El niño miro a su hermano con picardía, la sonrisa fue devuelta en un asentimiento silencioso. Se acercaron sigilosamente al espeso matorral del prado, observando como Eren recogía diminutas moras de entre las zarzas para depositarlas dentro de un pequeño balde.
Eren tenía el cabello castaño, los ojos grandes y era nuevo en la escuela.
El excéntrico chico nuevo.
Querían tocar ese suave lomo cubierto de pelo manchado o tirar con fuerza de la escobillada cola blanca, aunque luego su osadía les costara un tirón de orejas o un regaño de parte de la maestra, simplemente querían divertirse, ir en contra de las reglas y disfrutar ese valioso momento de adrenalina molestando al niño mitad vaca.
Uno de ellos quebró la parte superior de una rama, el ruido alertó a Eren que los observó con ojos confundidos, sin saber qué hacer y con la leve esperanza de –tal vez, de algún modo- invitarlos jugar.
¿Acaso su madre no estuvo pidiendo que hiciera nuevos amigos y dejara de esconderse en su cuarto?
Carraspeó, confundido. Estos chicos no parecían el prototipo perfecto de lo que amigos podría significar. Quizá cuestionaran su apariencia física o solo tenían curiosidad, sucedía a veces, las personas solían acercársele para corroborar que esa parte de su cuerpo fuera verdadera.
No era un caballo o algún otro animal de tipo masculino, tenía la parte inferior de una hembra. Era un mitad vaca.
Eren desvió la mirada, frunciendo las cejas y preparándose para el disparo de preguntas que caerían como dardos, ya estaba acostumbrado, pero los dos niños que permanecían parados frente a él no parecían amigables.
De improviso, la rama cayó con fuerza sobre su lomo. Eren ahogó un chillido de dolor y sorpresa, sin comprender la razón de los golpes.
Ningún adulto se encontraba cerca. Entonces comenzó la persecución.
Sus patas lo llevaron más allá del puente de troncos, mucho más lejos. Ellos estaban pisándole los talones, cada uno con un delgado palo en mano, jadeando con frenesí a causa del cansancio y las risas.
Una rama azotó su mejilla y estuvo a punto de tropezar entre las raíces. Eren no detuvo su huida, ni siquiera cuando sus pulmones ardían y el dolor de las costillas era más notable. Saltó para vadear una roca puntiaguda. Las manos equilibrándose en el aire.
Al ser un mitad hombre era mucho más rápido que los niños humanos de su edad. Las maestras halagaban su destreza y Erwin, el nuevo novio de su madre, siempre estuvo dispuesto a enseñarle nuevas cosas acerca de su maravilloso organismo.
Eren no se consideraba maravilloso en lo absoluto.
Reprimió las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos y avergonzarlo frente a esos niños malos, no quería más burlas o golpes. Sin embargo era mucho más rápido, si tan solo pudiera llegar al final del camino y encontrar refugio en algún establo, todo estaría bien. Esa estrategia siempre funcionaba a la perfección contra los bravucones.
Aceleró el paso, resbalando sobre el pasto fresco de la ladera, gracias a sus cuatro patas pudo sostenerse para no caer pero los otros niños no tuvieron tanta suerte.
El sonido de algo roto lo inmovilizo por una milésima de segundo, uno de los niños se había golpeado la frente y lloriqueaba en el suelo. El otro arremetió contra Eren, acusándolo de ser el causante de su tragedia.
Eren sintió dolor en la cola e intento apartarse sin lograr su objetivo. Rodaron largo rato hasta que ellos decidieron huir y acusarlo con sus respectivas madres. El de ojos verdes ocultó su rostro entre sus brazos consiente de haber roto su camiseta nueva y ensuciado su cuerpo.
Golpeó a la tierra, lleno de ira y rencor, soltando el grito de un animal herido.
No pudo defenderse.
Se había sentido débil. Pequeñito y débil.
Otro niño, protagonista oculto de la riña, inclinó las patas delanteras frente a él para tocarle el pelo. Eren lo apartó de un manotazo, no quería la compasión de nadie.
Jean Kirstein. Un mitad caballo.
—¿Qué haces en mi casa? ¿Eres un ladrón?
Indignado, Eren recordaría haberse abalanzado contra Jean hasta que la señora Kirstein y Carla pudieron separarlos.
Para él, fue el inicio de una ferviente amistad que se mantuvo intacta con el paso de los años.
Y para Jean, fue el día en el que conoció a su primer amor.
-UNA VACA ENAMORADA-
Capítulo diez: Amistad
"Él nunca lloró"
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Levi sonreía de una forma que provocaba un calor en el fondo de su vientre, algo a lo que regularmente no estaba acostumbrado.
