NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, ME DIVIERTO ESCRIBIENDO SIN GANAR NADA POR ELLO.

¡Hola!

Bueno, tras unos días relajantes les traigo éste capítulo. Me tardé más de lo esperado por lo largo que me salió. Realmente no sé cómo describirlo, creo que es el más pesado de todos los capítulos que he hecho, por todos los mensajes de superación que incluí en él. No fue precisamente sencillo de hacer, vi muchos capitulos de la serie para adentrarme más a cada personaje y darle el consejo idóneo. Espero haberlo hecho bien.

Comentarios:

Bryancires16: Uf, pues al fin te traigo el capítulo. Disfrútalo! :)

The Delirium: me alegro que te guste, es especialmente difícil darle protagonismo a los cuatro casi al mismo tiempo, pero bueno, una se esfuerza lo mejor que puede. A mi me pasa lo mismo con el mundo espiritual, creo que parte de la razón por la que no me gusto mucho Korra es que perdió ese toque espiritual que tenía Aang.

FanKataang100: a mi me encanta responderles los comentarios porque siempre me emociono cuando encuentro uno nuevo. Siento que si se tomaron la molestia de leer y comentar debo retribuirles con algo, además, estar en contacto con ustedes mis lectores me ayuda a saber qué le falta a la historia y qué debo mejorar.

Emilia-Romagna: me encanta Mako, su personalidad es muy interesante y fue un gran personaje, pero no pude evitar ponerle peripecias, simplemente me pareció una idea irresistible xD

Avatar1294: jajaja, lo sé, he estado pensando seriamente en mandarle la historia a Bryan y decirle "'queremos algo como ésto!" pero no me atrevo. En fin, me alegro que te gustara el capítulo y bueno, aquí tienes la continuación:

jinora96: pasa algo parecido a lo que dices, porque los cuatro se separan en el mundo espiritual. Korra, por el momento, no conocerá a más avatares. Entre otras cosas porque no lo necesita; ella tenía más problemas con el aire-control y el mundo de los espíritus, de ahí que la pusiera en contacto con Aang y Yanchen, los avatares más espirituales. Más adelante tendrá otro tipo de problemas que estoy desarrollando para que contacte a Roku y quizá Kyoshi, pero por el momento no hablará con ellos. Muchas gracias por tu apoyo y espero disfrutes el capítulo.

valefanmakorra: absolutamente de acuerdo, creo que cuando el Equipo Avatar (de Aang) creció y tuvo sus hijos, hicieron y construyeron el mundo de manera que fueran sus hijos los encargados de mantener la paz. Algo así como una generación destinada a mantener el legado, un ejército entrando para ayudar y proteger al Avatar por su linaje. He tratado de reforzar esa idea en todo el fic y parece que lo estoy logrando. Gracias!

DanhLew: uf, me alegro que te haya gustado.


Capitulo 10.

El Mundo de los Espíritus

(Parte 2)

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Ir caminando cogidos de la mano resultó ser un inconveniente cuando, repentinamente, la montaña comenzó a temblar. La tierra se volvió inestable bajo sus pies y cayendo de rodillas al suelo tuvieron que soltarse, en un intento de disminuir la fuerza de su caída.

Comenzaron a gritar de desesperación.

—¿Qué demonios está pasando?—gritó Mako—Me voy a caer…

—¡Resistan!—fue Asami—Todos… resistan…

—¡AHH!

Korra estaba de rodillas, aferrándose con ambas manos a una roca pequeña pero que, en su mente, le daba estabilidad. Cuando no sintió más temblores, pudo abrir los ojos.

—Bien… ¿Cómo están?—preguntó, volteando para ver a Mako y los demás—¿Chicos?

No había nadie.

—No

Sus ojos se abrieron con pequeñas lágrimas cuando descubrió que el sendero ya no era el mismo. Aunque la roca parecía seguir escalando, cual montaña, había enormes árboles dándole sombra y nada de lo que le rodeaba era igual al camino que Katara les marcó ¿Dónde demonios estaba?

¿Y dónde estaban los demás? un nudo creció atorándose en su garganta ¡Podían estar en todas partes! Y ¿Si un espíritu malo los atrapaba? ¿Si se perdían para siempre? El corazón latía desenfrenado mientras la desesperación inundaba de adrenalina las venas de Korra, haciéndose levantarse de un salto dispuesta a hacer de todo por encontrarlos.

—Disculpe.

Ella se tensó, sus pies se mantuvieron quietos y sintió la piel gélida por el espanto.

—Señorita ¿Me permite unos minutos?

A Korra le daba miedo voltear.

-o-

—¡Chicos!—gritó Asami, mientras se paraba nerviosa viendo sus ropas mojadas—De verdad, si están ahí ésta broma no es divertida.

Después del temblor, Asami cayó a una especie de pantano muy parecido al primero que vieron recién entrando al Mundo Espiritual. Pero en éste, los árboles eran más gruesos y las hojas enormes bloqueaban casi toda la luz. Las sombras escasas formaban un cúmulo de formas tenebrosas que le causaron escalofríos.

—¿Korra?—su voz no sonaba segura. Estaba preocupada, ansiosa y llena de miedo—¿Bolin? ¿Mako?

Nada.

El silencio era tan aterrador, que ella se abrazó a sí misma mientras daba un nuevo paso entre esas aguas lodosas que le llegaban hasta la rodilla. Asami sabía, por todo lo que leyó y estudió, que en el Mundo de los Espíritus las cosas no funcionan de la misma forma en que en su mundo terrenal. Ella tenía miedo de perderse en el tiempo y jamás regresar.

