Creo que tarde mucho, un mes T.T pero tenia examenes y esas cosas que le quitan el tiempo a la gente, quiero agradecer el apoyo a todos los que le dieron una oportunidad a este fanfic y que lo hayan retomado despues de tanto tiempo, vale mucho para mi, espero leernos pronto y que les guste el final, algo trillado pero con mucho cariño.

Hasta luego

y de nuevo gracias ;)


10

De nuevo estaba sentado en el sillón de una habitación de hospital esperando a que su hermosa esposa despertara, aunque esta vez era diferente ya que no estaba preocupado, sabía que estaba cansada pero que despertaría pronto, no tenía miedo de no volver a ver sus bellos ojos azules abrirse otra vez y lo más importante de todo, no estaba solo, su pequeño bebé de tan solo unas horas de nacido dormía tranquilamente entre sus brazos.

Estaba sorprendido de lo chiquitín que era, ni su primera hija había sido tan pequeña, Rin en comparación con el pequeñajo de Sakumo había nacido con dos semanas de retraso, su hijo con casi cuatro de prematuro, aunque tenía unos pulmones de acero según las enfermeras. Su hija había pesado ni más ni menos que unos saludables cuatro kilogramos y Sakumo había sobrepasado por poco los dos y medio. Los mejores pediatras y doctores de neonatología del St. Luke's Internacional Hospital le habían asegurado que a pesar del tamaño y poco peso del recién nacido su Apgar había sido de nueve y que estaba sano.

Sesshoumaru retiro un poco el gorrito que ayudaba a su bebé a retener el calor en su pequeño cuerpecito para poder acariciar el suave y casi inexistente cabello de su hijo y después darle un delicado beso, era increíble lo rápido que se enamoraba uno de sus hijos.

― Hola―. Le saludo el amor de su vida con una bonita sonrisa en los labios, se veía pálida y cansada, pero era de esperarse ya que el parto no había sido nada fácil, estuvo con dolores fuertes doce horas y había pujado más de una y media para poder traer al pequeño a la vida.

― Hola mami, ¿Quieres cargar a tu bebé?

― Si por favor―. Le dijo acomodándose en la cama y con sumo cuidado Taisho le puso entre sus brazos a Sakumo que al reconocer el calor de su madre abrió los ojos, no era seguro pero al parecer serian exactamente iguales a los de Sesshoumaru y la ligera capa de pelo que le cubría la cabecita era casi transparente―. Es idéntico a ti―. Dijo dándole un beso a su bebé en la sien―. Y es pequeñísimo.

― Su pediatra, la doctora Izuri dijo que pronto ganaría peso y que era largo, así que será tan alto como yo.

― Mi pequeño príncipe…―Le da un beso en la frente― ¿Ya trajeron a Rin?

― No, amor. Es muy temprano aun, no pasan de las siete de la mañana.

― Deberías ir a descansar, no has dormido en dos días―. Le dijo aceptando los suaves besos que su marido le daba en los labios.

― No estoy tan cansado. Y no quiero separarme de ustedes.

― Estaremos bien, te ves fatal.

― Muchas gracias señora Taisho, usted luce fantástica.

― Acabo de dar a luz, me siento fantástica. ¿Podremos ir a casa hoy mismo?

― No creo que sea buena idea…

― Pero me siento bien y él se ve que está perfectamente, ya quiero ir a casa, no me gustan los hospitales―. De pronto el pequeño Sakumo comenzó a llorar―. Perdón Sakumo, ya, ya, mamá está loca, tú tranquilo bebé…

― Tal vez tenga hambre…

― Ayúdame a acomodarme por favor―. Le pidió desabotonando la parte superior de su bata. Con cariño Sesshoumaru le ayudo a acomodar a Sakumo para que pudiera tomar su primera y bien merecida dosis de leche materna, un poco confundido pero con ese instinto natural de todos los bebés se aferró al pecho de su madre con la boquita y comenzó a succionar.

