Hola mis buenos lectores, después de haber hecho desaparecer este fic por un mes o más, finalmente lo haré reaparecer, pero esta vez informándoles que ya son los últimos capítulos así que disfrútenlos, no adelantaré nada porque enserio creo que me salió algo sentimental, pero eso se los dejo a su criterio.


Definitivamente Rainbow Dash estaba muy oculta entre la multitud, pensaba Scootaloo, pero recobrando nuevamente su determinación se paró de frente en la nube de partida donde ella y los otros nueve postulantes se hallaban formados.

Tres, dos, uno; ¡bam! El sonido de un cañonazo que desubicó a tres ponis, incluso a ella en menor grado, retumbó en los oídos de todos.

Fue cuestión de milésimas de segundo para que la mayoría de los pegasos saltaran hacia la primera parte de la prueba, las columnas se hallaban a veinte metros de la partida, por lo cual se podía correr para ganar velocidad para partir a volar, pero arriesgándose a desviarse del recorrido en espiral que debían terminar, después estaba la posibilidad de llegar y simplemente elevarse con las alas hacia arriba, para después impulsarse hacia adelante, pero de aquella forma, se perdía dirección y estabilidad.

Scootaloo tardó en comprender bien como realizar dicha prueba, su corta experiencia no le ayudaba y su cabeza tenía muchas preocupaciones como par a encargarse del problema al cien por cien. Sus patas comenzaron a galopar suavemente, algo que podríamos denominar instinto combinado con las observaciones que realizó a los otros postulantes la guiaron.

A pocos metros de la columna levantó sus alas para saltar y aprovechando su tiempo en el aire comenzó un aleteo suave, pero firme, su estabilidad se mantenía, ahora debía rodear la columna once veces hasta llegar a la cima de esta, por supuesto, todos los postulantes tenían un circuito completo para pasar. Siete, ocho… diez, no esperen, once. La pequeña de pelaje naranja se hallaba nerviosa, pues había recordado las masas de ponis que la observaban, la señalaban por alguna razón. No tardó en darse cuenta que era la última en pasar la prueba, su paso por la columna fue hasta cierto punto delicado, trató de no chocar con la misma, pero no pudo evitarlo, sus alas se habían cansado por los aleteos constantes y controlados, su elevación había sido poco uniforme, la espiral era un sube y baja, no un ascender fino. Annoying Buzz desde luego la observaba a través de unos binoculares, sus criterios eran estrictos y ciertamente la poni había fallado en la primera prueba, no obstante solo era el veinticinco por ciento de la nota.

Las alas cansadas de Scootaloo tuvieron que esforzarse para llevarla hasta la siguiente parte; sobre el piso de nube, existían varios cilindros de distinto tamaño, textura y giraban, como lo decía el letrero, a diferentes velocidades así como direcciones, a esas alturas, cuatro habían sido los ponis que fracasaron en dicha prueba; Scootaloo ya estaba intimidada por la dificultad de dicha prueba.

Al dar un paso antes del primer cilindro, la pequeña trataba de recordar las reglas…

- Ummmm… no dar más de tres aleteos, pisar cada uno de los cilindros con las cuatro patas… biiien.

Tragando algo de saliva, la pegaso llevó un casco al frente, el primer cilindro se hallaba a la altura de sus cascos, este giraba hacia adelante y con una velocidad lenta, empujó con suavidad a la pegaso hacia el siguiente cilindro, Scootaloo se tranquilizó por la simplicidad aparente de la segunda prueba y ni siquiera necesito dar tres batidas de sus alas. En el segundo cilindro, la dirección era contraria, por lo cual, al aterrizar, la pequeña estuvo a punto de dar unos pasos hacia adelante para llegar a una distancia cómoda para avanzar al siguiente, pero recordó la regla y se limitó a saltar poco antes de que el cilindro la botara hacia atrás.

Una… dos… tres. Los aleteos debían realizarse a intervalos, impulsándose hacia arriba y adelante, cada aleteo debía ser suficiente para impulsarla al menos dos metros, y ciertamente lo hizo con un esfuerzo tremendo, el dolor de su pecho, de su espalda, de la pare anterior de sus alas e incluso de sus patas se hacía presente, los músculos encargados del vuelo comenzaban a ser desgastados.

