Capítulo 10
Firmo la última libreta de papeles que tenía en su escritorio y miro a Ayame quien la miraba a ella muy profundamente – me miras como si no te hubiera llegado el pago del mes y te debiera dinero –
Ayame rio – no, no… el pago me llego – dijo sonriendo – pero hay algo diferente en ti últimamente. La felicidad brota por los poros-
Kagome sonrió – si – admitió – es por Sesshomaru
Sí, eso lo sé – dijo Ayame - ¿ya hablaron con la momia? - pregunto tomando los papeles del escritorio
El viejo Taisho – murmuro Kagome – respeta a tus mayores.
Sí, porque decirle viejo al viejo es muy respetuoso – se mofo Ayame.
Kagome sonrió. – no – dijo – aún no hemos dicho nada.
Y Sesshomaru ¿le ha dicho a alguien más? - pregunto
Kagome pensó por un momento – no que yo sepa – dijo ella dejando su espalda caer sobre la silla. – sé que sospechaban que algo estaba haciendo porque no dormía en casa, pero no se mas de ahí – confesó.
Bueno – dijo Ayame. – te informo que tu cita de las dos, es con Inuyasha – Kagome dejo caer el lapicero que tenía en sus manos. – y algo me dice, que no es para hablar de lo bien que van las cosas en la empresa.
Kagome no dijo nada. De hecho, no se dio cuenta de cuando Ayame salió de la oficina y la dejo sola. Miro el reloj de reojo… faltaban cinco minutos para las dos. Genial.
Tocaron su puerta y ni se molestó en decir que podían pasar. Inuyasha iba a entrar en la oficina lo quisiera ella o no. Se levantó y se aliso la falda que llevaba puesta y ajusto el cuello de su camisa.
Buenas tardes – la voz de Inuyasha seguía teniendo ese todo de paz y tranquilidad de hacía cinco años atrás.
Buenas tardes Inuyasha – dijo ella acercándose a él. Intento decir algo más, pero no se le ocurrió nada. Obviamente el silencio siempre fue lo más incómodo de todo el momento.
¿te puedo ofrecer algo de tomar? - pregunto posando su mano en la nuca.
Agua – dijo el mirándola fijamente. – la voy a necesitar para decirte todo lo que vine a decirte. – y así era como empezarían las cosas, sonaba más declaración de guerra que tregua.
Sé que no sabes por qué estoy aquí – dijo el sentándose en el sofá de la sala de la oficina de Kagome. – pero puedes estar segura que no es para hablar de negocios – Kagome dejo el vaso en la mesa y tomo asiento.
Eso ya lo sabía – dijo ella. – y algo me dice que estas aquí por Sesshomaru. No quiero alargar la conversación más de lo que se debe – ella estaba dispuesta a pelear contra Inuyasha. – así que ve al grano.
Lo vio sonreír y le dieron ganas de plantarle un golpe en la cara – calma – le dijo – vengo en son de paz. Aunque no lo creas, vine a hablar de lo que paso hace cinco años. – la vio ponerse rígida. El tema que a nadie le gustaba tocar. Esa fiesta.
Nosotros nunca tuvimos la oportunidad de hablar después de lo que paso. Tú te habías desmayado y mi hermano te saco del salón lo más rápido que pudo mientras yo me encargaba de sacar a Kikyo de ahí para evitar que mi padre le pusiera las manos encima. – Inuyasha soltó un suspiro – después de eso, los murmullos de los invitados se volvieron enloquecedores. Solo quería sacarlos de ahí lo más rápido posible para poder pensar en calma en una forma de explicarte lo que acaba de pasar.
Kagome lo miro con un poco de pena y relajo su cuerpo. Inuyasha sobaba los nudillos de su mano derecha con delicadeza. Estaba nervioso.
Cuando al fin pude estar solo, camine en círculos cientos de veces por el salón. Sesshomaru se había encargado de lidiar con tu abogado mientras yo recogia del suelo las fotos que Kikyo había llevado y entre esas estaba la prueba de su embarazo. Cuando me di cuenta que lo que había hecho no se borraría con una simple disculpa, decidí ir a buscarte, pero me topé con mi padre en la entrada del cuarto y te podrás imaginar todo lo que me dijo esa noche – se rio – por un momento pensé que si hubiera tenido un revolver en la mano me hubiera matado sin pensarlo dos veces.
Debes estar satisfecho – lo acuso el anciano. Inuyasha no podía mirarlo a la cara.
Espero sepas lo que tu aventurita con tu asistente causo – Inuyasha levanto la mirada solo para toparse con la mano de su padre, quien le había plantado una bofetada. – tienes dos días para solucionar tu problema con Kikyo. Y solo por esa criatura que espera no te echo de mi casa y te dejo en la calle.
