Katarina había bajado hasta la zona de la ciudad de las ratas, donde toda la escoria real y humana habitaba. No por motivos de placer ni de trabajo. Al menos no trabajo de Miss Fortune. Si no por un asunto personal. No fue a ningún lugar concreto. Solo se detuvo en el estrecho hueco entre dos casas, que a duras penas hacía de calle. Razón por la que casi no pasaba nadie. Allí la oscuridad seria total para un ojo no entrenado.
-¿Alguna noticia?
-Ninguna. Han dejado a Cassie hacer, por ahora.-le indicó una voz proveniente de los tejados.-¿Has averiguado algo?
-Nada. Por ahora, solo han sido callejones sin salida. Empiezo a pensar que aquella carta solo estaba para despistarnos.
-Lo dudo seriamente. Reconocería la firma de tu padre en cualquier parte.
Katarina miró hacia arriba, molesta.
-¿Y te crees que yo no?
-No era eso lo que quería decir.
-Sé lo que querías decir.
Ambos se quedaron petrificados cuando escucharon pasos acercándose. Pero se relajaron cuando pasaron de largo.
-Regresa a Noxus cuanto antes. Solo vuelve a contactar conmigo si surgen problemas. Yo me las apañaré como pueda.
-¿Estás segura de...?
-Sí. Ahora, desaparece.
Ni siquiera le escuchó marcharse. Pero aún así, sabía que se había ido.
Tenía otros asuntos de los que ocuparse, si quería mantener su tapadera. Por alguna razón, Sarah quería hablar con ella aquella noche, y en su villa. No se preguntó porqué. Solo fue allí. Ya se enteraría del objetivo cuando decidiese informarle. Tras lo de las criaturas zaunitas, le quedó claro que no le sacaría nada que no quisiera contarle.
-¿Qué hace aquí el perro de los hermanos?-le preguntó a Sarah, sentándose frente a su escritorio.
-Victor me dijo que no podía quedárselo en su pensión. Y que quieres que te diga. Siempre he querido tener un perro.-dijo acariciando tras las orejas al mastín tumbado junto a su silla.-Pero no te llamé por esto. Necesitaba preguntarte, ¿conoces Piltover? Y antes de que me respondas sarcásticamente, digo si has estado allí...
-¿Sí sé manejarme?-le interrumpió.-La red de espías noxianos es más extensa de lo que ellos imaginan. El problema es que tienen buenos investigadores, y no suelen tardar mucho en descubrirlos. Pero podemos remplazarlos mucho más rápido que eso.
Miss Fortune pareció fruncir el ceño, fastidiada.
-¿Porqué? ¿Tienes negocios allí?
-El problema es que alguien de allí quiere expandir su negocio aquí.-dijo sacando un cigarro de su tabaquera.-Una cosa serían unos piratas freljordianos. No suelen organizarse muy bien, y solo dan problemas cuando lo necesitan. Solo cogen lo que ven conveniente, y no se pasan de la raya. ¿Pero esto? No es solo un rico arrogante, o un científico exiliado de su patria. Estamos hablando de un mafioso que por lo que he sonsacado, tiene casi tanto poder como uno de los clanes que controla la ciudad, y nadie conoce su identidad. Y parece que pretende expandir su imperio aquí. Con una creciente flota incluida.
-¿Tan malo es?-dijo Katarina, no pareciendo muy impresionada.
-¿Malo? Podemos tratar con alguien que puede saquear la ciudad. Pero no comprarla.
-¿Y que vamos a hacer?
-Ya he dado el primer paso. He entregado la mayor parte de la recompensa de lo de Mundo al gobierno de Bilgewater.
Katarina se quedó helada, aunque su expresión tratase de ocultarlo. A la espera de una explicación, Fortune solo encendía su cigarro, con calma. Aún así, se quedó esperando a que Katarina le preguntara al respecto, con una sonrisa.
-¿El motivo?-dijo no queriendo parecer alterada.
No es que le importase el dinero. Pero si la prosperidad de la persona que tenía como única aliada en el archipiélago.
-Que todo con lo que pudiera sobornarles el pilti, no servirá. Y ahora, encima, me van a deber un montón de favores.
-¿Y aquel discurso sobre ser la ley...?-Katarina ladeó la cabeza, divertida.
-Es un préstamo. No un soborno. Hay una diferencia.-dijo tocándose la nariz con el índice, y señalándola.-Además, lo de llamarle gobierno, es solo una formalidad hacia los más poderosos de Bilgewater. Pero aún no has respondido a mi pregunta. ¿Sabes manejarte?