Nunca regresar. Esa sola idea la llenó de miedos. Ella quería volver con sus amigos, continuar las aventuras que se estaban volviendo cada vez más frecuentes entre sí. Unos sonidos casi sepulcrales acompañaron su andar en los siguientes pasos, haciendo que Asami cerrara los ojos en más de una ocasión.

—Buenas señorita—gritó por el susto—Caramba. Lo lamento, no pretendía asustarla.

Asami identificó el lugar de donde provenía la voz y de inmediato alzó las manos en una posición de defensa básica. Forzó su voz a sonar segura.

—¿Quién es? ¿Qué quiere?

Ella miró a través de los árboles la forma de un hombre emerger. Era un poco calvo, con el resto del cabello blanco sujetado por una de esas coronas para príncipes típicas de la Nación de Fuego. Él llevaba túnicas rojas y rosadas fuertes, reafirmando su intuición para la Nación de su origen. Esbozaba una sonrisa muy calmada y reconfortante, su cuerpo regordete inspiraba más confianza como sus ojos.

—Hola—saludó—Lamento haberte asustado pequeña. Me llamo Iroh y solamente quiero ayudarte.

¿Iroh?

Asami inmediatamente se irguió, bajando la guardia para acercarse al anciano.

—¿Iroh ha dicho?—le preguntó—Un buen amigo lleva ese mismo nombre.

—Es una tradición vieja—comenzó el anciano—Pero me gustaría llevarla a cabo con usted. Aunque tengo entendido que en su época no lo hacen tan a menudo, pero ¿Podría por favor acompañarme a tomar una taza de té?

Algo se removió en Asami cuando escuchó ésa petición. Asintió.

—No he tomado té desde hace mucho tiempo—una de las tantas tradiciones que se perdieron al morir su madre—Espero no despreciarlo por no recordar el sabor.

—A mi té nadie lo ha despreciado, y no quiero ser un engreído. Pero es la verdad.

Iroh movió una mano y frente a Asami, se mostró una lindo porche circular no muy grande donde estaba una mesa chica, de esas antiguas y bajas, hecha completamente de madera. Alrededor había colchones y encima de la mesa, una hermosa vasija con vasos al juego de cerámica decorada con figuras de dragón.

Asami fue conducida para sentarse de modo tradicional en una de las colchonetas. Iroh le sirvió en una pequeña taza el humeante té y se la dio. Ella aspiró el aroma tan delicioso de Jazmín y bebió un sorbo. Estaba delicioso.

—No es común encontrar a vivos por aquí—le dijo Iroh de repente—Dime pequeña ¿Cómo has llegado?

Asami lo miró con ojos desconfiados, recordando las palabras de Yue. No todos los espíritus eran buenos.

—¿Y cómo sabe que estoy viva?—dijo.

Iroh rió.

—Pequeña, en ésta tierra es muy fácil diferenciar a los vivos de los muertos. Hasta tú misma te has dado cuenta de ello ¿O no?—Asami asintió un poco dubitativa a darle información—Aunque no me has respondido la pregunta ¿Llegaste por el Avatar Korra, o por tus propios medios?

¿Acaso había formas de llegar al Mundo Espiritual?

—Por el Avatar. Aunque no me explico cómo usted sabe tanto de eso.

—Mi sobrino me ha dicho muchas cosas desde que llegó, hace poco.—Iroh se sirvió a sí mismo una taza de té y bebió un sorbo—Estaba muy feliz de verlo. Y las cosas que me ha dicho son satisfactorias.

—¿Quién es su sobrino, si puedo saber?

—Zuko. Tu lo conociste como el Señor de Fuego Zuko ¿Le recuerdas?

Asami abrió los ojos con enorme sorpresa.

—¡Usted!—gritó—¡Usted es el Dragón del Oeste!

Iroh sonrió.

—Así es pequeña—le respondió calmado—Iroh, el dragón del oeste. Pero dime simplemente Iroh.

—El nieto de Zuko lleva su nombre, en su honor. General Iroh de las Fuerzas Unidas. Una gran persona y buen amigo—le explicaba Asami con emoción—¿No le habló de él?

—Claro que sí. Me ha hablado de todos un poco. Incluso de ti Asami.

No pudo contener su asombro al saber que Iroh ya la conocía, de nombre. El Mundo Espiritual era definitivamente extraño. Asami bebió otro sorbo de té y apretó las manos alrededor de la taza.

—¿Cuál es tu miedo pequeña?—preguntó Iroh—Puedo ver en tus ojos el miedo que tienes ¿Por qué?

—Bueno, estoy en un Mundo extraño hablando con espíritus de personas buenas y…

—No—la interrumpió—Yo hablo de tu otro miedo. El que tienes en tu corazón ¿Cuál es? ¿Por qué?

Asami miró a Iroh con mucha sorpresa y bajó la mirada. Ella sabía exactamente a lo que el anciano se refería. No era un tema que le gustara mucho tratar y por ello, simplemente, se resignó. Éste era el Mundo de los Espíritus. Ésta era una tierra especial donde el alma podía crecer o desaparecer. Y ella sabía que si quería encontrar un equilibrio interior, necesitaba enfrentarse a sus miedos directamente.

—Mi padre fue un traidor—soltó de repente—Él atacó a todos los Maestros. Él se unió a Amón dizque para vengar la muerte de mi madre. Yo sé que hizo mal y sé que fue corrompido por el odio y el rencor. Pero me temo… tengo miedo…

Respiró hondo.

—Tengo miedo a ser, algún día, igual a él.

Iroh la escuchaba atentamente.

—Ya veo—dijo.—Pero ¿Si te das cuenta que tu temor es infundado?

—¡Él es mi padre!—lloraba silenciosamente—Él me dio la vida. Su sangre es la misma que corre por mis venas… ¿Cómo no podría ser parecida a él?