Su mujer lo tenía vuelto loco de contento, mientras más tiempo pasaba a su lado más lo enamoraba, su ternura y buen corazón era lo que más le gustaba de ella, no entendía aun como pudo creer que amaba a Kagura, ella era egoísta y vanidosa, le había negado a su hija su leche por pura vanidad y Kagome estaba disfrutando de poder alimentar a su bebé. Eso era el verdadero a amor… Y le agradecía a dios el haber podido encontrarlo.

― Eres la mujer más maravillosa del mundo, gracias por nuestro hijo.

― Gracias a ti.


― Ve esa linda boquita―. Dijo Sango al ver bostezar al pequeño.

La habitación de pronto se había llenado de gente, estaban Sango, Miroku, Izayoi, Taisho padre y la pequeña Rin, todos le llevaron regalos para el bebé, ramos y globos para la mamá.

― ¿Tiene cabello? ¿De qué color son sus ojos?—. Pregunto la abuela.

― No lo sabemos con seguridad pero parece que serán ambarinos y tiene muy poco pelo―. Dijo Kagome retirando el gorrito.

― Owww es igual a mi Sesshoumaru cuando nació. Rin cariño acércate a conocer a tu hermanito―. Dijo la abuela.

Rin desde que entro a la habitación no se apartaba del lado de su padre, que estaba sentado en un sofá junto a la puerta veía curiosa hacia donde estaba recostada Kagome con el bebé en brazos, pero estaba nerviosa, no sabía que cambios implicaba un nuevo bebé en casa y si Kagome y su padre le iban a dejar olvidada en un rincón.

― Ve cariño, saluda a tu hermanito―. Le incito Sesshoumaru, con precaución Rin se acercó a la cama y se puso de puntillas para poder ver al bebé de cerca.

― Sube Rin, aquí hay mucho espacio―. Dijo Kagome dándole unas palmaditas a su lado en el colchón.

El abuelo Taisho le ayudo a subir a la cama y la pequeña pudo ver de cerca la rosada carita de su hermano, tenía una nariz pequeñísima y boca delgada y suave, estaba dormido.

― Es muy lindo―. Dijo tomando la diminuta mano, acto reflejo el bebé cerró sus dedos alrededor del dedo índice de su hermana y abrió los ojos.

― Parece que le gustas tú a él también―. Dijo Sesshoumaru y le dio un beso en la frente a Rin―. Pronto iremos a casa y necesitamos tu ayuda para cuidarlo, hermana mayor.

― ¡Sí! Yo puedo ayudar, papá―. Dijo besando la cabecita de su hermano―. ¡Que suave es!

― Una foto de la nueva familia


Por fin Sesshoumaru se había quedado dormido en el sillón, en una posición nada cómoda, el bebé también dormía tranquilamente en una cunita a lado de la cama de su mamá que veía los cansados rasgos de su marido con amor, el pobre había estado con ella desde la primera contracción y debía estar muy cansado, tenía ojeras y lucia desaliñado. Habían pasado por mucho y por fin podrían ser felices con su niño y Rin, nada podía ser mejor.

― Sessh―. Le hablo despertando a su cansado marido.

― ¿Qué pasa?―. Pregunto con voz perezosa―. ¿Te sientes mal, cariño?

― No, solo ahm, ese sillón se ve muy incómodo y… la cama es grande así que… pensé que te gustaría… Dormir conmigo.

― No quiero lastimarte, Kagome.

― No me duele nada, extraño dormir contigo, después de dos días de no dormir a tu lado ya me hace falta―. Dijo haciéndose a un lado.

― No han sido dos días… Casi―. Rió el peli plata acomodándose a su lado.

― Mírate, tienes una cara... Perdón por todo el jaleo que ocasione…

― ¿Me estas pidiendo perdón? Mujer, diste a luz a mi bebé, yo no hice nada, solo estar ahí parado sin poder quitarte el dolor y viéndote sufrir…

― Fuiste el mejor apoyo que pude tener―. Le dijo arrimándose a él y recostándose sobre su fuerte pecho―. No me dejaste sola… Y soportaste mi mal humor… Duerme Sesshy… Te amo―. Le da un beso en la frente. Sesshoumaru odiaba que le dijeran Sesshy, pero por Kagome aguantaba todo.

