Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath porque es la mejor locutora, a mi tatita Vero porque es amor puro, a mi princesita Gen porque está siempre conmigo, a Alex porque me soporta cursi perdida, a Bego porque tengo ganas de verla pronto, a la sonrisa más bonita del mundo, a mi pequeña estrella y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 10 EL FIN DE LA GUERRA

Inglaterra 1944

La discusión que originó la decisión de Regina duró hasta altas horas de la madrugada. Alec había llegado a la cabaña para encontrar a las dos mujeres escupiendo fuego en sus miradas, enfrentadas ya que ninguna quería dar su brazo a torcer.

Cierto era que Emma estaba llegando al límite, ella misma habría estado dispuesta a dar la vida en Varsovia saltando a los trenes de la muerte pero tras su huida y la pérdida de August y Andreja solo quería vivir tranquila, al menos con toda la paz que podían tener en medio de la guerra mas su Regina siempre tenía en mente otros planes.

No era su lucha, se lo repitió mil veces y su morena no quiso escucharla, estaba decidida a marcharse de Inglaterra y seguir órdenes del gobierno estadounidense, quería sentirse útil y hundir el régimen nazi de una vez por todas, se lo debía a Andreja y August, se lo debía a todos los inocentes masacrados por la locura y la maldad de la raza humana.

Estaba decidido, iba a marcharse, iba a abandonarlos en Inglaterra y eso era más de lo que Emma pudo soportar. Por primera vez en años, esa noche no compartieron el lecho, ofuscadas, sin atreverse a dar su brazo a torcer.

A la mañana siguiente, cuando Emma despertó, Regina ya no estaba en la cabaña, se marchó temprano, sin despedirse, seguramente aun molesta por la reacción de su amada y su propio orgullo que le impedía darle la razón. Ni ella misma comprendía qué hecho insólito la empujaba a meterse en la boca del lobo una y otra vez, simplemente las noticias filtradas de os horrores nazis era impulso suficiente para convertir esa lucha en la suya, para intentar ayudar a aplastar ese horror cuanto antes.

Era bella, lo sabía, usaba ese hecho para conseguir lo que quisiera, manipular a los hombres siempre se le dio bien… Emma no comprendía, no podía entenderlo pero su rubia era lo único cierto que había en su vida, la única luz en medio de las sombras, su Emma, terriblemente enfadada con ella, esperaba que la distancia impuesta entre ellas y el tiempo borrara de sus ojos aguamarina el dolor y el rencor que dibujó al saber que su amada volvería a jugar con la muerte.

Una simple nota sobre la mesita del salón fue lo que dejó para su amada, rogándole perdón y asegurándole que mantendría el contacto, que ella debía permanecer a salvo hasta que terminase la locura, la guerra llegaba a su fin, podía notarlo en el ambiente tenso a su alrededor.

Durante un año entero, Alec y Emma recibieron vagas noticias de las actividades de Regina, el joven la odiaba por haberlos abandonado de esa manera, aunque su odio escondía la tremenda preocupación de perder una vez más a un ser querido.

Emma apenas pronunciaba palabra, recibía los telegramas del gobierno americano con una mueca de asco en el rostro, sus sentimientos oscilaban entre el odio y el profundo amor que había sentido desde niña, el asco al imaginar a su Regina en la cama con altos cargos alemanes, la añoranza pues se acostaba cada noche con un hueco helado a su derecha, el lugar que le pertenecía a la morena por derecho mas esta se hallaba lejos, jugando a salvar el mundo…

Cuando la madrugada se cernía sobre ella, la encontraba mirando al techo con semblante serio y lágrimas que se negaba a derramar, en su mente una idea la obsesionaba hasta enloquecerla… Si perdía a Regina, si esta caía, si no volvía a verla… Su último recuerdo sería una discusión y dormirse con la ausencia de sus brazos rodeándola.

Las noticias de las actividades de Regina eran escasas, se contentaba con saber que seguía viva y rezar para que todo terminase y golpear a la morena por su estupidez extrema, abrazarla, sentirla, hacerle prometer que no volvería a abandonarla.

Todas las noches, junto a la radio, escuchaban los avances de los aliados, el desembarco de Normandia provocó que la balanza se inclinase a su favor provocando la euforia, realmente estaban cerca de terminar con esa guerra, cerca de volver a ver a Regina.

En enero del 45, Hitles y sus allegados se refugiaron en un bunker subterráneo dejando Berlín completamente desatendido, era el principio del fin, la locura del Fuhrer rozaba lo absurdo, había provocado la destrucción de Europa y, viendo cercano el final de la guerra y de su partido, acabó suicidándose meses después.

En mayo del 45, los soviéticos tomaron Berlín acabando así definitivamente con el régimen nacional socialista y, aunque la guerra continuase unos meses más entre Japón y Estados unidos, en Europa celebraban el fin de la contienda tras largos años de dolor, muerte y destrucción.

En medio de la euforia, Emma recibió la carta que llevaba demasiado tiempo esperando, la carta de Regina pidiéndole que se reuniese con ella en Polonia ya que estaba ocupada ayudando a los soviéticos a liberar los campos de exterminio.

El viaje de vuelta al hogar de Alec se dio sin mayor complicación, al llegar, fueron recibidos con cortesía y alojados en uno de los pocos hoteles que seguía en pie. Al entrar en la habitación pudo verla una vez más, frente a la ventana con uniforme militar, el cabello más largo y salvaje, sus ojos oscurecidos por el horror y la violencia y el porte serio y elegante, su Regina, los rasgos eran los mismo pero no era la misma mujer, lo sabía.