Había esperado tanto tiempo para sentir algo así y por fin ahora estaba completo.
Quería a Levi. Tanto así, que, por primera vez en mucho tiempo, no le importaba la crítica de los demás.
Con certeza podía decir que eso era amor. Uno que creció en poco tiempo, pero que fue cultivado con esmero por ambas partes y ahora podían disfrutar de los resultados.
—¿Quieres que me detenga? —preguntó Levi, delineando el contorno de su cuello con el dedo índice.
—No.
Eren hizo un pequeño gemido débil cuando los dientes de su prometido tiraron con fuerza de uno de sus pezones. Se estremeció por el contacto, enredando con sutileza los dedos entre los mechones negros de la cabellera de Levi.
La nieve había cesado.
El fresco viento nocturno ingresaba a través de la ventana abierta de su habitación.
Eren se dejó llevar.
Estaba acostumbrado al tacto del mayor, nervioso por hacer esto un día antes de la boda, pero no habían tenido la oportunidad de tener otro encuentro íntimo desde que las familias de ambos llegaron la otra noche.
Sintió unos dedos trazando círculos suaves y reconfortantes sobre su pelaje manchado.
—Te pedí que no te volvieras adicto a esto — Levi se detuvo y deslizó las manos alrededor de su cadera, atrayéndolo con fuerza hacia sí.
Algunas voces apagadas se oían en el exterior.
Eren se sostuvo con ambas manos, apoyando su peso hacia adelante y abriendo las patas traseras con cierta cautela, sintiendo como las delicadas caricias rozaban cerca de su entrada.
—Solo déjame sentirte dentro de mí —pidió, ocultando el pudor de aquellas vergonzosas palabras.
—Pueden oírnos —advirtió su prometido.
—Seré silencioso —Eren posó los brillantes ojos sobre los iris grises del mayor— lo prometo.
Sus mejillas se quemaron anticipadamente, presas de la excitación cuando escuchó el tintineante sonido que las manos de Levi produjeron al quitarse el cinturón.
Ya habían hecho esto antes. La primera vez, en la casa de la colina donde se entregaron a la pasión en una firme muestra de amor mutuo, rompiendo el tradicional protocolo y las reglas de cortejo. La segunda vez fue porque hacer aquello con la persona que amabas se sentía muy bien y Eren quería experimentar esa maravillosa sensación junto a Levi. Lo deseaba, deseaba a Levi de manera carnal, sin inhibiciones de ningún tipo, sin miedo.
—¿Te gusta esto? —preguntó el mayor, siendo sensible al momento de darle placer con la mano.
—Sí —jadeó Eren—, mucho.
—Solo tienes que pedirlo, haría cualquier cosa por complacerte.
Eren soltó un gemido, mordiendo su labio inferior para acallar los indecorosos sonidos ahogados, y cerró los ojos, concentrándose en el millar de sensaciones que reptaban por su amplio vientre.
Sus cuerpos se balanceaban de forma unánime.
Realmente le gustaría obtener un suave beso sobre sus labios y sentir el latido de su corazón.
—Hazlo ahora —rogó, sintiendo el calor de la polla de Levi que se restregaba contra su pequeña abertura.
—Guarda silencio.
Eren se removió, incómodo, volviendo la vista para ver el ligero rubor que cubría las pálidas mejillas del de pelo negro y el ceño fruncido que se curvaba en perfecta armonía con sus ojos. También estaba avergonzado.
—¿Perturbado? —se atrevió a preguntar.
Los profundos ojos grises de Levi se posaron sobre el rostro del menor y separó los labios.
—Eres hermoso —respondió— y perfecto.
—Y tengo bonitas ubres.
Levi sonrió quedamente.
También eres perfecto, quería decirle, pero reconoció las pisadas que se acercaban hacia su habitación.
El espacio de la puerta entreabierta aumento de tamaño. Demonios. Eren pegó un salto al mismo tiempo que empujaba a un confundido Levi dentro del armario, logrando encerrarlo antes de que su madre entrara.
—¿Duermes? —preguntó ella, con un conjunto de sábanas bajo los brazos.
—N-no, mamá —logró balbucear, cayendo sentado sobre el suelo.
—Estas pálido —ella inspeccionó la habitación con los ojos— ¿Es por la boda?
—Si —mintió, calculando el ritmo de los latidos de su pecho, cuando un crujido en la madera hizo eco dentro del armario.
Afortunadamente su madre no pareció darse cuenta.
—Todo saldrá bien —le dijo ella—, me encargaré de ello.
—Gracias mamá.
