+STAGE 010: EQUIVOCANDOME+

¿Que qué hice después de "mi actuación dramática"? ¡Ah, sí, claro!

Regresé a casa, casi temiendole a cada uno de mis pasos y tentandome varias veces, a salir corriendo para cualquier lado.

¿Y qué pasó? ¡Milagro! ¡No estabas!

Apenas llegué, no había ni rastros de ti y ni tampoco hubo, todo el rato que me quedé dando vueltas.

Me tomé un tiempito para pensar un poquito, hacerme la idea de que cuando volvieras, se terminaría todo. Que nosotros dos terminabamos ahí, ahí donde yo quise que terminaramos, ahí donde tú dejaste que terminaramos. Ambos habíamos hecho mal, nos equivocamos tal vez en algo parecido y ahora teníamos que pagar las consecuencias, sin chistar.

Tú sin mí, yo sin ti... era justo, ¿no? Después de todo lo que pasó, era lo mínimo, que nos merecíamos.

Pero ese "arreglar el asunto" que me proponía, tuvo que esperar como la mitad del día y tú ni te apareciste por ahí, para que yo pudiera enfrentarte de una vez.

¿Enojado, acaso? Bueno... era de esperarse, la verdad.

Hiciste un escándalo porque no llegamos a concretar "el acto sexual" que, si hacías otra historia porque fui tras de él, no me extrañaba en lo absoluto.

¿Que si te debía una disculpa? Bueno... no estaba muy segura, la verdad. Pero sí te debía una explicación, por qué hice lo que hice y por qué me dolía el pecho, cada vez que te miraba. Tenía que explicarte todo eso, porque quería que lo supieras y yo necesitaba sacarmelo de encima, el peso que tenía cargado en la espalda. Pero, ¡pero...!

-Soul está en el medio. Decidete de una vez-

Fue entonces que, ésas condenadas palabras vinieron a mi cabeza, para torturarme.

¿Que estabas en el medio? ¡Por Dios, por supuesto que lo sabía, maldición! ¡No necesitaba que él me lo dijera!

Pero como no te corrías, ahora tenía que venir a correrte yo, tenía que moverte yo porque no te querías mover solito.

¿Había necesidad? ¿No podías salirte, sin hacer escándalo? ¿Querías que pasaramos los dos por un mal momento?
Bueno... la verdad que eras díficil de entender, te quejabas que yo esto y que yo aquello, cuando tú eras exactamente igual.

Me prestabas atención cuando se te daba la gana y yo no podía ni quejarme, porque a ti se te ponían los pelos de punta, querido.

Pero tú sí que podías quejarte, porque yo tenía que ser "la mujer a tus servicios" y la siempre dispuesta, a hacer de todo por "su señor".

¡Y qué equivocado estabas, por Dios! ¡Que yo no era tu maldita sirvienta, nene!

Quisiste tenerme para ti solito y fallaste, quisiste hacerte "mi dueño" y fallaste, quisiste sentarte en "mi trono" y fallaste.

La tuya fue una reputación lamentable, no acertaste nunca y siquiera estuviste cerca, porque conmigo tuviste mala puntería.

Tal vez la suerte no estuvo de tu lado, sí... pero tú también hiciste lo tuyo, te hiciste "el vivo" y así me desperdiciaste, tonto.

Entonces... ¿no era lo correcto aclarar los tantos? ¿Dejarte las cosas en claro de una vez por todas?

Por supuesto que era la decisión correcta, pero te escapabas como si yo fuese a matarte y te desaparecías, cada vez que yo te venía a buscar. Y por desgracia, cada vez que no estabas, pasaba algo que me hacía cambiar de opinión. Como ésta maldita vez, que me quedé esperando como una idiota y di vueltas por la casa, como si estuviera encerrada. Pensé exactamente que decir, si hacerme responsable o no, si decir que fue culpa mía o culpa suya. Y al final terminó siendo culpa de los dos, cuando él se apareció por la puerta lo más normal, casi sin fijarse que aquí no estaba lo que estaba buscando. Lo miré instantaneamente y él me devolvió la mirada, fue un segundo en que el tiempo se detuvo, un segundo en que el que volvimos a pecar abiertamente. Él se quedó casi pegado al picaporte y ni quiso despegarse, porque si se quedaba así, tendría la oportunidad de salir corriendo en cualquier momento. Pero increíblemente no sentí rabia, tampoco sentí ganas de matarlo ni de golpearlo, simplemente quise mirarlo un poco más. Porque no me importaba perder el tiempo si él estaba involucrado, no me importaba si era él quien estaba ahí, no me importaba si era él a quien estaba mirando.

Cursi, ¿no? Sí, bueno... me había convertido en una chica bastante melosa, la verdad.

Obvio, no esperaba ni quería una "relación rosa" y tampoco pretendía estar de lo más contenta con él, era obvio que ninguno de los dos dabamos para eso. Porque nos habíamos involucrado por la misma razón, él quería "meterse" y yo quería que se "metiera", nos dimos de manera equitativa la satisfacción y el goce que andabamos buscando.

