Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling

Gabriela: En fecto, la he hecho tonta sin querer xDD Mil perdones enserio, a veces me arde demasiado la cabeza jajajaj En este cap creo que ha vuelto un poco a la normalidad, espero xDD Besos =))

Diansweet-malfoy: jajajja sí, esta vez el coment salió entero xDD ya decía yo jajaja Y siento haber tardado en actualizar pero he estado bastante ocupada jeje ^^ Gracias por continuar leyendo y comentando, qué riquiña ^^

Belial master of death: jajajja tienes absolutamente toda la razón, con la comida se me va la olla muchísimo xD Y me disculpo por el lemmon porque alguna gente es muy puritana y claro.. tampoco quiero venir yo a inducirlas en el pecado xDDDD En fin, ya sé que es M, pero como en las condiciones de fanfiction dicen que el sexo explicito está prohibido, pues intento andarme con ojo xD Y hacer bien en criticar, muy bien en realidad, porque sino yo me voy por los cerros de Úbeda y salen engendros muy raros xD Con lo de Hermione, vuelvo a darte tooooda toooooda la razón, he hecho estúpida e infantil a la pobre xD en este cap he intentado "reformarla", a ver… Gracias por seguir comentando y criticando, sinceridad ante todo . Besos y cuídate mucho =DD ^w^

Princesaartemisa: Pues no, todavía no podía poner una escena de sexo, porque como decían por aquí, era demasiado pronto. Pero bueno, en este cap hay más acción entre ellos dos ^^ Gracias por leer y reviewvear ^^


CAPÍTULO 10: LES PASA A TODAS

-Granger, hora de la cena. –dijo apoyado indolentemente en el muro mientras Hermione abría los ojos. Con el aburrimiento de estar allí encerrada se había quedado dormida.

Cuando comprendió que tenía que levantarse hundió la cara en la manta con pereza.

-Ya sé que a ti no te apetece cenar, pero a mí sí, así que arriba.

Hermione ya había escarmentado de sobra la última vez que le había desobedecido, pero le costaba horrores levantarse.

Malfoy bufó con impaciencia y se acercó. Lo que a ella le parecían dos segundos para él eran diez.

Frío. Las manos de la chica intentaron retener la manta, pero Draco se la arrancó.

-¿También tengo que levantarte yo?

Hermione no respondió, e intentó ponerse en pie, sin embargo todavía estaba algo aturdida por el sueño y parecía a punto de caerse en cualquier momento.

-Veo que sí.

El rubio rodó los ojos, volvió a agacharse y le pasó los brazos por la cintura, incorporándola con total facilidad.

La castaña se aferró a los hombros de Draco para no perder el equilibrio, pero pronto retiró las manos al notarse pegada al cuerpo del mortífago. Lo primero que vio al echarse hacia atrás fue su boca. Sus labios perfectamente simétricos, ni muy finos ni muy gruesos. Le hubiera gustado morderlos en ese instante.

Sacudió la cabeza con vehemencia cuando se dio cuenta de lo que acababa de pensar. El sueño la hacía delirar, poco menos.

Él la soltó, separándose, y se encaminó hacia la salida. Siempre andaba perfectamente erguido, con pasos enérgicos, desbordando autoconfianza. Ella lo siguió de mala gana hasta la cocina. Odiaba esa situación. No veía el momento de recuperar su varita y dejar de obedecerle como un perrito.

-Toma –le tendió el uniforme.

-No, ni hablar Malfoy. Búscame algo normal, no voy a ponerme esta… cosa de nuevo. Ser tu bufón personal no entraba en las condiciones.

-No tengo por qué hacer nada, y tú te pones lo que yo te diga. Te doy cinco minutos.

-No pienso ponérmelo. –declaró ella negando con la cabeza.

Seguía tan testaruda como siempre. No es que no temiera la reacción de Draco, le había quedado claro lo que el mortífago podía llegar a hacerle, pero algo le decía que ahora Malfoy estaba de buenas. Empezaba a saber descifrar sus estados de humor y eso le daba cierta ventaja.

Él chasqueó la lengua, un poco harto de discutir con la chica, pero sin cabrearse.

-O te lo pones tú, o te lo pongo yo, ¿está claro? –amenazó poniéndose serio.

Ella frunció el ceño. El rubio interpretó el silencio como una rendición y salió de la cocina para darle tiempo a cambiarse.