—Traje sabanas nuevas —enseñó ella—, estarás muy cómodo esta noche.
Su rostro pareció adquirir un aspecto sombrío.
—¿Sucede algo? —inquirió Eren.
—No sé si esto sea correcto —confesó ella, tocando la mejilla de su hijo—. No quiero entregarte y pensar que serás menospreciado por tu condición.
Eren pudo escuchar un chasquido dentro del armario, desde donde, seguramente, Levi escuchaba todo.
Era hora de encarar a su madre.
—Ya no soy un niño —le dijo— y Levi es buena persona.
—Cuando me casé con tu padre no lo amaba y nunca pude lograr que mis sentimientos cambiaran hacia él —le recordó Carla—. No quiero que te suceda lo mismo, Eren.
—Yo lo amo, mamá.
—¿Es enserio?
—Completamente —Eren retiró la mano de su madre, tomándola entre las suyas— . Puedo asegurarte que el sentimiento es mutuo y aunque no lo fuera, quiero permanecer a su lado. No soy alguien que se rinde con facilidad.
—Estoy orgullosa de ti —afirmó Carla— todos estos años creí que nunca lograrías valerte por ti mismo. Asegúrate de ser feliz a su lado y que los malos comentarios no hagan mermar esa confianza.
—Trataré.
—Eso no es todo —titubeó ella—, no podía decirte esto frente a tu prometido, pero desearía que hablaras con Jean. Ustedes dos son buenos siempre fueron amigos.
—Al igual que Mikasa y Armin —interrumpió Eren—, también son mis amigos y volverán mañana.
—Jean siente un cariño especial por ti.
—Entonces ¿Porque no me entregaste a él?
—Me pregunto porque no lo hice —le dijo Carla, dándole un beso en la mejilla como despedida—, creo que ustedes son demasiado testarudos para convivir en paz, aunque él te amara con todas sus fuerzas.
Sin embargo el sentimiento no era mutuo. Eren había intentado preguntarse qué pasaría si hubiera sucedido, él junto a Jean, tomar su mano y confesar aquellos temores ocultos que sentía, sin miedo a la crítica. Decirle que lo amaba y besar sus labios. Nunca podría besar sus labios sin pensar en Levi.
¿Cuán profundo se ha enamorado?
El sentimiento, sin duda, era bonito. Y único.
Eren escondió su rostro, dejando caer su pesado cuerpo sobre la cama del suelo. Las sábanas acariciaron su rostro y cubrieron sus ojos.
—Jean ¿uh? —dijo la voz de Levi, saliendo del armario con la ropa arreglada para desdicha suya.
De todas formas, la emoción del momento se había perdido.
—¿Debería hacerlo? —murmuró para sí mismo— ¿Debería hablar con Jean?
—Si te sientes bien con eso —respondió Levi, ásperamente—, nadie puede forzarte.
Eren salió de su escondite.
—¿Estas celoso?
Sin duda lo estaba.
Por supuesto, Levi no respondería afirmativamente. Vio como la figura de su prometido se dirigía a la ventana y sujetó el dobladillo de su pantalón.
—Quédate.
Levi detuvo sus pasos.
—Se hace tarde.
—No puedes salir por la ventana —cuestionó—, eres el alguacil que encarcela a los tipos malos que salen por las ventanas luego de cogerse a sus novias. Si eres visto, la gente hablaría de ti por mucho tiempo.
—Mocoso descarado.
—Quédate hasta que duerma.
Sintió la calidez que envolvía su cuerpo, la respiración contra su oído y una mano que acariciaba sus siempre calientes ubres.
—Solo hasta entonces —besó su cuello— y mañana serás mío.
.•(εïз).•*´¨`* •εïз•*´¨`*•.(εïз)•
Armin apartó el mechón rubio que caía sobre su frente.
La luz del sol jugueteaba con las hojas de los árboles más, creando una secuencia de sombras ante la nieve derretida.
Un año entero en la montaña, junto a decenas de ovejas lanudas que vivían en elaborados apriscos de piedra. Cuidando inmensos graneros de gente malhechora y reportándose ante un comandante que era un poco ciego y un poco calvo también, pero había ganado algunas monedas y planeaba viajar a la ciudad para concluir algunos estudios que su abuelo no podía costear fácilmente.
Armin se había preguntado quién sería el nuevo alguacil del pueblo, ciertamente alguien que caería encandilado ante la belleza de una de las hijas del señor Reis y se casaría con ella. Esa era la tradición. Pensó en Historia, la fría y ambiciosa rubia que Eren y Mikasa detestaban.
Sin embargo, ver a Eren en la boda fue algo impactante. Teniendo en cuenta que era el que se casaría con Levi.