-Tenemos que sacar constantemente a científicos zaunitas buscados por la ley sin que nadie se entere, y silenciar a aquellos que puedan traicionarnos. Conozco cada pasadizo oculto bajo el desfiladero, cada persona con la que hay que hablar y a la que sobornar para pasar desapercibido, y hacer negocios ocultos. Saliendo de Zaun, y entrando en Piltover. Sí. Sé moverme.-dijo sonriendo.-¿Porqué? ¿Ya tienes un plan?
-Lo estoy formulando.-contestó Miss Fortune, formando un corazón con el humo.-Pero también depende de otra cosa. Esos señores de los bajos fondos, ¿nos tomarían en serio?
-Si dices que si nos tomarían en serio por venir de Bilgewater, sin dudarlo.-le dijo tajantemente.-¿Qué criminal no respeta una ciudad del crimen? Si lo que preguntas es si querrán hablar con mujeres, depende.
-¿De que depende?
-De con quien hables. A la mayoría de Piltover le gusta hablar de tratar a los géneros en igualdad. Y eso será cierto entre las clases pudientes. Pero como noxiana, te aseguro que aquellos con miras más anticuadas, criminales en general, no van a hacerlo.
-Hmmm...-se recostó en su asiento.-De hecho, eso podría venirnos bien. Me es más fácil investigar y planear, si le prestan atención a otro. Si puedo buscar a alguien con presencia que nos sirva de cabeza de turco y de marioneta, me vendría de perlas.
-¿Es que pretendes ir hasta allí tú misma?
-Es el único peligro real para Bilgewater que he visto recientemente. El resto no son cosas que no se hayan podido manejar antes. Y creía que mis preguntas ya lo habían dejado claro.
-No. Lo que no creo es que una panda de incultos, sin ofender...
-No lo haces. Lo son.
-Pueda pasar desapercibida.
-Es que no irán ellos. Solo seremos tú, yo, y la marioneta que encontremos.
Katarina cerró los ojos, y sonrió, mientras negaba con la cabeza.
-Suena divertido. En cuanto a marioneta... Rafen serviría. Por lo visto, conoce a los zaunitas.
-No. Me gustaría, pero no. Es él único de confianza que tengo para mantener mis asuntos en orden por mi. Pero por otro lado, será difícil encontrar a alguien que se incline a mis órdenes, pero que además tenga cultura para pasar por un sabio hombre de negocios "ilegítimos", y que tenga la suficiente presencia física para intimidar sin mucho esfuerzo.
Sus deliberaciones se vieron interrumpidas, cuando el portón de la casa comenzó a ser golpeado con fuerza.
-Premio.
Miss Fortune observaba a Victor, sentado en el banquillo de una celda, con la cabeza gacha.
-¿Dicen que lo han encontrado en posesión de una de las reliquias desaparecidas del almacén?-le preguntó Katarina al guardia de servicio.
-Sí. El registro de los contrabandistas lo lista todo a la perfección. Lo que no sabemos es como lo consiguió, o que hizo con el resto.
-Y yo le repito que se le cayó a un tipo rubio con el que me choqué.
-Y la primera vez dijiste que chocó con la nativa con la que ibas.
Victor agachó la cabeza de nuevo.
-Trabaja para mi.-dijo Fortune cortantemente, quitándole las llaves al guardia.
-¿Eh? ¿Cómo que...?
-No sé porque llevaba eso consigo, pero claramente han cometido un error.-dijo abriendo la puerta de la celda.
-Espera. No puede llevárselo sin...
-Puedo. Y lo haré.-habló tajantemente, antes de dirigirse a Victor.-Vamos.
-Gracias, capitana.-le dijo agradecido.
-No hay nada que agradecer.-sonrió.-Voy a necesitar que empieces a pagarme el favor de inmediato.
Meiga aún pensaba en lo sucedido ayer. Más aún, mientras estaba comprando. Que un tipo que la defendió acabe entre rejas por algo que no hizo, le parecía completamente injusto. Más aún cuando mintió para que a ella la dejasen en paz. Pero, ¿cuándo había sido justa la vida en Bilgewater?
-Hola.
-¡Ah!
-¡Aaah...!
-¿Qué sombras haces aquí? ¿Tú no estabas en la cárcel?
-Ahm... bueno, lo estaba, pero...
Fue interrumpido, cuando Meiga lo abrazó de improviso, sonriendo.
-Ehm... ¿A que viene esto?
-Solo me alegro de que estés bien.
-¿Porqué no iba a estarlo? Es decir, entiendo que te sorprenda que este libre, pero, ¿porqué no debería estar bien?
Si le dijera, le sorprendería.
-Es solo una forma de hablar. ¿Cómo saliste?
-Mi jefa vino, y habló en mi defensa.