Hermione tragó saliva. ¿Malfoy poniéndole la ropa? Bah, qué tontería. Era un farol, seguro.

Miró varias veces el uniforme. ¿Y si hablaba en serio? No, no sería capaz. Bueno la verdad es que últimamente parecía capaz de todo.

Pero si se lo ponía ahora, tendría que ponerse el dichoso hábito de monja todos los días y eso sería un suplicio. No porque le quedara mal, eso no le importaba , sino porque era sumamente incómodo.

Mientras seguía evaluando entre obedecer o no, se le agotó el tiempo y el rubio entró en la estancia.

-Otra vez poniendo a prueba mi paciencia, empiezo a creer que eres masoquista–dijo sarcástico.

Ella no respondió, lo hecho, hecho estaba.

El mortífago se acercó con una mirada peligrosa, a la que siguió una de sus medias sonrisas. Es decir, mal presagio.

-¿O… lo has hecho a propósito para que cumpla mi amenaza?

-Por supuesto que no. –respondió indignada. –Si al menos me dieses ropa de mi talla me la pondría.

Él se acercó más, obligándola a retroceder hasta toparse con un obstáculo: la encimera.

-¿Por qué será que no te creo?

-¿Porque eres un egocéntrico insufrible? –soltó ella sin poder evitarlo. La arrogancia del joven la exasperaba.

-Tengo motivos más que suficientes para pensar que lo has hecho adrede. –jugueteó el rubio.

Ya estaba de nuevo con el beso, cada vez que lo mencionaba conseguía sacarla de quicio. ¿Hasta cuándo estaría recordándoselo? Siendo Malfoy, hasta el final de los tiempos mínimo. Sin embargo algo fue distinto esta vez, estaba harta de que se aprovechara de su punto débil y decidió cambiar las tornas.

-Oh, otra vez con la misma historia del beso. Tanto dices que yo me emocioné… ¿no será al revés?

Draco encarnó las cejas sorprendiéndose ante semejante respuesta. Pero por supuesto que no se rendiría, y menos en su propio terreno.

-Eso te encantaría sangresucia. Apuesto a que tienes fantasías con que te deseo y te hago mía. –punzó sonriente, suponiendo que ante una mención directa al sexo se echaría atrás.

Hermione frunció los labios instantáneamente, pero los ensanchó en una burlona sonrisa para contestar:

-¿Ves? No dejas de mencionarlo… Eres como un libro abierto Malfoy, estás frustrado porque no puedes dejar de pensar en aquel momento… es decir, en mí.

Enrojeció profundamente al pronunciar las palabras, pero su expresión no varió un ápice.

Draco cambió de estrategia. Si quería jugar, iban a jugar.

Se aproximó todavía más a la chica, apoyando los brazos en la encimera, atrapándola. Ella se inclinó todavía más hacia atrás huyendo del contacto, pero Malfoy no se detenía. Siempre acababa ganando por la sencilla razón de que para ella había un límite, y él parecía no tenerlo.

-Puede que estés en lo cierto…

-Apártate.

-No quiero. –dijo él pronunciando lentamente, y pegando su cuerpo al de ella.

Hermione dejó de respirar.

Él la miraba altivo y seguro de sí, como siempre.

Ahora la fragancia de Draco volvía a embargarla. Tenía más de medio cuerpo pegado al de él, y sólo sentía deseos de… ¡de apartarlo! –aconsejó su empujarlo con todas sus fuerzas. Pero sus brazos no querían obedecer. Su cuerpo entero se resistía a apartar a Malfoy.

Entonces él hizo algo que la cogió completamente desprevenida: le desabrochó la chaqueta.

-¿Pero qué demonios…? –intentó preguntar aturdida, mientras él le sacaba la prenda y la arrojaba a un lado.

-Te he dicho que si no te vestías tú lo haría yo, cumplo mi palabra.

Entonces agarró la parte inferior de su camiseta y tiró hacia arriba. Hermione fue lo suficientemente rápida como para bajar los brazos e impedir que se la sacara, pero no pudo ahogar un grito.

-¡Estás loco!

-Sí, por ti, tú misma lo has dicho. –dijo sonriendo maliciosamente. Siempre ganaba.

-No, no, no. Vale Malfoy, basta. Me lo pondré yo. -Lo dicho, él siempre iba demasiado lejos.

Los dedos del rubio la cogieron por la barbilla, y le susurró.

-Así me gusta.