― Y yo a ti, amor. Descansa…


Hacía ya un par de semanas que la feliz madre y su bebé habían sido dados de alta, la mansión Taisho jamás había estado tan feliz, el pequeño Sakumo era el rey de la casa y todos giraban en torno a él y sus necesidades. Era el bebé más consentido de todo Japón, podría apostar Kagome. Sesshoumaru estaba trabajando desde casa, no soportaba la idea de dejar sola a su mujer y su nuevo bebé, hasta cambiaba pañales y todo…

Kagome adoraba su nuevo rol de madre, su Sakumo era el bebé más bonito y tranquilo del mundo, cuando la veía con esos ojitos tan parecidos a los de su papá que tiene se derretía. Rin era una gran hermana mayor, siempre al pendiente de en qué podía ayudar y tratando de tenerlo en brazos todo el tiempo, la vida no podía ser mejor.

― Señora Kagome.

― Si sigues llamándome señora, Mikami. Juro que yo misma firmaré tu carta de despido―. Le dijo en broma mientras tomaba en brazos a Sakumo, acababa de cambiarle el pañal y olía a talco y loción de bebé.

― Kagome… La señora Kagura está aquí.

― ¿Kagura?

― Si ha dicho que quiere hablar con el señor Sesshoumaru, pero no está.

― Yo la atenderé


Kagura esperaba sentada en uno de los sillones del salón, era tan extraño para ella ya no ser la señora Taisho e ir de visita a una casa que consideraba suya, los retratos que antes habían descansado sobre la chimenea de ella y su familia ya no estaban y ahora habían de Kagome… Estaba recibiendo justo lo que se merecía, solo esperaba que Sesshoumaru pudiera concederle el poder ver a Rin, quería estar presente en la vida de su hija.

―Kagura―. Escucho la dulce voz de la mujer que ahora vivía la vida que ella creía merecer, la azabache entró en el salón cargando a un pequeño de cabellos plateados que dormía tranquilamente en sus brazos, con cuidado para no interrumpir el sueño del bebé tomo asiento. Kagura se veía diferente, no iba tan adornada como siempre, iba elegante, claro está, eso era natural en ella, pero ya no parecía un maniquí…

― Kagome… Necesito hablar con Sesshoumaru.

― Eso me han dicho, pero él no está, ha tenido que llevar unos documentos a la empresa, pero creo que no tardará… Imaginaras que la curiosidad está matándome. ¿A qué has venido?

― No es algo que a ti te interese…

― Si tiene que ver con mi marido, supongo que sí.

― No es sobre él… Es sobre Rin. Quiero poder pasar tiempo con ella, el juez dictamino que no podía verla por haber dejado a Sesshoumaru una vez e irme con otro, que no soy un buen ejemplo, pero… Eres madre ahora, debes saber que estar sin tu bebé es una tortura, quiero a mi hija, no haría nada para lastimarla, ya no.

― Kagura…

― Quiero llegar a un acuerdo.

Las puertas de la casa de abrieron, Sesshoumaru llego a la sala sonriente esperando encontrarse con su linda esposa y su bebé como siempre aguardando su llegada, vaya sorpresa fue ver a su ex-esposa y su nueva mujer sentadas charlando. Podía sentirse la incomodidad de ambas.

― ¿Qué haces aquí, Kagura?

― Tengo que hablar contigo.

― Ahm, llevare a Sakumo arriba, hablen tranquilos―. Sesshoumaru le indico a Kagura que le siguiera a su estudio, dejo su portafolios en la mesa de licores y tomo asiento y Kagura frente a él.

― ¿Qué quieres, Kagura?