- Bien Scootaloo, puedes hacerlo.

Anteriormente, la pegaso no había dado cuenta del tiempo de su anterior prueba, pero ahora, teniendo en cuenta el inicio, le había tomado hasta ahora treinta segundos. O sea que habían otros cuatro minutos treinta segundos de la prueba.

Al llegar al otro cilindro, la pegaso aprovechó que su velocidad incrementada y su dirección hacia adelante la impulsaban de igual manera que si estuviese galopando, entonces nuevamente saltó poco antes de que la superficie en la que estaba parada fuese abajo por efecto del giro del cilindro y la hiciese caer.

Una… Dos, Scootaloo ya entendía la prueba, pero no por ello perdía toda su dificultad. Al aterrizar en el cilindro, no pudo dar cuenta de un hecho que Annoying Buzz pudo notar desde su posición; las plumas del ala derecha de la pequeña se habían enredado ligeramente. Al impulsarse, Scootaloo fue arrojada unos centímetros atrás a causa de la inercia que ejercía el movimiento en reversa del cilindro, perdiendo también todo impulso inicial, así que debía aletear fuertemente, pero esta vez, el costo de energía fue más grande, debido a sus plumas, ahora no solamente debía procurar su batir con toda su fuerza, sino que también debía mantener un control en el aire, sus cascos delanteros, apenas pudieron pisar unos centímetros del siguiente cilindro para que después su cuerpo se viniera encima, el cilindro tenía un tamaño mayor, calculando el tiempo, eran al menos dos segundos para que llegase al final del mismo, sin saber exactamente qué hacer, la pegaso trató de alinear sus primas, pero nada, estas apenas se movieron, sus músculos comenzaron a dolerle aún más, especialmente las de sus alas, eran como punzadas directamente aplicadas al músculo.

El cilindró llegó a su fin y con el impulso necesario para llevar a la pegaso hacia el siguiente de tamaño similar, sus alas le dolían, la fuerza que aplicaba debía ser mayor debido al inconveniente de sus plumas, mas no desistía en su labor; llegar al final de una forma u otra, se decía a sí misma. El dolor incrementaba, ahora podía sentir como sus músculos tenían ciertas vibraciones con cada batir, eran como pequeñas pulsaciones, pero no eran ninguna molestia.

Faltaban pocos cilindros, la pequeña podía sentir como aquella prueba comenzaba a llegar a su fin; por alguna razón observó los otros carriles de prueba, los ponis que habían logrado pasar por los cilindros ya ingresaban en la prueba final por los agujeros realizados en muros de nube tan grandes que ocupaban todos los carriles.

Penúltimo cilindro, Scootaloo cerraba los ojos para aguantar el dolor que a cada segundo se hacía más intenso; al llegar al final de esa parte, terminaría, se repetía de forma constante tratando de mentalizarse para lograr su objetivo, ignorar el dolor se hacía más difícil, era como si sus alas, junto con su pecho y su espalda se estuviesen quemando, alguna vez le había salpicado una gota de aceite caliente al freír unas papas, pero no tenía comparación con lo de ahora.

Una, dos, al tercer aleteo sus fuerzas finalmente cedieron, al pisar el borde del cilindro su vista comenzó a nublarse, su cuerpo a tambalearse y aquella sensación horrible que tenía su organismo de pronto se fue, es más, era como si sus músculos estuviesen adormecidos, sentía unas cosquillas alrededor de todos aquellos especializados en el vuelo, sus energías se marchaban; sin embargo, dio unos pasos al frente, mientras el cilindro terminaba de media vuelta. La pegaso se impulsó medio metro con un salto, dio un aleteo con la fuerza que le quedaba, este la elevó otro medio metro y la hizo avanzar unos cuantos metros en descenso. Su dirección estaba errada, Annoying Buzz detectó lo que sucedía con un agudo instinto y mandó a llamar al equipo médico.