—Escucha pequeña. Mi abuelo asesinó a todos los Maestros Aire en un día usando el poder del cometa de Sozin, declaró la guerra y hundió al mundo en desdicha. Mi padre continuó con ésta guerra y me educó para que yo mismo terminara con ella, para que fueran mis manos las que destruyeran al Reino Tierra y así conquistara al mundo.

Asami escuchaba atentamente mientras Iroh le daba un sorbo a su taza de té y continuaba la explicación.

—Admito que un tiempo seguí sus ideales. Pero conforme más iba descubriendo los horrores de la guerra, más me di cuenta que no valía la pena. Mucho trabajo me costó enfrentarme a la realidad de mi traición, pero cuando la asimilé, supe que hice lo correcto.

Miró detenidamente a Asami.

—Terminé con la guerra, pero cuando liberé a Ba Sing Se y ayudé a mi sobrino y al Avatar a reconstruir el mundo, con la Nación de Fuego derrotada.

—Usted tuvo la bendición de darse cuenta de sus errores. Pero ¿La tendré yo?

—Niña, tu has sido aún más bendecida. Tu viste el error de tu padre antes siquiera de que alguien te lo mostrara. Tú tienes un enorme sentido de la justicia y de la paz, por tu educación y los amigos que te rodean. Tienes el extraño y hermoso don de saber siempre donde está el Norte. Es le legado que el dolor y la pérdida te han confiado.

Asami estaba llorando, pero no de tristeza o de temor. Las palabras de Iroh, llenas de sabiduría, le estaban confiando una verdad que comenzaba a resplandecer en su pecho. Una realidad que siempre estuvo ahí, pero jamás quiso reconocerse. La muerte de su madre hizo que Asami fijara sus metas y objetivos en cosas importantes. Y esa brújula que desarrolló de niña, era la que seguía encaminándola correctamente.

—Mi abuelo, mi padre, mi hermano, mi sobrina; todos ellos fueron malvados y de mentes calculadoras enfocadas en la destrucción y el caos—continuaba Iroh—Pero ni mi cuñada, ni mi sobrino ni yo continuamos con ese legado. No importa quién sea tu padre, tu madre, no importa qué amigos tengas. Tú siempre puedes escoger tu propio destino. Ésa es la bendición más grande que nos dieron los Espíritus.

Asami tomó un poco más de té y se dio cuenta que se lo había terminado. Iroh le dedicó una sonrisa.

—Te dije que nadie había rechazado mi té.

—Era delicioso—pero Asami no hablaba solamente del líquido. Ella comprendía que con el té, Iroh se refería a sus consejos—Muchas gracias. Me ha abierto mucho los ojos.

—Entonces es tiempo que te reúnas con tus amigos.

Iroh señaló hacia su derecha y Asami encontró un hermoso sendero. Al final, había un chico sentado. Asami entrecerró los ojos para verlo mejor.

—¿Bolin?

Iroh se puso de pie y Asami le agradeció nuevamente con un saludo tradicional.

—¿Cómo le puedo agradecer?—preguntó.

—La sabiduría se transmite pequeña. No dejes de hacerlo.

Ella inclinó la cabeza asintiendo y caminó por el sendero para llegar a su amigo. En determinado momento, miró hacia atrás. No se sorprendió de descubrir un claro de luz lleno de maleza en donde antes estaba el porche. Sonrió.

-o-

—¡Korra!—gritaba Mako, con las manos arqueadas alrededor de su boca para que sus gritos sonaran más fuertes—¡Bolin! ¡Asami! ¿Dónde demonios están todos?

Mako estaba caminando en una zona extrañamente… congelada. No estaba seguro de cómo explicarlo. En un momento estaba en la base de la montaña y al otro, estaba en una enorme laguna con icebergs y senderos de hielo, incapaz de encontrar una salida. Los árboles estaban llenos de nieve y Mako se cuestionaba si terminó en alguna parte de los Polos o seguía en el Mundo Espiritual.

De repente, una cuchilla pequeña y ovalada parecida a un boomerang salió disparada hacia él. Mako dio un paso hacia atrás y la cuchilla dio la vuelta justo sobre su cuello, sin tocarlo para girar y estancarse en el tronco de al lado. Mako miró a la daga y buscó afanosamente un culpable, viendo alrededor.

—¿Quién anda ahí?

Se escucharon unos pasos acercándose lentamente. Mako se tenso, no tenía poderes pero aún así podía enfrentarse a ese sujeto cara a cara. Había aprendido lo básico de pelea callejera en su juventud. Oh… ya se les vería cuando…

—¡Hey!—dijo una voz gruesa de hombre, la silueta de un musculoso sujeto acercándose—Así que tu eres el novio de Korra ¿Eh? La Avatar que sacó de quicio a mi sobrino. Vaya que el mundo es chico.

El hombre finalmente se puso bajo la luz y pudo contemplarlo mejor. Era joven, veinticinco años a lo mucho. Alto, hombros anchos, tenía una coleta sujetando su cabello castaño y unos ojos azules. Las facciones de su rostro le parecieron muy familiares. Demasiado diría ¿Dónde había visto antes a ese sujeto?

—¿Quién eres?—demandó saber.—¡Apártate o…!

—Vaya no seas paranoico—siguió caminando hacia él, cuando estaba ya muy cerca se desvió y estiró la mano. Recogió la daga y la metió en su bolso—No soy de esos espíritus malvados que Yue te dijo, estate seguro de eso.

—¿Y cómo puedo estar seguro de eso?

—Para empezar, el Avatar fue mi cuñado y mi mejor amigo. No haré nada que le perjudique a ninguna de sus vidas—declaró, alejándose unos pocos pasos para alivio de Mako—Y además, vine a ayudarte, no a perjudicarte ¿entiendes?