Se acercó a ella, de forma tímida aunque impaciente, sus ojos e clavaron en su rostro, dorado por el sol, sus cabellos rubios enredados, sus ojos aguamarina más vivos que nunca… Una sonrisa nació en sus labios, sonrisa blanca y cristalina, mientras tomaba la mano de su Emma y devoraba sus labios con sed infinita, la había echado terriblemente de menos.

-Estás… diferente Gina

-"La guerra cambia a las personas Emma, ya no soy la señorita que huyo de casa para estar con su amor… ahora soy una mujer, una que ha visto demasiado y se niega a perderte amor"

-Aun estoy enfadada contigo por marcharte como lo hiciste

-"Ven conmigo… Comprenderás porque lo hice…"

-¿A dónde vamos?

-"A Auschwitz, al menos a sus alrededores… estamos ayudando todo lo que podemos al personal médico, los presos que liberamos no parecen personas Emma, les han quitado hasta la humanidad…"

Con prisa se cambio las ropas que llevaba durante su viaje y, a pesar de su cansancio, dejó a Alec dormido y se marchó tras Regina, sin intención de despegarse de ella tras tanto tiempo sin poder verla.

Montaron en un coche que la morena condujo con presteza, lo que llevó a Emma a pensar en qué momento había aprendido a conducir. Perdida en sus divagaciones no se dio cuenta de que salían de la ciudad, adentrándose en campo abierto hasta que ante sus ojos se presentó la verja con aquel tétrico mensaje, El trabajo os hará libres.

Regina paró el vehículo y bajó, tomando su mano sin pronunciar palabra se dirigieron a un campamento con las cruces rojas no muy lejos de ahí, el lugar donde trataban a los presos más débiles, aquellos que no pudieron ser trasladados a un hospital.

Al entrar en las carpas, Emma sintió como el corazón se detenía en su pecho y se le secaba la garganta ante el horror que pudo contemplar. Hombres y mujeres que no parecían serlo, solo piel y huesos, miradas vacías y huecas, fantasmas de aquello que fueron en su día.

Regina apretó su mano con fuerza y la obligó a andar, dirigiéndose a una joven muchacha, de mirada aguamarina y cabellos castaño claro, ondulados, cayendo por su espalda como una grácil cascada de rizos, una muchacha con la sonrisa mas bella que Emma había contemplado, dulce y cristalina, aunque sus ojos mostrasen su endurecido corazón ante el horror que presenciaba cada día.

-"Laura, Ella es Emma Swan, la mujer de la que tanto te he hablado estos días. Emma, ella es Laura Darcy, voluntaria en este caos infernal"

-Un placer Emma, Regina ha hablado mucho de ti… Eres Judía ¿verdad?

Emma no supo que responder, se ahogaba en el horror y la miseria que las rodeaba, la mano de Regina la anclaba al suelo. Tragó saliva con dificultad y enfrentó la mirada clara de esa muchacha.

-Sí, lo fui, durante un tiempo… ¿Les hicieron esto por ser judíos?

-Eso hicieron, la crueldad humana no tiene límites conocidos… Ha sido un placer Emma, debo continuar reconociéndolos

Haciendo un gesto de despedida, se marchó entre la fila de enfermos, regalándoles su sonrisa, su luz esperanzadora, dejando a la joven rubia consternada con lágrimas en los ojos.

De pronto sintió las manos de Regina rodeándola, su aroma, el mismo que tanto había extrañado y su voz susurrando en su oído.

-"Aquí murió Andreja… Lo descubrí antes del fin de la guerra… Me encargué de terminar con aquellos que la asesinaron Emma"

-Son unos monstruos

-"No harán más daño, los vencimos, ganamos…"

Con una disculpa, Regina se separó de ella pues tenía quehaceres en ese lugar. Emma se dedicó a deambular por los pasillos, alcanzando agua cuando se lo pedían, ayudando siempre que era necesario.

Sus pasos la llevaron sin apenas darse cuenta, a una pequeña cuna, derramando sus lágrimas sin poder retenerlas al ver la criatura que dormía en ella. No se dio cuenta de que Laura la estaba observando hasta que la joven se puso a su lado, contemplando el rostro del bebé con una sonrisa.

-La encontramos de milagro, estaba escondida en unos barracones. Realmente es un auténtico milagro que siga con vida siendo tan chiquitina… Es un resquicio de esperanza ¿no crees? E medio del infierno se abrió paso a la vida y ella esta aquí

-"¿Cómo se llama?"

-Yo la llamo Judith, es el único nombre judío que conozco, bueno conozco más pero ese me gusta, significa alabanza divina

-"¿Y sus padres?"

-Muertos, está sola

."Ya no…"

Movida por un impulso inexplicable, tomó al pequeño bebé en sus brazos, acunándolo… La guerra se lo había quitado todo pero ella sería su luz.

Buscó a Regina con la mirada y no tardó en encontrarla, con una sonrisa triste en el rostro. La morena la miró, con el pequeño bulto entre sus brazos, no hicieron falta palabras para que Regina comprendiese y asintiese suavemente con la cabeza, Emma necesitaba salvar a ese bebé y ella no sería quien se lo impidiera.

Se acercó a su Emma, visualizando los ojos oscuros del bebé que llevaba en sus brazos, la niña se había despertado y observaba su alrededor curiosa, escuchando el sonido de la voz de Emma, serenándola.

-"¿Cómo se llama la pequeña?"

-Judith… Judith Mills