Le dio otro sorbo al vaso de agua – no vengo aquí a contarte lo que paso después, que lo más probable es que ya lo sepas. Tu padre se encargó de sacarte de aquí lo más rápido posible. Y en el proceso cerró sus puertas a los Taisho en todo aspecto. Fue un golpe fuerte que le dio al imperio de mi padre, lo cual le dio otro motivo para resentirme un poco más.
Inuyasha – Kagome intento interrumpirlo
Espera – dijo el – intente llamarte incontables veces. Te busque hasta debajo de las piedras, pero era como si Kagome Higurashi nunca hubiera existido. Intentar utilizar los beneficios que vienen con mi apellido era inútil. Era obvio que nadie iba a traicionar a tu padre. Pero en verdad lo hice, intente buscarte para hablar contigo, para pedirte perdón, para explicarte lo que paso, pero no pude.
Las pestañas de Inuyasha se humedecieron un poco y bajo su mirada. Kagome se sentó a su lado y poso su mano sobre su espalda – yo sé, todo eso que me dices, yo lo sé. Y no fue mi padre quien lo hizo, fui yo.
Inuyasha levanto su mirada del suelo. – después de lo que paso lo único que quería era alejarme de todo lo que tuviera que ver contigo, tu familia y Japón. No fue fácil, pero lo conseguí. Sabes, después de lo que paso, te odie con todo mi ser. No podía entender en que falle como para que tu decidieras estar con otra mujer. Todo lo que hacía o venia me recordaba a ti, los momentos que vivimos y de repente todo se venía manchado con el recuerdo de esa noche. Y yo no sabía que hacer aparte de llorar. Me hundía en una depresión de la cual no quería salir. Y lo peor de todo, era que me culpaba de todo lo que paso.
No fue que fallaste en algo – dijo el mirándola con los ojos llenos de tristeza – tu siempre fuiste asombrosa. Me encantaba estar contigo, tu manera de hablar, de reír, de caminar, de tocarte el cabello. Tú eras perfecta para mí. – hizo una pausa. – pero en ese entonces, Kikyo era un escape para mí. Era alguien que no tenía nada que ver con mi familia. Siempre estaba ahí cuando entraba en problemas para sacarme de ellos y tú también lo estabas, pero lo peor ya lo había solucionado Kikyo. – Inuyasha apretó los puños. Se sentía como un patán.
Yo intente ser buena novia para ti – le confeso Kagome – pero por la naturaleza de mi familia, yo no podía estar a tu lado todo el tiempo. Sé que la ausencia puede llevar a parejas a buscar salidas poco adecuadas, pero nunca pensé que nos pasaría a los dos. – Kagome se secó una lagrima que rodo por su mejilla.
Solo quiero que sepas Kagome que, si te amé, te amé con todo mi ser y después de mi primera noche con Kikyo entendí que yo era una basura para ti. Lo sigo siendo. Porque un hombre que valga la pena no sería capaz de pensar en estar con otra mujer mientras tiene a una chica esperándolo. – Kagome lo hizo callar posando una mano sobre su mejilla.
Inuyasha es tarde para esto – dijo ella – cinco años muy tarde – le recordó – creo que lo mejor es superarlo y seguir adelante. Tú debes ser feliz con Kikyo y tu hijo. Ella se merece que la quieras como se debe y tu mereces ser feliz.
Las cosas entre ella y yo mejoraron. Ahora somos una pareja un poco más normal. – confeso. – y espero que Sesshomaru y tú también sean una pareja normal.
Kagome rio – supuse que esta conversación llevaría a hablar de Sesshomaru –
Si – dijo el – es importante que sepas que cuentas con el apoyo de Kikyo y mío. – Kagome sonrió
Sabes lo que pasara cuando esto salga al público. Los periódicos los van a comer vivos. Sobre todo, a ti – dijo el preocupado.
Si, ya me imagino el título de la primera página. Algo así como regrese para meterme con el otro hermano de la familia Taisho – se encogió de hombros – estoy preparada para eso.
Sesshomaru le va a romper la cara a todos a golpes – dijo el – se viene la lluvia de demandas por parte de los periodistas
No lo creo – dijo ella. – tenemos pensado irnos y anunciar el matrimonio estando lejos de aquí. – se acercó a su oído – pero solo tú lo sabes.
Inuyasha sonrió - ¿Cuándo le dirán a mi padre? - pregunto
Toda la felicidad de Kagome se borró en un instante – eso mismo me pregunto yo –
Tu sabes mejor que nadie que será el primero en oponerse – inuyasha agarro su mentón.
No tiene porque – dijo ella – entiendo que será una noticia poco esperada, pero con todo respeto – Kagome hizo una pausa – Sesshomaru ya es un hombre, es libre de casarse con quien quiera. Y yo, no voy a dejar mi felicidad por tu padre.
