.
10
ELECCIÓN O AZAR
.
.
Día a día el planeta Saturno aumentaba de tamaño frente a la ventana, desde un punto amarillento hasta la enorme esfera de cuatro veces el tamaño de la Luna vista desde la Tierra. Viniendo desde el exterior del sistema solar, podía verse en media luna, por así decirlo, donde una buena parte de sus anillos están resplandeciendo, mientras otras aun se encontraba en la oscuridad. Durante su viaje, era la primer vez que Macross, en su ruta hacia la tierra, se encuentra con un planeta.
Por el peligro de dañarse con las partículas de polvo y roca alrededor del gran planeta, la velocidad fue reducida al mínimo para entrar en orbita, lo que prolongaba por varios días el paso de la nave cerca del planeta. Se planeó que Macross realizara un frenado para quedar en orbita entre los anillos del planeta, para perder a las fuerzas enemigas que les habían estado siguiendo durante semanas. Si lograban entrar en la zona de los anillos podrían confundir los radares enemigos y nuevamente aprovechar para salir de su alcance para reemprender de nuevo el viaje hacia la Tierra.
A pesar de los problemas que tenia en mente, Lena Nikolayev encontró en la imagen del inmenso Saturno algo en que distraer su mente. A pesar de solo ver la mitad, era una esfera amarillenta... en realidad no era amarillo, tenía un color entre salmón y marrón claro, surcado de bandas de nubes de tonos de marrón y el resto de la superficie, más prominentes en el área ecuatorial, estaba salpicado de manchas blancas de nubes y tormentas. Al pasar junto a una ventana, estiró el brazo con la mano abierta para comparar el tamaño del planeta. Lo percibía como un objeto sólido, sentía que si estiraba la mano podría tomarlo. Recordó que tenía nueve veces el diámetro de la Tierra. Una mirada de varios minutos le permitía ver los lentos movimientos de las nubes y sintió un escalofrió al pensar como seria verlos desde dentro, siendo azotada por vientos que excedían la velocidad del sonido.
Por el momento Saturno no ocupaba su tiempo, y se dirigió por las escaleras, pasillos y ascensores, en ese orden, hasta la torre de Macross, y más que todo hasta el CIC (centro de información de combate).
Alrededor los operadores contemplaban sus consolas y enviaban instrucciones a los cazas, hablando a través de sus auriculares en voz baja para no interferir con los demás. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por las luces parpadeantes de los monitores y el brillo de las estrellas a través de la gran ventana en forma de burbuja. Justo en lo alto, formando una especie de balcón, el puente de mando de la nave, donde siempre estaba el Capitán Gloval y sus asistentes.
El susodicho estaba ahora en el CIC, caminando entre las consolas, siendo ignorado por los operadores. Más allá de la burbuja, justo delante de la nave, y a dos días de distancia estaba la enorme vista del planeta Saturno.
Hacia ya una semana que la nave había reducido su velocidad lo suficiente para que la nave entrara en una orbita alargada alrededor de Saturno, cuyo punto más cercano estaría en el interior de los anillos del planeta. Al llegar allí se realizaría un frenado para entrar en orbita circular, la primera parada en seco en todo el viaje desde la orbita de Plutón.
Este lugar del área de control era espacioso, y aquí se permitía fumar, por lo que el Capitán bajaba de vez en cuando tanto para fumar como para verificar las operaciones en directo antes de que fueran filtradas y mandadas a su personal en el puente. Como todo fumador de pipa, el ritual de prepararla le daba la oportunidad de relajar su mente mientras tomaba una decisión. En las reuniones sacaba su pipa, la limpiaba, golpeaba, llenaba, aplastaba el tabaco, encendía y aspiraba. Todo esto le daba tiempo para escuchar y decidir.
"¿Capitán?" dijo Yelena saludando.
"¿Qué tal van esos nuevos pilotos?" dijo Gloval, examinando detalladamente a Saturno.
Yelena dudó un poco antes de contestar. El primer grupo de pilotos se había graduado el sábado pasado. El lunes los habían asignado a sus escuadrones operativos y ahora, jueves, estaba encargada de un nuevo curso de pilotos.