—¿Quién eres?—Mako usaba una voz que trataba de sonar intimidante.

—Vaya ¡Confían tanto en mi hermana! ¿Y no sabes ni quién soy?—se hizo el ofendido—Hieres mis sentimientos.

"¿Hermana?" pensaba Mako. Entonces comenzó a recordar todas las cosas que le dijo. El Avatar su cuñado, su hermana, sus ojos azules…tan parecidos a los de…

—¡Eres el hermano de Katara!—Mako bajó la guardia y miró fijamente al personaje histórico que tenía enfrente—¡Sokka! ¡El concejal Sokka! Espíritus…

—Hola Mako—le devolvió al saludo—Zuko me ha hablado tanto de ti que te sueño. En fin, como decía antes… vine a ayudarte.

—Muchas gracias—Mako comenzaba a confiar en él. Katara les había contado muchas veces sobre su hermano mayor, bromista empedernido y sarcástico. Pero muy valeroso, inteligente, astuto y con un sentido elevado de la moral—¿Me mostrará cómo salir de aquí?

—Eso depende.

—¿De qué?

—De a dónde quieres llegar.

Mako lo miró fijo.

—Quiero… encontrar a mis amigos.

—Primero debes encontrarte a ti mismo.

—¿Qué?

Definitivamente Mako no entendía nada de lo que Sokka le estaba diciendo. El moreno miró un boomerang que tenía en la parte posterior de su espalda y lo analizó detenidamente antes de agregar.

—Me han dicho que entre todos, tu problema más grande es el de la sobreprotección ¿Por qué?

Oh por favor. No podía estar hablando en serio. Además ¿Qué le importaba a ese tal Sokka sus problemas? Él podría resolverlos completamente solo. Como siempre los ha hecho. Como siempre tuvo que hacerlo.

—No debo hablar contigo sobre mis problemas—le dijo, mejor dicho, replicó—No te incumben.

Sokka se echó a reír.

—Chico rudo ¿eh?—bajó el boomerang y lo miró—Adivinaré. No me conciernen porque tu siempre has podido solo con tus problemas ¿Es eso? ¿Por eso siempre proteges a los demás, para que vean tu faceta protectora y nunca se pregunten que pasa realmente por tu mente?

Mako entrecerró los ojos enojado. Maldición ¿Qué tanto sabía ese espíritu metiche?

—Alguien por allí me dijo que mataron a tus padres—comenzó—y quedaste a cargo de tu hermano menor. Pero quiero hacerte una pregunta, Mako ¿Cuándo ha trabajo, realmente, Bolin?

—¿Cómo sabes el nombre de mi hermano?

—Zuko. Y responde ¿Cuándo?

—En la arena de Pro-Bending desde…

—No, no. Hablo de un empleo real. No de que sea un luchador ¿Cuándo te ayudó a repartir folletos? ¿A llevar las cuentas de las triadas? ¿A limpiar los autos? ¿A trabajar como cajero de ese banco ilegal?

—Cómo,… cómo…

¿Cómo sabía todo eso? Por favor. Ni Bolin sabía todos los empleos que Mako tuvo en su primera adolescencia, tratando desesperadamente de conseguir dinero y un alquiler decente para su hermano menor. Usualmente se excusaba en cosas sencillas, como simple barrendero, para que supiera todos los trabajos visiblemente ilegales que debió realizar.

—No te diré nada si tu no me respondes, Mako—Sokka guardó el boomerang en el mismo bolso de la espalda—¿Por qué?

Mako se sentía atrapado y eso ya era decir mucho. Miró al suelo. Estaba en la tierra de los espíritus y ahí ellos siempre ganaban. No tenía ni motivos por los cuales luchar. Sokka no podía acudir con los vivos y arruinarle su vida. Solamente le estaba haciendo preguntas que no saldrían de ese bosque gélido. Pero que lo obligaban a adentrarse a sus sentimientos más intensos. Más profundos. Qué fastidio.

—No podía—le respondió al fin—Yo tenía que protegerlo de toda esa maldad que nos acechaba. No podía permitir que le pasara algo malo.

—Y ha sido algo sabio. Y muy funcional cuando eran niños. El punto es ¿Ahora sigue siendo algo sabio?

—Por supuesto que si.

—Cuando yo era un niño mi madre fue asesinada y mi padre partió a la guerra. Yo debía hacerme cargo de toda mi aldea; apenas cumpliría los catorce y debía salir a cazar, a pescar y vigilar que todo alrededor fuera seguro para mi tribu. Mi hermana pequeña hacía el resto, con las mujeres, y pasé todo ese tiempo procurando que mi hermana estuviera a salvo. Incluso de ella misma. Ella era Maestra Agua, pero siempre temí que si desarrollaba al máximo su poder, terminaría lastimada.

Mako lo escuchaba atentamente.

—Cuando las cosas debieron cambiar, fui muy reticente. Aang no inspiraba confianza en mi y a la primera oportunidad lo desterré, ya que temía que su alocada mente nos pusiera en peligro. Al saberlo el Avatar y viajar con él, supe que deberíamos enfrentarnos a muchos problemas. Tardé tiempo en darme cuenta de que si protegía todo el tiempo a mi hermana, ella nunca podría defenderse cuando no estuviera. Y la dejé hacerse cargo de lo suyo.

—Usted entonces me dice que debo dejar a Bolin hacer lo que le corresponda. Pero no es sencillo. Él es muy inmaduro y…

—Y mi hermana una necia que veía bondad hasta en el más miserable hombre—Sokka no lo dejó terminar—Si no le das su espacio a una persona, ésta jamás podrá aprender. Y caerá al primer problema. Yo ya no cuidaba casi nada de Katara y ella se cuidó sola, más cuando se convirtió en una Maestra plena. Siempre le procuré un bienestar, pero le daba su espacio. Porque ella necesitaba cometer sus errores y aprender de ellos.