El segundo batir de sus alas finiquitó con el cuerpo de la pequeña, su cuerpo simplemente dejó de responderle y su planeo hacia el último cilindro cambió por una torpe caída, podrían haber mil y un explicaciones para lo que sucedió, la experiencia del pegaso crítico le hacían sospechar de unas pocas; el público en conjunto se conmocionó con la caída repentina de Scootaloo, pues fue a dar directamente con el cilindro que la empujó en dirección al piso de nube con fuerza, afortunadamente la compresión de aquellas nubes, su fabricación específica le permitió actuar como amortiguador de caída y sostén del cuerpo de la pequeña. La prueba de la tanda finalizó en ese instante, los seis pegasos que pasaron fueron a otro sector del coliseo, mientras que los que no pudieron, eran acompañados por Cold Heart a una salida secundaria del coliseo.

- Tranquilos, a veces no se logra a la primera, pero ¿A que no adivinan cuál de los pegasos legendarios de la academia tampoco logró ingresar a la academia a la primera? – Preguntó para levantarles el ánimo y atrayendo su atención.

Scootaloo sin embargo era trasladada por el equipo médico en una camilla, su respiración era demasiado débil, unicornios, ponis terrestres y unos cuantos pegasos que se encargaban de la atención médica de emergencia se hallaban a medio minuto de vuelo, por lo cual, el equipo de dos comenzó una carrera a contra reloj.

Eran las tres de la tarde y Rainbow Dash no paraba de dar carcajadas al lado de sus nuevas colegas, ciertamente tenía mucho que pensar entre su vida en Ponyville y un trabajo en los Wonderbolts, es decir, tenía el nivel de uno y también su grado correspondiente de vuelo, pero probablemente no se quedaría en Cloudsdale sus amigas estaban en Ponyville, también su vida tal cual le encantaba, desde luego, le era permitido estar fuera de Cloudsdale y el cuartel general de los Wondercolts siempre y cuando diera un examen mensual para probar el mantenimiento de su aptitud, también sería llamada para presentaciones o misiones de los Wonderbolts. Al fin y al cabo, también podría ser como Rarity que tenía a su hermana a su lado aun cuando ya se había convertido en una diseñadora reconocida… Un momento, Scootaloo.

La mente de Rainbow Dash por poco sufrió un colapso al recordar a su hermana menos y su prueba de aptitud, cómo lo pudo olvidar, tonta, tonta y más tonta, no la reina de las tontas, se decía mientras se levantaba del sofá en el que se encontraba.

- Hey Dash ¿ya te vas?

- Sí, tengo que ir a mi hermana a los exámenes de ingreso a la academia de vuelo de Cloudsdale.

Spitfire se bajó los lentes con su casco, sorprendida por la actitud de la pegaso cian.

- Rainbow, esas pruebas terminaron como al medio día, el informe me llegó a las doce y media, setenta por ciento de aprobados. – informó mientras tomaba unas hojas de su escritorio. – Scootaloo ¿verdad?

- Sí –respondió la pegaso de melena multicolor, sus ojos de desesperación por su enorme falla se mostraban en plenitud. Su cabeza comenzaba a martillarle una y otra vez sus tonterías. No, no podía ser cierto, había abandonado a Scootaloo.

- P…Q…R…S… Scootaloo, aquí dice que ella estuvo en la primera tanda, puntuación: 40/100, sensor: Annoying Buzz y… Ay no ¡Sufrió un desmayo por cansancio!

- ¡¿Qué?! No, no, no, no, no, no, no, no, no; esto no puede ser, qué hice… ¿Dónde está ella ahora?

- Fue transportada al hospital ecuestre de Cloudsdale ¡Vete ya! – ordenó la pegaso mostaza.

Sin despedirse la de ojos violeta salió despedida por la ventana. Definitivamente no podía ser cierto, nada de eso podía ser cierto.

Cuatro de la tarde, nubes grises cubrían todo Ponyville, incluso en las afueras, una nueva programación del clima situaba lluvia de doce horas en toda la zona, el tren de las cuatro llegaba puntual, la poca ponidumbre (juego de palabras derivada muchedumbre y poni; si lo sé, es obvio) que salía de los vagones se alejaba a gran velocidad para llegar a sus respectivas casas antes de que la tormenta iniciara, una figura pequeña salía al andén con un paso lento, sus ojeras eran clara señal de que su cuerpo demandaba un descanso completo, al menos de doce a quince horas según le dijo el doctor. Sus alas se encontraban vendadas y recubiertas con una medicina a base de plantas mágicas, la receta era simple, pero efectiva, mucho más que unos meros calmantes o incluso una cirugía, ciertamente la medicina en Equestria tenía un método que cambiaba conforme los años, descubrimientos, hechizos, avances científicos, descubrimientos de nuevas plantas y propiedades mágicas se realizaban.