"Bien... teniendo en cuanta que nunca habían volado aviones de combate lo hacen mejor de lo que se podía esperar. Todavía un poco inseguros pero están mejorando"
"Que bueno," dijo Gloval mientras se recargaba de una de las consolas que en ese momento se encontraba desocupada. "Estaba pensando preparar una operación, mientras la nave este en los anillos de Saturno," dijo Gloval.
"Pensaba que solo nos ocultaríamos para perderlos otra vez."
"Esta vez no, tenemos que demostrarles que podemos pasar a la ofensiva. Que no han mermado nuestro espíritu de lucha."
"¿Una ofensiva? Seria una misión muy arriesgada. Los enemigos deben tener varias naves por allí."
"Por eso quiero que salgan todos mis pilotos disponibles. Escuadrones completos," dijo Gloval cruzando un brazo sobre su pecho y manteniendo su pipa en alto.
"Todos los pilotos, pero a los escuadrones les faltan..."
Lena se detuvo. Se quedó mirando a Gloval y este le devolvió una mirada moviendo la quijada como si esperara que continuara. La rusa continuó:
"No creo que piense que pueden hacer esto, ni siquiera han..."
"¿No me había dicho que lo estaban haciendo muy bien?" le interrumpió Gloval.
"Considerando su inexperiencia pero están lejos de realizar este tipo de misión. Seria muy peligroso."
"Dígame una sola de las cosas que hacemos que no sea peligrosa."
Gloval exhaló un hilillo de humo por un extremo de su boca. Yelena se cruzó de brazos, recargándose de otra de las consolas.
"¡Solo son chicos!" exclamó Yelena.
"Soldados," expuso Gloval. "Y todos los soldados sabemos que en cualquier instante se nos puede pedir el sacrificio de nuestras vidas."
"¡Pero no el desperdicio de sus vidas!"
"Hágame un calculo del posible numero... de bajas."
"No hay que sumar mucho. Si aparecen los extraterrestres... será una carnicería."
Gloval se quedó considerando sus palabras. Se enderezó, se puso la pipa a la boca, se llevó las manos a la espalda y caminó un pequeño trayecto hasta acercarse y recargar sus manos sobre la espalda de una silla.
"Si ganamos, ¿qué impedirá que regresen con refuerzos?" preguntó Yelena.
"Nada," respondió Gloval con sequedad. "Pero si podemos destruir esas naves, ganaremos un poco de tiempo."
"¿Por qué?"
"Si siempre huyes del abusador del colegio, él seguirá persiguiéndote. Pero si te paras, lo encaras, y le pegas donde le duela, lo pensara dos veces antes de perseguirte."
"O eso o dejar que nos aniquilen cuando nos encuentren."
"A veces hay que arriesgarse."
.
.
Como cualquier interesado en el espacio, Yelena no pudo evitar pasar tiempo en la ventana de observación con un par de binoculares y examinar el planeta. Tenía un color amarillento, surcado de líneas oscuras que se movían lentamente. Si se le quedaba mirando unos minutos podía ver como las cintas de nubes se movían y cambiaban de forma.
Visto desde el comedor de oficiales, el planeta estaba ladeado, con sus anillos haciendo una increíble línea vertical que lo cruzaba en el ecuador. El planeta se agrandaba en cuestión de horas y no días. Para las primeras horas de la madrugada de pasado mañana estarían ya en una orbita estable a su alrededor. Si todo salía bien.
Se había sentado en su mesa favorita, cercana a la inmensa ventana. Esta vez estaba sola, Doherty tenia que cumplir con su patrulla como comandante de su escuadrón Apollo. A pesar de estar en la división de entrenamiento, solo ocupaba la mitad de su tiempo, al igual que a ella.
Desde el lunes pasado había empezado la segunda promoción de pilotos. Aquí repetían muchos de los que no pasaron en la primera, lo que le alegraba, ya que sabía que lo hacían por que querían y no por obligación.