Mikasa estaba eufórica por el extraordinario evento, si bien el nuevo alguacil no era de su agrado, ella tuvo la sensatez de no decirlo en voz alta y arrastró a Eren para interrogarlo.
Armin pasó por alto las acciones de su amiga e invirtió su tiempo en buscar a un mitad caballo que seguramente rondaba por los alrededores.
Y allí estaba, parado cerca del recinto, tratando de matar el tiempo y con una cara de pocas pulgas. Armin fue sensato en no preguntar lo acontecido hace unos días, el chisme de la supuesta piromanía de Jean había sido expandido como la pólvora, descargó el equipaje y se mantuvo junto a él.
—¿No fuiste invitado?
El de cabello bicolor se sorprendió de verlo ahí, pero sus expresiones no cambiaron como solían hacerlo antes.
—Besé la "novia" y prendí fuego a la casa del alguacil —dijo, acusándolo con la mirada— soy un mal necesario en esa ceremonia.
—No has cambiado nada —Armin golpeó su costado.
—Tu tampoco —sonrió Jean, pasando una mano por el pelo dorado— bienvenido a casa, cabeza de coco.
Sus mejillas se tornaron rojas y no dudó en desviar la mirada. Desde siempre, Jean le había gustado de manera romántica y a diferencia de Eren, él tenía la lógica necesaria para intuir que esos sentimientos eran imposibles.
Siempre había tenido la esperanza de que Jean nunca confesaría el amor que sentía por Eren, y mientras nunca sucediera, todo estaba bien. Siempre y cuando fingiera permanecer a su lado y fantasear con ser quien consolara a su amigo. Ahora no podía ver la sombría expresión de Jean sin sentir cierto malestar. ¿Porque Eren no escogió a Jean, porque tuvo que resquebrajar su corazón?
La respuesta siempre estuvo clara, porque Eren prefirió buscar la felicidad por su propia cuenta.
Cuanto desearía hacer lo mismo, aquí y ahora, demostrarle a Jean que no se encontraba solo.
—Nos vemos, tengo un turno de castigo en la guardia —se despidió Jean, pero Armin no lo dejó ir.
Era su oportunidad, estuvo preparando aquella confesión durante todo el año y no podía permitirse retroceder.
—Espera —repitió, acobardándose por la inquisitoria mirada de Jean—, deberías hablar con él.
Quiso insultar y golpearse a sí mismo.
—¿Qué?
—Debes confesarle todo —no seas como yo—, intentarlo de nuevo y dejarlo ir de una vez. Jean, no puedes esperarlo por siempre. Tú no eres así.
Y ahí iba de nuevo, deseando que su amor se quedara con su mejor amigo. Ciertamente no se consideraba un santo o mártir, pero daría todo por ver la petulante sonrisa de Jean, otra vez.
—La última vez que lo intente, recibí una negativa de parte del imbécil.
Armin sonrió.
—Sé que quieres hacerlo, pero necesitas de alguien que te motive. ¿Quieres que lo haga por ti?
—L-la ceremonia está por empezar.
—Se un hombre y díselo.
Jean abrió la boca, sin emitir replica alguna, la certeza plantada en sus ojos.
—Sí.
—Bastardo —anunció su entrada. Eren descansaba dentro de la habitación, admirando el velo de seda. Sus ojos verdes volaron en dirección de quienes causaban semejante alboroto.
—No tengo anda que hablar contigo —dijo al verlos.
Armin suponía que su amigo diría eso, así que prefirió quedar fuera.
—La próxima caravana partirá en dos horas —tanto Armin como Eren quedaron estupefactos—. Deberíamos ir juntos.
—Que te hace pensar que quiero eso.
—Solo inténtalo, ¿quieres?
—No.
Jean se quedó callado un momento y la charla continuó. Con la nuca apoyada en la puerta, Armin pensó que su tortura nunca tendría fin. ¿Y si Eren rechazaba a Jean? Jean le echaría la culpa a él. Sus manos temblaron cuando la sola idea de una respuesta afirmativa por parte de Eren pasara por su cabeza.
Deslizó los dedos por la madera fibrosa, sintiendo como la burda sensación de ahogo iba acreciendo dentro de su piel.
Todo iba a estar bien, probablemente era el idiota más grande del mundo, pero todo iba a estar bien.
Suspiró, casi sintiendo lastima por las reiteradas suplicas de Jean.
—¿Qué haces aquí?
Rápidamente levantó la cabeza para apreciar el contraído rostro de la persona parada frente a él. Era el prometido de Eren.
—Nada importante, señor —respondió, de la manera más recatada.