Mako suspiró. Quizá Sokka de verdad tenía razón.

—Y otra cosa, Mako—continuaba—Pedir ayuda no es malo. Reconocer tus debilidades es lo que te hace más grande.

—No sé de qué debilidades me está hablando—De verdad, Mako se estaba pasando de necio y Sokka supo en ése instante el tipo de pareja que sería con Korra. Sonrió sólo de imaginarlos.

—Aprender a confiar en los demás no te vendría mal, muchacho.

—Bueno ¿Usted me va a ayudar o se la pasará dándome sermones?

—Un poco de las dos si no te molesta—y dio un paso hacia Mako—Mientras escuches lo que te digo, sabrás que es para ayudarte. Tienes tus debilidades y tus defectos Mako. Todos hemos tenido problemas. Pero si no aprendes a dejarlos ir no podrás encontrar nunca tu camino.

Sokka entonces señaló hacia su izquierda y Mako miró un sendero. Era amplio y muy bien iluminado. Miró a Sokka con rostro inquisitivo. El moreno sonrió.

—No olvides esto, Mako. Haz las paces con tu pasado, para que no te eche a perder el presente.

Entonces, Sokka desapareció. Y el sendero siguió ahí. Mako pensaba muy detenidamente todo lo que Sokka le había dicho. Sobre todo la última frase.

¿Hacer las paces con tu pasado? ¿Cuál de todos? Mako estaba más que consciente de que Sokka se refería a su vida en las calles. Esa de la que casi nunca hablaba, de la que no estaba nada orgulloso. No era la primera vez que tenía una charla de ese tipo con alguien. En la Nación de Fuego, Zuko se las ingenió para darle esa misma tipo de charla.

El príncipe desterrado que pasó años buscando al Avatar para matarlo. Caray, si que debió ser duro, después, reconocer su error y volverse su mejor amigo. Zuko y Aang hicieron demasiadas cosas juntos a lo largo de sus vidas como para que no se les considerara aliados. De la misma forma, Mako sabía que no hizo cosas precisamente buenas en su juventud. Pero ahora estaba con Korra, y sus deseos de hacer justicia no menguaron a través de los años.

Quizá necesitó pasar por todo ese proceso para reconocer que necesitaba ayuda para superar las cosas. Ahora tenía poder, tenía influencia gracias a Korra. Y podía de verdad hacer una diferencia en el mundo.

El asunto de Bolin no dejaba de ser complicado. Cuidarlo fue su único propósito toda su vida para que, ahora, se resignara a dejarlo hacer su vida. Mako debía reconocer en eso Sokka tenía absoluta razón. Ya podía imaginarse lo diferente que hubiera sido el mundo si la aguerrida y poderosa Maestra Katara jamás hubiera sido así de valiente, por la protección de su hermano.

Entonces, Mako se dio cuenta que él estaba en un camino que jamás imaginó. Muchas veces, cuando era niño, sus padres le dijeron que quienes más sufren más grandes están destinados a ser ¿Sería ese su caso?

Una figura comenzó a aparecer a lo lejos del sendero. Una figura algo delgada.

-o-

"Si no encuentro pronto la salida no tengo ida de qué me va a pasar" pensaba Bolin.

—¡Por favor Espíritus!—gritó—¿No pueden echarme aunque sea una mano? ¿Les he hecho algo, acaso?

—¡No grites!—le reprendió una voz femenina y autoritaria—Me darás un dolor de cabeza.

Bolin volteó. Había estado entre caminos montañosos con enormes paredes de roca. Encima de una piedra gigantesca y puntiaguda, una mujer de acaso veinte años lucía la lustrosa armadura de metal que Lin Bei Fong siempre usaba. Ella llevaba el cabello negro atado en un peinado curioso, sostenido por una diadema. Miraba con ojos claros hacia el suelo, directamente a él. Dio un salto bravo hasta caer a pocos centímetros de Bolin, espantado al Maestro Tierra.

—¡AH!—gritó, cayendo al suelo y retrocediendo, apoyando la espalda en una piedra—¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué llevas esa armadura? ¿Por qué te pareces a alguien que conozco? ¿Por qué me asustas?

La mujer se inclinó, cruzó los brazos sobre su pecho y lo miró alzando una ceja.

—En orden—cerró los ojos con una expresión irónica—Me llamo Toph, me mandaron a guiarte, inventé ésta armadura, conoces a mi hija y ella se parece mucho a mi según me dicen y tu te asustaste solo con verme ¿Entendiste?

Bolin seguía en el suelo analizando rápidamente cada palabra mencionada por esa mujer. Encontraba el sentido detrás de las oraciones con el aspecto físico que tenía. Toph, que era muy impaciente, se llevó las manos vueltas puños hacia las caderas esperando que reaccionara. Bolin desde el suelo suspiró y alzó una mano.

—Ah… creo que entendí—al menos, las ideas se le acomodaron lo más rápido que pudo—Eres… eres… ¡Eres Toph Bei Fong!—estaba realmente impresionado, casi en shock y hablaba con más respeto—¡La increíble Toph Bei Fong! ¿Cómo…?

—Estás en el Mundo Espiritual ¿Recuerdas?—le espetó—¿Te quedarás tumbado ahí todo el día o te pondrás de pie?

—Eh… si señora. Me paro.—se apoyó en las manos.

—¡No me digas señora!—gritó de repente—Dime Toph. Solo Toph. O Bandida Ciega ¿entendido?

—Entendido Toph.

—Perfecto—su voz sonó tenebrosamente dulce—Ahora, sígueme.

—¿Qué? pero ¿A dónde vamos?

