Mi vida es una mentira, una en la que yo decidí vivir. Lo que les he contado sobre mi es solo producto de mi imaginación.
Nosotras no somos como nos pintan en las historias. No somos seres crueles que hacen naufragar barcos, ni muñequitas que se peinan mientras cantan una bonita canción sobre una roca situada algo adentrada en el mar.
Nosotras interactuamos con los humanos, somos amigas de humanos, nos enamoramos de humanos, no nos queda otra, no existen los hombres entre nosotras... Ni siquiera aquellas que se sienten atraídas hacia las de su mismo sexo ven atractivas a otras sirenas.
El amor... nuestra gran perdición... todas las sirenas nacemos con un alma pura y solo el amor no correspondido, o la pérdida del ser amado pueden oscurecerlas.
Cuando una sirena se enamora es para siempre... siempre amará a esa persona.
Y aquí es donde quería yo llegar, mi hermana sufrió este destino, el de la perdida de Jared, ella se volvió un ser oscuro, lleno de rencor. Su único motivo para seguir con vida era vengar su muerte.
Para eso se fue al mundo humano, y al irse destrozó todo a su paso. Después de esto decidí irme a un lugar en el que no fuera la hermana de quien destruyó nuestro hogar, así que yo también me fui al mundo humano, prometiéndome jamás encontrar a esa persona especial para no sufrir el mismo destino que mi hermana.
El primer error lo cometí con Miles, pero pronto me di cuenta de que no era él ese hombre con el que mi alma cambiaría, pero él me enseñó a hackear y eso me llevó a mi siguiente error... entrar en SHIELD.
La primera vez que le vi en esa sala de interrogatorios (porque cinco segundos antes de que me pusiera una bolsa en la cabeza no cuenta) sentí una atracción que no había sentido jamás en mi vida.
Así que cuando Coulson me ofreció unirme mi cabeza grito un enorme "NO" mientras mis labios decían "sí".
Pronto supe que era él. La parte racional de mi me gritaba que me alejase de él, pero el mando de mis acciones lo llevaban mis sentimientos, así que en lugar de eso me acerqué a él todo lo que pude.
Os preguntaréis como he hecho para que todavía no me pillen, fácil, hay bañera y un avión no puede tener goteras… y tampoco es como que si caminamos bajo la lluvia saliese a relucir nuestra autentica naturaleza… aunque si la lluvia es de esas que te calan hasta los huesos en pocos minutos tendría un problema.
Todo empezó a torcerse cuando nos llegó una misión bastante extraña. Un grupo de mujeres con habilidades hídricas estaban causando estragos cerca de la costa. Yo me puse a temblar, ¿Cuántos grupos formados únicamente por mujeres con habilidades hídricas y que además no sean sirenas hay? La respuesta es clara: ninguno. Tenían que ser sirenas.
Mi cerebro llegó rápido a una conclusión muy simple: descubrirían mí autentica naturaleza.
Después de las declaraciones de Furia a través de la pantalla que confirmaban la existencia de las sirenas el avión despegó y nos pusimos en marcha.
Temía encontrarme a mi hermana, hacía cinco años que no la veía y no sabría si sería capaz de enfrentarme a ella. Éramos inseparables, pero todo acabó el día en que él murió.
Pronto llegamos a la costa y nos pusimos en marcha hacía el punto de mayor actividad. Era un lugar con grandes acantilados y demasiado bosque en el que muy de vez en cuando aparecían playas de no más de un kilómetro de longitud. El sitio perfecto para que las sirenas se escondiesen.
-Recordad que no podréis ganarlas si se meten en el agua, el truco es pillarlas en tierra- nos dijo Coulson.
-¿A que nos enfrentamos? ¿Qué pueden hacer?- preguntó Ward.
-Controlan el agua en cualquiera de sus estados… se han visto casos en los que han congelado o evaporado el agua del cuerpo de una persona- le contestó Coulson. Eso no todas podíamos hacerlo, solo se consigue con un gran dominio de nuestros poderes y si de por si eres bastante poderosa.
-Ósea, que estamos jodidos- dijo Fitz.
-Sí- le contestó Ward.
-Vamos allá.
May y Coulson entraron por un lado y Ward y yo por otro mientras que FitzSimmons se quedaban en la furgoneta encargándose de las comunicaciones.
Miraba a mi alrededor, buscando signos que solo yo sabría identificar de la presencia de sirenas. Vi un símbolo en uno de los árboles, era de un ritual de protección contra ojos humanos curiosos, lo que me hizo ir aún más alerta, Ward no las vería llegar hasta que las tuviese encima, pero yo sí.
-¿Algo?- preguntó May.