Los gritos de protesta de Jean se escucharon y Armin pudo notar como las delgadas y finas cejas del hombre de pelo negro, se juntaban y sus ojos grises adquirían una profunda expresión oscura.
—Hazte a un lado, niño
—No puedo —vaciló cuando la mano de Levi se posó sobre su hombro, siendo empujado a un lado.
Demonios. Si el señor Levi entraba ahora todo se arruinaría.
—¡Te dije que no quiero! —chilló Eren, levantando el puño frente Jean.
—Eren —interrumpió Levi, ignorando al mitad caballo—, se hace tarde —extendió la mano, dispuesto a llevarlo del brazo.
Eren no dudó en aceptar, bastante molesto.
Los dejaron solos.
Armin se congeló, esperando recibir la furia de Jean, lo merecía.
—¡Mierda! —gritó el de cabello bicolor, pateando la silla más cercana— ¡Soy patético!
Jean quería gritar su dolor. Sin embargo no iba a hacerlo porque, él nunca lloró.
El rubio mordió su labio inferior, el alivio que sentía era como ácido frente a la derrota de Jean.
—Yo hubiera aceptado la invitación para huir contigo —soltó— ¿Sabes? Yo hubiera aceptado.
Jean jadeó, apretando los dientes.
—Esa era mi última oportunidad y al bastardo no le importó.
Los ojos color miel recorrieron el cuarto, observándolo todo menos a él.
—De cualquier manera, me siento aliviado —dijo, esquivando el silencio del rubio—. Vamos, Armin, no pongas esa cara. Tú eres mucho para este pueblo, irás a la gran ciudad y te convertirás en alguien grane y famoso. Te envidio. No sientas lastima por mí —pidió, esbozando una sonrisa—.Posiblemente me case con la primera mujer que mamá presente. No todo está perdido.
Armin cubrió su rostro, cayendo sentado, con la espalda pegada a la pared.
—Eres un tonto Jean Kirstein —sollozó, al tiempo que un asustado Jean trataba de consolarlo preguntándole porque se comportaba de esa manera.
Quería que solo por esta vez Jean se fijara en él. Pero parecía que no todos tenían esa suerte. Unos eran felices y otros solo.
Los brazos de Jean rodearon sus hombros, solo pudo hundir la frente en la clavícula del contrario y sentir como la desdicha comenzaba a rodearlo.
No hace mucho tiempo, se había sentido afortunado por ser un humano y no un engendro como Eren. Podía correr y sentir el afecto de la gente, nadie le tiraba piedras y siempre fue considerado buena persona por mostrar simpatía con el mitad vaca. ¿Este era un castigo divino por siempre haber sentido superioridad frente a su amigo? Ese tipo de cosas no existían, Armin nunca creyó en divinidades y aquí se encontraba ahora, soltando sus propias plegarias, rogando por una pequeña oportunidad para poder alcanzar aquel sueño perdido.
Recordando el tiempo cuando eran unos niños, mientras Jean perseguía a Eren, tratando de llamar su atención con pequeñas burlas infantiles, él siempre estuvo observándolo en silencio.
—¿Te encuentras mejor? —susurró Jean, con los labios pegados contra su pelo rubio. Consolando a su amigo.
Armin se limpió los ojos.
—Sí.
—Entonces vamos a la ceremonia —ofreció para su sorpresa—, sé que no es el mejor lugar del mundo y ver la estúpida y sonriente cara de Eren no me apetece en este momento, pero habrá pastel.
—Jean…
—Eres un buen amigo —interrumpió Jean—, creo que eres el único amigo que tengo en este momento.
Algo dolió en su pecho, muy profundo, Armin asintió y sacudió el polvo de sus pantalones. Llorar en las bodas era de mala suerte, solo tenía que ir y felicitar a Eren. Y comer pastel junto a Jean.
Continuará…
No es lo que esperaba, pero estoy satisfecha.
Solo falta la luna de miel, vamos a hacer que papi Levi azote el trasero vacuno de Eren, y el baby. Terminó la segunda temporada de SNK y es hora de que vuelva a escribir fanfics.
AVISO: Corregí los anteriores nueve capítulos, esas fallas de redacción, deos, para mi quedaron mejor.
AGRADECIMIENTOS:
A los cuatro anónimos
AcosadoraKawaii
Fujoshi Neko23
00Katari-Hikari-chan00
Noea
0Jaery0
Aikawa Ackerman
Elhy
Mary
Sccu
Kit-kat
Remi ChanandlerBong
Maru de Kusanagi
Fujimi
Frozen mouse
Akane Miyazaki
mon54
Charly Land
MagiAllie