Lena intentaba terminar de leer el libro con el cual llevaba semanas, pareciera que le a tomado una eternidad el solo llegar a la mitad. Sin mirar levantó lentamente el cigarrillo que había estado consumiéndose en el cenicero desde hacia rato. Por lo general le tomaba cosa de una semana leerse un libro, dedicándole media hora diaria. Era una lectora veloz y podía retener mucho de lo que leía. Si le ponían un libro que hubiera leído podía ir a una pagina y buscar algo en especifico. Tenia la costumbre de doblar la punta de las páginas con pasajes que le interesaban, para leerlos mas adelante, aunque era raro ya que nunca volvía a pensar en ellos sino a ratos.
Con tiempo sola podía comer y dedicarle unos minutos a su libro. No debería fumar, pero ante la perspectiva de morir fulminada por las ráfagas de disparos, en una efímera bola de fuego o volar sin control a través del frío vacío del cosmos sin posibilidad de rescate contando con una limitada carga de aire, un futuro cáncer de pulmón parecía muy lejano.
"¿Ocupada?"
Cuando levantó la vista se consiguió con Gennadi, que se sentó del otro lado de la pequeña mesa, poniendo en la mesa su bandeja de comida.
"Contemplando la vista," contestó ella dejando el libro sobre la mesa.
Yelena se mordió la lengua cuando estaba a punto de preguntar por Katrina. Desde hacia días lo había visto con ella, incluso había estado a punto de llamarle para que les acompañar junto a Doherty, pero se sintió como una estúpida cuando quedo con el brazo levantado mientras Gennadi Alexandrevich le ignoraba y se iba con Katrina a una mesa, la misma en la que se sentaban todas las tardes a almorzar y ha hablar.
"Eso se nota," dijo Engel estirando la mano por sobre la mesa y tocando la solapa del libro. "¿Qué lees?"
"Lolita," dijo ella levantándolo y dándole la vuelta para que mirara la portada.
"¿De que trata?" preguntó solo para ver que decía, porque sabia de que trataba, al menos todas las cochambrosas ideas que la palabra Lolita conjuraban en su mente.
"Es una novela. Interesante, nada de pornografía si es lo que estas pensando."
"¿Crees que me la pasó pensando en esas cosas?" protesto mientras trataba de recordar el nombre de la chica de la ultima versión de Lolita, recordando que esa adorable niña ya debe de tener su edad.
"No sé.," dijo estirando el libro para ponerlo a su alcance."Mira, te la prestó."
"No es mala idea, el único libro que me puede traer fueron las memorias de Albert Speer."
"Necesitas leer mas que libros de historia y manuales."
"He oído que leer en exceso desgasta la vista."
"Lo mismo dicen del sexo."
"¿Cuál de las dos es la que te afectó?" preguntó Engel sonriendo.
Yelena le miraba por sobre sus anteojos, no dijo nada y regresó a su lectura. Gennya había evadido esos temas desde que murió su esposa.
"Es raro verte reír por algo, aunque sea a expensas de los demás," dijo Yelena luego de unos momentos de silencio.
"Me han dicho que a veces vale la pena."
"Es verdad, todos piensan que eres un amargado sin remedio."
"A veces tengo razones. Estoy atrapado en una nave espacial, peleamos contra alienígenas dispuestos a matarnos de una manera terrible. A parte de eso no veo ninguna razón para ser feliz."
"No te deberías quejar, yo también estoy en las mismas. O que pensabas, ¿qué me la paso sentada aquí leyendo?"
"Te he visto sentada pero no precisamente leyendo..." dijo, luego evito seguir por ese camino. "Bueno... no es eso, Lena, es que me molesto demasiado fácil por cualquier cosa."
"No me sorprende."
Engel gruñó mientras levantaba su taza de café, mientras miraba como Yelena se envolvía en una toxica nube de su cigarrillo. Levantó la cajetilla de cigarrillo blanco con azul que estaba al lado del cenicero y la examinó, dándose cuenta que serán unos cigarrillos rusos. Algo que debería ser increíblemente caro y difícil de conseguir.