-... ¿Y ya está? ¿Sin soborno ni nada?-bromeó.
-No. Solo dijo que me iba a sacar, y lo hizo.
-Vaya. Si que debe ser importante tu jefa.
-Por lo que he oído, sí.
-Y gracias por lo que hiciste.
-...De nada. ¿Qué hice?
-... ¿Hablas en serio? Me... mentir para que no me metiesen a mi también contigo.
-No mentí. Dije la verdad. Tú no tenías nada que ver, y yo fui el que... pegó a ese tipo.
-Pero dijiste que con quien se chocó el rubio fue contigo.
-Bueno, como que chocó un poco con ambos, ¿no?
Meiga le miró seria unos instantes, y luego comenzó a partirse de la risa.
-¿He dicho algo gracioso?-le preguntó, mientras ella se sostenía en él.
Meiga se secaba las lágrimas, apenas pudiendo contener la risa.
-No... No... Nada en absoluto.
Cuando por fin dejó de reír, se le quedó mirando. Pareció querer decir algo, pero luego se echó atrás.
-... ¿Qué pasa ahora?
-Querrías... ¿querrías que quedásemos un día para tomar algo?
-Ehm, bueno... Depende de cuando.
-¿Eh?
-La verdad es que me apetece, solo porque me paso la mayor parte del tiempo solo, si te soy sincero. Pero mañana por la mañana tengo que marcharme, y no sé exactamente que día volveré.
-Oh. ¿Y tardarás mucho en volver?
-Mi jefa dijo que como mucho dos semanas. Pero hoy no tendría problema. Aunque supongo que tú...
-¡No! Ejem... Quiero decir, no. Ya has visto a que hora cerramos la capilla. Llama a la puerta sobre esa hora, y allí estaré.
-Vale, perfecto. Solo que no sé adonde podemos ir, ni que hacer.
-Eso déjamelo a mi.-dijo dándole con la mano en el brazo.-Hasta esta noche.
-Hasta esta noche, supongo.
Meiga se fue alejando calle arriba del mercado. Luego esperó a pasar la primera casa, desde donde no pudieran verse, y apretó el puño celebrando.
-¿Dices que tenía uno de estos con él?-preguntó Rafen, observando las cajas que contenían las reliquias incautadas.-¿Y te fías?
-Lleva toda su vida aislado en una isla.-Fortune le quitó el rollo de la mano.-Dudo que vaya a hacer negocios con nadie de Piltover tan pronto.
-Por lo que él dice.-prosiguió Katarina.
-Confiad en mi criterio. Sé cuando debo fiarme de alguien, y cuando no. Y tú puedes atestiguarlo bien.-señaló a Rafen.-No me hagas dudar de ello, respecto a ti, ahora.
Rafen solo suspiró, y dejó el rollo en la caja.
-¿Crees que funcionará?-preguntó Katarina.
-Weichstark no tendrá modo de saber que estás son las antigüedades que debía llevar su nave capturada, ahora que todos sus hombres están presos. Y nada saca a la luz más rápido a un criminal en las sombras, que la competencia.
-¿Cómo pretendes tratar de venderlo en el mercado negro, si ni siquiera sabemos lo que es?-preguntó Rafen.
-Tenemos tiempo para averiguarlo. Además, dudo que ellos vayan a saber lo que compran.
-No deberías salir esta noche.-hablaba una mujer anciana.
-No iré sola, abuela.-le decía Meiga, peinándose frente al espejo.
-Sí. Irás con un chico al que acabas de conocer hace dos días. Lo mismito que hizo tu madre con tu padre.
-Lo dices como si la hubiera violado, o algo.-rió, antes de ponerse seria de golpe, y girarse.-Porque no lo hizo... ¿verdad?
-No. Algo mucho peor. Casarse.
Meiga suspiró aliviada, y negó con la cabeza.
-¡¿Te vas a casar con él?!-preguntó Pani, tumbada sobre su cama.
-¡No! Apenas le conozco.-le dijo Meiga extrañamente avergonzada, para luego susurrar.-Eso ya se dirá con el tiempo.
La abuela se quedó mirando a su nieta.
-Te veo muy lanzada con esto. Normalmente no eres así.
-Bueno, sí, no le conozco mucho. Pero con él es... no sé como explicarlo. Hay algo en él que me inspira confianza. Es más un instinto, o una sensación, que tengo sobre él, que es como si me atrajera, ¿sabes? Casi... espiritual. Sé que suena raro, pero...
-No. Si hay un nombre para lo que explicas.-sonrió la anciana.
-¿Cuál?
-Si te lo dijera, te asustarías.-le contestó, dirigiéndose a la puerta.
-¿Tan malo es?
No le contestó. Solo la observó un momento, antes de salir.