Había un brillo de guerra en los ojos de Kagome cuando hablo. Era como si por Sesshomaru estuviera dispuesta a pelear con el mundo entero a garras y dientes. - ¿lo amas cierto? -
Como nunca he amado a alguien – confeso ella. – ya una vez me negaron la posibilidad de ser feliz al lado del hombre que quise. Esta vez no lo voy a permitir.
Esta con su hermano menor – escucharon la voz de Ayame hablar.
Hablando del rey de Roma – dijo Kagome riendo
Inuyasha se levantó y cerró la puerta con seguro – vamos a dejar que se vuelva loco un momento
Si me tira la puerta, tú me la vas a pagar nueva. – lo amenazó Kagome.
Avísale que estoy aquí – dijo Sesshomaru
No – le respondió Ayame.
Ayame no estoy para bromas. Entrare entonces –
¿Qué hace esta puerta con seguro? - ya se podía imaginar la cara de Sesshomaru al ver que no podía entrar. – Ayame abre esta puerta o la derrumbo. Y tú vas a pagar por ella nueva.
Vaya… hablan igual ustedes dos – dijo Inuyasha. Kagome solo le guiño el ojo.
¡Kagome! – dijo Sesshomaru sacudiendo la puerta.
Kagome le quito el seguro a la puerta y miro a Inuyasha. – no me gustan estos chistes – dijo Sesshomaru.
Ella se paró a su lado y le tomo la mano – tu hermano y yo hemos tenido una buena conversación. Lo que debimos hacer hace mucho tiempo – dijo sonriendo – y creo que es importante que sepas que contamos con su apoyo y ayuda para cualquier cosa.
Sesshomaru lo miro fijamente – no te arranque la cabeza porque somos familia. –
Gracias a los dioses- dijo Inuyasha burlándose de el - pórtense bien. Y cuando estén preparados, aquí estaremos Kikyo y yo. – y con esto Inuyasha los dejo solos.
Eres un animal – dijo Kagome dándole un beso a Sesshomaru mientras caminaba a su escritorio. Soltó un chillido cuando sintió la mano de Sesshomaru darle una nalgada. - ¡Sesshomaru! –
¿Qué? – dijo el sonriendo. – son mías – esa era su defensa.
No me digas – dijo Kagome. – no hagas cosas así en el trabajo
¿Por qué no? – dijo el atrayéndola hacia el – eres mi pareja, tengo derecho a ser cariñoso contigo – sonrió en los labios de Kagome y la beso.
Se abandonó en los brazos de Sesshomaru y se embriago totalmente con su olor. Decir que tenía un pequeño problema de adicción eran poco. La suavidad de sus labios, su cálido aliento, el leve sabor a whisky, la delicadeza con la que su lengua hacía estragos por su boca, eran cosas que deseaba sentir todos y saborear todos los días.
Abrazo el cuello de Sesshomaru y poso sus manos en la nuca de este, sobando un poco el cabello del joven. La suavidad de este le causaba cosquillas en los dedos. – me encantas – dijo ella separándose un poco.
Esta noche dormiré en tu casa – dijo el – tengo algo especial preparado para ti.
Kagome lo miro un poco preocupada – no mi amor, tampoco es de la oficina – y la vio soltar el aire por la boca.
La levanto un poco y la sentó en su escritorio. Sobo un poco las suaves piernas de Kagome con sus manos y poso sus labios en los de ella de nuevo. – la puerta aún está abierta.
No me importa- dijo él. Recorrió el mentón de Kagome con la punta de su lengua. Dejo un camino de besos en el cuello de Kagome y cuando poso sus labios en el lóbulo de la oreja izquierda, su corazón se detuvo en seco.
¿Qué creen que están haciendo? – pregunto una voz vieja, cansada, llena de asombro y enojo.
Se miraron con horror el uno al otro y no se atrevieron a mirar a Inutaisho.
¿les pregunte, ¡qué demonios creen que están haciendo!? – grito pegándole al suelo con su bastón.
De todas las personas que pudieron haber entrado por esa puerta, de todas… tuvo que ser él.
Kagome se bajó del escritorio de un salto y acomodo su ropa lo mejor que pudo, mientras Sesshomaru pasaba su mano por el cabello con una expresión de fastidio en el rostro.
Déjame explicarte – dijo Sesshomaru
¡tú cállate! – le grito el anciano pegándole aún más fuerte al suelo. - ¿Cómo se atreven a hacer esto?
Inutaisho – dijo Kagome intentando calmarlo un poco – por favor tome asiento y se lo podemos explicar.
¿¡explicar que degenerados!? – le grito - ¿a qué pensaban llegar?