"No deberías fumar. He leído por allí que mata."
"Es verdad, Gennya. Pero creo que no moriré de eso," refunfuñó mientras terminaba el cigarrillo, para luego quedar en silencio.
"Léeme algo," dijo Engel.
"¿Humm?"
"De la novela. Cualquier cosa, si son las partes porno mucho mejor."
Yelena cerró el libro y luego abrió una página al azar:
"Me cubrí la cara con la mano y estalle en el llanto más ardiente que había conocido en mi vida. Esto lo decía Humbert, el protagonista. Sentía que las lagrimas caían a través de mis dedos, por la barbilla, y me quemaban, y la nariz se me tapó, y no podía parar, y entonces ella me tocó la muñeca."
"Me moriré si me tocas," dijo él. ¿De veras no quieres venir conmigo? Dime tan solo eso."
"No, querido, no," respondió Lolita.
Nunca me había llamado querido antes, pensó Humbert.
"No, no puedo pensar siquiera en eso. Antes preferiría volver con Cue. Quiero decir... empezó a decir Lolita."
No encontró las palabras. Se las proporcioné mentalmente: Él me destrozó el corazón. Tu solo me destrozaste la vida.
"Creo que... se interrumpió Lolita, el sobre con el dinero se le había caído al suelo. Creo que es formidable de tu parte darnos este montón de dinero. Eso lo arregla todo y podremos empezar la semana próxima. Deja de llorar por favor. Tienes que comprender. Toma una cerveza. Oh, no llores. No sabes cuando siento haberte engañado tanto... pero así fueron las cosas."
Me despidió junto a su perro. Me sorprendió que ver el viejo automóvil en que había viajado cuado era niña y una nínfula le dejara indiferente. Solo observó que en algunos puntos comenzaba a oxidarse. Dije que era suyo, que yo podía viajar en autobús. Me dijo que no fuera tonto, que volaría a Júpiter y se compraría un automóvil allí. Dije que yo le compraría ese mismo por quinientos dólares.
Yelena termino de leer, y miró a su compañero. Estaba mirando Saturno. Al darse cuenta, su compañero solo sonrió.
"¿En que piensas?" preguntó Yelena.
"No sé... me recordaste a Sabina..." dijo Engel como si el comentario se le hubiera escapado.
"¿En que te la recordé? " dijo, como si la iniciativa de Gennadi le diera permiso de hablar sobre ella.
"Cuando estaba en el hospital... le gustaba que le leyera," comento en esa misma actitud pensativa.
Siempre que pensaba en su difunta esposa se ponía así. Yelena no podía ni imaginarlo, Gennadi había conocido a Sabina en la escuela, la chica más bonita de la clase, y habían terminado por casarse luego de esos interminables años de noviazgo alargados por la guerra. Literalmente la mitad de la vida de Gennadi la había vivido con su Sabina Yakunina.
"¿Te sientes bien?"
"Si," suspiró, y se levantó. "Tengo algo que hacer."
Parecieran que cinco meses no eran suficiente, quizás ni diez mil lo sean.
.
.
Ser jefa no le había excluido de las reuniones de este tipo.
Ahora estaba sentada en una de las sillas mirando al Mayor Focker explicando lo que se haría para mañana. Este tipo de reuniones era muy técnica, porque involucraba acrónimos para cada acción.
El plan era que Macross entrara en orbita circular sobre Saturno en la madrugada del 16 de mayo. Se había preparado todo para que entrara en orbita dentro del campo de asteroides. La orbita rozaba el extremo externo de la llamada División de Cassini, un tramo despejado en los anillos (en realidad lleno de anillos más tenues). Antes y después de la puesta en orbita se habría encendido los dispositivos de interferencia electrónica para bloquear los radares enemigos. Cuando se apagarían, Macross se confundiría con los asteroides. El plan original era quedarse en orbita y luego continuar el camino a la Tierra, lejos del alcance de los radares enemigos como había pasado al comienzo del viaje.