Ella bufó de indignación y él se apartó altanero, cruzando los brazos.

-Te he dicho que me lo pondré, vete de una maldita vez. –instó ella, irritada por la expresión de triunfo del rubio.

-Ya te he dejado sola antes y no lo has hecho. Ahora te vigilaré para asegurarme.

-Sí, sí, lo que tú digas. –dijo ella rodando los ojos y cogiendo el hábito. Es decir, el uniforme.

Pero el rubio seguía allí plantado observándola.

Hermione, crispada, arrojó el uniforme sobre la encimera.

-¿En serio no piensas marcharte?

-No. –contestó despreocupadamente.

-Está bien, si quieres que alguien me vigile que venga Parkinson. –resolvió la castaña.

-Sería la solución perfecta. Lástima que Pansy se haya ido hace media hora y no vaya a volver en varios días. Sí, una verdadera lástima. –añadió irónico.

-Como sigas ahí esperando a que me desnude, podemos pasarnos aquí la noche.

-Lo siento Granger, ahora que me has descubierto ya no pienso fingir más. Te deseo tanto que no pararé hasta contemplar cada rincón de tu cuerpo. –dijo fingiendo naturalidad, pero con una sonrisa perversa. Ambos sabían que la estaba castigando por haber intentado pagarle con su propia moneda.

-Está bien Malfoy, no me deseas, sólo bromeaba, ¿ahora te irás? –reconoció ella hastiada.

Él se limitó a mirarla jactancioso mientras se retiraba perezosamente.

La dejaría tranquila.

Subió hasta el salón a seguir buscando lo que quiera que fuera que empezaba por "horroc". Sinceramente, pensó que lo encontraría a la primera media hora y ya llevaba un día entero sin nada.

Cogió uno de los libros de la pila que todavía no había examinado y fue hacia el sofá. Pero antes de sentarse vio un tanga originalmente negro(ahora blanquecino) encima. Sonrió al recordar lo bien que lo había pasado con Pansy, e hizo desaparecer la prenda con la varita.

Definitivamente los días de abstención no serían fáciles. Y menos con la sangresucia aquí. Un momento, ¿qué? Era una sangresucia, una especie distinta a la suya como quien dice. Ni llevando sin sexo cien años se le ocurriría tocarla.

Y sin embargo recordó la erección… y todas las ocasiones en las que se había acercado a ella… Por alguna razón le encantaba hacerlo, desde el principio, y no perdía oportunidad.

Porque eso de que había pensado en otras no era del todo cierto. Mejor dicho, no era cierto en absoluto, un auténtico cuento chino para hacerla sentir sucia y utilizada.

Bueno, quizás en aquel momento llevaba demasiados días con el trío maravilla y estaba algo aturdido. Pero ya no. No la deseaba lo más mínimo. Todo lo hacía para fastidiarla.

Y apartando estos pensamientos se concentró en la lectura.

Hermione aprovechó el quitarse la ropa para lavarla en el fregadero con jabón. Luego le diré a Malfoy que me la seque, pensó colgando los vaqueros y la camiseta mojados en una silla.

Bien, era hora de pensar. Había comprobado que la ventana de la cocina estaba, como no, sellada, al igual que lo estarían todas las de la casa. O por lo menos las de los dos primeros pisos. Y obviamente la puerta también.

Intentar romperlas sería inútil, sin una varita no podía desbloquearlas. La única oportunidad que tenía era encontrar una salida por los sótanos, una especie de túnel secreto que conectase con otro lugar, cosa bastante poco probable. En una mansión de muggles, o un castillo, quizá, pero en una casa de magos que podían desaparecerse, trasladarse y viajar por chimeneas a lo Santa Claus era bastante absurdo hacer un pasadizo.

Hermione se subió a una silla para abrir la alacena de los ingredientes. Sabía que estarían en alguna parte de esa despensa, y efectivamente, los había encontrado el día anterior. A Malfoy se le había olvidado que a pesar de carecer de varita seguía siendo una bruja, y allí había todo lo que podía necesitar. El problema radicaba en qué poción preparar…

Por supuesto que había pensado en deslizar unas gotas de poción soporífera en la comida de Malfoy, pero tampoco serviría de nada. Se quedaría dormido como mínimo media hora después de comer, y siempre la encerraba en los primeros cinco minutos. Que durmiese como un bebé mientras ella estaba en la celda no le aportaría ningún beneficio.