Sus pasos lentos eran los únicos que resonaban en el andén, bajar las gradas le fue un poco difícil, pues todavía tenía mareos cuando lo hacía.

Había sido todo lo fuerte que pudo durante el viaje, pero a esas alturas, sus mejillas se llenaron de lágrimas, el sonido de unos relámpagos a lo lejos no hizo sino acallar sus sollozos, Scootaloo sufría como nunca antes había sufrido, de alguna forma, en aquel viaje en el cual todo debió haber salido de maravilla, terminó con un accidente, un fracaso y una verdad que se imponía de forma irrefutable.

Traicionada sería poco para describir el sentimiento de Scootaloo, aquel pequeño corazoncito que tenía, pequeño en materia, pero grande en espíritu se abrió de par en par, la causante de dicha herida tenía nombre y apellido: Rainbow Dash, no le costó averiguar su ausencia, porque si "Dashie" hubiese estado en el coliseo ella hubiera sido la primera en salir de su lugar e ir a salvaguardarla, en cierta forma, ella esperó que el doctor le informara de ello al despertar en una camilla del hospital, pero todo lo que le dijeron fue que el equipo de emergencia la trasladó.

También tenía una orden médica que le prohibía rotundamente ejercitar sus alas durante al menos dos meses, los doctores pudieron ver su registro y le informaron que se llevaba a cabo una investigación a fondo para descubrir la cura.

Su fracaso, no era tan garrafal que digamos, incluso Annoying Buzz la había visitado.

- De saber de tu enfermedad, no te habría dado una recomendación, creo que deberías haberme dicho sobre eso, de todas formas, por lo que vi en el coliseo, tienes un talento especial en el aire; pero debes esperar hasta que llegue el momento.

Esas fueron las palabras más relevantes que habló en quince minutos de visita; Scootaloo no le prestó mucha atención porque pensaba en su hermana, esta nunca se presentó y al caer las dos y media, finalmente le dieron de baja y al saber de su orfandad, le brindaron un servicio de transporte hasta el tren; desde luego, ella no quería saber nada más de Rainbow Dash, su sentimientos hacia la pegaso cian cambiaron de forma drástica en poco más de hora y media que estuvo consciente y ensoñando en su asiento del tren. ¿Indignación? ¿Rabia? ¿Desencanto? O tal vez odio, eran las posibilidades que todavía no encajaba. Pero tampoco quería darle importancia, su experiencia en su corta vida pasada llena de situaciones iguales o peores le indicaba ignorar todo aquello, pues se convertía en una astilla que al final no podría sacarse, llorar era anormal desde que llegó a Ponyville y conoció a sus amigas, pero hora rompía con aquella anormalidad, sus lágrimas salían por montones; nadie la veía, por lo cual podía hacerlo sin esperar preocupar a nadie, lo que menos quería era que sientan pena por ella. Y justamente Rainbow Dash no sintió más que pena por ella.

- ¡Scoots! – Escuchó un grito a lo lejos, algo ronco y lleno de preocupación.

Al voltearse, la vista de la pequeña pudo divisar a la pegaso cian, su aspecto más despeinado de lo normal, lleno de suciedad y con los ojos algo rojos le indicaban que había hecho una raimplosión durante un periodo de tiempo largo y por tanto, por una enorme distancia, quizás desde Cloudsdale hasta ese mismo punto. La pegaso ignoró a Rainbow Dash para continuar con su camino.

- Scootaloo – Gritaba mientras inevitablemente se acercaba.

No podía correr, tampoco podía volar, la pequeña apenas pudo dar cinco pasos antes de que Rainbow Dash la alcanzar y la abordara de frente.