Cálmate – le dijo Sesshomaru. – Kagome y yo estábamos haciendo lo que cualquier pareja enamorada hace.
¿enamorada? – los miro asombrados - ¿ustedes dos, enamorados?
Kagome asintió con la cabeza e Inutaisho la apunto con el bastón. – tu. Tu no vas a estar con Sesshomaru mientras yo esté vivo. – Kagome abrió los ojos en asombro.
Espera – dijo Sesshomaru - ¿Qué te crees? Tú no puedes venir aquí a dar órdenes en la vida privada de los demás.
Con un demonio que si puedo – dijo Inutaisho. – sobre mi cadáver, vas a estar con esta mujer. Nunca después de su regreso quiero un lazo más que de negocios entre estas familias. Y así me odies Sesshomaru, pero soy capaz de acabar con esto y hacer que ustedes dos no se vuelvan a ver.
Usted no puede hacer eso – dijo Kagome - ¿se ha vuelto loco? Sesshomaru y yo somos libres de estar juntos.
Descarada – la acuso. – pasas de un hijo a otro como una cualquiera. ¿no te da vergüenza pensar lo que dirá la gente? Después del fiasco que fue tu fiesta de compromiso, donde la gran y respetada joven Higurashi fue dejada en ridículo por la aventura de Inuyasha.
Kagome no sabía que decir. – tu apellido no volverá a manchar el mío.
Sesshomaru se puso en frente de Kagome y miro a su padre fijamente – no te voy a permitir que le hables así. Si te gusta o no la idea de que Kagome y yo seamos novios… menos te gustara saber que nos vamos a casar con o sin tu bendición.
Inutaisho se llevó la mano al pecho y abrió sus labios en dolor. Apretó fuertemente su camisa y cayó sobre sus rodillas. Intentaba decir algo, pero no podía. - ¡Sesshomaru! – grito Kagome. - ¡AYAME! Llama a una ambulancia – y vio a Inutaisho desplomarse en los brazos de Sesshomaru.
Tenía seis horas caminando en círculos en la sala de emergencias. Sango era un manojo de nervios. Inuyasha se encontraba sentado al lado de Kikyo y él se encontraba de pie abrazando a Kagome que no dejaba de temblar. ¿quieres que te consiga un té para los nervios? – le pregunto mientras le depositaba un beso en la frente.
No – dijo ella – solo quiero quedarme aquí
¿pero qué fue lo que paso? – pregunto Sango.
Sesshomaru miro a Inuyasha y este comprendió todo. – Se enteró de todo.
Sango se dejó caer sobre la silla - ¿y por eso esta así? – cuestionó – debería estar dichoso que su hijo mayor al fin sentó cabeza.
Sesshomaru abrazo más fuerte a Kagome. – todo estará bien- y ella solo asintió con su cabeza.
Ha sufrido un ataque cardiaco – dijo el médico mientras se sentaba en la silla de la sala de emergencias. – con la avanzada edad de tu padre y su diabetes me sorprende que no lo hayamos perdido. Reaccionaron a tiempo – dijo
¿Estará bien? – pregunto Sango.
La recuperación será larga – dijo el doctor. – le voy a prescribir unos cuantos medicamentos. Su dieta será cambiada una vez más y un poco de ejercicio le hará bien. Pero todo será progresivo. Ahora se encuentra dormido. Cuando despierte daré el permiso para que entren uno por uno.
Todos asintieron – solo una persona puede pasar la noche aquí – les recordó.
Yo lo hare – dijo Sesshomaru– vayan a casa todos a descansar. Mañana pueden venir tan temprano como puedan.
¿seguro? - le pregunto Kagome.
Si mi amor – dijo el dándole un beso.
El sonido del monitor del corazón y el ventilador artificial de su padre eran lo único que podía escuchar en el cuarto. Se había acostado en un sofá al lado de la cama de su padre. Dejo su saco en la silla y desabrocho los primeros bonotes de su camisa. Poso una mano tras su cabeza y suspiro agotado. Una suave luz entraba por la ventana y alumbraba el cuarto. Era tenue, lo suficiente para poder admirar la cajita que tenía entre sus dedos. Levanto un poco la cabeza y vio a su padre profundamente dormido.
Abrió la cajita y vio el anillo que había conseguido para Kagome. Él pensaba proponerle como debía esa noche. Lo tenía todo preparado para sorprenderla… pero tenía que pasar esto. No pensó que las cosas fueran a terminar así. No pensó que la vida de su padre se pondría en riesgo. Tampoco pensó que se opondría de tal forma.
Suspiro derrotado. Cerro la cajita con tristeza y la dejo a un lado de su almohada y se fue quedando dormido con el sonido del monitor.