La única opción sería utilizar el líquido de erumpent para hacer estallar la cerradura de la celda, pero eso seguía dejándola con el mismo problema: estaba encerrada en esa casa.

Ni se le ocurriría volar la pared, no era ingeniera y seguro que hacía estallar un pilar maestro. Morir aplastada entre los escombros no le hacía ni una pizca de gracia.

Aunque quizá las ventanas del tercero o del cuarto no las hubiera sellado… sí, sí, estaba razonando en círculos pero no podía evitarlo, era como resolver un acertijo. Le gustaban los acertijos, pero porque siempre tenían solución, como las adivinanzas. Sin embargo en este caso todo apuntaba a que no… no existía forma humana de escapar.

De todas formas seguiría intentando encontrarla.

Cuando Draco llegó ella ya había cenado.

El rubio se sentó a comer mientras la chica paseaba por la cocina, cavilando. Lo miraba de reojo de vez en cuando, como si él tuviese la respuesta escrita en la cara con tinta invisible.

-Me pones de los nervios, ¿quieres sentarte de una vez y estar quieta? –bufó irritado señalando una silla.

Hermione lo miró con desagrado, pero se sentó.

-He lavado mi ropa, cuando acabes sécala. –comentó señalando los vaqueros mojados.

Draco sonrió.

-¿Recuerdas la noche del lago?

-¿Qué? –preguntó sin saber a qué venía la pregunta.

-Sí, esa en la que secaste tu ropa, te cubriste con MI capa, y yo tuve que pasar la noche empapado de pies a cabeza.

Hermione intentó defenderse.

-Eso no fue mi culpa, y si me hubieras pedido que te secara , yo…

-Tú de buena samaritana lo hubieras hecho, sí, lo admito. –dijo en tono burlón- y por supuesto que fue tu culpa, ¿quién tiró la varita?

-¿Quién me tenía secuestrada?

-Y te sigue teniendo secuestrada. –completó él, haciendo que Hermione rodara los ojos.

-Ese no es el tema, el caso es…

-El caso es que tú me hubieras ayudado si te lo hubiese pedido, cosa impensable, antes muerto que pedirte ayuda –aclaró- pero en definitiva, yo no soy tú. Soy el malo de tu película mental y tengo que cumplir con mi papel, así que vas a dormir mojadita –dijo con mofa.

-No te conviene que enferme, ¿recuerdas? –apuntó la chica perspicaz.

-Por fin has aprendido a discernir los argumentos prácticos de las majaderías morales, me siento orgulloso. –respondió sardónico, levantándose. Ya había acabado de cenar.

Avanzó hacia la ropa de Hermione, e hizo algo que ella no esperaba.

Primero la secó, y después utilizó el encantamiento Geminio para duplicarla.

-Ahí tienes, que ahora que lo pienso me da mal rollo ver una monja del siglo XIX paseándose por la mansión. Pero no te acostumbres, mis actos de benevolencia son bastante escasos. –dicho esto, se encaminó hacia el pasillo.

Hermione sonrió complacida por tener ropa normal y limpia, y se quitó el molesto uniforme por la cabeza al tiempo que Draco desaparecía por el umbral.

Pero el rubio recordó que no había recogido, ni le había dicho a la chica que lo hiciera, así que cuando sólo llevaba tres pasos andados, dio media vuelta y se asomó a la cocina dispuesto a ordenarle algo.

El sonido se le agarrotó en la garganta. Las cuerdas vocales se le entumecieron con la visión. La castaña estaba de espaldas en ropa interior. ¿Cómo demonios se había desnudado tan rápido, si sólo pasaron tres segundos?

Draco quiso marcharse de allí, pero algo se lo impidió. No podía apartar la vista de las largas y esbeltas piernas, la pequeña cintura y el redondo y perfecto culo que se atisbaba bajo las braguitas blancas de la chica. No estaba nada mal.

Echó un último vistazo a su cuerpo y se alejó sin hacer ruido, ligeramente aturdido por el deseo impulsivo que acababa de sentir. Definitivamente se había vuelto loco. Fue al baño y se lavó las manos y los dientes, sin poder sacarse la imagen de la cabeza.

Maldita sea, es una repugnante sangresucia, no podía pensar en ella como una mujer.

Supuso que estaría lista, pero dejó pasar otros cinco minutos, por si acaso.