—¿No andabas buscando a tus amigos?

—¿Cómo sabe eso?

—¡Pues dónde te he dicho que estás!—le gritó desesperada—Esta juventud que no entiende ya nada….

—Perdone señora…

Los ojos de Toph lanzaban llamas.

—Toph…

—Argh….

Bolin sentía que estaba metiendo la pata cada vez que abría la boca y no sabía ya cómo dirigirse a ella. Toph estaba marcada en letras doradas en los libros de historia. La maestra que inventó el Metal-Control, que enseñó al Avatar Aang, de sus mejores amigas, la primera jefa de policía en Ciudad República, la que desarrolló increíbles técnicas de la Tierra-Control (que estaba aprendiendo, por cierto) Por favor, esa mujer era una leyenda.

—Y dime Bolin ¿Has estado practicando tu Tierra-Control?—le dijo Toph de repente, rompiendo el silencio.

—Eh… por supuesto, s-Toph.—uf, la salvó—Desde que aprendí en la Cueva de los Enamorados, no he parado de practicar cada vez que tengo oportunidad. Es impresionante descubrir que mi tierra-control puede usarse más allá que una manera de ataque.

—¿Y cómo puede usarse también?

—Es una forma asombrosa de comunicarse, de expresarse… de interactuar con lo demás ¡Oh no sé cómo describirlo!

—Yo te entiendo perfectamente.—Toph detuvo su andar y lo miró a los ojos—A mí me pasó los mismo.

Por la forma en que sentía su mirada, Bolin casi podía asegurar que ella tenía una imagen de él. Pero ¿Era eso posible? Todo el mundo sabía que la Maestra Toph fue ciega.

—Maestra… si me permite… yo…

—¿Y?

—Bueno… ¿No era usted ciega?

—Ah, eso—rodó los ojos—Si, lo fui en vida. Aquí no hay malestares físicos ¿sabías?

—Con razón Mako ya no estaba resfriado.

—Como sea—Toph se recargó en uno de los muros de piedra—Mira, yo no soy precisamente sentimental. Pero me enviaron aquí para ayudarte más que para guiarte. El punto es ¿Necesitas de verdad ayuda?

Bolin se le quedó mirando fijamente.

—Usted se parece mucho a Lin.

Toph sonrió.

—Ella es mi hija ¿No?

—¿La extraña?

—Por supuesto que si—contestó mientras sonreía—Ella siempre fue, desde que nació, mi razón de vivir.

—Me atrevo a decir que ella también la extraña.

—Naturalmente, como tu también extrañas a tus padres.

Bolin se quedó estático.

—¿Por qué nunca hablas de eso?—Toph le preguntó mientras lo miraba seria—¿Por qué nunca hablas cuando estás herido, porque nunca le dices realmente lo que sientes a tu hermano?

—Yo… yo… no sé de que hablas.

—¿O no lo quieres aceptar? ¡Se un digno Maestra Tierra y enfrenta las cosas de frente! Como te impones a la roca, imponte a ti mismo y tus dificultades.

—Pero…. Argh—Bolin bajó la mirada. Esa mujer, ruda y tosca enfrente de sí, tenía toda la razón.—Me apena ¿feliz? Simplemente… siempre encuentro un obstáculo cuando intento hablar con Mako sobre… eso.

—¿Y porqué no apartas ese dichoso obstáculo?

—Mako siempre lo ha hecho—confesó—Desde que éramos niños.

—¿Y lo hará hasta que mueras o qué? ¿Nunca tomarás las riendas de tu vida?

Ouch.

—Golpe bajo.

—No esperes de mi palabras de profunda reflexión—le dijo—Espera de mi seriedad y realidad ¿entiendes? Y ésta es la tuya. Afróntala y supérala, Maestro Tierra.

—Eres muy ruda ¿sabías?

—¡No me hice Jefa de Policía lanzándole flores a medio mundo!—replicó—¿y tu? ¿al menos entendiste algo de todo lo que te he dicho? ¡Por que no espero haber lanzando sermones para nada!

—Creo entender al menos la idea detrás de toda ésta conversación.

Toph le lanzó una mirada que, claramente decía "explícate". Bolin tomó una profunda respiración. Su voz de repente sonó seria y autoritaria.

—Debo dejar de escudarme en mi hermano y mis demás amigos para dar la cara con firmeza hacia el mundo y defender lo que yo soy, en lo que creo, lo que quiero y en todo momento nunca dudar de mi persona o de expresarme—abrió los ojos—¿Algo así?

Toph asintió con una débil sonrisa y después señaló hacia atrás de ella. Había una roca de forma curiosa, casi como de una silla. Bolin la miró y después a la maestra tierra. Ella con la pura mirada le indicaba que se sentara ahí. Aunque dudoso, él tomó asiento con movimientos lentos.

—Espera aquí,.. pronto vendrán a ti—dicho esto, Toph se dio la vuelta y desapareció.

Bolin suspiró mientras permanecía ahí, sentado. Estaba aburrido y pensaba seriamente en ponerse de pie para irse. Pero entonces notó la silueta de alguien acercarse. La espesa neblina no le permitió descubrir quién era hasta que estuvo más cerca. Era una mujer de cabello negro.

—¿Asami?

-o-

Korra hizo el mayor acopio de valor que pudo para voltear. Se sorprendió mucho de la persona que encontró. Era un anciano que tenía barba blanca y unas túnicas anaranjadas, como las de los Nómadas del Aire. Los tatuajes en forma de flechas con color celeste y el collar de madera tallada que caía sobre su pecho confirmaban su condición de Maestro.

—¿Me permite unas palabras, señorita?—le preguntó, mientras le sonreía con mucha cordialidad.