-... ¿Abuela?
Victor no tuvo ni que llamar a la puerta para que Meiga abriese.
-¡Hola! Llegas temprano.-dijo cerrando la puerta de la capilla, y apoyándose en ella, mientras jadeaba ligeramente.
-Llego a la hora que acordamos. Pareces apurada. ¿Pasa algo?
-Nada. Solo cosas de familia. Ven.-le cogió de la mano, y comenzó a tirar de él.-Hay algo que quiero enseñarte.
-Ehm, la ciudad queda por el otro lado.
-Es que no vamos a la ciudad.
-¿Realmente crees que es seguro salir por la noche a una zona sin gente?
-¿Crees que es seguro ir a la ciudad por la noche?
-... Vale. Quiero pensar que en este sitio hay cosas buenas, que motivan a la gente a quedarse. Pero no se me dan muchas esperanzas.
-Precisamente, lo que quiero mostrarte, es uno de esos motivos. Vamos.
Victor se dejó llevar sin resistencia. Total, todo en lo que le había aconsejado había resultado beneficioso para él. Debía de ser única en ese respecto. Todos los demás, temía que le hubieran engañado de alguna forma. Si por todos los demás, entendemos a la tripulación del Sirena.
Debería salir más de casa.
Más adelante, ya no tuvo que tirar de él para que le siguiese. Cruzaron un bamboleante puente de cuerdas entre dos riscos, pinta de haber sido tallado por los nativos, por las marcas en los postes de sujeción, mientras Meiga parecía danzar alegre por él, dando vueltas. Observando el cielo nocturno, mientras el viento azotaba su melena. En ese momento, le parecía tan hermosa como la capitana Fortune.
-¿Pasa algo?-preguntó sonriente, apartándose el pelo de la cara.
Victor miró a otro lado.
-No paras de mirarme.
-Bueno, vas delante.-fue su única respuesta.
-Vale...
Ella volvió a mirar al frente, y siguió caminando.
Comenzaron a descender por una pendiente de inclinación similar a la que llevaba hasta la capilla, pero que terminaba en un pequeño bosque de guayacanes, en vez de en casas. No vieron las casas hasta que pasaron una valla de madera. Pero no eran casas.
Eran cabañas nativas. Pero no parecía vivir nadie allí. La falta de luz en las ventanas, y los techos hundidos, lo corroboraban.
-Hermoso, ¿verdad?-le dijo Meiga.-Desde que los paylangi comenzaron a traer todas aquellas lujosas comodidades del continente, ya nadie quiere vivir así. Y no les culpo, la verdad.
-Me extraña que no diezmasen a tu gente.
Meiga le observó con una ceja alzada.
-Es decir, es curiosidad histórica. Por lo que he leído, lo que suele pasar cuando...
-Sé lo que quieres decir. Pero a nosotros nos necesitaron para tratar con las serpientes marinas. Sobrevivieron aquí gracias a que compartimos nuestra sabiduría con ellos. Pero no te he traído aquí por esto. Ven.
Se quitó las sandalias, y fue escalando una duna hasta desaparecer tras ella. Victor la siguió sin descalzarse, para ver una gigantesca estaca de mar solitaria, a unas decenas de metros de la costa. Era curioso por su anchura, de cerca de 15 metros de diámetro, porque no había otros riscos cercanos ni precipicios que explicasen su formación, y lo perfectamente escarpado de su forma y redondez.
Como si algún dios hubiera dejado un lápiz clavado en el suelo, y hubiera crecido vegetación en la punta de la goma.
-Hermoso, ¿verdad?-le dijo Meiga, mirando para atrás, sentada en la arena, antes de volver la vista a la roca.-Me gusta este lugar, porque es raro que algo tan simple pueda recordarte lo misterioso que puede llegar a este mundo. Siempre que tengo dudas sobre algo, vengo a observarlo, y pienso...
No terminó. Victor se sentó a su lado, sin desfijar la vista de la estaca.
-¿Piensas?
-No lo sé. Solo me relaja.
Apoyó la cabeza en el hombro de Victor. El corazón de este pareció latir un poco más deprisa, pero enseguida se relajó cuando notó a la luna justo tras lo alto de la estaca, iluminando el verde follaje de las pequeñas plantas y arbustos sobre la punta de la goma.
-La vista desde ahí arriba debe de ser espectacular.
-Seguro. Si solo fuera humanamente posible llegar hasta allí.
No estuvieron así mucho rato, antes de que Meiga decidiera levantarse.
-Pero en fin. Ya te he tenido aquí suficiente tiempo. Debes de estar hambriento. Al menos, yo lo estoy. Vayamos a cenar a algún sitio.