Al final volvió a la cocina y le hizo un gesto a Hermione para que lo siguiera, sin mirarla siquiera.

Cuando le abrió la puerta de la celda y ella pasó delante, tuvo que concentrar la atención en los rizos castaños, pues sus ojos pretendían desviarse unos cuantos centímetros más abajo.

Cerró y salió sin decir nada. No tenía ánimo para seguir buscando la dichosa palabrita en los libros, así que decidió acostarse directamente.

Se desnudó y dejó la ropa colgada en el sillón. Se metió en la cama, dando un par de vueltas para acomodarse, y cerró los ojos. Pero los volvió a abrir al instante. Tenía esa espalda semidesnuda grabada a fuego. Mierda.

Se estaba ahogando en un vaso de agua, no era para tanto. ¿Cuántos mortífagos se acostaban con sangresucias por diversión? Él ni siquiera se había rebajado a eso, sólo le había gustado su cuerpo. Granger había crecido y tenía un cuerpo de mujer, y a él le gustan las mujeres. Eso es todo.

Y vale que fuese una sangresucia, come libros, pedante, testaruda e insoportable. Pero una cosa no quitaba la otra. Además que fuese inferior a él le daba cierto morbo. Sí, eso era, Granger le daba morbo. Así que si le apetecía, se la tiraría sin más. Un Malfoy hacía lo que quería, cómo y cuando quería.

Sin más dilación y con sus preocupaciones resueltas, se durmió. Pero no pasó lo mismo con Hermione. Seguía dándole vueltas a una estrategia de huida, y tenía que aprovechar ahora que Pansy no estaba. Cuando ella volviese la vigilancia sería doble.

Paseó por la celda y se acercó a los barrotes de la puerta. Los agarró y apoyó la cabeza entre ellos con los ojos cerrados, a ver si el frío del metal la ayudaba a aclarar las ideas. Pero volvió a separarse cuando sintió el óxido manchar sus manos. Las frotó contra los vaqueros para limpiarlas, y suspiró. Entonces es cuando reparó en unos ojos que la miraban fijamente. Justo en frente de la celda una figura infantil la observaba en silencio.

Hermione se quedó petrificada. Eso no era un boggart, de lo contrario habría adoptado otra forma delante suya. La translucidez del cuerpo no dejaba lugar a dudas, estaba ante un fantasma.

Se le erizó el vello de la nuca. Estaba acostumbrada a los fantasmas de Howarts, pero nunca había visto uno fuera de allí. Ni que decir había que era bastante siniestro. Tendría unos cinco años máximo, piel morena y cabello castaño oscuro, grueso y liso. Los ojos grandes y negros, inexpresivos.

No supo qué decirle, y el niño tampoco hablaba. Tras largos segundos, él interrumpió el contacto visual y deslizó sus oscuros ojos hacia algún punto a su izquierda. Hermione no tenía ángulo para ver qué había atraído la atención del fantasma, y decidió acercarse más. Vacilante, dio un paso. Entonces el niño simplemente se desvaneció.

Ella se pegó completamente a los barrotes y supo lo que el fantasma miraba. Al final del corredor lo único que había era una puerta maciza de hierro.


-¿Tres días? ¿No os estáis precipitando?

-En absoluto, necesitamos el tiempo Bill. Ya sabes que no podemos decirte nada. ¿Nos ayudarás igualmente?

-Claro que os ayudaré, pero no me da buena espina lo que quiera que estéis tramando con Griphook. Yo de vosotros tendría cuidado con hacer tratos con duendes.

-Descuida, lo tenemos todo bajo control.

-Eso espero, por vuestro bien. Mañana os traeré lo que necesitáis, buenas noches Harry.

-Gracias Bill, buenas noches.

El moreno subió las escaleras y entró al dormitorio, encontrándose con Ron recién salido de la ducha.

El pelirrojo sacudió la cabeza salpicando todo a su alrededor.

-Joder Ron,¡ avisa cuando vayas a hacer eso! –Exclamó Harry protegiéndose del agua con las manos.

-¿Eh? Ah, lo siento Harry. Estaba pensando en otras cosas y ni me di cuenta. –Se disculpó el chico, abatido.

Harry suspiró y le puso una mano en el hombro.

-La encontraremos. Malfoy la necesita, no le hará nada.

-Es a la que más odia, le estará haciendo la vida imposible.

Harry se quedó pensativo un momento.