― Sesshoumaru, he conseguido un trabajo, soy asistente de un abogado en Hokaido, he estado buscando un departamento ahí y encontré uno. Dejare libre el nuestro… El tuyo… la próxima semana.

― Me alegro mucho por ti, Kagura.

― Sesshoumaru, quiero que me dejes ver a Rin.

― El juez ya tomo una decisión.

― Pero si tú quieres, podrías hacer que cambie la sentencia, estoy arrepentida, quiero a Rin, solo será por unos días, los fines de semana si quieres…

― No creo que sea buena idea…

― Sesshoumaru, no te pediré nada nunca más, por favor, estoy arrepentida por todo lo que hice, eche a perder una vida que pudo haber sido perfecta, te lastime a ti y a nuestra hija con mis decisiones, fue estúpida e inmadura.

― *Suspiro* Ambos tomamos malas decisiones, no debimos casarnos nunca, Kagura. Tu no me amabas y yo a ti tampoco. Éramos jóvenes, ambos inmaduros y tontos. Lo único bueno de nuestra unión fue Rin…

― Es lo más maravilloso que tengo, por favor déjame estar con mi hija.

― Te daré solo una oportunidad, solo una, Kagura. Al primer error todo se acaba. Podrás verla los fines de semana. Ya sea que tu vengas aquí, podrás usar el departamento, o que ella vaya a visitarte, pero siempre con la compañía de alguien que elegirá el juez, hasta que demuestres que eres una buena madre.

― Si, aceptare lo que tú decidas.

― Lo hago por Rin, ella te quiere y te extraña, acordare una cita con el juez, él nos ayudara a planearlo todo.

― Gracias Sesshoumaru.

Sin decir más acompaño a la mujer a la salida, tal vez no se mereciera su perdón, pero Kagome le había enseñado que el odio y los malos deseos hacia los demás siempre se retornaban contra uno. Después de despedirse de Kagura con la promesa de acordar una cita con el juez tomo unos papeles de su estudio y subió a su habitación donde de seguro estaría su mujer mordiéndose las uñas.

― ¿Qué quería?—Le pregunto no más al verlo entrar a la habitación.

― Pequeña brujita, sabes perfectamente a que venía―. Le dijo dándole un beso.

― Bueno ¿Y tú que le dijiste?

― Le dije que podía verla los fines de semanas, siempre y cuando el juez decida que es buena idea. Ha cambiado, esta aprendiendo a ser responsable.

― Si me percate del cambio en ella. Me alegro que le des una oportunidad, por Rin.

― Eso es algo que aprendí de ti―. Le da un beso en la nariz―. Te tengo una sorpresa, bueno dos.

― ¿Sorpresas? ¿Y a que se deben?

― Hoy cumplimos cuatro meses de casados…

― Woao tanto tiempo amerita un regalo—. Dijo sarcástica.

― Que yo recuerde te he dado uno cada mes. Pero este es diferente―. Sesshoumaru le dio el folder que traía en las manos y le dejo leer. Kagome al descubrir de qué se trataba le vio sorprendida.

― Es el título de propiedad del templo Higurashi…

― Así es.

― Pero…

― Lo compre para ti, me imagino que debió ser muy difícil para tu familia perderlo todo siendo tu tan pequeña y quería que recuperaras por lo que derecho le pertenecía a tu familia, incluso hay un desván donde tienen guardadas muchas de sus pertenencias en el templo―. Kagome comenzó a llorar de emoción.

― Esto es, el mejor regalo que podías haberme dado, gracias―. Le dijo abrazándolo con fuerza.

― No mejor del que me diste tu a mí. Me cambiaste la vida, Kagome. Quizá no podremos vivir en Kioto por este momento pero es tuyo ahora. Te juro que iremos constantemente, le he ofrecido a la familia que siga fungiendo como encargados del templo. Quiero que Sakumo y todos los hermanos que le demos algún día, conozcan el origen de su familia y sus raíces.

― Es maravilloso, gracias Sesshoumaru.

― Pero aún falta una sorpresa y quiero que la cumplas.