¿Se tornó más serio, después? Bueno... fue una consecuencia inevitable, la verdad.

Pero también era inevitable que pasara, que pasara cada vez que nos veíamos y que de igual a igual, a ambos se nos cerrara el pecho y que nos quedaramos sin palabras.

-PENSÉ que no estabas-empezó, medio arrepentido-¿Soul no está?-

-No, no está-contesté, directa-Tampoco sé si volverá-

-Bueno, igual VENÍA a buscar MIS cosas, nada más-cerró, la puerta-Pero PREFERÍA no CRUZARME contigo, la verdad-

-¿Me estás evitando, entonces?-dije, de brazos cruzados

-YO no diría "evitar"-especificó, con un gesto-YO diría, más bien, "mantener distancia"-aclaró, para que entendiera-Vamos, ya sabes a qué ME refiero-

-Por supuesto que sé a qué te refieres-entendí, fácil-Es obvio que me estás cortando el rostro-

-Mira, Maka-cerró, los ojos-No CREO que, en realidad, te hagan falta más problemas-se rascó, la cabeza-Y la verdad, a MÍ tampoco-casi, resongó-Con lo que pasó, ya tenemos suficiente-

-¿Es un problema que nos veamos?-pregunté, yendo al grano-¿Eso es lo que quieres decir?-insistí, pesada-¿Soy un problema para ti?-

-¿Y qué creías?-resolvió, moviendo las manos-¿Que esto funcionaría?-me miró, con una expresión obvia-Vamos, sabes que nunca pensaste eso-

-Nunca pensé en una relación seria, por supuesto-renuncié, a mis sueños infantiles-¡Pero, tal vez, nosotros podríamos...!-

-¿Sabes?-me interrumpió, poniendose las manos en los bolsillos-PREFIERO no ser "un amigo con derecho al roce"-miró el techo, para alejarse de mí-Ni SÉ si QUIERO ser tu amigo-

-¡Entiendo!-sujeté, mi blusa-¡Entiendo que no nos llevamos bien!-repití, con dolor-¡Pero, igual, yo...!-

-Es muy difícil estar contigo-completó, lo que siquiera llegué a pensar-Así como para ti, debe ser difícil estar CONMIGO-se puso, en mi lugar-Sabes que es mejor dejarlo así-

-¿Qué se supone que haga, entonces?-pedí, un cosejo-¿Que vuelva con Soul?-busqué, evidentemente, una salida-¿Eso quieres decir?-

-Haz lo que quieras-me dio, a elegir-Con tal de que no vuelvas a equivocarte, puedes hacer lo que se te anotaje-y sonrió, con un aire de forzado

-¿Volver a equivocarme, dices?-casi pero casi, no me di cuenta-¿Acaso tú crees que...?-

-Sí-completó, volviendo a mirarme-Te equivocaste, CONMIGO-

Que algo así saliera de su boca, sonaba extramadamente horrible, parecía el discurso que no quería escuchar. Porque él tendría haber sido, ése que le encantaba encapricharme y por ende, darme todos los gustos. Él tendría que haber sido ése conmigo, no éste personaje serio y consciente, de cada uno de nuestros errores. Pero la situación había terminado por arruinarlo, a él y a su actitud de "malo", a su onda de patotero y de que él solito "se llevaba el mundo por delante". Era como si se le hubiese ido lo de pendejo, sin que yo me diese cuenta y que para cuando me percaté, cortó conmigo. Él se había convertido en un hombre, mientras que yo seguía siendo la misma, la misma pendeja estúpida y caprichosa. Sus planes habían cambiado mientras que los míos seguían siendo los mismos, encontrar algo con que pasar el rato y hacer mis días, un poquito más interesantes. Fue como si nos hubieramos diferenciado en cuestión de segundos, como si todo lo que había pasado antes y en casa de Kid-kun, hubiese pasado como hacia 20 años atrás.

Y así de atrás quedé yo de él, cuando caminó y pasó por mi lado, sin detenerse a verme sufrir como una malnacida.

Apenas sentí su perfume en el aire, estupidamente empezé a lloriquear como un bebé, como si él me hubiese sacado "mi dulce".

¡Estúpida! ¡No era más que una estúpida! ¡Era una estúpida en todo sentido de la palabra!

Una vez en la vida que algo me importaba, me estaba resignando y dejandolo ir del lugar que ocupaba, sólo porque me temblaban las piernas. Y podía hasta resultarte patético o irónico, cómo logré moverme y abrazarlo apenas lo alcanzé, cómo me quedé prendida a su espalda como un imán. Apenas lo sentí que se sorprendió y sin embargo, lo único que escuché bien, fue mi lloriqueo inmaduro. Me temblaron los brazos para casi dejar de sujetarlo, como si quisiera dejarlo ir pero a la vez no quería, porque lo que sentía por él era contradicción.

¿Alguna vez te pasó que sentías, que querías a alguien pero, también lo odiabas? Bueno... a mí sí que me pasó, querido.

Y CON ÉL.

-Entonces...-balbucié, temblando-Dejame seguir equivocandome...-y lo sujeté, con más fuerza