-¿Sabes? Creo que te equivocas. Nos odia más a ti y a mi. El problema que tiene con Hermione es la sangre, y eso no es suficiente como para que le haga daño. Si te tuviera a ti te estaría rompiendo las narices, pero ella es una chica, le dirá el mismo par de insultos de siempre y punto. No te comas la cabeza con eso, tarde o temprano encontraremos a Parkinson y ella se encargará de decirnos dónde tienen a Hermione. Los venceremos fácilmente, sólo son dos.

-Sí, pero es su terreno. Lo tendrán todo bien atado para cogernos a los tres.

-No les dejaremos. Venga, será divertido patear el aristocrático culo de Malfoy.–lo animó Harry con una sonrisa.

-…Me lo pido. Como lo pille va acabar comiendo pato al orange con pajita. –Dijo el pelirrojo sonriendo también, de mejor humor.


Draco arrojó al suelo el tercer libro que había revisado esa mañana. Estaba harto de no encontrar nada. Granger le iba a decir la palabra entera de una maldita vez.

Se levantó irritado y bajó las escaleras.

Ella ya estaba despierta, sentada contra la pared.

-Cada día tengo que verte más temprano, ¿es una tortura nueva o algo? –inquirió sarcástica.

-Déjanos el sarcasmo a los que sabemos utilizarlo. He venido a que me digas la puñetera palabra.

Hermione se echó a reír.

-¿Y se supone que lo haré porque…?

-Porque de lo contrario volveré a hacerte daño.

-Uh, qué miedo. Las torturas del sanguinario hurón botador, segunda parte.

Malfoy no podía creer lo que escuchaba.

-¿Estás desafiándome? Sólo necesito que me des la excusa… -Dijo sonriendo amenazadoramente.

-La última vez tu excusa para perder la cabeza fue el niño. ¿Quieres que lo llame? Porque anda rondando por aquí, ¿lo sabías? –comentó ella jactanciosa.

-¿De qué hablas? –preguntó el rubio aparentando indiferencia.

-Tú sabrás… ¿qué hay detrás de la puerta que está al final del corredor?

Draco palideció. Así que esa era la razón de que la castaña se sintiese tan segura. Se estaba acercando peligrosamente a algo que él no quería ni recordar.

-Hay aparatos de tortura para sangresucias. ¿Quieres que te lleve a dar un paseo por allí?

Hermione no respondió. Ya tenía planeado colarse en cuanto la dejara sola.

-Estoy esperando Granger.

-Pierdes el tiempo, no diré una palabra. Nunca.

-¿Enserio?

Entonces Hermione sintió un inesperado tirón en el pelo, y aulló de dolor. Draco la estaba levantando agarrándola por los pelos, y cuando lo consiguió la empujó contra la pared sin soltarla. Hermione sintió la varita de Draco rozándole el cuello, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como acariciándola.

-No juegues conmigo, sabes que no tienes oportunidades. Sé una chica lista y ahórrate el sufrimiento.

-Tan valiente como siempre Malfoy, luchando contra una bruja desarmada.

-No estoy luchando Granger, si estás aquí es porque hace tiempo que he ganado. Pero ya te he dicho otras veces que no necesito la varita para hacerte daño. –se la quitó del cuello y la guardó en el bolsillo trasero de su pantalón- ¿lo ves?

Hermione llevó sus manos al brazo con el que el joven le agarraba el pelo y le clavó las uñas todo lo hondo que pudo para que la soltase. Pero el mortífago sonrió con arrogancia y la cogió de la muñeca con la mano que tenía libre, retorciéndosela. Hermione gimió de dolor.

-No te las des de leona, gatita. –susurró él, liberándole la mano, pero sin soltar su pelo.

La castaña lo miró con furia.

Draco la recorrió con la mirada de arriba abajo sin disimulo. Cuando se enfadaba estaba bastante sexy.

Hermione enrojeció, pero no se dejó avasallar y le propinó una patada en la canilla. Esta vez le hizo daño y la soltó por una décima de segundo que no fue desaprovechada. La chica lo empujó y echó a correr por el túnel, intentando llegar hasta la puerta de hierro.

Pero cuando llegó apenas le dio tiempo a intentar abrirla, pues Draco era más rápido que ella y la alcanzó enseguida. La pegó contra la pared. Ahora estaba enfadado.

Los ojos grises la taladraban y tuvo que apartar la mirada. Pero la fría mano del mortífago la agarró por la mandíbula, obligándola a mirarle.