Él se veía afable y le despertó en Korra una sensación muy grande de confianza. Simplemente asintió, incapaz de negarle algo a ese hombre tan bondadoso y pacífico.

—Me alegro mucho—continuaba—¿Usted es la Avatar, verdad? ¿O me equivoco?

—Soy la Avatar Korra—le dijo—Pero… yo no se quién es usted.

—Me llamo Gyatso. Yo fui el Monje protector del Templo Aire del Sur, muchos años atrás—le explicó—Me han dicho que tienes muchos problemas para dominar el aire y tu parte espiritual. Incluso la respetada Avatar Yanchen ha tratado de ayudarte ¿no es así?

Korra bajó la cabeza avergonzada ¿Acaso todo el Mundo Espiritual sabía de eso? Realmente no era algo que le gustara en lo más mínimo de descubrir. Korra suspiró.

—Es la verdad—admitió—Pero no consigo entender por qué.

—A mi se me ocurre lo más sencillo—nada parecía poder perturbar la sonrisa de ése monje—Tienes un concepto errado de la libertad.

—¿Eh?—¿era eso posible?—¡Claro que sé lo que es la libertad!

—¿Y qué es?

—Bueno… la capacidad de hacer lo que uno quiere. Cuando nadie puede impedirte cumplir tus propósitos.

Gyatso rió.

—No. Me temo que no es ése, Korra. La libertad es hacer lo que se debe, no lo que se quiere.

Definitivamente, Korra jamás hubiera imaginado escuchar la palabra "deber" en el concepto de Libertad. Simplemente eran cosas incompatibles en su mente. Ella no podía mirar en la libertad alguna responsabilidad o algún deber.

—No puedo entender eso—Korra pensó mucho pero simplemente no pudo—No le encuentro sentido.

—Entonces por eso no puedes controlar el Aire. Necesitas un espíritu libre para dominar al elemento de la libertad y claro, mientras no domines tu espíritu, no te podrás conectar con tu parte espiritual.

—¿Y me podría entonces explicar qué demonios es la libertad? ¿O me condenará por no comprenderla?

—Debes además ser algo paciente ¿te lo han dicho?—Gyatso cerró los ojos—Hay una gran diferencia entre hacer lo que quieres sin respetar las normas; y tomar tus decisiones libremente, pero para concluir los deberes que el destino te ha dado.

Éste hablaba con acertijos peores a los de Aang. A Korra le dieron ganas de maldecir y lanzar bolas de fuego. Gracias a la ausencia de sus poderes no lo hizo.

—Tu mente y tu alma deben de ser libres, desprenderse de las necesidades, los problemas y las ilusiones terrenales. Cuando consigues comprender y apreciar al mundo de ésta forma, en su esplendor, entonces puedes entender la verdadera libertad. La que jamás te podrán quitar. Porque está en tu interior.

Korra entonces pensó en la forma en que veía al Mundo. Como un todo conectado, unido y respirando al mismo tiempo. Ella había tenido ese encuentro espiritual antes, cuando entraba en el Estado Avatar. Y podía sentirse más plena cuando… cuando se desprendía.

—Pero… ¿Cómo puede estar la libertad en nuestro interior?—preguntó Korra—¿Cómo?

—Eres la que toma las decisiones ¿Oh no? tu esencia y tu persona.

—Creo que…. Muchas cosas comienzan a tener sentido.

—¿Lo hacen? Eso es bueno. Aunque puedo ver un dejo de confusión en tus ojos, mi pequeña.

—Bueno… En todo éste tiempo, he conocido personas importantes. He comenzado el viaje que Aang me pidió. Pero mientras más cosas experimento y más conozco del mundo, más me cuestiono si soy lo que el Mundo necesita para traer la paz. Y si serán mis decisiones las correctas.—Korra bajó la mirada—Yo sé que no han existido Avatares perfectos. Pero… ¿esta mal desear… a veces… no ser el Avatar?

Con esa pregunta Gyatso se echó a reír.

—Korra, eres el Avatar. Pero eres humana. Y son tus temores, dudas y sensaciones los que van marcando en ti la sabiduría que necesitas para comprender a las Naciones y traerles la paz. Es un proceso largo, arduo y no eres la primera que se ha quejado para completarlo. Pero no estás sola. Tú puedes consultar a todos los Avatares que desees para despejar tus dudas.

—Eso suena muy alentador—dijo con sarcasmo.

—¿No lo es? Pocas personas gozan de éstos privilegios. Disfruta las cosas que se te dan y acepta que aquellas arrebatadas son para darte cosas aún mejores.

—¿Y qué Avatar podría decirme usted… ha tenido más dudas?

—¿En qué sentido?

—Sobre su responsabilidad. Qué Avatar estaba tan renuente a hacerlo que… bueno… causó problemas.

—Mi pupilo Aang.

Los ojos de Korra se abrieron.

¿El poderoso y glorioso Avatar Aang? Oh por favor, debía de ser un error. No podía imaginarse a ese hombre dudando sobre su vocación. No. No podía. Y otra cosa ¿Había dicho su pupilo?

—¿Usted fue Maestro de Aang?—preguntó asombrada. A veces le costaba recordar que en de 66 años, Aang tuvo 166.

—Así es. Su Maestro en Aire-Control desde que era un niño—Gyatso sonaba muy orgulloso—Y si que causó problemas. La Guerra de cien años, por ejemplo.

—No logro entender.

—En parte es por tus libros de historia, deberían hacerlos más…detallados. Cuando Aang escapó, su desaparición que el escenario propicio para que se desencadenara la guerra. Pero ni aún así las cosas salieron de un equilibrio particular. El regreso de Aang fue el momento exacto en que los Espíritus consideraron debía de regresar un Avatar.

Korra estaba callada con cara de "no entendí".