-No- contestó Ward delante de mí, con la pistola preparada.
De repente vi aparecer a lo lejos a tres mujeres, acompañadas de grandes estalactitas puntiagudas. Al darse cuenta de que yo podía verlas nos la lanzaron. Salté sobre Ward y le tiré al suelo mientras él miraba sorprendido lo ocurrido, sobre todo por no haberse dado cuenta de lo que estaba a punto de pasar.
-Gracias- me dijo.
-Nada- le contesté levantándome y tendiéndole la mano para que se levantara él también, una vez en pie miró a su alrededor, buscando la amenaza… amenaza que no podría ver hasta que no se alejase lo suficiente de cualquier marca ritual.
-Sigamos- me dijo y continuamos adelante hasta el acantilado donde nos encontraríamos con May y Coulson.
-¡NOS ESTÁN ATACANDO!- dijo Coulson a través de los pinganillos- ¡¿DE DÓNDE VIENEN!?
-A nosotros también nos han atacado de la nada- informó Ward-. ¿Necesitáis refuerzos?
-No. Id al punto de encuentro.
Y solo con eso seguimos adelante, pronto salimos del radio de acción de la marca para encontrarme con otra que no lograba identificar con exactitud, pero tenía pinta de ser una marca de territorio para que no las invadieran otras "almas oscuras", como eran llamadas en el mar, al igual que nosotras, las que no nos habíamos oscurecido, nos llamaban "almas blancas".
-No queremos humanos aquí- dijo una voz desde el bosque-. Márchate.
Seguimos avanzando, ignorando las advertencias.
-Lárgate, humano. No perteneces a este lugar- dijo otra voz distinta. Estaba claro que sabían que yo era una sirena.
-¿Vienes a unirte a nosotras, alma blanca?- me preguntaron.
-Sigue avanzando- me dijo Ward ignorándolas.
-Miradla, un alma tan pura ayudando a los humanos a llegar hasta nosotras- dijo otra voz.
-¡TRAIDORA!- exclamó otra.
-¡CIEGA, ellos te abandonaran, los humanos siempre lo hacen!- gritó otra.
-Únete a nosotras. Ven conmigo, hermana- me quedé paralizada y Ward lo notó
-¿Estás bien?- dijo el poniéndome una mano en el hombro-. ¿De qué hablan?
-Salgamos de aquí- le pedí con lágrimas en los ojos-, corramos al acantilado. Te lo contaré, pero no es el momento.
Él cogió mi mano y comenzó a correr.
-¡ILUSA!
-¡Serás una de nosotras!
-Él se irá.
Corrimos hasta el acantilado y las voces pararon.
-¡Skye, mírame! -me pidió Ward tomando mi cara entra sus manos-, ¿estás bien? ¿Qué te ha pasado?
-Lo siento- dije-, yo…- pero no pude seguir porque nada más Coulson y May aparecieron se escuchó un tiro que dio de lleno en el hombro de Ward tirándole al mar por el acantilado de varios metros de altura-. ¡GRANT!
Corrí hacia el borde del acantilado y me lancé tras él. Sentí mis células cambiar una vez llegué al agua y cogí el cuerpo inerte de Ward, comencé a nadar todo lo rápido que pude hacia él y una vez le alcancé le lleve hacia una de las playas, tan cerca del acantilado que se veía fácilmente desde el.
Me arrastré por la arena, aun en forma de sirena, mientras le sacaba y me incorporé apoyándome en los brazos.
-Grant- lloré su nombre mientras me dedicaba a hacer presión sobre su pecho una y otra vez intentando quitar el agua de sus pulmones-. Grant, por favor.
Mientras seguía haciendo presión sobre su pecho sentí los ojos de May y Coulson recorriendo mi autentica forma, sorprendidos.
De repente Ward empezó a toser y se quejó por el brazo. Me lancé a abrazarle, pero pronto me separé cuando vi aparecer a unas veinte mujeres, todas vestidas de negro.
Esta vez sí que cambié mi cola de sirena por mis piernas de humana y me levanté, furibunda. Comenzó a haber mucho aire y sentí más poder que nunca correr por mis venas. El agua del mar comenzó a ascender en forma de grandes columnas circulares, como si fueran espirales.
-¡Hermana, eres una estúpida! Tu vida hubiera sido mucho mejor sin él, a mi lado.
-¡A tu lado!, ¿siendo algo como en lo que tú te has convertido?- le pregunté a voz en grito.
-No seas exagerada, no es para tanto- me dijo-, no hay reglas… hacemos lo que queremos cuando queremos.
-No debiste haberlo hecho… debiste haberte quedado como las antiguas oscuras, pudriéndote en el mar. Fue un error que decidierais salir del mundo marino.