-Eres una zorrita traicionera, Granger. –siseó.

Entonces Hermione desvió la vista un poco hacia la izquierda y vio la varita de Draco tirada en el suelo. Se le había caído del bolsillo. Era su oportunidad.

Inspiró hondo y le dio una sonora bofetada al rubio, seguida de una patada.

Consiguió desorientarlo por completo. No era posible que le hubiera abofeteado una sangresucia.

Esta vez Hermione no pudo dar tres pasos, pues él había reaccionado con rapidez y la había agarrado por una pierna. Ella intentó sujetarse a algo para no perder el equilibrio, pero no lo consiguió. El mortífago tiró con fuerza de su extremidad, haciéndola caer de bruces al suelo, y sentándose encima antes de que Hermione pudiera levantarse. Se revolvió pero fue inútil, no podía moverse.

El rubio volvió a agarrarla del pelo y tiró de su cabeza hacia atrás. Le encantaba esa situación. Se agachó y se acercó a su oreja para susurrarle:

-¿La ves? Está justo ahí delante, a unos cuantos pasos. Un poco más y hubiera sido tuya.

-No cantes victoria todavía. –rugió ella con dificultad por la incómoda posición.

Él apoyó el peso en una pierna y levantó la otra para poder voltear a la chica, y volvió a sentarse encima de ella.

-Así que abofeteando a tus superiores sangresucia

-Ya era hora de que te la devolviese. –replicó mordaz.

-¿Desde cuándo eres tan rencorosa? Está bien, si estamos de venganzas yo también tengo un regalito para ti.

Draco la aferró por las muñecas y se inclinó sobre ella. Comenzó a rondar sus labios mientras la observaba, sin llegar a tocarlos en ningún momento.

-Malfoy basta. Apártate de mí. –Intentó amenazar con un hilo de voz.

-¿Lo dices enserio o para aparentar resistencia? –musitó él sin alejarse.

Ella se puso colorada y giró bruscamente la cara.

Draco podía sentir el pecho de Hermione subiendo y bajando agitadamente bajo su cuerpo. Y Hermione pudo sentir la lengua del mortífago acariciando el lóbulo de su oreja, provocando corrientes eléctricas que la recorrían de arriba abajo.

-Vuelve a girar la cara Granger. –le susurró suavemente mientras continuaba el recorrido.

Ella negó con la cabeza, no era capaz siquiera de hablar.

Entonces Draco introdujo por completo su lengua en el oído de la chica, haciendo que gimiera involuntariamente.

-Malfoy para.. –sollozó ella, impotente al no poder evitar que los agudos gemidos huyeran de su garganta.

-Si quieres que pare gira la cara.-repitió él, causando que Hermione se estremeciera de nuevo al sentir el aliento en su oreja húmeda.

La castaña viró lentamente la cabeza en dirección a él, quedando frente a frente. Las mejillas le ardían al tener a Draco tan cerca de nuevo, mirándola fijamente, con sus labios a dos centímetros. Sería todo lo ególatra y cruel que se quisiera, pero desde luego era atractivo.

Entonces el rubio volvió a utilizar la lengua para pasarla por el labio inferior de Hermione. Ella apretó los labios, cerró los ojos y puso el cuerpo en tensión, intentando resistirse. Pero lo cierto es que le resultaba realmente difícil.

Entonces él le lamió las comisuras de los labios con fervor, y los rosados labios de ella se entreabrieron dejando escapar un suspiro de excitación. Momento que Draco aprovechó para meterse en la boca de la chica, besándola con una pasión indecible. Liberó las muñecas de la castaña para sujetar su cuello y besarla con más facilidad.

Hermione puso sus manos en el pecho del rubio, intentando apartarlo. Pero pasados dos segundos sus fuerzas desaparecieron y las manos dejaron de empujar. Malfoy jugaba con la lengua de Hermione, frotándola contra la suya, haciendo el beso cada vez más profundo. Los dedos de Hermione se contrajeron arrugando la camisa de Draco. En su vida había estado tan… ¿excitada? No quería pensar en las consecuencias, sólo seguir besándole, seguir sintiéndole.

Pero entonces él hizo algo inesperado. Pasó a besar de nuevo el labio inferior de la chica, a lamerlo. Y morderlo.

Ella chilló de dolor cuando el mortífago le rasgó la fina piel del labio con los dientes.