― Dígame usted―. Le dijo limpiándose las lágrimas con una mano.

― Estuve hablando con tus profesores de la universidad…

― Sessh…

― Quiero que termines tus estudios, me siento culpable, ya que por mi culpa los dejaste, si no hubiera sido tan estúpido y te hubiera apoyado desde el principio con el embarazo, habrías podido seguir en la escuela... Tus profesores me dijeron que eras su mejor alumna, que tenían grandes expectativas en ti.

― Pero Sakumo está recién nacido y…

― Podrás empezar el siguiente semestre, yo trabajare más desde casa, te ayudare a cuidarlo y pasare todo el tiempo posible con él, Kagome tu mereces esto.

Kagome medito lo que le pedía su esposo, por un lado se sentía muy mal de dejar a su pequeño bebé al cuidado de su padre y por el otro le hacía mucha ilusión el ser una profesionista, aunque estaba casi segura que nunca ejercería, prefería quedarse en casa y cuidar a su niño… Y de todos los hijos que tendría con Sesshoumaru.

― Esta bien. Lo hare.

― Bien mi amor, te ayudare en todo lo que pueda―. Le da un beso en la frente―. Serás la mejor arquitecto del mundo.

― Gracias por mis regalos, te amo. Es lo mejor que me han dado.

― Yo te amo mucho más, más que a anda en esta vida.


Kagome se equivocaba con respecto a que nunca ejercería su carrera. Como había prometido, regreso a la escuela y se graduó con honores. Por sus notas sobresalientes una importante compañía constructora en Japón le ofreció un trabajo que si no fuera por su marido hubiera rechazado. No es que necesitaran el dinero, para nada, pero quería que su mujer disfrutara de la vida laboral y a Kagome termino gustándole tanto que después de cinco años seguía en la misma compañía y había ascendido hasta el punto de convertirse en subgerente.

Sakumo era un torbellino de cinco años siempre yendo y viniendo haciendo travesuras y metiéndose en problemas. Les había costado trabajo cuando, teniendo el pequeño tres años, decidieron darle un hermanito. El niño, que desde su nacimiento había sido mimado y consentido en extremo por todos los miembros de la familia, tardo mucho en acostumbrarse a compartir las atenciones con el pequeño nuevo intruso.

Tatsuha nació el día en que su padre cumplía los treinta y cuatro años, Sesshoumaru decía que no podía haber tenido un mejor regalo. El pequeño heredo el cabello negro de su madre y los ojos ambarinos de su padre. Un bebé muy tranquilo de ya casi dos años, Sakumo después del trauma inicial, amaba a su hermano, siempre estaba dejándole sus juguetes e intentaba enseñarle cosas nuevas. Era un excelente hermano mayor.

Rin había logrado una relación muy apegada a su madre, ahora la niña de doce años estaba de vacaciones con Kagura en México conociendo la costa en un crucero. Sesshoumaru trataba de encontrarse lo menos posible con Kagura, ella por su parte ya estaba rehaciendo su vida con ni más ni menos que el abogado que le había dado la oportunidad de trabajar en su bufete, al igual que ella era divorciado. Había aprendido de sus errores y madurado por fin.

El cumpleaños de Tatsuha y Sesshoumaru lo celebrarían en grande, Kagome llevaba toda la semana organizándolo. El jardín estaba lleno de juegos infantiles y un montón de puestecitos de comidas, dulces y postres. Todo parecía una feria. A lo largo de los casi seis años de matrimonio que tenía con Sesshoumaru la familia Taisho se había llenado de niños.

Inuyasha y Kikio habían pasado un poco de dificultades para concebir, su desilusión llego hasta el punto en que ya no esperaban tener hijos. Y cuando menos se lo esperaban descubrieron que Kikyo no solo estaba embarazada, sino que serían trillizos. Dos niñas, Izayo y Midori y un niño, Sesshoumaru, en honor a su tío y padrino. Ahora los pequeños tenían tres años y eran los seguidores imparables de su primo mayor Sakumo.