El plan original tenia un defecto, que los extraterrestre seguramente habrían colocado naves a lo largo de todo él cosmos que separaba Saturno de la Tierra, y tarde o temprano Macross volvería a toparse con alguna. Gloval había decidido atacar. Macross estaría oculta entre los asteroides mientras los Valkyries atraían a los cruceros cerca de la línea de fuego, si era posible fuera del rango de detección de otras naves. Al destruir una las demás empezaría a rastrear a Macross, mientras esta ya se habría movido para, si era posible, volver a atacar a alguna nave.
Al salir de la reunión la invadió de nuevo ese desasosiego anterior a la batalla. En los últimos meses los combates eran esporádicos, defensivos, donde lo único seguro eran los ataques de algún grupo de cazas enemigos. Ahora las cosas eran diferentes porque ellos serian el detonante de una nueva situación, atacar primero.
Era tarde cuando terminó la reunión, y muchos fueron directo a acostarse. Un normal nos vemos mañana a modo de despedida con los demás oficiales. Los pilotos de los escuadrones serian informados mañana, media hora antes de partir.
Los aprendices recién graduados fueron repartidos entre diferentes escuadrones, se intento mantener la cohesión de los grupos, pero fue difícil debido a la escasez de pilotos en varios escuadrones, pero un solo grupo quedo unido, el equipo uno, salvo un integrante que fue absorbido (en realidad ya estaba reservado) por el escuadrón Skull.
Hubiera querido sentarse con los chicos y hablar, pero la tarde era de los chicos y muchos de ellos fueron a visitar a sus familias. A pesar de que no era su obligación, había conocido las familias de muchos de los jóvenes. Esperaba encontrarse con algún tipo de animosidad, pero en cambio se dio cuenta que las familias confiaban que realizaría un buen trabajo con los chicos. No sabía si sentirse halagada o empezar a sentir la presión o responsabilidad si algo salía mal. Si les pasaba algo ella tendría que escribir alguna carta, y su conciencia le obligaba a romperla e ir ella misma en persona ha hablar con los familiares.
Había decidido irse a su habitación, y ya en la puerta decidió que no tenía sueño. Buscó a Gennya pero no lo encontró, según su costumbre se habrá ido a alguna de las ventanas de observación a mirar el cosmos.
Regresó a su habitación y se quitó su uniforme para darse una larga ducha con agua helada. Ni se molestó en peinarse ni arreglarse mucho, solo se puso su camisa de dormir y se acostó en el sofá. Siempre que pretendía tomar una siesta se acostaba allí. Era raro que allí pudiera dormir dos o tres horas como máximo, pero en la cama se dormía y le era difícil salir, como si fuera un poderoso imán.
Tuvo por un momento la idea de leer. Tomo el libro, lo abrió en la página en la que había quedado. Durante un rato intentó seguir con la narración de Humbert sobre su largo viaje por Estados Unidos con su Lolita, pero Yelena solo veía las listas de chequeo y los diagramas de procedimientos para la misión de mañana, antes de quedar dormida.
.
.
En la sala de reuniones estaban reunidos todos los pilotos del escuadrón Ángel. Ayer fue la planeación, donde solo los comandantes tomaron parte, hoy solo se explicaría el plan a los pilotos.
"Bien gente, esta es la misión que se nos a encomendado," empezó Yelena, de pie delante de una de las pantallas de la sala. "Los escuadrones Skull y Apollo, junto con los escuadrones verde, amarillo y blanco iniciaran un ataque contra las formaciones enemigas para atraerlas hasta el punto de reunión Alfa," señaló con el puntero en la imagen. "Allí. Nosotros con el grupo de combate iniciaremos un ataque relámpago contra los grupos enemigos, para forzarlos a comprometer el resto de sus fuerzas para un nuevo ataque, por parte de los cañones pesados de Macross."
Los pilotos tomaban notas, los frecuencias de operación, dirección... se veían igual que ella, que se había quedado dormida, y se levantó con un insistente ardor en los ojos, y estaba convencida que más de uno no había dejado de notar sus ojos enrojecidos. Se habían levantado una hora antes del toque de diana. De hecho ninguno había dormido mucho.