Al sentir el sabor alcalino de la sangre se incorporó, contemplando su obra.

-"Ya era hora de que te la devolviera" –se burló Malfoy.

-Eres un hijo de la gran.. Bretaña. –escupió Hermione con rabia contenida.

Acto seguido cogió todo el impulso que pudo y levantó medio cuerpo, empujando Malfoy hacia un lado.

Pero él era mucho más fuerte y la sujetó, quedando él debajo y ella sentada a horcajadas encima suyo.

-Uuh.. la gatita está cabreada… ¿será por el dolor o porque quería más? –dijo soberbio.

-Ya quisieras… ¿así es como te ligabas a medio Howarts, Malfoy? ¿Obligándolas?

Él se echó a reír.

-No cuela Granger, no considero estar obligándote cuando dejas de empujar, me pegas más a ti agarrándome la camisa, y me sigues el beso. Pero si tanto te fastidia que parase puedes pedirme que siga. –Se burló.

-Antes muerta. –siseó ella rabiosa, intentando levantarse.

Pero el rubio la cogió por las caderas y la pegó a su cuerpo de nuevo. Los ojos de la castaña se agrandaron y su boca se abrió dejando salir un gemido de la impresión. Estaba sintiendo la rígida virilidad del mortífago justo en su entrepierna. Hermione agarró los antebrazos de Malfoy intentando liberarse, sin éxito. Él, sabiendo perfectamente lo que la castaña estaba notando, movió su pelvis rozándola más contra la de ella, arrancándole otro gemido.

-¿Te ocurre algo? –preguntó él con descaro.

Ella sonrió con cinismo.

-¿Ahora también piensas en otras Malfoy?

-No, ¿y tú Granger? –preguntó señalando dos leves puntos que sobresalían en la camiseta de la chica.

Ella se llevó las manos al pecho rápidamente, azorada, provocando una media sonrisa en la cara del rubio.

De pronto, Draco se incorporó, quedando de nuevo cara a cara. Hermione iba a exigirle que la dejara en paz, pero él se le adelantó y se la quitó de encima, arrojándola con fuerza al suelo. Hermione intentó incorporarse rápido, pero el mortífago ya había corrido hacia la varita y se la había vuelto a meter en el bolsillo.

-Game Over, adentro. –la instó señalando la celda.

Maldita sea, una oportunidad perfecta desperdiciada. Hermione Jean Granger eres una inútil.

Bufó y se succionó la sangre del labio. Pasó por al lado del rubio, sin mirarlo siquiera. Pero él no la dejaría marcharse tan alegremente.

-No te quejes, ahora tienes material nuevo para masturbarte pensando en mi.

Hermione se paró en seco al escucharlo. Quizás lo más sensato fuese no hacerle caso y quedarse callada… pero era demasiado orgullosa. Por algo era una Gryffindor.

Giró sobre sus talones, se acercó al mortífago y le escupió la sangre que tenía en la boca.

-En agradecimiento. –dijo sarcástica- ¿qué mejor material que este para tocarte pensando en una sangresucia?

Draco chasqueó la lengua y se limpió la sangre con el dorso de la mano, sin perder la altivez.

-Buena respuesta pero lo cierto es que ya me bastaban tus gemidos de placer querida.

La castaña se puso roja hasta las orejas.

-No sé de qué me estás hablando..

-Tranquila, les pasa a todas cuando me acerco. –sentenció engreído, cerrando la puerta para volver arriba.

A todas, será estúpido. Típico de él creerse un casanova irrestible.

Hermione se dio cabezazos contra la pared. Maldito Malfoy, ¿qué tenía? Era un imbécil, un cabrón, un chulo… pero cada vez que lo tenía cerca conseguía nublar su buen juicio. No le gustaba pero.. tenía que admitir que lo.. deseaba. Igual que él la deseaba a ella. Al menos por una vez estaban en igualdad de condiciones, ambos luchaban contra su mutua atracción.

Aunque claramente... él luchar lo que se decía luchar... pues no. Malfoy se dejaba llevar, cosa comprensible. Si ella lo hacía, sería una zorra. Si él lo hacía, sería un conquistador. Fuese como fuese, la situación imponía que el hombre siempre quedase bien. Era indignante.


Fin del cap xD siento haber tardado tanto, pero es que hasta que haga selectividad me da que no voy a tener tiempo libre xDD de todas formas es en dos semanas así que.. -.-U