- Scootaloo tienes que creerme yo… yo

Los ojos púrpura de la pequeña observaron a los de Rainbow, provocando que esta se callara. La expresión de la pegaso expresaba más que treinta y cinco mil quinientas palabras. Scootaloo se limitó a rodear a la mayor mientras su paso continuaba, solo deseaba llegar a su casa, descansar, quizás al día siguiente podría salir con sus amigas y olvidarse de todo, como siempre había hecho, olvidar, pues no se sentía capaz de perdonar a la pegaso de melena multicolor. Pero en su desesperación, arrepentimiento y dolor, Rainbow Dash saltó y voló nuevamente hacia la pequeña tratando de tomarla por los sobacos.

- ¡Suéltame! – Ordenó la pequeña mientras continuaba su recorrido, sus lágrimas eran visibles, pero por nada del mundo deseaba que Rainbow continuara con aquel juego que acostumbraban jugar los adultos cuando la decepcionaban.

- Scoots… yo

La palabra "yo" desencadenó la ira de Scootaloo, que se volteó para observar nuevamente a Rainbow Dash a los ojos.

- Siempre es así ¿no? Siempre eres tú el centro del mundo, yo esto, yo aquello, yo, yo, yo, yo. No te importo más que como una admiradora, nunca fuiste mi hermana mayor.

- Scoots, entiendo que reacciones así por cómo me comporté contigo y si no quieres hablarme… pero.

- Pero nada, ¡Ególatra de mierda!, no me importa lo que tengas que decir. Eres peor que cualquier estupidez que Diamond Tiara me diga.

El orgullo de Rainbow era algo con lo cual realmente pocos podían meterse, al sentirse lastimado este comenzó a reaccionar, pero Rainbow se lo guardó, se lo merecía, pero no aceptaría un no por respuesta, debía decir lo que quería decir. Lejos de sentirse ofendida por el lenguaje de Scootaloo o de su carácter tan cambiado hacia ella.

- Escucha niña, lamento no haber estado en tu prueba.

- Descuida, puedes leerlo en el periódico. Ahora deja de estorbarme.

- Scoots, soy tu hermana mayor y como tal te ordeno que escuches lo que quiero decirte. – en su desesperación por ganar la atención de la potranca, Rainbow Dash comenzaba a apelar al único lugar que lograba dar el casco a torcer en la pequeña.

- ¿Hermana? ¿De quién? – Le respondió la pequeña aún más furiosa.

- Tu hermana. – Objetó finalmente Rainbow Dash que nuevamente se puso delante de la pequeña y usando su mayor tamaño y fuerza se quedó estática, bloqueando el paso de la pequeña.

- Este bien, está bien, haré lo que realmente quieres. – Dijo la pequeña mientras levantaba los cascos y se sentaba en la tierra. - ¡Bravo Rainbow! ¡Lo lograste! – vitoreó con sus pocas fuerzas.

- No sigas con eso, tú eres más que una admiradora para mí.

- A otra con ese hueso, déjame mientras aun puedes mantener tu maldito orgullo. – Respondió secamente la pequeña, desplegando un lenguaje que había aprendido de las peores formas y que definitivamente hería a Rainbow Dash.

En cierta forma, Scootaloo continuaba la plática con la pegaso cian, porque deseaba lastimarla, pero también deseaba que se diera cuenta de sus errores.

- Yo te quiero Scootaloo – Soltó finalmente la pegaso cian, a la defensiva y siendo todo lo honesta que podía ser, su carácter le hacía casi imposible articular esas palabras sin repensárselo tres veces.

La pequeña utilizó su fuerza para empujar a Rainbow Dash, logrando que esta cayera al piso, pues estaba sentada sobre sus cuartos traseros.

- Olvida eso de una vez, tú y yo no somos más que dos voladoras con talento y lo único que nos une es el hecho de que dentro de unos años te quitaré esa insignia de Wonderbolt. – Sentenció finalmente Scootaloo con su furia mientras miraba a la mayor en el piso, así era como la quería ver realmente, aquel sentimiento finalmente encontraba nombre: odio.

