noche como si fuera la suya.

Patty y Tom también se divertían, incluso la abuela Martha bailo con un caballero de su edad muy animosamente tratando de darles el espacio a los jóvenes para que pudieran platicar a gusto; al momento en que conoció a Tom se dio cuenta que veía a su sobrina con mucho amor, casi podía apostar que se le declararía esta noche o en la fiesta de Annie, parecía ser un muchacho sencillo, pero con el carácter suficiente. Recordó sus días de juventud cuando se enamoró de algún hombre de la misma clase de Tom, cuanto hubiera dado por tener el valor suficiente para luchar por aquel amor, si su sobrina se decidía en darse la oportunidad sin dudarlo la apoyaría, ella siempre sería una cómplice en quien podía contar.

Patty estaba muy sorprendida por el cambio tan notable que presentaba Tom, lucia tan apuesto y gallardo, aunque el traje de vaquero igual le sentaba muy bien, recordando las clases que le había dado comenzaron a bailar, esta vez de forma seria junto a muchas personas más, el bailaba al principio con nerviosismo, cosa normal cuando nunca había estado en un evento de este tipo, pero conforme fueron pasando las melodías cobro confianza y sus movimientos fueron más agiles, que incluso comenzó a disfrutar el baile, ella la chica tímida se divertía.

La noche paso rápidamente entre ondulaciones de vestidos y pasos de baile, poco a poco la mansión se fue vaciando de los invitados hasta que quedo todo en un completo silencio, ya era bastante tarde, así que todos se encaminaron a sus recamaras a descansar, todos excepto Albert, ya habían pasado muchos días desde que miro a Candy con aquel joven y al parecer ella no se había tomado la molestia de mencionarle quien era, parecía agradarle mucho pues lo trataba con mucha familiaridad. Camino un par de veces por el balcón de su habitación tratando de que la brisa de la noche le borrara sus infundados pensamientos, no consiguiendo lo que buscaba dejo la copa de vino que sostenía para meterse a la cama y sin darse cuenta al fin el sueño lo venció.

Candy por su parte disfruto mucho de la fiesta, hubiera querido bailar más tiempo con su príncipe, pero lo vio muy ocupado hablando con sus socios que no se atrevió a llamarlo, se quitó el poco maquillaje que traía en el rostro y se puso el pijama, sus pies estaban muy adoloridos así que necesitaba urgentemente descansar o el dolor pronto sería insoportable.

En toda la semana posterior a su presentación se encontró muy pocas veces con Albert, cuando lo veía solo era en la mesa, distante y detrás de un enorme periódico abierto, la saludaba amablemente pero lucia tan ocupado que al parecer no tenía tiempo para charlar con ella, ni con el mismo.

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Ahora la que estaba emocionada era Annie, su fiesta de compromiso estaba así de cerca de realizarse; su madre y ellos pusieron todo su esfuerzo para que el anuncio fuera todo un éxito, si la fiesta de Candy había sido ostentosa la de ellos sería mucho más imponente. La señora Britter no dejaría que su hija se viera opacada por la otra joven, que aunque perteneciera a una familia muy antigua y distinguida, demostraría a todos que Annie estaba a la altura de su prontamente esposo.

Tom por cuestiones de trabajo tuvo que regresar a su rancho, prometiendo que el día de su compromiso se haría presente, nadie había notado que era un vaquero, incluso mucho de los que conversaron con él lo hicieron pasar como un nuevo rico.

Así fue como el día llego, Archie se encontraba feliz, sus padres ya se encontraban en su mansión y todos los que quería que estuvieran presentes lo estaban. El evento fue casi tan concurrido como el de Candy, el toque juvenil de los prometidos era inigualable, todos podían apostar que la familia había gastado una fortuna para un evento como este, por lo que se dedicaron a disfrutar y a halagar el exquisito gusto de los anfitriones.

Los señores Cornwell se sentían con emociones entre cruzadas, por una parte se sentía felices de que su hijo menor Archie diera esta paso tan importante en su vida, en los pocos días que llevaban tratando a su joven prometida estaban convencidos que era la mujer ideal para su retoño, pero por otro lado se sentían melancólicos de que su hijo mayor Stear no estuviera presente y que mucho menos llegara a disfrutar de una situación similar; después de tantos años seguían sintiéndose culpables de no haber podido hacer nada para recuperarlo, todos hicieron lo que pudieron para confirmar que nunca regresaría. William había movido sus influencias para saber si él aún se encontraba con vida quizá como prisionero de guerra, pero fue inútil saber algo, ahora solo quedaba una resignación que parecía tardar mucho en ser asimilada.

Annie y Archie lucían espectaculares, quedaba claro a todos los presentes que eran tal para cual, ambos tenían un gusto exquisito en cuanto a moda se trataba, la palabra elegante les quedaba corta y fue así como su compromiso se hizo público al mundo, siendo el patriarca de los Andrew quien tomara primero la palabra, demostrando estar de acuerdo y dando la bendición a la inminente unión de Annie a la familia.

-Me siento feliz de ser yo quien haga este anuncio, luego de que nuestra familia viviera situaciones muy difíciles al fin los buenos tiempos regresan, sé que el paso que ustedes están por dar no será sencillo, pero confió que con el amor que se tienen sabrán superar cada obstáculo que la vida les ponga en frente, así pues, hago público que mi sobrino Archivald Cornwell y la señorita Annie Britter unirán próximamente sus vidas para siempre, ¡salud!- dijo alzando su copa.

Los aplausos inundaron el salón y la hermosa pareja se sentía abrumada por el estupor, incluso Archie estaba ruborizado, las felicitaciones no se hicieron esperar y luego del baile, por fin se sentían libres y felices, los padres de Archie la habían aceptado sin ningún problema, ya la trataban como a una hija y eso era magnifico.

Ahora solo quedaba esperar la fecha de la boda para por fin estar con su amado prometido sin tener que rendirle cuentas a nadie, ya estaba harta de traer una dama de compañía detrás de ella todo el tiempo. Ninguno de los dos podía hacer nada, costumbres eran costumbres y si querían que su matrimonio no se viera afectado debían seguirlas al pie de la letra, aunque esto causara incomodidad a más de uno.

Candy había logrado bailar con su príncipe nuevamente y al parecer él ya era el mismo de siempre, quiso preguntarle qué era lo que pasaba, pero viéndolo tan bien opto por no hacerlo, si lo hacía corría el riesgo de que se pusiera en el mismo plan de antes y no quería que eso pasara, al contrario, disfruto entre sus brazos la melodía que tocaba la orquesta.

No había necesidad de quedarse más tiempo en la mansión Andrew, Annie la había ido a visitar un par de veces, pero tenía que regresar a sus obligaciones, seguro el doctor Martin estaba hecho un lío con tantos pacientes que atender, el deber la llamaba y ella obedecía, agradeció a la tía Elroy por la molestias que se había tomado y agradeció a Albert por todo lo que siempre hacia por ella; no había mucho que extrañar de su estadía esta vez, pocas fueron las veces que se vieron, incluso podía decirse que alguien siempre los ponía en distintas partes para que nunca coincidieran estando en la mansión.

Continuara...

Notas de la autora:

*Fragmento de Bonnie Banks O'Loch Lomond, canción folclórica de compositor desconocido.

** Pieza musical de Dmitri Shostakovich.