Hola! gracias a todos por leer y por comentar. Gracias a hjbvvg, azarius18, ian.23,dysthe, ahriel, naginat y demas personas que se entretienen con mis intentos de literatura. Me motiva tanto saber que a alguien le interesa mi fic que a pesar de que hace unas horas termine un turno en el trabajo de casi 40 horas seguidas, no podia irme a dormir sin antes actualizar mi historia. Por cierto en un par de semanas me toca ir en viaje de negocios por un par islas caribeñas, solo digo por si me desaparesco, es solo 10 dias lo mas. En fin de nuevo gracias y he aqui el decimo capitulo!
Desperté con la mente despejada y una sonrisa en el rostro. Definitivamente algo fuera de lo común. No recordaba haberme sentido de esa manera anteriormente. Era como si flotara. Una alegría que no podía comprender o tan siquiera describir propiamente. El universo a mi alrededor resonaba con una melodía mágica que al parecer solo yo podía escuchar.
Un canto de sirena que me llamaba. El colorido de la vegetación tropical, más vivo que nunca, invitaba a perderse para nunca regresar. El sonido de las aves, una invitación a adentrarse en la espesura. Incluso el sol parecía brillar con una intensidad sobrenatural.
Mire el reloj que se encontraba sumergido entre mis pertenencias, en lo que alguna vez fue una mesa convertida presentemente en una montaña de objetos desperdigados. No podía creer que estuviera despierta tan temprano. Pocas veces había estado consiente durante la mañana, o al menos ya hacían varios años de la última vez.
Salí de mi habitación con rumbo a la cocina. Creo que a Mai casi le da un infarto el verme a esas horas, procediendo inmediatamente a chequear mi estado de salud física y mental. Incluso Nao parecía un tanto preocupada.
Después de un ligero desayuno, donde todas expresaron su sorpresa de contar con mi presencia, decidí salir a dar una vuelta. No pude resistir disfrutar del aire fresco dado el humor en el que me encontraba. Desgraciadamente, entre más caminaba y más pensaba, dentro de mí iban naciendo todo tipo de dudas respecto a los hechos del día anterior.
Si bien es cierto que no podía negar que hacia sido un encuentro que parecía casi mágico, no podía garantizar que ella se sintiera de la misma manera. Existía la posibilidad de que no fuera más que una estela pasajera, un destello irrepetible.
¿Qué pasaría si no se presentaba esa noche? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Qué pasaba por su mente? Una tras otra las dudas me asaltaban, amenazando con fulminar la felicidad que antes me había inundado. No entendía como una extraña podía elevarme tan alto, solo para arrastrarme tan bajo. Era como si un Minotauro bipolar hubiera sido liberado en el laberinto que era mi mente. Siendo ella la única princesa que me podría dar las herramientas necesarias para derrotar a la bestia.
Sin darme cuenta regrese al punto donde nos habíamos conocido. Lucia vacio, incompleto. No era el mismo lugar. Regrese a la casa poco después, todavía perdida en mis pensamientos. Las demás debieron de haber notado la transformación de mi semblante. Ya que no tardaron en intentar sacarme del hueco en el que me había hundido, con poco éxito.
No fue hasta que se acerco la hora del reencuentro que mi melancolía fue remplazada por ansiedad. Nao no dudo en darme por la cabeza con uno de sus palillos, cuando en mi nerviosismo deje caer su redoblante. Dudo que me hubiera sentido de esa manera antes de una presentación con anterioridad, ni siquiera cuando apenas empezábamos.
El bar era pequeño y poco iluminado. Aunque la brisa del mar evitaba que el ambiente fuera demasiado sofocante, a pesar del humo de los cigarros y demás plantas en combustión. En el local había unas cincuenta personas más o menos, no me moleste en contar. La mitad de las mesas heterogéneas todavía vacías. Pero todavía era temprano.
Prefería los públicos pequeños, aunque debo de admitir que las grandes audiencias eran como un puñado de anfetaminas. La intimidad del ambiente se prestaba para dar una sensación de complicidad con los asistentes que permitía apreciar mejor la música.
Conforme pasaban los minutos el vacio en mi estomago se expandía exponencialmente. Mi mente en algún remoto paraje espacial mientras que mi cuerpo bebía trago tras trago en un intento fútil de alivianar la presión.
Comenzaba a dudar que mi nueva amiga se fuera a presentar, cuando el viejo cantinero nos indico que si queríamos podíamos comenzar a tocar. Terminamos nuestras bebidas y nos dirigimos al escenario, que en este caso era simplemente un espacio en la esquina donde habían corrido un par de mesas.
Al parecer Mai era amiga del nieto del propietario. Así que si bien este lugar era un tanto distinto a los antros a los que estábamos acostumbradas era interesante hacer algo distinto. Después de todo el dueño nos había dicho que quería variar el entretenimiento que proveía con el fin de atraer una clientela más joven. Y al parecer estaba funcionando porque desde nuestra llegada poco a poco se iban presentando más personas, aunque sin llegar a llenar completamente el establecimiento.
Anteriormente le había pedido a uno de los meseros apartar una de las mesas cerca de la banda, dándole la descripción de la chica que esperaba se presentara. Una vez que comenzamos a tocar no pude evitar mirar hacia la mesa vacía. Sentí ganas de llorar. Los castillos que había construido entre las nubes derrumbándose ante la realidad de la soledad.
Tocamos un par de covers, tomando sugerencias del público, para comenzar. Queríamos entrar en calor antes de presentar nuestro propio material. Aparte que no era mala idea librarnos de un poco del alcohol en nuestro torrente sanguíneo.
La música poco a poco me hacía sentirme mejor. Aunque no podía olvidar lo descorazonada que me sentía no importaba cuanto tratara de aislarme entre las notas. Me encontraba tan abstraída en mi propio mundo que ni siquiera note que un grupo de jóvenes se había sentado en la mesa que había apartado.