-Ellos están horrorizados de lo que eres, mira sus caras- me giré para mirarles y más que horrorizados estaban sorprendidos.
-Es mi naturaleza, no su problema- le contesté-, pero tu si eres mi problema. Debí pararte cuando Jared murió, cuando destruiste nuestro hogar… cuando me obligaste a exiliarme al mundo humano… pero hoy has cometido tu último error- dije señalando la pistola que guardaba en su pantalón, ella era la única que tenía una, en realidad.
Las columnas de agua se lanzaron hacia ellas como si de dragones de hielo se tratasen mientras que más columnas procedentes de sus propios poderes salían del mar ante la atenta mirada de la parte del equipo que tenía tras de mí. Pero yo jamás había sido más poderosa que en este momento.
Podía entender el porqué del poder de las oscuras, estaba experimentando la rabia que eso producía… la pérdida del objeto del amor puro e infinito que nosotras éramos capaces de procesar. Podía entender por qué las consumía.
La lucha comenzó, una contra veinte… estaba perdida, pero caería luchando.
Mi habilidad con mis poderes no era ningún secreto, ni de lejos, era una de las mejores. Pero la desventaja era enorme.
Los dragones de hielo y agua hirviendo volaban de un lado para otro. Escudos de agua y hielo aparecían de repente.
Pronto sentí que estaba perdida, pero de la nada comenzaron a aparecer sirenas del mar, almas blancas, rápidas se posicionaron a mi lado y comenzaron a luchar junto a mí.
-Nosotras nos encargamos- me dijo una de ellas, me acordaba de ella, cuidaba de mí y de mi hermana de niñas-. Corre junto a él, llévale a curarle y cuéntales la verdad. Ellos te perdonarán.
-¿Cómo…?
-Hace tiempo que teníamos planeado venir a enfrentarnos a ellas, ha sido simple casualidad.
Corrí hacia ellos y ayudé a Ward a levantarse.
-Salgamos de aquí- dije-, os lo explicaré todo, pero tenemos que llevarle con Jemma.
Salimos de allí, dejando atrás la batalla acuática que se había formado en aquella playa. Una vez estuvimos de vuelta en el avión, mientras curaban a Ward, comenzaron las preguntas.
Les describí el océano donde crecí, les hablé de mi madre, quien se oscureció cuando yo era aún muy joven y de la que apenas sabía nada. Les conté la historia de mi hermana con Jared y el motivo por el que vine al mundo humano. Les expliqué el amor de las sirenas, aunque me preocupe de no desvelar que el dueño del mío se encontraba entre nosotros.
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Eran las cuatro de la mañana y aún no había conseguido dormirme. Había sido un día de muchas emociones. Me encontraba en la barra de bar que había en el avión frente a un vaso de Ron con Coca-Cola… el vaso más grande que había encontrado en todo el avión.
Una puerta se abrió y alguien se sentó a mi lado, cogiendo un vaso y una botella, llenándolo con el contenido de la misma.
-Gracias, por salvarme aunque eso significara que exponer lo que eres.
-Tu vida es más importante que mi secreto- le respondí aun sin mirarle.
-Miles… era ese hombre, ¿verdad? Por eso le avisaste- me dijo totalmente convencido y… ¿algo dolido?
-No- le dije-, no le avisé porque fuese ese hombre… le avisé porque tengo un cariño especial por él.
-La persona de la que os enamoráis de esa forma… es una especial o puede ser cualquiera.
-Ni una cosa ni la otra. Hay muchos candidatos a lo largo del mundo, y puedes conocer a más de uno, pero enamorarte de esa manera es cosa del tiempo y de la convivencia.
-¿Has encontrado a alguna de esas personas?
-Aha, a dos- le contesté antes de dar un largo trago a mi vaso-, Miles era uno.
-¿Y que fue del otro?
-Ahí sigue- le contesté sin saber que decir.
-¿Cómo se llama? ¿Es igual para la otra persona?
-A veces sí, a veces no. Todo empieza con una gran atracción, esa si la sienten ambos, pero el amor llega con el tiempo.
-Cuando te conocí me dejaste sin habla- me confesó.
-¿Entonces normalmente eras más capullo?- me burlé.
-Sí, como un setenta y cinco por ciento más- me siguió el juego mientras dejaba su copa en la barra y me arrebataba la mía de mis manos para hacer lo mismo. Posicionó sus manos en los lados del taburete y lo giró para hacerme estar cara a cara con él-. Dime algo ¿soy yo?
Le miré sorprendida.
-Sí- le contesté con voz apenas audible. Él simplemente cogió mi cara entre sus manos y me besó.