Miroku y Sango se casaron al poco tiempo que sus amigos Sesshoumaru y Kagome, pero decidieron esperar un poco para ser papás, querían terminar sus estudios primero. Fueron bendecidos por una pequeña, Maiko, que nació un par de meses después que el pequeño Tatsuha, era la copia exacta de su orgulloso padre. Ahora Sango estaba embarazada de seis meses y por lo que sabían eran gemelos, ambos niños.

Kouga, después de un par de meses se resignó a que Kagome había escogido a Sesshoumaru y solo deseaba que fueran felices. Por trabajo tuvo que viajar a Taiwán donde conoció al verdadero amor de su vida, Ayame. Sin dudarlo se casó con la joven heredera en la primera oportunidad y tenían ya tres niños, Mamoru, Kaoru y un recién nacido, Hideki.

Ya estaban llegando algunos de los padres con sus bebés, Kagome conocía a muchas madres a raíz de la guardería a la que llevaba a Tatsuha, algunos compañeros de trabajo de las empresas Taisho y la compañía donde trabajaba la azabache y los compañeros del jardín de niños de Sakumo.

― Jamás creí que la casa estará llena de niños―. Dijo Sesshoumaru que traía al cumpleañero en brazos. El niño que había heredado -en comparación a Sakumo que era de un carácter más parecido a su madre-, el carácter más bien serio y reservado de su padre, veía con ojos curiosos todos los colores que lo rodeaban.

― Me encanta celebrar los cumpleaños en casa. Ver a todos los niños juntos… Lástima que Rin no haya alcanzado a llegar.

― Últimamente me siento desplazado, pasa más tiempo con Kagura que con nosotros.

― Déjala que disfrute de su madre, sus primeros años fueron bastante difíciles…

― ¡Mamá! ¡Tío Koga me trajo un regalo!―. Dijo Sakumo mostrándole una gran caja envuelta en un brillante papel―. Trajo otro para Tatsu-chan.

― No vayas a abrir el de tu hermano déjalo en la mesa junto con los demás―. Le dijo Sesshoumaru divertido al ver el sequito de niños que seguía a su hijo mayor, sería un buen líder para las empresas Taisho en un futuro.


La fiesta estuvo llena de risas y sorpresas, dulces y pastelillos. Sango se encargó de tomar muchas fotografías de las familias presentes, al final del día todos habían regresado a casa satisfechos al llevarse a sus hijos tan cansados que no darían lata hasta el día siguiente. Hasta Sakumo, siempre lleno de energía había caído rendido en brazos de su madre junto con su hermano pequeño, acurrucados los tres en uno de los sofás de la terraza.

― Sera mejor que lleves a tu hijo a la cama―. Le dijo Kagome aguantando un bostezo―. Es muy pesado para mí.

― Dámelo, debilucha―. Le dijo tomando a Sakumo en brazos.

― ¿A quién le dices debilucha? La doctora dijo que nada de cosas pesadas para mi Sesshy…― Le dijo sonriendo, Sesshoumaru detuvo su andar.

― Kagome…

― Me gustaría una niña esta vez―. Vio la hora en su reloj, aún era tiempo para un regalo más de cumpleaños, aunque fuera a llegar en unos meses―. Feliz Cumpleaños, cariño.

Sesshoumaru vio al pequeño que dormía en sus brazos con ternura y después al otro niño que descansaba a lado de su mujer, cuando creía que no podía recibir más regalos de parte de su amada esposa le sorprenda con noticias como esa, era el hombre más afortunado del mundo, esa pequeña y guapa señorita había entrado en su vida y la había puesto patas arriba, pero volvería a repetir una y mil veces si el resultado fuera el mismo…

― Una niña entonces… Kagome.

FIN


Espero poder terminar la otra historia que tengo incompleta, es solo un poquitin parecida a esta. Nos leemos pronto y de nuevo muchas gracias por sus comentarios e ideas.