"Los escuadrones se aproximaran a la división de Cassini donde se separara el grupo de ataque. Los escuadrones de interceptación. Nos quedaremos ocultos entre los restos de los anillos, junto a los escuadrones dispersos en esta área. Estaremos armados con RMS, así que tengan cuidado con quien se tropiezan en la oscuridad. ¿Preguntas?"
A Yelena le aterraba la idea de llevar armas nucleares, aunque solo las llevarían los pilotos más experimentados, de hecho la decisión de que su escuadrón las llevaría era porque Engel ya tenía experiencia con ellas. Sabia que Gennadi Alexandrevich estuvo encargado de este tipo de armas y fue uno de los pilotos a los que se les eligió para usarlas a su criterio durante la Guerra de Unificación. Para Yelena Arkadieva era espantoso que le dieran un arma de esas a un piloto para que la usara como quisiera, aunque solo hubiera sido para dispararla contra una fábrica subterránea de armas.
No fue necesario insistirles que se prepararan, porque todos sabían lo que tenían que hacer. Rossman y Nowak se abstuvieron de hacer cualquier tipo de comentario. Estaban ocupados supervisando a los armeros que colocaban las armas en los aparatos. Los armeros trabajaban rápido y con precisión. Un pequeño vehículo con un brazo mecánico bajaba una caja de un camión de carrocería baja, allí se levantaba la caja y revelaba un misil de poco mas de tres metros de largo.
Le dio nervios cuando el brazo mecánico levantó el arma nuclear del suelo y lo puso a centímetros del anclaje del ala, mientras el Sargento de armeros le hacia señas con la mano para que moviera poco a poco para ajustarlo. Lo sujetaron con tornillos y un grueso cable que lo conectaba al panel del Valkyrie. En minutos su Valkyrie llevaba bajo cada ala un misil nuclear RMS-1 de 25 kilotones cada uno, 50 en total, eso era, según le dijo Gennadi Alexandrevich para tranquilizarle, la potencia de cuatro bombas como las lanzadas sobre Hiroshima.
Fue inútil pedirles a los chicos que descansara hasta el momento de despegue, que seria a las siete treinta. Yelena sabia que la espera era lo peor, sobre todo cuando se tenia la hora exacta. Tras toda la actividad de ayer y esta mañana, estos momentos era como un anticlímax. No tenían nada en que concentrarse, excepto la tensión, el sentimiento constante y fastidioso de que algo se le a olvidado en el ultimo momento. Algunos comían, leían o escribían, otros están dormitando en el asiento de sus aparatos y otros, como Ivy y ella misma, entraban y salían del baño.
Yelena se estaba empezando a sentir mal, pudiera ser porque ni siquiera ha desayunado, solo probo la comida antes de salir. Esto ya no era un ejercicio ni un rápido combate improvisado contra un par de cazas enemigos. Esa mañana todas esas semanas de entrenamiento habían llegado a su fin, y que algunos de los pilotos que salieran en sus Valkyries no volverían.
La sirena de alarma le asustó. Algunos no se movieron durante algunos segundos, otros ya subían por ale escalerilla a sus cabinas, y los que ya estaban en ellas estaba iniciando la secuencia de encendido. Ella seria la primera en salir. Hubiera deseado hablar con alguien, pero Gennya estaba ya encerrado en su Valkyrie y Doherty, con quien había hablado de tantas cosas en los últimos días, estaba en el extremo opuesto de la nave, despegando desde Prometheus.
Parecía que los minutos en el hangar sin hacer nada fueron parte de un sueño, y que la cruel realidad ahora le golpeaba con todas sus fuerzas cuando al salir de al espacio vio delante a Saturno en todo su tamaño. Era extraño, había volado en el espacio mas profundo y alejado, pero al ver un objeto conocido desde tan cerca y que en los años anteriores era inalcanzable para las naves espaciales tripuladas, le hizo estremecerse. El límite anterior de los viajes espaciales había sido Marte, y mas allá solo habían viajado maquinas. Ahora ella junto a miles de personas llegó aquí, desde la dirección contraria del sistema solar.