La potranca comenzó a alejarse mientras Rainbow se quedaba en el piso tratando de comprender a la Scootaloo que la había rechazado, herido y hasta insultado. Sin embargo, entre la impotencia y la reacción por su orgullo lastimado, Rainbow utilizó un último recurso retórico que maldijo en el mismo instante en que lo utilizó.

- ¿Ah sí? ¡Adivina quién pasó su prueba y quién no!, puedes hablar todo lo que quieras, pero nunca me superarás.

Scootaloo sacó fuerzas de algún lado, su corazón, partido en dos, el nudo en su garganta y los sollozos incontrolables que tenía se sincronizaron con las primeras gotas de agua de la tormenta, pero antes de hacharse a correr llorando sus voz quebrada gritó a todo pulmón:

- ¡Te odio!

Sin mirar atrás, la pegaso joven salió corriendo del lugar, durante diez minutos, su galope no tuvo dirección, sus energías se veían restablecidas, en parte por la infusión, en parte por aquellos sentimientos encontrados. Los rayos caían al son de una canción que comenzó a cantar, principalmente para dejar de sollozar y calmarse.

Hay mucha falsedad en este mundo

Y puede que hoy me hundo

Pero escúchame… donde quiera que estés…

Aunque me lastimes

La tormenta paaaasó, la luz llegó

El arcoíris me dejó

Su ilusión se fue con la tem-pes-tad

El galope de la pequeña terminó cuando pudo advertir la presencia de un cañón, la separación entre un lado y el otro era inferior a diez metros. Las circunstancias no dejaban que la potranca pensara con toda la cabeza; en sus ansias por superar a Rainbow Dash, pues ella podía hacerlo y lo haría, la vencería en su propio juego, de esa forma le demostraría y se demostraría su gran error. Pero nunca trataría de recuperar su cariño, pues este era nocivo, además, tenía otros y otras ponis que la querían, Rainbow Dash no era la única.

-Si paso al frente, quiere decir que soy capaz de vencer a esa… si no…

Las alas de la potranca se alzaron, la lluvia continuaba cayendo de forma violenta, la obscuridad comenzaba a alzarse, asimismo los rayos caían a lo lejos, hasta el clima concordaba a la perfección con los sentimientos de la pegaso naranja, quien se impulsó cinco metro a todo galope, para batir fuertemente sus alas, los vendajes se liberaron, la infusión se desprendió casi instantáneamente.

La debilidad de la pegaso regresó, nuevamente sus alas dejaron de responderle, pero de forma desesperada esta forzó todo lo que pudo sus aleteos, la lluvia incrementaba su peso, siete metros, ocho, estaba a dos metros cuando su vista volvió a nublarse y finalmente, dejó de sentir su cuerpo, ni siquiera pudo emitir un grito cuando la gravedad comenzó a llevarla hasta el fondo del cañón.

La tormenta continuaba, los rayos caían, el agua agitadamente descendía al interior de aquella fisura, las alas aun extendidas de la pequeña dieron con las ramas de un arbusto que crecía en las paredes del acantilado, las espinas se hundían hasta lo más profundo de los músculos de sus alas y parte de su cuerpo, pero no pararon su caída, su vista ahora reducida a un pequeñísimo foco podía apreciar grandes rocas que se alzaban cinco metros abajo, sus alas comenzaron a batirse nuevamente, pero de forma tan débil que no hicieron sino relentizar su velocidad de caída y con ello, su fuerza, al llegar a la primera piedra, su cuerpo chocó directamente con esta, sus patas cedieron al instante, dejando caer su cuerpo a un costado, su alas ahora extendidas hacia atrás por una reacción involuntaria de sus músculos que buscaban relajarse fueron aplastadas por el peso total del cuerpo de la pequeña, incrementado por una caída de tres metros, sus huesos emitieron un sonido seco audible al romperse, finalmente su cuerpo llegó al final de la caída y Scootaloo cerró inmediatamente los ojos, perdiendo la conciencia quizás por última vez.


Bueno, ya llegamos a este punto, capítulo emotivo no es cierto; bien, admito que este es el fic menos popular que he hecho hasta ahora, en parte porque ya se ha explorado esta temática bastante y en parte porque simplemente hago cosas impopulares XD, pero a los pocos que han llegado hasta aquí, espero que estén preparados para el siguiente capítulo.