—Lo que quiero decirte, es que no importa cuántos errores cometas o cuantas dudas tengas. El propio Universo siempre estará en armonía para devolverle equilibrio al Mundo. No es solo tu responsabilidad.

Korra bajó la mirada aliviada. Ella había esperado palabras como esas desde hace mucho tiempo.

—Muchas gracias Gyatso.—le dijo—Me has aclarado muchas dudas.

—Eso es bueno.

—Pero—Korra volteaba para ver alrededor—No sé dónde están mis amigos ¿Me puede ayudar a encontrarlos?

Gyatso se apartó y le mostró un sendero que estaba reluciente y limpio detrás de su persona. Korra estaba a punto de seguirlo cuando Gyatso la detuvo.

—No—le dijo—Espera aquí, ellos vendrán a ti. Y cuando estén los cuatro juntos podrán entonces seguir éste camino.

—Pero….

—Sin peros.

—Entiendo. Esperaré. Seré paciente.

Gyatso sonrió.

—Me alegro haberte ayudado Korra. Nos veremos después.

Y desapareció.

-o-

Asami y Bolin se encontraron al mismo tiempo que Mako los halló. Los tres estaban impresionados por las experiencias que habían tenido y al verse, fueron tantos los sentimientos encontrados que solo atinaron a abrazarse con mucha fuerza. Sus mentes estaban más libres que nunca y sus almas igual. Ellos de verdad estaban experimentando un cambio espiritual.

Bolin les indicó un camino que Toph le señaló antes de irse y anduvieron los tres juntos, caminando. Estaban extasiados por las aventuras y las charlas que experimentaron con personas de tan alta alcurnia. Pero decidieron hablar sobre eso más tarde, cuando hubieran encontrado la salida del Mundo Espiritual.

El sendero les condujo por paisajes extraños hasta que vislumbraron a Korra, sentada en una posición de meditación, en el suelo. Ellos se sorprendieron y alegraron.

—¡Korra!—gritó Mako.

Ella salió de sus meditaciones para ver a sus amigos corriendo hacia ella. inmediatamente se puso de pie y los cuatro se abrazaron con ahínco.

—Estoy tan feliz de verlos—les dijo con una sonrisa—No tienen idea de con quién me encontré.

—Oh, todos nos encontramos con alguien—Asami colocó una mano sobre el hombro de Korra—Y hablaremos de eso más tarde, cuando hayamos salido de aquí.

—Bien, andando—señaló un sendero—Ése es el camino.

No se dieron cuenta que mientras caminaban estaban escalando las montañas altas. Ellos en realidad no estuvieron muy separados, simplemente cayeron a diferentes paisajes de la misma montaña. Y al fin estaban llegando a lo más alto.

En la cima de la montaña estaba una construcción preciosa en forma de torre que le recordaba inmensamente a los Templos del Aire. Los cuatro contemplaron la magnificencia de ese lugar. Y lo más impresionante: muchos espíritus, de túnicas azules, apareciendo y desapareciendo en diferentes partes de la construcción. Mujeres, hombres, niños, todos conviviendo en un mismo lugar.

—Es hermoso ¿No lo creen?—les preguntó una figura que se paró al lado de ellos.

Korra, al voltear, jadeó.

—¡Aang!—los demás miraron impresionados al Avatar del que escucharon historias en su más tierna infancia—¡Al fin! Bueno ¿sabes lo difícil que es encontrarte en este lugar?

Aang estaba muy sonriente, como quien sale victorioso en una broma.

—Podías haberme llamado ¿sabes?—le recordó a Korra—Compartimos un mismo espíritu.

Korra juraba que le salieron canas verdes en ese momento por lo obvio que Aang estaba sonando. Fue Mako quien tomó la palabra tratando de calmar a su novia.

—Bueno, Avatar Aang, usted ha de saber que nos perdimos en el Mundo Espiritual. Y estamos buscando la salida.

—Nunca han estado perdidos—les corrigió—Hemos estado vigilando sus pasos muy de cerca.

Y repentinamente, atrás de Aang, aparecieron todos esos espíritus que les ayudaron y unos más. Iroh, Sokka, Toph, Katara, Zuko, Gyatso…y unos que no conocían. Katara dio un paso para estar al lado de Aang y les sonrió maternalmente.

—Pero, si ustedes sabían que buscábamos la salida ¿Porqué no nos mostraron el camino?—preguntó Mako.

—Claro que les mostramos el camino—habló Katara.—Ningún viaje es provechoso si no se aprende algo de él.

Lo cuatro asintieron, felices de lo que comprendieron en el Mundo Espiritual.

—Imagino que… bueno… ¿No hice un desastre, verdad?

Aang se echó a reír.

—Claro que no, Korra. Te sorprendería la lista de Avatares que se han perdido en el Mundo de los Espíritus.

—Bueno… eso es extrañamente reconfortante.

—La pregunta ahora es ¿Están listos para volver?

—Si—respondieron al unísono.

—Entonces que así sea.

Los tatuajes de Aang comenzaron a brillar. Korra, Mako, Asami y Bolin se agarraron de las manos mientras Aang les lanzaba desde su mano un rayo de luz celeste. Sintieron que comenzaban a flotar y después, todo lo que les rodeaba desapareció. La oscuridad absorbiéndolos no fue nada tenebrosa, porque pronto, pudieron sentir una calmada agua.


Bueno, hasta aquí el capítulo ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Este capitulo fue como un reto personal de realizar. Me la pasé pensando seriamente en los personajes que pondría, las conversaciones... principalmente la de Mako y la Bolin fueron un reto. Las de Asami y Korra salieron casi solas. En fin. Con todo espero que lo hayan disfrutado.

¡Muchísimas gracias por leer!

chao!