Los chicos hicieron lo que se les pidió. La formación fue perfecta, los 4 equipos de ataque formados de tres Valkyries cada uno se agruparon y se dirigieron a la misma velocidad. Yelena volaban delante, seguida de Engel y de Orlov.
Saturno proyectaba una sombra alargada sobre los anillos, y estaba volando directamente hacia allá. Allí no parecía haber nada, como si los anillos hubieran recibido un enorme mordisco de alguna bestia estelar decoradora de planetas.
Se había dispuesto a ver como el sol titilaba al empezar a ocultarse por la atmósfera del planeta antes de entrar en la zona de oscuridad, pero ni recordó eso. Justo al entrar en la zona de sombras, les fue difícil inclusive observar la nariz de su Valkyrie. La tenue iluminación que le rodeaba provenía de las tres pantallas frontales y el visor HUD con su fantasmal luminiscencia verde. Pero el espacio delante no estaba vacío. De cuando en cuando aparecía una roca que se movía en su orbita, y debían esquivarlas. Lo único que le salvaba de caer fulminada por el choque de un fragmento era las indicaciones del radar. Siguiendo una señal sincronizada, todos los Valkyries del grupo se detuvieron en medio de la oscuridad, o más bien ajustaron su velocidad orbital con la de las rocas flotantes.
Yelena mantuvo su Valkyrie suspendido sobre el hielo, dando pequeños toques a su palanca para impedir golpear algún fragmento móvil cerca de ella. Lo mismo hacía varios del grupo. Engel estaba casi aprisionado por el hielo y dio un pequeño impulso hacia delante, delicadamente, pero una pequeña roca golpeó su timón derecho, estremeciendo toda la nave. Giró la vista, mas por instinto que por realmente lograr ver algo, ya que ni siquiera tenían encendidas las luces de posicionamiento. Pero antes de poder acostumbrar la vista a la penumbra, las explosiones de los grupos de ataque enemigo iluminaron la distancia.
"Solo unos momentos más," susurró por la radio la Mayor, como si en enemigo descubriera su escondite si hablaba mas alto.
Estaban esperando que Macross disparara contra el crucero que estaba aproximándose. Era uno de los que estaba rastreando la nave y que por habilidad o buena suerte no se había despegado de la trayectoria, convirtiéndole en blanco.
"Siguen sin disparar," comento Engel.
"Si," susurró Yelena.
"¿No van a disparar?"
"A mi no me preguntes, el Capitán es quien manda," volvió a susurrar.
"Pero no disparan."
"Tendrá alguna buena razón."
"¿Y si no disparan?"
"Esperemos unos segundos mas, Gennya,"
Pero pasaron los segundos y no pasaba nada. Luego de un minuto completo, el crucero enemigo esquivaba la zona de blanco y se encaminaba hacia Macross. Nada pasaba, la nave continuaba como si nada. Macross parecía no tener intenciones de disparar.
"Esta bien. ¿Cuántos segundos?" susurró Engel.
"¡Bueno! ¡Tenemos un problema!" dijo Yelena. Gennadi y unos cuantos saltaron en sus asientos, porque esperaban que susurrara. "Bueno gente, parece que algo les salió mal a los de Macross. Los escuadrones amarillo y verde diríjase a apoyar al grupo Skull, los demás dirijámonos al Macross," ordenó Nikolayev, pasando su Valkyrie a modalidad Gerwalk y dar una media vuelta en medio del hielo, acelerando hacia Macross.
Cuando llegaron a las cercanías de la nave, estaban en inferioridad de cinco a uno por los cazas extraterrestres.
"Divídanse en grupos. No se despeguen de sus compañeros," dijo cuando se aproximaron a los Battlepods.
Empezaron a lanzar mísiles, derribando a muchos enemigos que venían de frente. Yelena vio como un pedazo de metal daba vueltas y terminó golpeando el cristal de su cabina, astillándolo visiblemente.
"¡Dios mío! ¡Nos van a matar!" dijo un piloto por la radio, estaba segura que no era de los suyos.
"¡Cállate! Me pones nerviosa," gruñó Yelena esquivando tanto mísiles, disparos, rocas, Valkyries y Battlepods.
"¿¡Que vamos a hacer!?" preguntó Engel, quien se oía muy sereno.
"¡Cúbreme!" dijo ella mientras reconvertía su Valkyrie a modalidad caza.
"¡¿Que te cubra?! ¡Lena!" exclamó haciendo lo mismo.
Yelena se aproximó al crucero a toda velocidad. Engel, en modalidad Gerwalk disparaba contra los Battlepods que se atravesaban en su camino. Yelena aun cargaba los RMS-1.
"Aquí líder Ángel, estoy realizando una acción unilateral de emergencia," dijo, riéndose en su interior de sus palabras sacadas del manual de procedimientos.
Iba directo contra el crucero enemigo, al estar lo suficientemente cerca, estiró la mano y armó el RMS.
"Aquí Gunsight Uno a Líder Ángel. Petición denegada. Retírese de la zona."
"¿Petición denegada? ¡Si no estaba pidiendo permiso!" reclamó la mujer.
"Es una orden."
De mala gana y con dificultad volvió por donde venia. Pero su rabia cambió a sorpresa y horror al ver como Macross, como un inmenso boxeador, se encontró acercándose hacia el crucero, golpeándolo como si le diera un inmenso puñetazo.
Se disponía a regresar al escuadrón, pero un Battlepod, como salido de la nada, empezó a disparar. Uno de los disparos dio justo detrás de la cabina, haciendo estallar en cristal y liberando toda la atmósfera de la cabina con un estallido seco al despresurizarse. Ahora todo era silencioso. Solo el sonido de su agitada respiración era lo que podía oír. Giró la cabeza mientras continuaba disparando contra el Battlepod que le asechaba. Trataba de darle, pero estaba demasiado cerca para poder apuntarle.
Finalmente se quedó sin munición. Es cuando se dio cuenta de un leve siseo a través de su traje. Buscó y se dio cuenta que tenia un agujero en el hombro por donde se estaba escapando el aire lentamente. No solo lo oía sino que también veía el aire congelarse en el vacío. Agarró la palanca tratando de equilibrar la nave. Apretó en control con fuerza, ya que sentía que como si no la estuviera tocando. Parpadeo varias veces mientras su pantalla delantera parpadeaba. Giró la cabeza, pero es como si mirara a través de una neblina cada vez más negra y espesa.
El Battlepod parecía tan grande como la vida, de un momento a otro le dispararía. Y no solamente a su Valkyrie, sino que le dispararía a ella. Finalmente soltó la palanca, mientras su vista se nublaba cada vez más. Abrió la boca como un pez fuera del agua, tratando de atrapar el poco oxigeno que no había escapado de su traje, dejándose vencer por el intenso frió que sentía tan de repente. Antes de perder el conocimiento, vio al Battlepod alinearse para dispararle, en cámara lenta. Pero de repente una ráfaga de metralla surgió de alguna parte oculta por la nariz de su Valkyrie y la fugaz forma de otro Valkyrie.
Después, todo fue oscuridad.
.
.
Notas / divagaciones del autor:
Las fechas y el plan de navegación de la SDF-1 Macross las hago según los datos que estoy sacando de una simulación con él Orbiter Space Flight Simulator 2006 , utilizando una nave con datos modificados de aceleración, peso y velocidad de acuerdo a la del SDF-1, en un vuelo desde la orbita de Plutón (5900 millones de kilómetros pero Plutón estaría del otro lado de la orbita), recordando que Gloval quería hacer un vuelo hacia la cara oculta de la Luna, pero la nave, presumo yo, siguió de largo en esa dirección y acabó allá lejos. No sé si fue casualidad o algo intencional de los escritores de SDF Macross, pero Saturno si estará en esa dirección para abril-junio de 2009. Aun no hay SDF-1 ni Valkyries para Orbiter, pero ya hay gente trabajando en eso, por desgracia yo no, estoy con el bombardero antípodal Saenger y el misil A9/A10.
